Nota: Bueno, como notarán me tardé en actualizar... y solo digu una cosa: AYUDA!! Estoy orgullosa de presentar mi primer bloqueo XD
Tengo ideas para el próximo capítulo y todo eso, pero no puedo hilar dos palabras para esta historia, no tienen idea de lo dificil que me fue escribir este capítulo, que salió de pura testarudez y frustración de que no suele pasar muy seguido. (Y este es un fic que ya había empezado... uno que estoy empezando ahora tuve que reescribir el primer capítulo 3 veces!!)
Si alguien tiene ideas, quiere ser beta o tiene ganas de ir juntando los tomates podridos para cuando mi pasa de uva a la cual llamo cerebro se rinda, es bienvenido.
Espero que todos estén bien, cuidense y besos,
Luna Ming
Sol de Medianoche
Capítulo 5: Jugando a las Escondidas
"¿Qué has decidido hacer mañana, Risa?"
"No sé… Otani estuvo aquí, así que creo que lo mejor es no andar por estos lados, tengo miedo que siga por la zona."
"¿Y si vas a visitar a Mimi? Estoy seguro de que no le molestará que te quedes un día o dos con ella… yo me quedaré para limpiar el departamento."
"Suzuki, Mimi tiene que ir a Europa para una sesión de fotos para una revista internacional… no creo que esté disponible."
"Ve igual, sabes que sus padres te adoran, no les molestará que te quedes por un tiempo allí."
"Está bien, iré a llamarlos."
A la mañana siguiente, volvieron a sus rutinas, salvo porque esta vez Risa se iría a la casa de su amiga a la cual solo vería durante unas horas y luego se quedaría ese fin de semana con los padres de esta.
Por ese día, la primera en irse sería ella, ya que tenía 2 horas de autobús hasta el destino, sin contar media hora caminando para llegar a destino.
Abrió la puerta, viendo que Genna-san estaba luchando con un juego de llaves…
Había regresado tarde en la noche, pero tenía un trabajo al que responder.
"Buenos días, Koizumi-chan. ¿Cómo ha sido tu noche de ayer?"
"Buenos días, Genna-san. No tan bien como me gustaría. Ya sabe, lástima por todos lados, alcohol y charlas melancólicas. Parece que somos especialistas en eso…"
"No te preocupes, recuerda con quien estás hablando." Respondió con un gruñido mientras se tocaba la frente para detener el dolor de cabeza traído por horas en el bar.
"Lo sé… bueno, me gustaría quedarme a charlar, pero llegaré tarde. No estaré por los próximos dos días, cualquier cosa que necesite, avísele a Suzuki o a Nakao…"
"Claro, querida. Ve con cuidado."
"Igual usted." Cortando la conversación, se dirigió al final del pasillo, comenzando a bajar las escaleras, cuando escuchó unas llaves que se caía y algo más.
"¿Se encuentra bien?"
Al escuchar esa voz masculina y casi infantil sintió que el corazón se le detuvo por un instante.
Era él… no, no podía ser él.
Pero razonó un momento, si, podía ser… había regresado para atormentarla. Había regresado para que su infierno le consumiera y le tragara. Sobre todas las cosas, había regresado.
Se dejó caer por las escaleras, escuchando la conversación y convenciendo a su estómago de que no despida la cena.
Lentamente, se inclinó contra la pared y giró la vista hacia donde estaba la puerta.
Allí estaba, su vecino, recogiendo las llaves del suelo mientras un hombre bajo y de cabello cobrizo le preguntaba su estado.
Cabello cobrizo que podía haber reconocido a kilómetros de distancia.
Eso no era bueno… no era nada bueno.
Quería ir a abrazarle, quería pegarle por haber desaparecido y principalmente, quería desaparecer en ese preciso instante.
"Si, jovencito. Solo tengo una migraña que te la regalo. No te he visto aquí antes, ¿Te acabas de mudar?"
"No, solo vengo a visitar a unos amigos que viven en el departamento de al lado. No los veo desde hace tiempo y parece que no les caigo muy bien." Respondió la voz algo más pesada, del chico que se estaba desordenado el pelo con una mano avergonzado.
Solo había una solución…
Tomó su cartera, no llevaba bolso, porque ella y Mimi tenían casi la misma talla, por lo que nunca era necesario cuando estaba de visita… incluso tenían algunas pertenencias de ella aun, lo cual facilitaba el tema del cepillo de cabello y el de dientes.
Se volvió a esconder, para que no le viera y rezó porque el celular de Nakao estuviera en silenciador como siempre.
"Apúrate y atiende… apúrate y atiende…"
Nakao se había vestido finalmente, en 10 minutos tenía que salir a trabajar aunque fuera muy temprano.
Se había ofrecido a acompañar a Risa hasta la estación, pero ella le aseguró que estaría bien y cuando ella dice algo, mejor escucharla, porque solo significa que necesita un tiempo a solas para reconciliarse consigo misma.
Iba a ponerse la campera, pero escuchó como si algo vibrara sobre madera, reconociéndolo como su teléfono móvil.
Se acercó y vio en su pantalla un nombre que le sorprendió, apurándose en atender.
"¿Risa? ¿Qué haces llamando? Recién sales…"
"Estoy aun en las escaleras…"
"¿Qué haces ahí? ¿Pasó algo? ¿Quieres salga a buscarte?" Preguntó ahora con más preocupación.
"No, todo lo contrario… Otani está en la puerta."
"¿Qué? ¿Qué hace el enano de regreso? ¿Te vio?"
"No, tranquilo, lo escuché cuando Genna-san tiró sin querer las llaves. Si no quieres toparte con él, deberás salir por las escaleras de emergencia de detrás del edificio…"
"¿Hay escaleras de emergencia?" Preguntó al no haberse enterado de ese detalle.
"Si, es un edificio estilo estadounidense…"
"Bueno, le diré a Suzuki… espéranos abajo y te acompañaremos a la parada de autobús."
"Entendido, los espero en unos minutos."
Al girarse notó que Suzuki le estaba mirando como cerraba el móvil.
"¿Quién era?"
"Risa… Otani está en la puerta con Genna-san… Vámonos de aquí antes de que salga a partirle su miserable cara."
Dicho esto, tomó su abrigo y le pasó el suyo a Suzuki, tomando su almuerzo y trabajo en una mano, mientras le señalaba la ventana que daba a la parte de atrás del edificio, buscando la dichosa escalera de incendios.
Enseguida, debajo, apareció Risa agitada y con los ojos llorosos, señalándoles por donde debían bajar.
"¿Y ahora que hacemos?" Preguntó rápidamente.
"¿Te das cuenta de que Otani logró que huyéramos de nuestra propia casa?" Señaló Suzuki, mientras se dirigían a la parte de atrás de unos arbustos y finalmente salían a la calle.
"Disculpen por haberles hecho hacer esto…" Trató la chica, secándose los ojos con el dorso de la mano y poniendo en su lugar la máscara tan practicada de absoluta serenidad.
Nakao, que aun veía la ventana por la que 'escaparon', le pasó un brazo por los hombros.
"No tienes de que preocuparte… piénsalo como un juego. Él aparece y nosotros desaparecemos."
Los tres se miraron ante la ironía de sus palabras y echaron a reír, notando lo absurdo de lo que acababan de hacer solo para no cruzárselo.
"Risa, ve con Mimi y tu, Suzuki, acompáñala que no es momento para que ande sola. Yo me encargaré de todo acá, ¿Si?"
Los dos asintieron, mientras los tres caminaban a la estación de autobús.
Mientras esperaban, el teléfono de Risa sonó con un sonido fácilmente reconocible, inmediatamente poniendo el altavoz.
"¿Genna-san? ¿Qué ocurre?"
"El tal Otani estuvo aquí…"
"Lo sé, no había bajado aun cuando lo escuché."
"Tocó la puerta, pero nadie atendió, así que quería saber si todos estaban bien."
"Tranquilo, acá estamos con Nakao y Risa, yo iré con ella por el fin de semana, así que solo estará Nakao." Respondió Suzuki al móvil.
"Ah… me quedo más tranquilo. Ese chico si que tiene energía, hace 20 minutos que está tocando la puerta."
"Avísele que no hay nadie." Agregó Risa. "Nakao regresará tarde, así que no hay de que preocuparse, no creo que se quede a dormir en la puerta."
"Con lo ansioso que parece, no dejaría de considerar esa posibilidad."
"Gracias por avisarnos, Genna-san."
"No hay problema, niños. Los veo en unos días y que disfruten de las 'vacaciones', porque parece que las van a necesitar."
Tras costar, los tres suspiraron.
"Siendo Otani, no dudo que haga algo loco… ese chico aun es tan testarudo como yo cuando estábamos en preparatoria."
"Todo va a estar bien… yo me encargaré de él si me lo cruzo, tu y Suzuki traten de descansar un poco de esta locura."
"Claro, cuídate y ya sabes, dejé la comida congelada, así que solo tienes que usar el microondas para calentarla." Avisó Suzuki antes de subir al autobús.
Con una mano se despidió…
Dos días solo, eso no había pasado en tanto tiempo que casi deseó subirse en el siguiente autobús e irse con ellos…
Tal vez podía hacer eso.
Pero primero, a patear traseros enanos.
