Capítulo 7:

Capítulo 8: Confusión

Cuando Harry salió del restaurante, con la excusa de haber dejado su cartera para pagar la cuenta en el auto, paseó nervioso la vista por la transitada calle para divisar por dónde se habían ido Hermione y su cita, pero para su mala suerte no los vio por ninguna parte. Resignado y con el humor a flor de piel entró de nuevo y se dejó caer en la silla, Anny lo miró con curiosidad.

- ¿Estás seguro de que te sientes bien cariño? – le preguntó.

No, pensó él, no se sentía nada bien, porque se estaba comportando como un idiota celoso de la mujer que no debía, de la que se suponía había enterrado en lo más profundo de sus recuerdos. – Si… un poco cansado, es todo – mintió y se sintió mucho peor por eso. Anny no se merecía que él estuviera de mal humor por culpa de Hermione y su atractivo y estúpido acompañante. - ¿Nos vamos ya?, quedé de ver a Draco en su casa, ¿quieres venir conmigo?.

Anny negó – Lo siento, pero no puedo. Tuve que cancelar una cita con mi peluquera para venir acá y la corrí para dentro de treinta minutos – dijo mirando su reloj de pulsera. – Y luego tengo que volver a Howgarts, mañana hay clases y ayudaré a la profesora Sprout con unas plantas.

Se despidieron con beso en los labios y se fueron por caminos separados. Lo de la cita con Draco era una excusa para poder estar solo, pensar y aclarar su mente. Con esa idea llegó a su departamento y después de sacar una lata de cerveza fría se sentó en el cómodo sofá.

Tenía las emociones revueltas, por un lado no podía sacarse la imagen de Hermione colgada del brazo de aquel hombre, sonriente y hermosa, y de cómo por el lapso de segundos sus miradas se encontraron y el mundo entero desapareciera de su alrededor, pero por otro lado se sentía un canalla por estar pensando en eso, en cierto modo estaba traicionando a Anny y eso lo hacia sentir mucho peor.

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Luna no podía estar de mejor humor, después de la cita de Hermione con Edward, tres días atrás Harry no paraba de ir a su casa, con las excusas más desesperadas con tal de sacarles a ella o Ron algo de información sobre el nuevo "amigo" de ella. Y eso era una buena señal, porque dejaba ver que no le era indiferente el nuevo rumbo que estaba tomando la vida de Hermione. En realidad para nadie era indiferente, porque Edward había logrado en tres días lo que ellos no lograron en meses, que volviera a reír, estar alegre y con ganas de vivir, era un logro que merecía la pena valorar, pero aunque el tipo era buena gente, atractivo, tierno y lo que toda mujer soñaba en un hombre no era el indicado para su amiga, porque aunque no lo reconociera y dijera a los cuatro vientos que Edward era encantador y lograba que olvidara a Harry, Luna sabía que no era cierto, porque cada vez que se mencionaba al auror a ella se le iluminaban los ojos de pura ilusión.

No quería que Edward sufriera, porque en poco tiempo se había ganado su aprecio, pero estaba en juego la felicidad de sus amigos y en consecuencia también la de su novio. Ron añoraba volver a verlos juntos, y si dependía de ella que el sueño del hombre que amaba se cumpliera haría todo para conseguirlo.

- Es un buen plan – dijo Ron cuando le comentó de sus intenciones. Aún no estaba del todo convencida, pero era un paso que debía darse. - ¿Pero crees que Harry querrá ir?.

- Creo que en el fondo se muere de ganas por verla – contestó sonriendo. – Desde que supo que Herms está viendo a alguien no hace más que tratar de sacarnos información ¿o no te has dado cuenta?.

Ron le acarició la mejilla – Claro que si… hoy incluso fue a mi oficina con la intención de revisar un informe y sacó el tema sin que tuviera que forzar las cosas… se está muriendo de celos.

- De eso se trata, de que abra los ojos… aunque me da un poco de pena Anny. Ella está muy enamorada de Harry, Ron.

- Y Edward muy entusiasmado con Hermy… son heridos de guerra ¿no? – dijo. Luna asintió. – De acuerdo, ahora ve a llamar a mi hermana…

No tuvo que repetírselo, inmediatamente se puso de pie y se dispuso a llamar a su cuñada. Diez minutos después ambas mujeres tenían todo listo. Aquella sería una noche crucial para su plan. Solo esperaba que todo fuera sobre ruedas.

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Cuando Ginny colgó el teléfono, con una radiante sonrisa en el rostro, Draco suspiró, ese era un indicio de que su esposa y Luna habían ideado otra artimaña. Por primera vez pensó si Ron no había tenido la razón al tratar de impedir que aquellas dos mujeres se interpusieran entre sus amigos y las hicieran de celestinas y de paso los arrastraran a ellos. En su minuto lo vio como algo entretenido, en parte por llevarle la contraria a Weasley también porque aún se sentía en deuda con Potter por su ayuda cuando decidió que estaba enamorado de Ginny. Harry lo había apoyado e incluso defendido de los ataques de su ahora cuñado cuando decidió decirle lo de su relación con su hermana pequeña. Con una sonrisa recordó que casi le da un ataque y que luego de recuperar el conocimiento lo persiguió, varita en mano, por todo le ministerio. Gracias a Potter y Granger Ginny le había dado la oportunidad de acercársele y ganarse su confianza. Ellos estuvieron allí para darle su apoyo moral cuando se decidió a pedir delante de toda la amenazadora familia Weasley la mano de la pequeña pelirroja que se había ganado su frío y duro corazón.

- Iremos a pasear cariño – canturreó Ginny entonces sentándose en sus piernas y besándolo en los labios. La amaba, pensó, la amaba tanto que haría lo que fuera por ella, incluso ayudarla con sus locos planes y posponer su luna de miel por ellos. – Luna llamo, nos reuniremos todos en el bar de siempre para tomar unas copas.

- Supongo que será la disimulada forma de que Harry y Hermione se encuentren ¿verdad?. – preguntó, divertido ante la cara de niña "buena" que puso su esposa.

- Llamaré a Harry ahora…

- ¿No puedes esperar…. Digamos… una media hora? – preguntó en tono sugerente.

Ginny se sonrojó, pero asintió de todas formas y le pasó los brazos por el cuello a Draco dándole un beso profundo y cargado de pasión. Draco se puso de pie, aún con ella entre los brazos y entre risas, suspiros y risas se fueron hacia el dormitorio. Media hora, pensó Ginny riendo, eso era ser demasiado optimista.

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El teléfono sonó y Harry se apresuró a contestar, en toalla y el pelo mojado. Quien fuera que lo estaba llamando lo había hecho en el peor momento, sacándolo de la relajante ducha que estaba tomando.

- No puedes decir que no – fue lo primero dijo Ginny al otro lado de la línea cuando descolgó. Harry frunció el ceño. – Nadie se ha negado.

- En español Ginny… - suspiró mientras se frotaba el pelo con una toalla.

- Oh, lo siento… mi marido tuvo la genial idea de que nos reunamos a tomar algo en el bar que está cerca de nuestra casa. Ron y Luna han dicho que si…. Puedes traer a Anny si quieres.

- ¿Sólo seremos nosotros cinco? – preguntó curioso, tenía un presentimiento.

Se hizo un silencio al otro lado de la línea, y la pregunta del pelinegro quedó respondida de inmediato.

- Puedes traer a Anny – sugirió entonces Ginny con entusiasmo.

Harry lo pensó por un momento, no estaba seguro de que fuera una buena idea, sobre todo con la confusión que tenía en la cabeza, pero también estaba el deseo de ver a Harmione otra vez, aunque fuera del brazo de su actual "amiguito".

- De acuerdo, hablaré con Anny y nos veremos en unas horas.

Luego de colgar se vistió con unos jeans desgastados y una camisa negra y una vez que decidió que estaba listo se concentró en los jardines de Howgarts y desapareció.

Cuando abrió los ojos nuevamente estaba en los jardines, y el castillo se alzaba ante sus ojos iluminado por las luces de las ventanas, pensó que Anny y los demás debían estar en el gran comedor cenando, así que suspiró y se resignó a esperar en las escaleras de la entrada. No quería interrumpir la cena, para que los alumnos se alzaran para poder verlo y que Anny se sintiera incómoda por su inesperada visita.

Miro hacia los límites del bosque prohibido y recordó, como si hubiera sido ayer, las veces que él y Hermione estuvieron entre esos árboles corriendo peligros. Se estremeció al imaginar que en una de esas oportunidades pudo haberla perdido, a manos de los centauros, las arañas gigantes o el hermano gigante de Hagrid. Había pasado por cientos de peligros con ella, fiel a su lado y queriéndola un poco más cada vez, sin darse cuenta sino hasta muchos años después que sería la única mujer de su vida.

Pero todo cambio gracias a una mentira de Cho Chang, justo cuando pensó que no podía ser más feliz, porque Hermione había aceptado convertirse en su esposa, todo se había ido a la basura horas más tarde y ella, dolida y destrozada, lo había abandonado yéndose a otro país, dejándolo solo y sin un futuro a su lado.

Y ahora ella sabía la verdad, que nunca la engañó y que todo había sido un embuste de una mujer despechada y llena de rencor. Y fue allí, al colegio, en cuanto se enteró, a pedirle perdón, ¿y qué hizo él?, la trató como si no existiera. Pero después, y gracias a los consejos de sus amigos, la había perdonado y dicho que siguiera con su vida. Maldición, eso era lo que estaba haciendo, se dijo, estaba siguiendo el consejo que el mismo le había dado, y aquel tipo había llegado a su vida justo en el momento preciso para enseñarle como debía hacerlo.

Él no tenía derecho a reclamar nada, porque estaba haciendo exactamente lo mismo que ella, con Anny podía tener un futuro, una familia y ser feliz, y Hermione podía hacer lo mismo con Edward. Pero aunque se dijera eso una o mil veces sabía que no era cierto, porque aunque ambos siguieran con su vida por separado, el amor que sentía por Hermione aún, y que había tratado de enterrar en lo más profundo de su ser, seguiría intacto hasta el final.

"Voy a amarte siempre", le había dicho en una ocasión, justo después de haber pasado su primera noche juntos, y Hermione con lágrimas en los ojos le había respondido de la misma manera. Iba a amarla siempre, aunque ahora más que nunca, no pudieran estar juntos.

- ¿Qué estas haciendo aquí? – preguntó una voz a sus espaldas, sacándolo de sus pensamientos.

Harry se volvió y se puso de pie, le sonrió a Anny y se acercó para darle un beso en los labios como saludo. – Vine a hacerte una invitación. – le dijo. - ¿Puedo secuestrarte unas horas?.

Anny le sonrió con ternura – Puedes… sólo deja que me cambie de ropa.

Se metió de nuevo en el castillo y Harry suspiró, Anny no se merecía que siguiera enamorado de Hermione, que la amara aún como un idiota, y haría todo lo posible por sacarse a la castaña del corazón.

Pero su juramento no duró mucho, porque al entrar con Anny al bar el corazón se le contrajo y se le formó un nudo en la garganta, Hermione estaba allí, sonriendo a Edward y charlando animadamente con sus amigos.

- Buenas noches – saludó Anny cuando se acercaron a la mesa.

Hermione levantó la mirada al escuchar el saludo y se estremeció, frente a ella, mirándola de una forma intensa estaba Harry, tan apuesto como siempre y tomando la mano de su novia. Sintió una opresión en el pecho, pero se obligó a concentrarse en otra cosa que no fueran esas sensaciones. Ella estaba con Edward, un chico guapo, simpático y galante que la hacía reír y pensar en un futuro. Estaba rehaciendo su vida, tal como Harry le había aconsejado aquella vez, no iba a dejar que el sentimiento de culpa la invadiera otra vez.

- Hace mucho que nos reuníamos todos – dijo Luna en tono alegre. Los demás asintieron. – Propongo un brindis, por este maravilloso reencuentro.

Todos chocaron sus copas. Ron miró de reojo como Harry no apartaba la mirada de Hermione y como ella se mordía el labio inferior de forma nerviosa, se preguntó si no habría sido mejor dejar esa reunión para más adelante, las heridas aún estaban abiertas y por la manera en que se miraban pensó que en cualquier momento se abalanzarían uno encima del otro para besarse con desesperación.

Draco también se había dado cuenta de la situación al igual que su esposa, que no paraba de mirar, como en un partido de tenis, a uno y otro de sus amigos, grabando cada detalle y gesto. Luna en el otro extremo de la mesa hacia lo propio. Los únicos que parecían no darse cuenta de nada eran Edward y Anny, que habían entablado una conversación acerca de cómo habían conocido a sus respectivas parejas actuales.

Justo cuando Luna iba a decir algo para relajar un poco el ambiente la puerta del bar volvió a abrirse y ante la átonita mirada de todos entró, envuelta en un fino abrigo de piel, nada más y nada menos que Cho Chamg, la mujer que había arruinado la vida de Harry y Hermione.

N/A. Hola…. Merezco que me traten mal y me tiren tomates o lo que tengan a mano. Pero actualicé y es lo que importa o no? Jajjajaajjaja

Bueno, espero que les haya gustado el capítulo… un besito para cada uno y mil gracias por sus comentarios…..