Soñar

Normalmente, Sirius no sueña. O no se acuerda de lo que ha soñado, que viene a ser lo mismo para él. Sin embargo, esa noche ve unas imágenes que le parecen demasiado reales para formar parte de un sueño. Provocan sentimientos angustiosos, casi tangibles. Incluso está seguro de que, si alarga la mano, descubrirá qué textura tiene esa angustia que le embarga.

Ve a James cayendo hacia ninguna parte. Desde ningún sitio en particular. Simplemente, ahí está, precipitándose a toda velocidad hacia la nada. Él grita su nombre, intenta alcanzarlo con la mano, incluso caer con él, pero no hay forma de conseguirlo. No, no, no. James Potter, su amigo del alma, su hermano, va a morir, y él no puede hacer nada por evitarlo. Porque le está llamando y el muy desgraciado parece no oírle. Nada parece tener sentido y todo parece tenerlo. Así que, probablemente, si se da cuenta de que se va a matar, dejará de caer. Seguro. Sirius llena sus pulmones con todo el aire que consigue reunir y vuelve a intentarlo, desesperado. Grita c o n t o d a s s u s f u e r z a s .

-¡Sirius, joder! ¡Tío!

Abre los ojos.

No reconoce el lugar en el que se encuentra, o quizá sí. Parece su habitación, en la Torre de Gryffindor. En Hogwarts. En casa.

James le mira a través de esos ojos miopes. De pie, a su lado, inclinado hacia él. Parece preocupado. Desde sus respectivas camas, Peter y Remus también le observan. El último con una mirada indescifrable.

Cae entonces en la cuenta de que no ha sido más que una pesadilla. Cree tranquilizarse, pero su corazón se lo pone difícil, porque parece tener la intención de hacerle un agujero en el pecho y salir de paseo. Siente sudor frío por todo el cuerpo y las sábanas pegadas a él. Pese a ello, trata de parecer calmado, o más que eso, soberbio. Se incorpora en la cama y se atusa el pelo con los dedos. Después le dirige una mirada de reproche a James y habla con el tono de voz más arrogante que encuentra en su repertorio.

-¿Qué coño haces, tío? ¿Sabes qué hora es?

-Es que estabas teniendo una pesadilla –explica el chico, algo nervioso–. Me ha parecido que sufrías.

-Qué va. Tú, que eres gilipollas y no tienes nada mejor que hacer que despertar al personal porque tienes insomnio o algo así.

Aunque James le ve borroso porque no lleva las gafas puestas, sabe que su amigo tiene en la cara esa maldita expresión de no-voy-a-contarte-lo-que-me-pasa. Lo conoce como si fuera su hermano de sangre y puede decir con certeza que sabe cuándo Sirius Black está compungido, aunque se comporte como un gallo de corral. Y en ese momento concreto es evidente que algo le ocurre. Está convencido de ello, sobre todo, por su tono de voz, más arrogante que de costumbre, excesivamente petulante, con una dosis extra de Black.

-Has gritado mi nombre y que no que no varias veces –insiste-. Incluso has tirado la almohada al suelo. ¿Qué estabas soñando?

Sirius le mira fijamente con esos ojos grises que todavía parecen un poco asustados. Le repasa de arriba abajo, aunque sabe que esa forma de intimidar que utiliza en los demás no tiene efecto alguno sobre él. Suspira y niega con la cabeza.

-No quería decírtelo, pero me la estabas chupando, y lo hacías jodidamente mal. Lo siento –con un encogimiento de hombros.

En la cama de al lado, Remus bufa y, antes de tumbarse, murmura que es muy típico de Sirius negar las evidencias para intentar quedar como un machote.

James observa a su estúpido mejor amigo con los brazos en jarra, negando con la cabeza como había estado haciendo él segundos antes. Después le lanza la almohada del suelo a la cara y regresa a su cama.

-El día en que me quieras contar algo importante, tío –empieza, con tono de reproche–, no sé si voy a querer escucharte.

El chico de ojos grises fuerza una carcajada que suena más amarga de lo que desearía y se acuesta de nuevo. Se tapa con las sábanas sudadas hasta la cabeza, como si bajo ellas fuese algo menos vulnerable de lo que ya se siente en ese momento. Cierra los ojos, los aprieta con fuerza y ruega caer dormido cuanto antes mejor, porque no soporta la imagen que se repite en su mente de James cayendo mientras él se siente impotente. Y suplica no soñar de nuevo.

Pero esa imagen volverá algún día a él. Cada noche, durante doce años.