3. Sobre tí
Otras dos semanas pasaron desde que se había encontrado en el parque a ésos dos desconocidos de nombre Ale y Satoshi, no los veía desde entonces y la verdad le agradaría verlos otra vez… al menos con ellos podía hablar sin que lo regañaran con palabras frías y cortantes… claro, el único que podría regañarlo sería el pelirrojo ya que a la morena no le entendía nada.
Era hora de su entrenamiento físico, así que estaba en ésa clase de gimnasio con aparatejos que medían las condiciones físicas, más aparatejos para ejercitarse y demás, se encontraba levantando pesas que apenas y podía quejándose un poco a lo que su tutor de hora le decía que no se quejara, que según los cálculos de las máquinas él podía soportar perfectamente ése peso, que no fuera un quejumbroso e hiciera las cosas bien, que decepcionaría a su abuelo si seguía haraganeando. Era por eso que Kai se esforzaba. Quizás si complacía a su abuelo saliendo bien de ésa abadía, el anciano dejaría de hablarle tan fríamente, quizás comenzaría a tratarlo bien por que ya no se avergonzaría de que su nieto era un niñito de mami; como generalmente lo llamaban sus tutores; asegurando que gracias a su madre era así de débil.
La verdad, ya no sabía qué creer, a veces se enfadaba cuando hablaban medio mal de sus queridos papás, pero él no era nadie para quejarse de eso, después de todo tenían razón hasta un cierto punto, su mamá siempre lo había mimado pero no como para llamarlo niño de mami y su papá lo trataba como a un hijo común y corriente, es decir, no lo trataba como a la décima maravilla del mundo ni mucho menos… eran simplemente una familia común y feliz. Cuando por fin terminó su entrenamiento físico, le dieron el permiso de descansar unos minutos, se alegró pero no era lo suficiente como para escaparse y buscar al par extranjero en el parque, así que simplemente se abrigó y se fue a los jardines del lugar, sentándose en una bardita que estaba ahí frente a la reja de la muralla que encerraba a la gran abadía con el exterior.
No había nada interesante, solamente de vez en cuando gente pasando despreocupadamente sin si quiera mirar al imponente edificio como si éste ni si quiera estuviera ahí. Miraba a quien pasaba sin vergüenza alguna, qué importaba? Ésas personas hasta parecían ignorar su alrededor a propósito, así que dudaba mucho que les importara que un niñito los viera detenidamente, medio envidiando que ésa gente sí podía caminar por donde quisiera, que no tenían que obedecer a tutores desgraciados, que no tenían que dormir solos, que no temían el siguiente amanecer ante una nueva amenaza de duro entrenamiento.
Y de repente, la vió, era ésa misma niña extranjera que había visto aquella noche, por inercia se tocó la frente donde había quedado un mínimo rastro de aquel desafortunado golpe, la morena se quedó frente a la reja dándole la espalda y miraba a todas partes, parecía perdida, Kai se levantó y se acercó a ella, tomando dos barrotes de la reja cuando llegó a ella.
- Ale?- la llamada lo miró algo sorprendida pero luego relajó la mirada al ver que era él- estás perdida?- la menor se le quedó viendo y luego bajó la mirada- es cierto… no entiendes lo que digo… dónde está Satoshi?- la morena pareció sobre entender ésa pregunta y luego se encogió en hombros- no sabes… - baja la mirada y luego mira la reja de arriba abajo soltándola, luego empezó a escalarla hasta por fin saltarla y terminar del mismo lado que la extranjera- te acompaño- la otra lo miró, luego a la abadía y comenzó a decir algo con mirada extrañada- ah… no te entiendo
Señaló su boca y luego negó con la cabeza, la otra pareció entender ya que asintió con cara de entendida, luego Kai la tomó de la muñeca y la medio jaló mientras mencionaba el nombre de Satoshi, indicándole así que la guiaría hasta encontrarlo, la otra volvió a asentir y se dejó guiar. Kai sabía perfectamente que se metería en problemas y que lo más seguro es que lo castigarían por fugarse y que lo acusarían con su abuelo y que su abuelo lo íba a regañar otra vez, pero eso ya no le importaba mucho, lo que le importaba en ésos momentos, y que le extrañaba, era que Ale no se estuviera sola por ahí en una ciudad tan grande y desconocida como era Moscú.
Estuvieron caminando durante horas en completo silencio y el mayor aún agarrando a la otra de la muñeca sin éxito alguno en la búsqueda del pelirrojo, todo sería más fácil si hablaran el idioma del otro, pero como era todo lo contrario se tenían que poner a buscar a lo ciego, o séase que ir caminando por ahí a ver si de pura casualidad se encontraban con el ojiverde; y aunque Kai a veces preguntara a las personas por alguien con las descripciones de Satoshi, nadie le podía decir dónde se encontraba… demonios, qué tan difícil podía ser encontrar a un PELIROJO de entre toda la gente de la ciudad?! De hecho, era el primer pelirrojo que veía en su vida!!. De repente, la niña se detuvo obligándolo a él a hacer lo mismo, luego la miró y la niña señaló una banca color verde, dando a entender que se quería sentar, Kai asintió y luego se dirigieron a la dichosa banca sentándose. El bicolor ahora se arrepentía de haberse ido de la abadía, no encontraban a Satoshi y eso lo metería en problemas y lo peor del caso es que todo era en absoluto silencio, él mismo no era muy sociable pero nunca estaba de más hablar con alguien ya que en toda su estadía en la abadía solamente le habían hablado para regañarlo, llamarle la atención, criticarlo y demás… nunca para tener una conversación común y corriente como hacían las personas normales….
La niña hizo que centrara su atención en ella cuando comenzó a columpiar los pies en el aire, puesto que sus pies no alcanzaban a tocar el piso. La verdad, tenía una gran necesidad de bombardearla con preguntas, de dónde venía? Qué hacía en Rusia? Satoshi tutor de qué era? Por qué estaba solamente con él? Por que se veía tan feliz a pesar de que ése adulto era su tutor?... pero claro, no podía preguntarle nada a causa de las limitaciones del lenguaje. Ale dejó de columpiar los pies y luego se quitó una mochila que Kai ni había notado y comenzó a buscar algo dentro de ella hasta que sacó un cuaderno y un lápiz, abrió el cuaderno y empezó a garabatear algo sobre la hoja de papel, todo bajo la curiosa mirada del ojicarmín; cuando terminó se lo mostró al mayor y resultó ser un dibujo parecido a Kai con dos adultos: una mujer y un hombre con un signo de interrogación a un lado… la menor intentaba comunicarse con el otro. Al parecer le estaba preguntando por sus papás, Kai tomó el cuaderno y el lápiz y al mismo dibujó la agregó unas alas y unas aureolas a cada uno de los adultos, indicando así que ambos estaban muertos, Ale casi de inmediato bajó la mirada y puso cara triste, el otro sintió un golpe de culpa al haber hecho que la otra se entristeciera así que llamó su atención sonriéndole, luego cambió de hoja y dibujó un mundo con un signo de interrogación dentro del mismo queriendo hacer entender que quería saber de dónde era; la otra volvió a tomar su mochila y empezó a buscar algo hasta que saca un mapamundi y luego señaló un país en el continente de América que tenía unos extraños símbolos, Kai dedujo que sería la forma de escribir de donde provenía, así que no los entendió… pero reconoció a EUA y el país que ella había señalado era el que estaba debajo de éste, así que de donde sea que hubieran venido estaba cerca de EUA.
Así siguieron comunicándose como podían con dibujos y fueron descubriendo más del otro y su fascinante mundo. Kai descubrió que Ale tenía en efecto cinco años, que estaba ahí por que desde siempre había querido conocer Rusia, que Satoshi siempre la acompañaba por que ella era quien se lo había pedido, que le gustaba el pastel de chocolate, que no le gustaba el brócoli y que le tenía miedo a las cucarachas, Kai dejó saber a la otra que tenía siete años, que en realidad era de Japón, que había estado viviendo con su abuelo, que su color favorito era el azul, que en realidad odiaba el sushi y que en realidad sí le tenía algo de miedo a la oscuridad.
- no te rías- le reclamó cuando la otra comenzó a reírse- que tú no le tienes?- le preguntó señalándola a lo que la otra lo negó- vaya… cómo?- se encogió en hombros -.
La menor tomó el cuaderno y el lápiz, comenzando a dibujarse a ella misma rodeada de oscuridad y que en ella había varios ojos observándola pero que no se le acercaban ya que ella no mostraba miedo alguno, así que Kai supuso que eso quería decir que no tenía por qué sentir miedo, si había algo ahí desde hacía mucho que la hubiera atacado… eso tenía sentido… de repente, se empezó a oír cómo un reloj sonaba, Kai miró hacia donde lo guió el sonido y pudo ver un gran reloj de una escuela que estaba cerca, dando la hora de las seis de la tarde… ahí reaccionó.
- demonios!!- exclama el niño mientras se pone de pie- llevo más de tres horas fuera!! Lo más seguro es que sí notarán que me fui!!- mira a la otra y luego al reloj -.
No podía retrasarse más por que serían mucho más duros para el castigo… pero tampoco podía dejar a una niña de tan solo cinco años en una ciudad desconocida tanto para él como para ella, las únicas salidas serían: uno, seguir con ella hasta encontrar a su tutor, pero las consecuencias de ello es que llegaría aún más tarde y el castigo entonces sí sería muchísimo peor… ó…
- llevarla conmigo- se dijo se de repente y luego la mira, ésta viéndolo con cara de que no tenía idea de qué estaba diciendo -.
Como era algo tonto dar explicaciones, se decidió por tomarla de nuevo de la muñeca y llevársela a lo que la menor no dijo queja alguna. Cuando vió que al parecer todo estaba bien, aumentó la velocidad de sus pasos hasta correr obligando a la otra a imitarlo pero no con la misma agilidad que tenía el bicolor al haber sido entrenado físicamente.
Cuando por fin llegaron a la reja principal de la abadía, el niño se le quedó viendo a la misma, para él sería fácil brincarla y ya, pero para ella sería más difícil por que tenía cinco años… y traía vestido; así que bajó la mirada en señal de que estaba pensando… hasta que se le ocurrió una idea: al otro lado de la abadía había unas enredaderas que habían crecido hasta la cima de la muralla, sería más fácil que subieran por ahí; así que volvió a salir corriendo otra vez llevándose consigo a la otra que ya comenzaba a respirar en jadeos del cansancio, cuando por fin llegaron a la enredadera el niño soltó a la pelinegro y tomó la enredadera viendo a la menor queriéndole hacer entender que debían subir por ahí. La otra se le quedó viendo a la planta hasta que asintió e imitó el otro tomando la enredadera y así comenzaron a subir con batalles por parte de la del vestido; cuando por fin subieron a la cima de la muralla, el mayor dio un salto para aterrizar sobre el piso y extendió los brazos hacia la otra que seguía arriba, la menor asintió, dio un salto siendo atrapada por el bicolor y luego la dejó pararse en el suelo, la volvió a tomar de la muñeca y se la llevó de nuevo.
Kai tuvo que tener mucho más cuidado de no ser atrapado gracias a que la otra era torpe, no se sabía mover bien y hacía ruido con la respiración cansada… pero aún así lograron llegar hasta el cuarto del ojirojo sin ser detectados. La dejó pasar siguiéndola, cerró la puerta con seguro y por último volteó a verla quien veía curiosa el cuarto al que la habían llevado.
Ahora que lo pensaba… no había sido muy buena idea.
