Sweet Lemon

Original author: Tokio San

Remake by Sumi-chan

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Misteriosa… labios suaves como pétalos de rosa

Piel de marfil y porcelana, dulce y silenciosa

Nunca sabes lo que va a decir cuando ella empieza a sonreír…

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El silencio dentro de la habitación era absoluto.

La luz de las velas despedía una claridad diáfana y suave. El fulgor resbalaba en los cabellos azabaches de Satoshi y en la miel de sus ojos. Las yemas de sus dedos se movían con precisión trazando mis mejillas sonrojadas, delineando mis labios ansiosos.

"Hermoso…" susurraba.

Yo temblaba bajo sus caricias, vibraba entre sus brazos. Mi cuerpo cedía a esa emoción impetuosa que él fabricaba con sus besos y caricias.

"Hermoso... y perfecto..." susurró en mi oído antes de hacerme andar hacia atrás, hacia la cama que estaba esperándonos a mis espaldas. Mis piernas se debilitaron y me aferré a su cuello viéndome en la intensidad de sus ojos oscuros. Sus dedos se deslizaron por mi cabello, la nuca y tocaron los botones de mi vestido por segunda vez. Se quedó viéndome fijo "Kasumi..."

"S-si..." asentí yo, demasiado avergonzada, indecisa, pero a la vez ansiosa por lo que ocurriría a continuación.

Él me besó otra vez, sentí el filo de la cama contra mis piernas, y luego el ligero jalón a los broches de mi vestido, la tela cediendo a sus movimientos, el aire nocturno chocando en mi piel. Metió la mano entre los pliegues de la seda y me acarició la espalda, ayudándose con los dedos a descorrer la prenda. Mis mejillas ardieron cuando esta finalmente resbaló de mi cintura cayendo a nuestros pies. Ahora solo la última prenda íntima quedaba resguardando mi cuerpo.

Rodeó mi talle con manos firmes, y sus brazos me abrazaron, abrigándome contra el vaho nocturno. Sentí las curvas de mi cuerpo apretarse contra el suyo, la tela fría de su ropa rozando mi piel como otra de sus tantas caricias.

"Eres perfecta..." dijo contra mis labios, usando la frase como preludio para recostarme en la cama con total suavidad.

Yo tenia tanto temor y bochorno que no ose moverme, Satoshi se estiró a mi lado tras quitarse la chaqueta. Se quedó viéndome por un espacio de tiempo tan largo, que creí que debía haber encontrado algún defecto monstruoso en mí, y que quizás se había arrepentido de tocarme.

Me mordí el labio llena de ansiedad y antes de que pudiera preguntarle, él se inclinó hasta mí, pero no me besó. Dejó su boca a escasos milímetros de la mía como si disfrutara del calor de nuestra cercanía y del extraño magnetismo que nos recorría con el solo chocar de nuestra respiración.

"Dios... eres tan perfecta..." susurró y advertí su aliento tibio contra mis labios. Sonrió, y finalmente me besó. Un beso suave como aleteo de mariposa, en tanto me acercaba a sí, y otra vez volvía a abrigarme con su sola forma.

Los besos siguieron; más apasionados, más delicados, con urgencia y con hambre esta vez. Abriendo su boca sobre la mía demostrando otro tipo de placer, logrando que mi espalda se arqueara ante el nuevo grado de besos, mientras sus dedos me acariciaban, reconociendo cada parte de mi anatomía de mujer.

Sus prendas siguieron el camino de las mías anteriores, tras otro mágico segundo, regadas en el suelo a los lados de la cama en colorido desorden, y finalmente la última, aquel inmaculado encaje que quitó de mi cuerpo entre besos desesperados y caricias que arrancaban gemidos de mi garganta, antes de tenderse sobre mí en el último acto de acción consciente.

... Y entonces comenzó la danza, única y aceptable de nuestros cuerpos enlazados. Manos, piernas y labios fundidos en un único e inquebrantable pacto. En una fusión tan fuerte, tan intensa que no alcanzaban las palabras para describirla. Y fue tan suave, tan tierno y exquisito, mientras me tomaba en sus brazos y yo temblaba ante esa emoción tan nueva, y tan placentera que hacia vibrar mi cuerpo por primera vez.

Y él me sonreía desde su altura, una de sus manos sujetando la mía, la restante entre mi cabello húmedo, mientras parecía que el universo explotaba a nuestro alrededor, su existencia entera se vertía dentro mío, y aquel maravilloso instante parecía alargarse por siempre.

De alguna forma volvimos nuevamente a la tierra, envuelta en sus brazos, tal y como nuestro viaje había empezado. Mis ojos estaban húmedos de lágrimas y toda yo temblaba ante la magnitud de lo que acabábamos de compartir, de lo tierno, dulce y suave que él había sido conmigo.

Yacimos en la oscuridad en absoluto silencio, los sonidos de la noche se hicieron más nítidos a medida que la quietud a mi alrededor se extendía. Sus brazos todavía me rodeaban, y mi cuerpo se encontraba tibio a pesar de que las sábanas no estaban cubriéndome. Alcé la cabeza y lo miré, tenía los ojos cerrados, y su respiración era lenta y suave. Estaba dormido.

Las yemas de mis dedos se movieron por sí solas para acariciar su rostro simétrico. El largo fleco de cabello azabache le caía sobre uno de sus ojos, su respiración era imperceptible y estaba disminuyendo rápidamente. Parecía tan tranquilo allí, y esa expresión serena lo hacía ver más joven y aniñado. Que apuesto hombre era...

Mis párpados empezaron a cerrarse también, de puro cansancio. Me acurruqué en sus brazos, y la quietud de la noche hizo el resto, sumiéndome en una profunda paz, y un placentero sueño.

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La luz del día me despertó. Y por el lugar del sol en el cielo, supe que la hora era muy avanzada. La cama se sentía vacía y fría, y al girarme descubrí el porqué: él ya no estaba.

Me acurruqué bajo las sábanas algunos segundos más, intentando pensar como debía comportarme de ahora en más. Después de un año de dormir en habitaciones separadas, a los sirvientes no se les escaparía el hecho de que, la noche anterior, sus señores finalmente habían compartido la misma habitación, y por ende la misma cama... Mis mejillas se encendieron notablemente. Ante los ojos de todos, nuestro matrimonio estaba legítimamente consumado.

Sentí ruidos en la habitación posterior, y el pánico se apoderó de mí; saqué los brazos de las sábanas y busqué en el suelo, a los lados de la cama, alguna de las prendas que tenía puesta la pasada noche. Tomé la enagua, que era lo que estaba más próximo, y me la eché apresuradamente por encima de la cabeza. Apenas acababa de ponérmela, cuando un leve golpecito sonó en la puerta.

Me levanté con rapidez, acomodando la prenda a las líneas de mi cuerpo, en tanto intentaba aplacar el desorden de mi cabello con las manos.

El golpecito se repitió.

" Adelante" murmuré. Una muchacha hizo su aparición secándose las manos con su delantal.

" Buenos día ama" hizo la reverencia acostumbrada, obviando cualquier comentario al ver el desorden en mi habitación. Tampoco mi aspecto era el mejor, y denunciaba a gritos que tipo de proezas sensuales había compartido con el señor de la casa, pero ella no mostró ningún gesto de sorpresa o disconformidad. Y se lo agradecía profundamente.

" Buenos días Nanako"

Ella sonrió "El amo Satoshi pidió que le preparásemos agua para su baño. Ya está lista la tina"

" Gracias"

Nanako se inclinó, y esperó pacientemente a que yo me dirigiera al baño, para buscar la nueva muda de ropa que usaría ese día, y de paso ordenar la habitación. El agua de la tina estaba tibia y el vapor que emanaba de esta olía a rosas, y a lavanda. Me sumergí agradecida, sintiendo que toda mi ansiedad disminuía notablemente. Para cuando salí, mis dudas no eran más que una vaga inquietud.

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Bajé a la sala para desayunar sola. Satoshi, según me confiaron los sirvientes, lo había hecho temprano, pues tenía después una reunión importante en la biblioteca. Me senté a la mesa, intentando ocultar mi tristeza de no poder verlo.

Apenas acababan de llevarse la bandeja del desayuno, que pasos se oyeron desde el sector donde se hallaba la nombrada habitación. Me puse de pie inmediatamente, echando mi cabello detrás de los hombros, alisando cualquier arruga de mi vestido color crema, y poniéndome erguida al instante, al oír que las pisadas se acercaban.

" Kasumi" Satoshi pareció sorprendido de verme. Un suave, ligero rubor cubrió sus mejillas en tanto se acercaba a mí.

" Señor..." hice la acostumbrada reverencia tomando el borde de mi vestido en las manos.

Él me besó la frente, y yo contuve el impulso de rodear su cuello con mis brazos y atraerlo hacia mí, sentir su calor como la noche anterior. Apenas se alejó, vi al hombre que lo acompañaba y que se le parecía muchísimo. Su hermano Hiroshi.

Hice otra reverencia, en tanto este sonreía y tomaba mi mano para besarla "Señora, se ve usted cada día más bella"

Me reí. Siempre me había caído bien Hiroshi.

"Adulador"

Este sonrió y volvió a besar galantemente mi mano "Solo digo la verdad, señora"

Satoshi frunció el ceño, y tras hacerle un gesto a su hermano, ambos salieron de la habitación. Me pregunté que era lo que había traído a Hiroshi a nuestra casa, y por que motivo debía irse sin siquiera quedarse a almorzar.

Me quede en el salón, esperando que Satoshi volviera. Más que nunca deseaba hablarle. Compartir una conversación, una simple plática, lo que fuera. Estar junto a él, tal vez en silencio y sin que me dirigiera una mirada, pero cerca de su persona.

Él volvió, por supuesto. Sus ojos castaños se abrieron de asombro al hallarme todavía en la sala, de pie, con las manos en lazadas en la espalda, tal y como me encontraba antes de que saliera.

Mermó sus pasos momentáneamente, como si titubeara en detenerse o no.

"Kasumi..." pasó de largo junto a mí y recogió un libro "¿Qué haces aún aquí?"

Le seguí, resistiendo el impulso de poner la mano en su hombro y frenarlo. Hacer que me viera, que me concediese algo de tiempo.

"Estaba esperándote"

"Oh"

Siguió su camino, conmigo por detrás rogando silenciosamente que volteara a verme, y que por un mínimo segundo yo fuera su completo centro de atención.

"¿Por qué vino Hiroshi?"

Hizo una pausa.

"Estamos haciendo un negocio importante. Necesitaba su ayuda" de pronto pareció percatarse de que estaba siguiéndolo. Se detuvo, girándose inmediatamente para enfrentarme. Pero la atención de sus ojos oscuros, solo duró algo menos que un instante. Sus pupilas se enfocaron en otra cosa más importante que el verme a mí "¿Necesitas algo?"

Me mordí el labio. ¿Por qué?. ¿Por qué me ignoraba?

"N-no..." sacudí la cabeza en respuesta a su pregunta.

Nos quedamos en silencio. Un silencio que se hizo pesado e incómodo.

Oí que retrocedía un paso "Y-yo..." titubeó viendo al costado "Lamento mi comportamiento de anoche... Te ofrezco disculpas por mi... proceder deliberado hacia ti..." se aclaró la garganta "Prometo jamás volver a faltarte el respeto de esa forma..."

Sentí que me ponía rígida, y que de alguna manera la sangre se me helaba en las venas. La media sonrisa se desvaneció lentamente de mis labios, y me quedé ahí por varios segundos, en silencio, haciendo un soberano esfuerzo para que no se notara que mis ojos se había cuajado de lágrimas.

Me incliné otra vez, parpadeando con fuerza "Entiendo..."

Sentí que su mirada se había clavado en mi cabeza, de modo que mantuve la reverencia y me giré con rapidez. Ya de espaldas a él, me sequé las mejillas agradeciendo que no pudiera verme. Me erguí y caminé majestuosamente, como solía hacerlo los once meses pasados, con indiferencia, y frialdad. Como si él no me importara. Alejándome de su presencia.

Mientras las lágrimas caían continuamente de mis ojos.


Nanako había tocado la puerta del estudio para advertir que la cena ya estaba lista. Con evidente esfuerzo apartó a la joven pelirroja de sus pensamientos, y se puso de pie. Ordenó los libros del escritorio, y algunos papeles sin importancia, diciéndose fervientemente que no era una excusa para retrasar su entrada al comedor, y encontrarse cara a cara con la joven, a quien no había visto desde el episodio terrible de la mañana.

Contuvo el aliento al recordar la expresión triste e impresionada de sus ojos claros, al oír la disculpa que le ofreció ante los acontecimientos de la pasada noche. Su relación con Kasumi había sido catastrófica desde el comienzo. Ella era tan rebelde, tan indiferente, tan fría en su trato hacia él. Sabía que no quería saber nada en cuanto a un matrimonio arreglado, y se encargó de hacérselo saber de todas las formas posibles.

Luego supo el porqué, claro. Estaba completamente enamorada de otro hombre, y tuvo que tragarse sus sentimientos ante la orden terminante de sus padres y casarse sin omitir queja. Sin embargo su comportamiento frívolo se volvió todavía más intolerable.

¿En que momento fue que se enamoró de ella?. Tal vez cuando la vio entrar en el salón de la mano de su padre, vestida de blanco, con el velo aquel cubriendo su rostro, en tanto los violines lloraban en un extremo y la gente allí presente celebraba la nueva unión. Kasumi parecía un ángel, avanzando hacia él con gracia y delicadeza...

Fue un amor a primera vista, Satoshi lo sabía. Pese a que intentó no traicionarse, imitando la indiferencia de la joven y su frialdad. Mostrándose serio e impasible. Hablándole poco, porque sentía que cada cosa que ella hacía aumentaba el fuego de sus sentimientos en su interior.

Pero finalmente había caído.

Había probado las delicias prohibidas de un placer que no le estaba reservado. Y en cierta forma se sorprendió, no esperaba que la joven aún fuera virgen. Y haber sido él quien la despojara de esa virtud, lo hacía sentir extremadamente culpable. Debió haber sido otro quien ocupara ese lugar, otro hombre quien la hiciera gemir, recibiera sus besos y sus caricias.

Shigeru.

El solo pensamiento hizo que su mandíbula se tensara. No sabía muy bien lo que había acontecido entre ellos la noche anterior, cual fue el motivo de la pelea. La razón de que Kasumi se entregara febrilmente a sus brazos, tomando el lugar de esposa que había desdeñado desde un principio.

Satoshi suspiró pesadamente, y miró la argolla en su mano izquierda. ¿Cuánto tiempo más duraría aquel matrimonio extraño?. ¿Cuánto más él podría soportar actuando con apatía, como si no la viera?. ¿Cómo si fuera ciego a sus encantos, a sus sonrisas, y a sus palabras?

Rodeó el escritorio con sus pasos, y aspirando una larga bocanada de aire, abrió la gran puerta de roble y salió.


" ¿Dónde esta mi esposa?" preguntó a uno de los sirvientes que espera respetuosamente de pie a que su señor tomara asiento para empezar a servir. Había un solo plato con sus respectivos cubiertos y copa.

" La señora Kasumi anunció que no bajaría a cenar. Quise subirle una charola con comida pero manifestó claramente que no tenía apetito, señor"

Satoshi alzó la vista hacia el piso de arriba, adivinando la habitación iluminada con las velas, ella envuelta en su camisón, durmiendo en la enorme cama doble, sintiéndose ofendida, y tal vez humillada por su previo comportamiento.

Se sentó a la mesa, y comenzaron a servirle la cena. De tanto en tanto dirigía su oscura mirada al sitio de su derecha, al lugar de Kasumi. Y la veía hablándole, o compartiéndole lo que había hecho en el día, y de cuanto había avanzado en sus clases de montar a caballo. La oía haciéndole las preguntas habituales sobre su trabajo, o interesándose en como marchaban las cosas en la hacienda, sonriéndole, atenta a sus palabras...

No aguantó más, empujó el plato a medio llenar al centro de la mesa y se levantó. Subió las escaleras de a dos peldaños por vez y antes de que se diera cuenta, estaba ante la puerta de la habitación de ella.

Alzó los nudillos, y con suavidad golpeó. No obtuvo respuesta. Golpeó una segunda vez conteniendo el aliento, intentando oír algún sonido procedente de allí adentro. Pero nada.

Quizás ya se había dormido, o estaba demasiado ofendida con él que no deseaba verlo o hablarle...

Caminó hacia su propia habitación mientras se desanudaba el lazo de la corbata, y se quitaba la chaqueta.

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La puerta se abrió antes de que yo hubiera podido prepararme a como enfrentar la cara de desconcierto y sorpresa que puso cuando me vio sentada en su cama. Sus grandes ojos marrones se abrieron completamente al observarme fijo como si creyera que yo era una jugada de su imaginación.

"¿Kasumi...?" murmuró quedo, deteniéndose junto a la puerta cerrada como si dudara en acercarse o no.

Vi que tenía la chaqueta en la mano, junto al lazo y que había empezado a desprenderse la camisa, lo cual había inmediatamente cesado al verme. Me levanté tímidamente, olvidando u obviando lo ligero y diáfano de mi camisón, y me acerqué a él. Extendí las manos y continué desabotonándole la camisa.

"Permíteme" murmuré con una sonrisa tímida, sintiendo que mis dedos temblaban al despojar cada botón de su ojal.

Pero Satoshi sujetó mis muñecas de golpe "¿Qué haces aquí?"

Lo miré, desamparada y muy avergonzada "C-creí... creí que por una vez las cosas entre nosotros podrían..." me sentí aún más ridícula. Intentando seducirlo y acercarme a él... De un brusco movimiento me zafé de sus manos "Lo siento, esto no es más que una tontería..."

Me di la vuelta con la intención de irme a mi habitación, cuando la mano de él me frenó. Con fuerza.

Lo próximo que supe fue que me encontraba entre sus brazos, y que su boca firme había descendido hasta la mía. Ah... sus besos, como los había echado de menos durante el día. La manera en que sus labios se suavizaban pidiendo a los míos que se rindieran bajo sus caricias. Como se amoldaban, uniéndose en impecable armonía... Tan suaves, tan tiernos...

Cuando finalmente nos separamos, mi respiración había aumentado terriblemente, y me sentía indefensa y feliz del grado de intimidad que acabábamos de compartir. Mis brazos colgaban tras su cuello, como si toda la fuerza de mi cuerpo hubiera desaparecido.

Las yemas de sus dedos me tocaron la mejilla y en un susurro preguntó "¿Qué es Kasumi...?"

"Te amo"

Manifesté sin preámbulos, sorprendida de mis propias palabras. Habían salido por sí solas, y parecieron quedarse suspendidas en el aire por varios segundos como un pájaro a mitad de vuelo.

La expresión de su rostro, me indicó que estaba tan o más sorprendido que yo.

"¿Qué...?"

Lo miré fijo, sintiendo la atmósfera que se había creado tras mi frase. Entreabrí los labios y repetí, con firmeza y seguridad.

"Te amo"

Y esta vez fue mucho más fácil decirlo.

"Te amo de verdad..."

Y lo besé. Usando al máximo toda mi escasa experiencia adquirida en la materia. Sin embargo dio resultado, sus brazos se ciñeron todavía más en torno a mí, y respondió sensualmente a mi beso. Mis piernas flaquearon ante la intimidad de la caricia, su lengua danzando con suavidad dentro de mi boca, incitándole a la mía a que se uniera a su danza.

Luego de varios minutos de besos apasionados, finalmente separó su rostro del mío. Apenas algunos centímetros, manteniendo una distancia prudencial para que pudiera hablar. Sus ojos marrones ardían al observarme; mis labios temblaban, y tanto su respiración como la mía, habían escalado considerablemente.

"¿Estas segura?"

La voz de Satoshi fue clara y firme.

"¿De que te amo?" susurré.

"De que no te arrepentirás de elegir esta vida, junto a un hombre que sería capaz de dar todo con tal de oírte decir esas palabras otra vez..."

"Te amo Satoshi"

Él sonrió, con los nudillos acarició mi mejilla "Es muy conveniente... E ilustra perfectamente mis palabras, señora..." mis ojos se abrieron "Ya que te amo de la misma manera, Kasumi..."

No sé quien de los dos inició aquel nuevo beso, pero cuando fui capaz de pensar otra vez, nuestros labios se encontraban atrapados en otro apasionado encuentro, me había tomado en sus brazos, y con paso firme me llevaba a su cama.

"No sé como pude resistirme tanto tiempo..." susurró mientras seguía la línea de mis cejas con un dedo "Pero te he amado desde esa tarde de noviembre donde mi padre nos presentó..."

Yo recordaba muy bien aquel día. Ilusamente había creído que mi existencia llegaba a su fin porque mi familia había acordado ese matrimonio. La nieve caía allá afuera, en tanto yo hacia soberanos esfuerzos para no llorar. Y es que en ese entonces estaba más que enamorada de mi primo.

Lo estaba...

"Pensé que me odiabas..." susurré también.

"Es extraño, era lo mismo que yo creía de ti..." él respondió, deslizó los dedos entre mi cabello "Parecías extremadamente molesta aquel día..."

"Lo sé..." asentí abochornada "Estaba muy confundida, eso es todo..."

Él se quedó en silencio algunos segundos, en tanto las caricias llovían en mi rostro.

"Quizás ahora también estés confundida..."

"No" meneé firmemente la cabeza. Mis labios se acercaron a su mano que descansaba en mi mejilla, le besé los dedos "Ahora sé que te amo"

Su boca descendió a la mía tras las últimas palabras. Me besó con suavidad, tomándose todo el tiempo del mundo en aquel primer contacto. Su beso fue suave y muy tibio, sus manos se movieron en torno a mi cintura, acomodando mi cuerpo al suyo. Mis dedos procedieron a seguir desprendiéndole la camisa, luego se la quitó incorporándose un poco en la cama. Aprovechó esa pausa para dirigirme una larga ojeada.

Mi camisón era algo más que una pálida tela de araña sobre mi piel. El encaje se alzaba insinuando, más que ocultando, y yo sabía que era eso lo que estaba viendo de mí...

Antes de que pudiera hacer algo, me incorporé un poco y deslicé los tirantes de la prenda sobre mis hombros. Esta descendió fácilmente, hasta quedarse enredada en mi cintura, y cuando procedía a quitármela por entera, las manos de Satoshi me frenaron. Sus ojos ardían de fuego, cuando con firmeza me tomó en sus brazos, llenándome de caricias íntimas y más besos apasionados.

El camisón enredado en mi cuerpo fue el último detalle por el que tuve que preocuparme esa noche...

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La luz de la luna entraba difusamente por la ventana del dormitorio. Nuestros cuerpos se encontraban tranquilos y saciados de su anterior actividad. Yacía envuelta en sus brazos, disfrutando de nuestra mutua compañía y de la agradable quietud que flotaba en torno nuestro. Ese silencio cómodo que empezaba a ser extremadamente familiar para mí.

Habíamos estado hablando luego de que la pasión y los besos se convirtieran, en caricias suaves y controladas. Sentí que nunca habíamos platicado tanto, y que pudiéramos llegar a entendernos y complementarnos de ese modo.

Un nuevo camino que conducía a una existencia feliz, se abría paso ante mis ojos.

Mi matrimonio, aquel del cual renegué en su tiempo, se convirtió en la mejor decisión tomada por mis padres. Y por un instante me permití el reírme. Viendo toda la situación luego de un año de haber transcurrido, realmente parecía fruto de una novela. Enamorada del hombre equivocado, renegando de mi reciente prometido. Intentando sabotear la boda, soñando con encerrarme en un convento...

Cuantas locuras. Cuantas vueltas que daba la vida... Cuantas sorpresas inesperadas...

"¿De que te ríes?"

Satoshi estaba despierto, yo creí que estaba dormido. Se movió en la cama y sus brazos me atrajeron a su cuerpo. escondí el rubor casi imperceptible de mis mejillas.

"De todo lo ocurrido en este último año... Es increíble como la vida resurgió de las cenizas, cuando yo creí que había muerto para mí..."

"Amabas mucho a Shigeru"

"No. Estaba encaprichada con él"

Sus ojos eran visibles en la oscuridad. Eran los mismos de aquella primera noche, sin embargo ahora estaban repletos de calor. Su mano me acarició la cintura.

"Tuve mucho miedo de perderte durante su visita..."

"¿A eso se debió tu comportamiento de la mañana...?. ¿Estabas arrepentido de lo ocurrido la noche anterior...?"

"Al contrario..." me besó la mejilla con suavidad, y yo supe a donde quería llegar con esas caricias "Pensé que tú eras la arrepentida de lo que habíamos hecho..."

"No estaba arrepentida... solo algo... avergonzada..."

Satoshi se rió. El sonido causó agradables escalofríos en mi espalda. Su otra mano se unió a la que me acariciaba la cintura, y de un rápido movimiento me colocó encima de él. Ahogué una exclamación de sorpresa, y extendí los brazos sobre las sábanas acariciándole el cabello.

"¿Qué hay con tu enfermedad?" pregunté con suavidad. Él no hablaba mucho de eso, y yo quería cambiarlo. De ahí en más había decidido que esa sería mi prioridad.

"Hiroshi vino hoy" dijo obviando totalmente mi cuestión, deslizando las manos por mi espalda en un lento movimiento.

"¿Qué hay con tu...?" insistí.

Pero sus labios se apretaron a los míos en el medio de la oración.

"Hiroshi vino hoy..." reiteró contra mi boca "... dijo que tú eras el remedio a mi enfermedad..."

No supe que tanto de verdad había en esa frase, pero lo cierto era que -como muchas otras veces había sentido- su cuerpo no parecía el de un enfermo, y me lo demostró varias veces más esa noche, y otras muchas tantas a lo largo de los años que siguieron...

Quizás debía creerle, después de todo, la vida y el destino parecían estar enteramente a su favor...

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--.FIN.--

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-© De Tokio san-

Remake by Sumi-chan

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Nada... Gracias por seguir hasta acá este fic!

Se lo agradezco de todo corazón n.n

Sumi Chan