Relato Único
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† ÆŁ Çø¢ø †
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-Habitación de Syaoran Li; diez minutos para las seis am-
Se irguió por sobre las sábanas de su cama, tocando la tela de paso con sus dedos fríos y temblorosos; al levantar la mirada por sobre la funda de las mantas se percató de que la ventana de su habitación yacía abierta, con las cortinas corridas y que el aire frío de la noche ingresaba por la rendija de esta. Llevó una mano hasta el mueble caoba que yacía al lado de su cama, dio con el interruptor de la lámpara, la cual estaba apagada.
Movió sus manos con rapidez buscando el interruptor; odiaba dormir a oscuras, odiaba la sensación que le provocaba en el pecho su corazón por no poder dormir como las demás personas; por que creía, algo le pasaría; creía hasta herirían a su familia si no se mantenía alerta; y dolía, saber que en el fondo era como un pequeño niño necesitado de esa luz para poder vivir en paz.
Llevó sus ojos hasta el reloj de su pared; el dibujo de un gato con dos cuencas amarillas le sonreía desde el reloj.
Otra cosa que no le gustaba era aquel gato, pero Meiling había insistido en comprar aquel reloj para su hijo.
-Seis de la mañana- no conseguía dormir, por el contrarío, su esposa Meiling Xiao se encontraba abrazada a su pecho, provocándole un sonrojo al notar el camisón escotado que solía usar.
Entre abrió una de sus pupilas ámbar, contemplando el fondo de su habitación; hubo algo que no le gusto cuando recuperó por completo el sentido, y aquello provocó que saltase su corazón, palpitándole a mil por hora.
La puerta del armario se encontraba abierta.
-¿Qué?-exclamó, olvidando el detalle del interruptor; aquella puerta no debería estar abierta, por que él no la había dejado así, por que él la había cerrado durante la noche.
Y con llave.
Separó las manos de su esposa, Meiling dejo salir un bochorno de reproche inconciente, levantándose de la cama, experimentó una descarga al posar sus pies en la alfombra de la habitación.
Y aquel escalofrío le recorrió desde las piernas hasta el cuello; marcando uno por uno los bellos de sus brazos y piernas.
Se dirijo a cerrar la puerta, solía guardas las llaves en su bóxer, era sumamente cuidadoso en esas cosas; metió una de sus manos al bolsillo de su ropaje azul.
Las llaves no estaban.
Una mueca de sorpresa llenó su rostro, no entendía, no recordaba haberlas sacado y cambiado de lugar; no recordaba viéndose alejándolas de él; ni mucho menos haberle pedido a Meiling que ella las guardase.
-Demonios- exclamó, se resignó a echarle llave, por lo que sólo se dispuso a girar la manilla; y al apretarle con fuerza escuchó como la cerradura chocaba con el pestillo, y al tirarle, estaba lo suficientemente cerrada como para tener que abrirle en base de patadas.
Volvió hasta la cama, creyendo que lograría dormir un poco antes de que sonara el despertador, y cuando estaba conciliando el sueño, cuando estaba seguro que nada podría impedirle dormir unos cinco minutos escuchó su voz.
-¿Papi?-aquella voz se coló por sus oídos, al tiempo que comenzaba a meterse dentro de la cama, experimentó un escalofrío al palpar su piel fría, y sus pequeñas manos que jalaban de su camiseta blanca. Al dar vuelta la mirada contempló a su hijo, un chico de cabellitos oscuros similares a los de Meiling.
Creyó, una vez que le viese bien podría sonreírle, darle un beso de buenos días o algo por el estilo, pero al llevar la mano por sobre la cabeza del niño, algo le provocó otra descarga, y su cara se quedó estática y pálida.
Su hijo estaba bañado en gotas de su sangre, cayéndole desde los bordes internos de los hombros, brazos y de la pijama.
-Eriol- dándose la vuelta de golpe, vio como sostenía desesperadamente un osito de felpa café. El corazón le palpitó como nunca antes, pestañeó varias veces comprobando que la mancha seguía sobre de la ropa; y que las manos estaban heridas, y aquel oso…
Esos ojos negros con cuencas blancas le dieron una extraña sensación.
Tenía arrancada una pierna, y la mitad de su pelaje yacía de color rojizo también.
-¿Puedo dormir contigo?-preguntó, temblando de los pies a la cabeza y apretando con más fuerza al oso de felpa, pensó, quizás hasta podría arrancarle otra de las piernas.
-Por supuesto cielo-exclamó, le llevó hasta él; la sensación de la sangre fue extraña, y no se explicaba, no sabía que había pasado, no sabía que hacer.
Si era un sueño, quería la cura para despertar de el.
Y ahora…
Le quito la pijama, seguro era otra cosa, seguro Eriol se había manchado al tratar de tomar la jarra de la cocina de jugo, o al por el estilo, y debido a la poca fuerza de sus brazos se le había caído sobre la ropa, y de paso manchado hasta el oso.
-Déjame quitarte eso-
-Me da frío papi-
-Si lo sé- le pasó su camiseta blanca, y luego le levantó, para mecerlo dentro de las sábanas.
La espalda del pequeño temblaba, y él estaba seguro que su corazón estaba palpitando demasiado fuerte.
Escuchaba el latir apresurado de su corazón, y aquel palpitar amenazaba con martirizarle los oídos, durante muchas noches.
El sentimiento que cruzó por su cabeza fue de pura locura, el cual, exactamente no pudo definir.
-¿Papi?-exclamó Eriol, sacando a Syaoran de sus pensamientos; le miró, supo que el niño le tuvo miedo, sabía el efecto que tenía el color de sus ojos por la noche, y que con la luz de la luna se veían dorados como los de un gato, con el iris en forma de línea y la comisura negra.
Sabía que a Eriol le daban miedo, pero nunca había sabido como hacerle entender que él no le haría nada.
-Dime-
-¿El coco va a comerme papi?-a pesar de que estaba hecha con el tono más dulce, el miedo que expresaba la pregunta se delataba en el tiritar de su labio inferior.
-No mi vida; ¿Quién te dijo eso?-
-El señor que duerme en mi armario-
Los ojos de Syaoran se abrieron inmensamente, recordando que su puerta se encontraba abierta.
Y creyó sentir un escalofrío.
-No pienses en eso amor, mejor duerme, mañana tienes clases-exclamó el castaño brindándole una sonrisa, y de paso abrazándole para que se calmase.
-Bueno papi- y así el niño cayó dormido en los brazos de Syaoran.
-Habitación de Syaoran, siete de la mañana-
-¡Tic tac!; ¡Tic tac!- abrió un ojo, aquel gato marcaba las siete, pensar que había pasado sólo una hora y no había conciliado bien el sueño.
Estúpido gato de pared…
La ventana del cuarto seguía abierta y nadie le había dado importancia aparente.
Eriol no podía dormir…
Sus ojos relativamente pegados al techo, pensando en que podría concentrarse para cerrar la vista.
-No puedo dormir-exclamó el niño, dándose vueltas por todas partes en su pequeño espacio de la cama.
-Tengo miedo- se aferró a su osito de felpa, se sentía raro el que ya no tuviese una pierna, pero bueno, quizás si tenía suerte podría pedirle a su mamá que le cociese otra pierna, si tenía suerte y despertaba en unas horas más.
Pues en el fondo, supo, no pasaría de aquella noche.
-Por que se esta acercando, y nadie le ha visto más que yo-
Cerró sus ojos, intentando pensar en otra cosa.
Pensó en el reloj.
La imagen del reloj se cruzó por su mente.
Si el reloj sonaba su papá se despertaría y nada malo pasaría esa noche; si el reloj sonaba aquella cosa que se arrastraba por sobre su vientre se iría.
Todas sus esperanzas estaban puestas en esa alarmita de las siete y cuarenta y cinco.
-Pero no quiero mirar a la izquierda-
Su corazón palpitaba tan fuertemente, que estaba seguro que en cualquier momento se le saldría por la boca. El miedo reflejado a través de sus ojos, provocaba que cada poro de su pequeño cuerpo sudara.
-Tengo frío- la mente opacada, los ojos apretados. El aire bajaba por sus pulmones dañándole. Le dolía respirar.
Trataba de evitar las bocanadas de aire.
-Riuuu- sus oídos escucharon ese ruido familiar.
Y en ese momento sintió que algo gelatinoso y congelado le recorría la mejilla.
-Pa...pi-
-¡¡Ring Ring!!- el sonido le lleno los oídos, recordándole que era hora de levantarse.
Sus manos buscaron el cuerpo de su pequeño, para darle el beso de los buenos días.
-¿Eriol?-llamó, esperando respuesta.
Pero...nunca llegó.
Se restregó los ojos al tiempo en que giraba su cabeza.
Y la mueca que se grabó en su cara fue de pánico puro..
Eriol yacía sobre la cama con los ojos fijos en el techo del cuarto.
Los orbes azulinos vidriosos, los cabellitos azules desparramados por sobre las sábanas, y la gota de sudor aún corría por su frente, al tiempo que un hilito de saliva verdosa le bajaba por su boca abierta.
-Eriol- los orbes ámbar de Syaoran quedaron estáticos, fijos ante el cuerpo del niño.
Temeroso, nauseabundo.
Mareado y confundido.
Una punzada le atravesó el pecho, que le dejo sin respirar, y no pudo evitar que una lágrima silenciosa resbalara por su mejilla.
-Riuuu...-ese ruido, ese ruido le hizo volver a cambiar de posición.
El miedo que sentía en ese momento era enorme, y sin embargo su esposa no presentía nada.
-Riuuu-y otra vez ese ruido le perseguía, y se sentía con el pecho en una mano al no saber de donde venia.
Sus ojos ámbar buscaron desesperadamente el origen del ruido.
Y lo primero que vio fue la puerta del armario abierta, y un hedor desagradable le llegó hasta la nariz.
-¿Que...pasa?-se preguntó Syaoran en ese momento.-Estaba seguro que había cerrado la puerta- apretó las manos, retirándolas del pecho de su pequeño.
Pasándolas por su frente.
Un líquido extraño le llenaba sus palmas.
Verdoso y hediondo.
Se lo llevó hasta la boca, saboreándole dudoso.
-Bilis-exclamó entrando en pánico momentáneo.
Instintivamente le dio la vuelta al pequeño Eriol, comprobando que el estómago se encontraba abierto.
Y ahí creyó que se desmayaría.
-Riuu-le escuchó otra vez
Pero no tenía el suficiente valor para girar la cabeza.
Contuvo las lágrimas unos segundos, hasta que las dejo salir completamente.
Levanto a su pequeño, abrazándole fuertemente.
Y no le importo sentir que alguien le miraba.
Le contempló, apreciando con miedo la mueca que tenía el niño.
Y le cerró los ojos.
Por que esa mirada le perseguiría para siempre.
-Riuuuu-
Syaoran tembló, al escucharlo, creyendo que en cualquier momento se quedaría sin aire.
La puerta estaba abierta y lo primero que vio al girar su vista fue unas inmensas pupilas doradas.
Unas pupilas que iluminaban el interior del armario.
-Mei...ling-llamó por lo bajo, temiendo que aquel ser incorpóreo le escuchara.
No funciono
-¡Meiling!-le zamarreó esta vez, consiguiendo que abriera los ojos.
Pero ...lo que ella contempló no se lo deseaba a ninguna madre.
Se quedó tiesa, pálida por cinco segundos.
-¿Qué...hiciste?-
La chica se llevó una mano hasta la cabeza, jalando lentamente sus cabellos negros.
Quería morir.
En ese momento quería que el tiempo se congelara.
Y un llanto sin final comenzó, Meiling se sintió impotente.
Por que no era capaz de llorar.
Syaoran sintió algo congelado rozarle la mejilla; su espalda estaba temblando.
Se giró.
En ese momento creyó ver unos tentáculos enormes, un cuerpo lleno de baba verde y unos colmillos bañados en sangre.
-Syaoran, llama al hospital-
-Cuarto de Syaoran dos horas después-
-Colapso al dormir- exclamó el médico de turno.
-¡Colapso al dormir!- Syaoran creyó que estallaría; ¡que tipo de diagnostico es este!-
-Señor no debe alterarse, es algo normal en casos como este-
-En niños de hasta tres años; ¡pero Eriol, mi Eriol tenía seis!- exclamó colérico Syaoran.
-¡Ding, Dong!-
El sonido del timbre
-Yo abro- respondió Meiling.
Sólo quería alejarse de ese cuarto.
La chica colocó la mano en la perilla de la puerta, pero no supo por que tuvo miedo al hacerlo.
-¡Ding dong!-
Otra vez el timbre
-Que cosas estoy pensando- se corrigió la pelinegra.
Le abrió completamente.
-Buenas tardes, señorita-
-Buenas tardes, usted es el otro médico-contesto la morena aparentando estar tranquila.
-Si, así es-
-Pase por favor-
El chico ingresó hasta la sala donde se llevaba la investigación.
Y sus ojos se clavaron en los del niño.
-Que lindo-
Syaoran dio la vuelta, tal vez este médico le diera una nueva explicación.
-Colapso al dormir-
La mueca que Syaoran le otorgo fue de una profunda decepción.
-Un año después-
-Syaoran, no quiero tener otro hijo-exclamó la morena mirando fijo a su marido.
-Pero yo quiero otro-
-Adopta uno, pero yo no le tendré-exclamó decidida esta.
Así lo hizo, y a los días después Syaoran llegó con una hermosa niña de cabellera castaña, y unos profundos ojos verdes.
-Ella es Sakura-exclamó Syaoran presentándola a Meiling.
-Hola-saludó la pequeña niña con una sonrisa en sus labios.
-¿Cuántos años tiene?-
-Cinco años-respondió Syaoran
-Entones tendrá un cuarto propio-dictó-después de todo tiene que tener su privacidad-
-De acuerdo reina, pero sin armario-
-Otra vez con eso Syaoran, ya te lo dijo el médico, Eriol...Eriol falleció por colapso al dormir-exclamó esta sin poder evitar derramar una lágrima.
-Nunca había oído semejante disparate-
-Preguntémosle a ella que prefiere ¿si?-exclamó Meiling mirando fijo a la pequeña de cinco años.
-¿Y?; ¿Quieres tener un armario?-
-Si, así guardaré mis juguetes-exclamó la pequeña Sakura sonriéndole feliz
-Vez, hasta ella es más valiente que tú-
-Esta bien, tal vez...sólo estaba soñando.-
Dos días después Sakura era trasportada a su habitación, un cuarto de tonos lilas decorado con un papel mural de flores de cerezo blanco.
El cuarto anterior de Eriol.
La única diferencia era el de comural de la pared. La luz de la luna se podía reflejar bastante bien, y la lamparita de cama se encontraba prendida, como quería ella.
Pero...ese día se cortó la luz.
Sakura se abrazó a su osito de peluche con ojitos de botones negros, le temía a la oscuridad.
Por que su mente le jugaba miles de pasadas, por que sabía temía al tic tac del reloj de su cuarto.
-Riuuu- el ruido le llegó a los oídos, provocando que estallara el corazón.
-Papi-llamaba Sakura, pero era tanto el miedo que la voz no quería salir.
-Riuuu-y el ruido iba en aumento a medida que la puerta del armario se abría.
Sakura tomó un poco de valor levantando la vista de su cama.
Y deseo no haberlo hecho nunca.
Los ojos dorados con pupila rojiza se clavaron en su mente, junto con el hedor que le llegó hasta la nariz. Mareándole.
La niña abrió la boca, dispuesta a gritar.
Pero no lo logro.
Y comenzó a temblar.
Las manos de tentáculos viscosos le acariciaban el rostro, silenciosamente.
Una lágrima resbaló por su mejilla como la gota de sangre que bajaría de su hombro. Sakura cerró los ojos esperando, deseando que esa imagen desapareciera para siempre.
Entre abrió sus pupilas verdes; pero seguía ahí.
La boca viscosa se abrió, unos colmillos filosos que anhelaban probar su sangre.
-¡¡¡Papá!!!!!!-gritó, sacando el único valor del fondo de su pecho.
-¡Sakura!-gritó Syaoran corriendo seguido por su esposa Meiling al cuarto de la pequeña
Lo primero que vieron sus ojos fueron los ojos de su Sakura.
Vidriosos fijos al techo.
Y la sangre le corría por debajo del hombro, igual que a Eriol.
-¡Demonios!-exclamó el moreno buscando al responsable, y el horror que sintió le carcomió las entrañas del estómago al comprobar que la puerta del armario se encontraba abierta
Y deseo no estar ahí.
-Dos meses después-
-Buenas tardes-exclamó el moreno al ingresar a la sala de psiquiatría-
-Buenas tardes...señor Syaoran- exclamó el medico mirándole por sobre el hombro.
Se recostó en una especie de camilla de seda rojiza, mirando cada contorno de la habitación.
-Bien joven lo primero. ¿Por qué creyó necesario venir aquí?-preguntó el médico, de cabellos negros, tez blanca y ojos azules.
-Mi nombre es Syaoran Li-comenzó
-Touya, mucho gusto-exclamó el medico
-Vengo aquí por que se me da la gana, por que sólo quiero que alguien me escuche- el otro le miró, anoto algo en una especia de libreta con hojas blancas, y le indicó, siguiese con su relato.
-No puedo ir a una iglesia, hace mucho que dejé de creer en Dios, tampoco a un abogado por que no me creerían nada.-se pasó una mano por su frente. -Vengo por que maté a mis dos hijos-
-¿Les mató?- exclamó Touya, poniendo una mueca de tristeza.
-Si, no personalmente pero tuve culpa de ello.-
-Entiendo;¿y su esposa lo sabe?-preguntó el médico tomando un lápiz.
-Ella me dejó después de la muerte de mi segunda hija-
-Disculpe-exclamó este
Syaoran contempló lentamente el cuarto de la entrevista.
Era demasiado blanco.
Y una pequeña puerta le estaba carcomiendo las entrañas.
-¿Qué es eso?-preguntó Syaoran saltándose la pregunta del médico.
-¿Eso?-
-Si, eso –
El miedo le volvió al corazón.
-Eso...es el ropero- contestó el médico divertido ante la reacción de su paciente.
-Ciérrelo-
-Esta bien, si eso logra calmarlo un poco-exclamó el medico, dejando brotar una sonrisa de burla.
El joven de cabello negro se acercó a la perilla y le cerró.
Syaoran sintió que volvía a respirar.
-Retomemos, por favor continúe-exclamó este.
-Verá, se que usted cree que estoy loco, por que eso piensas de todas las personas que venimos al psiquiatra, pero se lo juro ¡créame!; Él les mato-
-¿El?-
-El coco-exclamó, dejando resbalar una gota de sudor.
-Por Dios no me vendrá con esa historia usted también-
-Si ya se la han contado, entonces tiene que tener algo de cierto-
-Dígale eso a mi enfermera-exclamó el médico pasando una hoja a las manos de Li.-Pídele una hora para este viernes y me podrás contar toda la historia.-exclamó el chico de cabellos negros mirando las pupilas ámbar de Syaoran.
Syaoran soltó una risa hueca y salió del consultorio sin mirar atrás.
Llegó hasta el puesto de la enfermera, pero estaba vació; sobre la mesita de madera pulida se alzaba un letrero donde decía "Vuelvo enseguida", Syaoran frunció el seño regresando a la sala del consultorio.
-Doctor su enfermera ah...-
No había nadie en la habitación.
Pero la puerta del armario estaba abierta, sólo una pequeña rendija.
-Que lindo-dijo la voz desde el fondo del armario.
Syaoran tembló.
-Que lindo-
Las palabras sonaron en los oídos de Syaoran como si fueran un montón de algas descompuestas, un olor nauseabundo le llegó hasta la punta de la nuca.
Y en ese momento sintió miedo.
-Que lindo-repitió el ser dentro del armario, mirándole con sus enormes ojos dorados de pupila rojiza.
Syaoran sintió que su corazón estallaría, su sangre fluía por sus venas rápidamente, creyendo que se ahogaría con su propio aire.
-Que lindo-expresó el coco mientras salía arrastrando los tentáculos verdosos.
Y en ese momento creyó que moriría.
El coco se rió, con los colmillos que yacían bañados en sangre, sosteniendo su máscara de doctor con una de sus podridas manos, cubierta por yagas y heridas descompuestas.
-Fin-
Re-editado: Junio del 2009.
Gracias a todos aquellos que le han agregado a favoritos, y a quienes me han dejado un comentario diciendo lo que pensaron de la historia.
"Cuando la gente ve fantasmas, siempre se ve primero a si misma"
-Stephen King-
