Disclaimer: No he creado a Sammy, ni a Dean, ni a John. No soy un hombre ni me llamo Kirpke. Obviamente, todo esto lo hago sin ánimo de lucro. Es que es más divertido cuando no tienes a medio EEUU pendiente de lo que pasará en el siguiente capítulo.
.Pacto.
-Parece que sea ya costumbre.-casi gruñó para si mismo, tirándose en la cama de aquella habitación de motel.
Mirando hacia el techo su cabeza vagó levemente desde el día de la muerte de su padre hasta hacía ya unos años, al momento en el que Dean había muerto. Dos muertes. Dos pactos. Odiaba que la gente hiciera eso, y aun así ahí estaba, intentando solucionar otro pacto nuevo de un idiota que había vendido su alma a cambio de una carrera profesional productiva.
Sacudió la cabeza como de un perro se tratase e intentó centrarse en el caso, pero eso de volver a pensar en pactos demoníacos le estaba afectando más de lo que pensaba. Se lo estaba tomando demasiado a pecho y sabía que no debía. Alan Stone no era ni John ni Dean Winchester. Pero aún así, no podía dejar de pensar en su padre y su hermano.
Si bien ambos habían dado su vida por alguien que les importaba —y suficientemente culpable se sentía ya al saber que ese alguien era él en el caso de Dean y en parte tambien en el de su padre— ese idiota no la había dado más que por una estúpida carrera. Y lo peor era que se sentía obligado a salvarle, porque en su momento no salvó a su hermano, ni a su padre.
-Estúpido.-volvió a gruñir, tapándose la cara con las manos.
Quería llorar de la impotencia, pero se recordó a si mismo que los Winchester no podían llorar, y eso se lo había enseñado su hermano. Si no había podido con el pacto de Dean, al cual pensaba sacar algún día del Infierno, podría con el de ese tío.
Aunque solo fuera para aliviar un poco el dolor.
