.: Sweet Innocence :.
VIII. It's in hiskiss
- Mmm…
Como ya se me ha hecho costumbre, desentierro mi rostro de la jungla de cabellos celestes que mi camarada temporalmente anticipado posee por cabeza, cuidando de no abrir completamente los ojos con el fin de evitar a toda costa terminar ciego.
- Mm… abuela…
- ¡Me lleva la…!
Por motivos insulsamente obvios, me obligo a que mis palabras mueran en mi boca, al tiempo que intento librarme del par de plomos que Hoto tiene por brazos, con los que el ya mencionado ve a bien abrazarme como si yo fuera su última maldita moneda en un casino nocturno, haciéndome sospechar de mi futura necesidad de un transplante de costillas.
- ¿Eh…? ¡Oye, suéltame! – es el saludo matutino que recibo de mi camarada, luego de éste haber abierto su monumental par de ojos, al tiempo que mi inocente persona procura arreglárselas para respirar sin sufrir fracturas relevantes en el intento.
- No quisiera importunarte, Horo-horo, ¡¡PERO ERES TÚ EL QUE ME TIENE SUJETO A MÍ!!
- ¡Sí, cómo no!
En nombre de una axila bailarina, ¿es una jodida broma?
- ¡Idiota, quítame la manos de encima! – le suplico con humildad, zafándome con pulcritud de su efusiva muestra de mongolismo. A lo que el chewbacca de tinte celeste responde con una expresión (in)justificadamente molesta. - Y en vez de mirarme como si yo hubiera inventado la bomba nuclear, podrías ejecutar la dura tarea de levantar tu humanidad de mi cama…
- Sí, sí, sí, ya te oí.- declara el energúmeno y cosa que, alarmantemente, no me descoloca como se supone que debería, el susodicho no mueve un mísero músculo, hecho que decido remediar mediante un ligero y absolutamente carente de agresividad puñetazo.- ¡Ay, oye…!
- Muévete. Tengo hambre.
Mediante la palabra clave (sí: "hambre", genios), dicho ha sido, hecho se ve. Hoto y yo descendemos en nuestras lujosas fachas mañaneras, aprovechando que es domingo y Papa Oso se fue de caza o en otras palabras, que mi padre está en un viaje de negocios y por consiguiente, no va a joder nuestra juventud con represiones absurdas y autoritarias, como es tan de su gusto hacer.
- Por fin. ¿Cómo durmieron? – nos saluda la madre de familia, vocera de la cordura en nuestra residencia. Lleno de timidez, Horo se rasca zonas corporales que no pretendo enumerar, bosteza y nos honra con una réplica.
- De lujo. ¿Qué hay de desayuno?
Tal y como lo leen. Desfachatez en toda su rutilancia.
Mientras cumple su rol materno alcanzándonos las cajas de cereal, la Sra. Tao entrega un resumido informe del día: Jun, la primera hija, se encuentra tan ausente como el jefe de la familia y ella misma, por motivos que mi mente no retiene, se largará luego de embutirnos algún tipo de comida para sobrevivir durante las próximas horas.
O en resumidas cuentas, hoy, Hoto y yo seremos los únicos afortunados habitantes de la vivienda (tache la palabra sobrante).
- Ah, Ren: hace un rato, te llamó Pilika – recuerda mi madre cuando ya está atravesando el umbral de la puerta principal, demostrando así cuán presente tenía el darme aviso de tal suceso.- Vuelvo en la tarde. Pórtense bien.
- ¡Sí, abue… eh, Ran! – Dios Santo.
Omitiendo algunas peripecias intrínsecas de compartir el hábitat con un descerebrado, llegamos hasta el mediodía en una pieza.
- ¿Vas a llamarla? – no, sólo me estaba calzando el auricular en la oreja.
- No, tarado, sólo me estaba calzando el auricular en la oreja…
Sí, me veo obligado a hacer la síntesis de lo que este último tiempo me ha permitido constatar y es que, aunque suene escandalizador, con este sujeto no puedo evitar ventilar casi el cien por ciento de mis pensamientos, cuyo nivel de mordacidad, como ustedes habrán descubierto ya, no es escatimoso.
Lo que es lo mismo: me he dado cuenta de que, al contrario de cómo hago con el resto del mundo, con Horo-horo suelo decir exactamente lo que pasa por mi cabeza, sin tapujos ni detalles mamones del estilo. Claro que eso, él no lo sabe.
- ¿Hola?
- Hola.
- ¡Hola!
- Hola…
- Jeje… Hola.
- Qué romántico.- y así mismo, he notado que el sujeto ha adquirido un leve pero no invisible nivel de sarcasmo en su forma de expresarse, de lo cual me creo el orgulloso responsable. ¿Será que nos mimetizamos, de tanto andar juntos?
- Idiota.
- ¿Estás con Horo, por casualidad? – no, sólo me gusta soltar insultos al aire, como hobby.
- Eh, sí, ya te dije que se está quedando conmigo.
- ¿Todavía? Pobrecito… ¿no encuentra departamento aún?
- Mmmm, no.
- Bueno, te llamaba porque estoy sola en casa y…
Habemos aquí la táctica femenina con el primer lugar, por excelencia, en incitación: la indirecta.
- Nos vemos en la tarde. – lo sé, soy una persona muy difícil de persuadir, no necesitan comentarlo.
De cualquier forma, cabe mencionar que hace varios días que mi novia y yo no nos vemos en todo el sentido de la palabra, indiscutiblemente, debido a cierta persona con la que me he visto prácticamente pegado durante todo este tiempo. Y lo sorprendente de todo el conjunto es que tampoco me fastidia del todo, hasta podría decirse (PODRÍA) que me acostumbré.
- ¿Te invitó a jugar a la casita?
- Sí. Tendrás que arreglártelas hoy.
- ¡Espera, ¿qué?! ¿¿Vas a ir sin mí??
¡Mierda, Carajo y todo término implicante de blasfemia! No es justo que ponga esa maldita carita siempre que algo no le gusta. Estúpido infeliz, no me va a ganar.
- Tú lo has dicho, hermano. Por mientras, puedes entretenerte investigando el tapete de entrada, como dijiste que lo harías hace una, dos o mil semanas, ¿te acuerdas?
Y pongo en marcha el proceso Subida de escalera, con el fin de evadir sus tácticas manipuladoras que, en el remoto caso de que seamos familia, sin duda heredó de su madre.
- ¡¿Cómo se supone que…?!
Bla, bla y bla, con un eficaz portazo, la vocecilla de mi camarada es enmudecida a mi alcance auditivo.
En menos de lo que un tailandés tartamudo lee un trabalenguas en alemán, me encuentro dispuesto para salir. Aún en pijama, Hoto se me acerca a penas bajo y me ruega, sin la menor dignidad, que me quede.
- ¡No seas pesado, Ren, soy tu visita!
- Já, cómo no. Por eso mi hermana quería comprar una cama nido e instalarla en mi pieza para tu fastidiosa persona, ¿no? Madura, Hoto, tampoco voy a tardar mucho.
- Pero, ¿Por qué no puedo ir? ¡Te apuesto que Pilika estaría feliz de verme!
- No rebato tu suposición, sólo la desvalido anunciándote que a ella le importa más verme a mí de lo que le interesa que tú vayas o que te tires desde un balcón. De todos modos, vuelvo después de almuerzo, ¿crees que estarás vivo para entonces?
- …
- Agradecería una respuesta.- comento al vacío, encaminándome hasta la salida del hogar sin la menor intención de seguirle su teatrito melodramático. Como si sus trucos tuvieran efecto sobre mí… JA.
- ¡¡HAS LO QUE QUIERAS!! – portazo.
La pregunta del millón es: ¿cuándo leches subió hasta mi habitación?
Por lo que decido quedarme…
SÍ, SEGURO, MANOJO DE CRÉDULOS. Claro que no. Me largo feliz y reposadamente hacia la guarida de mi novia.
Y sólo una vez afuera me veo completamente libre para meditar.
¿Por qué? ¿Cómo explicar mi casi olvido de todo lo respectivo a Pilika, este último tiempo? ¿Será que hay algo más que yo ignoro, respecto a la existencia de Hoto en mi vida?
¿Seré, acaso, una más de las numerosas víctimas del alzheimer?
Sea cual sea la alternativa correcta, no tengo el tiempo de vislumbrarla, puesto que en dos resoplidos de camello asmático, me encuentro frente a la puerta de mi chica.
- Pasa.
Mi novia es linda, también había olvidado el hecho, aunque es evidente, puesto que estamos juntos. Pero hoy, sobre todo, la hembra alfa parece haber puesto empeño en su acicalamiento…
Tal y como en un libro de Louise M. Alcott (1), tenemos tiempo de charlar y ser felices, poniéndonos al día en distintos tópicos mediante breves intercambios dialógicos y finalmente, entre dos besos cuya sensación me es menos familiar que hace un mes, Pilika dice la histórica frase clave.
- ¿Sabes? El calendario está de nuestro lado, Ren…
Está bien, no es ésa; pero qué rayos, creo que la idea está clara y no voy a malgastar mi tiempo explicando en qué se nos va el rato que sigue. Ya quisieran…
- Te echaba de menos…
Enternecedora escena cuyo escenario es la desastrosa habitación de mi novia (tan colmada – la habitación, no mi novia, imbéciles- de cachivaches que cualquiera pensaría que estamos en medio del ciclo escolar y no en plena vacación veraniega) y nuestras manos permanecen tomadas, mientras contemplo el interesante y siempre educativo techo blanco y ella recarga su cabeza en mi pecho.
En nombre de una oveja esquizofrénica, estoy agotado; supongo que sufro de falta de… práctica, qué carajos. Pero más consternante que mi inusual desgaste físico es el hecho de que, por algún motivo x y aunque es muy posible que en un pasado no taaaan lejano, ella lo haya hecho, me incomoda inexplicablemente el contacto con su cabellera. No sabría decir con exactitud por qué, la sensación es agradable, sin embargo…
- Es distinto.
- ¿Mmmh…? ¿Dijiste algo?
- …
Buda, Krishna, Jehová, Bahá'u'llah, Freddy Mercury y todas las grandes figuras reunidas, ¿por qué posible razón cada ínfimo detalle de mi cochina vida se complica cuando todo pareciera encaminado a marchar decentemente?
¡¿POR QUÉ PROSTITUIDA CAUSA ESTOY COMPARANDO MIS DESPERTARES CON HORO A LOS CON PILIKA!?
- Pilika, tengo que irme, le dije al idiota que volvería temprano. ¿Te llamo cuando llegue?
Me incorporo, rogando porque no me haga un número justo en este momento, lo que no me extrañaría en vista de la suerte de la que hasta el día de hoy he hecho desastrosa gala.
- …
- No te enoj… - mi frase muere ante la bella y sobre todo, aliviante visión de la chica durmiendo. Por una vez en la vida, el cielo parece de mi lado y temiendo que sea una trampa del destino para sorprenderme con algún otro infortunio, me deslizo velozmente sobre las sábanas y me visto cual correcaminos en una maratón o lo que a ello equivale, más rápidamente aún.
Garabateo una pequeña nota explicando mis razones y todo el jaleo, la pego en la frente de Pilika – único método que garantiza la lectura del papel- y emprendo la retirada.
Por segunda vez en el día, el exterior se ve privilegiado de mi presencia, pero voy demasiado ocupado con mis propias reflexiones como para fijarme un huevo en el estúpido paisaje.
Antes de finalizar mi recorrido, mi alma caritativa y libre de todo mal pensamiento me impulsa a comprar en el local más cercano uno o dos víveres para combatir la inanición, tras lo cual me propulso, una vez más, hacia mi casa.
- ¡Hoto-hoto, ya volví! – anuncio con (nulo) entusiasmo, introduciéndome en la vivienda y sólo por curiosidad, veo el reloj de pared.
16 : 35
Cáspita, recórcholis y otros términos obscenos…
- Hasta que te apareces. – la voz de mi madre me atrae hasta la cocina, en donde ella, Horo-horo y la mayor cantidad de bandejas para hornear que he visto en mis diecisiete años, comparten un rato juntos.
Analizo al chico del futuro, quien continúa vistiendo el pijama que le otorgué hace un tiempo, aún no se ha peinado y se dedica a moldear una gran cuantía de masa, probablemente de galletas, en formas de animales y otras babosadas.
- ¿Almorzaste? – inquiere la mujer de la casa, concentrada en su labor maternal, a lo que decido responder con solamente un mínimo de disfrazamiento de la verdad absoluta.
- Sí, Pilika cocinó; por eso demoré tanto.
Sólo por si la curiosidad les picó, informo que esto no es una disculpa o excusa alguna y si miro a Horo al decirlo, es sólo porque sí, no porque espere que él me crea y entienda. Tampoco hice algo malo, ¿o sí? El tipo tiene mi edad, puede sobrevivir unas cuantas horas solo.
- Ah, perfecto, Horo-horo y yo también comimos algo… Bueno, desde ahora, yo me ocupo, cielo – se dirige Mamá Osa a su seudo nieto, quien luce contrariado por el evidente despido.
- ¿No necesitas que bata algo más?
- Ya me ayudaste mucho y está todo listo. Cuanto se hornee la primera bandeja, te aviso, ¿bueno? Tú vas a comerte la primera galleta.
- ¡Yupi!
Creo que voy a vomitar. ¡En nombre de una hiena con depresión, esto es como ver la típica escena Cocinando con la abuela! Y por si fuera poco, mamá nunca me ha pedido ayuda en la maldita cocina…
…aunque eso es algo más bien positivo, ahora que lo pienso.
De cualquier modo, tras lanzar mi bolsa de la compra hacia algún rincón de la estancia, con movimiento de cabeza invito a Trunks a movilizarse hacia mis aposentos.
- No sabía que cocinabas.
- …
- ¿Qué pasa? ¿Te habría gustado un delantalcito con bordados para la ocasión? – él niega con la cabeza y toma asiento sobre mi cama deshecha. Hm, tanto batir huevos debe haberlo cansado.
- Tanto batir huevos debe haberte cansado.
- …- me dedico a la entretenida tarea de ordenar…
Qué más da, lo cierto es que me hago el indiferente; mierda, me molesta su silencio, pero no planeo demostrar el menor interés en su insignificante y probablemente pasajero mutismo, ¿entendido? ¡Me paso todo el asunto por donde no entra el Sol!
- ¿Qué hiciste mientras no estaba? – maldita sea, mi voz no parece estar muy coordinada con mi mente..
- Nada…
Hoto-hoto analiza sus enharinadas manoplas y se balancea (demasiado) tranquilamente sobre el lecho; me pongo de pie y dudo entre sentarme junto a él o quedarme de pie, frente a frente. Y como juntar ambas ideas significaría terminar sentado sobre sus piernas, opto por la segunda opción.
- Arg, lo siento, me disculpo, perdón mil veces, ¿ya está? Lamento tener una condenada vida en la que se ven involucrados otros seres humanos a parte de ti…
- … - hecho impactante: la taciturnidad continúa. Estoy a punto de mandarlo al demonio, cuando algo en su (falta de) expresión se modifica.
-Oye…
- Te dije: has lo que quieras, no me importa.
Él se pasa el respaldo de la mano por un ojo y baja la cabeza y yo, aunque sea difícil de creer, me quedo allí parado como un completo imbécil autista, preguntándome si es posible que verdaderamente, como hace tiempo que no sucedía, esté triste.
Triste. Horo. Por mi culpa.
- No es para tanto; ahora me vas a decir que estás celoso.- como si fuera el día internacional de cometer errores, le sonrío con burla, esperando que intente golpearme o algo; obviamente, lo único que consigo es una negación frenética de cabeza y mientras me arrodillo para quedar más o menos a su altura, mi afligido interlocutor se aclara la garganta.
- Me da igual, de todos modos me voy a ir y entonces, vas a estar feliz, ¿cierto?
- Yo no dij…
- En casa deben estarlo, nunca les importé realmente.
- No seas inmaduro, estás portándote como un niño.
- ¡¿Qué te importa cómo me porte?! ¡¡Lo único que has querido todo este tiempo es que me vaya, ¿cierto?! – me mira desde su lugar, completamente neurótico, algo absolutamente inhabitual en él.
¿Que se vaya? ¿Eso es lo que he querido? Debería ser capaz de afirmarlo, porque ¿no me he quejado desde el comienzo? ¿No lo he interrogado desde el primer día que llegó, presionándolo para que me deje en paz? ¿No me la he pasado repitiendo que me tiene sin el más mísero cuidado lo que con él tenga que ver?
Entonces, ¿por qué tengo la certeza de que está equivocado?
- Estás mal. No quiero que te vayas.- es horrible, preferiría follar una vaca antes que verlo tan distinto a como es siempre…
Horo-horo termina por bajar absolutamente la cabeza y apoyarla en ambas manos, en una clara muestra de frustración que me martiriza.
- Perdón… ¿Ves? No debí haber nacido; tú y Pilika están bien juntos, no necesitan un hijo. Ni siquiera estoy seguro de que sean mis padres, pero realmente eres mi mejor amigo…
- ¡¡TÚ TAMBIÉN ERES MI MEJOR AMIGO!!
Al diablo la imagen, no es justo, yo no quería ponerlo así; de haber sabido que por dejarlo solo unas cuantas horas las cosas iban a transformarse en una copia de Remy (3), diablos, pues me habría quedado.
- Claro que no, sólo lo dices porque hay una pequeña posibilidad de que sea tu hijo; es todo.
- ¡No seas imbécil!
En un principio, lo creí ¿y qué? No lo conocía. No lo conocía como lo conozco ahora; ahora, sé que no puede ser mi hijo, porque él y yo nos parecemos tanto como una planta se parece a un bol de cereales.
- Da igual…
- No eres mi hijo; no me importa, no es por eso que estás aquí conmigo todavía.
- ¡Dije que da igual, no quiero escucharlo!
¡En nombre de un ornitorrinco hipertenso, había olvidado lo exasperante que el individuo puede resultar a veces!
- ¡Vas a tener que hacerlo! – no lo controlo; me duele la cabeza de tantas preguntas que han surgido en tan poco rato.
Aunque la prioridad es clara, me es irrelevante encontrar o no respuestas o que Horo encuentre las que vino a buscar, lo único que quiero es que me crea y que ya no esté abatido; sí, lo dije, ¿algo qué comentar?
A través del estiramiento de mi brazo junto con la aplicación de mi mano en modo "garra", consigo halarlo de la ropa y con la suavidad que me caracteriza (inexistente, por si lo dudaron), me encargo de tirarlo de la cama; como de costumbre, él forcejea, casi del mismo modo en que lo hace durante nuestras peleas periódicas. Pero esto no es un juego y se lo comunico estampándolo contra la silla de mi poco utilizado escritorio; sólo entonces, veo que tiene los ojos llorosos y algo en mí se reduce a un vil montoncito de confeti.
- ¡¡Te gusta fastidiar, ¿cierto Ren?! ¡¡PUES CUANDO HAYA ACABADO CONTIGO, VAMOS A VER SI TODAVÍA…!!
- No quiero que te vayas.
- …
- Es más: quiero que te quedes. Te quiero.
- …
- Demonios, te quiero demasiado.
Esto no está mal, no puede estar mal. Él no puede ser mi hijo; los padres no sienten por sus hijos lo que yo estoy sintiendo en estos momentos, únicamente por él.
- ¿Lo dices en…?
Sí, vuelve a sonreír; porque lo digo tan enserio que te estoy besando.
- … También te… quiero mucho.
- …
Ahora entiendo que no era costumbre; realmente, yo…
Lo necesito a mi lado.
- ¡¡LAS GALLETAS ESTÁN LISTAS!!
- ¡¡ESO ES!!
Pero que lo necesite no quita que sea un estúpido idiota descerebrado que prefiere, a penas el grito materno alcanza nuestros oídos, darme el empujón del siglo y salir corriendo hacia las estúpidas galletitas antes que dejarme volver a besarlo.
- Tarado…
Por todos los jureles suicidas del mundo, ¿por qué a pesar de ello no puedo evitar sonreír?
(1) Autora de Mujercitas, Hombrecitos, Aquellas Mujercitas, Aquellos Hombrecitos y otras novelas bastante antiguas, además de clásicas.
(2) Nacido bajo el nombre de Farrokh Bomi Bulsara, fue un músico inglés,conocido por ser el vocalista del grupo británico de rock Queen.En la banda ejercía de solista, compositor, pianista y guitarra ocasional en los conciertos. Está considerado uno de los más grandes vocalistas masculinos de la historia del rock.
(3) Uno del clásicos más conmovedores de la animación japonesa, centrado en las aventuras del pequeño huérfano con el buen Vitalis y su compañía errante de animales actores. Adaptada del clásico francés Sin Familia, ilustra la penalidad del pobre en la Francia del siglo XIX.
:O La respuesta estaba en el beso de Horo, tal y como el título sugiere.
Bueno, estoy de vacas y aunque sigo estresada de sólo pensar en la vuelta a clases y he comido mi peso en masas, puedo afirmar que las cosas van bien y me estoy esforzando por ser una persona responsable y actualizadora. Ju.
Deben quedar unos tres capis para el final, por lo menos, de momento. El próximo o próximo próximo, según cómo me dé la inspiración, estará inspirado en un fragmento de la canción Better than me, de Hinder, que le va como anillo al dedo a la situación que planeé para el futuro de estos dos (risa malévola)
Y eso :3 ojalá les haya gustado n0n
