Capitulo 2: Bienvenidas y Decisiones
Ron miró a su alrededor, la luz del sol apenas comenzaba a iluminar la sala del departamento de su amigo, que estaba considerablemente más ordenado que el suyo, preguntándose donde rayos Harry podría guardar su pensadero.
- Accio pensadero – exclamó Draco a su lado, esperaron unos segundos, pero no pasó nada. El rubio se encogió de hombros – Tenía que intentarlo…
- Tendremos que hacerlo de la manera difícil entonces – dijo Ron subiéndose las mangas de su camisa.
Draco suspiró y asintió, luego se fue por el pasillo y desapareció en uno de los cuartos que Harry tenía como biblioteca. Ron hizo lo mismo pero se fue directo al dormitorio de su amigo. Sólo esperaba que Harry no volviera antes de tiempo y los descubriera husmeando en su casa como dos ladrones.
La cabaña de Hagrid estaba igual a como la recordaba de su última visita. Aunque el semigigante ya no vivía en ella sino que se había decidido por visitar el mundo junto a Fang aún se respiraba su aroma. Lo extrañaba, después de todo fue la primera persona con la que tuvo contacto del mundo mágico cuando tenía sólo once años, le regaló su primera mascota y su primer pastel de cumpleaños. Se sentó en el gran sillón y observó con aire melancólico a su alrededor. De todo el colegio ese era uno de sus lugares favoritos junto con la sala común de Griffindor y la sala de los menesteres.
- Señor Potter – la voz de McGonagall lo sacó de sus pensamientos, estaba en la puerta de la cabaña, de brazos cruzados y una sonrisa cálida en los labios – Hace mucho que nos visitaba.
- Lo lamento – dijo poniéndose de pie y sonriéndole de vuelta – He estado muy ocupado en el ministerio…
- ¿Me acompaña a tomar un té a mi despacho? – preguntó la ahora directora, Harry asintió.
Echó un último vistazo a la cabaña y luego salió de ella cerrando con fuerza. El aire fresco de la mañana le golpeo la cara y la brisa la sintió como una caricia… una bienvenida a Howgarts, su hogar.
Entraron en el despacho de la directora, aquella oficina que le traía recuerdos. Puso un pie dentro y fue como si se transportara al pasado. Se imaginó a Dumbledore sentado donde lo había ahora Minerva, observándolo con sus profundos ojos azules detrás de los anteojos con forma de media luna y una sonrisa benevolente.
- ¿Y qué lo trae por acá? – preguntó la directora trayéndolo a la realidad.
- La nostalgia supongo – respondió sonriendo – Como usted lo dijo, hace mucho que no venía de visita y empezaba a extrañar estos pasillos.
Mcgonagall lo miró unos segundos y luego apartó los ojos. Hizo un movimiento con su varita e inmediatamente apareció ante el una humeante taza de té y unos bizcochos de canela.
- ¿Ha tenido noticias de Hagrid? – le preguntó luego de dar un sorbo a su taza.
- Hace una semana me mandó una carta – contestó Harry sonriendo – Ahora está en los Alpes suizos, visitando a Gwap. Dice que volverá pronto y que no se preocupe, porque seguirá ocupando su puesto de guardabosques.
Siguieron hablando por algunas horas más de diversos temas. En parte Harry lo agradeció, porque pudo sacar de su mente la inminente llegada de Hermione a Londres y a su vida. Pero después, en la oscuridad de la habitación que Mcgonagall le había facilitado para pasar la noche en el colegio no podía dejar de pensar en ella. Le había hecho daño, roto el corazón y aún así no podía dejar de amarla como la amaba. Era una agonía. Cerró los ojos con fuerza, obligándose a conciliar el sueño, pero lo único que logró fue traer a su mente los miles de momentos que había pasado con ella, su mejor amiga, en las paredes de ese castillo, como la vez que, en los baños de mujeres, la encontró agazapada, como un gatito asustado, llorando y pidiendo a gritos que la salvaran de aquel horrible troll o la vez que con ella, en la sala de los menesteres se pasaban horas ensayando el encantamiento accio para la primera prueba del torneo de los tres magos. Muchos recuerdos, unos más felices que otros, pero en todos y cada uno de ellos aparecía su cara, sus ojos, Hermione Granger en todo su esplendor.
A la mañana siguiente y sin haber dormido más de dos o tres horas se levantó y duchó para salir a dar un paseo por el castillo. Aún era temprano y la mayoría de los estudiantes deberían estar durmiendo. Se fue hacia el gran comedor y murmuró unas palabras a su plato vacío, en unos pocos segundos este se llenó de tostadas y apareció una taza de café y zumo de calabaza.
- ¿Te importa si te acompaño? – preguntó una voz a sus espaldas. Harry se volvió y se encontró con una chica de profundos ojos azules y pelo negro. Asintió y la mujer le sonrió para luego sentarse a su lado. – Debes ser Harry… la directora nos comentó hace unos momentos que estarías de visita por hoy. Soy Anny, la profesora de Defensa.
- Mucho gusto. – le saludó con una sonrisa – Es la primera vez que escucho de una mujer como profesora de defensa contra las artes oscuras.
- Si, pero no creas que fue fácil conseguir el empleo. Tuve que dedicar mucho tiempo a prepararme y demostrarle a Minerva que podía con el puesto – explicó Anny. – Pero adoro este colegio, siempre me sentí como en casa.
- Pues somos dos – dijo Harry – Aunque no te recuerdo… ¿a que casa pertenecías?.
- Ravenclaw – respondió – Pero yo entré cuando tú ya no estabas en el colegio… fue el año en que…
No completó la frase y Harry supo a que se refería. El año en que ellos no asistieron porque buscaban los hourcruxes.
- Oh, señorita Willson estaba buscándola - dijo Minerva llegando donde ellos – Buen día, señor Potter.
- Buenos días….
- ¿Para que me buscaba directora?.
- Necesito hablar con usted sobre uno de sus alumnos - Anny frunció el ceño – El señor Kent ha vuelto a hacer de las suyas…
- Soy la jefa de la casa de Ravenclaw – explicó Anny a Harry, que miraba divertido como Mcgonagall apretaba los labios, tal como cuando él y Ron se metían en problemas – Fue un placer conocerte Harry… espero podamos seguir platicando más tarde.
Harry asintió y vio irse a las dos mujeres, luego miró su plato aún con tostadas y decidió que ya no tenía apetito, así que se levantó y salió del comedor rumbo al lago. Le vendría bien sentarse bajo su árbol favorito y mirar como el calamar gigante dejaba ver sus tentáculos.
El vuelo desde Roma llegó a la hora estipulada. Hermione esperó sus maletas y luego se encaminó hacia la salida. Miró a ambos lados buscando alguna cara conocida, pero no vio a nadie, pero aunque no esperaba que nadie fuera a recogerla no pudo evitar sentirse dolida y desilusionada.
- ¿Necesita un taxi señorita?.
Asintió y le pasó el carrito con las maletas al hombre y lo siguió a la salida del aeropuerto donde una fila de taxis esperaba a cualquiera que lo necesitara. Se subió en uno, luego de verificar que su equipaje estuviera en el maletero y le indicó al chofer su destino. A medida que avanzaba por las calles de Londres un sentimiento de nostalgia la invadió. Habían pasado tres años desde que se fuera y dejara todo atrás.
- ¿Viene de visita? – le preguntó el chofer mirándola por el retrovisor.
Hermione le sonrió – No lo se…
Draco maldijo y se masajeó la cabeza al tiempo que se incorporaba del piso. El grito de Ron lo había tomado desprevenido y con el susto se había golpeado con mesa.
- ¡Porqué demonios gritas Weasley!
- Lo encontré – respondió Ron entrando a la cocina con un caldero en las manos y con una sonrisa enorme – Estaba escondido en la biblioteca.
- Bien hecho – dijo Draco acercándose y observando el recipiente – Ahora vamos… tenemos que avisar a las chicas.
Ron asintió y luego de cerrar los ojos y concentrarse ambos desaparecieron del departamento de Harry.
Luna había perdido la cuenta de las veces que observó a Ginny pasearse por la sala de su casa como un león enjaulado.
- Deja de moverte, estas mareándome – le dijo, la pelirroja la miró y se sentó junto a su amiga. – Todo va a salir bien Ginny, además Harry está en Howgarts. No va a descubrirlos.
- ¿Cómo crees que reaccione Hermione cuando sepa la verdad? – preguntó.
Luna suspiró y desvió la mirada hacia un punto indefinido – Supongo que se sentirá culpable…
- ¿Harry?... hay luna, no sé si estamos haciendo bien. Tal vez deberíamos dejar que ellos mismos aclaren las cosas.
- Te recuerdo que él quiso hacerlo, pero Hermione no lo escuchó. No creo que ahora quiera hablar con ella. Está dolido Ginny, y con justa razón.
- Espero que esto funcione…
- Vamos… esta no es la Ginny que conozco – se burló Luna - ¿Qué pasó con la pelirroja apasionada y aventurera?... todo saldrá bien.
Unos ruidos en el pasillo las alertaron y se pusieron de pie, justo en ese momento Ron y Draco entraron en la sala, sonrientes.
- Lo consiguieron – dijo Luna besando a Ron en los labios, Ginny hizo lo propio con Draco. – Estoy muy orgullosa de ustedes chicos…
- Esto fue fácil – dijo Draco sentándose junto a su novia en el sofá – y ahora viene la segunda parte de nuestro plan… hacer que Granger vea esos recuerdos.
- Bien, ahora nos toca a nosotras… ¿crees que habrá llegado ya a casa? – preguntó Luna.
Ginny consultó su reloj – Su vuelo llegó hace una hora… debe estar odiándonos por no ir a recibirla al aeropuerto. Bien, vamos. Los veremos esta noche chicos…
- Adiós amor – se despidió Draco con un beso. Ron hizo una mueca.
Hermione se paró enfrente de la que fuera su casa desde su infancia. Miró a ambos lados de la calle, con las maletas a un lado y no pudo evitar una sonrisa nostálgica.
- Bienvenida a casa Herms… - murmuró para sí misma. Buscó las llaves en su bolso y luego de dar con ellas se dirigió a la puerta de madera.
La casa estaba igual a como la recordaba. Las fotografías de su niñez, junto a sus padres, en su primer día de escuela, adornaban las paredes. El aroma a encierro y polvo le llenó los pulmones.
- Habrá que limpiar – dijo una voz a sus espaldas. Hermione se volvió y soltó un grito de pura alegría. Allí frente a ella estaban sus dos mejores amigas sonriéndole y abriendo los brazos para fundirse en un abrazo grupal.
- Te extrañamos mucho – susurró Ginny con la voz emocionada.
Después de ayudarla a desempacar y ordenar un poco la cocina, se prepararon una taza de humeante café y se acomodaron en la sala para charlar.
- Sentimos no ir al aeropuerto… pero teníamos que hacer algo importante – se disculpó Luna.
Hermione dio un sorbo a su taza y negó con la cabeza – En realidad ni siquiera esperaba que se acordaran de que llegara hoy… mucho menos que vinieran a mi casa para darme esta fantástica bienvenida. Yo… no me fui de la mejor manera.
- Aunque nos hayas abandonado como lo hiciste te queremos Herms… eres nuestra amiga – dijo Luna con la sinceridad que la caracteriza. Sus amigas la miraron y sonrieron.
- Pero no hablemos de cosas que nos lastiman a las tres – se apresuró a decir Ginny cambiando de tema. – Tenemos que hacerte una invitación Herms… y no puedes rehusarte. – Hermione las miró interrogante. – Es una cena en casa de mis padres, ya sabes, mamá supo que regresabas y quiere consentirte.
- No puedes decir que no... – le advirtió Luna sonriendo.
- ¿Quieres irán? – preguntó la castaña.
Ginny y Luna se miraron, pensando que lo que de verdad quería saber es si Harry iría. Fue Luna quien contestó. – No irá Harry si eso te preocupa.
Hermione no pudo evitar desilusionarse un poco. – De acuerdo, iré. Me dará mucho gusto ver a tú familia de nuevo Ginny.
- Fantástico – saltó la pelirroja emocionada.
Harry estuvo contemplando el lago por largo tiempo, era uno de sus pasatiempos favoritos. Cada vez que visitaba el colegio se pasaba horas allí sentado bajo la sombra de los árboles mirando las tranquilas aguas. Cerró los ojos y dejó que la brisa le acariciara el rostro. Desde lejos el sonido de las risas y las conversaciones de los alumnos que estaban en sus horas libres le llegó como un susurro.
Unos pasos a su espalda lo hicieron abrir los ojos y volverse. La profesora de defensa que había conocido en la mañana se acercaba a pasos relajados hacia donde estaba. Harry se levantó despacio y la saludó con la mano. Anny le devolvió el gesto.
- No sabía que estarías aquí – le dijo cuando estuvo junto a él – Siempre vengo a esta parte del lago para estar un rato tranquila antes de volver a clases.
- ¿Los alumnos te dan muchos problemas? – le preguntó.
Anny le sonrió – No creo que más de los que dabas tú cuando estudiabas aquí – le dijo. – He escuchado rumores de que eras un niño muy travieso Potter. – Harry soltó una carcajada. Anny se sentó en el césped y él la imitó, estuvieron unos minutos en completo silencio hasta que la mujer volvió a hablar. – ¿Te quedaras a cenar?.
Harry la miró, era bonita, se dijo, y agradable estar con ella. Quizá, pensó, era tiempo de dejar los recuerdos atrás. Que Hermione hubiera vuelto no quería decir que hubiera regresado a su vida. – Claro… - respondió – Me quedaré a cenar.
La profesora le brindó una tímida y cálida sonrisa y Harry notó un brillo de emoción en sus ojos. Se quedaría a cenar, y tal vez, mandaría un mensaje a Londres, a sus amigos, para informar que se tomaría una semana de vacaciones y se quedaría en Howgarts.
Notas:
Hola, acá el segundo capítulo de la historia… como ven Harry ha tomado una decisión… ¿Correcta o no? Eso lo sabremos más adelante…
Prometo subir el tercer capítulo cuando antes…
Gracias…
Lo olvidaba… Los personajes no me pertenecen… lamentablemente ¬¬!
Nos vemos pronto… y gracias por sus comentarios…. Me animan a seguir jeje
