2. Extranjeros
Había pasado ya dos semanas desde que Kai llegó a ése fatídico y lúgubre lugar. Todo seguía exactamente igual, las paredes igual de frías, no había señal alguna de vida a su alrededor, sus tutores lo trataban como a un animal en entrenamiento, enseñándole que debe de dar la vida por ganar, que NADA ni NADIE debe impedirle el ganar… que debe hacer LO QUE SEA con tal de obtener su deseo… y tenía que admitirlo, hasta cierto punto le gustaba ése sentir de que ganaba por que así debía ser, por que nadie más se esforzaba más que él… era por eso que solamente él lo merecía….
En ésos instantes estaba en uno de sus escasos momentos de descanso, sentado en una banca blanca que estaba en el parque, vestía su abrigo café, pantalones de mezclilla holgados, camiseta entallada negra y en los brazos utilizaba una clase de guante hasta el codo color rojo, nevaba y era de noche. Estaba en el parque por que había logrado escaparse a ahí, sabía que si lo sorprendían se metería en problemas con Boris… pero eso no le importaba mucho, tenía la necesidad de irse de ésa abadía de vez en cuando a ver más gente que a la que ve en ése maldito lugar y eso que nunca le veía los ojos, todos estaban con la capucha baja para que solamente sus bocas y narices fueran perceptibles.
El frío estaba helando el cuerpo del infante provocando que sus mejillas sonrojaran muy levemente intentando tomar algo de calor pero no servía de nada ya que hasta titiritaba un poco, miró al cielo oscuro adornado de estrellas y la Luna que brillaban a más no poder, quizás intentando competir con las luces artificiales que iluminaban a la gran ciudad, se levantó y se encaminó de regreso a su lúgubre "hogar". Estaba completamente solo en ése parque, puesto que ya era algo tarde… o eso creyó.
- cuidado!!!!!!!!!!- alcanzó a oír antes de voltear a ver hacia su espalda, siendo recibido por un fuerte golpe en la frente y caer al suelo -.
- qué… qué fue eso?...- se preguntó a sí mismo en voz baja y luego se sentó, mirando a su alrededor y fue ahí cuando vió al objeto atacante- un… blade?...
En efecto, así era, era un blade color negro con adornos rojos y platas que en el centro tenía una medalla con un ángel dibujado en ella. Lo tomó y escuchó de nuevo ésa voz, así que miró y al fin pudo ver a su verdadero atacante… una niña que se acercaba corriendo hacia él. Cuando por fin se puso frente a él, comenzó a hablar… lo curioso es que no le entendía nada, probablemente era extranjera y a decir verdad, su apariencia así lo confirmaba: tenía la piel morena, ojos café oscuro, cabello negro hasta los hombros, vestía un abrigo morado claro con peluche blanco en las orillas, usaba vestido ya que sus piernas podían verse y unas botas negras la cubrían hasta la rodilla, lo más probable es que tuviera unos cinco años de edad. Cuando dejó de analizar a la niña se enteró de que ésta le ofrecía la mano, supuse que exigiéndole el blade, así que se lo entregó sin decir palabra a lo que la menor tomó el objeto y se lo guardó en una bolsa de su abrigo para después ofrecer la mano de nuevo… ahora sí, no sabía qué quería.
- te quiere ayudar a levantarte- dijo una tercera voz de hombre -.
Kai miró al dueño y vió a un pelirrojo de cabello largo, un mechón del mismo cubría su ojo derecho dejando ver a una orbe verde, piel un poco más clara que la de Kai, vestía un abrigo largo color negro. Al escuchar eso, Kai tomó la mano de la niña y éste le ayudó a levantarse, después de eso, el pelirrojo le habló a la menor en ése idioma que Kai no conocía, la pelinegro lo miró y luego intercambió palabras con el más alto, luego éste miró al bicolor.
- dice que lamente el haberte golpeado, que es nueva con el blade
- s-sí… no hay problema…- de repente, la niña comenzó a hablar de nuevo -.
- quiere saber tu nombre- tradujo el pelirrojo -.
- a-ah… es Kai…- baja la mirada pero la vuelve a levantar cuando siente movimiento frente a él, notando que la niña se le había acercado -.
- Ale- dijo la niña y Kai miró al más alto -.
- su nombre es Ale- lo ayudó- y el mío es Satoshi- pone la mano sobre el hombro de la dichosa Ale- y soy tutor de Ale- se le queda viendo al niño- qué edad tienes?
- s-siete…
- qué haces tan tarde en el parque y solo?
- es que… pues…
- Satoshi- oyó decir a la niña y eso fue lo único que le entendió, puesto que siguió hablando en ése raro idioma y el mencionado le respondía de igual forma hasta que vió al bicolor -.
- si nos disculpas- comenzó a decir el pelirrojo- ya nos tenemos que ir, es tarde… te aconsejo que tú también te vayas a tu casa- la niña dijo algo de que lo único que entendió el niño fue su nombre- adiós, Kai- traduce nuevamente y luego se da media vuelta y comienza a caminar, siendo seguido por la pelinegro -.
Kai se les quedó viendo un rato hasta que desaparecieron entre la oscuridad del parque, luego se dio media vuelta y se siguió su camino hacia su fatídico destino. Era la primera vez que "hablaba" con alguien de casi su misma edad y la primera vez que hablaba con un adulto desconocido que no lo mirara de una forma fulminante… pero aún así se sintió fulminado de cierta forma… le sorprendía que la dichosa Ale pudiera estar a solas con un adulto que tenía la mirada de ésa forma… pero ella parecía estar muy tranquila a su lado y hasta feliz… a pesar de que el tal Satoshi era su tutor… no se suponía que los tutores eran malvados, fríos y hasta un poco crueles?...
De repente salió de sus meditaciones, al encontrarse ya frente a ésa maldita abadía, debía entrar sin hacer mucho ruido, según sus cálculos había durado más tiempo fuera del que le permitían… todo por encontrarse con ésos extranjeros. No tuvo mucho problema por pasar los dispositivos de seguridad y esquivaba las cámaras con algo de agilidad, ésas dos semanas ahí le habían ayudado mucho en su condición física, hasta que por fin llegó al pequeño cuarto que le habían asignado para dormir, se quitó su abrigo, lo dejó colgado en la puerta y luego se tiró sobre la cama viendo hacia su aburrido techo, volviendo a contar las vigas que atravesaban el mismo de forma horizontal y dejando salir un largo y profundo suspiro.
Qué envidia… las otras personas sí eran felices.
