ATENCION::::

DISCLAIMER: La historia NO me pertenece... si no que es de Helen Bianchin...una muy buena escritora de libros, y los nombres de los personajes son de Stephanie Meyer, NO se confundan al pensar que la historia es mia ya que NO lo es.....


Cuatro Noches de Pasion

Capítulo 5

Bella despertó temprano. La luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas y se quedó tendida un momento antes de salir de la cama.

Con lentos y cuidadosos movimientos recogió el neceser y salió de la habitación. Se vistió en la galería antes de bajar a la cocina, donde preparó un café.

Más tarde, se sirvió una taza y salió a la terraza.

Un nuevo día, reflexionó mientras el sol empezaba a despuntar por el horizonte y se oía el débil piar de los pájaros en los árboles cercanos.

-Te has despertado temprano -dijo Edward desde la puerta abierta.

Ella se volvió a mirarlo.

Despeinado, en vaqueros, con el torso desnudo y descalzo. La imagen sofisticada había desaparecido y en su aspecto había algo de primitivo.

-No quise perturbar tu sueño.

Edward se encogió de hombros.

-Me desperté cuando saliste de la habitación.

El recuerdo de la noche pasada fue tan vivido que casi se le escapó un gemido.

—Me gustaría marcharme pronto. Tengo cosas que hacer y necesito visitar a mi padre.

—Voy a preparar el desayuno.

—No. Por favor no lo hagas por mí. Termino el café, recojo el neceser y me marcho.

Uniendo la acción a la palabra, Bella terminó el café de un trago, luego se dirigió a la puerta principal, de paso recogió el neceser y se volvió para despedirse.

Él estaba muy cerca y ella no estaba preparada para recibir el beso que le dio en la boca.

Sin poder decir una palabra mientras él abría la puerta, rápidamente fue en busca de su coche, se puso tras el volante, arrancó el motor y salió a la calle.

Una vez en su apartamento hizo las tareas habituales y pasó algún tiempo observando el correo electrónico antes de ir a casa de su padre.

La fragilidad de Charlie la dejó preocupada y no se quedó mucho tiempo. Necesitaba descansar. Luego se puso en contacto con Mike para ver cuál de los dos hablaba con el cardiólogo del padre.

Esa noche se acostó temprano y durmió bien. Al día siguiente se levantó con el sonido de la alarma del despertador.

En la oficina, tras una breve reunión para organizar su agenda, tasar los artículos de joyería y ver las prioridades del trabajo fue a su taller y ajustó el microscopio binocular hasta quedar satisfecha.

Era casi mediodía cuando sonó el teléfono móvil. Al ver el mensaje en la pequeña pantalla, sonrió. Era Rosalie.

En unos cuantos minutos organizaron la hora y el lugar de encuentro para esa noche.

De pronto, el día le pareció más luminoso y se descubrió tarareando suavemente mientras trabajaba una gema bajo una potente lupa.

Eran casi las siete cuando Bella entró en el modernísimo café, muy de moda. Allí servían comida soberbia, el servicio era excelente y era tan popular que había que reservar mesa con anticipación.

El camarero la condujo a una mesa, y tras pedir agua mineral se dedicó a estudiar la carta mientras esperaba a Rosalie.

Casi fue capaz de predecir el momento exacto en que la amiga entró en el café porque todas las cabezas masculinas se volvieron hacia la puerta.

-Bells, siento llegar tarde. No sabes cuánto me ha costado aparcar.

A muy pocas personas les permitía usar ese diminutivo, y Rosalie era una de ellas.

La ropa, la larga melena rubia, el leve y exquisito maquillaje, todo hacía de ella una mujer única en su hermosura. Cosa de genes, decía Rose alegremente cuando alguien le preguntaba con envidia cómo se las arreglaba para tener ese aspecto.

A los quince años, una de las más prestigiosas agencias de modelos la había contratado y dos años más tarde se presentaba en las pasarelas de Roma, Milán y París.

Sin embargo, ni la fama ni la fortuna se le habían subido a la cabeza.

Tras compartir los mismos colegios privados habían trabado una sólida amistad que se mantenía hasta entonces.

Casi antes de acomodarse, llegó el camarero a su lado.

-Agua mineral. Natural.

El pobre hombre estaba tan embelesado que escasamente podía hablar y apenas se contuvo de hacer una reverencia al marcharse.

Con una leve sonrisa, Bella se reclinó en su asiento.

-¿Cómo te fue en Italia?

-¿Sobre qué quieres que te hable? ¿Sobre el trabajo de pasarela, los contratiempos detrás del escenario o la divina pieza de joyería que he adquirido?

-La joya -dijo Bella al punto, y luego dejó escapar un murmullo apreciativo cuando su amiga le indicó el brazalete de diamantes que lucía en la muñeca. Una joya verdaderamente exquisita-. Muy hermosa. ¿Un regalo?

-Sí, de mí para mí -sonrió Rose.

Bella rió con deleite.

-Háblame del conde italiano.

-Primero vamos a comer, Bells querida. Estoy hambrienta.

No era justo que Rose pudiera comer de todo con tan buen apetito y conservara una esbeltez tan fabulosa que los diseñadores se peleaban para que luciera sus modelos.

Cuando apareció el camarero, ambas ordenaron lo que deseaban.

-Cenar contigo es una experiencia increíble. Los camareros se pelean por servirte.

-Muy útil cuando una tiene prisa y debe comer en cinco minutos -dijo ella.

En ese momento, su teléfono móvil empezó a sonar y ella lo ignoró.

-¿No respondes?

-No.

-De acuerdo. ¿Es porque no sueles responder o se trata de una persona en particular?

-Lo último que has dicho.

Muy pronto, el camarero puso ante ellas unas apetitosas ensaladas de pollo.

-¿Problemas?

-Algunos.

-¿El conde italiano?

-La ex esposa del conde italiano.

-Se opone a que mantengas una relación sentimental con él.

-Has dado en el clavo. Quiere retener el título que adquirió por su matrimonio.

-Pero a ti el título no te interesa para nada - Bella afirmó más que preguntó.

-Lo que pasa es que comparten la custodia de la hija y la ex lo amenaza con cambiar los términos de la custodia.

-¿Y puede hacerlo?

-Sí, cuestionando mi capacidad para atender a la niña mientras está con el padre a causa de mi profesión y mi estilo de vida. Aparte de eso, Roma estaba maravillosa. Y, en general, el pase de modelos fue todo un éxito. Y ahora te toca a ti.

¿Por dónde comenzar? Quizá sería mejor ni siquiera empezar. ¿Cómo podía justificar circunstancias tan personales y complejas?

-Como siempre. Ninguna novedad.

-Se comenta que estás saliendo con Edward.

-Nos invitaron a una cena y asistimos juntos a una exposición de arte, nada más.

-Bells, recuerda que estás hablando conmigo. Durante el año pasado también coincidiste con él en varias reuniones sociales. Pero llegar a la velada juntos y luego marcharse juntos ya es otra cosa.

-¿Otra cosa?

-Así que cuéntame.

-Me pareció que acompañarlo era una buena idea-dijo con alegre ligereza.

-Estás loca por él.

-Nunca en la vida. Te equivocas. Él es...

-Un demonio de hombre -Rose terminó por ella.

Al instante dejó escapar una alegre risa en tanto alzaba su vaso y lo chocaba contra el de Bella.

-Buena suerte, Bells querida.

Cuando terminaron de cenar pidieron el café y se quedaron charlando casi hasta las diez de la noche. Al despedirse prometieron llamarse muy pronto.

El jueves por la mañana, Bella despertó con los maullidos de protesta del gato. Miró el reloj y profirió un juramento impropio de una dama.

Luego se dio cuenta de que la alarma del despertador eléctrico no había sonado debido a un apagón nocturno.

El día no había empezado bien.

Minutos más tarde, cuando estaba en el baño, oyó el campanilleo del teléfono móvil, pero lo dejó sonar.

Luego se secó, se vistió, tomó una barrita de cereales y un plátano para comérselos camino a la oficina. Cuando abría la puerta de casa para salir a toda prisa, se acordó de la llamada.

Era un mensaje de Mike. Tenía entradas para asistir esa noche a la premier de gala de una película y le pedía que lo llamara.

Bella había planeado una tranquila noche hogareña, pero a su hermano le encantaban las reuniones sociales y ella raramente rechazaba sus invitaciones. Por lo demás, una velada fuera de casa la ayudaría a olvidar a Edward por unas cuantas horas.

Como si pudiera.

Su imagen se entrometía en todos sus pensamientos diurnos. Y las noches eran peor, mucho peor, porque había empezado a invadir sus sueños nocturnos.

Bella maldijo en voz baja mientras esperaba el ascensor que la llevaría al estacionamiento subterráneo. ¿Cómo podría habérsele ocurrido que sería capaz de participar en el trato de Edward y escapar emocionalmente ilesa?

El denso tráfico de hora punta aumentó su sensación de inquietud. Era casi media mañana cuando al fin pudo devolver la llamada a Mike.

La empresa de Bella se enorgullecía de la calidad de su trabajo y a ella le producía satisfacción cada vez que recibía una pieza fuera de lo común. Realmente era un verdadero desafío crear algo sorprendentemente único cuyo precio no fuera un obstáculo. Ocasionalmente se sentía frustrada cuando el cliente insistía en un diseño que el joyero sabía que no realzaría totalmente la belleza de la piedra.

Más tarde, ya en casa, eligió un elegante traje negro de pantalón, una fina bufanda roja y sandalias de tacón. Luego se hizo un peinado alto, se maquilló y cuando Mike se anunció a través del teléfono interno, ella ya estaba lista.

Su hermano le informó que el punto de reunión eran los estudios de la Fox y que acudirían los actores principales desde Estados Unidos junto con otros famosos actores australianos como invitados de honor.

Ambos entraron en el concurrido vestíbulo, donde los invitados departían mientras los camareros ofrecían champán y zumo de naranja.

Se comentaba que la película sería un éxito de taquilla, especialmente por sus efectos especiales que superaban todo lo visto anteriormente en una pantalla.

El ruido de la conversación general animaba el ambiente y Bella reconoció a algunos amigos mientras bebía unos sorbos de champán.

-Imagino que Edward vendrá esta noche -comentó Mike.

-Posiblemente -convino ella con deliberada indiferencia, consciente de que si llegaba, no lo haría solo.

-¿Eso te molesta?

-¿Por qué habría de molestarme? Es un hombre libre -declaró, aunque la verdad no tendría que dolerle tanto-. Yo soy un asunto transitorio en su vida. Una mera diversión-

No quería verlo allí... ni en cualquier otro lugar porque simplemente se acentuaría la diferencia entre sus vidas en público y el diabólico arreglo que Edward había hecho para convertirla en parte de un trato de negocios.

-Acaba de llegar -anunció Mike tranquilamente.

-¿De veras?

Fingir indiferencia era un arte que ella practicaba a menudo, y lo hacía bien. Se dijo que no se iba a permitir ni una sola mirada a los invitados, pero en unos segundos su mirada fue atraída como por un poderoso imán hacia donde se encontraba Edward.

Vestido con un inmaculado traje de etiqueta, su aspecto era el de un poderoso magnate, descaradamente varonil.

Sus miradas se encontraron y un estremecimiento recorrió el cuerpo de ella mientras luchaba por mantener la compostura.

Como si supiera lo que le ocurría a ella, Edward inclinó la cabeza y esbozó una leve sonrisa burlona antes de volver su atención al hombre que estaba a su lado.

Entonces Bella vio que Tanya se acercaba hacia Edward y se sintió enferma al observar su efusivo saludo.

Con un deliberado movimiento, Bella se las arregló para no quedar a la vista de Edward e inició una animada conversación con Mike acerca de los méritos de la industria automovilística alemana e italiana.

Los coches eran una de las obsesiones personales de su hermano. Estaba en su elemento y, mientras él hablaba, ella dejó vagar la mente.

Edward no le debía lealtad. Si la hubiera invitado a acompañarlo esa noche ella habría rehusado. Así que, ¿por qué se afligía?

La razón y la lógica estaban muy bien, salvo que no mitigaban el dolor que sentía.

«¿Estás loca?», se preguntó en silencio. «Ni siquiera te gusta. ¿Por qué has permitido que te domine?» Pero ya era tarde. Edward ya estaba allí, siempre en su mente.

-Y si se me diera la oportunidad elegiría un Ferrari -concluyó Mike-. ¿Has escuchado alguna palabra de lo que he dicho? -preguntó de improviso.

-Fue una comparación muy interesante –dijo Bella con una débil sonrisa.

-Querida, no te engañes. Tu mente estaba a miles de kilómetros de aquí -Mike hizo una pausa y luego añadió-. Tanya no está con él. Simplemente intenta hacer ver que lo acompaña.

-Realmente no me interesa.

-Sí te interesa. Y eso me preocupa.

-No -le advirtió con suave vehemencia-. Acepté el trato con los ojos bien abiertos.

-Sólo queda el fin de semana y todo acabará.

¿Por qué esas palabras le produjeron una leve desesperación?

Para Isabella fue un alivio cuando las puertas del teatro se abrieron y los invitados se dirigieron a sus asientos.

-Isabella. Mike.-Habría reconocido ese acento suave en cualquier lugar y se volvió hacia el hombre que se había unido a ellos con una sonrisa cortés.

-Edward -murmuró y esperó hasta que lo vio intercambiar una mirada con Mike. Verde versus Celeste

-Si hubiera sabido que vendríais habría conseguido localidades contiguas.

-Me regalaron las entradas anoche –dijo Mike.

-Es una lástima.

Tanya apareció junto a Edward y lo tomó del brazo.

-Edward, te estamos esperando. Isabella, Mike, estoy segura de que nos excusaréis.

Edward se desprendió deliberadamente de su brazo y Bella se preguntó si habría sido la única que captó el peligroso brillo en los ojos de Tanya.

Para componer la situación. Edward los condujo hacia sus asientos y Isabella sintió en la espalda los venenosos dardos de la mirada de Tanya.

-Eso fue muy interesante -comentó Mike cuando estuvieron es una mujerzuela de primera clase.

-Están hechos el uno para el otro -declaró Bella con dulce cinismo.

-Querida, Cullen está a años luz de ella.

-¿Eso es un cumplido o una condena?

Mike se echó a reír.

-Opto por lo primero, aunque estoy seguro de que prefieres lo último.

Cuando la película llegó a su fin, las luces se encendieron y los invitados empezaron a abandonar el teatro.

Bella rezó para poder escapar sin encontrarse con Edward. Excepto que las deidades no la escucharon. Él se acercó a ellos en el vestíbulo. Sus miradas se encontraron.

-Vamos a tomar café. ¿Queréis venir con nosotros?

«¿Estás de broma? ¿Esperas que me siente frente a vosotros mientras Tanya juega a hacer de vampiresa?», pensó en un segundo.

-No, gracias -dijo rápidamente antes de que Mike aceptara-. Mañana tengo que levantarme temprano -dijo con una dulce sonrisa sabiendo que mentía.

-Te llamaré.

La boca de Tanya se contrajo en un rictus y por unos segundos Isabella captó un brillo criminal en los ojos azules.

-Cuídate de ésa, querida. Tanya no te puede ver -le advirtió Mike. Ella devolvió con ecuanimidad la mirada irónica de su hermano.

-Dime algo que no sepa.

Cuando llegaron a la salida, se dirigieron al lugar donde Mike había estacionado el coche.

-Si descubre que Edward duerme contigo...

-Puedo cuidar de mí misma.

Mike le apretó la mano.

-Entonces, cuídate. ¿De acuerdo?


Wuau!!!!! me encanta que me dejn reviews, y alertas de verdad se los agradesco mucho a todas las lectoras que me dejan su mensaje... lamento no haber podido actualizar antes... pero tengo mis pruebas de nivel... y me tiene que ir bien ya que.... tengo un maldito ramo rojo.... m... los huimanistas no somos los mejores para matematicas.... gran verdad... se cumple en algunos, pero en otros humanistas o no igual tienen su lado matematico... jajaja...... yaaaaaaa!!! vi el trailer completo el otro dia por MTV... ya que vi la repeticion de los MTV Movie Awards... jajaja y despues lo vi por yutube.... buenooooooooooo tendre el capi para mañaan si me portan bien y me dejan reviews ¿les parece? creo que es un buen trato o no? ya que este capi esta como fome... ODIO a tanya... jajaja buuuuuuenooo nos leemos en otra oportunidad no se olviden de los REVIEWS...

besos y cariños....

XOXO... melisa