Ranma podría mirar la lluvia de estrellas directamente, si quisiera. Estaban todos afuera por el espectáculo y nadie le estaba prestando atención a lo que él hacía. Entonces, se decidió. Se permitiría, sólo un poquito, algo breve, de reojo, girar el rostro hacia la izquierda y ver el perfil de Akane iluminado por la noche.

Tomó aire, una inhalación profunda, y lo soltó poco a poco. Contó hasta tres. Mejor cinco. Y giró.

Ranma podría mirar el cielo y ver las estrellas caer en vivo, pero le parecía mucho mejor ver los destellos de estas reflejados en esos ojos oscuros que lo miraban tímidamente, con la misma intención que los suyos.