Calor

En el número 12 de Grimauld Place, la Navidad no es sino una excusa para que todos los Black –los que merecen ser parte de la familia Black– se reúnan bajo el mismo techo y se feliciten las fiestas, comenten qué poco han cambiado ellos y cuánto sus hijos y discutan qué sería mejor para librarse de los sangre sucia y todos los que corrompen la pura sangre mágica.

Por orden de su madre, Sirius trata de seguir, más o menos, esos tres puntos. O mejor los dos primeros, porque el último no le convence en absoluto. Así que, cuando su prima Bellatrix le saluda, él se comporta como todo un caballero.

-Felices fiestas, prima Bella. Hostia, lo que te ha crecido el culo.

Bellatrix nunca se echa atrás y hurga donde más duele.

-Y a ti la lengua, querido primo. ¿Seguro que no estás en Slytherin?

Regulus interrumpe la respuesta de su hermano y le da la bienvenida a la chica de forma bastante más educada. Después se la lleva cogida del brazo, Sirius supone que a saludar a sus padres. Qué le importa. Ahora tiene que pensar en una frase para tía Lucretia.

En ese momento, la lechuza de la familia golpea el cristal de la ventana con el pico, y el joven corre a abrir antes que Kreacher, quien intenta bloquearle el camino sin éxito, para coger la carta de James. Después se tira en plancha sobre la alfombra que hay junto a la chimenea con tal de leer con tranquilidad. La abre con ansias, porque cree que lleva siglos en esa casa, sin saber nada del exterior. Por eso lee despacio, para que la lectura dure más tiempo y la carta se le haga más larga.

Casa de los Potter, hormiguero internacional en estas fechas tan señaladas

A la atención del Sr. Canuto:

¿Qué tal las vacaciones? Mi casa es un bullicio. Ha venido familia de todas partes, incluso gente que sólo conocía de oídas, o ni eso. De hecho, creo que más de la mitad no son familia de sangre, sino amigos de mis padres. Pero bueno, ya sabes cómo somos los Potter y lo poco que nos importa que un hermano tenga o no la misma sangre que nosotros.

La verdad es que hasta ahora todos me han caído más o menos bien. Aunque una tía que sigo sin saber quién es me ha cogido de los mofletes, ha tirado de ellos sin clemencia y me ha dicho lo típico que todos odiamos, eso de "Ayyyy, qué guapo estás, James, querido. ¡Si parece que fue ayer cuando todavía te hacías pipí en los pantalones y ya eres todo un hombrecito!". Vamos, lo que viene a ser normal, que siempre me lo hace alguien cada año. Mi madre se moría de risa, pero yo me tuve que recolocar las gafas, y después sonreí por educación... porque estaba mi madre delante. Ahora la esquivo cada vez que la veo venir de lejos. Vale, es normal que me diga lo guapo que estoy, porque todavía no entiendo cómo Lily no me lo dice a diario, pero que se controle, tío.

Ya que hablamos de Lily, ¿sabes algo de ella? Supongo –y espero– que no, que no os escribís ni nada de eso, pero Remus no suelta prenda. Seguro que a ti te ha contado algo. Si me lo dices, te ayudaré a limpiar la moto durante todo el curso. O te dejaré ganar alguna partida de ajedrez mágico. O… Yo qué sé. Dime lo que se te ocurra y lo cumpliré. Eso sí, cualquier cosa que no tenga que ver contigo desnudo y una cama. O… Bah, yo qué sé, tío. Hace mucho calor y no puedo pensar bien. Mis padres siempre con la chimenea encendida… En serio, mierda de calor. ¡Estamos en invierno, tiene que hacer frío!

Bueno, nos leemos si es que te dignas a escribir, capullo.

Sr. Cornamenta.

Sirius intenta no reír en voz alta cuando lee las palabras de su amigo. Y cuando se le ocurre qué contestar a algunos comentarios, sobre todo. Sube a su habitación para coger pluma y pergamino de inmediato y vuelve delante del fuego de la chimenea, dispuesto a escribir la respuesta.

Grimauld Place 12, el infierno de siempre en estas fechas tan señaladas

A la atención –o no, me la suda– del Sr. Cornamenta:

Mira, tío, no me jodas. Llevo aquí, ¿cuánto? ¿Cuatro, cinco días? Toda una vida. Y lo primero que haces en tu puta carta es preguntar que cómo coño me van las vacaciones. Que te den por el culo.

Pero ya que estás tan interesado en saberlo, te diré que te quejas de vicio. Yo tengo la casa llena de Blacks, y no soy un llorica como uno que me sé. ¿Sabes lo que es tener la casa llena de Blacks? No te lo imaginas. Es como vivir constantemente en un plan malévolo para destruir el mundo, como en esas películas de muggles que tanto le gustan a Lunático y a tu amada Lily. Aunque supongo que no me puedo quejar, porque todos me miran mal. Es un gran honor. De nuevo, no te lo imaginas. Pero es que, por el mapa del merodeador, si alguno de ellos me mirara con satisfacción, juro que me cortaba las venas en diagonal con la varita.

Y hablando de Evans, ¿qué coño quieres que me cuente Lunático? ¿Te crees que me importa mucho? Aunque el muy cabrón me explica cosas que me importan todavía menos, como libros que está leyendo. Es que no sé cómo puede leer tanto. Hostia puta, que me envíe una lima para que me cargue la puerta y pueda salir de aquí, o algo por el estilo. Cuánto leer y qué pocas ideas para liberar a su amigo, joder.

A mí nunca me ha tirado de los mofletes nadie y me ha dicho lo guapo que estoy. Bueno, sí me dicen siempre lo guapo que estoy, porque es la puta verdad, y no pasa desapercibido ni para los que me ven como la oveja negra. Pero, ¿tirarme de los mofletes? Merlín me libre. Doy gracias a que no he visto a nadie hacer eso. ¿En serio es tan normal?

Ah, y ni de coña te creas que te dejaré acercarte a mi moto para limpiarla. A saber cómo acabaría la pobre.

Por cierto, escribes que tienes mucho calor justo después de decir nosequé sobre mí desnudo en una cama. ¿Se supone que tengo que pensar que es casualidad? Ya no te puedo mandar a tomar por culo, no sea que me estés imaginando en pelotas. (Y como veo que estás interesado, te diré que no es necesario estar en una cama para hacer ciertas cosas. Te lo digo como amigo, por si algún día Evans y tú…)

De todos modos, no sé cómo puedes tener calor en esta época. Hace un frío que pela. A veces me pregunto si es que nieva dentro de la casa, pero lamentablemente no veo bolas de nieve que poder lanzar contra el jeto de mi hermano.

Venga, tío, resiste, que lo tuyo no es para tanto. Escribe pronto o te mato, que me aburro. Y ya sabes lo que pasa cuando me aburro –vale, normalmente pasa que nos metemos con Quejicus, pero ahora da la casualidad de que no nos queda precisamente cerca, y si me aburro y no hay Quejicus al que incordiar, no sé, puede ser el Apocalipsis o algo así–.

El excelentísimo Sr. Canuto.

James recibe la lechuza de los Black la mañana siguiente, apenas ha amanecido. Abre la ventana y deja pasar al animal para recompensarle con un pequeño bol de agua y algo de comida. Se lanza sobre la cama con el pergamino en la mano, dispuesto a leer, pero siente que es demasiado temprano para sus neuronas y vuelve a entrar en un profundo sueño. Al despertar, lo primero que hace es bajar las escaleras para dar los buenos días a su familia y celebrar las fiestas con ellos. Por la noche vuelve a su dormitorio y se encuentra la carta de su amigo. La lee. Ríe. Se dispone a contestar, pero no sabe qué decir en ese momento.

Los Black pueden comprar cualquier cosa con dinero, pero no disponen del suficiente para conseguir calor familiar. Está pensando en eso, pero no es algo que pueda ­–o deba– escribirle a Sirius.

Se rasca la nuca mientras reflexiona y entonces empieza a escribir.

Querido –no te lo creas– Canuto:

Si tanta pasta tiene tu familia, que pongan más chimeneas. La casa quedaría bien bonita desde fuera. O haced fuego con la varita, hombre. Fijo que tu madre tiene cortinas de recambio si las haces arder. Y dudo que te importe mucho la bronca que te pueda caer por ello.

La siguiente carta de Sirius explica que siguió el consejo de James. Prendió fuego a una cortina y hostia, entonces sí que se estaba calentito. Pero recibió una carta del Ministerio amenazando con expulsarlo de Hogwarts si la situación se repetía. Por su parte, su madre se encargó de que tuviera siempre encima la atenta mirada de su prima Bellatrix, cuya presencia detesta, a todas horas.

La última vez que te hago caso, Cornamenta. Ni aunque me muera de frío.