Nota: Bueno, aquí está el siguiente capítulo, Risa deteniendose a analizar, pero bueno... finalmente un poco de interacción entre los personajes principales.

Cuidense todos!

Luna Ming


Sol de Medianoche

Capítulo 4: De Protección Fraternal

Subió las escaleras jugando con un atado de cigarrillos, el cual aun no tocaba, pero en cuanto abriera la puerta no dudaría en prender uno.

Otani…

Tanto tiempo había pasado, tantas dudas sin responder y ella allí.

¿Qué hacer?

Por lo que le dijeron, había estado buscándola, pero no entendía porque…

¿Por qué luego de años aparecía para complicar aun más su existencia?

Buscó un lugar para sentarse y pensar en las escaleras que iban al departamento donde vivía.

Bueno, su vida ya era un enredo y lo único que hacía era sobrevivir, así que un problema más no le podría hacer cambiar de idea de la noche a la mañana.

Si Otani aparecía ¿Qué? No dejaría que arruinara su vida con sus explicaciones tontas.

¿Se fue porque no la quería como novia y deseaba estar lo más lejos de ella posible?

Bien, entonces que no la busque…

¿No le avisó porque tenía miedo?

Pues entonces que no la busque ahora, no cuando tiene una vida formada, un lugar donde vivir, a punto de mudarse con sus amigos, con su familia.

Entonces, ¿Qué hacer?

¿Actuar como si nada hubiera pasado? Probablemente la opción más segura y tal vez la más cobarde. Pero era la única forma de que no interfiriera realmente en todo lo que estaba pasando…

¿Llorar hasta que no le quedaran lágrimas? No, eso es un no rotundo, no dejaría que tuviera tanto peso en ella, no permitiría que arruinara lo que con tanto esfuerzo construyó.

¿Enfrentarle y buscar respuestas? No, era fuerte, no tonta… no estaba preparada para simplemente entregar su tierno cuello al león para que lo masticara hasta que no tuviera más ganas y lo escupiera.

¿Tratar de no cruzarlo en caso de que volviera a aparecer? Sería bueno, pero era prácticamente como la primera y no estaba segura de cómo saldría.

Sin contar que no sabía como se sentía…

Estaba triste, porque se había marchado sin una palabra por cinco años y ahora aparecía como si nada hubiera pasado.

Estaba molesta, porque creía que nada habría cambiado, que seguiría en el mismo lugar que años atrás, porque no sabía nada de que su familia ya no existía.

Estaba furiosa, porque creía que simplemente podía volver a caminar dentro de sus vidas y todo estaría bien.

Pero dentro, sabía que muy dentro en un pequeño rincón escondido también había una migaja de esperanza que quedó de cuando solo era Koizumi Risa, una chica de preparatoria.

Ese pedacito de ella rápidamente fue negado, ella ya no estaba en preparatoria, ya no era la chica insistente que conseguiría lo que quería, ahora era una mujer, testaruda, pero no inocente ni atolondrada.

Con una nueva determinación y rostro serio se paró y volvió a jugar con la cajetilla.

Se mudarían, si Otani deseaba aparecer en sus vidas otra vez, que lo hiciera, pero que no esperara ser recibido con los brazos abiertos por parte de ella.

Escuchó a alguien que bajaba por las otras escaleras mientras ella subía, acercándose al departamento donde vivían.

"Buenas Tardes, Koizumi-san" Le saludó un vecino que iba a su departamento.

"Buenas Tardes, Genna-san, ¿Cómo se encuentra?" Respondió con una ligera sonrisa.

"Bien, me enteré de que mañana te veremos en el diario, pero tu cara da aviso de una larga noche."

Ese vecino precisamente fue el primero en darles la bienvenida.

Un hombre de alrededor de 50 años, viudo y con hijos grandes que ya tenían sus vidas armadas, así que se dedicaba a vivir solo en ese edificio.

Amable y de buen humor, que había llegado a adoptarlos como parte de la familia de cierta forma. Él no hacía preguntas y ellos tampoco.

Habían dibujado una línea invisible, él sabía cuando ellos tendría una 'fiesta de depresión' y ellos cuando él había salido a beber, para poder ir a buscarle si no regresaba para cuando ellos se habían levantado.

Toda una relación de necesidad al punto en que sabían que sus espaldas estarían cubiertas por él en caso de ser necesario.

"Koizumi-san, ¿Qué pasó esta vez? Conozco esa cara, la veo cada tanto en los últimos 4 años… No anuncia nada bueno."

Con un suspiro dejó caer los hombros y borró la sonrisa falsa de su cara.

"¿Recuerda a mi ex-novio? Aquel que mencioné varias veces…" El hombre asintió ligeramente. "Ha regresado y parece que me está buscando por alguna extraña razón y estoy en conflicto."

"¡Oh, Risa!" El hombre la abrazó reconfortante, cosa que agradeció, hacía tiempo que nadie la abrazaba como si fuera una niña pequeña, como se sentía en esos momentos bajo tanto peso y conflicto.

"Está bien, no se preocupe, necesito unos tragos, un cigarrillo o un atado y el tiempo dirá… debo darle la dirección de nuestra nueva casa, nos mudaremos la semana que viene, ya sabe, debemos llevarnos muchas cosas…"

"Claro, querida, entra… nos vemos mañana, esta noche saldré al bar de siempre."

"¡Suerte!, tal vez nos vea por ahí más tarde."

Abrió la puerta, sacando un cigarrillo y prendiéndolo, notando que el lugar ya tenía olor a humo y había un cigarrillo partido a la mitad en el suelo.

Caló profundo, nada podía salir peor que el enterarse de que Otani estaba de regreso, así que no creía que nada podía afectarle en ese preciso momento.

Se quitó los zapatos, dejándolos a un lado y descalza avanzó por el pequeño pasillo, sentándose contra una de las paredes en el comedor, sus amigos sentados en su cama, mientras la veían acomodarse y tomar una de las botellas que aun tenían líquido.

"Otani regresó…" Soltó de repente, nadie se inmutó hasta que Suzuki habló.

"Lo sabemos, de alguna forma nos encontró, aun no sabe que vives aquí, cree que es mi casa y de Nakao."

"Risa, ¿Qué hacemos ahora?"

"Nos mudaremos, encontré la casa perfecta y no está muy lejos, tiene cuatro cuartos, un jardín y las casas de los lados están a más de 4 metros de distancia. Es cómoda y solo está a 1 hora de distancia, así que nuestros amigos pueden pasar a visitarnos cuando gusten."

"¿Tan grande? ¿No es cara?"

"No se preocupen, era extremadamente barata, así que no habrá problema..."

"¿Barata?" Inquirió Nakao luego de analizar durante un tiempo.

"Era la casa de Maity-sensei. Pero ahora tendrá un tercer hijo y necesita una casa aun más grande, los mellizos ya van a cumplir 4 años y necesitan sus propios cuartos, sin contar el bebe y la hermana de su esposa se ha debido ir a vivir con ellos por algunos problemas, así que cuida de los niños… Dijeron que podíamos pagar en cuotas y arreglar directamente con ellos."

"Valla, eso es bueno."

"Risa…" Le llamó la atención Suzuki. "¿Cómo estás?"

En ese momento el peso de la pregunta le golpeó, haciendo que bajara la cabeza para ver lo que quedaba del cigarrillo y su botella vacía.

"La verdad… no lo sé. Quiero tener esperanzas, pero a la vez no, quiero estar furiosa, pero no puedo realmente, deseo estallar y gritar y llorar… pero no puedo."

Los dos chicos se sentaron a ambos lados de ella, rodeándola con un brazo cada uno para mostrarle apoyo.

"Todo va a estar bien…"

"No, nada va a estar bien. No lo quiero cerca, no quiero que me lastime como lo hizo cuando se fue, no quiero…" Lentamente lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas en silencio, expresando el desastre que eran sus sentimientos en ese momento.

"Tranquila, no dejaremos que se te acerque, si lo intenta sin tu consentimiento patearemos su pequeño trasero hasta que llegue a la luna. Ya verás… no dejaremos que hiera a nuestra hermana otra vez. Ya no más."