Capítulo 7: El hombre del bar
Para la completa sorpresa de Ron su ahora cuñado aceptó de buena gana el plan de las chicas de unir a Harry y Hermione nuevamente. Se suponía que sus esperanzas residían en que Draco las hiciera entrar en razón, que con su calma y frialdad de siempre las pusiera en su lugar y les ordenara no hacer absolutamente nada, pero al parecer el matrimonio le había ablandado el corazón porque en cuanta Luna y Ginny le contaron de sus planes puso cara de maldad y les aseguró que las ayudaría en todo lo que necesitaran. Y ahora, él no solo tendría que soportar a su hermana y su novia sino que también los planes "malvados" de Draco, que pese a los años pasados, aún conservaba sus rasgos de buen Slitheryn.
- Cambia esa cara Ronald, no estamos haciendo nada malo. – le dijo Luna sentándose junto a él en el viejo columpio del jardín.
Ron la miró un momento y luego volvió a fijar la vista en el cielo cubierto de estrellas que los acompañaba. Pasaron varios minutos sin que ninguno de los dos dijera nada, hasta que el pelirrojo habló, con voz pausada y cargada de sentimientos. – Si las cosas no salen como esperan ¿quién crees que tendrá que reunir los pedazos de mis amigos otra vez? – le preguntó con amargura.
Luna palideció, había estado tan entusiasmada en su plan que no se había puesto a pensar en que tal vez su plan no diera los resultados esperados, que fallara y otra vez entrarían en ese circulo vicioso de depresiones, tristezas y angustias. Porque ahora, luego de escuchar las palabras de Ron, supo que si esta vez las cosas no salían bien Harry y Hermione no lo soportarían. Y por ende, Ron Weasley, el hombre que amaba, tampoco.
- Lo siento – dijo en voz baja. – No pensé en tus sentimientos. Pero entiende Ron, es la única posibilidad de que las cosas sean como tiene que ser.
- Las cosas son como deben ser ahora Luna, en este momento. Acabas de hacer un milagro con Hermione, y Harry está bien con su novia, es feliz, y con un poco de suerte ella también lo será. Pero para eso tienen que dejar que las cosas pasen sin que tengan que interceder. Fui yo quien los vio destrozados a ambos, a quien llamaba Harry cuando Herms lo dejó, fui quien acompañó a Hermione al colegio hace tiempo y luego tuve que consolarla a ella cuando él no quiso ni verla. No quiero pasar por todo esto de nuevo Luna…
La rubia tragó con fuerza el nudo que tenía en la garganta. Las cosas no serían así de nuevo, no sabía por qué, pero estaba segura de que ahora todo sería diferente. – Ron escucha… ellos se aman, tiene que estar juntos. No sé que va a pasar más adelante, pero no puedo quedarme de brazos cruzados viendo como se alejan más y más sabiendo lo que sienten el uno por el otro. Se aman Ron, desde que tenían once años que lo sé y no voy a dejar que por orgullo se separen para siempre.
- Tienes razón… - murmuró entonces él poniéndose de pie, Luna lo imitó. – Ellos se aman desde que hace mucho tiempo, pero tengo miedo Luna, de que si ellos vuelven a estar juntos pase algo que los aleje de ellos mismos y de nosotros… que los pierda.
- Eso no va a pasar amor… confía en mi – susurró abrazándolo por la espalda.
- Confío en ti Luna… confío en ti ahora y lo haré siempre – dijo y se volvió para capturar los labios de su novia.
Quizás no fuera una mala idea después de todo, pensó mientras se encaminaban hacia la casa nuevamente, si hacían bien las cosas podrían devolverles la felicidad real a sus amigos, que estuvieran juntos y que jamás volvieran a separarse.
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Hermione se levantó con un fuerte dolor de cabeza, producto de una noche de juerga. No se arrepentía de ir, Luna y Ginny la habían convencido de que salieran de fiesta para animar a la pelirroja ya que no había podido partir de luna de miel con Draco por problemas de este en el trabajo, posponiéndola indefinidamente.
- No importa tanto… lo que íbamos a hacer allí lo podemos hacer en el departamento o en cualquier parte – había dicho Ginny desenfadadamente mientras pedían otra ronda de tequilas.
Hace mucho que no se divertía tanto, pensó, además y no sabía como, hasta el lugar también llegaron Fleur, Isabella y Tiffany, las novias de Charlie y George, a quien conoció en la boda de su amiga. Eran unas chicas muy simpáticas y amistosas.
- Lo juro, desde hoy el tequila es un trago de mi lista negra – murmuró mientras se hacía un café cargado. Era lo que necesitaba para despertar ya que dentro de una hora debía reunirse con Luna en un restaurante para almorzar. No entendía muy bien aún el motivo oculto que tenían sus amigas en que saliera tanto, pero lo agradecía de todos modos. De cierta forma, desde que habló con Luna y esta la hizo darse cuenta de lo que estaba haciendo con su vida, había tomado la decisión de dar un vuelco y olvidarse del pasado de una buena vez.
El teléfono la sacó de sus pensamientos en ese momento. Hizo una mueca por el ruido ya que se le partía la cabeza, pero se obligó a levantarse y descolgar el endemoniado aparato.
- Diga…
- ¿Hola? ¿Es Hermione Granger? – contestó una voz de hombre, terriblemente profunda.
- Si… ella habla ¿quién es?.
Se hizo un silencio de segundos antes de que volvieran a hablar. – No creo que me recuerdes, soy Edward, nos conocimos anoche en el bar… y bueno, me aproveché un poco y te pedí tú número…
Hermione se quedó fría, recordaba vagamente haber conversado con un chico alto y guapo en la barra mientras perdía, para variar, otro tequila, pero no se acordaba de haberle dado su número de teléfono. Mataría a sus amigas por haberla embriagado hasta la inconciencia.
- Lo siento…. Creo que te he incomodado. – se disculpó el chico al otro lado de la línea.
Parecía sincero en su disculpa, pensó. – No te preocupes, la que lo siente soy yo, no estaba en mis cinco sentidos anoche y no recuerdo muchas cosas.
Edward rió. – No bailaste encima de la mesa si eso te preocupa. Escucha, no me gustaría mucho invitarte a almorzar…
La proposición la dejó sorprendida, pero se alegró, si quería empezar a dejar el pasado atrás quizá la llegada de una nueva persona a su vida era justo lo que necesitaba. – Me encantaría. Dime donde y a que hora.
Quedaron para dentro de dos horas, llamó a Luna para cancelar su almuerzo y le explicó brevemente sobre la inesperada llamada. Su amiga se mostró gustosa y dichosa, ella también recordaba al chico, alto, guapo, simpático y de buen cuerpo, dijo riendo. Cuando cortó con su amiga la invadió una sensación de inesperada angustia, pero se obligó a ocupar su mente en otras cosas más alegres, como que se pondría y como se arreglaría el cabello.
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Harry miró a Luna saltar mientras hablaba por teléfono y miró a Ron con curiosidad, su amigo simplemente se encogió de hombros.
- Anoche salieron a un bar – le explicó restándole importancia. – Llegó a las cuatro de la madrugada y ¡mírala!, fresca como una lechuga.
- Hermione canceló nuestro almuerzo – dijo cuando se acercó a ellos con una sonrisa radiante. Harry experimentó una sacudida en el estómago cuando se mencionó a la castaña.
- Me lo imagino… con tremenda borrachera debe estar muriéndose de la resaca y el dolor de cabeza. – dijo Ron sonriendo.
Luna negó con la cabeza. – Al contrario, me llamó para cancelar porque acaba de invitarla un chico guapísimo que conoció anoche en el bar. Su nombre es Edward y está de ensueño… - Ron frunció el ceño y ella le dio un beso en los labios. – No te preocupes, a mi me gustan los pelirrojos y Edward es rubio.
Ambos se dieron otro beso y vieron como Harry se ponía de pie. – Lo siento chicos, pero no puedo quedarme más tiempo, debo ir por Anny.
Salió de casa de sus amigos tan deprisa como puso. ¿Hermione había conocido a alguien? ¿Un hombre de ensueño?... bien por ella, se dijo, eso era lo que debía hacer, seguir con su vida como lo estaba haciendo él. Demonios, a él no tenía que importarle que ella saliera con otros hombres, no eran nada, ni siquiera amigos como para ir y reprocharle. Él le había dicho que rehiciera su vida y era lo que estaba haciendo. ¿Entonces porqué sentía esa opresión en el pecho y el nudo en la garganta?.
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- Lo de "hombre de ensueño" fue para molestar a Harry ¿verdad? – preguntó Ron entonces jugando con el pelo de su novia.
- Claro que si – rió Luna. – Pero es cierto que es guapo. ¿Qué crees que hará Harry ahora?.
- No lo sé, pero por su cara y la manera en que se fue creo que le afectó saber que Hermione conoció a alguien.
- Resultará Ron… estoy segura de que esta vez si resultará.
- En cierta forma este tipo nos ayudará ¿verdad?. No tendremos que sondear en el ministerio y buscarle un pretendiente a Herms. El tal Edward vino a aparecer justo a tiempo.
Luna asintió. Era cierto, el plan había sido irse de fiesta, que la castaña se distrajera y bajara la guardia con respecto a conocer gente nueva, especialmente hombres, y después, cuando ya tuvieran un candidato se lo presentarían a Hermione y así despertar los celos de Harry. Pero no había sido necesario. Edward había aparecido justo a tiempo, como dijo Ron.
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Hermione llegó al restaurante con cinco minutos de retraso, todo porque Ginny la entretuvo más de la cuenta en el teléfono ya que la pelirroja se enteró de su inesperada cita con el misterioso y atractivo hombre del bar.
Cuando entró el restaurante buscó con la mirada alguna mesa ocupada solo por una persona, pero no vio ninguna. Si tan solo recordara como era el rostro de aquel chico la búsqueda sería más fácil, pero no era así. Su mente solo recordaba vagos recuerdos de unos ojos profundamente azules y una sonrisa encantadora, pero nada más.
- Estaba esperándote – dijo entonces una voz profunda y suave a sus espaldas. Ella se volvió sobre sus talones para encontrarse con un atractivo rubio que la mirada con una sonrisa estampada en la cara. – Pero iremos a otro sitio, por eso no te esperaba en una mesa.
- No hay problema… lamento el retraso – se disculpó aún afectada por la profundidad de esa mirada. Era un hombre muy atractivo, de eso no cabía duda. Se felicitó por su suerte de flirtear con un príncipe y no un sapo.
Salieron a la calle, bañada por un sol de verano reluciente. Edward le tomó del brazo y la encaminó a un auto negro estacionado a pocos pasos del restaurante.
- ¿Y dónde me llevarás? – preguntó cuando iban por la carretera.
- Pensé que como es nuestra primera cita tenía que ser especial. Anoche me dijiste que te gustaba mucho la comida italiana y pensé en un buen restaurante de un amigo donde hacen unas pastas realmente exquisitas.
- ¿Te dije eso?... ¿y qué más te confesé? – preguntó un poco sorprendida de que se acordara de ese detalle y que le diera en el gusto.
- No mucho la verdad – respondió sonriendo y mirándola de reojo. – Si te soy sincero me constó mucho saber tu nombre… tuve que recurrir a ciertos trucos.
- ¿Trucos? - Hermione arrugó el ceño - ¡Eres mago! – exclamó de pronto. Edward sonrió. - ¿Me leíste la mente o algo así?.
El chico se encogió y se ruborizó por la vergüenza, Hermione lo miró escandalizada pero inmediatamente se puso a reír, Edward pareció relajarse. – Lo siento en verdad, pero sólo lo hice para saber tu nombre… te juro que no vi nada más. Además lo de la pasta se te salió entre tequila y tequila… no tuve que usar magia para saberlo.
Siguieron el camino entre risas y cómodos silencios. Cuando llegaron Hermione se quedó maravillada por el restaurante. Era antiguo y acogedor y dentro se respiraba la paz y privacidad que en otros lugares era imposible.
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Harry llegó al restaurante "La bella Rose" a tiempo para reservar una mesa y esperar en un rincón la llegada de Anny. No había planeado verse con ella ese día ya que él tenía ganas de estar con sus amigos y ella un par de reuniones con viejas amigas de la escuela, pero necesitaba verla, distraer su mente de los pensamientos que lo atormentaban desde hace rato, específicamente desde que Luna anunció, sonriente, que Hermione tenía una cita con un tipo que apenas había conocido la noche anterior, en un bar. Por Dios, es que su amiga no había tratado de persuadirla siquiera de no verlo, de que podía ser peligroso verse con un hombre que había conocido hace unas horas. Habría querido ir a la casa de Hermione y hacerla entrar en razón, pero no podía, porque ya no eran amigos, se recordó con amargura, no tenían ningún tipo de relación. Por eso había llamado a Anny, pidiéndole que almoraza con él en aquel restaurante que tanto le gustaba a ambos, porque necesitaba imperiosamente desconectar su mente de esos pensamientos. Se sintió un gusano cuando le habló, sabía que la estaba utilizando, pero ella era la única que lograba que se olvidara, aunque fuera por momentos, de la mujer que amaba.
Mujer que acababa de entrar por la puerta del restaurante, tan hermosa como siempre, del brazo de un rubio de dos metros y sonriéndole.
Se le hizo un nudo en el estómago. Era como una pesadilla, porque justo después entró Anny alzando la mano y pasando por el lado de ellos, y llamando la atención de los recién llegados.
Hermione vio pasar a la chica, que le hizo familiar y se fue en dirección a una mesa del rincón. Fue entonces cuando lo vio, miel y esmeralda se conectaron y el mundo pareció detenerse para ambos.
Harry miró a Hermione y vicevesa y entonces, sin saber como ambos supieron que seguían sintiendo lo mismo que hace años, porque como siempre, sin palabras, con la mirada se dijeron todo.
Notas.
1.000.000 de perdones por no subir el fin de semana como prometí, pero lo subo ahora… Besos y mil gracias por todos sus comentarios.
Cuídense mucho niños….. los quiero!
