Disclaimer: Inu Yasha pertenece a Rumiko Takahashi

"DE ÁNGELES Y SHINIGAMIS"

Por C. Weller chan

Omake

Amor

- …y hacia donde nos dirigimos ahora, son los dormitorios donde están las niñas que, por motivos de salud, deben tener cuidados especiales… - la directora del orfanatorio le explicaba a la pareja de esposos las disposiciones del lugar mientras los guiaba hacia el sitio indicado. La administradora, cuya experiencia como dirigente de ese asilo de huérfanos se remontaba a un par de decenas de años, observaba discretamente a sus acompañantes, juzgando con ojo experto sus reacciones y lenguaje corporal.

Y era precisamente esta experiencia la que le permitía hacer juicios acertados acerca de las parejas que visitaban el orfanato con el fin de adoptar a los niños. En su puesto, era imprescindible ser una buena jueza de carácter para decidir si el matrimonio solicitante era adecuado o no para criar un hijo. Debía ser selectiva y sumamente cuidadosa, así como objetiva.

Sin embargo, a pesar de su distanciamiento necesario, la directora no podía evitar preguntarse cómo esta joven pareja había llegado hasta este lugar. De acuerdo al expediente preliminar, tenían poco más de cuatro años de casados y sin embargo, ya contaban con un par de chiquitines adoptados de otros dos orfanatorios. Le llamaba poderosamente la atención que viniendo casi desde el otro extremo del país, estas personas se interesaran en buscar otro niño para adoptar en este orfanato de un diminuto y perdido pueblo de pescadores. Era intrigante.

La pesada y añeja puerta de madera se abrió con un chirrido de los viejos goznes, permitiéndoles entrar a una habitación bastante amplia e iluminada, limpísima, con paredes gruesas y agrietadas y piso de madera gastado por los años. Pegadas a las paredes, había unas cuantas camas antiguas y varios cuneros que ya habían visto sus mejores épocas. Junto a la puerta y a la ventana, se encontraban unas grandes alacenas con puertas de vidrio que lucían en sus repisas varios frascos y medicamentos alineados, así como materiales de curación y artículos que por lo regular se veían sólo en hospitales.

Varias niñas no mayores de diez años se encontraban en el piso jugando con las cuidadoras, que, amables y atentas, no apartaban la vista de las pequeñas; algunas lucían vendajes en sus cuerpecitos, otra su brazo estaba conectado a un gotero, y una más jugaba con pelotitas en su regazo en su silla de ruedas. Las ocupantes de los cuneros también eran atendidas, bebiendo de las mamilas, cambiándoles los pañales o dándoles sus dosis de medicamentos. La directora sintió, como siempre y a pesar de su experiencia, un dolorcillo en todo el cuerpo. Nunca podía evitarlo.

- Estas pequeñitas son especiales. Todas ellas están… ¡Oiga, espere! – Antes que la administradora se diera cuenta, la señora se acercó con prisa al sitio donde las pequeñas jugaban, como si temiera que fueran a escapárseles. Con temor de que las niñas se asustaran, la directora dio un paso para detenerla, pero para su sorpresa, la mano grande del señor la retuvo con firmeza.

- Espere – La voz grave y fría del hombre le dio la orden con suavidad. Dudosa, la directora volteó hacia donde la mujer se había instalado, hincándose en medio de las niñas y sonriéndoles con toda la cara. Era un cuadro encantador y tierno.

Luego de diez minutos, la directora tuvo que salir del estado de ensueño en el que se había sumergido viendo a la mujer. Con una facilidad pasmosa, la señora había conseguido atraer la atención de todas las niñas que, fascinadas con su presencia, la rodearon en un suspiro y comenzaron a jugar con ella. Inclusive las bebés que se encontraban despiertas no le quitaban la vista de encima, así como las nanas, que habían pasado a un segundo plano sin percatarse. Era increíble.

Pero lo más atrayente era el amor y cuidado con que esa mujer trataba a las niñas. Su trato era amistoso, abierto, juguetón. Era evidente que se encontraba a sus anchas y extremadamente a gusto entre las pequeñas. Una rareza.

Tratando de recuperar su compostura, la administradora se acercó al grupo para poner orden. De seguir así, las niñas nunca dejarían ir a la mujer.

- Bueno niñas, creo que ya fue suficiente. Regresen a sus camas que es hora de su siesta – Un gemido de descontento se dejó oír unánimemente de todas las chiquitinas que renuentes, se acercaron a su respectivo lecho. Las nanas comenzaron a preparar a las bebés para dormir y la señora miraba a su alrededor un poco ansiosa y con un leve dejo de tristeza. - ¿Le ocurre algo, señora? – La aludida volteó hacia la directora sorprendida, para enseguida sonreír con amabilidad, aunque forzadamente.

- No… nada. Sólo creí que… No es nada – Con la ayuda de la firme mano de su esposo, la mujer se levantó y volteó una vez más inspeccionando cada rostro de las niñas y al terminar, dirigió sus ojos llenos de decepción hacia el señor sin soltar su mano, que sin cambiar un ápice su expresión, volteó hacia la directora para preguntar parcamente:

- ¿Éstas son todas las pequeñas? – La administradora lo miró dubitativa.

- Puede decirse – Una ceja levantada fue la reacción del hombre.

- ¿Puede decirse? ¿Qué significa exactamente? – La directora miró hacia la mujer una vez más. Quizás…

- Tengo otra pequeñita, de cuatro años y medio de edad, pero por su precaria salud, la tenemos apartada de todas las demás – La esposa se llevó la mano libre al pecho y la otra apretó la de su marido aún más. Con urgencia, suplicó:

- ¡Por favor, permítanos verla! – La mirada llena de esperanza de la mujer la desbalanceó. Dudando por un momento y mirando con atención a la joven, se decidió:

- Por aquí por favor – Saliendo con paso firme de la habitación, la directora se dirigió por el mismo pasillo hacia otra habitación en el fondo. Mientras caminaba, iba explicando: - La razón de que esta niña se encuentra separada de los demás es porque su estado de salud es muy delicado. Sus progenitores murieron el día que nació y, sé que se suena terrible, pero tuvieron que sacarla del cadáver de su madre. Aunado a eso, tiene una enfermedad hereditaria que la obliga a recibir cuidado constante, así que por lo regular, preferimos mantenerla aislada – Abriendo la puerta, los tres se encontraron en un cuarto más pequeño que el anterior, con una sola cama en medio y algunas máquinas alrededor junto con unos cuantos juguetes y muñecos de peluche. Acostada y cubierta con las mantas, una pequeña y delgada niña de cabello negro se encontraba durmiendo. – Su nombre es Lin – Con un sollozo ahogado, la mujer se abalanzó sobre la pequeña. Estaba a punto de arrojarse a la orilla de la cama, cuando de unos movimientos rápidos y precisos, su esposo la detuvo.

Las lágrimas de los ojos de la mujer no paraban de brotar. Tratando de no despertar a la pequeña, se hincó junto a la cama llevando una de sus manos a su boca para acallar sus gemidos, y la otra, temblorosa y titubeante, la acercó a la cabeza de la niña para acariciar su cabello con gentileza e infinito amor, para enseguida bajar a la manita y llevársela a los labios con reverencia. Un vuelco en el corazón de la directora la obligó a tragar grueso.

Sin querer hacerlo, la mujer se levantó y miró a su esposo con ojos arrasados por las lágrimas, tomándolo de la mano hasta que sus nudillos se pusieron blancos, El hombre, impertérrito, sólo asintió levemente con la cabeza. ¿Qué le pasaba a ese hombre? ¿No lo conmovía el obvio sentimiento de su mujer?

- Queremos adoptarla – Fue el comentario firme y bajo del hombre. Sorprendida una vez más, la directora sólo atinó a ir hacia la puerta para dejarla abierta e indicarles a los esposos que debían abandonar el cuarto. Con una última mirada que parecía que le estaban arrancando el alma, la esposa se dejó arrastrar de ahí por su marido, y ambos siguieron a la administradora hasta las oficinas del orfanatorio, si bien todo el camino fue escuchando los sollozos disimulados de la señora.

Al llegar a la oficina, la directora los invitó a sentarse delante de su escritorio y ella a su vez tomó asiento en su sillón. Tratando de desprenderse de las emociones que la esposa la hizo sentir, habló con profesionalidad:

- Como les mencioné, Lin es una pequeñita muy especial. No será tarea fácil. La mayor parte de su vida transcurrirá en tratamientos médicos, hospitales y restricciones; por supuesto, esto también implica gastos y algunos bastante fuertes, sin mencionar el ambiente adecuado para su confort y facilidades de vida… - La voz tajante del hombre la paró en seco.

- Estamos conscientes de las necesidades de esa niña y estamos dispuestos a satisfacerlas todas y cada una. Como puede usted ver en el expediente preliminar, nuestra posición social y económica nos permite solventar los gastos que se produzcan, así como cualquier eventualidad. No estamos ignorantes de la situación – La directora se sintió como una niña a la cual le es dada una palmada por haber dicho algo inapropiado. ¿Este hombre quién se creía que era? ¿Realmente sería un buen padre? ¿Cómo le habían permitido adoptar a dos niños si era una persona tan fría y distante? ¿Y además, cómo podía una mujer tan dulce estar casada con ese témpano de hielo? Tal vez era mala idea permitirles adoptar a la pequeña Lin…

- Lin crecerá en un ambiente donde no le faltará nada, directora. Tendrá un par de hermanitos con los cuales jugar, ya que son sólo unos cuantos años mayores; Shippo y Kohaku le darán una gran bienvenida. Son muy cariñosos y estoy segura que querrán a Lin de inmediato – Comentó alegre la señora. La directora seguía dudando.

- Bueno, debemos confirmar los datos del expediente, por favor. Ustedes son el matrimonio Takahashi, ¿no es así? Dentro de poco cumplirán cinco años de casados y son dueños de una empresa internacional. Tienen dos hijos adoptivos y varias propiedades no sólo en el país, sino también en el extranjero. Ahora, quisiera que comenzaran diciéndome sus nombres de pila, por favor. Usted primero señora - Dirigiendo sus ojos hacia la mujer que tenía un rubor de felicidad en el rostro, la directora la inspeccionó de pies a cabeza. Delgada, de estatura promedio y sonrisa encantadora, su cabello negro caía en rebeldes guedejas en su espalda, haciendo juego con unos ojos cafés grandes y risueños, pero sobre todo, llenos de vida.

- Por supuesto. Mi nombre es Kagome… - Asintiendo con la cabeza, la directora antes de voltear hacia el esposo, lo visualizó en su mente. Alto, atlético y elegante, el hombre de cabello moreno y corto definitivamente luciría perfecto en una fiesta exclusiva, rodeado de gente poderosa y aristocrática. Una especie de señor feudal rodeado de su corte y reverenciado por sus vasallos.

Alzando la cabeza, la directora se quedó de piedra por un instante. Mirando incrédula, observó como el esposo tenía pegado a sus labios el dorso de la mano de su mujer, besándolo delicadamente y mirándola a los ojos con un amor infinito e imposible de ocultar. Era patente que para él, en ese momento sólo existía su esposa y nada más.

Tragando grueso y sintiéndose sofocada por esa mirada que desapareció en las profundidades de esos ojos como si nunca hubiera existido, la directora preguntó:

- ¿Y usted señor? – Antes de responder, el hombre bajó la mano de su esposa sin soltarla para depositarla en su regazo y su esposa apoyó su cabeza en el hombro izquierdo que desde el principio, la administradora notó que evidentemente le faltaba el brazo. Sintiendo los ojos dorados e insondables del hombre sobre su persona, la directora escuchó su respuesta:

- Sesshomaru… -


Fin de "De Ángeles y Shinigamis"


Comentario de la autora: Pues bien, han leído el final definitivo de este fic. Gracias infinitas a todas y todos quienes se tomaron el tiempo de leerlo. Como se habrán percatado, la historia dejó algunos puntos incógnitos, pero no me pude resistir a la esperanza de tener la oportunidad de escribir una segunda parte (¡huuuuuy, sueños quiméricos!), algún día... ¬_¬U X 50

Ahora, pasemos a lo pendiente:


Reviews:

Jos: Muchas gracias por tus porras.

CONEJA: Me entusiasma lo que comentas del fic, gracias en verdad. Mi inspiración fue la frase que una mangaka utilizó para publicitar su obra en su primera página. Lamentablemente, por distraída y porque sólo pude leer un par de hojas, no tuve la precaución de anotar la frase, el título del manga ni la autora, así que no puedo dar el crédito debido; aunque si te diré que era sobre un sepulturero novato que ofrecía sus servicios en el hospital donde trabajaba un médico bastante comprometido con su profesión. Por lo mismo y a causa de la naturaleza del oficio del enterrador, para el galeno era inconcebible compartir el espacio, ya no digamos llevar una buena relación con él. Hago hincapié que el manga era yaoi, o sea, boys love, BL o amor entre hombres; por lo mismo, es sólo para mayores de edad n.n. Gracias también por anexar esta historia a tu lista de favoritas y a tus alertas n.n X 20.

xXBlackxxStarXx: Gracias por tu comentario para el fic. No digas eso, siempre se me ha facilitado imaginarme a Kagome junto a alguien que no sea Inu Yasha, y digamos que Naraku me gusta para ella, jejeje (aunque no tanto como Sesshomaru, jijiji). Tengo una vaga idea sobre un fic de ambos como pareja; si puedo estructurarla, tal vez en algún momento pueda publicar una historia sobre los dos, jujuju.

emihiromi: Gracias, gracias por tus palabras, qué bueno que te gustó.

CullenFianceé: Te agradezco sinceramente tu comentario (me gustan las lectoras y lectores exigentes, jeje). Uno de mis deseos al escribir un fic es lograr emocionar y sorprender aunque sea un poco a mis amables lectores; mi franca gratitud por tu comentario sobre la narración, me siento honrada. Sinceramente espero que este omake me haya redimido ante tus ojos, jejeje ñ.nU. Muchas gracias otra vez y besos también para ti.

CONEJA: El buen Inu no apareció en esta ocasión, espero no haberte desilusionado. Al ser un relato corto, decidí utilizar pocos personajes para facilitar la fluidez del argumento. Como mencioné en mi comentario, quizás sabremos lo que sucedió y no nos enteramos y lo que sucederá en el futuro por la decisión de Kagome, jejeje. Gracias por tu comentario.

Angy Roose: Muchas gracias por tus ánimos, por incluir el fic en tu lista de favoritas y a tu humilde servidora en tus autores favoritos n.n X 30

Alertas:

Tsuyuka: Gracias por añadir la historia a tus alertas n.n X 2

kagomekatheryne: También mi agradecimiento por añadir "De Ángeles y Shinigamis" a tus favoritos. Me da gusto.

Favoritos:

kary chiba: Muchas gracias por agregar esta historia a tu lista de favoritas. Fue bastante alentador n.n X 10

Atropos Swan: Por anexar el fic a tu lista de favoritas, muchísimas gracias.

Kikuyo-Sama: De verdad, te agradezco que me hayas incluído en tu lista de autores favoritos. Me alienta n.n X 20

Yazmina500: Por anexarme en tu lista de autores favoritos, muchas gracias, gracias, gracias.


Y gracias a todas y todos que leyeron esta historia y no dejaron review. Agradezco su compañía, siempre es reconfortante.

C. Weller chan