C'est fini

El viento rizaba la superficie del lago artificial. Su arena brillaba como si escondiera diamantes en su interior, y las aves autóctonas piaban, enriqueciendo la atmósfera.

Haruhi miró el complejo turístico, haciendo visera con su mano. Las instalaciones eran, aparentemente, las mismas que las de un ryokan de montaña normal y corriente. Nada más lejos de la verdad. Para empezar, ninguna posada les habría reservado todo el recinto a ellos solos. Y, por supuesto, bajo la apariencia plebeya había una cantidad ingente de materiales de altísima calidad y otras cosas que a Haruhi se le hacían totalmente innecesarias.

-¡Mira, Haruhi! –dijo Tamaki, con los ojos brillantes - ¡Hay un lago enorme! Si quieres, te llevaré a pescar.

-Es un lago artificial, Tamaki, y todavía no hemos introducido ninguna especie de pez ni nada parecido –aclaró Kyouya.

-¡Pero…pero…! ¡Entonces no es más que una piscina en mitad del campo!

-Si tienes algún problema, en un momento llamo a tu chófer y te largas.

-Hay unos baños termales muy grandes en el patio interior –dijo Hikaru.

-Y son mixtos, Haruhi. ¿Te animas a darte luego un bañito con tus "hermanitos"? –dijo Kaoru, pasándole un brazo por los hombros, sonriendo con malicia.

-Eso, Haruhi –dijo Hikaru, acercándose y agarrándola también – Si quieres podemos frotarte la espalda.

Tuvieron que poner fin al diálogo perverso cuando Tamaki empezó a perseguirles, tratando de golpearles con un balde lleno de cosas para el baño. Falló el tiro y además pisó su pastilla de jabón que había caído al suelo. El resbalón le llevó hasta la pared de roble de la casa, con la que se chocó ruidosamente.

-¡Tama! ¿Estás bien? –preguntó Hani, agachándose junto a él. Como Tamaki no respondía, empezó a pegarle tiritas con dibujos de animalitos hasta que Mori decidió que ya era suficiente.

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Haruhi disfrutaba por primera vez en mucho tiempo del placer de tomar el sol en bikini. Los débiles rayos de comienzos de primavera templaban su piel, mientras que el frío aire de la montaña la refrescaba. Los chicos estaban bañándose en el lago, haciendo bastante ruido y salpicando sin parar. Haruhi se sentía agotada sólo de mirarles.

Kyouya había aprovechado para nadar, amenazando antes a quien osara molestarle con algún "jueguecito plebeyo". No entró en detalles con respecto a la amenaza, pero todo el club sabía que Kyouya era un chico de recursos, y que no le costaría nada coger lo que tuviera a mano para exterminarles a todos.

Tamaki se tomó un descanso, aprovechando que los gemelos se habían puesto a jugar a las batallas a caballo con Mori y Hani. Salió y se tumbó en la toalla junto a Haruhi.

-¿Te lo has pasado bien? –preguntó ella, sin abrir los ojos.

-Sí –respondió él, encantado – Pero podías haberte bañado tú también.

-El agua está demasiado fría para mí. Además, ya estáis entretenidos, no tengo por qué hacer de niñera.

Tamaki no supo qué responder, así que se limitó a tumbarse, dejando que el sol le secara. Haruhi le miró de reojo, esperando verle acurrucado por su falta de entusiasmo.

Se encontró, en cambio, con una imagen bastante artística: Tamaki brillaba como un ídolo pagano, en una explosión de vapor de oro y diamantes de agua. El sol había besado su piel hasta volverla de un débil tono acaramelado, excluyendo las quemaduras en las mejillas y la nariz. Sobre sus hombros y frente habían brotado unas cuantas pecas.

De pronto, Haruhi se empezó a hacer preguntas cuya temática nunca había asociado con Tamaki. ¿Le gustaría, como a Kyouya, que le besaran en el cuello? ¿Sabría besar ya? ¿Sabría acariciar a una mujer?

-Haruhi –la voz de Kyouya la sorprendió más que las gotas que le cayeron en el regazo cuando él se acercó – deberías tener cuidado con el sol, parece que te has quemado las mejillas.

Ella le miró entornando los ojos por el sol y por el significado implícito de sus palabras.

-No se te pasa una –dijo Haruhi, cogiendo el libro que había traído, huyendo de la mirada sagaz de Kyouya.

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-¿¡Que Haruhi va a dormir sola!?

Kyouya le había dado la noticia de que Haruhi tendría su propia habitación en el segundo piso mientras se vestían después de pasar todo el día en la piscina natural.

-Cálmate, has estado mucho tiempo al sol, si gritas como un energúmeno te vas a desmayar –dijo Kyouya. Se quedó en silencio, pensativo, unos instantes – Mejor dicho, no te cortes, altérate todo lo que quieras.

-¿Qué será de ella? Tenemos que montar guardias, Kyouya – añadió, con un brillo resolutivo en la mirada – Empezarás tú, y luego vendré a sustituirte.

-¿Quién vendrá a hacer la guardia después de ti? –preguntó el otro.

-Pues los gem… Vale, lo de las guardias no es tan buena idea. ¡Pues aguantaré despierto toda la noche!

-¿Qué será de tu cutis? Nuestro rey no puede saltarse su cura de sueño, ¿qué dirían las clientas?

-Mmm. Lo pensaré durante la cena.

Terminaron de vestirse y caminaron hacia el comedor, cada uno planificando la noche para poder llevar a cabo sus planes, los cuales estaban a años luz el uno del otro. Tamaki sólo estaba preocupado en lo que cualquier desalmado pudiera intentar hacerle a su niñita del alma. Kyouya, por otra parte, estaba más interesado en ingresar en las filas de los posibles desalmados.

Al llegar al comedor se encontraron con una escena pintoresca: los gemelos estaban escondidos en un rincón, y Hani y Mori trataban de conservar la calma y protegerlos de la figura oscura y malévola que se encontraba agazapada al otro lado de la sala.

-Es… es un monstruo –dijo Kaoru.

-No se encuentra en sus cabales… Ha sido el ootoro –añadió Hikaru, temblando.

-Oye –farfulló Haruhi, sin dejar de embutir trozos de ventresca de atún en su boca llena a rebosar – Dejad de hacer teatro, que vosotros habéis accedido a darme vuestra parte.

-¡Me he perdido los primeros bocados de ootoro de mi niña! –sollozó Tamaki, derrumbándose sobre el tatami.

-En realidad ya he… -empezó a decir Haruhi, pero detectó la mirada láser de Kyouya, y optó por guardar silencio.

Se sentaron a la mesa y comieron con ganas. Todos estaban cansados y hambrientos después de pasarse el día en el agua. Al terminar la cena, una camarera trajo helado de té verde y un surtido de infusiones.

-¿Qué vamos a hacer ahora? –preguntó Hani, con la boca y la barbilla manchadas de verde – Takashi y yo no nos queremos ir a la cama todavía…

-Podemos contar historias de miedo –dijeron Hikaru y Kaoru, acechando a Tamaki – Aunque eso se le da mejor a Nekozawa-senpai

-Estamos todos demasiado cansados como para pensar en historias de miedo –dijo Kyouya – Quizá Haruhi nos pueda enseñar algún juego tranquilo, que no requiera mucha concentración.

-Bueno… Podemos jugar a "verdad o atrevimiento" –dijo ella. No es que le apeteciera mucho, pero algo tenía que hacer. Después de todo, había ido al resort por la cara.

-Oh, me gusta como suena eso –dijo Tamaki, inclinándose sobre ella – Dile a papi como se juega.

-Uno hace de "madre", y tiene que preguntar al resto qué prefiere, si atrevimiento o verdad. Si elije atrevimiento, la "madre" puede ponerle una prueba, del tipo que sea. Si elije verdad, tendrá que responder sinceramente. Si se niega a responder, tendrá que pagar prenda.

-¿Pagar prenda? –preguntaron todos.

-Quitarse una prenda de ropa –aclaró ella.

Hubo tres segundos de silencio, y luego todos se revolucionaron.

-¡Corre, Haruhi, pídete ser madre!-gritó Tamaki, con lágrimas en los ojos.

-¡No, nosotros queremos ser madre! –vociferaban los gemelos, intentando estrangular a Tamaki.

-Takashi sólo tiene puesto un yukata, ¿no es un poco injusto? ¡Si tiene que pagar prenda, se quedará en taparrabos!

-¿Taparrabos? –murmuró Haruhi, palideciendo un poco.

-Callaos, niños –dijo Kyouya – Ya que soy yo quien ostenta el cargo de "mamá", seré yo quien haga las preguntas.

-Ya me imaginaba que Kyouya iba a querer mangonearnos… -masculló Hikaru.

-Bueno, por lo menos las preguntas no serán muy fuertes. Lo máximo que nos querrá preguntar es el número de cuenta y la contraseña de la caja fuerte –respondió Kaoru.

Sus carcajadas murieron cuando vieron el aura de malignidad que exhalaba Kyouya. Se sentaron en círculo a su alrededor, mirándose los unos a los otros, sin saber muy bien qué iba a pasar.

-De acuerdo, primero preguntaré a… Haruhi.

-Ugh.

-¿Atrevimiento o verdad? –la voz de Kyouya cayó como melaza sobre ella. Con un escalofrío, Haruhi se decidió a contestar.

-Atrevimiento.

-Muy bien –todos parecían un poco decepcionados por su elección. Kyouya se recolocó las gafas antes de proponer la prueba – Tienes que hacer una danza del Bon Odori. Hani, la percusión.

De inmediato, Hani-senpai volcó una papelera cercana, golpeándola rítmicamente hasta conseguir el tum-tum-ti-tum típico de los bailes de Bon Odori.

-Vamos, Haruhi, que no te de vergüenza –dijo Tamaki, sacando una cámara de fotos.

-Sin fotos, Tamaki –advirtió Kyouya – No queremos que se filtre nada que demuestre que Haruhi es una chica, ¿recuerdas?

-Pero… pero… ¡iba a guardarla en mi mesilla de noche, para contemplarla todos los días en la intimidad de mi dormitorio!

-Eso no es que me tranquilice mucho… -dijo Haruhi. Intentó concentrarse en el ritmo, y comenzó a mover los brazos y a caminar en círculos por la habitación, con la cara como un tomate.

Los gemelos se partían de risa. Habían llegado al punto de no poder levantarse del suelo.

-¡Jajajaja! ¡Haruhi parece un robot!

-¡Es un androide, un androide! ¡Jajajaja!

-¡No les hagas caso a los idiotas de tus hermanitos, Haruhi! –dijo Tamaki, absolutamente entusiasmado, intentando disimular mientras grababa un vídeo con el móvil.

-Está bien, Haruhi, buena chica –dijo Kyouya, magnánimo – Ahora le toca el turno a nuestro querido rey.

-¡S…sí!

-¿Verdad o atrevimiento?

-¡Atrevimiento!

-Vale, tienes que cantar "soy una tetera" mientras haces un striptease.

-¡¡¿¿Qué??!! ¡No… no puedo hacer eso!

-Entonces ya puedes ir soltando prenda. Y no valen ni collares, ni pulseras, ni nada de eso.

Tamaki miró desconsolado sus pies, lamentando no haberse puesto calcetines ni zapatillas de andar por casa. Acabó echando mano a su camisa, desabotonándola con los ojos llenos de lágrimas de cocodrilo, como si en vez de la prenda, estuviera perdiendo su virtud.

-¿Qué pasa? ¿El Rey del club de Host no está seguro de su físico? –le provocó Kyouya. Tamaki le dirigió una mirada furibunda y terminó de arrancarse la camisa, tirándosela a la cara. Pero Kyouya fue más rápido y la cogió antes de que hiciera contacto con sus gafas.

-Muy bien, ahora Mori-senpai. ¿Verdad a atrevimiento?

-Verdad.

-¿Alguna vez has abusado de tu fuerza? –preguntó Kyouya, ligeramente aburrido. Preveía la respuesta, y algo le decía que no iba a ser muy entretenida.

-Sí –contestó Mori, sin vacilar. Parecía sentirse mortificado.

-Vaya. ¿Con quién te has sobrepasado, senpai? –preguntó Hikaru, contemplando a Mori bajo una nueva luz. Cualquiera que se rindiera a sus instintos violentos merecía la aprobación de los gemelos.

-Sólo una pregunta por persona –dijo Hani, acudiendo al rescate. Posó una mano tranquilizadora en el hombro de Mori. – Ahora, yo, Kyo.

-Ah, sí –Kyouya todavía estaba un poco perplejo - ¿Qué escoges, senpai?

-¡Atrevimiento! ¡El Conejito y yo no le tenemos miedo a nada!

-Veamos… Vale, tendrás que ver como Haruhi se come un trozo de pastel de fresa, y tú no podrás comer ninguno en lo que queda de noche.

Todos aguantaron la respiración. Hani empezó a sudar. Finalmente, se quitó los pantalones y se los ofreció a Kyouya.

"-¿Por qué habrá empezado por los pantalones?" –pensó Haruhi.

-Takashi, lo siento, no he podido… -dijo Hani con la voz temblorosa. Mori le miró, compasivo, dándole unas palmaditas en la cabeza.

-Vale, ahora vosotros –dijo Kyouya, mirando a los gemelos - ¿Contestáis por separado o juntos?

-Depende de la pregunta –dijeron al unísono.

-¿Verdad o atrevimiento?

-Verdad –dijo Hikaru, y Kaoru no protestó, así que Kyouya se puso a pensar qué preguntarles. Estuvo a punto de decir algo decente y normal, pero no pudo resistirse, y menos teniendo en cuenta la trastada que le habían hecho en el cumpleaños de Tamaki.

-¿A quién distéis vuestro primer beso?

Los gemelos esbozaron una sonrisa maliciosa. Abrieron la boca para contestar, y por un momento todos pensaron que iban a soltar la noticia del siglo.

-Rehusamos contestar –dijeron, quitándose un calcetín cada uno.

-¿Eeeh? –dijo Haruhi – Quien hubiera dicho que vosotros eráis tímidos.

-Pues sí –dijo Hikaru, ruborizándose – En el fondo somos unos chicos sensibles y vergonzosos.

-Ya… -dijeron los demás.

-En fin, sigamos –Kyouya miró a Haruhi de nuevo – Elige.

-Verdad.

-¿Has fantaseado alguna vez con alguno de nosotros?

-Sí –dijo ella, sin ningún problema. Total, no tenía por qué decir con quién. Miró a los demás, removiéndose un poco en su sitio al ver sus bocas abiertas.

-¿De… de verdad? –preguntó Hikaru, acercándose a ella.

-Debo tener todavía agua en los oídos, no hay duda –dijo Tamaki, con una sonrisa benévola.

-No montéis tanto escándalo por algo así –dijo ella, decididamente incómoda – Después de todo, yo también tengo quince años, estoy en plena pubertad, como vosotros.

-Bueno, ya que Haruhi ha contestado a la pregunta con total sinceridad, pasemos al siguiente concursante –dijo Kyouya, desviando la atención como pudo – Bien, Tamaki, ¿verdad o atrevimiento?

-Verdad, supongo –dijo, aún anonadado.

-¿En quién pensaste cuando te masturbaste por primera vez?

Silencio absoluto. No un silencio aterrado, ni un silencio incómodo. Era ese silencio interesado, durante el cual la gente está prestando todos sus sentidos al noble arte de meterse en los sórdidos asuntos de los demás.

-Kyouya, no me hagas esto…

-Si no quieres responder, no tienes más que seguir dándome ropa. Pero creo que sólo te quedan los pantalones, el cinturón y la ropa interior, ¿me equivoco? ¿No sería preferible que te guardaras esos ases para cuando las preguntas se vuelvan más y más comprometedoras?

-… -Tamaki caviló unos segundos – Está bien, responderé. Era… mi niñera, Cécile.

-Vaya, sabíamos que eras un pervertido, pero no que lo fueras desde el jardín de infancia – dijo Kaoru.

-Aléjate de él, Haruhi, a saber las ideas que puede meterte en la cabeza –añadió Hikaru, tirando del brazo de ella.

-¡No, idiotas! –gritó Tamaki, agitando los brazos como un molino, en un intento de defenderse - ¡Yo tenía 13 años, he dicho niñera, pero era más bien una institutriz!

-¿Y era guapa, Tama?

Tamaki se sonrojó hasta la raíz del pelo mientras recordaba a Cécile y sus perturbadoras curvas. Había fantaseado con enterrar el rostro en su melena castaña, mientras ella ponía objeciones. Más tarde se había limitado a pensar en las frases que solía repetirle, en su voz grave y sexy, hasta que éstas perdieron todo matiz de severidad.

-Era preciosa –dijo, su voz algo áspera por una mezcla de vergüenza y excitación inoportuna.

-Bueno, pasemos al siguiente. Mori-senpai, ¿qué prefieres?

-Verdad.

-¿Otra vez? Está bien –tomó aire antes de hacer la pregunta. Después de todo, Mori era su senpai, debía tener el suficiente tacto - ¿Con quién fue tu primera vez?

Mori permaneció callado un momento.

-¿Mi primer beso? –preguntó. Kyouya negó lentamente con la cabeza, y supo que Mori había entendido perfectamente lo que quería decir.

-¿Y bien? –insistió Hikaru, perdiendo la paciencia.

-Yatsuha-sensei -dijo. Un silencio espeso siguió a sus palabras - Mi profesora de ikebana.

Eso era alcanzar un nivel superior.

-Vaya, quién lo hubiera dicho, Mori-senpai -dijo Kyouya, con una media sonrisa.

-Es verdad, Mori -añadió Kaoru - ¿Se aprovechó de ti cuando no eras más que un joven kendoka?

Los ojos de tinta de Mori miraron al suelo, pero en realidad estaba viendo más allá del tatami, regresando a su único momento de debilidad. Recordó las flores de ibis, su púrpura oscuro hiriendo la blancura de las manos de ella. La enagua roja bajo su kimono negro, el aroma a sándalo en sus mangas, la insolencia escarlata de su boca. Su pelo... Se había desparramado como una cortina al ceder el cordón de seda bajo los dedos temblorosos de él. Su olor dulce a flores y mujer era más intenso en los cabellos finos de su nuca.

La mariposa de su obi había aleteado un segundo antes de deshacerse, víctima también de las manos encallecidas. El calor húmedo del invernadero hacía correr arroyos de agua y sudor entre sus pechos, desembocando en la hondonada de su vientre blanco. ¿Se había aprovechado de él?

-No -contestó, simplemente. A pesar de su brevedad, la respuesta fue lo bastante contundente.

-¡Mori-senpai! No sabíamos que eras así de impulsivo -dijo Hikaru, con una sonrisa maliciosa. Un rubor casi inexistente se posó en las mejillas de Mori.

-Era joven -dijo, en su defensa.

Todos se giraron hacia Hani. La situación había sobrepasado ya el juego de "verdad o atrevimiento", quedando sólo las preguntas en crudo, pero nadie dijo nada en contra.

-¿Alguna anécdota que contar, senpai? –preguntó Kaoru.

-Sí, ¿ha tenido nuestro loli-shota alguna experiencia más madura? –secundó su hermano.

Hani abrió la boca para contestar, abrazando con fuerza a su conejito. Mori le observó, preocupado.

-Fue una de las amiguitas de mamá. –dijo con voz suave. Parecía un poco triste - Decidió que ya era lo bastante mayor.

Haruhi le miró con algo de lástima. Quizá eso explicaba el papel asexual que había tomado Hani en el club de Host.

Incluso los gemelos se dieron cuenta de que la conversación podía volverse trágica si seguían interrogando a Hani.

-De acuerdo, no queremos desenterrar sucesos funestos, será mejor que pasemos a otra persona –dijo Kyouya.

Mori parpadeó, perplejo. Aunque era cierto que Hani había sido medio obligado al principio, no había dicho que fue la dama en cuestión la que acabó rogando al final de la tarde. Claro que esa información no era buena para la imagen de niño dulce y bondadoso de Mitsukuni.

Tamaki había ido escuchando, fascinado, todas las historias, pero entró en estado de pánico al darse cuenta de que Haruhi estaba ahí, escuchándolo todo con sus delicados oídos. Se abalanzó sobre Kyouya, tapándole la boca.

-¡Vete, Haruhi! ¡Que esta panda de inmorales no ensucie tu delicado y virginal halo con sus anécdotas de marineros!

Kyouya frunció el ceño y chasqueó los dedos. Los gemelos asintieron, enderezándose marcialmente, y se apresuraron a darle a Tamaki un tratamiento de cuerda. Cuando estuvo bien atado y amordazado, regresaron a sus sitios, deseando volver a la conversación.

-Ahora os toca a vosotros, Hika y Kao –dijo Hani, un poco demasiado entusiasmado.

"-Bueno – pensó Haruhi – teniendo en cuenta que este chico tiene ya 18 años, es normal que se interese por la materia. De hecho, es lo más normal que le he visto hacer".

-¿Qué chicas cayeron en vuestras redes? –preguntó Kyouya. Empezaba a pensar en si debía o no encender la grabadora de bolsillo. La visión de un CD especial de vivencias maduras del club de host le tentó poderosamente. Pero decidió olvidarse de las ventas por una vez en la vida, más que nada porque sus anécdotas no eran ni mucho menos tan floridas como las de los demás, por no mencionar el caso de Haruhi, o la mojigatería de Tamaki.

-En realidad fue la misma chica –dijo Hikaru, con una carcajada bailando en sus palabras.

-Sucedió en nuestra etapa de niños rebeldes e incomprendidos –añadió Kaoru.

-¿Acaso ha terminado esa etapa? –dijo Haruhi, arqueando las cejas.

-El caso es…

-…que el juego de siempre se nos fue un poco de las manos.

-Y al final pasó…

-…lo inevitable.

Kaoru recordó su expresión de sorpresa cuando le miró después de que la besara.

"-A Hikaru le gusta otra chica –le había dicho, besando su cuello - Y yo creo que eres muy guapa. ¿No te valgo yo?"

"-Kaoru-kun… "-suspiró ella. Qué fácil había sido guiarla hasta el cobertizo de los materiales de gimnasia. Pero ¿no se habían mostrado siempre igual de complacientes?

Hikaru pensó en el tacto de su cuerpo contra el suyo, cuando la acorraló contra la pared. La excitación que le producía dominarla, junto con las ganas de igualar a su hermano, le habían dado ánimos.

"-Me he enterado de lo que has hecho con Kaoru" -ella tragó saliva.

"-Lo...lo siento, Hikaru-kun, yo..."

"-Cállate - la había hablado con desdén, la había tocado de arriba abajo, notando su temblor en las yemas de los dedos.

"-Hikaru..." -había murmurado ella, medio muerta de vergüenza.

"-No sé por qué, pero... creo que estoy celoso" -los ojos de ella se habían abierto tanto... Sus pestañas húmedas podían haberle conmovido, pero no lo hicieron. No fue fácil sujetarla, pero al final se rindió. Pero, ¿qué otra cosa cabía esperar?

Haruhi sintió un escalofrío. No sabía quien había sido la víctima de los gemelos, pero sospechaba que había hecho todo lo posible por poner tierra de por medio entre ella y los Hitachiin.

-Vale, nosotros ya hemos contado nuestro terrible secreto -vocearon al unísono – Ahora le toca a nuestra mascota.

-Yo no lo he hecho todavía –dijo Haruhi. Su respuesta se alejaba un poco de la visión de rubores y balbuceos que casi todos tenían en mente, pero contribuyó de todas maneras a tranquilizarlos.

-Tendremos que desamordazar a Tamaki si queremos seguir con la rueda de preguntas –señaló Kyouya. Mori se adelantó y le quitó la corbata con que le habían silenciado.

-¿Cómo osáis hacerle esto a vuestro rey? ¡¡El castigo por vuestra fechoría será homérico!!

-Sí, sí... -dijeron los gemelos, pasando de él - Bueno, jefe, ¿y qué hay de tí?

Tamaki se puso de color rosa.

-¿Qué.. qué... qué queréis decir?

-Tu...

-primera...

-...vez.

-Un... un caballero que se precie no habla de esas cosas -balbuceó.

-¿Eeeh? -los gemelos parecían decepcionados - Pues vaya rollo - fruncieron el ceño y empezaron a empujar a Tamaki - ¡Estúpido virgen, estúpido virgen!

-¡Pre…prefiero ser un estúpido virgen antes que ser un casquivano como vosotros!

-Jajajaja, ¿has oído, Kaoru? ¡Somos "casquivanos"!

-Jefe, esa palabra no se decía desde la Edad Media.

-¡Estúpido virgen pasado de moda! –canturrearon, meneándolo de un lado a otro, aprovechando que todavía seguía atado.

-¡Parad! ¿Por qué no molestáis un rato a vuestra madre? Kyouya todavía no ha contestado a ninguna pregunta.

Haruhi y los otros cuatro chicos miraron en silencio al susodicho.

-Bueno, creo que el Conejito tiene un poco de sueño…

-Sí.

-¿Qué podríamos hacer mañana?

-Tal vez podamos conseguir que Haruhi nos prepare comida experimental plebeya…

-¿A qué viene esa falta total de interés? -preguntó Kyouya.

-No es por nada, senpai... -empezó Hikaru.

-... pero no esperamos nada demasiado emocionante -terminó Kaoru.

Haruhi vio el tic en la mejilla de Kyouya y previó el desastre.

Él apretó los puños, intentando no estallar. Estaba bastante satisfecho consigo mismo, a pesar de no haber dado el paso final con Haruhi, y era consciente de haber realizado una labor excelente. Que esos dos idiotas se atrevieran a dar por hecho que su vida sexual no era emocionante era una ofensa que casi le hizo perder la calma.

"-Hikaru, Kaoru - pensó, esforzándose en sonreír - Os dejaré vivir tranquilos e ignorantes durante un tiempo, pero, más tarde o más temprano, vais a pagar por eso"

-Vaya, como me conocéis -dijo. Trató de ocultar su aura oscura con una sonrisa despreocupada, pero sólo lo consiguió a medias.

Tampoco es que hubiera puesto mucho empeño.

Haruhi estaba empapada en sudor frío. Respiró aliviada cuando todos dieron por terminado el juego y se pusieron en camino hacia las distintas habitaciones.

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Tachibana se deslizaba con sigilo por los pasillos. Sus pies descalzos no hacían ni un sonido al hundirse levemente en el tatami. Entró, una por una, en todas las habitaciones, rociando los rostros dormidos de los amigos del señorito Kyouya con un somnífero suave.

Que le ahorcaran si sabía los motivos que de Kyouya para hacer eso. Tampoco estaba seguro de querer meterse demasiado en el asunto. Sospechaba que tenía que ver con la señorita Fujioka, y en ese terreno no había nada lo bastante peligroso como para que tuviera que preocuparse.

Al terminar de visitar todos los demás cuartos, llamó suavemente a la puerta de la habitación de Kyouya.

-Misión cumplida –dijo.

-Muy bien. Muchas gracias, Tachibana, siempre estás ahí cuando lo necesito. Puedes irte a la furgoneta, estaremos bien.

-A sus órdenes –contestó Tachibana, intentando que su voz sonara recia y firme tras ablandarse peligrosamente con el comentario de Kyouya.

Éste comprobó que todos estaban profundamente dormidos, dando golpes a las puertas, y tirando un buen rato de los mofletes a Tamaki. Tras asegurarse, se dirigió a los baños al aire libre con una sonrisa gatuna.

Haruhi se encontraba sumergida hasta la nariz, haciendo pompas y sintiéndose en el paraíso. El agua de color blanco terroso la calentaba hasta el tuétano. Los jabones del resort eran de primerísima calidad, y su aroma a cerezas la había transportado a un mundo almibarado y dulzón.

-Vaya, que terrible contrariedad, y yo que pretendía darme un saludable baño a la luz de la luna, a solas con mis pensamientos.

Ella dejó de hacer pompitas y se giró, una sonrisa asomándole a los labios.

-Si te molesto me marcho –dijo, haciendo amago de levantarse.

-¿Por quién me tomas? ¿Desde cuándo he sido una persona tan egoísta?

-¿De verdad quieres que te responda?

Kyouya se limitó a dejar caer su yukata al suelo. Se sentó en uno de los taburetes de la zona de ducha y dejó que el spray de agua tibia le lavara. Haruhi apoyó los brazos en el borde de la terma, fijando los ojos en la espalda de él. Si la distancia y la carencia de gafas o lentillas no lo hubieran impedido, se habría concentrado en cada gota que bajaba a la carrera por la piel de Kyouya.

-Ayúdame a enjabonarme la espalda, Haruhi.

-Hace frío –se quejó ella, pero salió de todas formas. Se puso el yukata que él había dejado tirado, tiritando.

-Toma –dijo Kyouya, poniéndole el jabón en las manos. Ella empezó a enjabonarle los hombros y la espalda, mientras él se dedicaba a la parte delantera. Haruhi frotaba con energía, masajeando los músculos tensos y haciendo que no se quedara frío.

-Apártate un poco, voy a aclararme –ella se alejó, pero al cabo de unos segundos se quitó el yukata, pegándose a Kyouya para poder estar al alcance del agua caliente.

Kyouya dio un respingo mental al notar las pequeñas curvas de ella contra su piel. Terminó de aclararse el pelo y se giró, abrazándola para que la ducha la alcanzara completamente. Ella se puso de puntillas y le besó en el cuello, tragando algo de agua en el proceso. Claro que no iba a dejar que él se diera cuenta de ese pequeño detalle.

Kyouya se inclinó sobre ella para besarla, tanteando a su espalda para cerrar el grifo. El aire frío de la noche les dio un latigazo que dolió el doble sobre la piel mojada, pero pretendieron no enterarse. Ambos peleaban por ver quien aguantaba más tiempo, tratando de sacar algo de calor de la boca ardiente de su contrincante.

Haruhi giró la cara, respirando a grandes bocanadas. Kyouya sonrió satisfecho antes de cogerla en volandas para dejarla caer en el onsen. Cuando ella salió a la superficie, él ya estaba dentro del agua, arrinconándola contra la pared de madera. Su boca capturó la de Haruhi otra vez, besándola despacio. Las gráciles manos de Kyouya la acariciaban, dejando un rastro más caliente que el agua. Haruhi murmuraba palabras sin sentido contra sus labios, entre beso y beso. Él se movió hasta la suave garganta femenina, mordisqueando la piel mojada, lamiendo la elevación casi inexistente de su nuez. Se arrodilló en el suelo de la terma, poniéndose a la altura de su pecho, besándolo con devoción mientras sus dedos se aventuraban a explorar entre las piernas temblorosas de Haruhi.

Ella se agarró con una mano al pelo empapado de Kyouya, tocando y medio arañando con la otra su cuello y hombros, haciéndole gemir. A veces él no podía contenerse, y se giraba para mordisquear los dedos de ella.

Se puso en pie de nuevo, la besó con fuerza y la sentó en el borde del onsen, levantándola por el trasero. Haruhi siseó cuando fue obligada a abandonar la calidez del agua, pero se olvidó de todo cuando sintió el cabello de él rozándole los muslos. Alzó la cabeza y separó las piernas, consciente de lo que estaba por llegar.

La lengua de él ardía contra la superficie helada de sus muslos. Haruhi apretó la madera mojada sobre la que se sentaba, la mirada fija en las estrellas, la boca entreabierta. Empezó a maldecir y alabar a partes iguales la habilidad de Kyouya. Y, un segundo después, fue víctima de un estallido que le permitió ver las estrellas aún a través de sus párpados cerrados.

Kyouya miró, ligeramente fascinado, cómo el rubor de Haruhi trepaba por su rostro hasta la frente y descendía desde su cuello hasta llegar, como una ola rosada, hasta su estómago. Tenía los senos erizados y todo su cuerpo parecía vibrar. Con su mano mojada refrescó los labios secos, besándola después. Haruhi le rodeó con los brazos, dejándose caer sobre él mientras Kyoya, a su vez, se dejaba caer en la terma.

Y, de repente, justo cuando Haruhi se disponía a ser romántica, empezó a picarle la nariz. Y en el preciso momento en el que Kyouya pensó que no podía más y que tenía que seguir o explotaría, ella…

…Ella le estornudó en la cara.

-… -Kyouya guardó silencio unos instantes. Haruhi se sintió un poco mortificada – Ya veo que hace demasiado frío como para seguir con esto aquí. Será mejor que nos vayamos a otra parte.

-¿Tu habitación?

-No, está demasiado cerca de la de Tamaki. Sé que Tachibana les ha dejado bien dormidos, pero por si acaso… -estiró la mano hasta alcanzar su móvil. Marcó un número corto y esperó – Soy Ootori, ¿está listo el cuarto que pedí? Perfecto.

Colgó y salió a toda prisa del onsen, arrastrando a Haruhi. Se puso el yukata por el camino, agarrando una toalla y tirándosela a ella para que se tapara. Haruhi le seguía con la lengua fuera. Subieron dos tramos de escalera y se toparon con una puerta corredera de papel rojo. Kyouya frunció el ceño ligeramente.

-Han escogido un color un poco obvio para la suite nupcial. Lo comentaré con el decorador, a ver si estamos a tiempo de poner algo más elegante.

-¿Suite nupcial? –repitió Haruhi. Kyouya sonrió con malicia.

-Es verdad. Hay que mantenerse a la altura de las circunstancias –se agachó, y por un instante Haruhi pensó que se le había caído algo. De repente Kyouya se las apañó para cogerla en volandas.

-Abre la puerta, cariñito –bromeó él – No puedo hacerlo mientras sostengo tu delicado cuerpo.

-Pff… -Haruhi intentó aguantar la risa, pero se le escapó entre los dedos - ¡Ajajaja! ¡Por favor, no vuelvas a decir eso…!

-No le quites solemnidad al momento, amorcito –siguió diciendo Kyouya, entrando en la suntuosa habitación. Un futón gigante les esperaba, y eso fue lo único en que se fijaron. Ya se centrarían más tarde en la decoración.

Kyouya la dejó caer en el futón y empezó a quitarse la poca ropa que llevaba como si le quemara. Haruhi arrojó la toalla a la otra punta del cuarto. Se lanzaron el uno sobre el otro, besándose, mordiéndose y tocándose sin parar. Rodaron por el futón hasta marearse. Se regodearon en la sensación de sus cuerpos tocándose, sintiendo que podían hacerlo con total libertad por primera vez.

Y, en un momento determinado, Kyouya la contempló, totalmente inmóvil, esperando que se diese cuenta de su necesidad. Haruhi no dijo nada, pero en cierto modo su silencio era ya una respuesta.

-Espera –dijo él. Su voz sonó extraña en mitad de toda aquella quietud. Estiró el brazo para alcanzar una caja octogonal de madera lacada que estaba, para sorpresa de Haruhi, llena a rebosar de condones.

-Tú si que aprendes de los errores – comentó ella. Kyouya se limitó a acercarse a ella. Parecía un poco nervioso.

-Ayúdame – dijo. Haruhi asintió, ruborizándose. Tocó con una mano trémula la erección de él, sintiéndose torpe. El látex se ajustó sin ningún problema. Ambos respiraron hondo, aliviados. Con sus antecedentes, no podían descartar todavía la posibilidad de que algo saliera mal, pero parecían haber salvado uno de los obstáculos mayores.

-¿Estás…? –preguntó él.

-Si tú…

-Ya, pero yo no quiero que…

-Tranquilo, no…

-¿Seguro?

-Sí.

Ambos tragaron saliva con dificultad. Se besaron una vez más. Un beso corto y rápido que pretendía ofrecer confort mutuo.

Él rozó con las yemas de los dedos las piernas de Haruhi. Ella las separó lentamente. Él acarició su sexo, la besó en el cuello. Haruhi comenzó a relajarse de nuevo, sus manos viajaron por el cuerpo de él, sinuosas. Kyouya decidió que tenía que hacerlo, tenía que dar el paso de una vez, porque si esperaba un poco más estaría tan ansioso cuando lo hiciera que no duraría ni un instante. Y no quería quitarse la etiqueta de virgen para ponerse la de eyaculador precoz.

Haruhi notó algo de presión cuando él empezó a penetrarla, algo de dolor cuando se movió dentro de ella, y algo de inquietud cuando de repente él se detuvo.

-¿Estás bien? –le preguntó. Kyouya, apretó los dientes y negó con la cabeza mientras pensaba en la política exterior de Kazajstán para no correrse en ese mismo instante. Unos segundos después se vio con ánimo de moverse de nuevo. Haruhi empezó a mecerse con él, pero Kyouya le sujetó las caderas, mirándola con unos ojos llenos de súplica y amenaza a partes iguales.

-Si te mueves no voy a durar ni un minuto más –le dijo.

Ella se quedó callada unos segundos.

-¿Qué hora es? –preguntó, por fin.

-¿Eso es una estrategia para distraerme? –dijo él, con una sonrisa torcida – Lo digo porque para eso tendrías que pronunciar un discurso sobre la migración del cangrejo.

-No, es para calcular cuanto tiempo tenemos.

-Apenas hemos empezado, tranquila –como ella seguía esperando una respuesta, él se la dio, aguantándose las ganas de lanzar un suspiro exasperado – Quedan unas cinco horas para que se despierten.

-Ah, bueno –si dijo algo más, Kyouya no se enteró, porque toda su atención se trasladó a zonas más al sur cuando Haruhi le rodeó con sus piernas y empezó a moverse con bastante entusiasmo.

-Qué…ah…deja de hacer eso…

-Si quedan cinco horas, creo que puedes ir a tu ritmo esta primera vez –dijo Haruhi – Hay tiempo de sobra para que cumplas con tu parte.

Kyouya pensó en objetar. Pensó en decir algo sobre el orgullo de los Ootori. En realidad no pensó nada, porque Haruhi hizo maravillas con sus caderas, y todo quedó sumergido en un batiburrillo de sensualidad y endorfinas.

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A la mañana siguiente el resto del club de host se levantó con una sensación de resaca.

-¿Te duele la cabeza, Hikaru? –preguntó Kaoru, masajeándose las sienes.

-Sí, como si me estuvieran dando martillazos.

-A Takashi y a mí también nos duele –la voz de Hani sonó un tanto lúgubre, a pesar de su buena intención.

-Es verdad, yo también tengo migraña –dijo Tamaki – Igual es por la presión.

-¿Presión? –preguntó Hikaru.

-Cuando se asciende hasta alcanzar cierta altitud, como nosotros, la presión atmosférica aumenta, y puede causar mareos y dolor de cabeza.

-Esperemos que Kyouya no tenga jaqueca –dijo Tamaki, para sí mismo – Ya se levanta con el suficiente mal humor.

-Buenos días –dijo Kyouya, entrando en el comedor – Huevos revueltos, tortitas, tostadas, yogur, fruta y un par de barritas de cereales. Para beber quiero café americano, por favor – pidió a la camarera que estaba junto a la puerta.

El resto se le quedó mirando, con una mezcla de asombro y aprensión en el rostro.

-¿Qué pasa? –preguntó él, comenzando a desayunar alegremente cuando trajeron su comida.

-¿No te encuentras mal esta mañana? ¿No te duele la cabeza? –preguntó Tamaki.

-¿Debería dolerme?

-Nosotros nos hemos levantado con migraña –dijeron los gemelos – Igual es que los malvados son inmunes…

Kyouya estaba de tan buen humor que ni se inmutó.

-Pues yo me he levantado muerto de hambre, pero no me duele la cabeza.

"-De hecho –pensó- es lo único que no me duele".

Haruhi entró a los cinco minutos. Pidió un desayuno abundante, pero no tanto como el de Kyouya.

-¿Y tú, Haru? –preguntó Hani - ¿Te duele la cabeza?

-¿Eh? No, para nada. Pero estoy muy cansada. Después de comer quizá me eche una siesta a la sombra de esos árboles que he visto. Hoy hace más calor, y se está muy a gusto fuera.

-Bueno, menos mal que a nuestra Haruhi no le duele nada – dijo Tamaki – Eso es lo que importa.

"-Que no me duele nada, dice –se dijo ella – Me siento como si hubiera estado cinco horas montando a caballo en la postura del loto…"

Terminó su desayuno y se levantó.

-Voy a nadar un rato –anunció. Los demás no parecían estar de humor.

-Yo también voy –dijo Kyouya.

-Vaya, senpai, gracias por acompañarme.

-Ya eres mayorcita para que te acompañen. Yo voy a nadar, si me molestas atente a las consecuencias.

-¡Quédate por la orilla, Haruhi! –aulló Tamaki.

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-He estado pensando –dijo él.

-Yo también.

-¿Y qué conclusión has sacado?

-Que hemos tenido una historia peculiar.

-Sin duda.

-Peor que todo tiene su final.

-Completamente de acuerdo.

Haruhi le miró.

-No coincidas en todo lo que yo digo, me da grima.

-No puedo evitarlo.

Caminaron en silencio hasta el lago.

-¿No te da ni siquiera un poco de pena? –dijo ella.

-¿Por qué? No es como si nos fuéramos del país. Lo único que vamos a dejar es el sexo.

-Ya lo sé. Aunque, no sé tú, pero yo no voy a cerrar mis puertas completamente.

-Yo tampoco. Pero no andes esperándome como un perro faldero.

-Puedes estar tranquilo –dijo ella, sin enfadarse. Esbozó una sonrisa sobre la que revoloteó el reflejo del agua, y se sumergió.

Él se quedó en la orilla, sin seguirla, de momento.

Primero tenía que hacer unos estiramientos. Después de todo, su cuerpo seguía chillando de dolor cada vez que respiraba, tenía que prepararse antes de pensar en ordenarle a sus músculos que nadaran.

Diez minutos después, decidió lanzarse.

FIN

Que nadie llore, por favor. Sé que todos esperabais que Haruhi y Kyouya se liaran definitivamente en mi fic, pero no he podido. En mi interior siempre pensaré que Tamaki y Haruhi están avocados a arrejuntarse –sólo hay que ver cómo va el cómic -. Así que, lo siento si el final os ha decepcionado.

Me habéis animado muchísimo, y nunca podré agradeceros lo suficiente vuestro apoyo incondicional. Os mando mil besos, y todavía no son bastantes.

(lagrimita) Que tonta que soy, emocionándome como si no fuera a escribir más fics, o cómo si fuera a irme a las Malvinas… Ains.

En fin, esto es todo, de momento. Por lo menos en lo que respecta a Kyouya y Haruhi. Au revoir!