El doctor Potter
Capitulo 2: Rubeus Hagrid
-Que culito tan sexy –gritó alguien intencionadamente a la directora del Hospital en medio del vestíbulo. Varias recepcionistas se rieron por lo bajo y los médicos se cubrían la cara con las mascarillas.
-Gracias doctor Potter- dijo la directora Granger girándose.
-De nada –contestó Potter alzando una ceja- ahora que ya le he hecho un poco la pelota me gustaría saber que es esto –dijo mientras con la mano con la que no agarraba el bastón agitaba una bata blanca.
-Es tu uniforme- contestó la directora- ¿No llevabas pantalones negros en Hogwarts?
-Si, y como no me los ponía me expulsaron –contestó sincero Potter tirando a la papelera más próxima la bata con toda la intención para que la directora le viera- al llegar al gran Comedor me quedaba en calzoncillos.
-Que desagradable –dijo Granger poniendo una mueca extraña como quien huele mal.
Potter subió a su despacho y enchufó el aparato de música mágico regalo de Remus Lupin, vamos un gramófono de hace un par de siglos hecho una mier… perdón digo en un estado bastante deplorable de conservación.
Puso La Traviatta, esa ópera fantástica el relajaba muchísimo y se puso a cantar a pleno pulmón el texto italiano. De repente se dio cuenta de que alguien le observaba.
-¿Qué (censura) te pasa tío? –Gritó Potter- ¿No te enseñaron en tu universidad de pago que se llama a la puerta antes de entrar? (censura, censura, censura)
-Lo siento- se disculpó el doctor Malfoy colocándose su cabello rubio platino- solo quería decirte que la directora te busca.
-¿Ese adefesio de culo ancho que busca desesperadamente un hombre al que arrimarse? –preguntó Potter de espaldas mientras apagaba su gramófono.
-Si Potter –dijo la directora- yo te estoy buscando y te agradecería que dejaras de hablar de mi trasero.
-No te avergüences nenita, tienes muy buenas posaderas –dijo Potter.
-No es esa la cuestión –dijo Granger poniéndose colorada y rabiosa- es que soy tu jefa y me tienes que demostrar más respeto, puedo despedirte en cualquier momento.
-Pero no lo harás porque sabes que soy el mejor médico que existe en el mundo mágico y te importa que la gente sepa que en el hospital dirigido por Hermione Granger podemos encontrar al doctor Potter.
-Eso no te autoriza a comportarte de esta manera –gritó Granger
-No te enfades baby, -dijo Potter serio- te salen arrugas y creeme, no te convienen.
La directora se puso roja y salió aireada del despacho.
-Una fiera domesticada -dijo Potter a Malfoy.
-Tenemos un paciente –dijo la doctora Weasley entrando en la sala con sus trenzas pelirrojas al viento.
-Por favor estábamos en medio de una conversación de hombres –dijo el doctor Potter.
-¿A si? –preguntó ingenuo Malfoy.
-Si, me estabas contando aquello del escote del jersey de la doctora Weasley –dijo Potter muy convencido.
-Yo no… -dijo Malfoy- Ginny escucha que yo…
Pero el joven Malfoy no pudo evitar una buena bofetada. El doctor Potter se puso de pie y desapareció del despacho dejando en este a Malfoy muy confundido.
Una vez en la sala de los médicos
-Bien, vamos a jugar –dijo Potter -¿Qué caso tenemos?
-No lo envía la clínica Maderns de Escocia, -dice el doctor Longbottom- es un caso muy difícil que nadie ha podido resolver.
-Se trata de un herido con unas quemaduras muy serias de dragón nigeriano –informa Weasley.
-¿Y que tipo de hombre se expone a un dragón para que lo quemen? –preguntó con curiosidad Malfoy.
-Era su mascota, Norberto segundo –aclaró Longbottom.
-Estupendo, curemos pues al loco cuidador de dragones –gritó Potter como si fuera un actor de teatro mediocre que solo sabe gesticular- Dejadme ver su historial de Maderns.
-Es un caso muy particular –aclara Weasley- le pusieron jugo de Mandrágora que cura las quemaduras excelentemente pero solo se han reducido en un cincuenta por ciento, más de la mitad de las quemaduras permanecen en su cuerpo haciendo que la piel sana se esté pudriendo poco a poco.
-¿Y el jugo de mandrágora no funciona? Lo encuentro extraño y… -comenzó Malfoy.
-Weasley, ¿tu eres la experta en infecciones verdad? –preguntó Potter.
-Si –respondió esta extrañada.
-Entonces toma una muestra de la piel y analiza las posibles bacterias –ordenó Potter –los demás: Malfoy ve a su casa y trae muestras de todo.
-¡¡Eso es allanamiento de morada!! –Gritó muy escandalizada Weasley- no puedes entrar así como así en casa de otra persona sin su permiso.
-Está sedado guapita, -dijo Potter con su usual acento- no creo que se de cuenta. Y tu Malfoy no robes nada, quedarías realmente mal con todo el dinero que tienes ir robando a un pobre medio gigante adicto a los dragones.
Y se disolvió la asamblea…
Potter se fue a comer a la sala de médicos de la planta baja y allí encontró que no estaba solo. Entró y encendió la televisión despertando al hombre que dormía en el sofá. El hombre se quejó y miró al doctor Potter.
-No es bueno dormir a estas horas –dijo Potter imitando la voz de la directora.
-Justo de ella huyo –dijo el doctor desconocido.
-Te entiendo –dijo Potter mientras cogía una cerveza de la nevera y se la tiraba a su interlocutor –soy el doctor Potter.
-Yo soy el doctor Wood, especialista en cáncer mágico –se presentó Wood.
-Excelente –dijo Potter- ya se a quien acudir si la Granger me persigue.
Y así empezó la amistad del doctor Wood con el doctor Potter, amistad a cambio de odio a la directora, quien dos minutos después de eso les pilló.
-Estupendo bebiendo cerveza mientras que os pago para trabajar -gritó furiosa- Doctor Wood, de usted no me esperaba eso, no le recomiendo una amistad como la del doctor Potter. Y usted –dijo girando la cabeza hacia Potter- le rogaría que no influyera negativamente sobre uno de los mejores doctores del hospital, miles de personas con cáncer mágico están a su cuidado.
Y abandonó la sala furiosa.
-¿Es siempre así? –preguntó Potter
-Si, pero tiene razón, tendría que estar atendiendo a la señora Parlontthy –dijo dejando la cerveza sobre la mesa y poniéndose la bata.
-Revélate contra la autoridad –gritó Potter a Wood mientras este se iba. Potter se sentó y siguió con su cerveza y su televisión.
Pero poco le duró el chollo, porque la doctora Weasley, alertada por la directora, fue a buscarlo al cabo de una hora para enseñarle el resultado de las pruebas.
-Esta bacteria es muy poderosa, y no es propia de las quemaduras de dragón- le dijo a Potter, mientras este dejaba su cerveza, cogía su bastón y se dirigía todo lo rápido que su pierna buena le dejaba hacia su sala.
Una vez allí apuntó en su pizarra los síntomas de ese extraño paciente aficionado a los animalitos.
-Ponedle gasas de nitrógeno con néctar y si eso no funciona –dijo Potter pensativo jugando con su bastón- se me ocurre veneno de escorpión.
-Pero con el veneno puedes matarle –gritó Weasley levantándose escandalizada de su silla –yo no pienso hacerlo.
-Pues que lo haga otro -mira al doctor Longbottom y grita- tu Longbottom, que para algo te pagan.
-Pero, -objetó Longbottom- yo soy especialista en los trastornos de la memoria, no se nada acerca de venenos, ni plantas medicinales, ni hongos, ni bacterias. Este es el campo en el que la doctora Weasley está más especializada.
-Excelente, lo haré yo mismo –gritó Potter- menuda pandilla de incompetentes que estáis hechos.
Y eso hizo nuestro querido doctor, y después se fue a descansar de nuevo a su despacho. Dos horas más tarde cuando ya eran cerca de las nueve de la noche apareció la doctora Weasley.
-¿Aún sigues aquí? –le preguntó desde la puerta la pelirroja.
-Si, es que en la residencia de noche para mendigos en la que duermo no me dejan entrar hasta las once.
-Yo siempre me quedo los viernes a cuidar a los niños enfermos –confesó la doctora Weasley.
El doctor Potter se incorporó y miró a su trabajadora.
-¿Y porqué? –preguntó apoyando su barbilla en el bastón.
-Porque me gusta.
-OH, ya lo entiendo –dijo Potter con su ironía- te gusta ver las caras felices de los niños que están a punto de morir, quieres creer que todavía tienen una esperanza y quieres ser tu la que se lo recuerdes.
La doctora Weasley se quedó perpleja
-Lo hago sin afán de lucro.
-Si, seguro que las monjas dicen lo mismo, pero ellas cobran por ello –dijo Potter serio poniéndose en pie.
-Pareces incapaz de hacer algo por cualquier persona que no seas tu –gritó Weasley dejando relucir su ira.
-Si nena, me has pillado, -gritó Potter en medio del pasillo haciendo aspavientos- llama a los aurores, soy un mal nene, ¿te gustaría que me esposaran y me llevaran a Azkaban?
De repente llegó el doctor Malfoy sudando.
-Está empeorando, tiene mucha fiebre –dijo entrecortadamente.
Y rápido los mejores doctores del Hospital San Mungo de enfermedades y heridas mágicas llegaron a la habitación aislada del guardián de las llaves de Hogwarts.
-Me lo temía –dijo el doctor Potter viendo las erupciones que su paciente tenia en la piel- ponedle el veneno en las que tienen pus y sedadlo.
-En su casa encontré esto –dijo el doctor Malfoy enseñando el contenido de una bolsa- son pelos de perro. A lo mejor es alérgico.
-Que planteamiento más estúpido –se quejó Potter como un niño.
-No es estúpido –dijo Weasley encabezando la rebelión contra Potter- yo haré las pruebas.
-De acuerdo –se mofó Potter- pero no vas a recibir ni un solo galeón más por esta hora extra.
Al día siguiente…
-Potter- gritó como una histérica la directora del Hospital- ¿Qué le pasa a tu paciente? Le trajeron del Hospital Maderns con unas quemaduras de dragón que podías haber curado si no te hubieras empeñado en hacer experimentos extraños con venenos. Ahora tú paciente está al borde de la muerte con unas fiebres altísimas y unos granos de pus que parecen volcanes.
-Amor de mi vida –dijo Potter cogiendo la mano a la directora solterona- se lo que me hago.
-Pues no lo parece –gritó esta muy enfadada.
Potter llegó a la sala con los demás médicos.
-Gracias doctora Weasley por ir rápido a contarle a la directora lo de los venenos, te debo una –dijo Potter sonriendo con una mueca de desprecio.
-Hice lo que debía hacer –dijo la doctora- no puedes jugar así con los pacientes.
-Que lástima verdad doctor Malfoy –preguntó de repente Potter- hoy la doctora Weasley no lleva tanto escote. No está tan explosiva como los otros días…
-Tengo las pruebas de la alergia –dijo Weasley colorada- no tiene alergia a los perros, ni al polvo, ni al polen, ni a los duendes, vamos que es un hombre muy sano.
-Un semigigante dirás –corrigió Malfoy.
-Perdona, -gritó Weasley muy enfadada- quizá en esta sala debes ser el único que todavía se opone a tratar a un paciente que no sea sangre limpia, para mi todos merecen el mismo trato.
Y abandonó la sala airosa.
-Es como una bomba de relojería –dijo Malfoy restándole importancia- puede estallar en cualquier momento.
-Hola Potter- dijo Wood presentándose en la sala con cara larga- tu paciente ha entrado en coma.
-¿En coma? –Preguntó Potter- perdona ¿Que decías Malfoy?
-No he dicho nada –dijo Malfoy levantándose de su silla.
-Si, si que lo has dicho –y cogió su bastón y corriendo abandonó la sala. Una vez dentro de la habitación del semigigante, el doctor Potter, observado por todos sus médicos, subministró al gigante una dosis de zumo de colmillo de basilisco.
-¿Pero porque le pones eso? –Gritó la doctora Weasley –es horroroso para las quemaduras de dragón.
-Si, lo es para las quemaduras de dragón –aclaró Potter- pero solo si son de dragón, estas no lo son. ¿Habéis oído hablar de escregutos de cola explosiva? ¿No? Me lo imaginaba, pues que sepáis que son muy frecuentes en el mercado negro para los amantes de los animales extraños y peligrosos. Suelen desprender unas chispas que pueden crear unas quemaduras muy hondas. La gente suele deshacerse de ellos cuando las quemaduras empiezan a doler, pero este loco no lo hizo. La gravedad hizo creer a los incompetentes de Maderns que se trataba de quemaduras de dragón, pero no lo eran, y los pelos que trajo Malfoy son pelos de escreguto, por eso las pruebas a alergia de perro dieron negativas. De aquí unas horas con este nuevo tratamiento recobrará la salud.
El doctor Potter abandonó su hospital y fuera se encontró a la doctora Weasley.
-¿Esperando el autobús noctámbulo? –preguntó Potter
-Puede, -contestó tajantemente ella- ¿a ti que más te da?
-¿Vives muy lejos de Privet Drive? Venga, te llevo en mi escoba.
CONTINUARÁ??
Si, ¡¡Por fin apareció Wilson!! Lo habéis adivinado es…. Oliver Wood, ¿Por qué? Pues porque se llevan bien y porque creo que Oliver se parece a James Wilson, un poco en la manera de ser e incluso un poco físicamente.
Otra cosita que debo añadir, no tengo ni idea de medicina, más bien soy de letras puras (latín, arte, filosofía y esas cosas) así que todo lo que se parezca a medicina o alguna de sus variantes es de mi invención ¡Niños, no lo hagáis en casa! ¡No le pongáis un escorpión encima a la hermanita que está roja porque ha tomado el sol! ¿OK? Yo aviso, que luego no quiero que me demandéis.
¿Qué os ha parecido el segundo caso del doctor Potter? ¿Fascinante no? Pues en el próximo capitulo… llegará un Hombre Lobo muy sexy con una grave enfermedad incurable relacionada con su sangre. ¿Sabéis ya de quien estamos hablando?
