Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen –ai

"Pensamientos"

–Diálogos.

EL ZORRO

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

–Kane –lo llamó sorprendido al verlo.

–Kai –sonrió y sin esperar a nada más echó a correr, abrazándolo enérgicamente, siendo correspondido.

–¡Pero qué sorpresa! –Sonrió separando su mejilla de la del otro– ¿Qué haces aquí?

–Tenía ganas de verte. –confesó alegre.

El bicolor miró a Kane de arriba abajo– ¡Mírate, estás estupendo! ¿Cuándo has llegado? –le preguntó poniendo una mano sobre su mejilla.

–Acabo de llegar hace una hora. La diligencia me ha dejado en un pueblo, cerca de aquí y me han indicado que vivías por aquí cerca, así que he venido dando un paseo... –le contaba emocionado.

Takao escuchaba lo narrado y no podía evitar el sentirse totalmente ignorado al ver que Kai no le quitaba la vista de encima al recién llegado, así que se haría de notar–. Cof, cof –disimuló su falsa tos cerrando el puño, poniéndolo frente a su boca.

Los dos miraron a Takao y aunque Kane no pareció notarlo, Kai pudo apreciar que Takao parecía sentirse desplazado y eso no le gustaba.

–Emm... Kane, te presento a Takao Kinomiya, Takao este es mi amigo, Kane. –le presentó Kai.

–Oh... –decía el joven de ojos azules al tiempo que extendía la mano–. Es un placer conoceros –le sonrió al tiempo que sentía su mano ser estrechada–. Kai me ha hablando tanto de vos.

–¿Ah, sí? –preguntó Takao y miró al bicolor. ¿Qué le habría contado exactamente sobre él? Volvió su vista al recién llegado–. Por favor, no me habléis de usted. Los amigos de Kai son mis amigos.

–Entonces dejemos a un lado los protocolos, así estaremos más cómodos, ¿verdad Takao? –preguntó el recién llegado.

–Claro. –respondió, viendo que Kai se acercaba hasta él.

Junto a Kinomiya ahora se encontraba el bicolor– ¿Dónde vas a quedarte? –le preguntó a Kane.

–Ese pueblo de ahí no se ve tan mal, supongo que ahí debe de haber algún sitio en el cual pasar la noche. –agregó Kane.

Kai le sonrió–. Nada de eso, te quedarás a dormir aquí, en mi casa. Y no admitiré un no por respuesta– aclaró siendo autoritario.

–Pero...

–No me discutas, por cierto –miró hacia el suelo– ¿Y tus maletas?

–Sólo tengo una. No tengo pensado quedarme mucho tiempo –le aclaró–. La he dejado fuera, en la puerta –fue a caminar para ir a cogerla pero el bicolor se adelantó.

–Takao, ¿te importaría cogerla? Quiero enseñarle a Kane su habitación. –le informó Kai.

Kane miró al moreno de piel–. No hace falta, es mía, la cojo yo. No quiero ser una molestia desde el primer día.

–Tranquilo, no molestas. –Le sonrió de forma agradable–. Lo haré encantado –tras estas palabras, salió a la puerta encontrándose con la maleta en pie. Agarró el asa de la maleta sin dejar de pensar en porqué precisamente Kai quería que el cogiese la maleta. Es decir, si era su amigo lo más cortés de su parte hubiese sido coger él mismo la maleta, y no ordenarle a otro que la cogiese por él, pero claro, Kai era un holgazán, y seguro que Kane eso lo sabía también. Cogió la maleta en peso. "¿Pero qué lleva aquí? Pesa muchísimo, ¿seguro que aquí hay ropa?", pensaba al tiempo que entraba a la casa, cerrando la puerta tras de sí.

Miró hacia las escaleras. Por ahí subían los dos, hablando sin parar de quien sabía que cosa. No podía escucharlos, sólo escuchaba palabras no entendibles desde su distancia. Suspiró y comenzó a subir las escaleras tras ellos, a seguirlos hasta que decidieran pararse en alguna habitación.

–Bien Kane. –Se paró frente a una puerta–. Ésta será tu habitación –abrió la puerta–, es más grande que todas las demás, además tiene baño, así no tendrás que ir al piso de abajo para poder asearte.

Kane entró a la habitación y miró a su alrededor–. Es muy bonita. Y tiene ventana –de inmediato fue a abrirla de par en par, aspirando el aroma fresco del campo–. Me parece perfecta –añadió tras haber llenado sus pulmones de aire. Se dio media vuelta para ver a un sonriente Kai y a un Takao con la maleta en la mano–. Oh, perdona Takao –se apresuró en quitarle la maleta de la mano para dejarla sobre la cama–. Gracias por subirla. –Decía al tiempo que la abría–. He traído algo que seguro te encantará, Kai.

–¿En serio? –preguntó curioso.

–Sí –afirmó, dejándole ver a ambos jóvenes sacar algo grande y envuelto de la maleta con una forma un tanto extraña.

–No me digas que es... –Kai parecía saber por la forma que aquello tenía de lo que se trataba, pero Takao no tenía ni idea.

–Te lo prometí, ¿no es así? –desenvolvió lo que era su regalo mostrando una pezuña negra y a continuación una pata de cerdo seco.

–¿Y eso que es? –preguntó el joven Kinomiya de lo más sorprendido.

–Esto querido amigo es uno de lo más exquisitos y finos manjares de España. –Le comentaba Kane con orgullo–. Se llama jamón, y es muy sabroso. Con melón y acompañado de un buen vino blanco, está...–no podría describir el sabor–, tienes que probarlo.

–Lo llevaremos a la cocina, luego lo cortaremos como es debido –decía el bicolor cogiendo la pieza en sus manos–. Primero vamos al pueblo a hacer unas compras y así lo ves con detalle.

–¿Serás mi guía? –le preguntó Kane emocionado.

–Claro –caminó hasta la puerta, saliendo por ella.

–Será divertido –comentaba siguiéndole, viendo que Takao no se movía– ¿Vienes no? –le preguntó amablemente.

–Sí, claro –respondió, sin estar muy seguro de como se iba a comportar frente a Kane.

&&&Kai&Takao&&&

Kai había dejado el jamón en la cocina, le había presentado entonces a su amigo a Judy y a su padre que se encontraban ahí tomando café. De inmediato Kai le comentó que Kane sería su invitado por unos días y el padre no discutió nada, estaba realmente encantado de ver como un amigo del antiguo colegio de España de Kai estaba ahí con él.

Los tres jóvenes se dirigían al carro de mercancías para poder ir al pueblo. Kane se adelantó a ellos al ver al caballo esperándoles con el carro a sus espaldas, procedió entonces a acariciarle el hocico.

–Bonito caballo –decía mirándole a los ojos color negro.

El joven de ojos color carmesí procedió a subirse al carro para tomar asiento–. Sube –le indicó a su amigo.

Se subió seguido de Kai, quitándole su sitio de siempre a Takao, quien se subió mirándole con algo de reproche. Los tres se apretaron un poco para poder caber en ese espacio, pero la banqueta era más bien para dos personas.

–Estamos muy justos –comentó Takao casi sin darse cuenta.

–Entonces –habló Kane subiéndose en el asiento, colándose a la parte trasera del carro, sentándose ahí con rapidez–. Ya podemos irnos –le indicó.

–¿Qué haces?–le preguntó Kai dándose media vuelta en su asiento.

–Sentarme aquí para que estéis más anchurosos –le sonrió pegando su espalda al respaldo de la madera, estirando una de sus piernas mientras la otra la flexionaba–. Esto es la gloria.

Kai cogió las riendas y se las pasó al joven de ojos azules, quien enarcó una ceja hacia arriba con expresión de no entender nada–. Toma, hoy lo llevas tú. –le explicó con rapidez.

–¿Yo? –preguntó al tiempo que vio como el bicolor se ponía de pie en el asiento.

–Claro, lo harás muy bien –le aseguró.

Antes de que le diera tiempo a preguntarle algo más, vio cómo Kai imitó a Kane en su antiguo gesto, saltando a la parte trasera del carro–. Oye pues está muy bien –le escuchó decir dándole la razón al otro.

Takao miró con seriedad el camino y se puso a mover la boca para imitar esas palabras del bicolor. Dio un golpe con las riendas sobre el lomo del caballo indicando que comenzase a andar. De haber sabido que Kai iba a hacer tal cosa como dejarlo solo, llevando las riendas, se hubiese ahorrado el comentario que se le escapó.

–Y dime, ¿cómo se quedaron todos allí? –preguntó Kai curioso.

–Muy bien. –respondía Kane.

Takao escuchaba con que soltura hablaban ambos–. "Blablablá... blablablá... no soporto tanta confianza y mucho menos que Kai haga como que no existo. Eso es que me pone enfermo. Ha de estar tan enfadado como yo por esa discusión de esta mañana, pero cuando parecía que quería estar a mi lado para ir juntos al mercado, ha venido este".

–Jajaja –rieron a carcajadas.

"Mira cómo se ríen", suspiró. "Detente Takao, tú no eres así. No puedes tener envidia de un recién llegado sólo porque ahora Kai hace como si no existieras. Compórtate como tú eres, o harás algo de lo que te puedas arrepentir", sonrió aunque no con mucha confianza. "Kai no lo hace apropósito, es sólo que ha estado con Kane durante mucho tiempo en España y tiene que recordar cosas juntos y mucho de qué hablar, eso es todo".

–Mira Kane, este es el puente del que tanto te he hablado, por debajo pasa el río. –le contaba Kai.

–¿El río del que siempre me hablabas? –preguntó Kane, levantándose un poco para poder verlo.

–Sí, por aquí solo pasa este –le sonrió–. Ya verás, en el pueblo hay casi de todo, es sencillo pero no pequeño. La gente es amable y un tanto peculiar a veces, ¿verdad Takao? –le preguntó, pero no obtuvo respuesta. Se encogió de hombros y siguió hablando con Kane, pero no sin pensar en porqué no le había contestado su prometido.

Admiraban el paisaje a su alrededor desde sus posiciones tumbadas. Ante sus ojos vieron las primeras casas. Altas, sencillas, con balcones de hierro pintados de negros y algunas macetas con flores colgando de ellos. Las fachadas estaban pintadas de blanco por completo y las tejas eran rojas. Algunas viviendas eran de dos pisos, otras de uno.

Las calles eran de adoquines y eso se notaba no sólo porque ahora el carro parecía dar un poco más de saltos que antes, sino por el sonido de los cascos del caballo. Kane podía ver claramente cómo había gente que cruzaba la calle unas iban de vacío, otros con las manos llenas. Pudo ver un pozo de agua a un lado. En un callejón, lo que parecía ser la cárcel del pueblo... notó que se detuvo el carro.

–Ya hemos llegado –le anunció su amigo Kai poniéndose en pie–, vamos.

Le imitó el gesto, poniéndose en pie y saltando del carro al suelo–. Ese pozo me suena, creo que ha debido de ser aquí dónde me ha dejado antes la diligencia –les hizo saber tanto a Kai que estaba a su lado como a Takao que se acercaba a ellos.

Kinomiya miró a ambos jóvenes–. Me voy a comprar –estaba dispuesto a dar unos pasos cuando escuchó al bicolor decir.

–Claro, nosotros también vamos, ¿verdad, Kane? Así verás este pueblo. Lo recorreremos todo si es posible. –Dirigió su vista ahora a Takao– ¿A dónde quieres ir primero? –le preguntó a Takao.

–A la panadería –le contestó. ¿De verdad que se lo estaba preguntando a él? Ya que desde que ese había llegado, parecía no existir.

–Sí, yo también tengo que llegar. –le informó el bicolor–. Vamos contigo.

–De acuerdo –contestó con más entusiasmo, sonriendo a su paso.

&&&Kai&Takao&&&

Llevaban las bolsas con el pan en las manos, cada uno la suya. No iban con las mismas prisas de siempre. Esta vez lo hacían con calma, para que Kane pudiera ver con detenimiento el pueblo a su vez. Pasaron por la plaza, donde pudieron ver los carteles de búsqueda y captura del Zorro.

–¿Quién es ese? ¿Por qué se le busca? –preguntó Kane mirando el retrato de lo más intrigado.

–Nadie sabe quién es –dijo Kai.

–El ejército tiene una lista larga de delitos que ha cometido, pero yo lo veo más bien como una especie de justiciero –respondió Takao dando su opinión.

–A unos les hace la vida mejor y a otros parece ser que se la empeora –refirió el bicolor.

–¿A qué te refieres? –preguntó Kane, que no entendía mucho la situación.

–Que es el archi enemigo del Teniente de éste pueblo y a los ladrones parece ser que no les deja salirse con la suya –le aclaró Kai.

Takao miró a su alrededor, al hablar del Teniente se preguntó cómo es que no se lo habían encontrado ya, eso era muy extraño. Es más, ni siquiera había dado con un soldado, ¿no estarían en el pueblo? Se preguntaba esto cuando escuchó hablar a Kane.

–Pues por ahí parece que viene un Teniente –pudo observar por el color de la ropa que llevaba puesta.

–Aceleremos el paso e ignorémosle –les dijo Kai con rapidez y decisión a los dos.

Kane y Kai se pusieron delante y Takao los siguió por detrás. Estaban dejando al Teniente tras ellos, pero pronto Kinomiya sintió un peso en su hombro. Era la mano del Teniente quien había echado a correr tras él cuando lo vio pasar de largo a la carrera.

–Takao –le llamó suavemente, si mover su mano del hombro del contrario.

Cerró los ojos temiéndose lo peor, pero pronto cambió la cara al darse la vuelta. –Ah, Teniente. Buenos días –miró hacia Kai y Kane que seguían su camino y regresó la vista al otro de inmediato.

–Buenos días –le saludó– ¿Hacia dónde vas tan deprisa? ¿Y quién era ese joven que iba delante de ti?

–Oh, es un amigo –respondió viendo cómo los otros seguían su camino sin mirar hacia atrás, mientras pedía con desesperación poder irse con ellos–. Tengo –rectificó–, tenemos algo de prisa, ¿sabe? Así que si me disculpa. ¡Esperadme chicos! –les gritó con el fin de ver si se detenían, pero los otros parecieron hacerle caso omiso. El joven de cabellos azules se sintió triste y esto al parecer Yuriy lo notó.

–¿Por qué tan triste? –le preguntó con cierta preocupación.

–No estoy triste –afirmaba con voz apagada.

–Tu futuro marido no parece haberse dado cuenta de que te has quedado atrás. Parece estar pensando en otras cosas más importantes –sonrió con idea–. Si quieres puedo acompañarte para que hagas tus compras y después te llevaré a tu casa.

–No me parece adecuado, Teniente. He venido con mis amigos y sería descortés no avisarles de... –no le dejó continuar.

–¿De qué Takao? –Señaló la calle por la que habían bajado ambos jóvenes con el dedo índice– ¿Tú ves a alguno de tus amigos ahí? No, y te diré porqué. Ni se han dado cuenta de tu gran ausencia. De lo contrario hubiesen regresado ya o te habrían esperado. Y no lo han hecho, así que eso confirma mi teoría.

Takao agachó la cabeza decepcionado. Por muy duro que fuera, esa parecía la verdad. Kai siempre lo esperaba, contaba con él para todo, pero con la llegada de Kane se había comportado muy distinto.

–Teniente, ¿hoy es día de contribución?

–No, lo será mañana –le aclaró.

–Entonces sino está muy ocupado. ¿Le importaría llevarme a mi casa?

Se puso la mano en el pecho–. Por supuesto que no, sígueme. El carruaje está al bajar esta calle.

&&&Kai&Takao&&&

–¿Estaremos ya bastante lejos? –preguntó el joven de ojos azules.

–No lo sé, pero por nada del mundo miréis hacia atrás –vio una callejuela hacia su derecha–. Por aquí –indicó metiéndose. El otro hizo lo mismo y esperaron unos segundos.

El bicolor esperaba a que el menor hiciera igual, pero no entraba a esconderse y eso lo dejó confuso.

–¿Y Takao? –se preguntó a sí mismo en voz alta, ahora si asomándose por la esquina, quedando sorprendido al ver la calle totalmente vacía.

–¿Ya podemos salir? –le preguntó el otro impaciente.

–Sí –contestó saliendo de ahí.

–No hay nadie.

–Takao, ¿dónde te has metido? Kane, hay que regresar. Seguramente se habrá despistado en alguna calle.

–O a lo mejor ha decidido ir a comprar lo que le faltaba.

–No sé qué pensar, él siempre me avisa.

–Bueno no vamos a alargar más tu sufrimiento. Iremos en su busca. –le animó, dándole una palmada en la espalda.

Volvieron sobre sus pasos pero no estaba por ningún lado– ¿Nada? –preguntó el bicolor quien se encargaba de mirar hacia la derecha.

–Nada –contestó mirando hacia la izquierda.

Kai detuvo sus pasos–. Es muy raro.

–Quizás él este moviéndose también, buscándonos.

–Puede ser –se cruzó de brazos–. Quizás esté esperando en el pozo. Cuando tenemos que separarnos, quedamos ahí –era otra posibilidad en la que Kai no había pensando hasta ahora.

–Entonces vamos allí.

&&&Kai&Takao&&&

Takao ya había subido al carruaje con el Teniente. Ya no sabía ni cómo sentirse. Definitivamente el día de hoy no estaba siendo bueno para él. Estaban a punto de salir del pueblo, recordó entonces en lo que habían quedado hace mucho tiempo. Se asomó por la ventanilla buscando el pozo de piedras con la vista, quizás sus amigos estaban ahí y no habría necesidad de irse con el Teniente. Cuando lo focalizó se decepcionó más aún. El pozo estaba solitario. Puede que estuvieran de compras, o puede que ya se hubiesen marchado sin él desde hacía rato. Se sentó de nuevo en el asiento, bajo la atenta mirada del Teniente. Si había un momento perfecto para deshacer ese matrimonio, estaba delante de sus narices.

–Yo en tu lugar hablaría con tu prometido severamente. Mira que dejarte solo a tu suerte, largándose con otro. Todos son iguales. –anunció Yuriy.

–¿A qué se refiere? –preguntó mirándole.

–Sólo es mi humilde opinión, pero creo que tu prometido te ha estado tomando el pelo desde un principio.

–¿Qué quiere decir con eso? –preguntó enarcando una ceja.

–Pues que... me comentaste que tu prometido a estado un tiempo en España. ¿No es así?

–Sí –confirmó.

–Verás, creo con toda sinceridad por su forma de actuar, que no te ha sido del todo sincero y... esto es tan duro de decir.

–Dígamelo, por favor –ahora no podía dejarlo con esa intriga.

–Creo que te ha sido infiel, y de hecho creo que lo sigue siendo –vio las facciones de Takao, parecía sorprendido ante tales acusaciones–. De hecho quien dice que no lo esté siendo ahora con ese amigo vuestro. –aclaró.

–No creo que Kai... –estaba pensándolo. ¿Y si cabía esa posibilidad?

Tenía que aprovechar el que bajara la guardia–. Te diré por experiencia que eso es posible. Las distancias juegan malas pasadas y más si un matrimonio se va a basar en una absurda mentira desde un principio. Y si uno no ama a alguien, es más posible que pierda el control, total, no tiene nada que guardar –todo esto lo decía en un tono pausado y calmado, creando un efecto deseado en el joven de cabellos azules, quien cada vez parecía estar más preocupado. "Excelente, si sentías algún tipo de afecto por ese mamarracho, haré que sea fácil de odiar", pensaba sonriendo en sus adentros.

&&&Kai&Takao&&&

Los dos jóvenes se detuvieron ante el pozo. En el pozo solo había unos niños jugando.

–Quizás en el carro –pensó Kai en voz alta. Miró hacia el carro, pero estaba vacío, tal y como lo habían dejado.

–Pues ahí tampoco está –le puso una mano sobre el hombro– ¿Se te ocurre algún sitio más?

–Su casa –contestó–. Si no está ahí, no sé donde puede estar.

–Kai, pareces preocupado en demasía. Mira, no le conozco, pero seguro que está bien.

–Eso espero, porque no me gustaría pensar que algo malo le ha sucedido. –Caminó hacia el carro seguido del otro. Montaron con rapidez, no había tiempo que perder, algo no le daba buena espina y su instinto nunca le había fallado. El joven de ojos azules comprendía perfectamente por lo que estaba pasando su amigo, pero no sabía el porqué, y quería que Kai se lo explicara por el camino.

–Kai, ¿por qué estás tan alterado?

–Últimamente hay muchos ladrones por aquí. El otro día sin ir más lejos, en una fiesta...

&&&Kai&Takao&&&

El carruaje se detuvo frente a su puerta. Cogió la bolsa entre sus manos poniéndose en pie, al tiempo que el pelirrojo le abría la puerta, dándole paso.

–Gracias –bajó del carruaje seguido del pelirrojo.

–Takao.

–¿Qué?

–No le des vueltas a la cabeza por lo que hemos hablado hace un momento. Sólo eran ideas, suposiciones –aclaró.

–Claro –caminó hacia la puerta y se dio media vuelta de nuevo. Yuriy esperó impaciente para ver porqué ese cambio repentino.

El menor se hurgó los bolsillos en busca de algo y sacó el puño cerrado–. Ponga su mano, por favor.

–¿Así? –preguntó sin entender, ¿qué le iba a dar?

–Tenga –dejó caer el peso en la mano del otro y sin esperar a nada, volvió a caminar hacia la puerta de nuevo.

El pelirrojo se miró la mano. Había un real en su mano, ¿qué significaba eso?– Takao ¿qué?...

–Se lo debía, adiós y gracias –abrieron la puerta de la casa y él no tardó en pasar al interior.

Se quedó con la boca abierta, pero no pudo decir nada. Así que se metió la mano en el bolsillo, soltando la moneda en su interior–. Vámonos –ordenó al soldado que ejercía de cochero para él. Se subió al carro y cerró la puerta–. Lo principal ya está hecho, ahora sólo falta saber cómo reaccionarán ambas partes. Soy perfecto, jajaja.

&&&Kai&Takao&&&

Una media hora después, otro carro llegaba a la casa Kinomiya. Se trataba de Kai, quien había dejado a Kane en su casa, para que se instalase y no tuviera que dar otra vuelta.

"Más vale que estés aquí", pensaba preocupado–. Soo –le dio un tirón de las riendas al caballo para indicarle que se detuviera. Bajó del carro y amarró las riendas en la rama de un árbol. Acto seguido procedió con rapidez a tocar la puerta de la gran casa con algo de insistencia.

Unos segundos tardó la puerta en abrirse, dejando ver a la sirvienta–. Hola –le saludó.

–Hola, joven Kai. ¿Qué le trae por aquí?

–Pues quería ver al joven Takao. ¿Está en casa?

–Por supuesto. Pase –le invitó.

"Gracias al cielo que está aquí", en su camino al comedor se encontró con la señora Kinomiya quien estaba sentada tomando una taza de té.

–Kai –apoyó la taza en el platillo y la dejó encima de la mesa con delicadeza–. Qué sorpresa más agradable el verte por aquí –se puso de pie para recibirle–. Siéntate –le animó– ¿Te apetece tomar un té?

–Gracias, pero he venido a buscar a su hijo. ¿Dónde está?

–En su habitación.

–¿Puede decirle que baje?

–Me temo que eso no va a ser posible. Takao nada más llegar a pedido no ser molestado y se ha encerrado en su habitación.

–¿Se encuentra bien? –se apresuró a preguntar.

–Al parecer dice que le duele la cabeza y un poco el estómago. La verdad no le he visto buena cara.

–¿Puedo subir a verle?

–Me temo que ha cerrado con llave para evitar ser molestado.

–Entiendo –se detuvo a pensar en unos minutos que sería lo próximo que diría–. Dígale que he estado aquí, que quería verle para hablar con él. Espero que se mejore.

–Se lo diré, no te preocupes.

–Si me disculpa, he de irme –miró hacia las escaleras, por las cuales sabía que se subía a la habitación del joven de cabellos azules. Regresó su vista a su futura suegra–. Adiós.

–Adiós –le despidió volviendo a sentarse de nuevo para poder seguir tomando su té, mientras el bicolor salía de la casa.

Caminó pausado hacia su carro, pero se detuvo un momento antes de soltar las riendas de las ramas. Intentaría lo de siempre. Rodeó la casa, hasta llegar al oculto balcón del joven de cabellos azules, donde se detuvo. Las cortinas estaban tapando su visibilidad desde abajo, así que aunque trepase el árbol, no conseguiría absolutamente nada.

Se agachó y cogió una piedra del suelo, deteniéndose sobre si hacer lo que pasaba por su mente o no. Algo le decía que Takao no había cerrado la habitación con llave por un dolor de estómago y cabeza, sino porque quizás estuviese enfadado por algo. Eso le convencía más que lo otro, después de todo, cuando alguien no se siente bien lo único que quiere es el cuidado de sus familiares, no aislarse. Pero, ¿y si resultaba que estaba metido en cama, enfermo de verdad, y ahora se encontraba durmiendo?

Lo levantaría de su sueño y entonces ahí si le daría un motivo al joven de ojos azules para enfadarse con él y eso era lo que menos quería después de la discusión de esta mañana, antes de que Kane apareciese. Dejó caer la piedra al suelo. Lo mejor sería regresar a su casa. Mañana vendría a visitar a Takao para ver si había mejorado.

Caminó con pesar en los pies, sin ganas de irse sin ver el estado del joven de cabellos azules, pero no podía quedarse ahí como si nada. Recuperaría mientras tanto el tiempo perdido con Kane, hablando del pasado, del presente y del futuro.

&&&Kai&Takao&&&

El joven de cabellos azules estaba tumbado en su cama, mirando el techo, si es que podía hacerlo, dado que había echado las cortinas para que ni el sol le molestase. Tenía muchas cosas en las que pensar, atar cabos sueltos, mentiras dichas por Hiwatari.

Empezaba a temer que el Teniente tuviese razón en sus palabras. Los años que estuvo en España no le mandó ni una sola carta, sólo se las escribía a su padre. Diciendo en ellas que le echaba de menos y que se divertía allí. Por favor, su padre lo interna en un colegio prestigioso en el que se supone que te enseñan a combatir con la espada y con armas y él era evidente que ni se había molestado en aprender.

El señor Hiwatari se había gastado un dineral para que su hijo se familiarizara más con las espadas, floretes, sables... y él se divertía. Claro, en no hacer nada más que el vago. Ni siquiera decía echar de menos a Takao que lo esperaba con anhelo cada vez más. ¡No señor! En ninguna de sus cartas lo hacía. Él lo sabía a ciencia cierta porque con frecuencia iba a preguntarle al señor Hiwatari por su hijo y alguna vez que otra, le llegaba la correspondencia en su presencia. El señor Hiwatari, a veces se sentía tan emocionado que ni podía leer, así que tenía que hacerlo él por su futuro suegro.

Bufó de tan sólo pensar que él lo había esperado como un idiota durante tantos años y él ni siquiera lo estaba haciendo, eso sólo causaba un efecto. Enfadarse con el mismo. Tenía los brazos extendidos al igual que las piernas en la cama y no dudó en cerrar el puño de una de sus manos y darle puñetazos al colchón.

–¡Idiota, más que idiota! ¿¡En qué momento te enamoraste de él!? ¡Habiendo gente en el pueblo sólo te pudieron comprometer con el más vago, dormilón y que piensa en ti solamente como un amigo! –Se susurraba reprochándose a sí mismo por su torpeza con rabia– ¡Simplemente tenían que haber pensado en mí y no haberme comprometido con nadie desde tan pequeño! –cambió de postura acurrucándose en la cama. Ahora si le dolía la cabeza de tanto pensar. Seguro que si cerraba los ojos, conseguiría calmarse un poco.

&&&Kai&Takao&&&

Kai estaba ayudando a Kane a instalarse en su nueva habitación. Aunque no traía mucha ropa en la maleta, pero así hablarían de sus tiempos en esa escuela.

–Aún no me explico algo –comentaba Kai– ¿Cómo es que tú con lo formal que eres, no me has avisado con antelación de tu llegada?

–¿Una carta? –el otro asintió–. Lo hice, en ella te avisaba de que por hoy seguramente vendría.

–¿En serio? –sonrió–. No he recibido nada. Ya me extrañaba con lo perfeccionista que tu eres, jajaja.

–Bueno, así te he dado una sorpresa. Y espero que haya sido buena.

–Lo ha sido –le contestó. Cambiando su cara de ilusión a una preocupada.

–¿Qué te ocurre?

–No es nada.

Kane dejó el último pantalón en su armario y se sentó junto a él en la cama–. Como si me pudieras engañar a estas alturas. –Apoyó su mano en el hombro de su amigo–. Cuéntamelo, soy todo oídos.

Suspiró–. Es Takao –calló un momento para luego continuar–. No sé si tragarme el cuento de que está enfermo en la cama o es sólo una excusa para no hablar conmigo.

–¿Crees que está enfadado?

–Si lo está, no sé el porqué.

–Bueno, pero según me dijiste, eso es lo que más te gusta de él. ¿No? Su temperamento. Por cierto, yo esperaba más de ti Hiwatari.

–¿A qué te refieres? –le preguntó sin entender.

–Pues esperaba que al menos ya hubieses confesado tus sentimientos y para que ocultártelo, pensaba que hasta iríais agarrados de la mano.

–Estoy progresando a mi manera –se miró las manos como si viera algo interesante en ellas.

–Oh, entonces... –le dio un palmetazo en la espalda–. Ya le has confesado tus sentimientos, como me dijiste en nuestra despedida.

–No exactamente. No es como yo pensaba que sería, además...

–Además... –le invitó a terminar la frase.

–Ésta mañana hemos discutido.

–Vaya. Pues sí que va mal la cosa. –imaginó.

–Eso creo.

–Quizás yo te puedo ayudar –Kai le miró, pensando en qué se le estaba ocurriendo a su amigo–. Podría hablar de cómo no dejabas de hablar de él sin parar, de lo enamorado que estás de él, de que te gustaría adelantar la boda... todos esos detalles. –respondió

–No te creería. Recuerda como era cuando llegue a la academia.

–Un vago y dormilón –le dijo haciendo memoria.

–Exacto –aunque le costó reconocerlo–. Pues aquí lo sigo siendo. –Le confirmó.

–Pues cambia.

–Ya no puedo hacerlo. No al menos ahora.

–¿Por qué no?

–Amm... oye y... ¿Cuánto tiempo tienes pensando quedarte? –le preguntó con ánimo de cambiar de tema.

–Unos días. Sólo para investigar algunas cosillas.

–¿Qué cosas?

–Pues por ejemplo ver como es ese Teniente del que me hablabas en tu última carta.

–Kane –le agarró de la mano y le miró fijamente a los ojos–. No te acerques a él, no quiero que corras peligro.

–No te preocupes, no voy a hacerlo. Y solamente por un momento Kai, olvida quien soy realmente, ¿vale?

–Como quieras.

–Gracias. Y ahora me surge una pregunta –vio cómo el otro lo miraba interrogante– ¿A qué hora se cena aquí?

–Jajaja –no tuvo más remedio que echarse a reír por la ocurrencia de su amigo. Miró el reloj de pared–. Muy pronto y empezaremos ese jamón. ¿Qué te parece?

–Me parece perfecto –añadió.

&&&Kai&Takao&&&

La cena fue bastante entretenida, llena de risas, anécdotas...

–Kane, espero que tu estancia aquí sea cómoda y agradable –le comentó con educación el señor de la casa.

–Gracias señor Hiwatari.

Kai se puso de pie. –Si me disculpáis, estoy algo cansado. El jamón me da un sueño terrible –dijo metiendo la silla bajo la mesa.

–¿Aún te sucede? –Le preguntó Kane–. Lo normal sería que te diera sed.

–Tendrá un efecto distinto en cada persona. Kane si necesitas algo ya sabes dónde encontrarme y no dudes en coger lo que quieras de la cocina si te da hambre. ¿De acuerdo?

–Está bien.

–Buenas noches –les despidió.

–Buenas noches –dijeron casi al unísono.

Esperaba que se entretuvieran allí abajo el suficiente rato, como para darle tiempo a entrar a la habitación. Pero lo cierto es que no hizo más que abrir la puerta y escuchó pasos por el pasillo. De inmediato miró para ver de quien se trataba y era el joven de ojos azules.

–Pensaba que estarías más rato con mi padre. –aclaró Kai.

Negó con la cabeza–. Estoy agotado por el viaje, así que he pensado que no me vendría mal el irme ya a la cama –le sonrió dirigiéndose a la puerta de su habitación–. Y que conste que la compañía de tu padre es muy grata –le sonrió.

–Que descanses entonces.

–Buenas noches.

Ambos abrieron sus respectivas puertas, entrando en el interior de sus habitaciones.

&&&Kai&Takao&&&

Takao abrió los ojos. No se había quedado dormido, o eso pensaba. Se seguía sintiendo de miles de maneras, ninguna para bien. Se veía demasiado oscuro, así que se incorporó en la cama y puso los pies en el suelo. A tientas pero con pasos firmes, caminó hasta la cortina, donde procedió a abrirla, comprobando que era de noche. Por la altura de la luna diría que eran más de las once. No había comido, no había cenado. Era increíble. Ni tenía hambre. Sólo algo así le pasaba cuando estaba enfadado. Observó la caseta del antiguo establo ahora ya nueva, por los cristales de la ventana y se fijó en los árboles de alrededor. Se iba a quitar esa rabia acumulada como fuera.

Dejó las cortinas abiertas, para ver un poco más. Caminó hacia la puerta y con cuidado quitó el cerrojo y la abrió lentamente, viendo la oscuridad en el pasillo, escuchando también el ruido de la puerta y esperando no levantar a nadie a esas horas. Entró de nuevo a su habitación y cogió el candil. Prendió fuego a una cerilla y procedió a encender la vela de su interior. Con eso podría ver más claramente por donde caminaba. Bajó por las escaleras y salió a la calle en cuanto abrió con sigilo la puerta.

Con pasos más rápidos y el candil en la mano, pisaba la hierba sin ningún cuidado. Solamente intentaba llegar a un árbol, el más cercano que había al antiguo establo. Aquel en el que una noche vio al Zorro. Una vez que lo tuvo enfrente, se paró delante de éste. Dejó el candil en el suelo, donde no había hierba para que el calentamiento del cristal por la vela encendida en su interior, no causara destrozos de los cuales se pudiera arrepentir después. Junto al candil se dio cuenta de que había varias ramas en el suelo, unas sobre otras. Una de ellas parecía ser una vara larga, esa le vendría bien. La cogió y se retiró de la luz.

La agarró como si de una espada se tratase y estuviera peleando con alguien, sólo que lo hacía sin ningún cuidado y muy enfadado. Podía escuchar el sonido del viento siendo cortado por la vara. Estaba liberando una gran tensión, pero necesitaba seguir haciendo eso, aunque su fuerza utilizada fuese muy grande y después le dolieran los brazos.

Escuchó unas pisadas en las hojas secas que habían caído al suelo de los árboles. No paró, siguió a la suyo, podrían ser imaginaciones suyas y no quería distraerse ahora.

–¿Por qué utilizas tanta fuerza?

Esa voz, era el Zorro, sin lugar a dudas–. Porque quiero –le respondió enfadado–. Por cierto. ¿Quién ganó la apuesta?

–Yo, por supuesto –respondió sin quitarle el ojo de encima.

–¿¡Será posible!? –Se enfadó más al sentir la respuesta del enmascarado–. ¡Es que no puede ser, no doy ni una! –se quejaba caminando a su vez hacia delante–. ¡Ya estoy harto! –golpeó con la vara el tronco del árbol, ensañándose con él.

–No tenía ni idea de que supieses atacar así –le decía con tranquilidad.

–Déjame solo –le pidió.

–No lo haré, y deja el pobre árbol. No te ha hecho nada.

–Dime –lo encaró para mirarle con los ojos chispeantes de rabia– ¿Quién dice que tu ganaras esa apuesta, eh? –intentó tranquilizarse–. Para mí, yo fui el ganador. Así que muéstrame quien eres. Te juro que no le diré a nadie tu secreto.

–Lucha contra mí.

–¿Eh? –¿había oído bien?

–Lo que has oído –se agachó y cogió un palo fino con muchas ramas–. Este servirá –desenvainó su espada y cortó los tallos sobrantes, dejando una vara casi perfecta. Volvió a envainar su espada.

–¿Pero tú me has escuchado? –le preguntó el joven de cabellos azules sorprendido por ese cambio tan repentino de conversación.

–Perfectamente –le aclaró poniéndose en posición como si fuera a luchar con la espada –En guardia.

–No estoy para bromas –le aclaró.

–Ni yo. Estoy hablando totalmente en serio –le animó con la mano a que se acercara–. Vamos, no muerdo.

–Esto es absurdo. He visto como manejas la espada y... –al tiempo que hablaba el enmascarado se acercó a él, siendo el primero en atacar, siendo frenado por Takao al cubrirse con su palo–. ¿¡Pero qué haces!?

–Cállate y pelea –le ordenó.

–¡A mí nadie me ordena nada!, ¿¡te enteras!? Ahora te vas a enterar –siseó, canalizando su rabia en la mano, haciendo retroceder al Zorro con sus ataques.

–¿Eso es todo lo que sabes hacer? –bostezó aburrido.

–Aún no has visto nada –masculló. Aunque no era muy bueno con las espadas, ni tenía los movimientos claros, era rápido y ahora estaba enfadado y eso le bastaba. Ahora empezó a sonreír– ¿Qué te parece ahora?

El zorro sonrió, era justo lo que quería–. Mira, hasta me cuesta defenderme –añadió.

–Pues eso es un punto a mi favor –le dijo en el mismo tono.

–¿Y por qué estás enfadado?

–¿Quién dice que lo esté? –preguntó ahora cansado por tanto movimiento.

–Tus movimientos.

–No soy ningún as con la espada, ni con una vara en mis manos. Pero sé manejarme.

–Eso nadie lo discute. Bueno, creo que ya es suficiente –añadió ahora atacando él con más rapidez que el joven de cabellos azules, haciendo que éste retrocediera alarmado, arrinconándolo en el árbol–. Ahora estás arrinconado, así que... –con la vara hizo un movimiento que terminó con su vara, sujetando la de Takao en el tronco del árbol para impedir así que lo pudiera mover más–. Suelta la vara –nunca mejor dicho.

–No quiero –le retó.

El más alto corto su cercanía. –¿Qué es lo que te ocurre? Cuéntamelo.

–¿A un desconocido? Ni hablar –miró con frustración al suelo.

–Bueno, no me lo digas si no quieres. Pero, al menos esta batalla ha servido para que te relajes un poco. –Era cierto, Takao ya no se sentía tan enfadado consigo mismo–. Aunque si quieres, podemos continuar por donde lo hemos dejado.

–Estoy cansado –el enmascarado hubiese pensado que se trataba de un cansancio físico de no ser porque el joven de cabellos azules aclaró la frase–. Estoy cansado de todo lo que me está pasando. Hay ideas que no puedo soportar y me estoy haciendo daño a mí mismo.

El más alto se separo de él, permitiéndole al joven de ojos azules que se pudiera separar del árbol y pudiera bajar la mano en alto que sujetaba la vara–. Ya no sé qué pensar y eso me está destrozando.

–¿Por qué no sigues tu instinto?

–Porque es lo que he hecho hasta ahora pero... parece no funcionar.

–¿Y qué hay de tu corazón?

–¡Je!, mi corazón. Mi corazón ya está bastante dolido y cada día lo está más.

–O sea. Que estás enamorado y es un amor no correspondido –intentó sonsacarle.

Takao dejó caer la vara en el suelo y se puso una mano en la frente, se arrodilló, mientras apoyaba la otra mano en el suelo.

Con preocupación el enmascarado se acercó a él, arrodillándose para quedar a su altura– ¿Qué te sucede?

–No es más que un simple mareo, se me pasará.

–La cena te habrá sentado mal con tanto movimiento.

–No he probado bocado desde el desayuno –confesó.

Ahora el enmascarado supo que esa era la causa del mareo–. Tienes que comer algo. Estás débil, vamos.

–No puedo moverme, todo me da vueltas. –aclaró.

–¿En serio? Más interesante aún. Porque no quiero perder el privilegio de poder cogerte en mis brazos.

–¿Qué? –no le dio tiempo a pensar en nada más, salvo sentir que el espadachín ya lo tenía en sus brazos y caminaba con él.

–¿Podrás apoyar tu cabeza en mi pecho? –Le preguntó agachándose para apoyar el cuerpo de Takao en sus piernas, mientras cogía el candil en la mano, poniéndose de nuevo en pie–. Ahora, agárrate a mi cuello –le sugirió. Mientras caminaba, le miró con dulzura. Se fijó en la expresión pálida de Takao quien mantenía los ojos cerrados y apretados. Seguro que quería quitarse esa sensación tan horrible de mareo, pero no podía– ¿Cómo se te ocurre hacer una locura así?

–No tenía hambre y perdí la noción del tiempo.

–¿Sabes? Me harías muy feliz si ahora fueses a la cocina y comieras algo. –le hizo saber con palabras sedosas.

–Yo no hago feliz a la gente. No sirvo para eso. –aclaró.

–Si eso es lo que piensas, es que no eres tan listo como yo pensaba. –comentó.

Tras unos minutos de silencio, el joven de cabellos azules articuló unas palabras– ¿No deberías de estar vigilando a los ladrones?

–Es más grata tu compañía y si por mí fuera, estaría aquí hasta que amaneciera contigo.

El menor abrió los ojos, mirándole fijamente. Sus ojos se encontraron y el que lo cargaba en sus brazos le sonrió– ¿Qué sucede?

–Eres muy amable conmigo. ¿Por qué?

–Me caes muy bien. Eres una buena persona, o al menos lo creo –detuvo sus pasos al mirar al frente–. Esta debe de ser tu casa.

El menor miró hacia el lado, viendo la puerta principal–. Lo es. Ya me encuentro mucho mejor. Gracias. Puedes bajarme.

–Una lástima, cargaría contigo toda la noche si fuera necesario.

–Los brazos te dolerían por el esfuerzo.

–Aún así, merecería la pena pasar por eso –vio cómo el menor le miraba con ojos más brillantes y parecía sonrojarse. Eso indicaba desde luego que si estaba mejor–. Cuando te sonrojas tu belleza se resalta, incluso cuando peleas con una vara en la mano, eres totalmente irresistible.

Takao en lo único que podía pensar es en sí toda esa palabrería era un simple viejo truco para intimidarlo o si decía lo que sentía. Pronto fue descargado en el suelo con lentitud y le fue entregado el candil en la mano–. El deber lamentablemente me llama. Nos volveremos a encontrar –le hizo una reverencia.

–Zorro –le interrumpió, llamando la atención de éste–. Gracias por todo. Me has sido de mucha ayuda.

–Siempre estaré a tu disposición –le sonrió retrocediendo en su paso–. Adiós.

–Adiós –le despidió con la mano, dándose media vuelta para después entrar en la casa alumbrando con el candil.

&&&Kai&Takao&&&

El Zorro estaba montado en su caballo desde la distancia, haciéndole unas caricias sobre el cuello al caballo, miraba hacia la luz encendida proveniente de la casa, más concretamente del cuarto de Takao. Había ayudado a Takao a sentirse un poco más aliviado y puede que mejor consigo mismo, pero le faltaba saber el motivo de porqué se sentía así y si no se enteraba de una forma, mañana se enteraría de otra. No había podido esperar hasta el día siguiente para ver el estado del menor y ahora se alegraba de haber estado ahí esa misma noche.

Claramente vio cómo la luz que desprendía el candil en la habitación, se apagaba y se quedaba todo a oscuras–. Es un poco patoso en lo que a destreza con las "espadas" se refiere, y tiene un genio de mil demonios cuando se enfada, pero no le cambiaria por nadie, Tornado –le decía al caballo quien sabía su secreto–. Venga –cogió las riendas–. Volvamos a casa –le indicaba dándole una pequeña patada y haciendo un sonido con la boca para que comenzase a andar por la oscuridad.

&&&Kai&Takao&&&

El joven Kane salió de su habitación. Tenía una sed espantosa por tanto comer jamón esa noche, así que se iba a refrescar la garganta. Con un candil en la mano, se dirigió a la cocina. Aunque parecía todo de noche y a oscuras distinto, sabía más o menos por donde quedaba. No tuvo más complicación para él. Pronto llegó y se sirvió un vaso de agua.

Después de bebérselo, subió las escaleras de nuevo y caminó por el pasillo no sin antes mirar hacia la puerta de la habitación de Kai. Sonrió, al recordar la costumbre de su compañero al quedarse dormido en la cama. Siempre dormía abrazado a la almohada o sino no podía dormirse, y eso a él le causaba mucha gracia. No todo el mundo hacía eso. Al menos él no.

Así que con pasos sigilosos caminó hasta la puerta de éste. No pretendía despertarlo y menos a esas horas de la madrugada. Simplemente quería recordar viejos tiempos. Abrió con cuidado de no hacer mucho ruido la puerta, asomando el rabillo del ojo por la rendija abierta. Era insuficiente, sin luz en la habitación no podía ver nada. Así que abrió más la puerta y acercó un poco el candil hacia el interior de la habitación para así poder ver con más claridad. No veía nada, pero se fijó en que su amigo no estaba en la cama. Eso era raro, porque la cama estaba arrugada y desecha, de eso no había duda.

Cerró la puerta y se dirigió a su habitación. Ahora que lo pensaba, quizás Kai estaría en el servicio, porque... ¿dónde iba a estar sino? Bueno, se había perdido la ocasión de ver a su amigo abrazar a una almohada, pero ya habría otras ocasiones por delante. Por ahora, solamente intentaría recuperar el sueño que la sed le había arrebatado de esa manera. Así que abrió la puerta y entró al interior de su habitación, esta vez para tumbarse en la cama y poder seguir con su sueño.

Continuará...

&&&Kai&Takao&&&

Gracias por sus reviews a:

Vampire Princess Miyu: Bueno, pues a ti te gustaría que Kane se robara a Takao, pero Takao parece estar celoso ya de éste por su acercamiento al otro. Y encima Yuriy quiere envenenarlo y parece que lo está consiguiendo. Habrá que ver que pasa ahora.

Darkekin: Pues me alegra mucho saber que te gustó la escena del tango, y no sé que más decirte porque se cortó el review al querer poner esa cara. Eso pasa siempre. Pero bueno, deseo que este capi te haya gustado tanto como te gustó el tango.

Misaki: Oh, pues no sé. Lo mismo lo contrata para que le enseñe a Max a tocar. Pero no creo que Kai vaya a tener mucho tiempo, ¿no? Bueno respecto a Kane, puede que un abrazo no signifique nada, pero a lo largo del capi pasan unas series de cosas que hacen sospechar al pobre de Takao.

S. H. Raiden: Bueno amiga, veré que puedo hacer con eso que me dijiste. Pero ya está habiendo la primera semilla del mal insertada en Takao, y quien las siembra, parece ser el señor de las tinieblas, o sino ya me lo dirás. Si no sabes a quien me refiero te lo digo claramente. Tu Yuriy gandaya, muajaja. A su paso irá destrozando cosas, pisará a gente, puede que en el siguiente capi no se vea todo, pero, muajaja... en los demás, ya verás que colección abarcará.

Valery Hiwatakinomiya: Pues sí, Takao está celoso, furioso y se siente de un millón de maneras como has podido leer. Menos mal que el Zorro le ha ayudado a sentirse mejor. Solamente habrá que esperar a ver cómo amanece y qué sucederá en el próximo capi.

Takaita: Bueno hermanita, ya me dieras que piensas de todo esto. En principio te digo que me gustó mucho que te gustaran mis regalos y aunque éste no está dedicado a nadie, espero que te guste igual.

Gabychan: Pues aquí Takao ya está celoso y de muchas más formas. Y bueno, Kai parece estar muy unido a su amigo, ¿no? Vamos a ver qué pasará en el próximo capi.

Wuonero: Pues no amigo, no recibí nada. Pero entiendo lo que pasa cuando uno trabaja y no pasa nada si no me pudiste dejar todos esos comentarios como tú hubieses querido. Con saber que lo leíste y te gustaron los capis para mí es suficiente.

Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.