Los dos hermanos corrieron por las escaleras y volvieron a cubrir la entrada con la losa. Entre toses se dejaron caer exhaustos sobre la mullida hierba. Sólo entonces se atrevieron a mirarse a los ojos.

-¿Tú…?-Sam se apoyó sobre un brazo para ver mejor el rostro de su hermano-¿Por qué no me lo dijiste?

-No lo sabía¿vale?-gruñó Dean, encogiéndose de hombros con un gesto brusco -No me di cuenta hasta que se lo oí decir al fantasma.

Los ojos de Sam se volvieron solemnes. Lentamente, como si temiera asustarle, Sam acarició su rostro con el dorso de los dedos. Dean sintió su respiración entrecortarse, y se dijo a sí mismo que debía parar aquello.

-Dean…-susurró Sam, y sus labios se unieron.

Un ruido entrecortado vibró en la garganta de Dean. El cuerpo de Sam, de perfil junto al suyo, era sólido y cálido, y Dean deseó sentirlo por completo. Quería más.

Entonces recordó quienes eran, y el momento se esfumó. Empujó a Sam, apartándolo de él.

-Para-musitó.

-¿Qué¿Por qué?-quiso saber Sam. Una de sus manos seguía sobre la mejilla de Dean.

-No lo sé, Sammy-contestó sarcásticamente Dean-Está el asunto de que seamos hermanos, claro, pero eso no es un problema¿no?

-No debería serlo-repuso Sam.

-¿¡Estás de coña!?

-No-dijo Sam. Su voz se hizo solemne- No. No lo estoy. Ambos queremos esto. ¿Qué importa que seamos hermanos?-sonrió ligeramente-Total, tampoco es como si fuéramos a tener niños deformes…

-¡Sam...!-dijo Dean. ¿Cómo podía Sam no darse cuenta de que sí que importaba?-¡No estoy de broma¡Esto es…!-"Incesto," pensó-¡Joder, esto es hasta ilegal!

-Y eso siempre te ha importado mucho-esta vez fue el turno de Sam de ser sarcástico.

-¡Esto es distinto!-protestó Dean, pero incluso a él le pareció un mal argumento.

-No, no lo es.

-Sam…-"No me hagas esto. Se supone que debo protegerte. Se supone que…"

-Por favor, Dean…-su brazo rodeó su cuello.

Sam se acercó un poco más a él, y Dean lo imitó sin pensarlo. Sus bocas estaban tan cerca que sus labios se rozaban con cada exhalación. Su corazón latía con fuerza en sus oídos, bombeando sangre hacia abajo. Dean cerró los ojos.

-Por favor-su aliento acariciaba los labios de Dean con cada palabra-Sólo… dime que sí.

Dean suspiró entrecortadamente y asintió con la cabeza. Sam susurró algo que sonó sospechosamente como "Dios, gracias, gracias…" y luego volvió a besarlo, labios atacando los suyos como si no tuvieran tiempo, como si hubieran desperdiciado ya demasiado. Dean rodeó su rostro con las manos y profundizó el beso.

Sus cuerpos se aproximaron sin que ninguno de los dos se diera cuenta de cómo había ocurrido. Sam estaba presionando un poco contra su cadera y Dean estaba imitándolo. Aquello no debería ser suficiente para dejarlos sin aliento, no cuando tan pocas cosas lo eran. Sin embargo, segundos después tuvieron que separarse, tragando bocanadas de aire antes de volver a besarse con más ansia que antes.

Dean empujó al otro suavemente, y Sam se resistió un poco hasta que comprendió que no intentaba apartarlo. Se movieron juntos y Dean acabó sobre Sam. Boca arriba sobre la hierba, el más joven rodeó con una pierna una de las de Dean. Sus cuerpos estaban un poco más cerca, sólo las ropas separándolos, y la fricción mientras se movían era algo más firme, un poco más constante. Gimieron en voz baja.

Dean lamió y mordisqueó el cuello de Sam. Su piel sabía a sudor, a humo y a él. Succionó la zona donde su pulso latía con fuerza. Sam cogió su cabeza casi violentamente, la sujetó sobre la suya y lo besó con más dientes y lengua que labios.

El más joven insinuó sus dedos contra la zona en la que la camiseta de Dean terminaba y la levantó un poco. El deseo de sentir el cuerpo desnudo de Sam contra el suyo golpeó a Dean como un huracán.

Le subió la camisa, rápida y descontroladamente, y surcó su pecho y estómago con las manos. Su piel era suave, con pequeñas cicatrices aquí y allá. Mientras tanto, Sam le arrancó la camiseta a Dean y pasó un pulgar sobre uno de los pezones. La boca de Dean se abrió como si fuera a gritar, pero ningún sonido surgió de él. La expresión en su rostro hizo sentir un escalofrío a Sam.

Quería más. Necesitaba más.

Con manos torpes le quitó el cinturón a Dean y le desabrochó los pantalones. El miembro del otro se erguía tras su ropa interior. Sam le bajó los calzoncillos y supo que Dean se burlaría de la expresión de sorpresa en su rostro luego.

No era que no hubiera visto nunca a otro hombre desnudo, o que fuera la primera vez que veía la erección de otra persona.

De hecho, Sam había visto a Dean en aquel estado una vez, cuando él tenía quince años y Dean diecinueve. Sam necesitaba ir al retrete, Dean estaba tardando demasiado en salir del baño y en un momento de desesperación Sam había forzado la puerta. La imagen de su hermano en la ducha con su mano entre las piernas se había quedado grabada en sus retinas. Sin un ápice de vergüenza, Dean le había dicho que se marchara y lo dejara acabar tranquilo, y Sam así lo había hecho.

Sam había tardado años en llegar a comprender lo que sintió aquel día.

Pero el haber visto a Dean así antes sólo resaltaba las diferencias entre aquella situación y esta. Esta vez, Sam no tenía que marcharse con las mejillas encendidas y un millón de pensamientos conflictivos en la cabeza. Esta vez Sam podría tocarlo, podría ver la expresión en su rostro mientras llegaba al clímax.

Sam se entregó a la tarea con abandono. Rodeó con sus dedos la erección de Dean y comenzó a masajearla lentamente, presionando con más fuerza aquí y allá en busca de los puntos más sensibles.

Dean arqueó la espalda. Su cuerpo se sentía pesado y caliente, y relámpagos de placer le robaban el aire con cada movimiento de Sam. Decidido a devolverle el favor a Sam, le abrió los pantalones, apartó sus calzoncillos y comenzó a imitar lo que el otro estaba haciendo en su miembro. Sam puso los ojos en blanco y gimió.

Sam lo empujó suavemente hasta que ambos estuvieron de perfil, y Dean lo besó, mano contra su mejilla y lengua revolviéndose contra la de él. Sus miembros se rozaban de vez en cuando y cada vez que eso ocurría Dean sentía que iba morirse.

-Espera-dijo-Déjame…

Juntó un poco más sus cuerpos y rodeó las erecciones de ambos con una sola mano. Sam gimió, empujó con sus caderas hacia delante y pronto ambos estaban moviéndose al mismo ritmo.

-Dean…-murmuró Sam. Pasó la yema de un dedo por la ranura al final el miembro de Dean, cogiendo unas gotitas de líquido seminal, y se metió el dedo en la boca.

Dean soltó un taco. Se mordió los labios y comenzó a recitar mentalmente las instrucciones para cambiar un carburador en un intento desesperado de no venirse ante aquella imagen. Afortunadamente para él, Sam se sacó el dedo de la boca apenas un minuto después. Su mano desapareció tras su espalda y Sam emitió un ruido especialmente fuerte.

Dean experimentó varios segundos de confusión antes de darse cuenta de lo que el otro estaba haciendo.

"No. No, no, no," pensó, totalmente atónito. No podía pensar en su hermano en esos términos. No podía aceptar que Sam acabar de meterse un dedo en… "No. Oh, Dios. No."

Tenía que parar esto. Había llegado demasiado lejos.

Aún había marcha atrás, se dijo. Siempre podían parar, fingir al día siguiente que no había pasado nada o achacarlo a la adrenalina del momento. Podían incluso decirse a sí mismos que el fantasma los había estado controlando y que incluso después de que éste desapareciera habían seguido actuando llevados por el control mental. Sam lo comprendería. Pasaría varios meses de mal humor, sí, pero al final lo aceptaría y todo sería como antes..

Entonces Sam gimió roncamente, arqueó todo el cuerpo y lo miró con ojos desenfocados y llenos de adoración, como si… como si aquello fuera fantástico, como si apenas pudiera creerse su suerte. Una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal de Dean.

Quizá sí podía pensar en Sam de esa forma, después de todo.

-¿Quieres…? ah…-preguntó Sam de repente.

-¿Qué?

Sam sonrió de nuevo, cogió la mano de Dean y se metió sus dedos en la boca. Su lengua jugueteo con las yemas de sus dedos. Tras varios segundos Sam movió la mano de Dean hasta que esta estuvo junto a su abertura. Sam se sacó sus propios dedos de dentro con un "oh" y miró expectante a su hermano. Dean tomó aire y comenzó a hacer presión con sus dedos en la abertura.

-Espera, no tan rápido-le indicó Sam-Ya está listo para dos, pero tres es demasiado.

Dean asintió y introdujo los dos dedos. El rubio se mordió los labios y se abrazó a él. En su rostro no había dolor, sólo placer.

-¿Esto te gusta?-preguntó Dean, sorprendido.

-Sí-contestó Sam-separa los dedos, como si… como si fueran unas tijeras.

-Uh, de acuerdo.

El músculo era increíblemente estrecho en torno a sus dedos, pero Sam estaba relajado y poco a poco fue cediendo.

-Mete el tercero-jadeó Sam contra su oído momentos después. Dean así lo hizo. Sam hizo una mueca.

-¿Sam?-llamó Dean.

-Está bien-contestó el más joven rápidamente.

Dolía un poco, sí, pero sabía que el dolor no tardaría en desaparecer. No podía esperar a tener a Dean dentro de él. Había soñado con aquello desde hacía tanto tiempo que apenas podía creer que al fin estuviera pasando.

-Flexiona un poco los dedos-dijo Sam cuando la mayor parte del dolor desapareció-haz como si estuvieras llamándome.

-¿Cómo, así?-preguntó Dean, y dobló los dedos.

-No, un poco más arriba-indicó Sam. Dean volvió a intentarlo-No, ahí no, hazlo… -Dean flexionó una vez más los dedos y sintió el tacto de algo a través de las paredes internas del otro -¡Así! Justo así-La sensación lo hizo estremecerse de placer-Estoy listo-dijo, sin aliento.

Dean asintió. Sam lo cogió del brazo y tiró de él hasta que estuvo sentado sobre la hierba. Se lamió la mano y frotó el miembro del otro varias veces para humedecerlo. Luego se alzó, posicionó el glande de la erección de Dean contra su abertura y comenzó a bajar.

Dean abrió la boca, pero descubrió que era incapaz de gritar. Sam era una presión cálida y húmeda a su alrededor, y todos sus instintos estaban gritándole a la vez que entrara más y más hondo. Sin embargo, un vistazo a la expresión de dolor del más joven fue suficiente para hacerle recapacitar.

-¿Estás bien?-preguntó casi sin aire.

-Sí. No te muevas… -contestó. Subió y bajó varias veces sin llegar a introducirse del todo la erección del otro, y luego algo pareció ceder y con un gemido bajó totalmente-Oh, Dean… -Se sentía tan, tan lleno… -Puedes empezar a moverte.

-¿Seguro?

Sam asintió con vehemencia, y Dean comenzó a mover las caderas, arriba y abajo y en vueltas pequeñas que hicieron gemir a Sam. Las uñas de su mano izquierda se clavaron en la espalda de Sam, y su mano derecha encontró su erección y comenzó a acariciarla.

Mientras, el más joven subía y bajaba sobre el regazo de Dean, cambiando el ángulo en busca del que haría que Dean tocara su próstata. Un minuto más tarde Sam lo había encontrado.

El rubio gemía con cada movimiento, su voz ronca repetía "oh, oh, oh" una y otra vez y Dean comenzó a murmurar palabras y sílabas sin sentido.

La presión comenzó a acumularse en sus vientres, y un sentimiento de urgencia se apoderó de sus mentes. Sam no estaba seguro de si quería alargar aquello lo máximo posible o si lo que quería era llegar al clímax cuanto antes, y Dean había dejado de ser capaz de razonar hacía rato.

Se besaron torpemente, gimieron en unísono y luego Sam soltó un gruñido entrecortado. La tensión llegó a su punto máximo y un violento orgasmo le hizo olvidar hasta su nombre durante unos interminables segundos.

Dean duró un poco más, pero la sensación de Sam tensándose en torno suya había sido demasiado placentera como para que pudiera prolongar aquello. Gimió, embistió una, dos veces más, y luego dejó que su clímax lo engullera y lo hiciera temblar de placer.

Cuando volvió en sí, Sam estaba dejándole una marca en el cuello a lametazos.

-Ugh. ¿Qué eres, un perro?-murmuró el mayor.

-Vete a la mierda, Dean-contestó Sam, y añadió a sus lametazos un pequeño mordisco-Uff, me estoy congelando-Dean se rió de él y Sam soltó un suspiro mitad divertido, mitad exasperado-Cabrón.

-Zorra.

Sam chasqueó la lengua y sonrió contra su mejilla. Luego parpadeó.

-¿Son imaginaciones mías o acabamos de hacerlo en un cementerio?

Dean cerró el maletero de la Impala y le lanzó una mirada a Sam, que seguía despidiéndose de Amanda y Colin.

-Gracias por todo, tíos. Amanda me contó lo que pasó-estaba diciendo Colin.

-Si alguna vez regresáis a Old Hambertol, pasaos por aquí. Os daremos alojamiento gratuito-continuó Amanda.

-Gracias. Y si hay… ya sabes, más muertes misteriosas, llamadnos a este número¿vale?-dijo Sam. Escribió el número de su teléfono móvil en una hoja de papel y se lo dio a la mujer.

Los tres continuaron hablando, así que Dean entró en la Impala y tocó el claxon varias veces para llamar su atención.

-¡Venga ya, Sammy, que no tenemos todo el día!-llamó con impaciencia.

Sam le dijo algo más a Amanda y Colin y luego entró en el coche.

-¡Ya era hora!-gruñó Dean.

-¿Sabes, Dean? Te vendría bien ejercitar un poco tu paciencia.

-Gracias, pero creo que paso-contestó Dean mientras ponía en marcha el coche -¿Y a qué venía lo de darle tu teléfono?

-¿Cómo que a qué venía? Se lo doy a todos los que salvamos por si algo ocurre-Sam frunció el entrecejo, pensó durante unos segundos y luego sonrió petulantemente-Dean¿acaso estas celoso?

-¡No!-se apresuró a responder Dean.

-¡Oh, Dios, estás celoso!-exclamó Sam felizmente.

-¡Cállate¡No lo estoy!

La Impala se deslizó por la carretera comarcal en dirección al siguiente pueblo que salvar.
Fin