Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen –ai
"Pensamientos"
–Diálogos.
EL ZORRO
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
Varias eran las personas que esperaban a la salida de la cárcel, entre ellos estaban Kane y el señor Kinomiya. Todos esperaban con impaciencia a que sus familiares fueran puestos en libertad. Ahora se podía escuchar el trinar de los pájaros por el silencio tan grande que había en el pueblo en estos momentos. Nadie salvo ellos, estaban en la calle.
No hacía mucho que el sol había salido ya, pero para ellos parecía una eternidad esa espera. Pronto escucharon un ruido proveniente de la puerta. Ésta hecha de hierro se abrió y dejó ver a unos de los hombres que habían sido presos. Después salieron la mujer y el hombre, cada uno abrazando a sus familiares, y por último y más remolón mientras bostezaba, Kai.
–Hijo –tan pronto escuchó las palabras de su padre, Kai abrió los brazos recibiéndole– ¿Te encuentras bien?
–Claro, muy bien –le correspondió el abrazo mirando a Kane con una sonrisa.
El padre se separó un poco de él para poder mirarle–. Deja que te vea –lo examinó–. Estás horrible.
–Gracias. Me lo tomaré como un cumplido viniendo de mi propio padre. –bostezó–. Mejor regresemos a casa o me dormiré en el camino, no estoy acostumbrado a madrugar –pasó el brazo por encima del hombro de su padre, para así poder comenzar a andar.
–Hemos venido en el carro, así podrás descansar por el camino. –Le abrazó de igual manera.
–Lo primero que quiero hacer es darme una ducha, comer algo y después ya veré.
Continuaron hablando hasta llegar al carro, donde ambos chicos se sentaron en la parte trasera para poder hablar, ya que Kane no había abierto la boca desde esa mañana para hablar con Kai. Éste sabía que era por educación hacia su padre.
–¿Estás bien? –preguntó susurrando con la intención de que el padre de su amigo no se enterase de nada.
–Sí –miró de soslayo a su padre– ¿Cómo te fue con él?
–Al principio le sentó mal, ya sabes, una reacción típica. Pero después lo entendió y conseguí que comiera un poco. Aunque creo que no habrá podido dormir mucho por la preocupación. Eres todo lo que tiene. –reconoció.
Apoyó su cabeza en la madera–. Lo sé y debí de haber pensando un poco más en mis actos, pero no me pude contener.
Le cogió de la mano–. No te angusties, ya ha pasado todo. De nuevo estás libre –le recordaba.
Silenció un momento– ¿Sabes qué? Estaré mejor después de esa ducha, de esa comida y cuando vayamos a caminar. Tengo que enseñarte muchas cosas, ¿recuerdas?
–Claro –le sonrió–. Sólo espero que estés en forma.
–Jajaja. ¿Qué quieres decir con eso?
–¿Yo? Es más que obvio. Las subidas por las montañas no son tu fuerte. Jajaja.
&&&Kai&Takao&&&
Ya se había duchado y había comido. Ahora tocaba la parte más difícil, decirle a su padre que se iría con Kane a enseñarle los terrenos como le prometió ayer.
Los dos jóvenes se detuvieron frente al hombre que miraba en el despacho unos papeles.
–¿Qué sucede Kai? –ninguno había dicho nada, pero el señor Hiwatari conocía demasiado bien a su hijo y sabía que cuando lo buscaba a su despacho y se quedaba parado frente a él, es que algo quería.
–Me gustaría cumplir la promesa que le hice ayer a Kane. –El padre le miró–. No pasaremos por el pueblo, lo rodearemos por si hoy es día de impuestos.
–Por favor señor –intervino Kane–. No tengo en mis planes quedarme aquí mucho tiempo y me gustaría conocer un poco más el lugar del que tantas veces me ha hablado su hijo.
Suspiró–. No os acerquéis al pueblo –sonrió, aunque con algo de preocupación–. Podéis ir.
Ambos jóvenes sonrieron–. Gracias papá.
–Gracias, señor Hiwatari.
–De nada. Tened cuidado y marcharos antes de que me arrepienta –fue lo último que dijo antes de ver cómo los dos jóvenes salían por la puerta.
&&&Kai&Takao&&&
Abandonaron la casa del bicolor a pie para subir por los senderos de las montañas. Quería enseñarle a su amigo la naturaleza, las plantas, los animales que se escondían entre los arbustos, los árboles, por donde pasaba el río... todo aquello que tantas veces le había descrito. El joven de ojos azules estaba maravillado por tanta belleza del paisaje, aunque subían senderos por las montañas y no paraban de andar, no le importaba, porque era compensado con ese regalo para la vista. Aunque le sorprendía que Kai con lo fatigado que siempre se había mostrado en España, no lo estuviera ya.
–Parece que haces ejercicio –comentó Kane.
–¿A qué te refieres? –preguntó sin detenerse.
–A que no has jadeado ni una sola vez de cansancio.
–No hace tanto que hemos comenzado a andar.
Sacó su reloj de bolsillo–. Más de tres horas.
Al escuchar eso se detuvo–. Supongo que puede más mi entusiasmo que mi cansancio. Pero si estás cansando... –no le dio tiempo a finalizar su frase, cuando fue interrumpido por el otro joven.
–En absoluto. Me apetece seguir contemplando este maravilloso paisaje –llenó los pulmones de aire fresco–. Aire puro.
–Muy bien –le comentó animado–. Entonces prosigamos.
El joven de cabellos azules miró hacia su izquierda y detuvo sus pasos para escuchar mejor ese ruido que provenía de esa dirección– ¿Eso es el río?
–Sí, va por ahí –señaló el sitio exacto con su dedo índice.
–Quiero verlo –le dijo como si fuera un niño pequeño corriendo hacia ahí–. Que agua más limpia –se agachó para meter su mano en el agua y sacarla–. Parece más bien un arroyo.
–Es que aquí es más estrecho, pero más arriba está más ancho y hay un poco más de corriente.
–Quisiera verlo– le pidió.
–Pues vamos a seguir este sendero –le indicó, siguiendo río arriba un camino que al parecer los animales habían hecho hace años atrás para saciar su sed.
&&&Kai&Takao&&&
–Tras esos árboles, el río está más ancho –le decía guiando el camino. Salió de las sombras de los árboles para salir a la claridad del sol. Cuando lo hizo se detuvo. Kane le sonrió, pero al mirarle, borró su sonrisa para ver cómo su amigo parecía estar ahora serio, mirando hacia el frente. ¿Qué era lo que le pasaba? Pronto lo comprendió al ver frente a ellos, al otro lado del río a Takao, sentando en un tronco, bajo la sombra del cerezo con el Teniente sentando frente a él, entregándole una rama llena de flor de cerezo. Estaban ellos dos solos, sin que nadie los pudiera molestar u observar.
El Teniente procedía a acariciarle la mejilla, mientras que el joven de cabellos azules agachaba la cabeza, aceptando esa rama en la mano, oliendo esas flores. Quizás lo que le molestaba a Kai no era la cercanía que pudiera tener ese pelirrojo con Takao, sino el ver cómo Takao se dejaba tocar de esa manera por un Teniente... por otro hombre... cosa que nunca le creyó capaz de hacer.
Kane sólo podía observar ambas escenas. La que tenía frente a sus ojos y la que tenía al lado, que era la de su amigo. La verdad es que en esos momentos era difícil de leer las expresiones de Kai. Parecía serio, enfadado, como si no le importase lo que estaba viendo, aunque él sabía que no era así por la forma en la que Kai siempre hablaba de su prometido. Pero por otra parte parecía decepcionado, afligido, triste, muy decaído, sólo él sabía lo que estaba pensando en esos momentos.
El verlos ponerse en pie hizo a ambos jóvenes ocultarse en las sombras de los árboles. Sólo vieron cómo cogidos del brazo iban caminando río arriba. Kane apartó sus ojos de ellos para fijarse en que Hiwatari estaba apoyado en el tronco de un árbol con los brazos cruzados.
–Kai –pronunció su nombre con suavidad. El bicolor sólo lo miró con una sonrisa, aunque Kane sabía que no articularía ahora mismo palabra– ¿Qué te parece si vamos a ver las cosechas? –le preguntó, después de todo estaba en dirección contraria. No habría más montañas que subir, simplemente sería caminar por lo llano. El bicolor asintió y fue el primero en caminar para ser el guía.
&&&Kai&Takao&&&
Tanto caminar por las cosechas les cansó, así que se detuvieron y se sentaron en unas piedras que había en mitad de un pasto verde, frente a las cosechas de maíz. No había articulado muchas palabras después de lo que habían visto.
–Kai, lo siento –decidió hablar por fin Kane.
–Tú no tienes la culpa de nada. –habló algo decaído.
–¿Cómo qué no? Si yo no hubiese querido que me enseñaras el río...
–Kane, tú no tienes la culpa de lo que hemos visto. Ninguno de los dos la tiene.
–No entiendo como el Teniente se atreve a acercarse a Takao, a un hombre comprometido. –decía al comprender la situación.
–Yo sí –silenció unos segundos frunciendo el ceño–. Me lo advirtió una vez. No pararía hasta conseguir a Takao y al parecer, eso es lo que está haciendo.
–Pero Takao... él no debería dejarse conquistar por otro que no seas tú.
–Kane –arrancó con su mano un poco de hierba del suelo–. Esto del compromiso... a mí me viene bien porque Takao me gusta, pero quizás él –silenció unos segundos, pensando detenidamente en lo que iba a decir, antes de continuar– Si no corresponde el sentimiento, y ama a otra persona... –al escuchar sus mismas palabras, recordó esa noche en la que peleó contra Takao en la caseta del viejo establo, ahora reformada, con un palo en la mano. El joven de cabellos azules le había dado a entender que estaba enamorado y no era correspondido–. Quizás quiera estar con el Teniente más de lo que yo habría pensado.
–Te equivocas –le sugirió su amigo–. No lo creo, cuando está contigo se le ve algo en la mirada, como chispa. No creo que sienta nada por el Teniente. –era su pensamiento.
–Pues entonces Takao ha de estar muy enfadado conmigo por algo que he debido de hacerle sin querer. Él no actúa si no siente las cosas, es muy sincero. –le hizo saber.
–Kai, ¿vas a dejar que el Teniente te quite al hombre del cual estás enamorado?
–Poco puedo hacer frente a un Teniente, ya lo has visto –sus palabras eran de resignación.
–Puede que tú no puedas hacer nada frente a ese Teniente, pero yo... –intentó explicarse, pero rápidamente Kai le miró a la vez que le interrumpió.
–Tú no vas a intervenir, esto es algo entre yo y ese pelirrojo. ¿Está claro?
En sus ojos vio decisión y no pudo seguir con sus ganas de participar–. Está bien, será como tú quieras que sea, pero no será por falta de propuesta. Si esto te supera en algún momento, ya sabes que estaré aquí para ayudarte.
Le sonrió–. Gracias. Eres un gran amigo, pero creo que me las arreglaré yo solo por el momento.
–¿Puedo darte un consejo?
–Claro.
–Confiésale a Takao tus verdaderos sentimientos –silenció unos segundos–, o me temo que terminarás por perderle definitivamente. Si hay un rastro de duda en su corazón y éste crece día a día, será más difícil que puedas convencerle de que tú eres mejor que cualquier otro hombre –esas palabras tan sabias fueron interrumpidas por el sonido de su estómago, rugiendo por el hambre.
No pudo evitar reír– ¿Tienes hambre?
–La verdad es que sí. –no tuvo más remedio que reconocer, avergonzado.
Se puso en pie–. Vamos, volveremos a casa –miró al cielo–. Ya ha de pasar del mediodía.
Se puso en pie y miró su reloj de bolsillo–. Son las tres.
–Vaya, si que se pasa el tiempo volando –le comentó, empezando de nuevo a andar.
El que era de su misma estatura, le siguió de cerca– ¿Qué crees que comeremos?
&&&Kai&Takao&&&
El señor Hiwatari hablaba animadamente con la señora Kinomiya en el comedor, así fue como se los encontraron los dos jóvenes hambrientos cuando entraron por la puerta.
En el momento que se escucharon las pisadas en el interior de la habitación, tanto el señor de la casa como la invitada, desviaron su vista hacia una misma dirección.
–Vaya, menos mal que habéis regresado, empezaba a preocuparme –les confesaba el hombre.
Kane analizó la situación que estaba frente a sus ojos por unos segundos. Una hermosa desconocida estaba sentada en un sillón, frente al señor Hiwatari, sólo los separaba una mesita, la cual tenía encima una tarta que por el color diría que era de arándanos. La mujer los observaba con una sonrisa.
–No nos hemos dado cuenta de que era tan tarde –aclaró Kai, quien se acercó a la señora Kinomiya y con gracia le cogió la mano para depositar un beso en ella– ¿Cómo está? –preguntó el bicolor.
–Bien –le contestó sonriente.
–Nos ha traído una tarta hecha por ella misma, de arándanos, tu favorita –le explicaba el hombre, por si su hijo no había caído en ese detalle.
–Es todo un detalle por su parte, tiene una pinta deliciosa. –aclaró Kai mirando la tarta.
–Espero que también sea del agrado del joven –dijo la mujer, la cual miró a Kane, ampliando su sonrisa.
Ahora fue cuando cayeron en la cuenta de que no le habían presentado al joven de cabellos azules–. Huele de maravilla –confesó Kane.
–Kane, ella es la señora Kinomiya, la madre de Takao. –le presentó Kai.
El joven de ojos azules procedió a cogerle de la mano–. Un placer el conocerla, mi nombre es Kane, soy amigo de la familia –besó la mano con delicadeza.
–El placer es mío, joven –se puso de pie– Espero que la tarta sea del agrado de todos. Ahora he de regresar. Sólo había venido a traer este postre.
–No he visto el carruaje ahí fuera –comentó Kai.
–He venido andando –le contestó.
–Si quiere puedo acercarla hasta su casa. –seguía hablando el bicolor.
Se acercó a Kai y le sujetó la barbilla–. Gracias por tu ofrecimiento Kai, pero volveré dando un paseo.
–Como quiera.
–Le acompañaré hasta la puerta –se ofreció el padre del bicolor.
–De acuerdo. Adiós chicos, un placer el poder conocerte. –Esta vez se dirigió a Kane–. Quizás en otra ocasión nos volvamos a ver.
–Eso espero –le hizo una reverencia.
Salió del comedor acompañada del señor Hiwatari, dejando a los dos cansados jóvenes en el comedor.
–Así que esa es tu futura suegra. Es muy hermosa. –decía Kane.
–Es una mujer muy amable y detallista –finalizó la frase al sentarse en el sillón.
Kane miró la tarta–. Será un buen postre –celebró con entusiasmo.
&&&Kai&Takao&&&
–Adiós señor Hiwatari.
–Adiós señora Kinomiya, dele recuerdos a su esposo de mi parte.
–Así lo haré –abrió su paraguas para evitar que el ardiente sol de la tarde le pudiese quemar su delicada cara. Echó a andar mientras pensaba.
"Así que ese joven es el famoso amigo de Kai... es muy apuesto la verdad, y también está bien educado. Ahora entiendo porque mi hijo estaba tan angustiado aunque no quisiera reconocerlo. Si Kai pasa la mayor parte del tiempo ahora con él, es posible que mi hijo se sienta un poco desplazado. Creo que ha de sentirse celoso en ese aspecto."
Miró al cielo–. Mi querida amiga, ya falta menos para que nuestros hijos estén unidos en sagrado matrimonio.
&&&Kai&Takao&&&
Yuriy había dejado a Takao en mitad del camino. Al parecer, el joven de cabellos azules pretendía dar un paseo desde ese punto hasta su casa. El pelirrojo no tuvo más remedio que obedecer y decir que su tiempo libre se había agotado y debía de dirigirse hasta el cuartel.
Bajó del carruaje y pasó al interior del cuartel. Estaba un tanto solitario, aunque eso poco le importaba, seguro que los soldados debían de estar trabajando en algo que les hubiera mandado el comandante en su ausencia. Con él precisamente quería hablar para comentarle una pequeña cuestión. Sus pasos iban directos hacia el despacho del comandante.
Se detuvo frente a la puerta una vez que llegó y tocó un par de veces. Al no recibir respuesta se limitó a abrirla. Como imaginaba al no recibir la respuesta, no había nadie en el interior, quizás debería mirar en la habitación del comandante.
Con pasos de nuevo firmes, caminó ahora hasta la habitación del comandante. Se detuvo frente a la puerta. Escuchaba voces en su interior... No... No eran voces... Eran... jadeos... Se detuvo un poco a pensar si interrumpir a su superior en mitad de un acto que parecía hacerle tan feliz o sin embargo, interrumpirle por solo ese simple hecho.
Mientras se demoraba en pensar si tocar la puerta o no, sonrió al escuchar cómo parecía llegar al clímax de la cuestión y finalmente silencio. Sonrió pícaramente. Se imaginaba que algún día así trataría él a Takao, pero ese no era momentos de fantasías. Debía de aprovechar ese momento para explicarle cosas y ya de paso, ver con quien estaba su superior. Tocó la puerta un par de veces.
–¿Quién es? –escuchó preguntar.
–El Teniente –respondió.
–Puede pasar. –Era más que obvio que estaría cansado por el ejercicio, así que no esperaba que le abriese la puerta.
Miró hacia ambos lados, para asegurarse de que nadie lo estaba mirando y entró, cerrando la puerta tras de sí y apoyándose en la misma.
Intentó borrar su sonrisa al ver a dos mujeres abrazadas al comandante, una a cada lado, tapada hasta los pechos. Dos mujeres, ¡je! Su comandante parecía ser bien activo en la cama.
–¿Ocurre algo? –preguntó tranquilo su superior.
–Venía a informarle de un par de detalles.
–Señoritas, dejadnos a solas al Teniente y a mí. Os haré llamar cuando nuestra conversación haya concluido.
El pelirrojo puedo ver como las dos mujeres, cada una por su lado, se tapaba con una sábana distinta y se retiraban del lugar, ocultando su cuerpo y saliendo de la habitación por otra puerta.
–Habla, te escucho –le dijo con su miembro desnudo al aire, sin sábana que lo cubriese.
–Si no se tapa, se puede resfriar –le comentó con gracia.
El Comandante por su parte procedió a ponerse encima una almohada–. No me digas que te incomoda ver algo así, cuando vas detrás de un hombre. Por cierto, ¿cómo va?
–No va nada mal –se cruzó de brazos–. Poco a poco y me lo ganaré. Pero no vengo a hablar de mis amoríos, sino de algo mucho más interesante.
–Claro, aunque si te aburres, puedes unirte a la fiesta con las señoritas. –le aclaró con una sonrisa pícara.
–Tentadora es la oferta, pero prefiero aguardar. –decía con una sonrisa cómplice.
–Bien, dejemos eso a un lado y háblame de lo que en verdad interesa.
–Tengo un plan –sonrió con malicia.
&&&Kai&Takao&&&
Tras la cena, los dos jóvenes se sentían agotados de ese paseo. Lo único que deseaban era poder irse a la cama. Claro estaba que no lo hubieran hecho sin cenar antes, así que tuvieron que esperarse a eso y para hacer tiempo, jugaron a varias partidas de ajedrez.
–Nunca se me ha dado bien jugar al ajedrez, y lo sabes –se quejaba Kai.
–Pero yo pensaba que algo habrías aprendido en este tiempo.
–No le dedico mucho tiempo, ese es el problema.
–Mi hijo no es muy aficionado al juego de mesa. –decía el padre de Kai, quien pasaba por ahí en ese momento.
–Pues mañana te reto a jugar de nuevo, ¿qué me dices? –preguntó Kane animado.
–Que suena tentador, pero no, jajaja. –fue la respuesta del bicolor.
–Jajaja, sabía que me responderías eso y no te culpo. –decía Kane entre risas, viendo como el padre de Kai tomaba asiento en el sofá del comedor.
Se encogió de hombros–. En cualquier caso, estoy cansado y creo que lo mejor será irme a la cama.
–Yo pienso igual.
–Estos jóvenes de hoy en día no aguantáis nada –reprochó el hombre–. Apenas son las diez de la noche.
–Hora de que los niños se vayan a dormir –le respondió el bicolor. Se puso de pie y dejó que su mano cayera sobre el hombro de su padre–. Buenas noches.
–Buenas noches.
–Yo te sigo –dijo el joven Kane levantándose de la silla–. Buenas noches señor, y gracias por la cena, como siempre estaba deliciosa.
–Tenemos una excelente cocinera –sonrió–. Buenas noches a ti también, Kane.
Los dos jóvenes subieron las escaleras. Kane sabía que este día estaba siendo muy pesado para el blanquecino. Si pasar el día anterior en la cárcel debía de ser un golpe duro, el ver al joven de cabellos azules con el Teniente en unas posturas algo acarameladas debía de ser todo un palo para él.
–Kai –pronunció su nombre con algo de preocupación.
–Dime –respondió, sin dejar de caminar hacia la puerta de su habitación.
–¿Estás bien? –le preguntó parándose frente a la puerta de su habitación.
–Sí, no te preocupes. Sólo necesito dormir, y mañana será otro nuevo día –respondió, sabiendo a que se refería su amigo con esa pregunta.
–Está bien –le contestó.
–Buenas noches –le despidió con una sonrisa antes de entrar a su habitación.
–Buenas noches –lo hizo de igual manera.
Procedió a tumbarse en la cama boca abajo, estaba hecho polvo por la caminata y no sabía si podría llegar a dormir al pensar en el sufrimiento de su amigo por su prometido. Cerró los ojos y suspiró. Había caído al azar sobre la cama, pero había caído a gusto y casi sin darse cuenta se quedó dormido, hasta que él mismo se sobresaltó por haberse quedado dormido y no darse cuenta de ello.
Abrió los ojos y se encontró en la misma postura. El candil que estaba encendido sobre la mesita de noche, seguía encendido. Olvidó por completo apagarlo al entrar y ahora que se miraba la mano y veía la manga de su camisa, también había olvidado desnudarse. Se incorporó pesadamente sobre la cama. Sacó su reloj de bolsillo del bolsillo trasero de su pantalón. Sus ojos no podían dar crédito a lo que estaban viendo. Habían pasado más de cuatro horas. ¡Je! Y eso que no sabía si podría dormir.
¿Kai habría logrado conciliar el sueño? La verdad es que le picaba la curiosidad, él probablemente estaría bien despierto por darle tantas vueltas a la cabeza. Charlaría con él, para demostrarle que no estaba solo.
Se puso de pie, cogió el candil en la mano y con sigilo abrió la puerta de su habitación, como la otra noche lo había hecho. Caminó hasta la puerta del otro joven y la abrió con cuidado de no hacer mucho ruido. Dirigió la luz del candil hacia el interior de la habitación y de nuevo pudo ver la cama vacía.
–Kai –lo llamó en voz baja. Quizá estaría en el servicio, pero eso sería mucha coincidencia ¿no? Sea como fuere, él no se iba a quedar con la duda esta vez. Así que caminó hasta la puerta del cuarto de baño y la tocó un par de veces–. Kai, ¿estás ahí? –preguntó, pero no hubo respuesta. Su amigo no estaba ahí o de lo contrario le hubiese contestado de inmediato. ¿Dónde estaba Kai? Si no estaba en su habitación, ¿quizás en la cocina? ¿En el comedor? Lo buscaría y hablaría con él sobre lo que necesitase hablar el blanquecino de piel.
&&&Kai&Takao&&&
El hombre enmascarado iba a lomos de su caballo Tornado, estudiando la tranquilidad de la noche. Tornado iba al paso que su dueño le había inculcado, un simple paseo para un caballo, tampoco era conveniente no hacer correr a Tornado sin una buena excusa, eso era lo que pensaba su dueño.
–Hay demasiada tranquilidad esta noche, ¿tú qué opinas? –Le preguntó escuchando el relincho del caballo–. Eso pienso yo –le dio una suave palmada en el cuello–. Sólo un poco más, y si no, regresamos –de nuevo escuchó el relincho de Tornado.
No llevaría más de cinco minutos cabalgando cuando vio algo en su camino. Una luz que por el color que desprendía, debía de ser una antorcha. Eso quería decir que alguien estaba ahí. Tendría que ser cauto, por si se trataba de un ladrón. No sabía si era casualidad, pero creía que la luz caminaba hacia él, que no se estaba quieta, eso era extraño.
Poco a poco por el resplandor del fuego, pudo ver que se trataba de un hombre. Un pueblerino era quien sujetaba la antorcha encendida, tenía un papel enrollado enorme en una mano. Se detuvo frente a él, ¿qué hacía ese hombre a esas horas de la noche en mitad de la nada? Ahora pareció desenrollar ese papel y mirarlo.
–Tú eres el Zorro –habló con decisión pero sus gestos temblorosos lo traicionaban. Enrolló el papel de nuevo y se lo metió en la chaqueta, sacando a cambio un tarugo* de madera bien grueso–. Por favor, entregaos y no os haré daño.
El Zorro no daba crédito a lo que escuchaba. Ese hombre parecía estar totalmente solo ahí– ¿Sólo usted pretende capturarme?
–Mi valentía me sobra, señor. Así que por favor, le pido que baje del caballo.
–No tengo intención de hacerlo. Es mejor que cada uno siga su camino, ¿no le parece?
–No –sacó el papel del interior de su chaqueta, mostrándole la enorme foto que había en ella–. Si yo no lo hago, lo hará otro.
–¿Sólo por una recompensa intenta capturarme? –era más que evidente la respuesta que le daría ese conocido y ahora intentaba ver claro el plan del Teniente contra él.
–Es evidente –le contestó tragando saliva con dificultad.
–No tiene entonces nada contra mí, ¿verdad? –El hombre sólo lo miraba temeroso–. Muy bien –procedió a tocarse el cuello y acto seguido se cogió un extremo de la capa y se la dejo caer haciéndola un rollo sobre el lomo del caballo–. Si no tenéis nada contra mí. Esto os ayudará a usted y a su familia por un tiempo –le lanzó al aire algo que el campesino no logró coger con lo cual cayó al suelo, cerca de sus botas. Así que se agachó a cogerlo, ¿que era aquello? Pesaba y relucía con la luz del fuego. Al ver la cara de confusión del hombre, el Zorro procedió a explicarle. –Es la cadena que sujeta mi capa, está hecha de oro. Vendedla por un alto precio, así podréis alimentar a vuestra familia por bastante tiempo. Otra cosa –ahora los ojos del hombre, lo miraban incrédulo–. Vos jamás os habéis encontrado conmigo y no sabéis de dónde ha salido esa cadena, ¿entendido?
–Sí, señor –respondió.
–Bien. La noche es tranquila, así que me marcharé.
–Señor –le interrumpió, cuando ambas miradas parecieron cruzarse, el hombre siguió con sus palabras–. Gracias, pero tenga cuidado.
–Lo tendré –con unos suaves movimientos y unos ruidos extraños, indicó al caballo que se diera media vuelta–. Esta noche podrá volver con su familia, con algo en las manos. Tenga cuidado en el camino. Vamos, Tornado ¡jia! –salió corriendo de allí, perdiéndose en la oscuridad de la noche.
–Bendito seas, Zorro –fue las últimas palabras que susurró antes de proseguir su camino hacia su hogar.
&&&Kai&Takao&&&
Mientras galopaba a lomos de su caballo, ahora lo tenía todo más claro. El Teniente no pretendía ser el que se manchara las manos intentando capturarlo, ni siquiera los soldados. Había trazado un malévolo plan para que así el pueblo se volviera en su contra y le pudieran dar caza. Hoy se había librado de tener que enfrentarse a un hombre que conocía y sabía que era bondadoso, ¿pero quién le tocaría mañana? ¿Y pasado?
También estaba claro que no podía darle pertenencias a todo el pueblo aunque lo quisiera. ¿Qué podía hacer? Aunque fuese peligroso, sólo se le ocurría una cosa. Devolver tantas veces fuera necesario el dinero de las contribuciones a su pueblo. Pensaría en todo esto y cuando tuviese un plan, actuaría sin perder más tiempo.
Pero lo primero era hacer que la gente no se volviera contra él, aunque el hambre le jugaba a todo el mundo malas pasadas y eso sería difícil de controlar. Aunque él lucharía por su pueblo y si debía morir por esa causa, lo haría. Total, ya parecía que todo estaba perdiéndose con Takao, así que ya le daba igual arriesgarse más o menos.
&&&Kai&Takao&&&
Kane subía las escaleras de la casa en silencio, alumbrándose con el candil. Había estado mirando en la cocina, el comedor, la despensa, incluso en el garaje de los carruajes... pero no había ni rastro de Kai. Se asomó por las ventanas, retirando las cortinas hacia los lados, para ver si estaba fuera, pero no lo veía. ¿Dónde estaba Kai?
Se estaba empezando a preocupar en demasía porque el mismo bicolor le había dicho que ir de noche solo, ahora era peligroso por los ladrones que acechaban la zona. ¿Habría ido a dar un paseo? No es que fuera algo del otro mundo, pero... había algo raro en todo eso, simplemente no era el estilo del bicolor.
Cruzó el pasillo y se detuvo frente a la puerta de la habitación del blanquecino. La abrió de nuevo esperando encontrar a su amigo ahí. Quizás mientras él estaba en un punto de la casa, Kai había subido las escaleras y estaba ahora en su habitación. Pero no era así, estaba totalmente vacía y la cama desecha, como antes se la encontró. Miró de nuevo hacia la puerta del aseo. Ésta vez la abriría para asegurarse de que el bicolor no estaba dentro.
Con paso seguro, se acercó a la puerta y cogió el pomo, dispuesto a girarlo, suavemente... empujó hacia dentro con el mismo tacto y pegó un pequeño respingo al encontrarse con su amigo con la mano en el pomo, abriendo la puerta.
–¡Dios, qué susto me has dado! –le habló en voz baja. Lo miró de arriba abajo. Kai tenía el torso desnudo y el pantaloncillo blanco como pijama, típico de la época.
–Anda que tú a mí. ¿Qué haces aquí? Y vestido –observó– ¿Vas a alguna parte?
–No, claro que no –soltó el pomo de la puerta y dejó a su amigo salir– ¿Dónde has estado tú?
–¿Yo? Pues aquí. ¿Dónde quieres que esté?
–¿Todo el tiempo?
–Sí –esa pregunta era sospechosa, quizás su amigo Kane había estado ahí antes, así que diría algo... ¿convincente?–. No me encontraba muy bien por todo este asunto. No podía dormir, así que llené la bañera de agua y metí la cabeza varias veces en ella. Ese baño me ha relajado mucho. –Le sonrió– ¿Y tú qué haces aún vestido?
–Me he quedado dormido así, encima de la cama. Jajaja, qué torpe, ¿verdad? –Su amigo le sonrió caminando hacia la cama–. Bueno, supongo que ahora has de estar cansado, recién duchado y la cama a unos pasos... creo que dormirás bien esta noche.
–Eso espero –se tapó la boca y bostezó.
–Entonces me voy a dormir yo también. Qué descanses.
–Así lo haré –se sentó en la cama–. Gracias por preocuparte por mí, pero no es necesario.
–Ey, ¿para qué están los amigos? Buenas noches –abrió la puerta.
–Buenas noches.
Tras cerrar la puerta, Kane se apoyó en ella y dio un pequeño suspiró. Kai por su parte se tumbó en la cama, y miró hacia el techo, aunque sólo viera oscuridad. Suspiró aliviado al pensar que se había librado de ser descubierto, aunque él conocía a su amigo y sabía que ahora más que nunca debía de andarse con ojo. De no ser porque llegó justo a tiempo y le dio tiempo a quitarse la ropa, Kane posiblemente hubiese sospechado sobre él.
Kane se separó de la puerta y la miró por unos segundos. "Así que una ducha, metes la cabeza bajo el agua pero sin embargo, tus cabellos están totalmente secos... ¿Qué es lo que me ocultas Kai?", con ese pensamiento en mente, decidió apartarse de la puerta. Mañana investigaría que era lo que le pasaba a su amigo, porque una noche podía pasar de largo, pero ¿tantas? Ahí pasaba algo raro y él lo iba a averiguar antes de marcharse. Caminó hasta su puerta y la abrió, desapareciendo del pasillo.
&&&Kai&Takao&&&
Hacía una mañana bastante soleada. Los niños jugaban en las calles por ser hoy sábado y no haber día de colegio. Algunas madres vigilaban a sus pequeños, otras los dejaban al cuidado de alguien mientras compraban lo que necesitaban.
El carruaje del Teniente se detuvo en un callejón de la plaza. Bajó de éste, extendiendo su mano para ayudar a bajar al joven de cabellos azules.
–Gracias. –añadió Takao.
–Siempre es un placer –le sonrió– ¿Has traído el dinero?
–Sí –le soltó de la mano–. Teniente, ¿no le parece algo excesivo el precio que debemos de pagar los pueblerinos?
–Demasiado excesivo mí querido Takao. Pero por desgracia he de acatar las órdenes de su alteza, para ello me instruí en el ejército, para servirle y serle fiel hasta el fin de mis días. Claro que, de haber sabido que existías, jamás hubiese luchado por este puesto.
–¿Por qué? ¿No os gusta el poder?
–El poder no es más grande que el amor que siento por ti –le declaró. Se acercó al sonrojado Takao para susurrarle al oído–. Si yo fuera rey, dejaría mi corona por ti –sonrió satisfecho al saber lo que eso significaría para Takao.
–Sois... sois muy amable –le habló con timidez–. Tengo que ir a hacer mis recados, pero esté tranquilo, iré a pagar la contribución que me dijo ayer.
–Takao –le cogió de la mano y lo llevó a una callejuela sin salida, apoyándolo en la pared. Lo sujetó con una mano de la cintura y con otra le sujetó la mejilla. Todo bajo la nerviosa mirada del joven de cabellos azules–. Sólo dime que aceptas mi proposición de no pagar las contribuciones y te juro que no tendrás que hacerlo. Yo mismo te apuntaré en la lista. Como te lo dije en un principio, tú no estás obligado a ello –dedicó su mirada a los labios carnosos del menor.
–Es usted muy amable, pero, no sería justo. Se lo he dicho muchas veces y espero que lo comprenda.
–Claro, haré lo que tú quieras –le sonrió y se agachó para besarle la frente con calma. Podía sentir cómo el otro aceleraba su respiración, estaba nervioso por la cercanía... procedió a bajar más abajo y mirarle a los ojos. Veía preocupación en ellos, así que le besó la mejilla de forma sonora. Con el dedo pulgar y mirándole de nuevo a los ojos le acarició los labios–. No hay prisa, ¿verdad? –le dijo al saber que sería una metedura de pata el perder los estribos ahí y besarle en los labios.
Takao negó con la cabeza y claramente sonrió, ahora se veía más aliviado. Así que procedió a separarse de él educadamente–. Mis asuntos me reclaman, pero te estaré esperando.
–De acuerdo.
Los dos salieron del callejón y cada uno tomó una dirección distinta.
&&&Kai&Takao&&&
Había movimiento por parte de los soldados, de nuevo hoy sería día de impuestos. Si al menos fuera una vez al mes, como lo era antes, les daría tiempo a recuperar el dinero, pero al paso que iban, morirían de hambre. Sólo esperaban que el rey no mandase subir la cantidad de las contribuciones.
Muchos aguardaban nerviosos en la plaza, viendo cómo todo se organizaba y cómo los soldados vigilaban no solamente la plaza, sino las entradas y salidas, como siempre.
–¿De cuánto crees que será esta vez la cantidad? –le preguntó Kane, viendo la cara de seriedad del Teniente al hablar con uno de sus soldados.
–Espero que no la haya modificado, porque no todo el mundo podrá aguantar un aumento –miraba con rabia al Teniente. Kane comprendía el porqué. Que te quitasen a tu prometido no era algo agradable.
–Esta vez si alguien ha de sacrificarse por otra persona para ir a la cárcel, deja que sea yo. Por lo que soy –dijo el joven de ojos azules.
–Tranquilo, no me sacrificaré, no lo podría hacer por todos. Así que tú tampoco lo harás –le advirtió, cuando fue interrumpido por el Teniente, quien estaba dispuesto a decir algo.
–¡Atención! ¡La contribución a pagar hoy, será de quince reales! ¡No me importa qué sea lo que deban de hacer para pagar esta cantidad! ¡Pero el rey exige la contribución de su pueblo! ¡Si no es así, aténganse a las consecuencias! ¡Comencemos! –Tras dar esa información a los pueblerinos, Yuriy se sentó en la silla.
–¡Formen tres filas! –anunció un soldado.
Takao llegó en ese preciso momento con una bolsa de papel en la mano. Miraba a su alrededor. La gente estaba haciendo tres filas, pero solamente su corazón se desbocó al ver a Kai. Sentía cómo de nuevo se le quería salir del pecho. No, no podía seguir permitiéndole eso a su corazón. Tenía que hacer que únicamente sintiera eso hacia el Teniente, el que le estaba comprendiendo y había hecho tanto por el hasta ahora.
Además, Kai no estaba solo, todavía le seguía acompañando su amiguito don perfecto. Lo mejor que podía hacer era incorporarse en otra fila en la que no estuvieran ninguno de esos dos. Cuanto más lejos mejor, así terminaría rápido y podría irse de nuevo con Yuriy. Seguiría evitando a Kai hasta que fuese necesario y su corazón no se comportase así al verlo.
Al llegar, miró antes en una de las filas para asegurarse de que ninguno de los dos jóvenes estaba ahí. Se apresuró entonces a ponerse en la segunda fila.
–¿Dónde nos ponemos? –preguntó Kane a Kai.
–Dónde haya menos personas. Mira esa de ahí –le indicó con el dedo índice una de las filas–. Ve, yo te sigo. Corre –le apresuró–. Antes de que se pongan más personas.
–De acuerdo –fue corriendo a la tercera fila. El bicolor se colocó en la primera y fingió que se le cayó una moneda al suelo. Cuando Kane se puso en la fila, varias personas se pusieron tras él. Se dio la vuelta, para hablar con su amigo, pero no lo vio. ¿Dónde estaba? Miró a las demás filas y lo vio en la primera– ¿Qué haces en esa? –le preguntó.
–Se me ha caído el dinero y cuando lo he recogido había ya personas detrás de ti, y ya estaba frente a esta fila. –miró hacia atrás–. No puedo irme ya de aquí, ni tú de ahí, o si no tendremos que volver a empezar.
Mientras las personas se situaban, el ejército empezó con su cometido, comenzando a apuntar nombres. Kai comprobó la distancia que le separaba de Kane, el joven de ojos azules estaba bastante más atrás que él, con suerte le daría tiempo a realizar su plan. Al pasear sus ojos por las filas, se dio cuenta de que un poco más hacia delante que él, en la fila de al lado, estaba Takao. Estaba tan atractivo.
Pese al ver la escena entre el Teniente y Takao, no se podía hacer todavía a la idea de que Takao se sintiera atraído por el Teniente. Es que no le cabía en la cabeza y no lo podía reconocer. Sabía a ciencia cierta que el Teniente no era trigo limpio y que con el tiempo haría sufrir al joven y eso no estaba dispuesto a permitirlo. Puede que como Kai, callase, pero como Zorro, no se dejaría ganar. ¿Qué debía de hacer ahora? ¿Llamar a Takao? ¿Pedirle explicaciones? ¿Decirle lo que había visto?
–Takao –le llamó casi inconscientemente.
Kinomiya sintió de nuevo cómo el corazón le daba esos pálpitos inesperados que solamente Kai conseguía crear en él. ¿Qué debía de hacer? ¿Le contestaba? ¿Lo miraba sin hablarle? Si no hacía nada, Kai se daría cuenta de que lo estaba ignorando y puede que más de uno notara eso, ya que siempre ambos jóvenes habían sido el centro de atención entre la multitud por sus futuros lazos matrimoniales. Optó entonces por girar la cabeza lentamente y sonreírle cuando lo tuvo a la vista.
El bicolor analizó su risa por unos momentos. Parecía tan distinta a su sonrisa sincera, era como si se sintiera mal por algo y no se atreviera a decírselo e intentara disimular lo que le pasaba realmente. No pudo decirle algo, ya que el menor volvió el cuello a su postura anterior.
Takao abrazaba la bolsa que contenía el pan, como si en ella pudiera coger alivio y sentirse mejor. Pero no sabía si realmente era así. Después de todo, cuando tenía a Kai lejos de él, pensaba de una manera. Sin embargo cuando lo tenía delante de sus ojos, sus actos eran otros, involuntarios quizás, pero así eran.
Las filas avanzaban y Kai ya rogaba porque él fuera el siguiente. Pero aún quedaban unas cuantas personas por delante de él. No pasaron más de diez minutos, los cuales fueron eternos, para que Kai pudiera dar su nombre y pagar la contribución. Al parecer Yuriy hoy ni le miraba, eso era algo a su favor, así podría irse sin levantar sospechas.
Miró antes a la tercera fila, para ver cómo su amigo miraba sobre su propia fila, hacia delante, intentando descubrir el porqué su fila estaba detenida desde hacía un buen rato y en cuanto a Takao... Hacía unos minutos que había pagado y ahora esperaba junto a la mesa, al lado de la tercera fila a que el Teniente se pudiera librar de su trabajo.
No había moros en la costa, así que esa era la ocasión. Se alejó con un grupo de personas, caminando por delante de ellas, para que así no fuera visto por los de detrás. Tomó la calle en la que había dejado el carro. Cuando dio con él, miró que la calle estuviera totalmente desértica, como había planeado. Caminó a la parte trasera del carro y tocó por debajo la madera. Su traje seguía ahí, preparado como él lo había dejado la noche antes. Ahora debía de actuar rápido.
&&&Kai&Takao&&&
Dos soldados vigilaban la salida del pueblo mientras descansaban con sus armas y hablaban pacíficamente. Los dos escucharon un silbido un tanto extraño, así que para averiguar de qué se trataba se dieron media vuelta, pero a cambio recibieron un fuerte cabezazo de su compañero, cayendo ambos al suelo inconscientes.
Había sido tan sencillo juntar la cabeza de esos dos de un solo golpe que únicamente esperaba que no se tratase de una trampa. Miró a su derecha, como pensó ahí estaban los caballos de los soldados. Se acercó corriendo y fue desatando las correas de una en una que permanecían amarradas en una baranda de madera. Dándole un pequeño golpe en el trasero, los caballos salieron al trote, fuera del pueblo. Sólo eligió a uno, el que estaba seguro que Yuriy había subido más de una vez. Se subió con ligereza y lo encaminó hacia la plaza.
La multitud al escuchar el galope de un caballo acercarse a la plaza, miró hacia una dirección y se sorprendieron al ver a un enmascarado a lomos del caballo.
Yuriy no tardó en levantarse de la silla. ¡Ese era el Zorro! Y encima cabalgaba a lomos del que era su caballo.
–¡Soldados! –desenvainó su espada y los de menor rango le imitaron. La gente decidió apartarse por temor a lo que sucedería– ¡A por él! –anunció, haciendo que todo soldado fuese en su busca, abandonando su puesto. El enmascarado bajó del caballo y fue esperando a que los soldados le dieran la bienvenida.
–Tres contra uno, eso no es muy justo, Teniente –le replicaba el zorro, aunque con rapidez se deshizo de los tres... empujones, patadas, heridas, todo valía en ese momento. Incluso jugar un poco con ellos. Claro estaba, que esos soldados no tenían más armas que sus espaldas, de lo contrario no podría divertirse mucho.
Tanto Takao como Kane, cada uno desde sus distintas posiciones miraban la escena asombrados por esa batalla. Esos movimientos, esa destreza con la espada que...
"Un momento...", pensó Kane fijándose en los detalles de cada movimiento de piernas y de giros. "No es posible".
–¿Qué le ocurre, Teniente? ¿Hoy no piensa participar? –le preguntó burlón el enmascarado.
–¡Que os creéis eso! –caminó hasta él con cólera.
–Bien, por fin algo de movimiento. Empezaba a aburrirme –su espada evitó la de Yuriy. –Por cierto, salgo poco atractivo en la foto, ¿no le parece?
–Habéis salido tal y cómo sois.
–Se me hizo muy raro que me dejaseis marchar esa noche, ahora entiendo el porqué, pero siento deciros que no me dejaré vencer por alguien como vos –fue peleando en círculos, controlando los ataques de Yuriy. Sin embargo retrocediendo ahora en sus pasos–. Vaya, creo que le he subestimado hoy, ¿será su día de suerte?
–Con un poco de suerte os mutilaré yo mismo y cuando me canse de vuestra presencia, os colgaré una soga al cuello –se enorgulleció al ver cómo el Zorro iba retrocediendo en todos sus ataques.
Takao sentía que el corazón le iba a mil por hora, estaba muy nervioso y no entendía porqué. Seguramente era preocupación por ese desconocido que ya le había salvado la vida una vez. No creería justo ver cómo ese enmascarado perdía la vida ante algún niño pequeño, sentiría una enorme tristeza por ello.
Los pequeños que habían estado jugando, dejaron de hacerlo al sentir el barullo en la plaza y ver al Teniente y los soldados luchar contra alguien de aspecto extraño. Así que permanecían abrazados a sus madres, sin comprender la situación de ese momento.
–Ten cuidado, Zorro –susurró Takao, sin perder detalle de cada ataque por Yuriy.
El Zorro se dejaba retroceder cómo había planeado, sólo para llegar hasta la mesa, dónde podría recoger los papeles y la bolsa del dinero que estaba en el cofre. Pero no había caído en la cuenta de que un par de hombres tenían las manos atadas por no poder pagar impuestos y permanecían quietos en el lugar que los soldados les habían dejado.
Con talento, fue moviéndose hacia su lado izquierdo, cogiendo los papeles con la mano del mismo lado.
–Teniente, sinceramente. Su color de pelo, deja ciego a quien lo ve. ¿No ha pensado en un color menos diabólico? –aprovechó para meterse los papeles tras su capa, dentro del pantalón. Un golpe lleno de rabia por parte del Teniente esquivó, quedando la espada hincada en la madera de la mesa por unos segundos. Mientras Yuriy forcejeaba para sacarla de ahí, el enmascarado se acercó a los hombres atados y con su espada los desató–. Sois libres.
Ahora siguió pendiente al Teniente, que corría como desesperado hacia él. Lanzó su espada hacia arriba y hacia delante cuando tuvo al Teniente lo suficientemente cerca, para poder así hacer una voltereta en el suelo, pasando de largo del Teniente, quien mantenía su espada recta para atravesársela en el estómago del Zorro si le surgía la ocasión.
El enmascarado recogió su espada del aire a tiempo. Se giró con rapidez hacia Yuriy y le hizo su marca en la espalda, dándole un empujón en el trasero con su pie, para intentar que perdiera el equilibrio.
Corrió hacia la mesa antes de darle tiempo a Yuriy de que se diera media vuelta, sacando el saco lleno de monedas. Corrió hacia el caballo. Envainó la espada y cerró la mano con fuerza para evitar que el dinero se cayera al suelo. La gente que observaba no entendía porqué el famoso ahora Zorro subía unas escaleras que estaban fuera de una casa. Pronto comprendieron el porqué, al verlo saltar hacia el caballo, cayendo sobre el asiento del mismo.
–¡Jia! –ordenó, saliendo a galope de ahí.
El pelirrojo miró a sus soldados– ¡A qué esperáis panda de inútiles, a por él! –tan pronto consiguieron ponerse en pie, salieron corriendo tras él. Yuriy también tuvo que hacerlo. Con suerte, cogería uno de los demás caballos amarrados en los barrotes y conseguiría darle alcance.
Un gran murmullo se escuchaba ahora en la plaza. ¿Qué había pasado exactamente? El Zorro hubiese quedado como héroe al liberar a esos dos hombres de esas ataduras en las manos, pero sin embargo les había robado el dinero delante de sus propias narices. La gente estaba confundida.
Kane miró a su alrededor. Había mucha gente, pero no conseguía ver a Kai por ningún lado. Quizás si se adentraba entre la multitud, Kai debía de estar buscándole también posiblemente. No pasaron más de diez minutos cuando vio a Takao. Lo sujetó del brazo para llamarle la atención.
–Hola, Takao –le saludó con rapidez.
–Hola –le contestó con frialdad.
–¿Has visto a Kai? Es que no le encuentro.
–Como si me importase –se soltó del agarre con brusquedad.
–Vale, tranquilo. Ya lo seguiré buscando –le aclaró. ¿Por qué le hablaba así?
Takao siguió su camino. Poco o nada le apetecía encontrarse con aquel que le había destrozado su sueño.
Kane por su parte decidió que era mejor salir de esa multitud para poder ver mejor las cosas, al hacerlo vio cómo Kai se acercaba con el carro y lo detenía frente a él al verle.
–¿Qué pasa aquí? –preguntó el recién llegado.
–¿Dónde estabas? Te estaba buscando –se cruzó de brazos.
–Pues he ido a por el carro.
–Podías haberme esperado –le regañó.
–Es verdad –le contaba mientras Kane se subía al carro–. Pero pensaba que así te recogería justo después de que acabases de pagar. Por eso he venido hasta aquí con el carro. –Miró hacia la mesa– ¿Y los soldados? –preguntó dándole la vuelta al carro en una calle.
Kane enarcó una ceja– ¡No te vas a creer lo que ha sucedido! –dijo entusiasmado.
–¿Ha sucedido algo? –le preguntó curioso.
Asintió sin perder detalle de sus movimientos– Ese tal Zorro ha estado aquí... –comenzó a contarle lo que había sucedido.
–Te lo estás inventando –comentó con gracia.
–Sabes que no tengo esa costumbre –se defendió.
Continuará...
&&&Kai&Takao&&&
*Tarugo: trozo de madera, generalmente grueso y corto.
*Estribo: Pieza de metal o cuero en que el jinete apoya el pie.
Gracias por sus reviews a:
Wuonero: Pues sí, Kane tiene un propósito, no es por casualidad que fue a visitar a su amigo Kai. Pero además, él tiene un cometido en este mundo, jajaja. En el próximo capi quizá te des cuenta de la importancia de Kane en este asunto. Puede que entiendas lo que está ocultando este personaje. ¿Tú no quieres que Takao se enamore de Yuriy? Pues ya somos dos, tendremos que hablar los dos muy seriamente con él, jajaja.
Miavid: Si Takao en los capis anteriores dio la relación de Kai con Kane por sentada, creo que lo que vio tanto Kai como Kane en este capi, les hizo dar la situación por sentada también. Como tú dices, este Teniente no es nada tonto, y si no mira con qué esmero se intenta ganar el corazón de Takao. Y el pobre Takao reprimiendo a su corazón por intentar salirse del pecho cuando ve a su amado Kai. No es justo.
Takaita Hiwatari: Hermanita, ¿ahora diste también por sentado que Yuriy iba a besar a Takao? Jajaja, soy perversa por hacerte pensar así. Por otra parte, oh sí, Takao y Kai "hablaron", uno pronuncia su nombre inconscientemente y el otro le sonríe de alguna forma. Jajaja, menuda conversación. Por otra parte, el Zorro volvió a aparecer para desquiciarle los nervios a Yuriy, jajaja. Y de Yuriy pues no sé qué decirte, (mirada de soslayo) el condenado mide demasiado bien sus piropos.
Valery Hiwatakinomiya: Jajaja. Bueno he aquí la continuación, que espero te haya gustado tanto o más que los otros capítulos. Creo que a Kai le costará ahora sincerarse más con Takao después de lo visto en el río. Pero no te agarres a golpes con ellos todavía, jajaja, espérate haber que pasa en el próximo capi, porque ahora que los impuestos fueron robados. ¿Quién sabe qué pasará?
S. Hisaki Raiden: Pues no será difícil enamorarse de Yuriy, pero parece que aún Takao siente algo por el bicolor. Pero cómo tú y yo sabemos, Yuriy hará todo lo necesario para intentar ganarse el corazón de Takao y si no lo puede hacer por las buenas, quizá la haga por las malas. En fin, si leíste este capi, ya sabes lo que opina Kai, los consejos de Kane y todo el revuelo que arma el Zorro, jajaja.
Ds: Bueno, Rei no se me olvidará meterlo, tranquila, pero aún no es el momento de eso. En cuanto a la relación de estos dos, parece que Kai tiene decidido que si no puede luchar por el amor de Takao como Kai, lo hará como Zorro. Creo que eso promete algo, ¿no? Habrá que averiguarlo a lo largo de los demás capis.
Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
