.: Sweet Innocence :.

VII. Holy crap!

- Vaya…

Hoto se dedica a contemplar su cono de helado como si se tratase de un tomate bailarín o algo por el estilo y aprovechando de su aturdimiento (…imbécil), me sumo en mis pensamientos.

Primero que todo: ¿cómo carajo se supone que viva tranquilo, si nadie en esta patética actualidad podría aclararme si el intento de ser humano sentado frente a mí es o no mi endemoniado hijo? Porque, en mi humilde opinión, ¡¡es una duda razonable!!

Por otro lado, no tan intrigante pero al mismo nivel que lo anterior en la escala de jodiendas, tenemos el inexplicable hecho de que algo estrechamente relacionado con la presencia de Horo me cohíbe de manera poco racional, al momento de demostrar afecto hacia mi novia y/o viceversa. Lo peor: soy poco creyente de la hipótesis de que se trate de nuestro dudoso lazo sanguíneo.

Y en tercer lugar pero no menos irritante, está el más reciente de los sucesos: demostrando una consideración nula hacia mi generosa persona y una gratitud por debajo de cero ante mi amabilísimo gesto de haber pagado un maldito dineral por su maldito heladito de tres malditos sabores, el zopenco que se coló en mi vivienda (y vida) no puede sólo ser humanamente cuidadoso y DEJA CAER NO UN POCO DE HELADO NI UNA BOLA DE SABOR, NO: ¡¡EL INÚTIL, HACIENDO GALA DE UN 2x1 EN OFERTAS DE TORPEZA, NO PUEDE EVITAR TROPEZARSE Y DEJAR CAER LOS DOS SABORES DE ARRIBA!!

- Upsi.

- …

- Eh… Ren, se me cayó un poco. No importa, ¿cierto?

- …

- ¡Anda, di algo!

- Te odio.

- …

Es curioso, cómo un par de palabras que debieran quitarte un peso de encima hacen todo lo contrario. O quizá sea la mirada que tiene en este instante, lo que me impide vanagloriarme de haber dicho lo que dije.

- Bien.

¿¿"BIEN"??

Hoto-hoto vuelve a sonreír como de costumbre y disfrutando de su tercer (y ÚNICO) sabor de helado, se da media vuelta, tan campante como una monja en un…, bueno, en un monasterio, qué diablos.

Entonces, la probablemente sobre-exigida maquinita que hace funcionar mi mente busca algo qué decir, no un insulto o uno de mis inteligentes y siempre asertivos comentarios especiales para cada momento: al darme cuenta, me encuentro rebanándome los reverendos sesos a la siga de algo con qué enmendar lo ya dicho. ¿¿SE DAN CUENTA?? ¡¡ENMENDAR LO YA DICHO, EN NOMBRE DE UNA MOMIA CLAUSTROFÓBICA!!

- Oye, Hoto.

- No te preocupes, tengo que volver a casa.- sin dignar voltearse hacia su humilde servidor, su Excelencia inicia una trayectoria cuyo destino desconozco, probablemente, con la (ridícula e innegablemente vana) intención de dejarme hablando solo.

- ¡¡Espera un instante, maldita sea!! – lo detengo con indudable paciencia, llegando hasta donde él ha avanzado. Y cuando por fin se da la vuelta y me da la cara… - …

… está triste…

- Nah, fue divertido.- termina de comerse la galleta del helado (de paso: al menos para algo es medianamente veloz…) y nuevamente, sonríe. Y sin entender por qué lo sé, adivino que no está tan feliz como quiere aparentar y eso, una palabra, me fastidia.- Pero, en realidad, no hay mucho que yo pueda hacer por acá. Ya los vi a ambos, con eso me basta.

- Per…

- Es hora de volver a casa.- murmura para sí, olvidándose del ínfimo detalle de que ESTOY A QUINCE CENTÍMETROS DE ÉL, siendo partícipe de un condenado DIÁLOGO; DIÁLOGO: CONVERSACIÓN DE DOS O MÁS PERSONAS.

- Espera un momento, bobo. En primer lugar, no está para nada asegurado que yo sea tu…

- Papá.

- Sí, como sea, gracias. Y además, tampoco entiendo qué querías lograr, exactamente; porque no has hecho nada útil, según lo que he tenido el gusto de apreciar.

- Sólo quería conocer a mis padres y ya lo hice.

- Lo que nos lleva – continúo, decidiendo ignorar su ignoro de mi primer punto.- al tercer factor: ¿cómo madres piensas volver a tu… casa, eh?

- Pues… del mismo modo en que llegué.

Y es aquí, estimado público, donde a Ren se le ocurre formular la pregunta más evidente esta estúpida e inverosímil (pero cien por ciento real) historia:

- Y ¿cómo demonios viniste?

Adoptando un semblante similar al que una persona cuerda adoptaría si le hubiese dicho "estoy embarazado" (léase: incomodidad, duda, desagrado y –espero sería el caso- sorpresa), el chico azul se limita a reemprender la marcha.

- ¡TE HICE UNA PREGUNTA! – le recuerdo con calma, considerando la opción de que no me haya oído.

- ¡No puedo responderte!

Acto seguido: las olimpiadas epilépticas reinician. Avanzando cada vez más apresuradamente, el muy idiota intenta perderme, como si le fuera posible con esas piernitas de plomo…

- ¡¡Claro que puedes!!

Cuando me doy cuenta, hemos llegado hasta fuera del psiquiátrico.

- ¿Puedes abrir? – sí, tarados: hablaba de mi casa.

- Claro, a cambio de que me contestes, Hoto.

Me contempla atónito y yo mismo me extraño, porque, viéndolo bien, ¿qué leches me importa a mí el cómo llegó este imbécil hasta mi época?

- Ya qué. Haz lo que quieras, Ren… - y yo, como el soberano estúpido en el que he finalizado convertido, le abro.

Pues lo que sí que me importa, aunque me duelan las gónadas de sólo pensarlo, es el hecho de que no pienso dejar que se vaya.

Y QUEDA TERMINANTEMENTE PROHIBIDO HACER PREGUNTA U OBSERVACIÓN ALGUNA.

- ¡Ren, ¿eres tú?!

- ¡No!

- ¡Bien! - Sin comentarios.

Llevo al Chewbacca celeste camino a mis aposentos, listo para interrogarlo como se debe; mas, antes de llegar, nos topamos con Jun, la mujer del tapete.

- ¡Oh, Horo, qué bueno que aún estés aquí! Estaba practicando unas recetas y…

Y estás en medio de la escalera, lunática, pero no, nadie escucharía. Aguantándome las ganas de propulsar al futurista hacia mi pieza para liberarlo de la eterna charla de mi hermana, aguardo tolerantemente a que ésta termine de parlotear sobre sus indigestos experimentos culinarios.

- … y podrías probarlos a la hora de la merienda, ¿te apetece?

- ¡Está bien! – añadir carita angelical. Cínico.

Así es como Mario y Luigi consiguen llegar hasta la habitación del primero (por muy… sospechoso que suene, enunciado de esta manera).

- ¿A qué hora meriendan? – inquiere el Hoto, en cuanto yo he cometido la irreprochable acción de sellar la entrada a mi dormitorio.

Matar es un delito, matar es un delito.

- ¡¡Déjate de idioteces y responde la puta pregunta de una vez!!

- ¡Tranquilo!

- ¿¡Quién dijo que no estoy tranquilo?!

- … - yo que pensaba que Trunks no sabía adoptar el siempre útil semblante escéptico. Todos los días se aprende algo nuevo.

- ¿Y? Escupe.- y debe ser mi día de suerte, en vista de que, a pesar de su ínfima capacidad de percepción, el hombre de nieve no toma la orden de manera literal.

- Será mejor que te sientes.- me indica cual médico sabiondo, rol que, evidentemente, no va con su nivel de coeficiencia, lo que me brinda la libertad de no tomar en cuenta tan vana recomendación.

- Estoy esperando.

- Uy, qué humor… Bueno, mira, voy a ser breve: mi padre adoptivo es científico.

Abrumado por la noticia, me siento.

EXACTO, CEREBROS DE HELIO: NO IBA ENSERIO.

-Y en tu lenguaje, eso querría decir que…

- Aunque no lo creas, las ciencias avanzan día a día.- puntualiza. Omitiré opiniones.- Y en su laboratorio, descubrieron que algunas cosas se perdían y luego, si es que aparecían, lo hacían en lugares completamente irracionales y a veces, mucho tiempo después de que desaparecieran…

- Y…

- Era un portal.

Damas y caballeros, heme, a presente, sentado.

- Un portal de…

- Como viajar a otras dimensiones… sólo que es más bien un salto en el tiempo. Eso es lo que yo entendí, cuando me lo explicaron y no puedo decirte nada más, porque es lo único que sé.

- … - lo miro, constatando que no está mintiendo y una duda resurge.- ¿Cómo supiste sobre Pilika y sobre mí?

- … - entonces, es él quien toma asiento y me resulta curiosamente extraño, el encontrarnos en medio de lo que podría denominarse una charla seria. Y no del todo desagradable.- Mi otra madre guardó información sobre ella cuando me adoptaron en un orfanato de Hokkaido. Fue allí donde me dejó.

- Y…

- Fue sencillo enterarme de ti, sólo tuve dar con su antigua dirección y arreglármelas para entrar y hacer algunas preguntas. Ella ya no vivía allí; pero, en el sótano, había fotos antiguas en donde salían ustedes dos juntos.

- ¿No se te ocurrió buscarme?

- Tampoco era completamente seguro que fueras mi padre… - su vista se pierde y me estremezco sin explicación.

- ¿Te metiste al portal? – asiente y habría sido mejor que me cortaran una oreja.- ¿Cómo rayos diste conmigo tan fácilmente?

- Creo que fue el destino.- entonces, Horo cierra los ojos y la ingenuidad de su suposición inunda la pieza.

Un lapso de inusual silencio hace aparición y contrariamente a lo que he supuesto desde que me percaté de sus molestas tendencias a hacer ruido, no lo disfruto para nada; hay algo que no desaparece de mi cabeza, aunque posiblemente, sólo sean dudas sin sentido…

- Horo, ¿qué viniste a hacer? ¿Sólo querías conocernos, a Pilika y a mí?

- … - su demora me tensa y finalmente, vuelve a fijar la vista en mí; comprendo que la respuesta va a equivalerme a la bofetada de un luchador de zumo- En un inicio…, tuve la intención de evitar que ustedes…

Desvía la mirada y lo único que puedo pensar se limita a un refinado "Mierda".

- ¿Querías evitar tu nacimiento?

OºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºO

:O ¡Ave María purísima sin pecado concebido…! ¿Será Horokeu un suicida, verdaderamente?

Averígüelo en el próximo capítulo xD