Sweet Lemon
Original author: Tokio San
Remake by Sumi-chan
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Misteriosa… labios suaves como pétalos de rosa
Piel de marfil y porcelana, dulce y silenciosa
Nunca sabes lo que va a decir cuando ella empieza a sonreír…
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Mi espalda acabó por hundirse en el amplio colchón de plumas. La seda azul de mi vestido se desplegó a mi alrededor como una cristalina corriente de mar. Satoshi debió de haber tenido aquella misma impresión, se detuvo viéndome fascinado antes de dejarse caer sobre mí. Siempre cuidando de no hacerme daño.
Deslizó las manos a los costados de mi rostro, y tomó las mías que descansaban tímidamente en las almohadas. Palma sobre palma, y entrecruzó los dedos a los míos, entretanto seguía viéndome con esa misma expresión profunda que hacia latir a gran velocidad mi corazón.
Mis labios se entreabrieron asustados, cuando él volvió a besarme.
Pero este era un beso distinto al anterior… todavía seguía siendo suave, pero… había una intensidad diferente en la forma en que su boca se unía a lo mía. Como si quisiera saborear todo de mí.
Una de sus manos me soltó y la sentí deslizarse gentilmente por mi mejilla, reconociendo cada uno de mis rasgos; sus dedos recorrieron mi garganta con mucha ternura. Su otra mano igualmente me soltó e hizo el mismo recorrido. Descendieron lentamente por mi cuello, rozando con mucha precisión mis hombros desnudos.
Contuve el aliento cuando estas descendieron un poco más. Satoshi había dejado de besarme y observaba mi reacción. Sus dos manos se habían posado en mis pechos y se quedaron ahí, inmóviles. Tibias, suaves, como si no pesaran nada.
Y él seguía viéndome, mientras el fuego de mis mejillas se había intensificado. Trataba de respirar con normalidad, pese a los sonidos suaves que escapaban de mis labios temblorosos, pero resultaba imposible mantener el aliento.
"Kasumi…"
Satoshi susurró con voz ronca, antes de besarme otra vez. Correspondí a su beso, sintiendo por primera vez lo pegados que nuestros cuerpos estaban. Mis brazos todavía continuaban pasivos sobre el colchón, entre las sabanas incapaces de moverse. Sus labios me dejaron por un momento y tocaron mis mejillas. Sus manos se movieron entonces; delineando, tocando, reconociendo con gracia lo que se hallaba bajo sus palmas. Solté un suspiro y mis dedos se clavaron temblorosos en su hombro. Ambas manos se metieron con delicadeza por el escote del vestido, y me acariciaron directamente sobre la piel desnuda.
Mi bochorno era aún peor, escondí la cabeza en su cuello aspirando el olor dulce y picante de su cabello. Canela y sándalo, impregnaban toda aquella habitación, sus ropas, su piel, sus labios, todo. Como un sutil afrodisíaco. Satoshi apoyó los labios en mi hombro, mientras sus manos seguían haciendo su magia en mi pecho bajo el vestido.
Nunca un hombre me había tocado de esa forma. Nunca… y tampoco podía imaginar otro que lo hiciera. No de la forma en la que Satoshi lo estaba haciendo. Con tanto cariño y cuidado, respetándome como si fuera una frágil muñeca de porcelana china.
Sus dedos trazaron pequeños círculos de fuego en mi piel, avivando mis curvas, acariciando, apretando; desatando miles de sensaciones distintas dentro mío. Una mano soltó mi pecho, y salió del vestido descendiendo a lo largo de mi cuerpo; mi cintura, mi cadera delineadas por sus dedos.
Me hizo incorporar, mientras yo seguía ocultando mi sonrojado rostro en su cuello, y mi mano derecha se encontraba frenéticamente asida a su hombro. Tocó los complicados botones de mi vestido en mi espalda, y yo tragué con dificultad. Mezcla de temor y anticipación. De ansiedad y deseo.
Como toda muchacha de sociedad me estaba completamente velado aquel tema. Era considerado sucio e indecoroso, una señorita de rica estirpe no debía ensuciarse los labios hablando (o preguntando!) de algo tan impúdico como eso. Mucho menos podía dignarse siquiera a pensar sobre dicho tema.
Así que mis conocimientos acerca de lo que estaba ocurriendo, o lo que iba a pasar, se basaba en suposiciones o chismes que oía a medias de la boca de mis hermanas mayores y ya casadas, que inmediatamente se callaban al verme.
Sin embargo, lo que estaba sintiendo en tanto Satoshi me besaba con tanta ternura, y tomaba mi cuerpo con tanta delicadeza, no podía catalogarlo como algo sucio, impúdico u obsceno.
No mientras sus labios rozaran los míos de aquella maravillosa forma…
Sus brazos me abrazaban ahora, luchando con el complicado cierre del vestido, en tanto sus besos y caricias llovían sobre mí, susurros suaves, palabras de amor y ternura…
Un sonido bajo y sordo interrumpió con aquella atmósfera. Un pequeño ruido intermitente que siguió y siguió… pasaron algunos segundos para que finalmente entendiera que alguien estaba golpeando la puerta.
"S-satoshi…" susurré y me sorprendí al notar lo débil e inestable que sonó mi voz "Satoshi… a-alguien está llamando…"
Él gruñó, y me besó en la mejilla "Quédate aquí" me dijo y se puso de pie, acomodando tranquilamente el lazo casi deshecho de su corbata. Se dirigió hacia la puerta.
Yo creí que caería en la cama nuevamente en cuanto él me soltara, pero de alguna manera encontré las fuerzas suficientes para quedarme allí sentada, acomodando el escote de mi vestido y volviéndolo a su lugar. Mi propio cabello lucia suelto también.
"Ah, señor…" oí la voz del sirviente desde afuera "Tengo un mensaje para la señorit- señora Kasumi…"
"Dudo que mi esposa pueda recibirlo ahora, pero lo tomaré yo en su lugar…"
"Por supuesto señor…" el sirviente hizo una pausa y yo casi pude adivinar la rotunda reverencia que debió de hacerle a Satoshi. Me pregunté cual sería el encargo, y porque tanta prisa.
"El señor Shigeru, primo de la señorit- señora Kasumi acaba de llegar…"
Aquello hizo que me incorporara de repente, olvidando mi estado, mi cabello desordenado y mis pies descalzos, me acerqué rápidamente y empujé un poco mas la puerta "¿Mi primo Shigeru?" pregunté con emoción, mientras sentía el fulgor de aquella noticia importante focalizándose en mis sonrojadas mejillas.
Satoshi me observó de soslayo, una mirada extraña, de estudio… que sin duda tenía que ver con aquel arrebato de alegría que la llegada de mi pariente había acarreado.
El sirviente hizo lo mismo, pero sin duda al ver mi estado desaliñado. Hizo una amplia reverencia ante mi persona, sin duda tragándose cualquier comentario que indicaba que adivinaba que era lo que estábamos haciendo antes de que él llegara.
"Efectivamente señora, el señor Shigeru acaba de arribar hace unos momentos. Pidió que se le avisara"
"Gracias" Satoshi murmuró.
"Para servirles" el criado volvió a inclinarse profundamente "Con permiso, señor, señora"
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El hombre se retiró y yo tomé a Satoshi del brazo llevándolo nuevamente a mi habitación. Cerré la puerta y le sonreí.
Él estaba serio.
Me acerqué y puse mis manos en su pecho, pero él me rechazó con suavidad quitándolas de su cuerpo, y sosteniéndolas entre las suyas.
"Lamento mi comportamiento…" se excusó, volviendo a hablar con el mismo tono frío con que lo había hecho los once meses anteriores. Sus oscuros ojos brillaron sin emoción, y tan fríos como témpanos de hielo.
"¿S-satoshi…?"
"Lamento mi falta de respeto, señora" reiteró y cerró los ojos por un segundo "Te dejaré a solas en tu habitación para que puedas arreglarte para nuestro visitante. Parece que la presencia de dicho pariente ha reavivado en gran manera tu animo…"
Entreabrí los labios, pero no pude decir algo…
Era cierto, había amado a Shigeru durante mis años de niña y adolescente… Pero eso había acabado cuando mis padres resolvieron casarme con Satoshi…
Yo había insistido tanto… amaba tanto a mi primo que hubiera hecho cualquier cosa por él, quería que mis padres llegaran a un acuerdo con sus padres y me pidieran en matrimonio… y entonces yo sería suya…
Pero mis tíos se negaron. Jamás aceptaron aquella propuesta…
Yo me enoje tanto, amenace con irme, con meterme de claustra en un convento… entonces mi matrimonio con Satoshi llegó.
Y si bien al principio me había sentido repulsiva a estar junto a él… ahora…
Ahora…
Observé sus oscuros ojos que veían más allá de mi hombro, incapaces de mantener su atención en mí. Tenía la mandíbula tensa.
"Satoshi…"
Reaccionó al oírme, volvió sus pupilas hacia mí y se inclinó lentamente en la reverencia indiferente que solía hacerme en el pasado.
"La dejaré para que se vista usted, señora" depositó un beso gélido en mis manos y salió.
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"Se que amas a otro" había dicho aquella primera noche, la de nuestra boda, luego de dejarme en su cama y tras despojarme del velo, y antes de cerrar la puerta abruptamente "Pero vas a tener que aguantarte…"
Quise llorar… nunca había aclarado aquel punto con él. En los primeros meses estaba tan molesta que prácticamente no le dirigía la palabra. Pero luego de ver como se consumía por la fiebre aquel mes de marzo… Shigeru dejó de ser el pensamiento constante en mi cabeza, reemplazado por la preocupación que Satoshi me inspiraba y su pronta recuperación.
Después de ver que se reestableciera, y tras nuestra pequeña tregua - en la que empezamos a hablarnos- olvidé completamente todo el asunto de aquella primera noche.
Luego con los meses, mis sentidos parecieron dejar de lado la existencia de mi primo.
Siendo la silueta imponente de aquel hombre alto de cabellos negros, la única ideología latente en mi mente las veinticuatro horas del día…
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Mis doncellas prepararon aquel vestido negro con rosas rojas que Satoshi me había obsequiado en mi cumpleaños. Tenía un escote pronunciado, y la caída de la tela era tan sensual y atrevida, que por un segundo me pregunté que pensaría él cuando me viera con aquella prenda puesta.
Pero no podía pensar otra forma de atraer su atención…
Y yo deseaba tenerla… otra vez, como en la mañana…
Deseaba que volviera a mirarme de esa forma intensa, y me hablara así tan tiernamente…
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Llevaba una hora hablando con Shigeru en nuestra sala de estar.
Satoshi no había bajado todavía.
Volví a mirar a ese hombre que por diez años de mi vida fue insomnio en las noches, y mis primeros suspiros del día al verlo pasar junto a mi, sin que siquiera notara que yo existía.
Tenía unos increíbles ojos azules, pero ellos no poseían aquel brillo familiar, ni la calidez reconfortante de los marrones ojos de Satoshi. Su mirada no sonreía ni se suavizaba al verme. Y sus cabellos aunque claros, no invitaban a ser acariciados o acomodados en su respectivo lugar. Y cuando me abandoné unos segundos a él, durante mi saludo, tuve una amarga sensación de repugnancia. Me asqueaban sus brazos, los encontraba tiesos y desgarbados. Lejos de la firmeza y la protección que hallaba al sentirme rodeada por los de mi esposo.
Y sus manos se me antojaron frías, y algo torpes. También parecían estar pegajosas.
"Has cambiado mucho, querida" dijo Shigeru con ese usual acento altivo con el que solía dirigirse a todos. Me pregunté como no me di cuenta de eso en los años pasados.
"Gracias primo" jugué con el ruedo de mi falda notando por primera vez como él miraba mi escote. Me enderecé avergonzada. Unos pasos potentes se oyeron por la escalera, me incorporé de inmediato.
Satoshi descendió ágilmente y se nos quedó viendo con el ceño fruncido. Yo no pude evitar sufrir suponiendo lo que estuviera pensando de nosotros en esos momentos. Se giró hacia mí y avancé decidida hasta él, extendiéndole mi mano, rogando que no me rechazara.
Con elegancia tomó la mano entre las suyas y depositó un húmedo beso en su reverso, luego se enderezó estudiándome.
"Te ves espectacular esta noche Kasumi…" mi corazón dio un salto ante sus palabras. Le sonreí. Luego él me besó en la frente con suavidad "Debo aludírselo a nuestro invitado¿cierto?..."
Sentí que la tibieza que había despertado en mí, moría abruptamente con esas palabras. Él lo había dicho lo suficientemente alto como para que Shigeru también lo oyera.
"Debe aludírselo a usted mismo señor" balbuceé y me colgué de su brazo antes de que se diera cuenta. Satoshi me miró alzando una ceja, pero dejó mi brazo bajo el suyo, y juntos caminamos hasta el comedor.
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Shigeru estaba comportándose de forma extraña.
Descubrí sus azules ojos viéndome de soslayo durante la cena. Observaba mis manos, pequeñas y abandonadas a los costados de la mesa mientras lo oía hablar y relatar uno de sus viajes, mis labios y la forma en la que se movían para hacerle alguna pregunta; mi cuello y escote… me miraba con un descaro que por momentos resultaba indecoroso.
Satoshi también lo advirtió, y aunque cortés y respetuoso, una fría aura parecía rodearlo en tanto hacia preguntas y participaba asiduamente de la charla. Siempre sin mirarme.
¡Dios...¿Quien supiera lo terrible que estuviera pensando?. ¿La velocidad y la intensidad de sus pensamientos, y lo traicioneros que estos podrían llegar a ser…?
Me esforcé por no llorar, por dejar las infantiles ganas de gritarle a Shigeru que me ponía atención solo porque veía que estaba con alguien más. Con Satoshi…
"Los dejaré a solas" repentinamente este dijo incorporándose "Deben tener muchas cosas que contarse…"
Mis ojos se abrieron de golpe "Señor…" balbuceé, agarrándole la mano antes de que se alejara.
"Soy un extraño aquí, señora…" replicó. Y se volvió a mi primo que tenía una mueca relajada en su rostro "Buenas noches"
"Buenas noches"
Y soltándome, se alejó a paso suave.
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El sirviente dejó dos pequeñas lámparas y luego se retiró. Satoshi había ordenado se nos sirviera café y tarta de manzana, pero yo me sentía incapaz de comer algo. Mi estómago estaba cerrado, y sentía que hasta que ese malentendido no se solucionara me seria incapaz probar algún bocado.
Observé mi vestido con pena. No había servido. Él me había mirado solo una vez, y luego sus ojos huyeron de mí. No había notado el peinado nuevo ni el fino collar delicadísimo de diminutas perlas negras.
"Te ves hermosa esta noche primita"
Repentinamente, me acordé que él seguía aquí. Le sonreí forzadamente "Gracias Shigeru"
"Y además has hecho un buen matrimonio "siguió diciendo sonriente "Pronto serás una viuda joven y muy rica…"
"¿Qué?" lo miré de reojo, completamente alarmada.
"Todos en la ciudad saben que tu esposo está enfermo, y que es cuestión de meses para que te veas librada de él…"
Sacudí la cabeza, mis ojos se llenaron de lágrimas "¿Qué dices?"
Él guardó silencio por un instante, cuando al fin habló tenía una expresión seria.
"Mis padres me hablaron de cierta preposición que tus padres les hicieron a los míos hace dos años atrás…dijeron que tu tenias mucho que ver…"
Yo no podía contestar… ¿Satoshi se iba a morir?. ¿Se iba a ir dejándome sola ahora que por fin había encontrado alguien a quien amar…?
No… no, no podía ser cierto. Él era fuerte como un toro, y rebosaba salud por todos lados… el doctor había dicho que esa enfermedad crónica desaparecería con meses de ternura y cuidado…
"…¿Y como se comporta él contigo?" Shigeru continuó "¿Te satisface bajo las sabanas?. No, que va… siendo un enfermo como es, seguramente te ha negado el placer… Y tú eres una criatura completamente apasionada Kasumi… Lo recuerdo… Como el fuego que todo lo quema… como el color de tu cabello…"
Se había levantado tras decir eso y se acercaba a mí a paso sensual… ¡Oh¿Cómo pude amar a este hombre alguna vez?
Puso las manos a los costados de mi rostro en el sillón y se acercó "Una vez que te quedes viuda yo podría enseñarte muchas cosas…" deslizó un dedo por mi cuello " Te mostraría el placer de la fruta prohibida… tanto que acabarás suplicándome… pidiendo mas y mas de nuestra erótica danza…"
Asqueada aparté la cabeza, pero él me tomó el mentón.
"¿Qué?. ¿Planeas hacerte la inocente…?" me sujetó con firmeza "Si yo lo hubiera sabido Kasumi. Si yo hubiera sabido que antes me amabas, nada de esto hubiera ocurrido… te hubiera hecho mía desde un principio, pero… ¿Qué importancia tiene, cierto?. Solo nos basta con esperar un par de meses mas y estarás libre…" respiró lentamente quemándome con su aliento, yo me retorcí "Una viuda joven y hermosa… y muy rica… Con el dinero que el pobre pelmazo te dejará podremos darnos un lujoso tren de vida… Y de noche disfrutaremos del mejor acto carnal que has presenciado en tu vida… desnuda entre sábanas de seda…"
Aquello fue suficiente, con una enorme rabia y desprecio levanté mi mano y la estampé en su mejilla. El golpe fue tan abrupto que su rostro quedó volteado hacia un lado. Aquella sección de su cara quedó enrojecida…
Mi pecho subía y bajaba de excitación, de furia, de asco hacia él. Me mordí el labio que empezaba a temblar.
"¡Libertino!" murmuré entre dientes "Lávate la boca antes de hablar de esa forma de mi esposo. Yo no me quedaré viuda, y si lo hiciera jamás consentiría en casarme contigo…"
"Sin embargo hubo un tiempo en el que me encontrabas atractivo… y hubieras hecho cualquier cosa por mi…" sonrió con una mueca mientras se sostenía la cara "Podríamos recordar esa época si no fueras tan hipócrita…"
"Sal de mi casa" me levanté apuntando con un dedo hacia donde la puerta estaba.
"No pensarás despedir a un pariente a esta hora de la noche…"
"¡Fuera!"
Él se rió, pasó junto a mí y agregó " ¿Entonces para quien te has arreglado de esa forma?. No pensarás que me creeré que lo has hecho para el insípido de tu esposo…"
Esa fue la gota que colmó el vaso, volví a golpearlo duramente; esta vez creo que con mi puño cerrado. Me dolió, y él quedó susurrando una maldición.
Un sirviente llegó de inmediato, alarmado "¿Señora?" debió de haber visto mi rostro lloroso y mi expresión desesperada.
"Acompaña a este hombre hasta la salida…"
"Pero" Shigeru intervino molesto "Kasumi no puedes estar hablando en serio ¡Soy tu pariente!"
"Lárgate de mi casa. No eres bienvenido…"
"¿Qu-e?"
"Ya oyó a la señora" una nueva voz intervino. Una voz suave y grabe, que hizo que un suave escalofrío me corriera por la espalda. Me di la vuelta sosteniendo mi mano. Satoshi estaba allí. "Lárguese de aquí… y no se atreva decir una sola palabras mas ofendiendo a mi esposa…"
Shigeru lo miró con ojos centellantes. Se irguió lentamente y pidió su equipaje y que le ensillaran su caballo. Ni siquiera se despidió.
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Satoshi me había acompañado a mi habitación.
Encendió las velas y se quedó ahí viéndome. Yo seguía sosteniendo mi mano, y era muy consciente de la enorme sensualidad que ese hombre me inspiraba.
"¿Te duele?" me preguntó acercándose y examinando mis dedos. Hice una pequeña mueca de dolor "Quisiera saber lo que dijo para que reaccionaras así…"
"No vale la pena, señor…" me mordí el labio.
Él sonrió y llevó mi mano herida a sus labios, me besó los nudillos con ternura "Mandaré por el doctor si lo deseas"
"No, señor…"
"Está bien" me besó la frente en silencio. Me pregunté si había oído lo que Shigeru decía. Tuve ganas de gritar. Él dio un paso hacia atrás e hizo la sutil reverencia de siempre "Que descanse bien, señora…"
Estaba yendo hacia la puerta cuando lo llamé "Espera…" lo tomé del brazo "Por favor"
"¿Deseas algo querida?" preguntó solícito viendo fríamente mi rostro.
Sin saber muy bien como, o porque, apreté mi cuerpo contra el suyo. Puse ambas manos en su pecho y por fin alcé la cabeza viéndolo, ignorando el calor atroz de mis mejillas y la genuina vergüenza que sentía al hacer eso.
"Quédate esta noche conmigo…"
Sus ojos se abrieron impresionados. Sus pupilas se veían bellísimas bajo la pálida luz de las velas. Sus labios se abrieron y se veían incitantes y muy tentados a ser besados…
"Por favor…" susurré apretándome aún mas hacia él, sintiendo su pecho duro y firme contra mis suaves curvas.
"Kasumi…"
Y un brazo rodeó mi cintura… sonreí, esa la misma sensación de satisfacción que me rodeaba siempre que él hacia eso. Me besó la frente, y su boca húmeda descendió por mi mejilla hasta encontrar mis labios. Su otra mano se metió entre mi cabello, acercando mi cabeza aún mas hacia la suya.
Suspiré de dicha y le rodeé el cuello con timidez.
Movió el rostro una vez más, y su boca se abrió enteramente sobre la mía en un movimiento extremadamente sensual y maravilloso.
"Kasumi…" susurró en un segundo antes de besarme otra vez, mientras yo me sentía desvanecer en esa tibia sensación.
Me apreté mas contra él, contra su cuerpo firme y masculino, sintiendo algo del placer de esa mañana cuando me acariciaba íntimamente. Sentí que su mano soltaba mi cabello y se deslizaba lentamente por mi nuca hasta mi espalda. Tocó los botones del vestido. "Estabas hermosa esta noche…"
Reí fascinada "Tu también…" susurré escondiendo la nariz en su cuello, entre el aroma a canela y sándalo tan característico…
Sus dedos se movieron con los complicados botones y ojales, y sentí que la tela cedía.
Entendí lo que iba a pasar… en segundos mas me encontraría desnuda ante él…
Continuara...
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-© De Tokio san-
Remake by Sumi-chan
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Ahora solo resta el ultimo chapie!
Sumi Chan
