Pelotage Interrompu

La actividad en el club era frenética esa tarde. Haruhi danzaba torpemente entre las clientas, cargando una pesada bandeja llena de pasteles. Llegó a la mesa de Hani y Mori, luchando por avanzar entre la marabunta de féminas.

-Takashi, Takashi –dijo Hani, con ojos llorosos. Un ligero rubor le cubría las mejillas y la nariz – Me duele la cabeza, y tengo frío. ¿Es que estoy malito?

Hasta Haruhi puso cara de pena. Mori acercó su rostro al de Hani, coreado por las exclamaciones ahogadas de las clientas. Apoyó su frente en la de su primo, cerrando los ojos. Hani abrió más los suyos, con una turbación perfectamente planeada.

-No tienes fiebre, Mitsukuni –dijo Mori. Hani levantó el puñito de su mano derecha y se frotó los ojos – A lo mejor sólo tienes sueño.

Sin decir nada más, le cogió en brazos. Hani se acurrucó contra el amplio pecho, provocando un tsunami de "¡moe!".

En el extremo opuesto, los Hitachiin llevaban a cabo su número de amor fraternal. Hikaru hablaba animadamente con una clienta.

-Deberías ponerte una mascarilla en el pelo por las noches.

-¿De verdad, Hikaru-kun? –dijo ella, preocupada.

-Sí. No queremos que el pelo de esta princesa se estropee, ¿no? –se acercó y tomó un mechón de cabello oscuro, enterrando la nariz en él, aspirando su aroma.

Las otras chicas suspiraron, intentando sofocar su impaciencia.

-Cuanto te preocupas por ella, ¿no, Hikaru? –dijo Kaoru, con la voz tensa.

-¿Eh? –Hikaru le miró, frunciendo el ceño - ¿A qué viene ese tono?

-A nada –Kaoru se levantó, andando con pasos airados hasta la puerta. Hikaru le siguió, al igual que las clientas. Solo que éstas permanecieron a una distancia prudencial, para ver bien el espectáculo sin molestarles.

Kaoru intentó desasirse de la mano de su hermano, que se había aferrado a su muñeca.

-¡Suéltame! –exclamó. Hikaru le empujó, sujetándole las manos contra la pared. Sus caras estaban a dos centímetros, y ambos exhalaban un aura amenazadora.

-¿Qué demonios te pasa? –Kaoru no respondió a la pregunta, se limitó a mirar obstinadamente al suelo - ¡Contéstame!

Se acercó más a su hermano. Sonrió al verle tragar saliva con dificultad.

-¿No estarás celoso, Kaoru? –preguntó.

-¡N…no! –respondió el otro.

-No mientas –Hikaru le miró de arriba abajo, sin perder la sonrisa. Kaoru estaba delicadamente ruborizado, pero no despegaba los ojos de los de su hermano, como si estuviera hipnotizado - ¿Cómo puedes ponerte así, sabiendo que soy completamente tuyo?

-Hikaru… -musitó. Poco a poco, Hikaru le soltó las manos. Ambos se fundieron en un abrazo, con lágrimas de felicidad de por medio.

El grito de las clientas sobresaltó a Haruhi. "-¿Qué le pasa a todo el mundo? –pensó – Están más animados que nunca. Las actuaciones de hoy han sido más entusiastas de lo normal".

Tamaki también estaba radiante, literalmente. Su energía iluminaba media habitación.

-¿No están un poco… frenéticos? –preguntó a Kyouya. Él no separó la mirada del ordenador.

-Así es como debe estar siempre. Un trabajo mediocre da resultados mediocres. De hecho… esa es la razón de nuestra investigación, ¿verdad? Alcanzar una calidad que… supere las expectativas.

Pese a no estar de acuerdo con la comparación, Haruhi tuvo que reconocer que tenía razón.

-Kasanoda acaba de entrar en escena –dijo Kyouya – Ya puedes ir a atenderle, que tú eres la única que no está dando ni golpe.

-Vale, vale…

Kasanoda Ritsu sintió su corazón llenarse de un cálido gozo.

Sonrió con nerviosismo a Haruhi, quien le señaló un sofá cercano. Se sentó, esperando que ella trajera el té.

-¿Qué tal en el club de jardinería? –preguntó ella, mientras le servía.

-B…bien. Estamos plantando algunos manzanos, ahora que la tierra se ha deshelado.

-Que bien… Me gustaría prepararle una tarta de manzana a mi padre…

-¡Te…te traeré todas las que quieras, Haruhi!

Ella giró un poco la cabeza, sonriendo.

-Gracias, Casanova-kun. Tú si que eres un AMIGO.

Un rayo le atravesó el pecho, pero luchó por deshacerse de la sensación punzante.

-Esto… Casanova-kun –preguntó ella, cayendo en la cuenta - ¿Puedo hacerte una pregunta?

Él asintió, tomando su taza de té.

-¿Qué… qué te gusta hacer a ti… con una chica?

Él meditó un momento. "-¿Patear latas?" –se dijo. Lo pensó un poco mejor. Miró a Haruhi y desvió la vista rápidamente, rojo como un tomate. ¿Qué le gustaba hacer a él con Haruhi?

"-Tomar té. Esquivar los bates con los que esos gemelos me amenazan. Tratar de no enfadar al de las gafas y la sonrisa siniestra".

-¿A… a qué te refieres? –decidió que hacerse el tonto era la mejor solución.

-Cuando te gusta mucho una chica, y quieres… dar un paso más en la relación.

Haruhi perdió la paciencia al ver su expresión interrogante.

-Sexo, Casanova.

-¡¡UUH?! –exclamó, regresando al "modo yakuza".

-Es que… me gustaría adquirir algo de experiencia con los hombres –se justificó ella. Bajó la voz un poco y se acercó para que nadie más lo oyera – Y tú…. Tú eres un hombre.

Kasanoda Ritsu sintió su entrepierna llenarse de un cálido líquido.

Su mano estaba llena de trozos de loza rotos, y su té había ido a parar a sus pantalones.

-¿Estás bien? –preguntó ella.

-¡MAH! –fue lo único que salió de su boca. Se levantó, brazos y piernas completamente rígidos, y huyó a toda velocidad del club de Host.

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Kyouya suspiró, hastiado, al ver la huida de Kasanoda. ¿Qué demonios le pasaba a todo el mundo con el sexo? "-La mojigatería de este instituto es alarmante"-se dijo, cerrando el ordenador.

Sólo quedaba una persona a la que quisiera preguntar. Pero la perspectiva era, como mínimo, poco alentadora. Miró a su objetivo, sintiéndose cansado antes de empezar.

-Creo que encabezaré el doujinshi de esta semana con una pareja poco habitual: Tamaki y Nekozawa-senpai. Suponen un reto al que no me puedo resistir. La oscuridad de Nekozawa combinada con el resplandor esperanzador de Tamaki, ¡podría comerme tres cuencos de arroz con eso!

-Renge-san –dijo Kyouya, acercándose al grupo de chicas - ¿Puedo hablar contigo un segundo? Necesito ayuda en un asunto que sólo tú, como manager del club, puedes solucionar.

Los ojos de ella brillaron, cegadores. Kyouya entrecerró los párpados, deslumbrado.

-Haré lo que sea, Kyouya-sama –dijo, con la respiración algo agitada.

"-Me parece que le he dado demasiada coba" –pensó él, con un escalofrío. Se sentaron en un rincón alejado que Kyouya solía usar para las pocas clientas que requerían su presencia.

-Bien, Renge-chan –empezó, sonriendo con dulzura – Sabes cual es el primer propósito del club, ¿verdad? –ella asintió – La felicidad de nuestras clientas es lo principal.

Le sirvió té, sin dejar de sonreírle. Renge daba botecitos en el sofá, impaciente.

-La labor de Kyouya-sama en el club es impecable. No hay nada que pueda enseñaros sobre cómo entretener y hacer felices a las chicas.

Kyoya sonrió de lado, malévolamente. Tomo la mano de Renge entre las suyas, haciendo que diera un respingo.

-No me refiero al mero entretenimiento… Renge-chan – mantenía la mirada baja, fingiendo que estaba azorado – Lo que quiero saber es –acarició la parte interior de su muñeca con el pulgar, y elevó lentamente los ojos, hasta fijarlos en los de ella - ¿qué es lo que de verdad les gusta a las mujeres?

Nunca. Nunca en su vida. Nunca en toda su vida viviría un momento tan excitante como ese. El corazón de Renge martilleó contra sus costillas como jamás lo había hecho. Fue todo un récord, porque su pulso siempre iba a la velocidad de treinta caballos de carreras alimentados con anfetaminas y red-bull. Bajó la vista un instante, pero volvió a concentrarla en Kyouya. "-No puedo perderme algo así", se dijo.

-Por favor –dijo él, frunciendo un poco el ceño, transformando sus rasgos en los de un joven de diecisiete años atormentado, confundido y desamparado. Todo ello sin dejar de acariciar la mano de Renge, quien podía sentir la amenaza de una hemorragia nasal.

-Bueno, cambia mucho dependiendo de la chica… -musitó ella. Él cambió de postura para poder presionar ligeramente el muslo de ella con el suyo. Recorrió los blancos nudillos con las yemas de los dedos.

-Entonces –se acercó, como haciéndole una confidencia – háblame de ti, Renge-chan.

-Yo…yo… -tragó saliva y decidió ir a por todas – Encuentro particularmente placentero que un hombre me estreche entre sus brazos desde atrás. Como hace Miyabi-kun en el capítulo treinta y seis con la joven Hanazaki, un momento inolvidable tanto en el manga, como en anime, el dorama, el musical y el CD Drama. Aunque el seiyuu de Miyabi no sea el mismo en el anime que el CD Drama, creo que ambos son unos buenos candidatos, y en ese momento le dan una inflexión a su voz que transmite perfectamente la necesidad, el cariño y la tristeza de Miyabi-kun.

Kyouya buscó entre el millón y medio de fricadas que salían de la boca de Renge, hasta encontrar algo de información que podía resultar útil.

-¿Por qué desde atrás? –preguntó, cerca de su oído.

-Es… una manera de notar… toda la anatomía de tu pareja –jadeó ella.

-Entiendo.

-Lo importante a veces no es la técnica, sino… sentirte deseada… o protegida… -el intelecto de Renge empezaba a caer en picado – De todas maneras, Kyouya-sama, no creo que necesites saber mucho más. De verdad.

Él sonrió y decidió soltarla. Renge apoyó la espalda en el sofá, intentando no ahogarse en medio del calor de su sonrojo.

-Gracias, Renge-san, me has proporcionado una información muy valiosa – le dijo, anotando rápidamente en su libreta. Sintió unas manos en los hombros, y cuando se giró, un dedo se le hundió en la mejilla derecha.

-Baaaka –dijo Tamaki, con una sonrisa cegadora. Kyouya le dirigió una mirada bastante más sombría - ¡Haruhi! ¿Has visto? ¡Me ha salido a la perfección!

-Tamaki… -Kyouya contuvo las ganas que tenía de darle un capón. Las contuvo mucho.

-¿Te has enfadado, mamá? –dijo Tamaki, con cara de pena – Te lo compensaré –apoyó sus gráciles manos en los hombros tensos, masajeándolos.

La ira de Kyouya se aplacó un poco. Suspiró, dándose por vencido. Cuando se dio la vuelta, se encontró a Renge, mareada por una brutal pérdida de sangre. Lo único que dijo, en voz baja y aguda, fue : "moeeeee..."

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Ya iban tres veces. Fue lo único que pensó Haruhi cuando notó el pañuelo contra su boca, y las manos implacables arrastrándola hacia el coche negro.

"-Mi tercer secuestro desde que entré en el Ouran" –pensó, sin molestarse en gritar.

-Tranquila, señorita Fujioka –ella giró la cabeza lo suficiente como para ver la expresión estoica de Tachibana. "-No, si tranquila estoy…" –pensó, dejándose guiar dócilmente.

Kyouya esperaba en el coche, leyendo. Haruhi se dejó caer pesadamente en el asiento que quedaba frente a él.

-Ya podías haberte ahorrado el numerito.

-Toda precaución es poca, no me gustaría tener que dar explicaciones a nadie sobre por qué nos reunimos tú y yo en mi coche.

-¿Y si alguien hubiera visto a Tachibana secuestrándome, no habría resultado todavía más sospechoso? Podía haberse metido en un lío por rapto de menores.

-El trabajo de Tachibana siempre es impecable –contestó él, sin apartar la vista del libro.

Pasaron unos minutos en silencio, hasta que Haruhi se hartó de mirar al techo.

-¿Qué lees?

-"Terapéutica de la sífilis y de las enfermedades venéreas" –respondió él, cerrando el libro.

Haruhi frunció el ceño.

-¿Es interesante? –preguntó, extendiendo la mano para que se lo dejara.

-Es mortalmente científico, si eso responde a tu pregunta –Haruhi asintió, encogiéndose al ver las fotografías – Estaba aquí, en el coche. Alguien se está tomando muchas molestias para informarme completamente de los peligros del sexo.

Ella lo ojeó un poco más, pero se hartó rápido de ver supuraciones y sarpullidos diversos.

-Bueno, ¿para qué me has traído aquí?

-Creo que deberíamos empezar a investigar en serio. Me he hecho con un buen material bibliográfico, así que podemos empezar hoy.

Haruhi lo pensó un instante. Frunció el ceño al darse cuenta de que perdería la oferta de pescado en los grandes almacenes.

-Ya he mandado a Hotta a la compra –dijo Kyouya, leyéndole la mente – Es un buen cocinero, preparará la cena de tu padre para que tú puedas hacer los deberes tranquila al llegar a casa.

La mirada suspicaz de ella le hizo sonreír.

-Tranquila, que no te voy a cobrar… mucho –dijo él – Saldrá de lo que saqué al vender unas fotos de cuando eras pequeña. Retocadas con fotoshop por razones obvias.

-Sabía que dirías algo así… -murmuró ella – Está bien, vamos a tu casa. ¿Me harás pasar por una trampilla secreta, o tendré que trepar para entrar por la ventana?

-La trampilla es más adecuada –dijo él. Haruhi abrió los ojos desmesuradamente cuando se percató de que iba en serio.

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Se frotó los brazos, sintiendo frío. Esa habitación era demasiado grande. Acero y cristal, como en el resto de la casa. Para ver todo y para que los intrusos no entrasen.

-¿Tienes frío? –preguntó Kyoya. Ella negó con la cabeza y siguió subrayando frases de "Sexo y pensamiento", intentando no dormirse. ¿Cómo podía estar él tan centrado?

"-Bueno, viniendo de una familia dedicada a la medicina, no me sorprende que sea capaz de leerse estos tochos sin pestañear…".

Veía tan lejos el momento de pasar a la acción… De hecho, daba la impresión de que Kyouya estaba retrasándolo adrede. ¿Tan inseguro se sentía, que tenía la necesidad de estudiar hasta volverse un erudito del sexo?

"-No creo que tenga nada que ver con la inseguridad" –pensó ella – "Sólo quiere tenerlo todo controlado. Como siempre".

Contempló su rostro medio escondido tras el libro, pensativa. ¿Cómo sería hacer perder el control a Kyouya?, se dijo. Se fijó en sus manos, una pasando las hojas de otro libro, la otra sosteniendo el portaminas. Ascendió por el antebrazo hasta el trozo de bíceps que dejaba ver la manga arremangada de la camiseta. Paseó la mirada por la línea de la clavícula, hasta llegar al cuello. Le dio un vuelco el estómago cuando se encontró de frente con sus ojos oscuros.

-¿Te diviertes? –preguntó, algo irritado – No me gusta ser el único que trabaja.

-Esto es demasiado aburrido… -se justificó ella – Seguro que hay libros menos científicos y más interesantes.

Kyouya suspiró. Se separó un poco de la mesa. Él también estaba harto de ver fotos de la cérvix. Se levantó y fue hasta un panel de comandos junto a la puerta. Pulsó un botón, y a los tres segundos se escuchó una voz femenina.

-¿Desea algo, señorito Kyouya?

-Unos sandwiches, haz un surtido variado –se giró hacia Haruhi - ¿Quieres algo?

-Un poco de té de cebada frío estaría bien. De pronto hace mucho calor.

-Mandé subir la calefacción –dijo él . Se volvió de nuevo hacia el panel – Eso es todo.

-Enseguida se lo llevan, señorito Kyouya.

Se sentó en el sofá, en vez de en el suelo,y dio unas palmaditas en él para que Haruhi le imitara. Ella se dejó caer en el asiento, frotándose los ojos con cuidado. La detuvo la mano de Kyouya, posada en su muñeca.

-Si te molestan las lentillas, quítatelas, pero no te rasques. Te vas a hacer una úlcera.

-No eres quien para hablar de malas costumbres relacionadas con la vista, senpai.

Él la miró con curiosidad. Abrió la boca para preguntar a qué se refería exactamente, pero los golpes corteses aunque insistentes de la criada le interrumpieron.

Comieron en silencio. Haruhi saboreó extasiada los delicados sándwiches de salmón escocés y ternera fría de Kobe. Se zampó tres cuartos de bandeja, bajo la sorprendida mirada de Kyouya.

-¿Quieres más? -le preguntó. Ella miró la bandeja vacía y apoyó el índice en su barbilla, pensativa.

-Mmm... Mejor no. Se rinde mejor con el estómago poco lleno.

"-¿Poco lleno?" -pensó Kyouya - "Se podría alimentar a una aldea africana con lo que te has comido".

-¿Seguimos con el estudio? -preguntó ella.Kyouya sonrió levemente. Se acercó a ella un poco más, hasta poder inclinarse sobre su oído, como había hecho con Renge.

-Creo que un poco de práctica no estaría mal -dijo. Haruhi resistió los escalofríos estoicamente - ¿Qué te parece?

Tragó saliva antes de mirarlo. Hizo acopio de voluntad y se sentó sobre su regazo, intentando disimular la vergüenza. Apoyó los antebrazos en sus hombros y se deslizó lentamente hasta que su pecho quedó pegado al torso de él.

-Vale -dijo, susurrando.

-Eso ha estado muy bien -elogió Kyouya.

-Idea de Kaoru -contestó ella. Estaba imposiblemente cerca de sus labios. Tan cerca que le veía borroso. Decidió tomar la iniciativa. Un beso no era algo tan difícil.

Lamentablemente, no salió tan bien como pensaba. Ambos intentaron girar la cara al mismo lado, y se golpearon la nariz al tratar de corregirse. La frente de ella topó con sus gafas, ladeándolas. Haruhi le miró, ceñuda, y se las quitó.

-No creo que te hagan falta -le dijo. Las manos de él la retuvieron un instante, pero la dejaron ir, reticentes.

-No me siento cómodo teniendo la vista borrosa -dijo. Haruhi se inclinó otra vez, dispuesta a hacerlo mejor.

El primer beso fue un poco forzado. Apenas juntaron los labios secos, separándose de nuevo como si se hubieran dado calambre. Kyouya tomó la iniciativa en el segundo asalto, sujetando el rostro de ella con sus manos .

Haruhi entreabrió la boca para respirar. Le latía el corazón tan rápido que estaba sin aliento. Apoyó los dedos congelados en los hombros de él, apretándoselos al sentir la caricia de su boca. Al principio se quedaron quietos, limitándose a tomar entre los suyos los labios del otro. Pasados unos segundos, empezaron a darse besos cortos, uno tras otro, produciendo un ruido como de chasquidos con sus bocas medio húmedas. Kyouya cerró los ojos. De todas formas, no veía bien.

Pensó en los consejos de Tamaki en lo que a besos se refería.

'-Pese a que la delicadeza en el arma que debes esgrimir, es excitante hacer pequeñas incursiones con la lengua, acariciando la de tu oponente. Eso da comienzo a una serie de pasos más audaces'

Kyouya estaba más que dispuesto a probar los consejos de Tamaki.

Lo difícil era intentar seguirlos cuando Haruhi tenía la boca firmemente cerrada. Ella retrocedió al sentir el lametón de Kyouya en la comisura. Le miró extrañada, limpiándose la humedad con las puntas de los dedos.

-¿Qué haces? -le preguntó. Él intentó que la vergüenza que sentía no transcendiese a su cara.

-Seguir las recomendaciones del Rey -contestó. Ella miró hacia otro lado, avergonzada. Volvió a acercarse a su cara.

-¿Qué... qué te dijo Tamaki que tenías que hacer? -le preguntó. Kyouya enfocó sus ojos gris oscuro en los de ella.

-Se supone que tengo que meterte la lengua en la boca -contestó, sin dejar de mirarla - Y tú tienes que intentar lo mismo.

-Nos chocaremos.

-Creo que esa es la parte divertida.

Se besaron de nuevo, preparando el terreno. Haruhi abrió la boca un poco. Se sentía rara, con la boca abierta, esperando. Kyouya se acercó, sintiéndose igual de extraño. Tocó con la punta de la lengua el labio inferior de ella. Haruhi intentó hacer lo mismo, pero chocó con el cuerpo húmedo que intentaba invadirla. Su primer instinto fue apartarse y pedir perdón, como si se hubiera estampado contra él al caminar deprisa y sin mirar por la calle.

Sin embargo, resistió. Tantearon sus lenguas torpemente. Un tiempo después, cuando se acostumbraron al tacto ajeno, empezaron a intercalar besos cortos, o algunos largos y húmedos.

"-Esto está mejor. Es curioso que el nudo en el estómago, las palmas de las manos húmedas y la respiración agitada no resulten un problema. ¿Será que las endorfinas evitan que el cerebro perciba la actividad corporal anormal? Tengo que buscar información sobre esto..." -pensó Kyouya.

"-Parece que ahora le estoy cogiendo el tranquillo. Quien iba a pensar que una lengua ajena tocando la tuya podía resultar... agradable?", se dijo Haruhi. Se sobresaltó un poco cuando las manos de él se colaron dentro de la chaqueta del uniforme, retirándola de sus hombros. Haruhi le ayudó, echando los brazos hacia atrás. Le miró atentamente, preguntándose por qué encontraba tan excitante el movimiento de su mano al cerrarse sobre el nudo de la corbata para deshacerlo.

Kyouya dejó de contar sus pulsaciones cuando sacó los faldones de la camisa de los pantalones de ella, para poder tocar la piel caliente de su espalda y sus costados. Las piernas de Haruhi se elevaron para cerrarse en torno a la cintura de él. El peso sobre su regazo se había multiplicado, ahora que ella no se sostenía sobre las rodillas.

Ahogó una exclamación cuando todo ese peso cayó en su entrepierna. Alzó las manos para apoyarlas en su pecho, pero no llegó a rozarlo. La boca de ella cerrándose sobre su cuello envió la concentración de Kyouya a un lugar muy lejano.

Los brazos cayeron a los lados, inertes. Haruhi se apartó, alarmada.

-No -musitó Kyouya - Sigue.

Era una orden, por supuesto. Pese a haber perdido la concentración, la tiranía de los Ootori seguía presente. Haruhi le besó en la garganta, mirando sus reacciones por el rabillo del ojo. Kyouya empezó a moverse de nuevo, hasta apoyar una mano en la nuca de ella, sin empujar, pero recordándola dónde quería que estuviera.

"-Mira por dónde...-pensaron ambos - Creo que acabo de descubrir un punto erógeno".

Sin embargo, a pesar de las descargas placenteras que estaba recibiendo, Kyouya no se sentía muy cómodo. Sabía que estaba dando ventaja a Haruhi. Se inclinó, besando el cuello de ella, para que probara su propia medicina. Haruhi emitió un quejido gutural y dejó caer la cabeza hacia atrás. Kyouya sonrió contra la yugular femenina, y la mordió en un ataque de euforia.

-Au... -murmuró Haruhi, pero no se apartó. La sonrisa de Kyouya se hizo más amplia (y un poco más diabólica). Se preparó para asestarle otro mordisco, pero unos golpes en la puerta, rotundos como un redoblar de campanas, le detuvo.

-Señorito Kyouya -dijo la criada de antes, entrando como si nada - Vengo a por los platos vacíos, si ya han terminado.

Iba a marcharse de nuevo, cuando se percató de algo extraño.

-¿Tiene calor, señorito Fujioka? -preguntó, al ver al chico sin chaqueta ni corbata, y con la cara de un rojo encendido.

-Un... un poco.

-Baja la calefacción -ordenó Kyouya. La criada esperaba que fueran imaginaciones suyas, pero el señorito parecía muy enfadado.

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Kyouya, en serio, deberías dejar de tomarla con el servicio... En fin, seguiré posteando a la velocidad del rayo. Besos y... ¡REVIEW!