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Haruhi bostezó detrás de uno de los libros de medicina que tenía que leerse. La joya del día era "Reacciones e impulsos del hipotálamo durante el acto sexual". Ni se había molestado en tapar la cubierta, porque nadie en su sano juicio estaría interesado en esa biblia.
"-Ni siquiera terminarían de leer el título..." -se dijo. Dejó el libro en la cajonera y desenvolvió su almuerzo. Le rugió el estómago al ver las bolas de arroz y las salchicas en forma de pulpo. Separó los palillos con una sonrisa de oreja a oreja, pero le sonó el móvil cuando estaba llevándose el primer trozo de tortilla a la boca.
-¿Moshi-moshi? -preguntó. La voz de Kyouya surgió, suave pero firme a través del auricular.
-Tienes veinte minutos para comer. Luego, aprovecha el resto del tiempo libre del almuerzo para leer.
Colgó. Haruhi miró el teléfono, resistiendo la tentación de arrojarlo contra la pizarra. "-Maldito esclavista..."
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Llegar a casa fue alcanzar el Nirvana. Se dejó caer sobre su trasero en el descansillo, para quitarse los zapatos. Arrojó los odiados libros a un lado, y entró al salón. Se sorprendió al encontrar a Mei sentada a la mesa.
-¿Qué te trae por aquí? -preguntó. Mei se encogió de hombros.
-Mi madre está de viaje, y mi padre llegará tarde esta noche. Ranka me dijo que viniera a cenar.
"-Como se nota que mi padre no es el que cocina..." -pensó, malhumorada. Respiró hondo y entró en la cocina. Mei no tenía la culpa de su agotamiento. Hurgó por los armarios, buscando algo para preparar.
-¿Qué estás leyendo? -preguntó Mei - Sí que tenéis que estudiar en el Ouran...
Haruhi se asomó, con el cucharón en la mano. Dudó unos instantes antes de hablar.
-No son deberes. Estoy buscando información sobre sexo.
Mei miró a Haruhi, con los ojos muy abiertos. Miró al libro, y luego volvió a girarse hacia Haruhi.
-En serio, mira que eres torpe... -dijo, echándose el pelo de la frente hacia atrás. Haruhi se metió otra vez a la cocina, algo molesta. Mei ojeó el libro, pero lo cerró al poco, mareada.
-Si sigues leyendo estas cosas para enterarte de qué va el mundo, seguirás virgen a los cincuenta. Más que nada, porque no terminarás de leer estos tochos hasta entonces -le dijo. Haruhi salió con la cena - No me gusta mucho el natto... -dijo Mei, mirando con asco el arroz con soja fermentada.
-Vaya, que lástima -dijo Haruhi, irónicamente - Hoy toca natto. Es bueno para la salud.
-Si pides una pizza, te digo dónde puedes encontrar la información que necesitas.
Tras unos segundos de duda, Haruhi cogió el teléfono.
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-No me puedo creer que te haya hecho caso... -gruñó Kyouya. Miró el bol de o-den que le habían puesto delante. Seguro que el cocinero del puesto callejero ni se había lavado las manos. Tamaki miraba la comida con ojos brillantes, alejando de su mente temas tan banales como la higiene y los peligros bacteriológicos de la comida de la plebe.
-Vamos, Kyouya, ¡disfruta de este placer de la clase baja! ¡El fresco de la noche, el caldo caliente, el trato amistoso de los tenderos! -probó un bocado y el resplandor natural de Tamaki se triplicó - Ooh... ¡El tofu frito está delicioso!
Kyouya suspiró y empezó a cenar. ¿Cómo había conseguido que accediera a acompañarle a la ruta gourmet de la plebe? Aunque había que reconocer que estaba muy bueno...
Decidieron caminar un poco, para bajar la comida, antes de subir a sus respectivos coches. Tamaki estaba un poco menos eufórico con la tripa llena. Pararon al llegar a un parque infantil.
-Estaba pensando en nuestra charla del otro día, Kyouya -dijo Tamaki, subiéndose a un columpio. Kyouya se sentó en el otro.
-¿Sí? No merezco tanta atención, Papá -Tamaki sonrió, mientras se balanceaba un poquito, sobre las puntas de los pies.
-Lo cierto es que hablamos mucho sobre diferentes formas de estimulación táctil... -dijo, con un tono algo grandilocuente - Pero no dedicamos mucho tiempo a la parte de los besos, y eso, amigo mío, es imprescindible.
-Tranquilo, he superado esa fase sin problemas.
Tamaki se acurrucó contra unas barras paralelas, a falta de rincón. Kyouya suspiró, hastiado.
-Bueno, es posible que mi técnica sea imperfecta -dijo - ¿Podrías asesorarme, Rey?
La resurrección de Tamaki fue especialmente rápida. Kyouya se encontró cara a cara con él, sus narices a dos miserables centímetros de distancia. Los ojos violetas del Rey refulgían en la oscuridad.
-¿Qué...?
-Primero, debes hacer que se sienta especial, tomándola de la mano, sin apartar la vista de sus ojos -Tamaki cogió la mano tensa de Kyouya - Luego te llevas sus delicados nudillos a los labios -besó suavemente los nudillos rígidos - Y, finalmente...
Terror. Terror y fascinación.
Kyouya se sintió como un ratón delante de una víbora. Se quedó momentáneamente paralizado, contemplando, sin poder moverse, cómo la cara de Tamaki se aproximaba. "-Si no me muevo va a besarme. Si me besa, no podré mirarle a la cara ni mirarme a mí mismo en un espejo en toda mi vida" -pensó Kyouya. Cuando Tamaki estaba a punto de establecer contacto, su "pareja" sacó fuerzas para reaccionar.
-Tamaki -dijo, con la voz algo quebrada - Tengo que irme.
Kyouya se esfumó en cinco segundos. Todavía tenía la cara ardiendo cuando llegó a casa.
Tamaki se pasó el camino en coche a la segunda mansión de los Suoh pensando en lo tonto que era Kyouya por menospreciar sus preciadas lecciones amorosas.
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Haruhi picoteó el natto con desgana, mientras el aroma del queso fundido le invadía las fosas nasales. Sus papilas gustativas protestaron, decepcionadas, cuando intentó aplacarlas con un bocado de soja fermentada.
-Tenías que haber pedido una familiar, tacaña -dijo Mei, con la boca llena. No hacía falta que se lo dijera. Por una vez en la vida, las costumbres ahorrativas de Haruhi la habían traicionado. Y, desde luego, el natto no la hacía sentirse mejor, ni mucho menos.
-Gochizôsama deshita - dijo Mei, tumbándose en el suelo, todavía masticando el último bocado de masa - Bueno, volviendo a nuestro tema de conversación. Déjate de libros y lee cosas más productivas, como revistas, y eso.
-¿Qué revistas? -preguntó Haruhi.
-Ya te prestaré yo algunas... Si me acompañas a casa, te las puedes llevar hoy mismo.
Haruhi se terminó la cena a regañadientes. Cuando estaba fregando los platos, Mei se le acercó, con una sonrisa que, si la hubiera visto, le habría parecido espeluznante.
-Bueno... ¿Quién es él?
-¿Eh? -dijo Haruhi, tensa - ¿A qué te refieres?
-Si tanto quieres saber sobre el tema, será porque tienes a alguien en mente con quien quieres hacerlo.
-Que va -contestó, con toda la seriedad que pudo reunir - Sólo quiero estar preparada para cuando llegue el momento.
-Mmm... -Mei la miró con suspicacia - Es verdad, tú eres de este tipo de personas...
-¿Qué tipo de personas? -preguntó Haruhi, secándose las manos.
-Un "ratón de biblioteca".
-Ugh...
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'La trémula luz del atardecer parisino iluminaba las bellas facciones de Giselle. Su cara en forma de melocotón enmarcada por rizos dorados destacaba sobre el damasquinado oscuro de la butaca donde se hallaba. Los ojos azul zafiro buscaron en la penumbra del cuarto a su captor. La mirada ámbar del capitán Gregory Adams brilló, tras los bucles renegridos del flequillo. Una sonrisa diabólicamente atractiva surcó su rostro, tal y como su barco pirata surcaba las olas: salvajemente, en un ataque rápido. Provocó en Giselle la misma reacción que la de las víctimas de sus pillajes: sorpresa, terror, desagrado y una inevitable fascinación.
- No puede tenerme aquí, presa, toda la vida.
- ¿Ah, no? -la voz de él era un arrullo.
- No se lo permitirán. Mi prometido está buscándome. No le costará sospechar de un repugnante corsario.
Giselle tironeó de las ataduras que le sujetaban las muñecas contra los brazos de la butaca. Se encogió cuando escuchó los pasos de él, pesados sobre la alfombra. Alzó la mirada, temerosa. La lisa y perfecta superficie del estómago de él la distrajo unos instantes. Gregory se inclinó, hasta que su boca rozó el oído de ella.
- Podría intentar tenerte aquí un tiempo... y luego devolverte a los brazos de tu inquieto prometido.
La mano morena del pirata acarició los bucles de oro. Sus ojos como brasas parecieron atravesar el fino tejido del camisón de Giselle, quien se estremeció al sentir la caricia de esos dedos en su pecho. Se mordió los labios, ahogando un gemido, cuando le rozó uno de sus pezones enhiestos...'
-¿Una lectura interesante?
-¡¡Capitán Gregory!! -chilló Haruhi, en una marejada de imaginación excesiva. Kyouya le quitó el libro de las manos, irritado. Él estaba dejándose el culo con tratados infernales, y ella se dedicaba a las lecturas ligeras.
Miró la portada de la novela. Un hombre musculoso y moreno sostenía a una mujer de grandes pechos y cintura de avispa, que parecía sufrir de tensión baja. La ilustración era una especie de fotografía pintada para que pareciera un óleo.
-¿De dónde has sacado esto? -dijo, leyendo a grandes rasgos la página que había estado leyendo Haruhi. Su interés creció notablemente.
-Me lo ha dejado Mei. Dijo que ayudarían en mi investigación.
Haruhi respiró hondo, intentando que el calor bajara de su cara a sus manos. Kyouya le devolvió el libro con una sonrisa de la que no se podía esperar nada bueno.
-¿Podrías compartir esas fuentes que te ha prestado Mei?
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-Así que crees que deberíamos concentrarnos en esto -dijo él, sujetando con aprensión una revista femenina. En la portada se veía a una modelo vestida con lo que parecía ropa arrojada sobre su cuerpo al azar. Si los gemelos la hubieran visto, la fotógrafa y los estilistas de esa publicación se habrían ganado algo más que un ceño fruncido.
-Creo que es más actual que las encuestas de Kinsey -dijo ella, alzando una ceja - La mayoría de las cosas que vienen escritas en las revistas no son más que basura, pero pueden servirnos de... inspiración.
-Oh... Entonces, sigamos tan preciados consejos -dijo él, abriendo la revista por la sección "Cuarenta acciones que harán que tu chico pase de 0 a 100 en diez segundos". Deslizó el índice por las páginas brillantes - Leamos la número 19, por ejemplo. "Mi chico simplemente adora que le despierte por las mañanas deslizando un cubito de hielo por su pecho desnudo".
Miró fijamente a Haruhi, taladrándola con una mirada que tenía vestigios del inframundo.
-Ni-se-te-ocurra -dijo, despacio y masticando las palabras. Haruhi tragó saliva y asintió.
-Este no está mal -dijo, tratando de distraerle - "No hay nada que disfrute tanto mi hombre como un buen masaje en los hombros".
-Mejor que no. Me recordaría demasiado a Tamaki -dijo él - Aunque reconozco que al idiota de nuestro rey se le da muy bien...
Leyeron en silencio, haciendo alguna que otra mueca (Haruhi se sintió particularmente horrorizada por el enorme número de consejos sobre la penetración anal y la estimulación de la próstata). De repente, Kyouya dio con un párrafo interesante.
-"Lo que de verdad excita a mi chico es que le bese o le toque en un lugar comprometido en un sitio público" - volvieron a releer la frase un par de veces - Podríamos ponerlo en práctica ahora.
-Estamos en una biblioteca -dijo ella.
-Eso es lo interesante.
Ella dudó. No le importaba que pasara de vez en cuando alguno de los otros alumnos. Pero había sido terriblemente arriesgado reunirse a solas allí, y los miembros del club no tardarían en empezar a buscarlos, los gemelos por un lado y Tamaki por otro.
"-O sea, que es ahora o nunca" -se dijo Haruhi. Miró con disimulo para asegurarse de que no la veía nadie, y se inclinó sobre el cuello de Kyouya. Éste permaneció con los ojos abiertos, comprobando si la aparición esporádica de algún que otro alumno hacía reaccionar más de lo normal a su libido. No notó nada. De hecho, la boca de Haruhi sobre su yugular era suficientemente excitante. Se le cerraron los párpados cuando ella succionó insegura la piel de su garganta.
-¡¡TAKASHI, TAKASHI!!
-Ha...Hani-senpai, no grites tanto, esto es una biblioteca -Tamaki se fijó en las pocas personas que había reunidas. La bibliotecaria (Kimura Hanae, 45 años, soltera) se acercó al grupo de hosts, taconeando con furia.
-¿Acaso no sabéis que se debe guardar silencio? -susurró. Tamaki se inclinó sobre ella, con una rosa en la mano, y los ojos más dulces y románticos que pudo poner.
-Mis sinceras disculpas, Madame -dijo, tomando su mano - Por vos, guardaría silencio toda mi vida. Me limitaría a expresar mi adoración con gestos y acciones.
-Su...Suoh-san... -murmuró la bibliotecaria.
Kyouya apareció ante ellos, con su portátil debajo del brazo.
-¿Me estabais buscando? -preguntó. Los otros asintieron. Salieron al pasillo, dejando a una conmocionada señorita Kimura. Se disponían a ir al club (donde ya esperaba Haruhi, intentando recobrar la respiración después de su huída de la biblioteca por pasadizos secretos que sólo los Ootori y los hombres del servicio secreto japonés conocían), cuando los gemelos señalaron a Kyouya con una sonrisa maquiavélica.
-Vaya, vaya, senpai. No pierdes el tiempo, ¿ne? -dijeron a la vez.
-Kyo, ¿estás bien? Tienes un moratón en el cuello... ¿Te pongo una tirita? ¡Son de conejitos!
-¿¿Quéee!! ¡Mamá, no puedo creer que tengas una aventura! ¿Cómo has podido hacerle esto a la familia?
Afortunadamente, Mori no dijo nada.
No es que hiciera falta, precisamente.
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Haruhi resistió la tentación de reírse. La resistió mucho. Se mordió el interior de la mejilla para no estallar en carcajadas.
-Sí, tengo un chupetón, ¿algún comentario?
-Antes la muerte -dijo ella, con voz temblorosa. Se giró hacia sus clientas, cargada con un plato de pastas.
-Que hakama tan bonito, Haruhi-kun -dijo una de ellas. Haruhi estiró los brazos, contemplando el bordado de mariposas moradas sobre fondo naranja.
-Pero con estos colores y este obi tan ancho parece de chica... -dijo. Tamaki y los gemelos la miraron ruborizados desde el otro extremo de la sala.
"-¡Es que eres una chica, maldita sea!"-pensaron los tres a la vez, derramando lágrimas de impotencia.
Kyouya se había sentado junto al carrito del té, con el ordenador sobre sus rodillas, tecleando frenéticamente en una hoja de Excel. Las cuentas del club no esperaban a nadie.
Haruhi terminó rápido ese día. Las clientas se marcharon pronto, lamentándolo mucho, porque al día siguiente tenía lugar la presentación en sociedad de una compañera. Sentían dejar el club tan pronto, pero era una ocasión que no podía pasar por alto, y la cual exigía mucha preparación.
Así que Haruhi empezó a recoger las tazas y los platos semi vacíos, canturreando. Iba a llegar antes de lo que pensaba a casa, y podría pasar por el supermercado para aprovechar la oferta de carne de cerdo. Así podría preparar algo de tonkatsu para la cena.
Se apoyó en el respaldo de una de las butacas cuando terminó. Se giró hacia Kyouya al escuchar un gruñido, seguramente ocasionado por algún despilfarro de los otros miembros del club.
-Voy a tener a Hani a dieta tres meses... -murmuró, aflojándose la corbata. Se había quitado la chaqueta y arremangado la camisa. Su pelo había sucumbido a las nerviosas manipulaciones de sus manos. Haruhi empezó a salivar como el perro de Pavlov.
Mori y Hani fueron los primeros en irse, como siempre (la necesidad de Hani de 12 horas de sueño diarias no les permitía quedarse más tiempo), y Tamaki y los gemelos se marcharon poco después. Tamaki dirigió una mirada preocupada a Haruhi cuando iba a salir por la puerta.
-Haruhi, ya sé que tu deuda es increíblemente vasta, pero no deberías dejar que el Rey del Mal te esclavizara de ese modo -miró a Kyouya con aires de caballero andante - ¡Si la haces trabajar demasiado, Kyouya...!
-Tamaki -le cortó Kyouya en un tono mortuorio - Tengo que conseguir que cuadren unas cuentas infernales, y parte de la culpa es tuya, yo en tu lugar me callaría y me iría tranquilamente.
Tras tragar ruidosamente, Tamaki hizo mutis por el foro.
Haruhi hizo tiempo cepillando los disfraces de ninja que usarían al día siguiente (aunque no había una sola mácula que estropeara la magnífica tela negra). Dio un saltito al escuchar el clic de la tapa del portátil al cerrarse.
Kyouya se estaba estirando cuando entró de nuevo a la sala principal. Una franja de piel quedaba a la vista, liberada de los faldones de la camisa, concretamente la zona donde la piel se tensaba sobre los huesos pélvicos.
-¿Te ocurre algo? -dijo Kyouya. Ella alzó la mirada se tocó las comisuras, por si algún reguero traicionero había escapado de su boca abierta. Afortunadamente, no había llegado a ese extremo.
-No, nada... -dijo. Intentó poner en práctica la caída de ojos que le había enseñado Kaoru. Kyouya frunció el ceño y se acercó a ella con paso rápido. Haruhi cerró y abrió las manos, nerviosa, y alzó la mirada, preparándose para el impacto inminente.
-¿Se te ha metido algo en el ojo? -preguntó él. Haruhi se petrificó. Se sintió tentada a refugiarse en el rincón de Tamaki.
-Desde luego... -dijo, sintiéndose miserable - Contigo no valen las indirectas.
Kyouya la miró, pensativo. Sus neuronas ataron cabos y pronto una sonrisa de suficiencia se extendió por su rostro.
-Vaya... Así que esas muecas estaban destinadas a llamar mi atención -sus brazos se cerraron alrededor del frágil cuerpo de ella - Se supone que esas tácticas son para cuando estemos acompañados. Si estamos a solas, no te hace falta ser tan discreta.
Se inclinó para besarla, pero ella le detuvo, apoyando sus dedos fríos en la barbilla de él.
-Mi padre trabaja hasta tarde, así que tendré la casa para mi sola durante bastante tiempo.
Kyouya asintió, demasiado perplejo como para decir nada.
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hohoho, esta Haruhi no se anda por las ramas... Bueno, espero vuestros reviews.
