El espectro se desvaneció en una nube de polvo. Aún en el suelo, con la respiración tan agitada como si hubiera corrido una maratón, estaba Sam, apuntando con su pistola a la zona aproximada donde había estado el pecho del fantasma segundos antes.
-¡Sam!–susurró Dean, y corrió hasta donde su hermano estaba tumbado.
Sam se incorporó y los dos compartieron un abrazo. Dean experimentó de repente el ya conocido deseo de tocar cada centímetro de su hermano para cerciorarse de que aún estaba vivo.
-¿Tú…¿Cómo…?–murmuró contra su mejilla.
-No lo sé. Sólo sé que no podía hacerlo. No podía dejarte solo–contestó Sam. Cerró los ojos y apoyó la cabeza en el hombro de su hermano, y en ese momento recordó que Dean sabía ahora su secreto-Dean… lo que dijo el fantasma… yo…
Dean se apartó de él, mordiéndose el labio inferior.
-Ahora no hay tiempo para hablar de eso–dijo–El fantasma sigue por ahí. Voy a por la sal a nuestra habitación.
-Sí. Sí, claro–respondió Sam con sólo un poco de amargura en la voz. Dean tenía razón, y Sam tampoco quería hablar de ello-Voy a comprobar los signos vitales de Amanda.
-¿Amanda?-llamó, zarandeándola suavemente.
-¿Eh¿Qué?-musitó la mujer. Sus ojos se abrieron pesadamente-Oh, Dios¿qué he hecho…?
-Eh, eh. Está bien, Amanda, no eras tú misma-la confortó Sam.
-Él… Yo… Esa cosa… Yo no quería…-tartamudeó en voz baja.
-Por supuesto que no Amanda. El fantasma te hizo hacer lo que hiciste¿comprendes? No eras tú-le aseguró.
La mujer asintió con expresión de no entender ni una palabra de lo que Sam le decía, y luego sus ojos se abrieron como platos.
-Espera¿quieres decir que eso de verdad era un fantasma…?-preguntó con voz ronca.
-Es… una larga historia, pero sí. ¿Cómo te encuentras?
-Me… duele el cuello-contestó.
-Está bien¿hay alguien que pueda llevarte al hospital?-preguntó Sam. No sería conveniente dejarla sola ahora. El fantasma podía regresar para acabar lo que había empezado.
-Bueno… Colin vive en una de las habitaciones del hotel… -contestó Amanda-creo que él podría llevarme.
-Perfecto. Vamos, te acompañaré hasta su cuarto-dijo mientras la ayudaba a levantarse.
Dean entró bajando por las escaleras con un pequeño saco de sal en la mano y una expresión de determinación el rostro.
-Allá vamos-dijo.
Los dos hermanos estaban en cuclillas frente a una gran losa de piedra. La roca había sido tallada para representar un rostro que se asemejaba ligeramente al de un león con la boca abierta, y en los bordes de la losa había una oración en latín.
-¿Aquí?
-Según lo que leí en lo biblioteca, sí. La cripta está bajo esto.
-Bueno-comenzó Dean. Se levantó, y Sam lo imitó-¡Pues manos a la obra!
Clavaron la punta de las palas que habían traído consigo bajo la losa e hicieron palanca. No tardaron mucho en apartar la piedra. Bajo esta había un pequeño túnel por el que descendían unas diminutas escaleras talladas en la roca.
-Parecen poco seguras-comentó Dean, entornando los ojos mientras las iluminaba con su linterna. Esbozó una sonrisa picara-tú primero-le dijo a su hermano.
Sam hizo una mueca de rabia que se tornó en una sonrisa en cuanto su hermano apartó la vista. Era bueno saber que Dean aún era capaz de tratarlo como siempre lo había hecho.
Quizá aún había esperanzas. Quizá ambos podrían hacer como que Dean nunca había descubierto lo que Sam sentía por su hermano. Quizá los dos podrían seguir como hasta entonces…
La idea de tener que seguir fingiendo que su amor por Dean era meramente fraternal le rompía al corazón, pero Sam estaba dispuesto a conformarse con lo que fuera con tal de que su hermano siguiera queriéndole como siempre lo había hecho.
Comenzó a bajar los escalones apoyándose en las paredes el túnel. Eran estrechos y desiguales, pero no estaban demasiado desgastados. Detrás de él iba Dean, iluminando el camino con su linterna levantada por encima de sus cabezas. Tras varios segundos llegaron al final de las escaleras. A partir de allí el túnel era estrecho y bajo, tanto que los dos hombres tuvieron que agacharse para pasar. Varias hileras de nichos, la mayoría tapados con polvorientas lápidas de roca, se alineaban a ambos lados de la galería.
-Vale. Tú revisa las tumbas de la derecha, yo revisaré las de la izquierda-dijo Sam, y se sacó su propia linterna del bolsillo.
-Sí, bwana-murmuró Dean.
Avanzaron en silencio por el pequeño pasillo durante varios minutos. Cada vez que pasaban junto a un nicho sin lápida, Sam sentía una punzada de preocupación. ¿Y si la lápida de Billy Javor también se había perdido? En ese caso no serían capaces de encontrar sus huesos y tendrían que quemar todos los cadáveres sin identificar. No tenían suficiente sal para eso…
-¡Hey!-exclamó Dean de repente -¡lo he encontrado!
Se oyó un golpe seco. Dean calló al suelo. El fantasma apareció junto al mayor. Su mano se cerró en un puño, y Dean se dio cuenta de que el aire había dejado de llegarle a los pulmones. Sam dejó caer la lata de gasolina que tenía en la mano al suelo, sacó su pistola y disparó al espectro, pero el fantasma se desvaneció antes de que la sal le llegara a dar.
-¿Dónde está¿Dónde está?-gritó Dean, que había recuperado la capacidad de respirar.
-¡Da igual, prendámosle fuego!-replicó Sam.
Hicieron palanca en la lápida de la tumba de Billy Javor de la misma manera que habían hecho con la losa de la entrada. La lápida cayó al suelo con un gran estrépito.
-¡Joder, casi me cae en un pie!-protestó el mayor.
En el interior del nicho estaba el esqueleto. Dean le echó varios puñados de sal roca, y Sam cogió la lata de gasolina
-¡Agáchate!-gritó Dean de repente.
Sam obedeció, y Dean disparó al fantasma, que se había colocado tras Sam. El espectro volvió a desaparecer, y casi de inmediato apareció frente a Dean. El mayor de los Winchester alzó su pistola, pero descubrió que no podía apretar el gatillo.
-Él no te ama como tú a él-le susurró el fantasma.
¿ "Amar" ¿Cómo que "amar" ¡Dean quería su hermano, por supuesto, pero no estaba enamorado de él…!
Pero, mientras pensaba eso, Dean se dio cuenta de una cosa. El espectro no había mencionado el nombre de Sam. Había sido él quien había llegado a la conclusión de que el fantasma se refería a su hermano.
¿Por qué?
Oh, Dios¿podía ser que…?
-En el fondo, siempre lo has amado. Lo deseas, pero sabes que jamás lo tendrás, que jamás será tuyo totalmente… -continuó el fantasma con aquella voz hipnótica y terrible.
¡No¡Sam era su hermano, Dean no era esa clase de persona…! Pero incluso mientras pensaba eso, una pequeña parte de él, una que solía mantener guardada bajo capas de autoengaño, le dijo que el fantasma tenía razón.
Quería a Sam. Lo quería como un hombre no debería querer nunca a su hermano. De repente tantas cosas, tantos pensamientos e ideas tenían sentido…
¿Cómo había pasado aquello?
-Dice que te quiere, pero es mentira. Para él sólo eres un capricho. Si Sam te amara de verdad no pensaría en abandonarte…-le susurró el fantasma.
Y Dios, una vez más el espectro tenía razón. Sam no quería vivir aquella vida, nunca había querido. Era sólo cuestión de tiempo que se marchara, dejándolo totalmente solo. Si Sam lo amara de verdad, no lo abandonaría…
"No", se dijo Dean. "No, está jugando conmigo. Debo dejar de pensar en esto"
Trató de resistirse, trato de luchar contra la influencia del espectro, pero era tan, tan difícil…
-Hazlo. Hazlo, y no tendrás que estar sólo. Hazlo, y no serás tú quien lo entierre.
No era justo que el fantasma supiera su punto débil. No era justo que supiera jugar con sus miedos de aquella manera. Y no era justo que, después de haber sobrevivido a tanto, la idea de volarse los sesos, de acabar con todo, le resultara tan atractiva. No era justo que le costara tanto resistirse…
-Sabes que no puedes ganar esta batalla.
Dean sospechaba que el espectro tenía razón.
Vio como su propia mano subía contra su voluntad, y con ella su pistola. Sintió el cañón contra la barbilla, frío e inclemente…
El espectro aulló y se difuminó en el aire entre chillidos de dolor. Jadeando por el esfuerzo de aquella lucha psicológica, Dean vio que Sam había prendido fuego a los huesos de Billy Javor.
Los dos hermanos se miraron a los ojos. La intensidad de la mirada de Sam era tal que a Dean comenzó a faltarle al aire.
Claro que eso podría deberse también a todo el humo que estaba inhalando.
-Venga. Vámonos de aquí-dijo Dean. Sam asintió con gesto solemne.
Continuará…
