La luz de la mañana entró por la ventana de Brienne, despertándola. Perezosa, y aun sin abrir los ojos, buscó con su brazo el cuerpo de Jaime, pero no lo encontró. Abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba sola en la habitación, aunque las sábanas aún estaban calientes, no se había ido hace mucho.
Pensó en la noche anterior, lo bien que se había sentido en los brazos de Jaime y las palabras que este le dedicó. Sonrió un poco, pero pronto la preocupación la invadió. Si él no estaba ahí quizá era porque estaba arrepentido.
Brienne sabía que Jaime le tenía cierto aprecio, pero jamás imaginó que se podría convertir en amor. "A lo mejor se ha arrepentido" Pensó Brienne de nuevo. Pero sacudió su cabeza, sin hacerle caso a su preocupación, y se levantó de cama para prepararse.
Cuando se puso la armadura alguien llamó a la puerta, y se acercó a abrir, era Sansa.
-Buenos días, Brienne. –Sansa se dio cuenta que a pesar de tener la armadura puesta, su protectora no se había peinado. Solía llevar el pelo hacia atrás, para que no le molestara durante los entrenamientos, pero ahora lo tenía revuelto, y un par de mechones rubios le caían por la cara. Sansa sonrió, "Acaba de despertarse", pensó.
-Buenos días, Sansa. Estoy preparándome para el entrenamiento, ¿Necesitas algo? –Dijo Brienne cogiendo su espada y colocándosela en la cintura.
Sansa aprovechó el momento para colarse en la habitación y cerrar la puerta detrás de ella. Brienne la observó y supo que quería preguntarle algo.
-Brienne, sabes que confío en ti con mi vida, pero después de los acontecimientos de anoche quería hablar contigo a solas. –Brienne asintió y Sansa continuó hablando. -¿Por qué no me contaste antes lo de Ser Jaime? –Preguntó Sansa entre dolida y enfadada.
-¿Lo habrías entendido? –Preguntó Brienne simplemente, y Sansa quedó callada unos instantes.
-No… y creo que aun ahora no lo entiendo. Sois tan diferentes… tu eres la persona más honorable que conozco, y él… es famoso por asesinar al Rey Loco al que juró servir…
-Tenía sus motivos. –Contestó Brienne. –El Rey Loco quería quemar toda la ciudad con fuego Valyrio, millones de personas estarían muertas si no llega a ser por Ser Jaime. Arriesgó su nombre por salvarlos a todos. ¿Tiene culpa de que haya servido a un rey que perdió la cabeza? ¿Qué solo pensaba en matar a todo el mundo?
Sansa la miró. –La muerte del Rey Loco era necesaria, pero espero que no te equivoques con Ser Jaime.
-No lo hago, mi Señora. –Aseguró Brienne.
Después de unos segundos en silencio Sansa sonrió y se acercó a su protectora. -¿Qué ha pasado anoche? –Preguntó en un susurro, como si alguien las pudiera escuchar. –Espero que te haya tratado bien, o si no aún estoy a tiempo de ordenar matarlo. –Bromeó Sansa, y Brienne sonrió ante la preocupación de Sansa, con las mejillas coloradas.
-Me ha tratado bien. –Dijo Brienne con vergüenza.
-¿Pero… lo habéis hecho, no?
Las mejillas de Brienne se pusieron más coloradas si era posible. –No…
-¡¿No?! –Alzó Sansa la voz más de lo que quería, en señal de sorpresa, y ambas se rieron. Y continuó –Pero si cuando he entrado prácticamente estabais… bueno… -Sansa no podía continuar la frase.
-Si no llegas a entrar, no sé qué habría pasado. Pero ayer al final no hemos hecho nada… -Brienne quedó pensativa. –O bueno, al menos no hemos tenido sexo… -Corrigió. Y no pasó desapercibido por Sansa.
-Pero ha pasado algo más… ¿Qué ha pasado?
-Sansa… -Protestó Brienne ante la insistencia, pero aún tenía una sonrisa en la cara.
-Antes de su desgraciada muerte, Margaery Tyrell, me contó que no hacía falta tener sexo para satisfacer a una mujer, o a un hombre. Me dijo que había otras maneras igual, o más placenteras de hacerlo… -Comentó Sansa curiosa. Haciendo que el color de las mejillas de Brienne se mantuviera colorado. –Me dijo que había hombres muy hábiles… ¿Es Ser Jaime uno de ellos? –Preguntó Sansa con la curiosidad de una cría.
Brienne pensó antes de responder. –No tengo otras referencias, pero puedo decir que sí, creo que es uno de ellos.
Sansa hizo un gritito como si fuera una adolescente, haciendo reír a Brienne. –Margaery me dijo que Tyrion era famoso por su habilidad con los dedos, debe de ir en la sangre de los Lannister. –Bromeó Sansa.
-Supongo, aunque no fue solo con los dedos… -Brienne se arrepintió al momento de decirlo, lo había dicho sin pensar. Haciendo que Sansa abriera los ojos de par en par, haciendo que las dos se rieran.
Fuera, en el campo de entrenamiento, Ser Jaime estaba entrenando con su mano izquierda. Ya había mejorado mucho, llegó al nivel de un caballero normal, ni muy bueno, ni muy malo. Pero para Jaime no era suficiente.
Estaba entrenando con Pod cuando un hombre alto y pelirrojo se le acercó. –Matarreyes… ¿Eres tú, verdad?
Jaime ni lo miró, siguió entrenando con Pod.
-Lannister, solo quiero presentarme. Soy Tormund Matagigantes. –Dijo con un tono más amable. Y Jaime lo miró al fin. Tyrion le había comentado que este hombre tenía interés en Brienne.
-¿Matagigantes? –Preguntó Jaime.
-Si, soy famoso por ello. –Dijo Tormund haciéndose el interesante, con una media sonrisa en la cara. –¿Qué le ha pasado a tu mano? –Preguntó sin tapujos.
Jaime se miró el muñón, donde estaba situada ahora la mano de oro, y soltó un suspiro, todo el mundo iba a preguntarle siempre que le había pasado.
-Se me ha caído por el camino… -Contestó Jaime, irónico. Y Tormund se rió en alto, dándole una palmada en la espalda que lo hizo moverse del sitio, pero intentó disimularlo. "Es muy fuerte" Pensó Jaime.
-¿Los sureños te la han cortado por follarte a tu hermana? –Preguntó Tormund curioso. La cara de inocencia de Tormund confundió a Jaime, no sabía si se estaba riendo de él o lo preguntaba en serio. Al quedarse callado, Tormund siguió hablando. –Más allá del muro no te habríamos hecho eso, allí cada uno hace lo que quiere, no hay normas ni leyes absurdas. Si te quieres follar a alguien te la follas, mientras sea consentido, claro. –Jaime lo miró con curiosidad, pero no tenía muchas ganas de hablar de su mano.
-No ha sido por eso. –Dijo simplemente, y Tormund lo miró con más curiosidad aun.
-Tuve un primo, Pultor se llamaba. Una vez peleó con un oso y acabó sin brazo, pero mató al animal. En el norte si eres capaz de matar a un oso tu solo eres considerado un triunfador, las mujeres se abalanzan sobre ti. Siempre le gustaron las mujeres y soñaba con matar a un oso para poder follarse a todas. Aunque cuando realmente lo consiguió y tuvo a más de una docena de mujeres en su puerta se arrepintió. Prefería su brazo. –Jaime escuchó la historia de Tormund, no sabía porque le estaba contando aquello. –Yo preferiría mi brazo también. –Dijo Tormund. –Espero que tu historia sea mejor que la de mi primo.- Concluyó. Esperando la respuesta de Jaime, que lo miraba mientras pensaba una respuesta.
-Las mujeres siempre han sido la debilidad de los hombres. –Dijo Jaime. Y en ese momento observó como Brienne se acercaba a lo lejos, preparada para empezar su entrenamiento con Pod. –Aunque también nuestra fortaleza. –Dijo Jaime casi en un susurro.
Tormund miró hacia donde miraba Jaime y también observó a Brienne. –Aunque pensándolo mejor… si hace falta quedarme sin mano para follarme a esa mujerona, lo haría. –Dijo Tormund sin pensar, haciendo que Jaime lo mirara al instante con furia.
Levantó su espada y lo golpeó en la ropa, haciendo que Tormund dejara de mirar a Brienne.
-Vamos, lucha. –Dijo Jaime, levantando su espada esperándolo. Tormund cogió una espada rápidamente y sonrió.
-Vamos a ver que puedes hacer con esa mano, Matarreyes. –Y ese nombre retumbó en la cabeza de Jaime, poniéndolo más furioso.
Empezaron a atacarse con las espadas, al principio Tormund solo pensaba que Jaime quería practicar, pero notó como sus estocadas cada vez eran más fuertes y rabiosas. Ya no era un simple entreno. Dejó el cuidado a un lado, y también lo empezó a atacar fuertemente, haciéndolo retroceder. Cuando Brienne llegó observó la escena. Notó la furia en la cara de Jaime y sabía que algo no estaba bien. Les dijo que pararan pero ninguno le hizo caso, estaban inmersos en el combate. Se dio por vencida y observó el combate con Pod. Parecía que Jaime estaba ganando, pero de un momento a otro Tormund atacó con su espada e hizo que Jaime acabara en el suelo, con la espada del salvaje apuntándolo.
Tormund sonrió y ofreció su mano a Jaime para levantarlo, pero este se negó y se puso en pie solo, marchandose del campo del entrenamiento pasando por al lado de Brienne, sin querer mirarla, dejándola sin entender nada.
-¿Qué ha pasado? – Preguntó Brienne a Pod.
-No lo sé, mi señora. Estaba entrenando con Ser Jaime hasta que apareció Tormund y Ser Jaime quiso entrenar con él. El resto ya lo ha visto.
Brienne miró a Tormund, buscando una respuesta al comportamiento de Jaime.
-Mi señora, creo que el guapito solo sabe pelear con chicos, no con hombres. –Dijo Tormund.
Brienne suspiró y miró hacia donde se había ido Jaime.
-Tormund, por favor, ¿Puedes seguir entrenando con Pod? –Le pidió Brienne. –Esta mañana no me encuentro muy bien. –Tormund sabía perfectamente que era mentira.
-Claro… Lady Brienne. Lo que desee mi señora. –Dijo Tormund viendo como Brienne se alejaba hacia donde se había ido Jaime.
Brienne fue directamente a la habitación de Sansa, seguramente Jaime se encontraba allí, ya que era "su habitación". Y así fue.
Jaime se encontraba sentado en la cama matrimonial, de espaldas a la puerta. Cuando escucho la puerta abrirse se dio la vuelta para ver quien era. Observó como Brienne cerró la puerta el entrar y cuando se acercó a él, Jaime se levantó, poniéndose a su altura.
-¿Qué te ha pasado? –Preguntó Brienne, preocupada.
Jaime la miró de arriba abajo. Ahí estaba, con la armadura que él le había regalado, con la espada y con su pelo despeinado. Ninguna mujer le imponía tanto como ella. Quizá Daenerys, pero no le imponía ella, le imponían sus dragones. Brienne era diferente. Jaime se sentía débil a su lado. Era un manco, y aunque no lo quisiera admitir, se le estaba empezando a notar la edad. Y a parte de todo eso, lo que más odiaba era ser el Matarreyes. "¿Cómo voy a protegerla así?" Pensó Jaime. "Ella era la persona más honorable que conocía, y yo era… el Matarreyes, manco y viejo."
-Deberías irte. –Dijo Jaime.
-¿Por qué has peleado así con Tormund? –Preguntó Brienne, ignorando su petición.
-Porque me molesta ese salvaje. –Dijo Jaime. –Esto no ha sido buena idea, creo que deberías irte. Ve a escoltar a Sansa, creo que se encuentra con Sandor en el comedor.
Brienne lo miraba sin entender nada. -¿Pero qué te pasa?
Esperó la respuesta de Jaime, que estaba mirando hacia un lado de la habitación.
-Nunca debí haber venido al norte. Mi sitio estaba en Desembarco.
-¿Cómo? –Preguntó Brienne dolida. -¿Te arrepientes de apoyarnos? ¿Quieres volver con… con…? –Brienne no podía pronunciar el nombre de Cercei sin que le causase dolor en el pecho.
-Debería haberla matado cuando hablé con ella por última vez, la Montaña me habría matado después, pero habría sido lo mejor para todos. –Dijo Jaime furioso.
-¿Mejor para quién? –Preguntó Brienne furiosa. –Te necesitamos para ganar.
-Nadie me necesita aquí. –Gritó Jaime. –Este no es mi sitio.
