Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen –ai
"Pensamientos"
–Diálogos.
Antes que nada, quiero decir… ¡Feliz cumple Takaita! Espero que te guste tu regalo de cumpleaños.
EL ZORRO
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
Eso no se quedaría ahí. ¡No señor! Takao había aceptado esa invitación a bailar sólo para provocar en él celos. Claro que era libre de estar con quien le diese la gana, pero no permitiría que ese alguien fuese el Teniente. Así que ahora le tocaba jugar a él. Se puso de pie dándole un último trago a la copa, dejándola en el escalón. Entró en el mismo salón que el joven de cabellos azules y el pelirrojo. La música ahora si se escuchaba y se podía ver cómo unas parejas bailaban en círculos recorriendo así todo el centro del salón. Buscó con rapidez a ambos con la mirada. Un grupo de jovencitas estaba a su derecha cuchicheando. Miró hacia ellas... hermosas, pero no le interesaba ninguna. Siguió con su búsqueda.
"Ahí estás", miró a su alrededor y enarcó una ceja. ¿Cómo llegaría hasta él de una forma poco sospechosa? De repente se le ocurrió algo, así que miró de nuevo a ese grupo de jovencitas. Una chica rubia se estaba abanicando y vestía muy provocativa. Esa le serviría.
El Teniente disfrutaba como un bebé mientras bailaba, pero el joven de cabellos azules parecía un poco tenso en sus movimientos.
–¿Nervioso? –le preguntó el más alto.
–Más bien oxidado, jeje –rió nervioso.
–¿Tu prometido no te saca a bailar? –lo miró con una ceja enarcada.
–No mucho, la verdad –comentó con gracia.
–Qué poco galán. Es tan soso –comentó con desprecio.
El joven de cabellos azules se sentía un poco inquieto. No estaba nada bien hacer lo que hacía. No había aceptado el baile por gusto, sino por darle celos al bicolor y éste ni se molestaría en... ¿un momento? ¿Era Kai el joven que acababa de pasar delante de él bailando animadamente con una joven? Parpadeó un par de veces para asegurarse. ¡Sí! ¡Era él! ¡No lo podía creer! ¡Kai bailando con una chica! Se fijó en los movimientos del bicolor sorprendido. No sabía que Kai supiese bailar, es más, las veces que le había preguntado si quería bailar con él le había contestado que no sabía bailar. Pero ahora que lo miraba con detenimiento no parecía eso.
–¿Sucede algo? –le preguntó al más bajo al notar que no paraba de mirar hacia el mismo lado.
–Nada –le respondió mirándole.
El pelirrojo se separó un poco de él, levantó su mano y ayudó al menor de esta forma a que diera una vuelta sobre sí mismo. Volvió a cogerle de la cintura y a seguir bailando con él, dando unos balanceos suaves a la vez que lo hacían formando un círculo grande en el suelo.
–¿Estás seguro? Te noto algo preocupado.
–No, estoy bien –le respondió–. Bueno, lo cierto es que no todos los días bailo con un Teniente, eso es todo. –agregó.
–¿No te sientes cómodo?
–No, no es eso.
–¿Sabes? A mi poco o nada me importa lo que diga la gente de este pueblo sobre mi o sobre este baile. Yo sé que soy afortunado al bailar contigo y que ahora mismo soy la envidia de muchos hombres y mujeres que desearían compartir un solo baile contigo.
–Bailar conmigo no es para tanto –le resto importancia.
–No te menosprecies –le advirtió.
Kai miraba disimuladamente hacia la otra pareja. El Teniente no paraba de mover su boca, seguramente intentaría cortejarle. Él nunca le decía nada bonito a Takao, así que no sería difícil aceptar a alguien más amable o que le dijese al oído palabras bonitas. Haría lo siguiente, se acercaría más a ellos para saber de que hablaban.
–Agarraos fuerte a mi –le avisó a la chica y de inmediato comenzó a bailar con pasos más agigantados y rápidos para poder acercarse más al joven de cabellos azules, dando vueltas. La chica pensaba que caería de un momento a otro al suelo así que comenzaba a reír a carcajadas llamando la atención de algunos– ¿Estáis bien? –le preguntó al escuchar la risa, pensaba que se habría mareado y por eso la risa.
–Claro. Sois muy bueno bailando –susurró.
El bicolor no la escuchaba, así que se agachó un poco para escuchar más de cerca a la joven–. Perdón, ¿me decíais?
La chica se acercó al oído del bicolor–. Decía que sois muy bueno en el baile.
–Jajaja. No creáis, aún no me defiendo con soltura.
–Es la primera vez que os veo bailar.
–Y creo que la última –le comentaba con gracia.
Takao miraba la escena con cierto disimulo. "Mírale, cómo le susurra al oído" , miró a la chica con rencor. "¿Qué le estará susurrando? ¿De qué se ríen? Al final los celos se están volviendo contra mí. Pero es que esa chica va demasiado escotada".
En ese momento la música finalizó, así que tanto Kai como Takao se separaron de sus parejas para dar un fuerte aplauso a los músicos, los cuales estaban subidos en un escalón largo.
El banquero subió al escalón para estar más alto, con un triángulo y una baqueta en las manos para golpearlo suavemente. Ahora que todos los presentes miraban el escenario sería el centro de atención sin ningún problema.
–Atención. Quiero darles las gracias por haber acompañado a mi familia esta noche. –Mientras hablaba, dos de los sirvientes subían algo envuelto y pesado, dejándolo al lado del señor de la casa–. Por ello quiero que todos vean el regalo que le voy a hacer a mi hijo, Max. –Ahora parecía mirar a alguien en concreto–. Hijo, ven a ver tu regalo.
El chico rubio y enérgico de ojos azules subió sin problemas y con algo de prisa el escalón.
–¡Parece grande! ¿Qué será? –prosiguió deseoso a quitarle esa manta que cubría su regalo, dejando a todo el mundo ver de qué se trataba–. ¡Hala, qué bien! –decía con ojos brillantes de la emoción, pero enarcó una ceja preguntándole a su padre– ¿Qué es?
–Sabía que me lo preguntarías. Sólo los españoles o personas que han viajado a España la conocen. –Señaló el regalo que estaba puesto en pie–. Esto damas y caballeros es una guitarra española. Es un instrumento al igual que el arpa, el violín o la flauta. La he hecho traer especialmente ya que su valor es algo excesivo.
–Pero yo no sé tocar eso –le confesó su hijo.
–Ya me encargaré de que te enseñen –miró al público. Algunos parecían extrañados por el regalo, otros satisfechos. Aunque no podía evitar sentir el murmullo de la gente, eso le daba igual. En estos momentos buscaba a alguien y parecía no encontrarlo. –Kai Hiwatari.
–¿Sí? –preguntó. ¿Por qué sospechaba que no vendría nada bueno?
–Habéis estado en España, ¿no es así? –preguntó el hombre, esperando la confirmación de éste.
–Así es.
–Decidme, ¿habíais visto antes este instrumento? –decía, al tiempo que lo señalaba.
–Con frecuencia, en España es muy conocida. –contestó, ante el silencio de la gente.
–¿Y cómo se utiliza?
–Tocándola –se pudo escuchar alguna que otra risa.
–Lo imagino. Pero, ¿podéis hacer una demostración? –le preguntó con una sonrisa.
–No sé tocarla adecuadamente.
–Algo habréis aprendido si la habéis visto con frecuencia, ¿no? Vamos, no seáis tímido, subid aquí e intentadlo –le animaba con la mano.
–No, gracias. Ensordecería a la mayoría de los presentes –una mano se apoyó en su hombro y éste de inmediato miró hacia atrás. Era su padre.
–Vamos, Kai –le animó –. No pierdes nada por intentarlo –le sonrió.
–Está bien –contestó indignado. Caminó hasta el escenario, poniéndose junto al banquero.
–Vamos, podéis cogerla –le invitó a que cogiera la guitarra y así lo hizo.
–Necesitaré una silla. –aclaró el bicolor.
–Por supuesto –contestó el hombre. Chasqueó los dedos y en menos de un pestañeo, tuvo la silla a su lado.
El bicolor se sentó, apoyando el peso de la guitarra en sus piernas. Con su mano izquierda cogió el mástil de la guitarra mientras la derecha la ponía sobre las cuerdas, a la altura de la boca de la guitarra. Comenzó desde la primera hasta la última cuerda a pasar la mano desde arriba hacia abajo. Estaba algo desafinada, así que la pondría a su gusto. En la guitarra, casi al final del mástil había algunas clavijas que servían para tensar más o tensar menos, las siete cuerdas de la guitarra. Volvió a tocar todas las cuerdas con su mano derecha. Ahora estaba en su punto.
–Tocaré algo que he escuchado mucho en España –se puso en posición y empezó a escucharse el sonido de la guitarra. La melodía parecía cobrar vida con cada acorde y la gente le miraba atónitos.
Yuriy lo miraba con desprecio. La verdad lo hacía muy bien. Él había visto a algún español "amigo suyo" tocar ese cacharro y la verdad, Kai tocaba mejor, pero eso no lo admitiría.
–Suena tan bien –anunció Takao al aire, viendo la concentración del bicolor en el instrumento.
–No está mal –le restó importancia Yuriy.
El joven de cabellos azules miraba feliz hacia el otro joven. No sabía que Kai tocase ese instrumento, ni siquiera que supiese bailar. ¿Por qué le guardaba secretos? ¿A caso no era una persona de la que fiarse? Sus miradas se cruzaron y una sonrisa inusual se hizo presente en los labios de Kai. Parecía disfrutar tocando esas notas, pero eso no era lo importante. Lo importante es lo que sentía Takao y para él, esas miradas significaba que sólo la tocaba para él, era como una forma de cortejarlo, pero por otro lado ¿y si lo estaba retando con esa mirada? ¿Y si quería decirle que nadie se burlaba de Kai Hiwatari? Él quería pensar en la primera opción, así que sonrió, más bien, le sonrió encantado.
El joven de ojos color carmesí miraba disimuladamente a su alrededor. Todo el mundo estaba boquiabierto. Tendría que cortarse un poco en tocar la guitarra, ya que era casi un experto, aunque dijo todo lo contrario para evitar la situación en la que ahora se encontraba, así que tendría que ir terminando.
Detuvo su paseo con la vista unos segundos. Le pareció ver una mano cubierta por un guante negro encima del cuello de una jovencita. Siguió tocando y comportándose como si nada, después de todo habría sido producto de su imaginación. Volvió a mirar al final de la multitud y esta vez lo vio claro. Dos manos cubiertas por guantes negros desabrochando algo, y seguidamente vio cómo un collar de perlas pasaba por el cuello de la chica, quedando este desnudo.
"¿Tan entretenida está mirando como toco el instrumento que ni se ha dado cuenta de que le acaban de robar el collar? Esto tengo que terminarlo ahora mismo, antes de que esto empeore".
Tocó un par de notas más, dando por terminada la canción. Los aplausos no se hicieron de esperar, así que se puso de pie y le entregó la guitarra al dueño de la casa.
–Os felicito, nos habéis sorprendido para bien. –aclaró el señor Mizuhara, para acercarse más al bicolor.
–Ha sido un honor. Si me disculpáis, he de ausentarme unos minutos para ir al escusado. El champagne –silencio un momento–. No estoy acostumbrado.
–Encontrareis uno en el piso de arriba a la derecha.
–Gracias por la indicación, si me disculpáis... –se dirigió a la puerta para salir.
Takao lo vigilaba. ¿A dónde iría? No se iría a su casa, ¿verdad? Quizás se había pasado con lo de los celos. Tenía que ir tras él. Cuando estaba dispuesto a dar un paso, el pelirrojo dejó caer su mano sobre el hombro de éste.
–¿Me concederás otro baile? –le sonrió.
–Yo... –le iba a contestar cuando los dos se alarmaron al escuchar el grito de una joven. Los dos miraron hacia la misma dirección, buscando a la damisela que había gritado como histérica. La vieron con la mano puesta en el cuello.
–¡No lo tengo! ¡Mi collar! –se tocaba una y otra vez.
–¡Yo tampoco! –se alarmó otra.
–¿¡Dónde está mi reloj!? –decía un hombre.
Yuriy caminó hacia el lugar de lo que parecía un robo múltiple. Tenía que imponer justicia y averiguar que estaba sucediendo.
–¿Qué ocurre? –les preguntó, ahora sería una buena oportunidad para demostrarle al joven de cabellos azules su talento.
–¡Mis joyas han desaparecido Teniente! –le explicó una joven.
–¿Nadie ha visto algo sospechoso? –preguntó el Teniente esperando que alguien le respondiese.
&&&Kai&Takao&&&
Kai había tenido que salir disimuladamente de la casa y dirigirse a los carruajes, concretamente al suyo sin dejar de mirar a su alrededor. Caminó hasta la parte trasera del carruaje dónde había un cajón. Miró por última vez a ambos lados y procedió a abrirlo. Estaba vacío, o al menos eso era lo que se podía ver. Guió su mano hacia un pequeño hueco, donde pudo quitar con cuidado la madera de enfrente. Era una falsa madera, de ahí sacó bien doblada ropa de color negro. Lo dejó todo en una mano y volvió a colocar la madera postiza en su sitio. Nadie se imaginaría que el carruaje estaba hueco por ahí y que por ello había podido hacer ese truco, sin ser visto por nadie, ni siquiera por su padre que le preguntó curioso antes de subirse al carruaje en su casa, que estaba mirando. Él tuvo que decirle que se preguntaba para que servía eso si nunca guardaban nada. Así que le dijo que había metido ahí un presente para Max por su cumpleaños. Aunque el padre intentó mirar dentro de la caja, el hijo no le dejó hacerlo y esperó a que su padre entrase en el carruaje.
"Bien, vamos a la acción", en ese momento escuchó un gritó, seguramente el ladrón había hecho su aparición.
&&&Kai&Takao&&&
Una mujer había dado la alarma mientras señalaba al culpable. La gente se atemorizó al ver a un hombre con un pañuelo atado a la cabeza, tapándole nariz y boca, apuntándoles con un arma en la mano. Inmediatamente la gente empezó a correr atemorizada pero antes de que pudieran salir por la puerta, el hombre levantó el arma hacia el techo y disparó. Algunos se agacharon por temor, otros se refugiaron detrás del Teniente que miraba con el ceño fruncido al ladrón.
–¡No os mováis, esto es un atraco! –Gritó el ladrón– ¡Cómo alguien salga de aquí, juro que le volaré la cabeza! –Apuntó hacia el Teniente y lo vio con ánimo de sacar una pistola–. Desarmaros inmediatamente o... –miró a su alrededor con rapidez y cogió al joven de cabellos azules del brazo–... le mataré. –siseó. El pelirrojo solamente le miraba con rabia– ¡A qué esperáis! –soltó el brazo del joven de cabellos azules, para pasarle el brazo por el cuello y apuntarle en la sien con el arma.
El joven de cabellos azules dio un pequeño respingo de susto y el pelirrojo no tuvo más remedio que desabrocharse la correa para dejar caer sus cosas al suelo.
–¡Soltadme, no está bien lo que hacéis! –le reprochó el joven de cabellos azules poniendo sus manos sobre el brazo del ladrón.
–¡Cuando hay hambre, nada está mal! –Le respondió– ¡Que todo el mundo levante las manos! –Apuntó con el arma a todos lados, viendo cómo la gente atemorizada le hacía caso– ¡Eso está mejor! ¡Escuchadme bien! ¡Dejad todas vuestras pertenencias y joyas en el suelo. Teniente, usted será quien las meta en este saco! –cambió el arma de mano, quedando el arma por debajo del cuello del joven de cabellos azules y sacó de debajo de la camisa un saco.
Después de todo, el bulto de su barriga no era más que eso, y todos pensaron que era un hombre entrado en años con una enorme barriga. Lanzó el saco hacia el Teniente– ¡Si hacéis lo que digo nadie resultará herido, así que a trabajar! ¡Vamos!
Con una rapidez sorprendente, todos empezaron a echar su pertenencias al suelo y el Teniente las fue recogiendo y metiendo en el saco.
El ladrón se fijó en lo que colgaba del cuello de Takao–. Bonita joya –le susurraba al joven de cabellos azules.
–Hay muchas jóvenes hermosas a vuestro alrededor, ¿por qué escogerme a mí como vuestro rehén?
–Porque el Teniente bailaba con vos. Algo extraño, ¿no os parece? Eso es que ve algo en vos que es especial. De lo contrario, si hubiese cogido a cualquiera, al Teniente le hubiese dado igual poner en riesgo la vida de otro.
–Lleváis entonces aquí rato. –le sonsacó.
–Solamente el suficiente para darme cuenta de algunos detalles.
–¿Por qué os sinceráis conmigo? –Le sonrió confiado– ¿Qué os lleva a eso?
–Simplemente alguien debe de saber todo esto, pero... –soltó el seguro del arma, mientras le apuntaba a la cara–. No tengo preferencia hacia nadie, así que... una sola palabra más de vuestra parte y tendréis un bonito agujero de recuerdo.
Takao tragó saliva con dificultad. Ese hombre iba en serio y por muy hombre que fuese Takao, sabía que sería una estupidez el intentar pisarle el pie para poder librarse de sus garras. No. Ese hombre dispararía contra cualquiera y eso sería una desgracia.
El menor miró hacia las ventanas. Nadie intentaba saltar por ellas para huir y poder salvarse. Estaban en una segunda planta, nadie estaría tan loco como para saltar y ahora se preguntaba mientras miraba al Teniente recoger las joyas, como no iba acompañado por soldados que por una vez en el día, hubiese sido lo suyo.
–Dese prisa, Teniente –le ordenó.
Los padres de Takao y el padre de Kai miraban la escena temblorosos. Nunca hubiesen sospechado ni en sus más oscuros pensamientos que un ladrón se colase en una fiesta y mucho menos que cogiesen como rehén a su hijo.
–Pronto pasará este calvario –le susurró el señor Kinomiya a su esposa sin perder de vista a su hijo. Sabía por la angustia que estaba pasando su mujer.
El joven de cabellos azules ya no se atrevía a hablar. Solamente le confortaba el hecho de saber que Kai no estaba entre ellos. Debió de seguirlo cuando le vio marchar y ahora no estaría en esa situación.
Todos escucharon un gran estruendo a sus espaldas e inmediatamente rompieron el círculo que habían formado, colocándose tanto a la derecha como a la izquierda del salón, dejando a un ladrón y a un Takao confusos en el centro.
Tan rápido se apartó la muchedumbre. Los dos vieron algo en el suelo, era como un enorme trapo negro rodando por el suelo que finalmente se detuvo. ¡No! ¡No era un trapo negro sino... el Zorro! Quien se había puesto la capa a la altura de la boca, enrollándose a sí mismo para evitar hacerse daño al caer en el suelo. Al ponerse en pie, se podía ver cómo algunos cristales resbalaban por su ropa y caían al suelo. Después de todo había entrado por la ventana cerrada. Retiró su capa hacia atrás y cogió la espada en su mano, desenvainándola, dejando ver el brillo de la misma que indicaba estar bien afilada.
–¡Soltadle! –ordenó apuntándole desde la distancia.
–¿¡Estáis ciego o qué!? Le estoy apuntando con un arma. –le hizo ver el ladrón.
–Será mejor que no me obliguéis a tomar medidas drásticas. –le advirtió el enmascarado.
–No tenéis nada que hacer contra mí en estas circunstancias, quien quiera que seáis.
Miró al joven de cabellos azules. No le gustaba con la violencia que le sujetaba del cuello con su brazo –Oh, tenéis razón. ¿Qué debo hacer?
–Arrojad el arma al suelo, todo lo que llevéis encima –le apuntó con el arma ahora a él, sin soltar al joven de cabellos azules de su agarre.
–Claro, esto funciona así –sonrió de medio lado–. Soy tan desmemoriado –utilizó un leve sarcasmo, dejando caer la espada al suelo–. Esperad, aún no termino.
"Será idiota", pensaba Yuriy. "Se deja desarmar así como así".
El Zorro buscaba en su cinturón especial–. El látigo –enumeró enseñándolo a la vez que lo dejaba caer en el suelo. Cogió tres bolas que por el color se dirían que eran de hierro y tenían el mismo tamaño que si de una bola de petanca se tratase–. Una por aquí –la tiró rodando hacia su izquierda con tranquilidad–. Otra por aquí –la lanzó hacia la derecha–. Y esta por aquí –la lanzó en el centro–. Bien lejos de mí. –aclaro.
–Bien, ahora... –no le dio tiempo a acabar la frase, cuando vio claramente como el salón empezaba a llenarse de humo. Un humo blanco, nublando su visibilidad y la de todo el mundo– ¿Qué demo...? –de nuevo se quedó con la palabra en la boca al escuchar cómo su mano era levantada hacia el cielo en contra de su voluntad. Los disparos que se escucharon, hicieron que la gente se agachase por el pánico.
Un puñetazo recibió el ladrón en el estómago, el cual hizo que gritara de dolor y soltase el arma descargada, cayendo ésta al suelo. Cuando menos se lo esperó, su cuerpo se vio en el suelo con la ayuda de una zancadilla en el pie. De inmediato sus brazos fueron retorcidos hacia atrás y un peso en su espalda se hizo de notar. El humo fue desapareciendo poco a poco y todos miraron con sorpresa al ladrón detenido y al Zorro sobre él, sujetándole las manos y evitando que el malhechor se pudiera liberar al ponerle una rodilla encima.
–Damiselas. ¿Cuál de todas sería tan amable de entregarme un fular? –preguntó el Zorro. Varias fueron las candidatas que se acercaron a dejar sus fulares en el suelo junto al enmascarado–. Gracias, sois muy amables –miró al joven Kinomiya– ¿Me ayudáis a atarle?
–Será un placer –añadió cogiendo uno de los fulares, concretamente uno amarillo.
–Atadle los pies, yo le ataré las manos. –aclaró.
–Así lo haré.
El Teniente estaba impresionado, así que después de todo ese Zorro había jugado al despiste. Interesante, era más astuto de lo que pensaba. Por lo pronto recogería sus armas del suelo. Ya había hecho el ridículo el suficiente rato aunque todo había sido muy rápido.
–¿Así estará bien? –preguntó el joven de cabellos azules refiriéndose al nudo.
–Perfecto –respondió al mirarlo.
El joven de cabellos azules se puso en pie y el más alto le imitó– ¿Estáis bien?
–Ahora sí –le sonrió.
–Hijo –escuchó el joven de cabellos azules a sus espaldas y recibió de lleno un abrazo de su madre al darse la vuelta– ¿Estás bien?
–Tranquila –le correspondió el abrazo–. Estoy bien.
–Gracias, ha sido noble de vuestra parte –habló el señor Kinomiya dirigiéndose al Zorro.
–Ha sido un placer –contestó. El señor Hiwatari se acercó para ver cómo se encontraba el joven de cabellos azules y para ver de cerca a ese salvador. Pero apenas llegó, el Zorro miró hacia otro lado posiblemente para anunciar algo.
–¡Ya no tenéis nada que temer! ¡Podéis coger lo que es vuestro y continuar con el baile! –Miró ahora hacia el Teniente–. Deberíais meter a este delincuente en la cárcel, Teniente –le propuso.
–Sé bien lo que he de hacer, Zorro –le contestó, metiendo su espada en la vaina y escuchando el murmullo de la gente.
–Entonces os lo encomiendo –volvió su vista hacia otro lado–. Señor Mizuhara, lamento lo de la ventana.
–Podéis estar tranquilo, comparado con este acontecimiento eso es de poca importancia. –comentó.
–Mi trabajo aquí ha concluido –hizo una reverencia, cogiéndose la capa–. Disfrutad de la noche.
El Teniente desató los pies del ladrón y lo puso en pie, cogiéndolo por los hombros. Sacó su pistola y le apuntó–. Andando. Y más os vale que guardéis silencio en el camino porque os juro que os irá mal –mientras tenía éste monólogo, Takao miró al Zorro.
–He de marcharme –así se quería despedir el héroe de la noche e iba a dar un paso cuando...
–Esperad –le sonrió– ¿Hay algo que pueda hacer por vos? Es decir, como agradecimiento –aclaró el menor.
–Me siento recompensado con saber que ya estáis sano y salvo. –aclaró el enmascarado.
Yuriy estaba pendiente de la situación y miraba de reojo la escena. No le gustaba como pintaba todo eso.
El Zorro comenzó a alejarse y Takao miró a su alrededor. Unos recogían sus pertenencias, otros hablaban sin parar sobre lo sucedido. Nadie se fijaba en él, así que iría tras el Zorro.
Yuriy miró a su alrededor. ¿Dónde se había metido el joven de cabellos azules? Se abriría paso entre la multitud, encontraría a Takao y lo despediría.
–Zorro, esperad –le detuvo cogiéndole de la mano–. Al menos decidme el nombre de mi salvador.
–Zorro –le contestó dándose la vuelta para mirarle–. Ese es mi nombre.
–Me refiero al verdadero.
–¿Cuál es el vuestro?
–Takao.
–Takao, soy Zorro. No veo porqué tanto interés en saber mi nombre. Sois un joven muy curioso. Eso no es nada favorable, para ninguno de los dos.
–Entonces tomároslo como un reto y obstáculo que debéis superar cada vez que os encontréis conmigo –le comentó con gracia.
–Un reto... ¿os gustan los retos?
–Digamos que me hacen crecer de alguna manera.
–Bien. Entonces os propongo uno, aquí y ahora. –El joven de cabellos azules estaba impaciente, ¿qué tipo de reto sería?–. Bailad conmigo.
–Le miró incrédulo– ¿Ya está? –¿así de simple iba a ser?
–Tendréis que demostrarme si sois capaz de seguirme el ritmo.
–¿Qué ocurrirá si supero el reto? –eso iba a ser pan comido.
–Os revelaré mi nombre, si es que eso os sirve de algo.
–¿Y si no?
–No volveréis a preguntarme por mi nombre jamás.
–Parece justo. Estoy dispuesto.
"¿En serio? No puedo creerlo", entonces no perdamos tiempo.
El enmascarado caminó hacia el escenario en el que se encontraban los músicos, tomando sus asientos, para coger sus instrumentos.
–Tango, por favor –les pidió. El joven de cabellos azules sonrió de lado. Así que el Zorro quería jugar duro. Muy bien, no se lo pondría nada fácil– ¿Os parece bien? No me gustaría jugar con ventaja. –comentó bajo esa mascara.
–Me parece perfecto –se puso en posición.
La música empezó a sonar y el Zorro comenzó con los primeros pasos. El gentío de inmediato miró hacia los músicos. Esa música era algo rara y jamás la habían escuchado. Y si escucharla sonar les sorprendía, más aún les sorprendió el ver al joven de cabellos azules bailar tan pegado a su salvador y haciendo un baile agarrado con tanto movimiento con el pie.
Yuriy de inmediato dejó de buscar al joven de cabellos azules. Ya lo había encontrado, justo como no deseaba verlo y con quien no deseaba verlo.
–No sabía que os supierais defender así de bien en este baile. Ha sido toda una sorpresa –confesó el más alto intentando ponérselo más difícil.
–Pues aún no habéis visto nada –le sonrió sin dejar de mirarlo de forma desafiante– ¿Os puedo pedir algo? No me habléis de usted, sino de tú.
–¿Por qué razón? –le preguntó dándole una vuelta inesperada.
–Me hace sentir un viejo. Además, tanta formalidad me hace sentir incómodo. –aclaró Takao.
–¿Hacéis lo mismo con todos?
–Sólo con quieres considero mis amigos.
–Está bien Takao, la gente nos mira. Me sorprende que lo llevéis tan bien. Bailáis con un total desconocido, la gente podría hablar.
–Más bien se preguntarán, que hace el Zorro bailando con el hijo del gobernador– contestó mientras miraban hacia la izquierda y se dirigían hacia el mismo lado, llegando a los balcones de los cuales colgaban rosales blancos.
–¿Y eso os importa?
–No, estoy más que acostumbrado a estar en la boca de todo el mundo. Pero, no hablemos de mí. Dime, ¿te has hecho daño al entrar por la ventana?
–No, estoy perfectamente.
–Interesante –le sonrió– No solamente eres bueno con la espada, sino que no te haces daño al entrar por una ventana cerrada acristalada y que también eres bueno en el baile. ¿Hay algo que se te resista?
–Jajaja. Pocas cosas se me resisten –cogió con firmeza al joven de cabellos azules con la mano que le sujetaba la cintura, acercándole, para luego con su mano izquierda separarle de su lado con rapidez sin soltar su agarre, volviéndolo a acercar, siendo Takao quien se dio una vuelta para que su espalda y el pecho del enmascarado se tocasen. A continuación, el del sombrero con su mano derecha cogía la izquierda del joven de cabellos azules, quedando las manos del menor, cruzadas–. Hagamos esto más interesante –le susurró, soltándose de manos con suavidad, subiéndolas hacia arriba. El joven de cabellos azules imitó este último gesto, pensando en que estaría pensando el que vestía de negro.
El Zorro retrocedió dos pasos con un balanceo típico del baile, demostrando su talento. El joven de cabellos azules permaneció quieto, pero comenzó a bajar los brazos lentamente. El Zorro cogió una de las rosas que vio limpia de espinas y puso el tallo atravesado en su boca, mordiéndole con los dientes. A continuación rodeó a Takao para verlo de frente y cogerlo de nuevo con precisión.
La gente los miraba sin parpadear. Ese baile parecía ser algo insinuante, atrevido, desafiante... los movimientos, los pasos... tan pronto era un baile solitario como agarrado.
El siguiente paso fue algo menos imprevisto por el joven de cabellos azules y por lo tanto se sorprendió. El enmascarado aún con la rosa en la boca, le sujetó con una mano la espalda mientras recostaba al joven de cabellos azules hacia atrás y le sujetaba con su mano libre una de sus piernas, recorriendo con ella un camino ascendente, comenzando por la rodilla. Takao vio la cara del otro muy cerca y el tallo de la rosa era un poco largo así que quizás le insinuaba a tomar la rosa. Se sonrojó un poco por la cercanía, pero aun así tomó la rosa entre sus dientes, con lo cual se dio cuenta de que era una cara limpia y no contenía acné o alguna extraña marca, signo de alguna enfermedad como le hizo pensar la otra noche. Se agarró con firmeza con las dos manos al fuerte cuello del joven enmascarado.
–Me preguntó cuánto tiempo serías capaz de aguantar esta postura y lo que conlleva –sonrió desafiante.
–Ponme a prueba –le dijo como pudo con el tallo de la rosa entre los dientes.
–¿No te pone nervioso mi cercanía? –le susurró con voz algo ronca, acercando más su rostro casi tapado, al del joven de cabellos azules– ¿Alguna vez te han dicho que tus labios llaman demasiado la atención? –El joven de cabellos azules se sonrojó de sobremanera, ¿le estaba intentando seducir? ¿Y por qué no paraba de acercase? Le estaba poniendo nervioso.
La música se dio por finalizada de golpe. Así que de inmediato se escucharon los aplausos de los que allí estaban asomados desde las entradas de las puertas acristaladas. Aunque todos pararon sus aplausos cuando alguien intentaba colarse al balcón.
–¡Zorro! –Era la voz de Yuriy con un enfado de mil demonios, quien había ordenado a los músicos que acabaran con el tango– ¡Zorro! –tanto el nombrado como su acompañante de baile miraron hacia la multitud, al parecer habían llamado la atención demasiado.
–Vaya –dijo desanimado, regresando a Takao a una postura normal. Tan pronto Kinomiya se puso en pie con ayuda del Zorro, soltó el cuello del más alto y se quitó la rosa de la boca.
–¡Zorro, quedas detenido! –le avisó Yuriy intentando abrirse paso, pero lo cierto es que había mucha gente y nadie quería perderse detalle de nada.
El enmascarado miró al menor con una sonrisa. Se agachó para arrodillar solo una pierna y le cogió una de sus manos–. He de irme– le besó la mano y se puso de pie con rapidez, dándose cuenta del sonrojo que teñían las mejillas del otro. Se subió al balcón y se cogió la capa de ambos lados, haciendo una reverencia ante su público.
Por fin Yuriy consiguió salir al exterior, llevando consigo al otro ladrón– ¡Quieto ahí! Le advirtió al verlo subido al balcón.
–Lo siento Teniente, en otra ocasión quizás –le hizo saber. Miró al joven de cabellos azules y le guiñó el ojo, antes de dejarse caer hacia atrás. Algunos gritaron por el susto, otros corrieron a asomarse para ver si se había matado y los primeros en hacerlo por reflejo fueron Takao seguido de Yuriy con el ladrón.
–¿Pero qué...? –preguntó el pelirrojo mientras el joven de cabellos azules relajaba su cara. No había nada en el suelo, con suerte podría haber caído de pie y salir a correr– ¿Te encuentras bien, Takao? –le preguntó de inmediato.
–Sí –respondió sin soltar la rosa de su mano–. Creía que ya estaba camino a la comisaría, después de lo sucedido.
–Iba de camino, pero quería despedirme de ti.
–Muy amable.
–Después volveré para retomar nuestros asuntos donde los habíamos dejado –le sonrió con picardía.
–Ya, lo siento mucho, pero no va a poder ser. Estoy exhausto por las emociones de esta noche. Así que me iré cuando vea al señor Hiwatari. –le comentó.
–Puedo llevarte, así estarás más protegido.
–No, gracias. Me voy con mis padres. Usted tiene suficiente trabajo esta noche. Así que, buenas noches, Teniente –le cortó rápidamente, aunque lo hizo con cortesía y disimuladamente.
–Buenas noches, Takao.
El joven de cabellos azules se dio media vuelta y caminó hasta el interior de la enorme casa, encontrándose a los mayores mirando a todas partes.
–¿Qué sucede? –les preguntó, poniéndose al lado de los tres.
–Gracias a Dios –suspiró más tranquila su madre, con la mano en el pecho.
–Te estábamos buscando –aclaró el señor Hiwatari.
–Tenemos muchas preguntas que hacerte –le dijo su padre.
–Será camino a casa. Estoy cansado por tanta emoción. –les informó, ya que hay había mucha gente.
–Claro. Nos marchamos ahora mismo –fue la contestación de la madre.
–Por cierto, señor Hiwatari. ¿Dónde está Kai? –preguntó el menor con interés.
–Francamente, no lo sé. No me dio tiempo a ir tras él cuando comenzó todo este asunto. –contestó el hombre.
–Comprendo. ¿Sería tan amable de despedirle de mi parte?
–Claro hijo. Únicamente siento que no puedas hacerlo personalmente –le comentaba mientras comenzaron a caminar, saliendo del salón, dando a las escaleras, donde se encontraron con el bicolor que bajaba por ellas.
–Hijo. ¿Dónde estabas? –le echó la mano por el hombro.
–En el excusado, me sentí indispuesto –le susurró–. Entre el bochorno que he pasado hace rato y el champagne, francamente no me encuentro muy bien –se puso una mano sobre el estómago.
–Nos iremos enseguida. –Aclaró su padre–. En cuanto le informemos al anfitrión de la casa nuestra retirada –Takao inconscientemente procedió a oler la rosa. Olía tan bien. Le encantaba ese olor y era tan hermosa...
–¿Y esa rosa? –preguntó el bicolor.
–Ahm... –no sabía que contestarle.
–¿Pero cómo es posible? ¿No te has enterado de nada?– le preguntó el padre a su hijo, de lo más sorprendido.
–¿Enterarme de qué? ¿Ha pasado algo? –miró a su alrededor y se dio cuenta de que la mayoría de los presentes estaban saliendo por la puerta– ¿Ya ha terminado la fiesta?
–Será mejor que te lo explique tu padre por el camino –le comentó el menor.
&&&Kai&Takao&&&
El joven Kinomiya se dejó caer en la cama. Estaba hecho polvo. Muchas emociones por esa noche, los celos, el coqueteo, los desafíos, su vida en peligro... miró a su derecha para ver una vela encendida y la hermosa rosa blanca metida en un vaso lleno de agua.
Se sentía extraño. Por un momento le gustó que le salvaran así, que alguien le hiciera esos gestos, esas miradas. Que alguien lo tratase así, que le hiciese sentir vivo de alguna manera.
"Ha sido emocionante", pensaba poniendo su vista esta vez en el techo. Aún intentaba asimilar el hecho de que su madre le dijera cosas como...– ¿Quién era? Era muy valiente, ha tenido todo un detalle contigo. ¿Es tan musculoso como aparentaba? Menuda suerte has tenido de poder bailar con él... –mientras que su padre le regañaba una y mil veces– ¿¡Cómo se te ocurre bailar con un desconocido!? ¡Estás comprometido con el joven Kai! ¿¡En qué estabas pensando!? ¡Más vale que te acostumbres a la idea de que nadie más que Kai te puede sacar a bailar, ¿queda claro!? ¡Y menos un desconocido aunque te haya salvado la vida...!
Sus padres estaban eufóricos, pero cada uno a su manera... todo el camino de vuelta, cuando les contó lo sucedido, excepto aquellas últimas palabras del Zorro hacia sus labios y demás claro estaba, se la pasaron preguntando y reprochando. En parte los entendía, pero por otro lado... Ni siquiera a su futuro marido conseguía darle celos, aunque para ello se tuviera que poner en evidencia. No le importaba, él solo quería... quería... que Kai le amase una cuarta parte de lo que le amaba él, con eso se conformaba. Cada vez que pensaba en eso día tras día se convencía de que era algo más imposible.
El bicolor solo lo veía como un amigo de la infancia y jamás lo vería como a un futuro marido. ¿Qué futuro marido? Si ni siquiera eran novios. No al menos para ellos. Puede que sí para sus padres y el resto del pueblo, pero para ellos no. Y en eso quedaron hace tiempo, en tomar distintos caminos, al menos antes de casarse. Algo complicado de pensar y de explicar, pero sólo los padres y ellos mismos sabían las razones de ese enlace. A él no le disgustaba la idea, es más estaba bastante contento, aunque lo disimuló al ver la cara de Kai cuando se enteró de la noticia. A partir de ahí fueron negaciones y fue cuando tuvieron que hacer esa especie de trato, de que podían hacer lo que quisieran con quienes quisieran porque a pesar de compromiso, eran totalmente libres.
Pero, ¿un momento? Respecto a ese reto... ¿quién había ganado de los dos? El Zorro se fue tan rápido que no le dio tiempo a preguntarle. ¡Rayos! ¿Y ahora qué haría si no lo volvía a ver? Se acurrucó de lado en la cama para mirar de nuevo la rosa. Lo volvería a ver, estaba seguro. Y también estaba seguro de que había ganado esa apuesta. Así que la próxima vez que se encontrase con el Zorro, le exigiría que le revelara su identidad oculta. Con esos pensamientos se incorporó y sopló la llama de la vela, quedándose la habitación a oscuras. Era muy tarde, así que no le costaría dormir. Se tapó con las sábanas de la cama y cerró los ojos al tumbarse.
&&&Kai&Takao&&&
Kai se dirigía a su habitación, mientras su padre no paraba de comentarle lo que había sucedido esa noche en su ausencia.
–Tendrías que haberle visto hijo. Takao bailaba muy bien. Pero creo que ese enmascarado se aprovechaba de la situación. Si tú hubieses estado presente, eso no hubiese ocurrido. Estáis comprometidos, deberías de protegerlo más.
–Padre, estoy cansado. –Agarró el pomo de la puerta para abrirla, mirándolo con aburrimiento–. Mañana hablaré con Takao, si es que eso te tranquiliza.
–Deberías y sí, me tranquilizaría mucho. No quiero que por algo así, vuestro compromiso llegue a romperse. –aclaró.
–Buenas noches –dio por finalizada la conversación entrando a su habitación y cerrando la puerta.
Su padre cabeceó dos veces la cabeza en señal de negación–. Estos jóvenes, no hay quien los entienda –caminó por el pasillo para dirigirse tranquilamente hacia su habitación.
El bicolor se apoyó en la puerta, escuchando cómo los pasos se alejaban poco a poco. Sonrió tranquilamente caminando hacia su cama, donde retiró las sábanas hacia atrás. A continuación se quitó la ropa quedándose en ropa interior, que consistía en unos bóxer algo largo hecho de algodón de color blanco. Dejó la ropa al final de la cama. Mañana la pondría en su lugar, por lo pronto solo quería dormir, no le pedía otra cosa su cuerpo. Así que apagó la vela que había sobre la mesita y se tumbó boca arriba tapándose hasta el pecho con las sábanas. Mañana hablaría un poco con Takao sobre todo esto, había escuchado la versión de su padre, pero no quería decir nada hasta no escuchar la del joven de cabellos azules.
&&&Kai&Takao&&&
Por la mañana temprano, un puño cerrado blanquecino tocaba la puerta de la casa de los Kinomiya. La puerta fue abierta por el ama de llaves en cuestión de minutos.
–Teniente –dijo la mujer al verlo. Se sorprendía por el hecho de verlo allí, pero quizás era para tratar asuntos de negocios–. Buenos días.
–Sí, ¿está el joven Kinomiya aquí? –preguntó, paseando su vista por el interior de la casa, solamente lo que le permitía ver desde su posición.
–El joven salió muy temprano.
–¿Hacia dónde?
–Creo que fue a reunirse con el joven Kai, como todos los días.
–Entiendo –se dio media vuelta sin dar a la muchacha explicación.
–¿Quiere que le de algún recado? –se atrevió a preguntar.
–No será necesario –sin tan siquiera mirarla, se subió a su caballo para empezar a cabalgar con rapidez.
&&&Kai&Takao&&&
Los dos jóvenes se encontraban "hablando" en el salón de la casa de los Hiwatari. Ambos tenían los brazos cruzados, uno frente al otro, de pie.
–Ya te lo ha contado todo tu padre, ¿no? ¿Qué más quieres que te cuente? –preguntó Takao.
–Quiero que me cuentes porqué bailaste con el Teniente y con ese enmascarado. Ninguno de los dos es de fiar, y lo sabes. ¿Por qué te arriesgas así? –le preguntó Kai.
–Quizás para empezar, estás celoso. –Aclaró con evidencia–. Y para terminar, si tú no me sacas a bailar por temor a que la gente nos vea como la pareja que deberíamos ser, es por tu culpa.
–No estoy celoso. ¿Qué te hace pensar que lo estoy? –preguntó con cierta molestia en su voz.
–Tu compañera de baile. Querías restregarme en la cara que bailabas con una joven de escote provocativo.
–¿Qué? Estás totalmente equivocado. Yo solamente entré a la sala y ella fue quien me pidió un baile y no me pude negar, eso es todo.
–Claro –le acusó descruzando los brazos para poder apuntarle con el dedo índice. –Por eso no parabas de bailar a mí alrededor como si fueras una abeja en busca de la miel.
Kai se descruzó de brazos y extendió las manos hacia delante con las palmas de las manos abiertas–. Para. Supongamos que llevas razón. Supongamos que yo le pedí a la joven un baile solamente para que tú nos vieras y tomaras celos. ¿No acabarías de hacer tú el mismo juego conmigo?
–Muy bien. Supongamos que lo hice a breve –silenció unos segundos–. Sácame a bailar y nunca más pasará esto. –afirmó.
–No, sé, bailar –le recordó con pesadez haciendo pautas en cada palabra.
–Pues te defendías bastante bien con esa joven. –anunció.
–Vaya, ¿me estabas observando? –enarcó una ceja.
–No lo hacía. Tú te cruzabas en mi mirada, es distinto. –le explicaba como si ese fuese el verdadero motivo.
–Ya, estabas celoso –contestó el bicolor.
–Tú eras el celoso –le apuntó de nuevo con el dedo.
–Se acabó, así no llegaremos a ninguna parte. –concretó.
–¿Qué quieres decir? –preguntó confundido.
–Si fuésemos pareja, quizás acabaríamos nuestro compromiso. Cosa imposible en nuestro caso, porque nuestros padres fueron quienes tomaron esa decisión y nosotros no podemos hacer nada al respecto. Si no somos pareja, ¿por qué intentas darme celos?
–Para divertirme un rato. ¿A ti qué te parece?
–Para ser solamente amigos te tomas esto muy a pecho, Takao. –le hizo ver.
–Sólo intento ceñirme un poco a lo que seré en un futuro –relajó un poco su tono, suavizando sus palabras–. A lo que seremos –lo miró con severidad–. Y creo que tú deberías de hacer lo mismo y aceptar las condiciones –terminó antes de pasar de largo por su lado.
Se quedó pensativo unos minutos. Takao tenía parte de razón en sus palabras. Pero él no quería tener un matrimonio forzado, quería amar y ser amado y de lo segundo no estaba muy convencido.
–Takao, espera –le salieron esas palabras de su boca y salió por la misma puerta que el joven de cabellos azules ya había cruzado hacía unos momentos, viéndolo ahora caminar por delante de él, seguramente hacia la puerta de la salida– ¿A dónde vas?
–Tengo que ir al pueblo –contestó más sereno pero sin dejar de caminar.
–Te acercaré, yo también tengo que ir –le decía al tiempo que Takao abría la puerta y descubría a un joven apuesto con el puño cerrado alzado, con toda la intención de querer tocar la puerta, pero de haberse quedado en el camino de hacerlo. Takao le miró para fijarse más de cerca. Un joven apuesto, alto, de tez morena, de cabellos y ojos azules.
–Perdonadme, he debido de confundirme. Buscaba la casa de Hiwatari –comentó el joven educadamente.
Por la voz, el bicolor se figuró de quien se trataba, pero era algo imposible o al menos lo creía, así que salió de detrás del otro joven.
–Kane –lo llamó sorprendido al verlo.
–Kai –sonrió y sin esperar a nada más echó a correr, abrazándole enérgicamente, siendo correspondido.
Continuará...
¿Quién será este chico? ¿Será un amigo de Kai? ¿Será un amante? ¿Un admirador? ¿De qué se conocen? Habrá que leer el próximo capítulo para saberlo, jijiji.
Gracias por sus reviews a:
Shirine Shuichi Elric: Hola, pues gracias por lo dicho y si has leído alguna de mis otras historias habrás notado que Kai aquí es más pasota jijiji. Aunque parece que a Takao le oculta más de una cosilla, ¿no? Y ahora un nuevo personaje, ¿cómo habrá encajado ese abrazo tan efusivo Takao? Habrá que verlo, ¿no?
Vampire Princess Miyu: Ok, lo tendré en cuenta y quizás lo pueda utilizar muajaja, ya veré el momento y la situación que busco. Espero que este capítulo te haya gustado.
Valery Hiwatakinomiya: Pues aquí Kai hace lo que hace por celos, aunque al joven de cabellos azules le haya dicho lo contrario. Pero creo que aquí ocurre algo y es que Takao le hace saber que está celoso, pero el bicolor es diferente, se lo guarda y lo oculta y al parecer da más resultado.
Takaita Hiwatari: Pues hermanita, lo primero como ya dije, felicidades, que cumplas muchos años más y si, Takao ha bailado con los dos, con Yuriy vete a saber que baile, jijiji, uno sencillo. Y con el Zorro un tango. Creo que las demás preguntas se respondieron solas con este capítulo, ¿no? Pero ahora te hago yo a ti otra, ¿qué crees que pasará con Kane? ¿Quién será para tomarse tantas confianzas con Kai? Estoy intrigada.
Misaki: Tranquila Misaki, habrá malentendidos, más celos, ya ha hecho su aparición otro personaje, ¿crees que tal y cómo ha empezado, puede haber algo bueno? jijiji. Habrá que ver cómo supera ese abrazo Takaito. Y en cuanto a tu propuesta del hermano y el matrimonio, creo que reservo algo mejor, no sé, tú me dirás conforme avance con la historia. ¿Qué me dices?
Gaby–chan: Sí, el Teniente siempre se quiere pasar de listo con Takao, ¿pero qué me dices del Zorro? Esa posición final en la que sujeta la pierna de Takao y va subiendo la mano lentamente hacia arriba, me pregunto, ¿hasta dónde llegaría la mano? Hay más de uno con idea, y el único que parece menos espabilado respecto a eso es Kai, pero nunca se termina de conocer bien a una persona. Bueno, en cuanto a cómo estalló Kai con sus celos, creo que decepcioné a más de uno en ese aspecto, pero él no es ningún descarado como para quitar al Teniente de en medio y agarrar a Takao para bailar. Pero oye, yo creo que se llevó la revancha después con el tango, ¿no?
Miavid: Pues Kai se puso celoso, pero el pobre de Takao por su forma de ser (en este fic) le supera en ese aspecto, y si leíste el capítulo ya sabes lo que sucedió, no tuvo a quien escoger para bailar que a una chica con escote, jijiji, para darle bien en los dientes al pobre Takao. Creo que le salió el tiro por la culata al pobre.
Senshi H.R: Caray amiga, estoy sorprendida de verte por aquí. La verdad no te esperaba, pero me alegra verte por aquí. Bueno te cuento, como te dije, sé nada o estoy igual que tu respecto al Zorro. Sólo sé lo justo y necesario para que mi imaginación eche a andar y utilizar el título del fic. En cuanto a dar créditos al autor del Zorro, jeje, si me dices como se llama, encantada lo hago. Pero no sé cómo se llama y apenas utilicé lo que te dije de esa historia. El nombre del fic y que tiene que haber un hombre enmascarado que sea bueno con la espada y cara al público un perfecto patoso. Si amiga, Takao tiene el carácter más fuerte aquí, porque si Kai es de pocas palabras y perezoso, pues Takao tiene que ser todo lo contrario. Y en cuanto a lo de que parece que te sientes atraída por la gente gandaya, pues creo que sí, jajaja, pero eso no es malo, ¿no?
Dark–ekin: Gracias por tu opinión y aquí está la continuación, espero que no te haya decepcionado y que hayas disfrutado de la lectura.
Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
