Fase 5; Revelación

-Sabes…- sus mejillas comenzaron a sonrojarse- talvez pienses que soy patético pero…-se detuvo un momento, dudando de lo que iba a decir- siempre me pregunté como sería besarte. Quiero decir, qué se sentiría. Nosé porque, pero esa idea nunca me la he podido sacar de la cabeza y ahora… es extraño. Fue… diferente…

-Si, entiendo, no te lo esperabas y es normal. Será mejor que olvides esto… no fue nada…. Sólo fue un impulso estúpido, debe ser el alcohol, ya sabes… no se volverá a repetir- aquello último lo dijo con el alma destrozada porque sabía que así sería.

-¿Estúpido?… entiendo

-No, yo… no quise decir eso- sus nervios crecían. ¿Cómo podría decirle que se arrepentía? Pero tampoco podía delatarse… no de esa manera.

Sin embargo y para su sorpresa, no alcanzó a terminar las ideas cuando recibe un beso de Albert. Éste, a diferencia del suyo, era más tierno, más suave y tímido.

-Ahora…-dijo cuando se detuvo- ¿ha estado mejor?- su cara expresaba duda pero también algo mas…. ¿deseo quizá? Franz no estaba seguro pero sabía que en esos momentos, el autocontrol se le estaba yendo de las manos, teniendo como único pensamiento en su mente el poder tenerlo por entero.

-Y eso qué importa ahora- sonrió finalmente.

Sin pensarlo, el rubio lo abrazó fuertemente para estar seguro de que no escaparía, de que al menos en ese instante era suyo. Y del abrazo se pasó luego a otro beso, ahora mas apasionado, en donde los dos eran partícipes apasionados.

Pronto a eso se le agregaría unas manos ansiosas de recorrer la piel que se ocultaba bajo la camisa. Ambos iban cada vez a un ritmo mas acelerado, mas impaciente pero Franz cayó en la cuenta de que, de seguir así, terminaría perdiendo el control de sí mismo por completo y no quería hacer algo que para el otro chico, resultara desagradable ni tampoco abusar de su condición ebria. Con esfuerzo, se detuvo un momento para tomar aire y mirar a Albert, quien también aprovechaba ese lapso de tiempo para respirar.

-No podemos- dijo alfin- si continuamos de esta manera…

Pero unos dedos cortaron la frase.

-Está bien. No te detengas…-se acercó a su oído y le susurró- Yo también lo deseo.

Aquellas palabras no se las esperaba para nada. ¿Realmente se trataba del Albert que conocía? ¿Del inocente y buen Albert? Ni siquiera en la Luna, donde también había bebido, se mostró tan "prendido" como ahora.

Pero ¡qué demonios! Basta de las consideraciones, basta de los impedimentos. Durante toda su vida había vivido en un mundo de limitaciones y aunque intentaba salir un poco de aquel esquema hipócrita de la nobleza, siempre era igual. Él lo sabía, sabía que no sólo era por Albert sino también por el mundo que le rodeaba, que era así, un Franz que debía guardar sus pensamientos, palabras y sentimientos para seguir la corriente, como todos los demás.

Pero ahora… ahora que lo tenía tan cerca, que era un buen momento, no entendía por qué le costaba tanto. ¿Se trataba talvez de un código para con él mismo? ¿De una promesa que juró nunca romper?

Si, desde hacía algunos años, cuando se dio cuenta de lo que sentía, se dijo a sí mismo que nunca lo tocaría, que lo dejaría libre para que encontrara su propio camino y si con eso significaba sacrificar sus sentimientos, estaba dispuesto a hacerlo. Él quería ver a la persona que amaba feliz y con eso le era suficiente.

Sin embargo, ahora era distinto. Sabía que el tiempo se le había acabado, sabía que esta iba a ser su única oportunidad. Y si Albert así lo deseaba, ¿qué más podía hacer?

Fue entonces cuando las dudas se disiparon y Franz prosiguió con el cuello, besando suavemente en un principio, mientras desabrochaba los botones de la camisa para así pasar al pecho, donde la intensidad aumentaba.

Pronto terminarían en el suelo, teniendo como guía el instinto y el ferviente deseo de conocer más al otro. Cada parte de su ser, como si la única prueba de su existencia debía ser registrada en la memoria a través de los 5 sentidos. Y, a diferencia de lo que él pensaba, Albert era mas bueno de lo que esperaba. Su timidez había desaparecido al poco rato después, mostrando su faceta más salvaje.

Si, aquello era sin duda el cielo… y todo se lo debía a unas cuantas copas.

Ya mas tarde, ambos jóvenes se encontraban exhaustos, abrazados sentados contra la pared y callados. La luna que se reflejaba en la ventana, parecía haberlos hipnotizado con su brillo eterno. Pasó un tiempo hasta que Franz, cómo si hubiera recordado algo, preguntó;

-¿Estás bien?

-Si, descuida- dicho esto, se escuchó su primer bostezo.

Aquella fue una señal que alarmó inmediatamente a Franz, haciendo que inconscientemente, se aferrara mas a él.

-¿Qué ocurre? ¿Por qué esa cara?- los grandes ojos azules del moreno lo observaban con atención.

-Nada… ¿qué podría pasarme?- hizo un esfuerzo por sonreírle

-¿Sabes una cosa? Siento que esto debió haber sucedido hace mucho tiempo. Además, ya me va quedando poco para...

-Pero qué dices. Tú debes estar con Eugenie. Es ella a quién quieres y con quien debes estar y ya verás que en ese duelo nada malo sucederá- lo interrumpió su amigo.

-¿Y tú por qué estas tan convencido de eso? Bien sabemos los dos que yo podría morir.

-Ya, no digas tonterías y duérmete- la mano que tenía en su cabeza hizo presión para que ésta se recostara sobre su pecho.

El chico obedeció ante ese gesto y Franz sentía como su respiración iba calmándose cada vez más. Mas lenta y relajada, un claro signo de que en un par de minutos, se encontraría dormido.

-Digas lo que digas- volvió a bostezar, ahora mas prolongadamente- yo te quiero.

-¡Cállate! No digas esas cosas… no ahora que queda tan poco- pensaba desesperado- tú no me quieres… no de la misma manera que yo a ti. Siempre he estado solo en esto y tú…. ¡Tú estás borracho, maldición!

Y no lo sabría nunca ya que el muchacho finalmente había cerrado los ojos.

-Y yo a ti Albert, te amo como no tienes idea pero nunca lo supiste…