Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes son propiedad de J.K. Rowling, bla bla bla, you know.


Porno

Tienen quince años y muchas inquietudes sobre temas de los cuales los adultos prefieren no hablar. Como mucho, a uno le han aconsejado que decida con cuál de sus primas prefiere tener descendencia. Al otro, cuando tenía doce años, sus padres le explicaron que pronto comenzaría a experimentar cambios en su cuerpo. Que era algo normal. Una noche en la que James se despertó con la entrepierna y las sábanas mojadas, pensó que sus padres tenían razón. Vaya cambio.

Desde entonces, solía alardear de que ya era un hombre. Sirius contestaba que precisamente eso le convertía en una maricona. Para el chico de gafas esa afirmación no tenía sentido, como tantas cosas que solía decir su amigo, y se indignaba ante el comentario, pero nunca replicaba. Hasta que se atrevió a hacerlo en una ocasión.

-Y tú te creerás muy hombre¿no? –preguntó, sin saber en qué iba a desencadenar la discusión.

-No tengo que convencer a nadie de ello, Potter. Sé que lo soy y no necesito más.

-¿Ah, sí? –inquirió James con sarcasmo- ¿Y qué puedo hacer para ser taaaan hombre como tú?

Llegados a ese punto de la conversación, Remus y Peter habían levantado la vista de su partida de ajedrez mágico. Sólo Merlín sabía cuál iba a ser la respuesta.

Sirius puso una sonrisa malévola.

-Para que seas TAN hombre como yo, tiene que ocurrir un jodido milagro. Pero sé cómo hacer que te vuelvas un poco más hombre.

No continuó la frase, y sus amigos tardaron unos segundos en asimilar tan escueta respuesta, cuando lo normal en él hubiera sido aprovechar de inmediato para hacer una trastada. Y por muchas insistencias que hubo por parte de James y Peter para conocer sus planes, Sirius se mantuvo en silencio. Sólo aseguró que lo sabrían durante las vacaciones antes del tercer trimestre, los últimos cuatro días de las cuales Sirius y Remus han sido invitados a disfrutar en casa de los Potter. El pobre Peter ha pasado, pasa y pasará todas las vacaciones en casa de su abuelo irlandés. Está destinado a soportar sus batallitas de juventud hasta que comience el trimestre.

La primera noche, los padres de James salen a cenar con unos amigos y dejan la casa a solas para ellos y sus planes sobre futuras gamberradas, según bromea la señora Potter. Antes de salir, sólo pide que no le destrocen la casa, y los tres aseguran que se portarán bien, haciendo uso de su cara de no haber roto un plato en su vida que tantas veces les ha librado de un castigo.

-Cornamenta, es hora de hacer de ti un hombre –Sirius le mira y sonríe con sorna, mientras la mirada de su amigo destila inocencia.

Ambos se dirigen al salón, donde se encuentra Remus, en el sofá, viendo la televisión muggle del señor Potter. Sirius alcanza a ver algo sobre un volcán en erupción justo antes de cambiar de canal, y explica tranquilamente que los hombres de la casa necesitan consumir pornografía. El licántropo se queja, pero termina cediendo y anuncia lánguidamente que prefiere irse a la ducha antes que quedarse con un par de pervertidos. James y Sirius cruzan una mirada y se encogen de hombros al ver marchar a su amigo. Y siguen con lo suyo.

Una vez el joven Black ha conseguido sintonizar el canal, ambos toman asiento en el sofá. El chico de gafas se sienta en el borde, abraza un cojín, y mantiene los ojos muy abiertos mientras la película comienza. Aparece una mujer muggle rubia, muy bien dotada, por cierto, que abre la puerta de su casa y saluda a un hombre musculoso vestido con una camiseta de tirantes y pantalones ajustados. Comienza el diálogo, y James se desilusiona.

-Eh, esto no es una porno –se queja-. Ese tío ha ido a arreglarle la ducha.

-Que te lo has creído, subnormal –se burla su amigo, con la cabeza reclinada hacia atrás, observando la pantalla con indiferencia.

La ducha funciona a la perfección, y pronto los protagonistas de la película se encuentran aprovechando el tiempo en la cama. El gryffindor de pelo revuelto observa con unos ojos como platos. Esa muggle se mueve, se dobla y se retuerce de tal forma que James cree que está utilizando magia. ¡No, es que ni con magia se pueden hacer esas cosas!

-¡Dios, eso es mentira! –exclama- ¿¿Una tía puede hacer eso?? –dirige su mirada a Sirius, quien observa la escena de forma impasible– ¡¡Tiene que doler¡¡Es que no puede ser!!

Su amigo suspira.

-Con la primera que ves, te flipas, lo sé. Después todas te parecen iguales. Y sí, una tía puede hacer eso. Y no se rompe.

James se queda con la boca abierta. Si eso no duele –y, desde luego, la mujer de la película no se está quejando–, quiere decir que Lily también podría hacerlo. Con él. Porque Lily Evans caerá, es evidente. Pero se obliga a dejar de pensar en ella mientras ve la televisión, porque su entrepierna está empezando a traicionarle. Suerte del cojín, que le resguarda de las posibles burlas de su amigo.

A los pocos minutos, Remus sale de la ducha y pasa cerca de ellos con la cintura envuelta en una toalla que no alcanza a cubrirle las rodillas. Ni siquiera les mira. Camina a paso ligero y sube las escaleras en dirección al cuarto de invitados. Unos ojos grises le siguen, y James observa la escena de reojo, extrañado, porque cualquiera diría que el otro chico se aburre con la película. Parece que prefiere mirar al licántropo en toalla que a la muggle en paños menores. Pero Sirius vuelve a centrar su atención en la pantalla, y no pasa mucho rato antes de que agarre un cojín y lo sitúe en su regazo disimuladamente. Para el chico de gafas no pasa desapercibido ese detalle, ni que su respiración comienza a ser entrecortada y que mueve la pierna continuamente, como si estuviera nervioso. Finalmente el joven Black se pone en pie y, a toda prisa, se encierra en el lavabo.

Lo sabía. Toda esa impasibilidad no era más que fachada. La indiferencia, puro teatro. Desviar la mirada hacia Remus, una simple táctica para no tener que seguir mirando la pantalla. Al fin y al cabo, Sirius no es de piedra.

La carcajada de James Potter todavía resuena en los confines de Escocia.

-¡Para no ser la primera que ves, parece que te la ha puesto dura!