Disclaimer: Inu Yasha pertenece a Rumiko Takahashi
"DE ÁNGELES Y SHINIGAMIS"
Por C. Weller chan
Episodio 2 de 2
Vida
Cerrando tras de sí la gigantesca y elegante puerta, el ángel Kaede suspiró un tanto cansado. La audiencia con sus superiores había sido en extremo provechosa luego de reportarles los acontecimientos recién ocurridos y sirvió para regular algunos puntos, sin embargo un dejo de intranquilidad seguía molestándolo.
Sin la energía para emprender el vuelo, el ángel Kaede decidió ir caminando hasta el salón de los cuneros con las almas de niños por nacer, repasando una y otra vez el plan maestro orquestado por las altas instancias celestiales para tratar de ajustar los yerros y deslices ocurridos hacía tanto tiempo ya. No iba a ser tarea fácil y menos agradable para los implicados, pero era necesario e imperioso subsanar esa falta.
El ángel Kaede continuó caminando, viendo sin mirar por los altos ventanales que dejaban disfrutar un hermoso y puro color azul tachonado por prístinas y esponjadas nubes, rumiando el hecho que gran parte de los intentos a realizar dependían de las decisiones que se tomarían en el momento; decisiones que ni siquiera dependían de los superiores, sino de los directamente involucrados que ni siquiera tenían conocimiento de lo trascendental que serían sus acciones venideras, lo cual se traslucía como una verdadera moneda en el aire.
Deteniéndose unos momentos para mirar el paso de las nubes, el ángel Kaede oró con todas sus fuerzas para que el resultado final fuera el esperado en esta vuelta de tuerca al destino.
Kagome se sentía inquieto y nervioso mientras observaba distraído el cielo desde el techo del hospital. No eran emociones propias de un ángel, y menos de uno de su categoría, quien se suponía estaba para transmitir paz y fuerza a las personas enfermas. Pero era algo que simplemente no podía evitar. La presencia de Naraku le había dejado un agrio sabor en la boca, así como vibraciones de tristeza y dolor.
Pensando una vez más en la pequeña Lin, quien había sido llevada a una incubadora, el dominaciones no podía evitar preguntarse la razón por la cual se sentía tan ligado a esa bebé. Realmente, no era la primera alma que sostenía en sus brazos, ni tampoco la primera niña que veía nacer. ¿Porqué entonces ese apego y atracción? ¿En qué radicaba el hecho que esa pequeñita se había ganado su corazón y cariño a primera vista?
- Pareces preocupada – la voz profunda y sensual del shinigami de cabello de nieve lo sacó de sus cavilaciones. ¿Hacía cuánto que se encontraba ahí?
- Sesshomaru… - sin saber muy bien qué comentar, el dominaciones observó como el recién llegado se posicionaba delante de él unos cuantos pasos. La espalda ancha y enfundada en piel cubierta por las largas y sedosas hebras plateadas era lo que podía ver.
- Ahora sabes el destino que le espera a esa niña – Kagome miró interrogante al shinigami. Verlo dos veces en el mismo día era un acontecimiento extraordinario. ¿Cuál era su intención?
- Tu compañero Naraku me lo informó alegremente – comentó el dominaciones con un dejo de amargura.
- No es mi compañero – la respuesta firme, rápida y despectiva del recién llegado lo dejó sorprendido. Sabía que por lo regular los shinigamis eran seres solitarios y territoriales, además que entre ellos existían animadversiones; pero esta contestación tan tajante…
- Como sea. Se congració en anunciarme las nuevas noticias. Ignoro cuánto tiempo le quede, pero expresó claramente que Lin moriría pronto – comentó acongojado, mirando hacia el cielo una vez más. Tenía la necesidad irreprimible de ayudar a la pequeñita; no deseaba que muriera, al contrario, quería que viviera feliz y sin contratiempos. ¿Era mucho pedir?
- ¿Lin? ¿Ése es el nombre de la recién nacida? – preguntó a su vez Sesshomaru, sin voltear hacia el dominaciones.
- Al parecer fueron las últimas palabras del padre antes de morir – contestó Kagome tratando de modular la voz y disimular lo terrible que le parecía el hecho.
El dominaciones desvió su mirada distraídamente una vez más sobre el shinigami. Los plateados cabellos danzaban con la suave brisa y destellaban como diamantes pulidos, hipnotizándolo y haciéndolo perderse en sus meditaciones. Él era un dominaciones y por ende, estaba acostumbrado al sufrimiento de los humanos que les causaban las enfermedades y los padecimientos, si bien su misión era precisamente tratar de aligerar esa penosa situación. La muerte también era una constante, para él ver o percibir el aura de uno o varios shinigamis todos los días no era extraño; pero era una sensación que nunca le había agradado ni terminado de acostumbrarse. La gente venía al mundo para cumplir un ciclo y esa pequeñita recién nacida no tendría la oportunidad de gozar de las alegrías y aflicciones que se encontraba la gente en su camino a medida que crecía y se desarrollaba.
En ocasiones no entendía las decisiones divinas.
Kagome sentía opresión en el pecho y que no había experimentado nunca antes como un dominaciones que reprimía la rabia, congoja y rebeldía. Deseaba más que nada ayudar a esa niña, quería llevársela consigo y colmarla de atenciones y mimos. Anhelaba prodigarle una vida plena y satisfactoria, que viviera todo tipo de experiencias y fracasos, para hacer de ella una persona feliz y completa.
Quería…
- Debes considerar cuidadosamente los pros y contras, Kagome… - junto a él apareció la figura alta de Sesshomaru. El dominaciones volteó sorprendido. ¿Otra vez no lo había sentido acercarse? – No cometas ninguna tontería, por lo menos no sin antes meditarla bien – Kagome tragó grueso. ¿Qué es lo que estaba ocurriendo con ese shinigami? ¿Acaso ahora podía conocer sus emociones y sus más profundas cavilaciones?
Tratando de disimular su nerviosismo, Kagome rió.
- ¿De qué estás hablando, Sesshomaru? ¿Cuál tontería? – lo que consiguió fue una mirada gélida y fija, pero con una chispa que le decía que ese shinigami sabía perfectamente bien cuales eran los pensamientos subyacentes del dominaciones. Dándole la espalda al de las alas, Sesshomaru caminó unos pasos y comentó:
- No porque en vida no hayas tenido ciertas oportunidades, significa que ahora estés en libertad de fabricarlas, Kagome – ante esa frase tan enigmática, el shinigami se desvaneció. El dominaciones se quedó estático, mudo e interrogante: ¿Qué quiso decir exactamente Sesshomaru?
- La libramos por el momento… - Kagome se mordía los nudillos de las manos para evitar llorar. Mirando al doctor despojarse de su mascarilla y limpiándose el sudor, optó por mejor llevarse las palmas de sus manos hacia sus oídos para tratar de apagar los agudos gritos de dolor de la pequeña Lin.
- Ya pasó cariño. Ya pasó – la dulce y gentil voz de la enfermera trataba de calmar a la pequeña, que hipando y retorciéndose, hacía intentos vanos de librarse del dolor infringido por las agujas y el tratamiento que recibía por parte del pediatra y la enfermera, que para Lin, más bien era una auténtica tortura.
Había pasado casi un mes desde que Lin naciera y el dominaciones tomó la costumbre de todos los días ir a visitar a la pequeña en la incubadora donde luchaba por su vida, en vista que no contaba con un ángel guardián que la apoyara y rezara por ella. No eran sólo las lesiones del accidente donde murieron sus padres lo que la tenía tan mal, sino que tal y como se lo había asegurado el ángel Kaede, Lin nació con una enfermedad hereditaria que no le permitía desarrollarse sanamente. En ocasiones su estado era tan crítico que los médicos que la atendían pensaban que no sobreviviría; pero luego de sus esfuerzos y los rezos y ruegos interminables y desesperados de Kagome, Lin mejoraba un poco y lograba vivir un día más. Era tanta la angustia del dominaciones, que en determinado momento se sorprendió al darse cuenta que no se había despegado del lado de la pequeña dos días continuos con sus noches.
Con rostro preocupado y aún con la bata y el gorro puestos, el médico dijo:
- Pobre bebé. Tan pequeña y pasando por todo esto… -
- Y más aún que sus padres murieron el día que nació – comentó ausente la enfermera, mientras terminaba de limpiar a la llorosa y temblorosa niña.
- La trabajadora social está tratando de conseguir unos cuidadores, pero es extraordinariamente difícil – la enfermera dio un resoplido de desprecio.
- Me comentó que cuando se enteran de lo enferma que está, la descartan enseguida. ¿Por qué es tan insensible la gente? –
- Si esto continúa así, tendrá que ser llevada a un orfanatorio en cuanto se reponga – la enfermera suspiró triste, negando con la cabeza. Kagome se enervó en cuanto escuchó las palabras. ¿A un orfanatorio, en sus condiciones?
- Tal vez eso no será necesario… - el dominaciones dio un salto de susto y sorpresa y reaccionando por instinto, dio dos pasos hacia atrás para alejarse y prepararse para la lucha. ¡Naraku!
- ¿Otra vez usted? – preguntó el alado con recelo. El shinigami rió divertido.
- ¡Qué mala educación dominaciones! Usted no es de los que acostumbran mostrar malos modales ante los demás. ¿Se levantó con el pie equivocado? – comentó fingiendo ofensa y con una sonrisa burlona. Kagome sintió el impulso de darle un puñetazo.
- No me venga con rodeos. ¿Ha venido por Lin? – cruzándose de brazos y sin perder su mirada llena de sorna, Naraku negó con la cabeza.
- No sea tan impaciente, dominaciones, el momento llegará. ¿Tan ansioso está porque me la lleve? – Sin poder soportar más la actitud irreverente del shinigami, Kagome se abalanzó sobre él tratando de asestarle un golpe frontal para borrar ese despreciable gesto de su rostro, pero Naraku fue más rápido. Sujetando el puño del dominaciones con su mano, el moreno jaló hacia sí el cuerpo del alado para tomarlo por la cintura y voltearlo dejándolo inmóvil en un fuerte abrazo. La espalda y alas de Kagome quedaron pegadas al tórax del moreno y una de sus manos atrapada por la similar del shinigami. La otra mano de Naraku tomó a Kagome por el mentón y procedió a hablarle al oído, haciéndolo estremecer de repugnancia. – Veo que no hizo caso a mi consejo, dominaciones. Es una pena. Pero ahora, gracias a su actitud impulsiva y para mi propio placer, déjeme decirle que esa pequeña tendrá un destino aún más funesto – los ojos del alado se agrandaron de horror ¿qué estaba escuchando? – su muerte será lenta y dolorosa, más de lo estipulado, así que prepárese… - Kagome comenzó a hacer esfuerzos para zafarse del agarre, pero el shinigami era demasiado fuerte.
- ¡Maldito miserable! ¡No se atreva a ponerle un dedo encima a Lin o…! – Naraku torció el brazo de Kagome para callarlo, riendo entre dientes.
- ¿O qué dominaciones? ¿Cree que puede hacer algo en contra mía? No sea ridículo, aquí el de la ventaja soy yo. Usted es simplemente un ser celestial, de alta jerarquía es cierto, pero no la suficiente para detenerme – Con un estremecimiento, Kagome sintió la lengua de Naraku deslizarse por su mejilla con lentitud, a la vez que la sombra oscura y terrorífica del shinigami se cernía sobre él, amenazante y grandiosa. – Recuerde su lugar, dominaciones. Usted es sólo un ángel, y yo… soy un dios de la muerte… -
Kagome no podía levantarse. A pesar de sus poderes celestiales, las heridas infringidas por la espada del shinigami eran dolorosas y profundas, causándole un fantasmagórico dolor en todo su maltrecho cuerpo. Tratando de regular su fatigada respiración, el dominaciones miró hacia el cielo recostado como estaba en el bosque profundo y solitario, lejos de cualquier persona y sin saber en qué parte del planeta, al cual Naraku lo había arrastrado para, según sus palabras, "enseñarle a no creerse más de lo que era" y a "divertirse por unos momentos con un ejemplo".
Sintiendo como si mil agujas se le clavaran simultáneamente, Kagome se sentó y recargó en el grueso tronco de un árbol enorme y tupido, que difícilmente dejaba pasar la luz del sol. El dominaciones, con una sensación de fracaso y miseria y tratando sin éxito de controlar las emociones de miedo, fatalidad y ansiedad, con sorpresa notó que sus ojos de llenaban de lágrimas y un grito de dolor brotaba de su garganta. Sin poder soportar más, Kagome dejó caer sus manos sobre la húmeda tierra y golpeándola de vez en cuando con sus puños cerrados en señal de frustración por el resultado del encuentro.
Pero más que nada, por la decisión cruel y sádica que Naraku había tomado luego del vapuleo que le había propinado y con la cual, en las condiciones actuales, no podía hacer nada para evitarla.
- ¿Quién te hizo esto? – sin aliento, levantando su cabeza con pesar y vergüenza, Kagome miró hacia arriba, hacia la gloriosa y sublime aparición. Volviendo a dejar caer su cabeza, el cuestionado murmuró:
- Eso no importa… - como una garra, la mano de Sesshomaru sujetó el antebrazo del dominaciones, apretándolo.
- ¡Claro que importa! ¿Quién te hizo esto? – con voz metálica que parecía un siseo, el shinigami de plateados cabellos repitió su pregunta. Ante la emoción contenida en la cuestión, Kagome alzó su mirada café hacia la dorada del recién llegado, curioso. ¿Por qué tanto interés?
Frustrado e impotente, Kagome le gritó desesperado:
- ¡Fue ese canalla de Naraku! ¿Satisfecho? – una sombra veló los ojos de Sesshomaru y su boca dibujó una apretada línea recta. El dominaciones continuó llorando.
- Por qué lo hizo? – en medio del llanto, Kagome contestó con desdén:
- Para enseñarme el auténtico poder de un shinigami – volviendo a recargarse en el tronco, el dominaciones mostró en su rostro un infinito martirio. – ¿Pero sabes qué es lo peor? Que esto no es nada, Sesshomaru. Lo que Naraku va a hacer es… es… - un apretón en su antebrazo por parte de Sesshomaru la apresuraba a continuar. Luego de tragar convulsivamente, el alado por fin pudo decir: - ...que se la llevará, Sesshomaru. ¡Naraku va a llevarse el alma de Lin al inframundo ahora! – sintiéndose sin fuerzas, Kagome enterró su rostro en sus manos, fatigado y resignado. – Lin, mi pequeñita Lin. ¿Por qué?… - murmuró como una plegaria que se sabía no sería escuchada.
- Pensé que habías decidido hacer tonterías Kagome. ¿Realmente estás dispuesta a ser desafiante para realizar lo impensable? – Como atontado, el dominaciones miró al shinigami, que con su acostumbrado rostro impenetrable, lo miraba fijamente.
- ¿Tonterías? ¿Realizar… lo impensable? –
- Sí – sin apartar su dorada mirada de la del dominaciones, Sesshomaru hizo una ligera pausa y con voz mortalmente seria, agregó: - Y a confiar en mí – Por una razón inexplicable, el corazón de Kagome comenzó a llenarse de una tibieza y confort que no sentía desde hacía mucho tiempo. Una sensación que apostaba, lo acompañó durante su pasaje en la tierra, que la hizo sentir una mujer segura y protegida.
Esperanza.
Y no era sólo por que era algo que necesitaba creer, sino porque era precisamente él, Sesshomaru, quien se la estaba ofreciendo.
Raramente, era una sensación conocida, que ahora que la tenía al alcance de su mano, se daba cuenta que no era nueva para él, sino más bien, era una sensación que extrañaba.
Kagome no necesitó que Sesshomaru le diera más detalles sobre lo que hablaba. Era algo sobreentendido. Era una decisión totalmente alocada, irreflexible e insensata, no sólo por el disparate que implicaba el confiar en un shinigami, sino por el desmesurado alcance de sus acciones y la profanación a las leyes celestiales, donde no habría cabida para el arrepentimiento ni la misericordia una vez ejecutada. Pero para el dominaciones, todo dejó de importar en un instante. Su cargo divino, su trabajo que tanto amaba y la oportunidad de ser un ángel como compensación a su vida en la tierra, en ese momento pasaron a un segundo plano. Su único pensamiento era para esa pequeñita, la bebé enferma y huérfana que, a los ojos del alado, merecía un destino amable y cálido al lado de personas que la atesoraran y protegieran. Sólo eso y nada más.
Cubierto por el barro y con su túnica rasgada, y aún con dolores por las heridas recibidas, Kagome se irguió con una nueva luz irradiando de su cuerpo, la luz que la imagen de Lin y la determinación apóstata le daban:
- ¿Cuál es tu idea? –
Con las puntas de los dedos blancas por la presión que ejercía sobre el frasco que contenía la pequeña esfera de luz que era el alma de Lin, Kagome miraba fascinado el feroz y despiadado encuentro entre dos dioses de la muerte, que no estaban dispuestos a mostrar compasión en ningún momento.
Sesshomaru y Kagome habían aparecido en el hospital, frente a la incubadora de Lin justo en el momento en que Naraku guardaba el alma de Lin en el frasco de vidrio que todos los shinigamis traían consigo. Evidenciando que esta acción no lo tomaba por sorpresa, ambos shinigamis se enfrascaron en una lucha con espadas por la posesión del recipiente.
Luego de varios ataques, intentos y fallas, de un movimiento certero, elegante y casi imperceptible Sesshomaru consiguió hacerse con el frasco para sin titubeos, lanzárselo a Kagome e interponerse entre el dominaciones y su oponente, como un escudo.
Al ver esto, Naraku soltó una risita socarrona.
- Como me lo esperaba, Sesshomaru. Simplemente no podías negar tus impulsos primarios, ¿no es así? – Ese comentario fue acompañado de una estocada directa hacia el de cabello blanco, que sin inmutarse, logró bloquearla. – Siempre protegiéndola, sin dejarla ni a sol ni a sombra. Es algo que sencillamente no puedes evitar, ¿no es así? – los golpes no cesaban en ningún momento, pero Sesshomaru parecía repeler la hoja sin ninguna dificultad, silenciosamente. – Supongo que al saber quien lo hizo no dejarías pasar la oportunidad que te permitiría matar dos pájaros de un tiro; después de todo, fui yo quien la asesinó… - Kagome escuchaba como en sueños la extraña e inentendible conversación de los combatientes. ¿Protegiéndola siempre? ¿De qué estaban hablando? ¿Y a quién se refería Naraku cuando comentó que había sido él quien "la asesinó"? ¿Qué significaba exactamente?
La entrada abrupta y alarmada del pediatra y un par de enfermeras a la habitación donde la batalla se estaba llevando a cabo la sorprendió. Despegando sus ojos un momento de la contienda, Kagome observó como el doctor veía el cuerpo sin vida de Lin para enseguida gritar órdenes a las mujeres y comenzar a resucitar a la pequeña, totalmente ignorantes de la cruel lucha que se llevaba a cabo justo al lado de ellos.
Mirando otra vez el frasco que sostenía en sus manos con todas sus fuerzas, Kagome se preguntaba cómo pensaba Sesshomaru volver a la vida a Lin, puesto que una vez que el alma entraba al recipiente, aunque podía sacarse de nuevo, no era posible que entrara otra vez al cuerpo.
Un grito desgarrador repercutió en el lugar, haciendo que el sonido chirriante de las espadas se dejara de oír repentinamente. Kagome volteó alarmado hacia donde los shinigamis se encontraban para mirar lo que parecía el fin de la contienda. Naraku se encontraba hincado frente a Sesshomaru, con un rictus de dolor en su rostro y un tajo en diagonal que iba desde uno de sus hombros hasta arriba del cinturón lucía en su cuerpo. Sesshomaru sostenía su espada, por cuyo filo escurría un hilo de sangre negra. Sangre de shinigami.
Sacudiendo la espada para limpiarle la sangre, el de cabellos plateados enseguida la sostuvo en lo alto, listo para dar el golpe final en lo que preguntaba con voz filosa:
- ¿No te parece familiar esta escena, Naraku? -
Naraku, al observar esto con ojos desorbitados por el miedo, lanzó una estocada con su espada para obligar a Sesshomaru a retroceder un paso, lo que necesitaba para escapar, desapareciendo en un instante.
- Sesshomaru… - Después de lanzarle una mirada despectiva al sitio donde Naraku desapareció, el shinigami se fajó la espada para dar media vuelta y aproximarse al sitio donde el doctor y las enfermeras luchaban para resucitar a Lin.
- Ven – con esa orden escueta, Kagome se acercó a la escena, donde el pediatra, después de un último esfuerzo, se apartaba del cuerpo de la bebé.
- No puedo hacer nada más. Ha muerto – Esas palabras hicieron estremecer al dominaciones, que trató de reprimir un gemido. Como el doctor decía, las opciones se habían terminado. Tal vez pudieran devolver el alma de Lin al cielo…
- Abre el frasco – Kagome miró atontado hacia su acompañante.
- Pero Sesshomaru, ¿de qué serviría? Lin murió… - una mirada glacial se posó sobre el alado, que miedoso, se apresuró a acatar la orden.
Mientras el doctor y las enfermeras deambulaban alrededor del cuerpo sin vida de la pequeña, Sesshomaru se apartó dos pasos de la incubadora, señalando con los ojos el lugar donde quería que Kagome se colocara. Con el recipiente de vidrio abierto, el dominaciones miró interrogante y curioso a shinigami. ¿Qué intentaba hacer?
Con lentitud, Sesshomaru levantó su brazo izquierdo al frente, a la altura de su hombro. Mirando fijamente hacia la palma de su mano abierta y vuelta hacia arriba, el shinigami parecía concentrarse fuertemente sobre ese punto, hasta que, para sorpresa del alado, ésta comenzó a brillar con intensidad.
Aguantando el aliento, Kagome observó pasmada como de la palma de Sesshomaru, emergía lentamente una espada, una katana en todo su esplendor, hasta la empuñadura. Al completarse el proceso, embobado escuchó murmurar al de ojos dorados con reverencia:
- Tenseiga… - Luego de admirar por unos momentos la espada, Sesshomaru volteó hacia la incubadora y volvió a mandarle: - Acércate y sostén el frasco frente al cuerpo – saliendo de su asombro, Kagome hizo inmediatamente lo indicado, esperando lo que haría a continuación.
Posicionando la katana por encima del cuerpo de la bebé, Sesshomaru esperó con expresión seria y tensa. Luego de unos instantes, la hoja comenzó a latir, causando un visible alivio en su portador. Demudado, el dominaciones observó como el alma de la pequeña salía del frasco para acompasarse con los latidos de la espada y con lentitud y un brillo más refulgente, introducirse en el cuerpo de la bebé, quien inmediatamente comenzó a llorar.
- ¡Doctor! –
- ¿Pero qué…? – con ojos incrédulos, el pediatra y las enfermeras miraban a Lin, quien movía sus brazos y piernas a la vez que gemidos salían de su garganta.
- ¡Está viva! – exclamó con alegría una de las enfermeras. El doctor inmediatamente se acercó a examinarla, para luego exclamar asombrado.
- ¡Increíble, sus signos vitales son normales! ¿Cómo? – Kagome no pudo poner más atención. Lágrimas de felicidad salían de sus ojos sin poder contenerlas. Volteando hacia Sesshomaru, quien mantenía su expresión indiferente, con dificultad pero con sentimiento, pudo balbucear:
- ¡Gracias! – No bien había pronunciado la palabra, una batahola se desató. Una hilera de varios ángeles aparecieron frente a Sesshomaru y otros más formaron un círculo alrededor de Kagome, sujetándolo fuertemente. En un instante, lo inmovilizaron y lo único que alcanzó a percibir de reojo fueron los esfuerzos del shinigami por atravesar la barrera de ángeles. Antes de desaparecer junto con sus captores, el dominaciones escuchó el rugido furioso del de cabello de nieve:
- ¡KAGOME! -
El ángel Kaede miraba tranquilamente la escena frente a sus ojos. Apareciendo simultáneamente en la habitación de la incubadora con el grupo de ángeles que se llevaron al dominaciones al cielo, esperó a que éstos cumplieran su misión para carraspear:
- Mmm, mmm – un iracundo shinigami volteó desconcertado hacia el ángel guardián, que sin poderlo evitar, mostró una sonrisita de triunfo. - ¡Ah, te he sorprendido! ¿Eh, Sesshomaru? – con una voz que transmitía desdén, el shinigami espetó:
- ¡¿Tú?! – sintiéndose ligeramente ofendido, el ángel respondió molesto:
- Si gracias. A mí también me da mucho gusto volver a verte… - de dos zancadas el shinigami se acercó al ángel para tomarlo fuertemente del cuello de su túnica con una mano y cargarlo.
- No me vengas con boberías viejo decrépito. ¿Qué le hiciste a Kagome? – cambiando la molestia por alarma, el ángel Kaede respondió con dificultad:
- ¡Cálmate por favor Sesshomaru! – haciendo un esfuerzo supremo, el aludido soltó sin ceremonias al ángel, que quejándose, trató de arreglar sus ropas - ¡Ah, no has cambiado nada! Sigues siendo un irrespetuoso… - sintiendo la mirada fija del shinigami sobre él, el ángel Kaede optó por hablar, puesto que el tiempo se había agotado: - Creo que en lugar de estarme molestando, lo mejor es que te retires, Sesshomaru – la contestación del shinigami fue alzar una de sus cejas y volver a introducir la espada con la que había resucitado a Lin en su brazo izquierdo, revirtiendo el proceso utilizado para sacarla.
- ¿Y por qué debería de hacerlo? – riéndose bajito, el ángel guardián sujetó sus manos por la espalda, en una posición relajada.
- Porque tus compañeros vendrán sin demora por ti, luego de lo que has hecho – un resoplido de desprecio surgió de la garganta del shinigami.
- No soy ningún cobarde para huir de nadie… - el ángel Kaede sonrió una vez más. Si hubiera apostado por esa respuesta, hubiese ganado sin duda.
- Si no te vas de aquí, ellos localizarán de inmediato a Lin y la decisión de Kagome se desperdiciará inmisericordemente – si no estuviera esperando esa reacción, el ángel Kaede estaría seguro que no la hubiera visto. La tensión en la mandíbula del shinigami que denotaba su preocupación. – No permitas que tus emociones te dominen y cometas otro error… -
Dándose la vuelta y con un tono que aparentaba indiferencia, Sesshomaru preguntó:
- ¿Y Kagome? – con mucho cuidado de utilizar sólo las palabras necesarias, el ángel guardián respondió, serio:
- Existe la posibilidad de que las decisiones de las personas lleven por caminos que son imprescindibles de reparar – una ligera pausa precedió a las siguientes palabras: - o de los ángeles… Con esa intención lo ayudaste, ¿o no? -
Luego de escuchar su respuesta críptica, el ángel Kaede observó al shinigami desaparecer silenciosamente.
Suspirando, el ángel guardián pensó: "No hay tiempo que perder. Ahora viene mi turno".
Aprovechando la distracción que mantenían el pediatra y las enfermeras con la recuperación milagrosa de Lin, el ángel Kaede se materializó con la misma apariencia que siempre mantenía vestida con un traje sastre recatado y de colores serios, un portafolio y unas gafas.
- Buenas tardes – una exclamación de asombro se dejó escuchar del cuerpo médico que estaba en la habitación, que abandonando lo que estaban haciendo, se aproximaron a la recién llegada. – Buenas tardes a todos, mi nombre es Kaede Miko y son una trabajadora social – extendiéndole una credencial al doctor, el ángel guardián continuó: - Hemos estudiado el caso de esta bebé, y en vista de las circunstancias, se ha decidido que Lin será trasladada a otro hospital inmediatamente… -
Kagome miraba el tímido y delgado haz de luz que se filtraba por la minúscula ventana del calabozo. Luego de su captura en el hospital donde se encontraba Lin, había sido llevado por el grupo de ángeles a esa parte del cielo, donde había permanecido encerrado desde entonces. No sabía exactamente cuánto tiempo había pasado después de eso, pero no le quedaba ninguna duda del porque lo habían traído allí.
La decisión tomada de recuperar a Lin de las manos de Naraku podía considerarse una falta mayúscula, pero ayudar a un shinigami a resucitar a una persona era un sacrilegio. Un acto imperdonable.
Pero a Kagome no le preocupaban las consecuencias de sus acciones. Sabía a lo que se atenía cuando tomó esa decisión. Sabía lo que le esperaba cuando sostuvo el frasco abierto y miraba como con esa espada misteriosa, Sesshomaru volvía a introducir el alma de Lin en su cuerpecito. Sabía que no habría perdón para él. Lo que le angustiaba ahora era el destino de Lin a partir de ese momento. ¿Qué pasaría con ella? ¿Habría posibilidades de que lograra sobrevivir? Tal vez Naraku y otros shinigamis estarían con ella en ese preciso momento, torturándola antes de llevarse su alma al inframundo. ¿Y Sesshomaru? ¿Dónde estaría?
El chirrido de los goznes que sostenían la pesada y gigantesca puerta del calabozo al abrirse lo sacó de sus cavilaciones. Tratando de que la luz que entraba le permitiera ver quién estaba ahí, Kagome alzó una mano para hacer sombra a sus ojos.
- Kagome – una voz amable y envejecida acompañó a la silueta que delineaba la luz que se filtraba por la puerta entreabierta.
- ¡Ángel Kaede! – levantándose como impulsado como un resorte, Kagome corrió hacia el recién llegado, para hincarse frente a él y abrazarse a su cintura como si fuera un leño en medio del mar.
- Tranquilo pequeño – con palmaditas en la cabeza del dominaciones, el ángel guardián lo instó a levantarse para acercarse a uno de los muros y sentarse uno junto al otro, utilizando la pared de apoyo a sus espaldas.
- ¡Ángel Kaede, estoy intranquilo! ¡Lin…! – levantando una de sus manos para detenerlo, Kagome calló mirando el rostro sereno y risueño del ángel Kaede.
- No se preocupe por Lin, dominaciones; está a salvo – el alivio inundó el cuerpo de Kagome, permitiéndole relajarse. – Ahora quien debe preocuparle es usted mismo, dominaciones. ¿Se da cuenta de lo que ha hecho? – Kagome miró fijamente a su visitante, respondiendo sin titubeos.
- Por supuesto que lo sé. Y no me arrepiento – un suspiro cansado surgió del cuerpo del ángel guardián, que con la mirada baja, tomó cariñosamente la mano del dominaciones.
- En este momento están decidiendo su condena, dominaciones. Creo que tenemos un poco de tiempo. ¿Me permitiría contarle una historia? – extrañado del tema elegido por el ángel anciano, Kagome asintió curioso. ¿Una historia? ¿Ahora? – Hace un tiempo indeterminado, existió en la tierra una joven mujer maravillosa. Esta mujer había nacido con una enfermedad congénita y más de la mitad de su vida había transcurrido en hospitales y tratamientos médicos. Un sufrimiento constante. – el ángel Kaede miró fijamente a Kagome al continuar: - Pero eso no desanimaba a esa joven. Procuraba vivir su vida con calidad, haciendo las cosas que le gustaban cuando su enfermedad se lo permitía, de modo que siempre estaba sonriente; era extraordinariamente gentil y amable, ayudando a sus semejantes e inyectando ánimo a todo aquél que lo necesitara –
Curioso, Kagome no pudo resistirse a preguntar:
- ¿Conoció a esa mujer, ángel Kaede? ¿Era usted su ángel guardián? –
- Por supuesto que la conocí, dominaciones. Y no, yo no era su ángel guardián, pero la veía con mucha frecuencia, porque yo era el dominaciones del hospital donde ella recibía sus tratamientos… - los ojos de Kagome se abrieron al máximo. ¿El ángel Kaede, un dominaciones?
- ¿Usted un dominaciones? ¿Y cómo es que ahora es un ángel guardián? – el ángel Kaede rió divertido.
- Es una historia muy complicada, dominaciones; y aunque me encantaría darle los detalles, sólo le diré que cedí ese puesto temporalmente, ju ju. Por ahora, preferiría enfocarnos en la señorita… - Kagome hizo un puchero, pero no replicó por la respuesta. – Esa mujer era bastante afortunada, dominaciones, porque hablando de su ángel guardián, le diré que era especialmente diligente, muy comprometido con su trabajo. Nunca la abandonaba, ni siquiera cuando estaba en el hospital. Era bastante terco debo decir, ¡y muy orgulloso!, de modo que cuando la mujer iba al hospital que yo vigilaba, todas las veces nos encontrábamos los dos junto a ella, je je je – el ángel Kaede rió con muchas ganas. Evidentemente ese detalle le causaba bastante gracia. Cuando terminó de reír, el rostro del ángel guardián adquirió una expresión seria. – Uno de los deseos de esa joven era tener hijos, dominaciones. Pero por su salud los médicos se lo prohibieron. sin embargo, era tan grande ese anhelo de la mujer, que desoyendo las recomendaciones, se embarazó – El dominaciones observó como el ángel guardián perdía su mirada en el muro de enfrente. – A pesar de las opiniones de los médicos y los riesgos, su gestación llegó a buen término. La mujer tuvo una hermosa niña, preciosa y sana. Evidentemente para la joven, fue un milagro, lo más importante en su vida. Era tanto el amor por su hija, que me es imposible expresárselo con palabras, dominaciones. Lo lamento – negando con la cabeza, Kagome pudo entender hasta cierto punto el amor maternal de esa mujer. Después de todo, ¿no había hecho algo impensable por la vida de una bebé? – Sin embargo, la salud de la mujer se vio bastante mermada, de modo que sus visitas al hospital se incrementaron. En una ocasión, acompañada de su pequeñita, que ni siquiera había cumplido el mes de nacida, la mujer iba a recibir un tratamiento, y fue cuando ocurrió… - el gesto del ángel Kaede se ensombreció – Un shinigami iba por un alma, pero tratando de divertirse un poco, hizo un acto imperdonable. Enfrente del edificio, justo cuando la mujer iba a cruzar la calle, provocó un accidente de tránsito para lograr dar muerte a su elegido, pero fue tan terrible, que logró terminar también con la vida de las personas que se encontraban cerca – Kagome sintió un estremecimiento.
- ¿Entonces, la mujer... murió? – el ángel Kaede dejó caer su mentón sobre su pecho. Era evidente que la muerte de esa joven lo afectó.
- La mujer y su hijita, dominaciones. Las dos murieron cuando no les correspondía. Al ver lo que había sucedido con su protegida, el ángel guardián montó en cólera y casi destruyó al shinigami – suspirando una vez más, el ángel Kaede meditó un poco antes de seguir: - Pero ese fue el error del ángel. Enceguecido por la pérdida de su protegida, no atendió las reglas y en un descuido, tomó acciones que no le correspondían al atacar al shinigami en lugar de dejarlo en manos de las altas jerarquías como debió haber sido. Ese hecho, aunado a la casi destrucción del dios de la muerte, le valió la expulsión del cielo… - Kagome estaba consternado por el ángel guardián. ¿Fue tanta su desesperación por la muerte inesperada de su protegida, que se atrevió a pelear y casi destruir a un shinigami? – A la mujer se le trató de compensar. Por su corazón cálido y bondadoso, se le permitió formar parte de la corte celestial. El alma de su hijita, considerando las circunstancias extraordinarias, fue puesta a dormir hasta que se le permitiera volver a la tierra, por el hecho que aún no era su momento de fallecer y ser casi una recién nacida… - Kagome sintió la mirada fija del ángel guardián sobre ella. Era tan penetrante, que comenzó a ponerse nervioso. ¿Por qué lo miraba de esa manera?
- De modo que la mujer se convirtió en un ángel. Y a la pequeñita se le daría otra oportunidad de vivir –
- Exactamente dominaciones – el énfasis de la respuesta del ángel Kaede lo desequilibraba. Tratando de aligerar la presión que sentía por parte de su acompañante, el dominaciones le preguntó:
- ¿Y qué fue lo que hizo el ángel guardián luego de su expulsión? – cualquier respuesta que Kagome esperaba, definitivamente no era la que recibió:
- Se convirtió en shinigami… - ni siquiera el golpe sorpresivo proveniente de la entrada del calabozo pudo sacarlo del gran impacto que sintió al escuchar la contestación del ángel guardián. Por alguna razón, sentía que esa frase tenía un gran significado para él. Uno de vital importancia, que servía para dar forma al complicado rompecabezas que Kaede le había descrito.
Pero ahora no tenía tiempo de reflexionar para encontrar la respuesta a su analogía. Una corte de ángeles de alta jerarquía había entrado al calabozo, para anunciar su sentencia.
Kaede y él se pusieron de pie, si bien Kagome sentía sus piernas de gelatina.
- Dominaciones Kagome, se ha decidido su sentencia por sus acciones respecto a la niña de nombre Lin – una sensación de temor recorrió el cuerpo de Kagome. Había llegado la hora. – Por su falta al participar en la resurrección de un alma condenada, su castigo será la expulsión de la corte celestial – Kagome cerró los ojos un momento, pero enseguida los abrió. Era algo que ya esperaba – Sus poderes célicos le serán depuestos y… - Kagome sintió la mirada evaluadora del mensajero – será sentenciado a volver a la tierra como una humana común y corriente… - aunado al impacto de la plática de Kaede, Kagome sintió una mezcla de emociones. ¿Ir a la tierra, para tener una vida como una mujer?
- Yo… - su débil intento de hablar se vio interrumpido por el mensajero:
- Ángel Kaede, proceda a extraerle las alas a… esta mujer – con una inclinación de cabeza, el ángel guardián procedió a ejecutar su mandato. Colocándose detrás de Kagome, Kaede murmuró con nerviosismo a su oído mientras le arrancaba las alas al antiguo dominaciones, que sufrió el dolor sin mostrarlo.
- Por favor Kagome, escúchame. ¡Aprovecha esta oportunidad! Busca Lin, la llevé a un sitio donde puede pasar desapercibida. Se te dificultará, pero no abandones la búsqueda – con las alas en las manos, Kaede dio un paso al frente para quedar junto a Kagome y mostrar los blancos apéndices cubiertos de plumas. Casi sin mover su boca, Kaede susurró por último, dejándo a Kagome estupefacta: - Confía en Sesshomaru Kagome, para encontrar a tu hija… - con esa última frase, Kaede exclamó al mensajero – Está hecho – el ángel asintió con la cabeza, y él y el grupo que lo acompañaba, alzaron uno de sus brazos señalando a Kagome, expulsando simultáneamente una luz que la envolvió, dejándola en la inconsciencia.
- Espero que con esto sea suficiente, ángel Kaede – comentó el mensajero celestial mientras observaba el punto donde Kagome se encontraba hacía apenas unos instantes. El aludido volteó hacia su interlocutor e hizo una reverencia.
- Gracias por su apoyo. Por favor, transmita mi agradecimiento a las altas jerarquías. Comuníqueles también que, afortunadamente, a causa de las decisiones tomadas, podemos decir que todo resultó como se esperaba. Es un consuelo – murmuró el ángel guardián en un tono que denotaba alivio. El mensajero lo miró dudoso.
- Pero aún no ha terminado, ángel Kaede. Falta la parte más complicada y ardua – el ángel anciano negó con la cabeza mientras sonreía:
- No se preocupe. Estoy seguro que esos dos se encontrarán y lograrán salir adelante. Él no la abandonará – comentó con seguridad.
- Confía demasiado en ese shinigami, ¿no le parece? – le preguntó el mensajero, suspicaz. El ángel Kaede rió.
- Él siempre fue mucho más de lo que aparenta, mensajero. Después de todo, no me negará que ese as bajo la manga, o mejor dicho, esa espada especial escondida en su brazo no la esperaba, ¿o si? – un resoplido de menosprecio surgió de la boca del mensajero.
- Pertenecer a la corte celestial y mantener en secreto un objeto de esa naturaleza es inadmisible. Por ese simple hecho debió ser expulsado del cielo. Pero, ¿cómo se hizo de ella? – el ángel anciano se alzó de hombros.
- Digamos que es un recuerdo de su vida en la tierra, mensajero – el mensajero suspiró resignado, para enseguida comentar serio:
- Ahora la situación debe regresar a la normalidad, ángel Kaede. Por eso mismo, y en razón de que el dominaciones interino ha sido expulsado de la corte celestial, he de anunciarle que su puesto como un dominaciones está siendo restituido a partir de este momento –
- Volveré a lo mismo, ¿eh? Será un placer como siempre, mensajero. Eso me dará mayor libertad – el mensajero miró al ángel anciano interrogante:
- ¿Mayor libertad? ¿Para qué, dominaciones Kaede? – el ángel sonrió confiando.
- Para observar el curso de los acontecimientos venideros, mensajero… -
De golpe, Kagome abrió sus ojos para observar las gruesas gotas de lluvia que caían del cielo, iluminadas por los relámpagos y la luz de la luna menguante. Desorientada por un instante, desde su posición trató de inspeccionar el sitio donde se encontraba, para darse cuenta que estaba tendida sobre un lecho mojado de hojas, plantas y tierra de un bosque de grandes y frondosos pinos y en medio de una tormenta, con un viento helado que le calaba los huesos y completamente sola.
Con la mente llena de cuestiones, un cúmulo de emociones llenándole el cuerpo y sin reaccionar debidamente, Kagome optó por tratar de sentarse, acción que le provocó mucho trabajo y esfuerzo, además de dolor. Cuando logró recargar su espalda en el árbol y respirar acompasadamente varias veces, fue hasta entonces cuando pudo recordar con claridad lo que había recién sucedido.
Era humana. Otra vez.
Con regocijo, extrañeza e incredulidad, Kagome alzó su mano a la altura de su rostro, para observarla. La mano tenía la misma apariencia de cuando era un dominaciones, pero la sensación era un tanto distinta.
La sentía viva.
A pesar de que esta nueva condición era un castigo, para la joven era una increíble ventaja. Lo único que podía pensar, era que ahora no estaría prohibido hacer lo que realmente deseaba, que era estar con Lin.
Con su hija.
Una revelación inesperada la del ángel Kaede. Eso significaba que, si bien tardó en comprenderlo, la historia de la mujer que el ángel guardián le contó antes de conocer la sentencia era su propia historia. La historia de su vida pasada como humana. Esa vida pasada de la cual sólo tenía recuerdos vagos e imágenes borrosas. Y si no se equivocaba, Sesshomaru fue su ángel guardián.
Tratando de poner en orden sus ideas que como avalancha se deslizaban por su mente, Kagome sintió plenamente por primera vez la inclemencia del tiempo. Si no encontraba refugio pronto, seguramente enfermaría gravemente. Debía reaccionar e irse de allí.
Pero antes que pudiera hacer otro movimiento, un sonido parecido a una explosión seguido de un intenso relámpago la replegó al árbol. En un segundo y de la nada, un cuerpo alto y enfundado en cuero apareció, colocándose entre ella y un grupo de varios seres vestidos con semejanza.
- ¡Sesshomaru! – con felicidad exclamó el nombre del recién llegado, pero para su consternación, se dio cuenta que la situación no era para alegrarse. Los shinigamis se encontraban enfrascados en una batalla contra Sesshomaru, y al frente de ellos impartiendo órdenes estaba Naraku.
El choque de las espadas resonaba a pesar de la lluvia. Todos arremetían contra el de cabello plateado, que sin acobardarse en ningún momento, lograba rechazar cada uno de los ataques, si bien por su respiración agitada, Kagome dedujo que la situación ya llevaba tiempo y parecía que la ventaja comenzaba a inclinarse hacia el grupo agresor.
Sin intervenir en la pelea, Naraku estaba parado a unos metros frente a Sesshomaru y los shinigamis, sólo observando. Una sonrisa de triunfo anticipado se perfilaba en su cara.
De repente, un shinigami logró filtrase en la pared que Sesshomaru se había convertido y llegó hasta Kagome, que al no esperarlo y estar débil, permitió que el oponente la tomara del cuello y la azotara contra el tronco del árbol.
- ¡Kagome! – el grito de alarma de Sesshomaru llegó hasta sus oídos, pero no consiguió contestarle. La mano oprimía su garganta, impidiéndole hablar y casi respirar.
- Si te rindes, la dejaré vivir, Sesshomaru – el murmullo lleno de cizaña del shinigami moreno se escuchó claramente luego que las espadas dejaron de usarse. Kagome hacía esfuerzos vanos por soltarse.
- Déjala en paz – ordenó Sesshomaru, que permanecía quieto, pero alerta a cualquier movimiento. Naraku negó con la cabeza.
- Me debes bastantes, Sesshomaru. Ignoro cómo, pero inclusive conseguiste esconder a esa chiquilla recién nacida y te aseguraste que no pudiera rastrearla al no asignarle un ángel guardián. No te lo pondré tan fácil – El corazón de Kagome saltó con esperanza. Era cierto. La manera como los shinigamis ubicaban a las almas que se llevarían al inframundo era por la energía divina que emanaban sus ángeles guardianes. ¿Cómo pudo pasar algo tan importante por alto? ¿Es que acaso el ángel Kaede sabía lo que sucedería?
- Suéltala – volvió a ordenar el de ojos dorados, si bien su voz era aún más imperativa. Por un momento, a Kagome se le figuró que Naraku mostraba temor.
- Ríndete y la soltaré – Sesshomaru apretó más la empuñadura de su espada y la colocó en posición de ataque. La mano en la garganta de Kagome presionó con más fuerza.
A traición y sin contemplaciones, el grupo de shinigamis corrió contra Sesshomaru para atacar al unísono en un solo golpe. Dos de ellos se abalanzaron contra ella, que sólo pudo emitir un gemido sofocado.
Sin saber cómo, Kagome se vio libre del agarre, pero la pelea continuó en una confusión total. Ella alcanzaba a recibir algunas patadas y golpes perdidos, pero sentía el cuerpo de Sesshomaru como un escudo. Él estaba recibiendo el mayor daño.
- ¡Sesshomaru! – exclamó la joven una vez más preocupada hasta la médula. Los ataques eran sucesivos, no se detenían y parecía que por fin habían conseguido mermar las fuerzas del peliplateado. De repente, y con un escalofrío de fatalidad, Kagome escuchó y sintió el grito de dolor inconmesurable de su defensor para enseguida, como en un sueño, ver como el brazo izquierdo cercenado de Sesshomaru caía a un par de pasos de ella.
Kagome gritó de horror.
- Ya no podrás utilizar esa espada otra vez, ¿verdad Sesshomaru? – preguntó Naraku burlón y triunfante. Sesshomaru tenía una posición encorvada, presionando con su mano derecha libre porque soltó su espada y llena de sangre negra el sitio donde su brazo izquierdo debería estar. Kagome sollozó de temor y desasosiego. – Ahora, voy a cobrármelas con sumo placer – la joven se envaró al escuchar las palabras del moreno, que en línea recta y con la espada preparada para atacar, se aproximó a ellos listo para asestar el golpe fatal. – Voy a matar a tu protegida, una vez más… -
Los otros shinigamis se apresuraron a sujetar a los caídos para impedirles escapar.
Kagome sentía náuseas, frío y miedo. Estaba a punto de morir una segunda ocasión a tan sólo unos minutos de volver a la vida. No podría cumplir sus sueños, ni estar junto a Sesshomaru como pensaba, ni buscar a Lin, su pequeña y preciosa Lin.
En el momento en que Naraku blandía la espada por encima de su cabeza listo para dejarla caer sobre ellos, Kagome miraba como hipnotizada el brillo que emanaban las gotas de lluvia en el arma, deseando que todo acabara rápido y que Sesshomaru no sufriera más.
Pero su principal ruego fue para Lin. Que su enfermedad le permitiera vivir una vida feliz y plena. Que Naraku o algún otro shinigami no la encontraran nunca. Que su existencia estuviera llena de gozo y felicidad.
Que personas bondadosas la protegieran y le brindaran su cariño incondicional, para que pudiera conocer el amor paternal y viviera sin preocupaciones…
Con ese último ruego en su cabeza, Kagome cerró los ojos justo en el momento en el que la espada de Naraku descendía sobre ellos con todas las fuerzas del shinigami, esperando el golpe final.
Final del capítulo 2
Comentario de la autora: Este es el capítulo final del fic; sin embargo, debo mencionar que habrá un muy pequeño capítulo extra (omake), como conclusión definitiva de la historia.
Quiero agradecer a todas y todos quienes han leído este humilde relato, así como a aquellas amables lectoras que mandaron review, y/o lo incluyeron en sus favoritos y alertas, aclarando que en la publicación del omake les agradeceré propiamente además de darles respuesta a sus comentarios, como siempre (¡faltaba más! n.n).
Muchas gracias.
C. Weller chan
