Disclaimer: la trama no me que es propiedad de Helen Bianchin, y los personajes son de la grandiosisima Stephanie Meyer.... ahora un nuevo cap dpertenece, si noe ...........

ta ta ta tan ta tan......


Cuatro Noches De Pasion

Minutos más tarde, Isabella se sentó tras el volante y pronto se sumó al flujo del tráfico. Hacía una hermosa noche, con una brisa fresca que anunciaba la primavera.

Mientras tomaba el camino hacia Double Bay pensaba que en quince o veinte minutos más estaría en casa, se quitaría el vestido, el maquillaje y se metería en la cama.

-Tenemos que hablar.

Bella dirigió a su hermano una rápida mirada.

-¿No puede esperar hasta mañana?

-No.

Esa expresión taciturna no era propia de él.

-¿Algo no va bien?

-Aparca en la entrada de visitas -pidió Mike cuando llegaron ante el edificio donde vivía Bella .

-¿Quieres subir?

-O subo o conversamos en el coche -dijo Mike mientras abría la puerta del vehículo.

Ella insertó su tarjeta de seguridad para entrar al edificio. Cuando estuvieron en el vestíbulo llamó al ascensor.

-Espero que no nos lleve demasiado tiempo -previno mientras le precedía dentro del apartamento-. De acuerdo, dispara -dijo más tarde, mirándolo de frente.

Mike cerró los ojos, los volvió a abrir y se pasó la mano por el pelo.

-No es fácil. Verás, la firma tiene problemas. Grandes problemas financieros. Papá se moriría si supiera cuan grave es la situación.

Bella sintió que se le helaba el corazón.

-¿De qué demonios estás hablando?

-Swan-Dwyer está a punto de ir a la quiebra.

-¿Qué? ¿Cómo?

Mike parecía hundido.

-Una mala dirección, malos negocios, incumplimiento de contratos. Problemas con el personal. Llámalo como quieras, pero es así.

Ella adoraba a su padre, pero Mike no era el hijo que Charlie necesitaba. No poseía el talento ni las habilidades necesarias para hacerse cargo de Swan-Dwyer. El padre había pensado que Mike dirigiría con éxito la empresa. Pero al parecer era su ruina.

-Exactamente, ¿cuál es la situación?

Mike hizo una mueca y le lanzó una mirada desesperada.

-La peor. He recorrido bancos, empresas financieras; he buscado una asesoría independiente, en fin. Bueno, quedan dos alternativas. O la empresa se liquida o se acepta una oferta condicional.

-¿Y esa oferta es legítima?

-Sí, un inversor está dispuesto a proporcionar los fondos necesarios, yo me mantendría en calidad de miembro ejecutivo y él aportaría su equipo profesional, compartiría la dirección adjunta y se llevaría la mitad de las ganancias.

-Supongo que te has hecho asesorar por buenos abogados.

-Te aseguro que es la única posibilidad que nos queda. Y luego está el asunto de la condición impuesta.

-¿Y cuál es?

Mike vaciló, inspiró a fondo y exhaló el aire.

-Tu.

Isabella frunció el ceño, perpleja.

-El trato no tiene nada que ver conmigo.

-Sí tiene que ver.

Como en un rompecabezas, las piezas empezaron a encajar en la mente de la hermana.

-¿Quién ha hecho la oferta? Santo cielo, no puede ser...

-Sí, Edward Cullen.

La conmoción e incredulidad de Isabella dieron paso a la ira.

-No hablas en serio.

Mike respiró a fondo.

-Hablo muy en serio -dijo, desolado.

-Déjame entenderlo. ¿Edward Cullen intenta hacer de esto una cuestión personal?

-Sin ti no habrá trato. Lo discutirá contigo mañana. Desea que aceptes su invitación a cenar.

-¡Al diablo con él!

-Bella-dijo Mike, con el rostro grisáceo-. ¿Quieres que Charlie sufra otro ataque al corazón?

Sus palabras helaron a Bella. Los médicos habían advertido que otro infarto podría ser fatal.

Ella quiso preguntarle por qué había permitido que la situación llegara hasta ese extremo. Pero las recriminaciones no servían para nada.

-Quiero pruebas -sus palabras eran frías y controladas-. Hechos -añadió al tiempo que observaba el desconcierto de Mike-. Necesito enterarme de los cornos y los porqués y saber hasta qué punto han llegado realmente las cosas.

-¿No me crees?

-Necesito conocer la situación a fondo antes de enfrentarme a Edward Cullen.

Mike se puso aún más pálido.

-¿Enfrentarte?

-Está muy equivocado si cree que voy a aceptar sumisamente lo que se le haya pasado por la cabeza.

-¿Sabes con quién estás tratando?

-Creo que es hora de que Edward Cullen sepa con quién está tratando él -replicó al tiempo que se llevaba la mano a las sienes para aplacar el súbito dolor de cabeza.

-Isabella...

-¿Podemos postergar esta conversación hasta mañana? Comeremos juntos y luego revisaremos los documentos.

-De acuerdo.

Bella lo condujo a la puerta. Luego se desvistió, se quitó el maquillaje, se metió en la cama y se quedó mirando al techo durante una eternidad.

A la mañana siguiente, una sesión de gimnasia seguida de unas cuantas brazadas en la piscina alivió en algo su tensión.

Más tarde, se vistió con unos vaqueros, un top holgado y fue a la cocina a preparar la comida.

Mike llegó a las doce.

-Hay algo que huele muy bien.

-Las lisonjas no te llevarán a ninguna parte.

El almuerzo consistió en pasta con salsa marinera y una ensalada fresca.

-Primero vamos a comer y luego hablaremos de negocios. ¿De acuerdo?

Por la expresión de Mike, era obvio que no se sentía mejor que ella y que había dormido tan poco como su hermana.

-Papá nos espera a cenar.

La reunión semanal con el padre era una tradición familiar que siempre cumplían. Aunque a Bella no le sentaba bien fingir ante él. Cierto era que el padre estaba enfermo, pero no se le podía engañar fácilmente.

Durante la comida hablaron de todo menos de Swan-Dwyer y sólo cuando los platos estuvieron lavados, ella señaló la carpeta de Mike.

-¿Te parece que empecemos? -sugirió.

La situación era peor, mucho peor de lo que había previsto, reflexionó Bella mientras examinaba con atención los documentos que indicaban claramente que Swan-Dwyer estaba a punto de declararse insolvente. La visión de conjunto de los contables acerca de la situación actual de la empresa era irrecusable e incuestionable.

-Se me ocurren varias preguntas -empezó a decir, pero luego eligió una sola-. ¿Por qué permitiste que las cosas llegaran a este extremo?

Mike se pasó los dedos por el pelo.

-Esperaba conseguir más contratos que seguramente iban a mejorar la situación.

Isabella maldijo a Edward Cullem y estuvo a punto de incluir a Mike en la maldición.

-Los negocios no se basan en esperanzas.

Se necesitaba una mano firme que llevara las riendas de los negocios, asumiera el control y tomara decisiones adecuadas.

«Un hombre como Cullen», dijo una voz en su interior.

La fusión de las empresas tenía sentido y, como observó a su hermano correctamente, era la única oportunidad de salvar Swan-Dwyer

-¿Quieres que me comunique con Edward y le diga que has aceptado su invitación a cenar?

-No -dijo al tiempo que se ponía de pie-. Necesito trabajar una o dos horas en el ordenador antes de ir a cenar con papá -añadió mientras lo acompañaba a la puerta-. Te veré allí.

-De acuerdo -dijo Mike con una sonrisa incómoda-. Gracias.

-¿Por qué? ¿Por el almuerzo?

-Por eso también.

Eran pasadas las cinco cuando Bella cruzó la verja electrónica que custodiaba la espléndida mansión de Charlie Swan-Dwyer.

Habían instalado un ascensor interno para facilitar el acceso a las plantas superiores. Además había un ama de llaves y angela, la enfermera, y ambas vivían en la casa.

Isabella llamó al timbre y luego utilizó su llave para entrar al vestíbulo con suelo de baldosas de mármol.

Se le partía el corazón cada vez que visitaba al hombre que una vez había sido muy fuerte, actualmente reducido a ese estado de fragilidad.

Esa noche parecía más frágil que de costumbre, su dificultad de movimientos más pronunciada en comparación a la semana anterior, y con menos apetito que nunca.

Bella lo miró y deseó echarse a llorar. Mike parecía igualmente afectado. A ambos les costó gran esfuerzo mantener una apariencia serena.

No, no permitiría que nadie perturbara a Charlie. Ni Mike, ni Edawrd Cullen, se prometió Isabella mientras conducía de vuelta a casa.

Esa noche le costó quedarse dormida y se levantó tarde al día siguiente. Así que tuvo que correr para llegar a tiempo a la oficina del magnate.

Enfrentarse a él era una prioridad, y había decidido desafiarlo en su oficina antes que hacerlo en una cena social.

Cullen Corporation estaba situada en una de las plantas más altas de un rascacielos. Con airada decisión Isabella cruzó las puertas hacia Recepción.

-Edward Cullen -dijo con voz firme y autoritaria.

-El señor Cullen está reunido y no ha citado a nadie para esta tarde.

-Llámelo y dígale que Isabella Swan-Dwyer desea verlo.

-Tengo instrucciones de no pasar llamadas.

-Llame a su secretaria.

Muy pronto apareció una secretaria.

-Por favor, informe a Edward Cullen que necesito verlo.

-Tengo instrucciones de servir bebidas y canapés a las cinco -replicó la eficiente secretaria-. Entonces aprovecharé para decirle que usted lo espera.

Era una victoria pequeña, pero victoria al fin y al cabo.

-Gracias.

Pasó media hora leyendo elegantes revistas de actualidad que aliviaron muy poco su tensión nerviosa.

Cuando el personal empezaba a retirarse, apareció la secretaria en Recepción.

-Por favor, sígame -dijo. Minutos más tarde la introdujo en una lujosa suite-. Tome asiento. Pronto la recibirá el señor Cullen.

Tras media hora de espera, y cuando la tensión nerviosa y la rabia la impulsaban a marcharse, se abrió la puerta y Edward entró en la habitación.

-Isabella -dijo al tiempo que ella se ponía de pie para no quedar en desventaja frente a él-. Lamento haberte hecho esperar -añadió al tiempo que se dirigía al ventanal que cubría una pared entera, de espaldas a la magnífica vista del puerto y con una mano en el bolsillo del pantalón.

Aunque la expresión de Bella era serena, sus ojos estaban oscuros de ira.

-¿De veras? Imagino que dejarme esperando forma parte del juego.

-Es la razón por la que sugerí que cenáramos juntos.

-No deseo compartir nada contigo. Y ahora hablemos de negocios, ¿te parece? -dijo indicando una gruesa carpeta-. Tengo en mi poder una copia de tu oferta. Todo parece estar en orden.

-Pareces sorprendida.

Bella le dirigió una oscura mirada.

-Dudo que cualquier cosa que hagas pueda sorprenderme.

-Imagino que Mike te ha dicho que el trato está sujeto a una condición.

Los ojos de ella brillaron de ira.

-Dijo que era algo personal. Explícate.

-Dos noches más y un fin de semana contigo,

Bella sintió como si una fuerza misteriosa la hiciera volar contra la pared más cercana.

-Eso es una barbaridad —dijo al fin.

-Llámalo como quieras.

Le llevó un par de segundos recuperar la voz.

-¿Porqué?

-Porque, ¿digamos que me divierte?

-Debí suponerlo.

¿Era esa su venganza por todas las invitaciones que ella había rechazado? Entonces podía hacerlo. Pero en esos momentos un rechazo tendría consecuencias demasiado peligrosas. ¿Tenía fuerzas suficientes como para arruinar a su padre y a la empresa a la cual él había entregado su vida?

-Una inversión de veintitrés millones de dólares, decidida en contra de todos los prudentes consejos, permiten una bonificación, ¿no te parece?

Sin pararse a pensar en las consecuencias, ella le arrojó lo primero que encontró a mano, con tan mala suerte que él lo atrapó en el aire y luego lo colocó en la mesa

-¿Quién te crees que eres? -preguntó Isabella en un tono ronco que casi no reconoció como propio.

-Te aconsejo que pienses cuidadosamente antes de hacer otra tontería como esta -Edward le advirtió en un tono suave como la seda.

Los ojos de Bella lanzaron brillantes chispas.

-Qué esperabas. ¿Que cayera en tus brazos para expresarte mi eterna gratitud?

Afortunadamente, no percibió la chispa de humor en los ojos verdes.

-Imaginé una cierta resistencia.

-¿Te das cuenta de que podría demandarte por coacción?

-Podrías intentarlo.

-¿Sólo para que tu equipo de abogados alegue que se trató de un mal entendido mientras tú retiras los fondos del rescate financiero?

-Eso es.

-El chantaje emocional es una táctica detestable.

-Es una de tantas herramientas para negociar -corrigió Edward, y en ese momento ella lo odió más de lo que pensaba que podía odiar a alguien.

-No.

-No estás en condiciones de regatear.

-No estoy en venta -declaró ella con dignidad.

-Todo tiene su precio.

-¿Ese es tu credo?

-¿Lo dudas?

-Entonces el trato ya está hecho, ¿no crees?

Bella intentó calmarse mientras se acomodaba la correa del bolso en el hombro y se dirigía a la puerta.

Maldito Mike. Y maldito todo ese asunto.

-Queda algo más -Bella reconoció el tono de amenaza bajo la voz cansina-. Se trata de la homosexualidad de Mike.

No era posible que Edward Cullen lo supiera. Nadie lo sabía, aparte de Mike, su compañero y ella.

Bella sintió que la invadía el pánico al pensar que su padre pudiera enterarse.

-Te odio -las palabras salieron de sus labios con temblorosa ira.

Edward inclinó la cabeza mientras observaba sus pálidas facciones y la rigidez de la derrota que traslucía su expresión.

-En este momento creo que sí.

El había ganado y ambos lo sabían. Había una sola cosa que ella podía esperar..., su silencio.

-Tienes mi palabra -dijo Edward con tranquilidad, como si le hubiera adivinado el pensamiento.

-Por lo que debería estar muy agradecida, ¿verdad?

Él no contestó.

-¿Por qué no te sientas? -sugirió al tiempo que se acercaba a un pequeño bar. Sacó del refrigeredor una botella de agua, llenó un vaso y se lo puso en la mano.

Después se acercó a la mesa y apoyó una cadera en el borde.

-¿Empezamos de nuevo?

—Te escucho.

¿Se daba cuenta de su aspecto tan vulnerable? Los sorprendentes ojos chocolates lo miraban, atrapados.

Edward recordó su sabor de entonces, su fragancia, la suave respuesta tentativa. Había querido imprimir su sello en ella, sin saber exactamente el motivo. ¿Tal vez por el deseo de conmocionarla, de castigarla? ¿O quizá darle una lección para que tuviera cuidado con los hombres cuya necesidad primordial era el sexo?

Pero, en cambio, había sido ella la que dejó en él un recuerdo persistente, que inesperadamente removió su espíritu y también su anatomía. Una adolescente tentadora, inconsciente de su poder femenino. Edward se preguntó cómo habría reaccionado si él se hubiera aprovechado de su juventud.

Las niñas de dieciséis años no entraban en sus pensamientos. Especialmente cuando esa chica en particular, de dieciséis años, era la adorada hija de uno de los magnates de la industria en Sidney. El hermano, dos años mayor que ella, debió haberlo pensado mejor antes de llevarla a una fiesta donde abundaban el alcohol y las drogas. Una situación que les había hecho ver antes de llevarse a los hermanos de la fiesta.

Edward había tenido pocas relaciones. Había disfrutado de las mujeres tomando lo que gustosamente le ofrecían sin ánimo de mantener relaciones estables. En cuanto al compromiso... en su vida no había ninguna mujer que hubiese deseado exclusivamente para sí. El amor eterno era un mito.

Durante el año anterior tan sólo una mujer había atormentado sus sentidos, aunque ella había desdeñado todas sus invitaciones y había tenido que contentarse con un saludo cortés cuando se encontraban en alguna reunión social.

Hasta ese preciso momento.

-Tan pronto como se haya satisfecho nuestro acuerdo personal firmaré los documentos para el traspaso de fondos.

-¿Y cuando piensas dar comienzo a nuestro «acuerdo personal»? -preguntó ella.

-Cualquiera diría que piensas que el sexo conmigo es un castigo.

-Tu ego debe de ser desmesurado si imaginas que para mí sería un placer.

-Valientes palabras para quien ignora la clase de amante que soy.

El instinto le advirtió a Bella que se enfrentaba a un hombre experimentado. Lo veía en su mirada verde... en la confianza en sí mismo que posee un hombre muy versado en los deseos de las mujeres.

-Vaya...

-El miércoles asistiré a una cena. Iré a buscarte a las seis y media. Lleva un neceser con todo lo que necesites para la noche.

Una risa histérica nació y murió en la garganta de ella. ¿Tan pronto? Bueno, al menos así la primera noche acabaría al fin. Y entonces le quedaría una más y un fin de semana.

-¿Y las otras noches?

Cielo santo, ¿cómo podía su voz sonar tan serena?

-El sábado y el siguiente fin de semana. Un millón de dólares será depositado en la cuenta de Swan-Dwyer después de cada una de las veladas que pases conmigo. Y a partir del lunes siguiente se pagarán todas las deudas a los acreedores.

-La condición que aparece tan sutilmente expuesta en el documento no me ofrece ninguna fiabilidad. ¿Cómo puedes garantizarme que no vas a invalidar tu oferta alegando que la condición no se ha cumplido a tu entera satisfacción?

-Tienes mi palabra.

-Lo siento, pero eso no es suficiente.

-¿No confías en mí?

-No.

-¿Qué deseas entonces?

-Un documento en el que aparezca el detalle de esas noches en tu compañía, que no pasarán de doce horas, y que asegure que el cumplimiento de tu parte del trato no estará condicionado a mi comportamiento sexual durante ese tiempo. El documento original será destruido cuando deposites el dinero en la cuenta de Swan-Dwyer.

Más tarde, Bella observó cómo redactaba el documento en el ordenador portátil, lo imprimía por duplicado, lo firmaba y luego se lo tendía.

Bueno, el contrato no se había realizado ante un notario, aunque eso era mejor que nada.

Después, Edward Cullen la condujo hasta el vestíbulo y llamó el ascensor.

-El miércoles a las seis y media.

-No puedo decir que haya sido un placer verte -comentó Bella mientras oprimía el botón de bajada.


Haa! muchas gracias a las niñas que me dejaron algun review.... me alegraron mil la mañana, de verdad... jajaja y a las que no me dejaron nada, pero igual pason a leer, se los agradesco de igual manera, aunque espero que ahora si dejen algun mensajito... porfi?

yaa!!! ahora... referente a mi historia Beso De Cadaver, estoy trbajando en ella, asique yo creo, si no tengo ningun contratiempo, que proximamente voy a subir un nuevo cap....

ya ahora muchas garcias por los reviewss!! de verdad..... y creo que la proxima actualizacion se viene pronto.... todo depende de sus reviews queridas.... buena semana.... nos estamos leyendoooo!!!