Un petit peu d'information, s'il vous plait

Tachibana no había dejado de lanzarle miradas preocupadas a través del espejo retrovisor. Kyouya veía venir una charla sobre los peligros de las mujeres y las consecuencias que podían tener éstas para alguien de su alcurnia.

-¿Qué estás pensando, Tachibana? –le preguntó, harto de sus miraditas.

-Sólo me preguntaba… si tiene usted algún tipo de interés especial en Fujioka Haruhi.

-¿Tienes tú especial interés en saberlo?

-Yo no –dijo Tachibana – Pero su padre sí.

Los ojos de Kyouya se fijaron en el asiento del copiloto, abstraídos.

-¿En qué sentido?

-Más de una vez le he oído comentar que le gustaría arreglar un matrimonio entre los dos.

La sonrisa de Kyouya no tenía ni pizca de humor.

-Que propio de él querer "arreglar" todo lo que concierne a la familia – permaneció unos minutos en silencio – En cuanto a tu pregunta, mi interés en esa chica es escaso. Estoy más pendiente de su deuda con el Club que de ella.

-Al menos esa es la versión oficial, ¿no?

-Últimamente te pasas de listo, ¿lo sabías?

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Haruhi miró el esquema que le habían proporcionado, pensativa.

-¿Qué se supone que tengo que hacer con esto? –preguntó. Kyouya puso los ojos en blanco y tomó la hoja en sus gráciles dedos.

-Es una lista de fuentes de información. Creo que lo más conveniente es que empecemos por los testimonios familiares, luego pasemos a amigos y compañeros, y así sucesivamente.

-Pues a mí me parece que tendríamos que dedicarnos primero a las tesis y los ensayos.

-Eso después. Primero escucharemos experiencias y leyendas urbanas, y luego las corroboraremos a través de una fuente teórica y científica.

Haruhi se encogió de hombros y guardó el esquema en su carpeta.

-Cuando tenía doce años salí corriendo para ahorrarme una charla sobre "los chicos y sus perversiones lúbricas", cortesía de mi padre. No quiero imaginarme lo que tendré que soportar si le pregunto abiertamente sobre el tema…

-Le harás muy feliz, seguro –ironizó él, tecleando unos datos en el ordenador.

-¿Con quién vas a hablar tú?

-Con mi padre seguro que no. Creo que le preguntaré a Fuyumi, será interesante contar con la experiencia de una mujer. Un poco violento, porque mi hermana tiende a dramatizar en lo que a mí se refiere, pero podré soportarlo.

-Por lo menos tienes una figura femenina en casa. Ya me la podrías prestar algún día.

-Te la alquilo, si quieres –dijo él, con la vista fija en la pantalla, pero sonriendo.

-Déjalo, senpai.

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-¡Ara, ara, ara, Kyouya-kun…!

Kyouya se encogió un poco cuando su hermana le agarró por los hombros y le miró con ojos brillantes. Era la reacción que había esperado, pero… seguía siendo condenadamente abochornante.

-Claro, después de todo, ya eres un hombrecito, ¿ne? Es normal que sientas curiosidad por estos temas. A ver…¿por donde empiezo? Supongo que lo más importante es que estés enamorado de la chica.

-Discrepo. Creo que hoy en día eso es bastante menos importante. De hecho, la inmensa mayoría de encuentros sexuales se llevan a cabo por la mera atracción física. Y, en ocasiones, ni eso.

Fuyumi podía sentir los grados bajando en picado. La atmósfera estaba a bajo cero.

-Eh… Bueno, no es que no tengas razón, pero…

-Por favor, continúa –dijo él, deteniendo su balbuceo.

-En fin, lo segundo más importante sería la protección. Tienes que saber la correcta…

-Recibimos un cursillo en el instituto sobre riesgo sexual y enfermedades venéreas. Sé todo lo que tengo que saber sobre protección, desde la teoría hasta la composición del látex, así que, por favor, pasa a enumerar tus experiencias. Es lo que más me interesa.

-…

-No te avergüences, escucharé atentamente.

-Yo… creo que… Bueno, sobre todo tienes que ser amable con la chica, y tener especial cuidado si es… la primera vez para ella, porque ir muy deprisa puede ser doloroso.

Fuyumi se sobresaltó al escuchar el claqueteo de las teclas del portátil de Kyouya.

-Espero que no te moleste que tome unas cuantas notas.

Ella negó con la cabeza, pero no las tenía todas consigo. Había planeado una charla entusiasta, llena de referencias al amor, al cariño y al enamoramiento. No estaba preparada para ser sometida a una entrevista formal sobre el apareamiento humano.

-Fuyumi –dijo él, sobresaltándola.

-¿Sí, Kyouya-kun?

-¿Qué es lo que tengo que hacer para complacer a una mujer?

Definitivamente, no estaba preparada para eso.

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-¡Haruhiiiiiiii! ¡No sabes lo feliz que me hace esa pregunta!

"-Un punto para ti, Kyouya-senpai" –pensó ella. Aguantó el bamboleo emocionado de su padre durante unos minutos, pero tuvo que salir de su abrazo de oso para respirar e insistir.

-Bueno, ¿va a hablarme sobre el tema?

-Primero: que-nadie-te-toque-hasta-el-matrimonio. ¿Entendido? –inclinó la cabeza hacia un lado, con toda la amabilidad de la que carecían sus palabras.

-¿Eeh? –dijo Haruhi, frunciendo el ceño – Yo estoy hablando de relaciones extra maritales, nada de matrimonio.

-¡Nadie va a tocar a mi niñita hasta que me la arranque de las manos un sacerdote! ¡Nadie!

En esos momentos Ranka podía superar a Renge en su modalidad "Medusa". Haruhi se levantó y apoyó las manos en la mesa con fuerza.

-De acuerdo, saldré a la calle y empezaré a tener relaciones sin ningún conocimiento, sólo porque mi padre se ha empeñado en comportarse como una monja gazmoña.

Empezó a andar hacia la puerta, pero su padre se le enganchó a la pierna y la miró con una determinación algo… terrorífica.

-Vale, tú lo has querido.

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-¿Estás bien, Haru-chan?

Hani miró con preocupación la pálida sombra de sí misma que era Haruhi. Ella le miró y trató de sonreír, pero sólo le salió una mueca.

-Estoy bien, no te preocupes… -se marchó con paso vacilante hasta donde estaba Kyouya, charlado con unas clientas.

-Te veo fatal –le dijo él, cuando las chicas se marcharon - ¿Tan mal fue la charla con tu padre?

-Fue nefasta –dijo ella, con un hilo de voz – Demasiada… información.

Imágenes varias sobre raras especies de hongos que habitaban zonas de su cuerpo que ni siquiera conocía invadieron sus recuerdos. Un escalofrío le recorrió al enumerar los cientos de infecciones que uno podía pillar en, según las palabras de Ranka, "actos tan ignominiosos".

-Vaya… -dijo Kyouya, sacándola de su estupor - Pues yo no saqué mucho en limpio de mi conversación con Fuyumi. Se pasó media hora balbuceando y otra media sonrojándose. La dejé irse en un acto de piedad.

-Lo de hablar con la familia ha sido un error. Por lo menos teniendo en cuenta las familias que tenemos.

-Bueno, pues pasemos al siguiente nivel: amigos y compañeros de clase.

-No puedes ir por ahí preguntando a todo el mundo sobre sexo. Todo el instituto pensará que eres un pervertido, ¿puede permitirse eso el tercer heredero de la familia Ootori?

Kyouya sonrió lentamente.

-La gente suele mostrarse discreta y complaciente conmigo. Quizá sea mi encanto natural.

"-Quizá sea el tráfico de favores que te traes entre manos"

-Quizá –dijo ella, regresando a sus asuntos.

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Al día siguiente, Kyouya abrió su libreta y revisó los puntos que quería alcanzar a lo largo del día. Sin separar los ojos del papel, abrió un scone y lo untó con mantequilla.

No solía comer mucho en el desayuno, pero últimamente tenía más hambre. Sería porque estaba creciendo. Tal vez su hermana tenía razón con lo de "hombrecito".

Aunque, según Kyouya, él había sido un "hombrecito" desde que tenía memoria. Nunca había necesitado la ayuda de nadie, ni siquiera para sonarse los mocos.

Bueno, como decía Tachibana "esa era la versión oficial".

Iba a costar hablar con Tamaki del tema, seguro que le daba un ataque de turbación, narcisismo e hiperactividad, todo junto.

Suspiró, levantándose de la mesa. Su padre le miró, intentando, infructuosamente, escrutar su mente. Kyouya sonrió educadamente y se despidió con una inclinación.

Su sonrisa se hizo más amplia cuando le dio la espalda a su progenitor. Siempre le había encantado ser un enigma para la familia.

La alegría se desvaneció, reemplazada por una perplejidad creciente.

-¡¡Bonjour, Kyouya!! –Tamaki agitaba las manos como un molino de viento.

-¿Qué haces aquí?

-Hoy Antonniette me ha despertado inusualmente temprano –dijo – Pero, ¡los verdaderos hombres madrugan más que el sol!

Otro suspiro sacudió a Kyouya. Caminó junto a Tamaki hasta el coche.

-Obviamente has dado permiso a tu chófer para que se vaya a casa –Tamaki asintió – Para poder darme la tabarra yendo conmigo al instituto.

Tamaki parecía herido, pero la expresión acongojada le duró exactamente siete segundos. Luego volvió a rodearse de brillitos y de su característico halo de energía constante.

-Hoy tengo grandes planes para el club. Deberíamos hacer cosplay de Go-Rangers, y escenificar alguna pelea heroica.

-No voy a ponerme mallas y un casco, Tamaki –cortó el otro.

-Vamos, Kyouya, peores cosas te has puesto.

-Dime una que supere a los pantalones ceñidos de hule.

Para eso Tamaki no tenía respuesta. Se puso a refunfuñar. Kyouya aprovechó el cuasi-silencio para lanzarse de lleno sobre el tema que le interesaba.

-Tamaki –dijo, mirando distraídamente su libreta - ¿qué sabes del sexo?

-¡¡EEEEEEEEEEEEH?? –Tamaki saltó hacia atrás, pegándose a la ventanilla.

-Buena reacción, te doy un siete sobre diez –dijo Kyouya, sin apartar la vista de su libreta.

-¿Qué-que-que-que…?

-Sexo, Tamaki. Sólo quiero charlar sobre algo que suele preocupar a los adolescentes de todo el mundo. Seguro que hasta tú has pensado en el tema de vez en cuando.

El rubor intenso de Tamaki fue suficiente respuesta.

-Bueno –insistió Kyouya - ¿qué sabes?

-Eh… Usar siempre protección…

-Eso ya lo sé.

-Hay que dedicar mucho tiempo a los preliminares.

-¿Preliminares?

-Ya sabes… Besos… Caricias –Tamaki resucitó por un instante, saliendo de su capullo de vergüenza – Toda dedicación es poca para una dama… bueno, para un caballero también.

-De momento me interesan más las damas –dijo Kyouya, escribiendo a toda velocidad.

Tamaki observó el movimiento del portaminas.

-¿Estás haciendo una investigación de las tuyas, Mamá?

-El trabajo de una madre no tiene fin… ¿En qué consistirían esos preliminares?

Tamaki se lo pensó un poco.

-Lo primero que se me ocurre es tocarle el pecho, ¡pero no! ¡Eso es lo primero que te dictan tus instintos animales, la fijación oral! Hay que concentrarse y prestar atención a zonas más delicadas.

-¿Cómo cuales? –preguntó Kyouya, sonriendo ligeramente. Le alegraba ver al Rey en todo su esplendor, era mucho más didáctico de esa manera.

-El cuello, por ejemplo. Los japoneses siempre han tenido una gran fijación erótica por el cuello, y he de reconocer que es inevitable. Nada se puede comparar a la superficie cremosa de una yugular femenina –sentenció, tocándose la barbilla y asintiendo.

-Entiendo. Sigue otorgándome tu sabiduría, oh, Rey.

Esas eran unas palabras a las que Tamaki no se podía resistir.

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Apretó los puños. Tragó saliva. Dio un paso.

-Hola.

Los gemelos la miraron con una sonrisa y enseguida se enroscaron a su alrededor, Hikaru pasándole el brazo por los hombros, Kaoru acariciándole el pelo (con cuidado, para no revolvérselo, bastante la despeinaba Mori con sus estoicas muestras de afecto).

-¿Cómo está nuestro juguete favorito? –dijeron a la vez.

"-No puedo decírselo ahora…" –pensó ella. Suspiró con fuerza y se escurrió entre los dos hasta llegar a su silla.

Kaoru miró a su hermano por el rabillo del ojo. Hikaru asintió, con una sonrisa malévola. Ambos se agacharon, flexibles como un junco, hasta apoyar la barbilla en los hombros de ella. Haruhi notó todo su cuerpo erizado por la respiración tibia e intencionadamente sensual que acarició sus oídos.

-Me parece que tienes algo rondándote la cabeza –dijo Hikaru.

-Deberías hablarnos sobre lo que te preocupa, Haruhi – dijo Kaoru, acariciando su mejilla con las puntas de los dedos. Haruhi respiró hondo un par de veces.

"-Banzai" –se dijo.

-Me gustaría que me informarais un poco sobre sexo.

Por una vez en la vida, la primera y, seguramente la última, los gemelos se quedaron sin habla. Su silencio se prolongó, además, por la llegada del profesor al aula.

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La clase que habían elegido para almorzar era cálida y bonita. No tenía el toque rococó de las otras, seguramente porque había sido el antiguo despacho del bedel.

A pesar de todo, Haruhi sentía escalofríos. No por miedo, sino porque el nerviosismo que le congelaba las manos se mezclaba con la excitación que la abrasaba de cintura para abajo.

-Has dado con unos expertos.

-Por lo menos en teoría.

-Aunque no hay que olvidarse de la práctica.

-Te daremos un curso rápido.

-Y, si quieres, una demostración lenta.

Ella les apartó, insistiendo en mantener una distancia de cinco metros con ellos mientras durase su explicación.

-¿Qué les gusta a los hombres?

Kaoru alzó la ceja, suspicaz, y Hikaru se ruborizó intensamente.

-¿A qué hombre quieres… agradar? –dijo el menor de los gemelos.

-Al que se presente –dijo ella, ambigua. Hikaru sonrió e hizo crujir sus nudillos, preparándose para la lección.

-Bueno, lo primero que debes saber es que antes de entrar al tema, hay que caldear el ambiente.

-Es importante que te hagas desear –dijo Kaoru – Ejemplo número uno:

-Si estamos en el club…

-…y quiero que Hikaru se acerque…

-…una caída de ojos sugerente es el primer paso…

-…para que, cuando esté a mi lado…

-…no sea necesaria ninguna explicación engorrosa.

Haruhi apuntó mentalmente todo. Era extraño que los gemelos quisieran ahorrar palabras, pero bueno, quizá sus ruidosas demostraciones de afecto fueran sólo una parafernalia para el club.

-¿Y después?

-Mírala, Kaoru, realmente estamos captando su atención –dijo Hikaru, apoyándose en su hermano.

-Bueno, un abrazo sugerente puede ser muy efectivo –Kaoru posó los antebrazos en los hombros de Hikaru, y se dejó caer, lentamente, hasta que su pecho tocó el de el otro.

-Es importante mantener el contacto visual –se miraron durante unos instantes, para que ella se fijara. Se separaron.

"-No sé si sabría comportarme de esa manera… -pensó Haruhi – Lo cierto es que Kaoru es como veinte veces más sexy que yo…"

-Continuad, por favor.

-Lo siguiente sería…

-… un beso, pero…

-…nuestra teoría se adentra aquí en terreno peligroso –dijeron a la vez.

-Puede que se nos vaya la mano con nuestra aplicada alumna –dijo Hikaru, acercándose a ella.

-Todo, por supuesto, para ofrecerle la mejor de las lecciones –añadió Kaoru, situándose junto a su hermano.

Haruhi se levantó, dando la lección por terminada. El interrogatorio de los gemelos terminaba aquí. Tenía que terminar. Era demasiado fácil dejarse arrastrar por el huracán Hitachiin.

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Kyouya salió a uno de los numerosos jardines que rodeaban el recinto escolar. Aspiró el aire fragante de los cerezos en flor y de la hierba húmeda.

-Tachibana –dijo – Ven un momento.

El imperturbable guardaespaldas pareció salir de la nada. Se sentía un poco avergonzado por haber sido descubierto.

-¿Sí, Kyouya-sama?

-Se supone que en horario de clases no tienes por qué vigilarme.

Tras un minuto de silencio, Tachibana decidió responder con sinceridad.

-Me siento más tranquilo estando por los alrededores, por si necesita algo.

Kyouya sonrió, agradecido. Carraspeó, incómodo, al no saber cómo formular su pregunta. Pero tenía que hablar con él. Tachibana era una figura mucho más paternal que su propio padre, y el consejo que pudiera darle, aunque mínimo, sería profundamente agradecido.

-Verás, Tachibana –empezó – Tengo ciertas dudas… acerca de las relaciones… con las chicas.

El guardaespaldas asintió, se apartó la chaqueta y clavó una mirada ¿severa? (era difícil saberlo con las gafas de sol puestas). En cualquier caso, Kyouya sintió la imperiosa necesidad de tragar saliva.

-Siempre protección, por favor.

Aunque se mostrase educado, a Kyouya no se le pasó por alto la implacable advertencia, subrayada por la forma en que Tachibana le mostraba la pistola bajo su axila… con el silenciador puesto.

-Eso ya lo sé –contestó Kyoya. Empezaba a hartarle esa obsesión por los condones. ¿Cómo podían pensar que a él, el tercer heredero de los Ootori, el administrador del club de Host, iba a dejar pasar por alto un detalle tan importante?

-En su caso –continuó el otro – es extremadamente importante que no olvide esto.

-Gracias, Tachibana. Puedes irte –si la conversación iba a seguir así, no le interesaba. El guardaespaldas parecía herido, pero se limitó a marcharse a su puesto habitual, tras hacer una respetuosa inclinación.

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puu... ¡Pobre Tachi! Que frío puede ser el joven señor. Bueno, continuando con el fic, aquí tenéis el segundo cap. Enjoy!!