Diclaimer: Naruto no es de mi propiedad.
Advertencia: Medio lime
Lo odiaba, pero el deseo era irresistible. La tentación era un hombre llamado Itachi y Deidara siempre había sido demasiado débil como para resistírsele. Podría odiarle, pero había muchas maneras de demostrar el desprecio y aquellos encuentros eran su forma de hacerlo. Ya fuera en la tierra, como animales, o en una cómoda habitación (ya fuera en las suyas o en las de algunas de sus víctimas, generalmente con el cadáver aún fresco. A Deidara le gustaba más así). Sus caricias no eran tal, eran brazos que buscaban romper al otro, uñas que rasgaban la piel y abrían cortes; heridas que dolían y no les importaba, pues el otro también sufría. Sus lenguas jugaban a odiarse en un acto que supuestamente era para amarse.
¿Pero quién necesitaba amor, cuando lograba lo mismo –y mejor- con la saña volcada en el otro?
Deidara no lo necesitaba, Itachi tampoco.
