Posiblemente no lo dijera ni aunque lo torturaran, pero a Yuri Plisetsky le encantaban los Looney Tunes.

Casi siempre era el más joven de los participantes en los concursos en los que participaba, así que se encargó de construirse una imagen que no lo dejara en desventaja. Lo conocían por ser serio, disciplinado y un malhumorado de primera. No que se quejase, le venía perfecto.

Sin embargo, en su cuarto, con la puerta cerrada, tenía libertad de dejarse llevar un poco.

El Hechicero…

No…

Con sus poderes…

Se dijo que no había nadie que pudiera atestiguar el episodio, y se puso de pie rápido. Tomó el control remoto y lo dispuso como micrófono, antes de tomar aire para lo que seguía.

¡Sus grandes poderes! —exclamó, haciendo metálica la última nota lo mejor que pudo.