Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen –ai
"Pensamientos"
–Diálogos.
EL ZORRO
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Kai&Takao&&&
La noche llegó, por lo que Takao estaba entrando en su habitación. No dejaba de pensar en lo que había sucedido en la plaza. El Zorro había sido muy valiente al aparecer en mitad de la plaza. Lo buscaban con una recompensa. ¿Y qué bandolero en su sano juicio osaría ir hasta allí en un día de impuestos? ¿Casualidad? No lo creía. Algo le había motivado al Zorro a comportarse así, ¿pero qué? Realmente su comportamiento era algo raro, no le encajaba.
"Una noche arresta a un ladrón que me amenazaba con un arma y le devuelve a cada uno sus pertenencias. Hoy sin embargo, tras soltar a los hombres que estaban atados con cuerdas, robó el dinero de la recaudación, desapareciendo con él".
Sobraba decir que había regresado a su casa andando, ya que había dejado la plaza solamente llena de pueblerinos confusos y sin ningún soldado. El Teniente estaría bien ocupado intentando dar con el bandolero. ¿Lo habría atrapado? Después de todo, el Zorro no hacía tanto tiempo que había echado a correr con el caballo. Pero si fuera así, se habría enterado de alguna manera. El Teniente hubiese llegado a su casa, fanfarroneándose de lo inteligente que era por "cazar" al Zorro.
Comenzó a quitarse el chaleco y a dejarlo sobre una silla. Después empezó a desabotonarse los botones de la camisa. Escuchó un ruido en esos momentos, o eso le pareció, y se detuvo en lo que hacía para mirar a su alrededor. No había nada que se hubiese caído al suelo en la habitación, todo estaba bien. Continuó entonces con su tarea de desabotonarse otro botón, pero ésta vez, escuchaba pequeños toques en la puerta acristalada. Detuvo sus manos y miró hacia las cortinas, dónde sabía perfectamente que tras éstas estaban los cristales.
Caminó hasta su escritorio y abrió un cajón con movimientos suaves. De éste sacó una pistola y caminó casi con pasos silenciosos hasta la puerta acristalada. Vio una sombra tras las cortinas. Alguien había al otro lado, no había duda. ¿Pero quién? Metió su mano libre entre las cortinas y abrió la puerta casi de un tirón sin dejar de apuntar al que había al otro lado.
–¡No se mueva! –advirtió con temple.
–¿Me vas a disparar? –preguntó un joven que al dar un paso hacia delante, con la luminosidad de la habitación, pudo dejarle ver a Takao de quien se trataba.
–Zorro –bajó instintivamente el arma sorprendido.
–¿Te he cogido en mal momento? –le preguntó mirándole el pecho descubierto, todo un deleite para la vista sin lugar a dudas.
–No... –se apresuró a taparse con la camisa– No, del todo. ¿Qué haces aquí?
El enmascarado entró a la habitación –Quería verte.
–¿A mí? ¿Por qué a mí? –se sonrojó retrocediendo unos pasos.
–Tranquilo, no muerdo –le sonrió juguetonamente– Hoy no he podido contemplarte como debería. He tenido que hacer las cosas con rapidez, no podía detenerme a contemplar un día más tu belleza. El deber me llamaba...
–¿El deber? ¿Qué deber? –le interrumpió–. Has liberado a unos hombres de sus ataduras y de que esta noche la pasen entre rejas, pero a cambio has robado las contribuciones que con tanto sudor les cuesta ya pagar a esta pobre gente. –le hacía ver algo enfadado.
–He robado al ejército –le corrigió.
–Pero es lo mismo. Le has quitado al ejército algo que es fruto del trabajo de los campesinos... –el enmascarado le silencio con un dedo en los labios.
–¿Tan mal concepto tienes de mi? –le acarició el labio con ese mismo dedo, hasta quitárselo–. Puedes estar tranquilo, ese dinero será devuelto esta noche a sus propietarios, pero para eso necesito tu ayuda.
–¿Mi ayuda? No sé en qué te puedo ayudar. –confesó confundido.
–Será muy sencillo. Si lo hiciera yo solo tardaría casi toda la noche, por favor... sólo confío en ti.
–Creo que... si me lo pides así, no puedo negarme– le sonrió con timidez– Pero, antes deja que me termine de vestir de nuevo.
–Claro –se dio media vuelta para darle algo de privacidad. El joven de cabellos azules dejó el arma en su sitio, aprovechando que el otro le daba la espalda. Se abotonó la camisa y se puso el chaleco.
–Por cierto, ¿cómo has subido? –preguntó sin imaginárselo.
–Por ese árbol –le indicó–. Saldremos por el mismo sitio que por dónde he entrado.
–Será una broma –su tono parecía como si demostrase en él miedo.
–No, no lo es.
–Yo no soy tan hábil ni ágil como tú. –le hizo saber.
–Te ayudaré, no te preocupes.
–Ya estoy listo –le avisó para que se pudiera dar la vuelta y así lo hizo.
–De acuerdo. Entonces no hay tiempo que perder –salió al balcón.
Takao apagó el candil de su habitación y salió por la puerta acristalada, entornó la puerta para después volver a poder entrar. Al darse media vuelta, se encontró con que el que vestía de negro estaba de pie sobre la barandilla de piedra. Éste le extendió la mano, invitándole a que se subiera encima de la barandilla y que estuviera a su altura. Él así lo hizo, no muy seguro claro estaba.
–¿Cómo vamos a bajar? –preguntó un poco confuso.
–Con esto –le enseñó una cuerda, de la cual lanzó el extremo al suelo y se quedó con lo necesario en la mano. La había amarrado minutos antes alrededor de una de los barrotes de piedra, mientras Takao apagaba el candil de su habitación. Bajó de la baranda y se puso ahora al otro lado de ella, y así lo hizo Takao también–. Necesito que te agarres a mí, por la espalda. Vamos a bajar los dos juntos. –le informó.
–De acuerdo –contestó. El saliente del balcón era tan fino que temía caerse antes de poder aferrarse a la espalda del Zorro. El Zorro desvió un poco hacia el lateral su cuerpo para facilitarle las cosas al joven de cabellos azules. Por su parte, Takao se abrazó a ese fornido cuerpo, haciendo que su pecho chocase con la espalda del otro.
–Sujétate bien, vamos a bajar –le avisó el enmascarado. Comenzó a descender, un poco rápido, deslizando la cuerda entre sus dedos, para así no tardar mucho en estar abajo. Cuando notó que sus pies tocaron el firme suelo, soltó la cuerda–. Ya te puedes soltar –le avisó.
Se separó de él soltando su abrazo. No sabía porqué, pero esa cercanía le había gustado–. Vamos –le siguió aunque no sabía con certeza hacia donde.
–¿Hacia dónde vamos? Por aquí solamente está mi antiguo establo. –Le explicaba al tiempo que pisaba las hierbas. Apenas veía por donde caminaba, y el que el Zorro vistiese de negro, ahora no le ayudaba mucho.
–Tornado –le silbó.
Takao escuchó el relincho del caballo, aunque no sabía muy bien de donde provenía, hasta que sintió los cascos del caballo ir hacia él– ¿Dónde está? –preguntó.
En ese momento, las nubes que ocultaban la luna se movieron unos minutos, los necesarios para dejarle ver al joven de cabellos azules que Tornado estaba justo delante de él, moviendo la cabeza. El enmascarado subió con facilidad al caballo y le ofreció la mano al menor para ayudarle a subir. Él la aceptó y poniendo un pie sobre el estribo*, subió al caballo. Estaban un poco justos en la silla del caballo, pero es que las sillas solamente estaban hechas para una persona y no para dos. A los lados del caballo estaban atados unos sacos. Se preguntó que era, pero antes de poder decirle algo, el Zorro comenzó a hablarle.
–¿Estás cómodo? –le preguntó.
–Sí –contestó, al menos estaba dentro de la silla.
–Bien. Ahora abrázame fuerte, Tornado es algo veloz. –le avisó.
–De acuerdo –pasó sus manos alrededor de la cintura del mayor. Éste consideró que con ese agarre, Takao saldría despedido por los aires en pocos minutos.
Con una mano cogió las riendas y con la otra sujetó una mano de Takao–. Cógete fuerte. ¡Jia! –con esas palabras y una patada, Tornado empezó a correr sin más pérdida de tiempo con un nuevo destino que él sabía. El pueblo. No hacía falta decir, que el joven de cabellos azules no sólo se agarró más fuerte al enmascarado, sino que en un momento dado, apegó más su cuerpo para evitar separarse. A pesar de ir tan deprisa, se sentía bien con la compañía.
El Zorro sonreía. Por nada del mundo deseaba que ese abrazo desapareciera, pero sabía que lo haría cuando llegasen a su destino, aunque visto por otro lado, se volvería a repetir a la vuelta. Ojalá pudiera cogerle de la mano y sentir su cuerpo chocar con el suyo así más seguido, pero no como el misterioso joven enmascarado, sino con Kai.
&&&Kai&Takao&&&
Una vez llegados a las afueras del pueblo, el joven del antifaz decidió detener poco a poco a Tornado, hasta finalmente dejarlo quieto. Se bajó del caballo apoyando su pie en el estribo. Le extendió ambos brazos a Takao para ayudarle a bajar. Éste apoyó sus manos en los hombros del mayor, mientras el mayor le sujetaba ahora la cintura, bajándolo al suelo.
–Gracias –le dijo amablemente quedando cara a cara frente a él.
–Es un placer –le contestó admirando sus ojos.
–Em... ¿por qué nos hemos detenido aquí? –preguntó de repente con algo de nerviosismo, apartándose de su punto de mira.
–Para no levantar sospechas –Fue la respuesta del mayor. Cogió ambos sacos, cada uno de un lado del caballo. Uno se lo dio a Takao y el otro se lo quedó el–. Ábrelo –le pidió–. Dentro del sacó hay varios de ellos, cada uno contiene el dinero de la contribución.
Takao iba mirando las cosas a medida que el otro se las explicaba. Pudo ver que grabados en los saquitos había una pequeña Z, su marca– ¿Cómo sabemos a quienes pertenece? –preguntó ahora centrando su atención en el del sombrero.
–Porque tengo esto –sacó del interior de su pantalón y camisa una lista, la había tenido guardada en la espalda–. Me llevé las listas conmigo. Los que están apuntados, son los dueños del dinero.
–¿Te has arriesgado hoy para hacer esto? –parecía saber la respuesta ya que la estaba imaginando, pero siempre era bueno preguntar, para poder corroborar.
–Lo que está haciendo el ejército es un robo en toda regla, y no estoy dispuesto a ver como mi pueblo pasa hambre –miró al caballo y le sujetó la jáquima para que lo mirase–.Tornado, escúchame bien. Escóndete y permanece inmóvil hasta que yo te de la señal, ¿de acuerdo? –El caballo levantó la pata delantera derecha y con la pezuña rascó el suelo–. Así me gusta –le soltó la jáquima para dejar que el caballo decidiera esconderse. Tornado dio media vuelta, pero empezó a caminar hacia Takao. El joven de cabellos azules retrocedió un paso, pero pronto el caballo le golpeó suavemente con el hocico en el brazo, empujándolo. El Zorro procedió entonces a ponerse delante–. Tornado, vas solo, él no te puede acompañar –le decía.
–¿Hablas con el caballo? –preguntó el menor sorprendido.
–Él –le decía al caballo señalando al menor–, se viene conmigo –se señaló a sí mismo–. Y tú –señaló al caballo–, te escondes –señaló hacia atrás con el dedo. El caballo procedió a oler al joven de cabellos azules, agachando la cabeza. Negó con la cabeza en desacuerdo–. Tornado –le discutió.
–¿Qué está haciendo? –preguntó el joven de cabellos azules casi asustado. No sabía ni cómo comportarse ante esa situación.
–Takao llevará las riendas a la vuelta –le dio un codazo suave al joven de cabellos azules– ¿Verdad, Takao?
–Em... claro –miró interrogante a ambos personajes, y solamente ante esas palabras, el caballo se decidió a hacerse a un lado y a caminar para poder esconderse. Takao estaba estupefacto. ¿Qué demonios acababa de pasar ahí?
–Sígueme y toma esto –le dio uno de los papeles–. Nos dividiremos, así será más rápido –comenzó a andar siendo seguido por el menor–. Ahora te explicaré lo que vamos a hacer.
&&&Kai&Takao&&&
Era un poco tarde cuando una mujer y su familia escucharon cómo tocaban la puerta. Caminó hacia la misma y la abrió con preocupación, pensando en quien iría a esas horas de la noche a visitarles. Pero al otro lado de la puerta no había nadie, fue a salir a la calle para ver si había rastro de algún chiquillo que quisiera gastarle una broma, pero a cambio al avanzar, pisó algo.
–¿Qué esto? –preguntó y se agachó a cogerlo.
–¿Sucede algo? –preguntó el esposo desde el interior de la casa.
La mujer antes de responder, entró en la casa y cerró la puerta–. Han tocado la puerta y no había nadie, pero había esto –se lo enseñó. Era un saquito de dinero con una Z grabada. La mujer lo abrió y sacó el dinero que contenía el saco–. Es justo el dinero de la recaudación de esta mañana. –Miraba tanto a su esposo como al dinero con cara de impresión, no creyendo lo que sus ojos estaban viendo.
Takao estaba bien oculto entre las sombras de la noche, detrás de las casas, en los callejones. Sabía que eso al principio causaría confusión entre los pueblerinos, pero que finalmente al ver esa marca en el pequeño saco lo entenderían, después de haberla visto grabada esa tarde en el uniforme del Teniente. Había quedado con el Zorro en esperarse en un callejón en específico, para ahorrarse el tiempo de tener que buscarse uno al otro en mitad de la noche. Gracias a los farolillos de la calle podían ver por dónde caminaban.
Pasó algo más de una hora cuando Takao terminó de hacer su "trabajo" así que fue a reunirse al sitio planeado, pero como pensó, ahí no había nadie. O al menos eso pensó hasta que sintió cómo una mano le tapaba la boca y eso le cogía por sorpresa.
–No vayas a gritar, soy yo, Zorro –le quitó la mano.
–¿Desde cuándo llevas ahí? –preguntó encarándole.
–Unos cinco minutos. Perdóname, he querido avisarte, pero estaba seguro de que te asustarías.
–Es lógico, no te puedo ver.
El otro joven sonrió, Takao lo buscaba con la mirada, pero parecía no encontrarlo–. Bueno, vámonos, ya es tarde.
&&&Kai&Takao&&&
Silbó de una manera un tanto peculiar y su caballo salió de las sombras con un paso bastante remolón. El caballo caminó hasta su dueño y miró al joven de cabellos azules, entonces se tumbó en el suelo. Cuando Takao le vio con las patas recogidas en el suelo, enarcó una ceja. La verdad no sabía porqué de repente el caballo se había puesto así. Ahora el joven de cabellos azules miró al Zorro que era el único que entendía a Tornado.
–Quiere que te subas –le informó–. Ponte delante y coge las riendas.
–¿Seguro? –preguntó al tiempo que se subía en la silla.
–A pesar de todo lo veloz que es, no te tirará al suelo porque le lleves las riendas –le explicaba sentándose tras él, pegándose bien a su cuerpo–. Coge las riendas, nada malo te va a suceder –le susurró al oído.
Con un sonrojo en sus mejillas al pensar de nuevo en esa cercanía y ese aliento en su oreja, cogió las riendas de caballo. Sintió cómo ahora el otro joven lo rodeaba con sus brazos para coger también las riendas.
– ¡Vamos Tornado! –el caballo se puso a cabalgar en décimas de segundos.
Takao se volvía a sentir protegido y a pesar de todos esos roces con el cuerpo del mayor, se sentía tranquilo consigo mismo. Parecía que ese desconocido despertaba en él la paz que él necesitaba en esos momentos.
&&&Kai&Takao&&&
Llegaron a la casa del menor, donde Tornado caminaba despacio hasta detenerse finalmente al lado del árbol. Procedió a tumbarse, para permitirle a Takao bajar más rápido.
–Gracias, Tornado –le acarició el hocico una vez que estuvo en el suelo. Éste parecía buscarle todavía la mano en busca de más caricias.
–¿Crees que podrás subir por el árbol? –le preguntó el Zorro sentándose más centrado en la silla de montar.
–Claro, no habrá problema –respondió.
El Zorro sacó una rosa roja del interior de su ropa–.Toma, no es tan hermosa como tú, pero huele muy bien. La he cogido de un rosal que he visto antes. Espero que el dueño del rosal no la eche en falta.
Takao la aceptó con timidez, pero aún así se alegró de que alguien se preocupase de tener esas atenciones–. Gracias –se puso el tallo atravesado en la boca, sólo entonces empezó a escalar el árbol. Tornado movía la cola de un lado para otro y el enmascarado fijaba su vista en el joven de cabellos azules, dejándose de preocupar por si se resbalaba y caía al suelo en el momento en el que Takao saltó al balcón y se quitó la rosa de la boca.
–Sería bueno que me devolvieses la cuerda. En otra ocasión me puede hacer falta. –reconoció el enmascarado.
–Claro –desató la cuerda y se la lanzó.
Éste la agarró al aire y empezó a enrollarla–. Por cierto –sacó un saquito y se lo lanzó, esperando que el otro lo cogiera en el aire. Y no se equivocó, así lo hizo–. Sólo faltaban dos personas por devolver lo que es suyo en mi lista. Eso te pertenece. –le sonrió.
–¿Quién es la otra persona? –preguntó curioso.
–Vive a las afueras del pueblo, como tú. Se trata de Hiwatari según esta lista. Una vez que haga esto, terminará mi deber por esta noche.
El joven de cabellos azules agachó la cabeza por unos segundos y el enmascarado no sabía cómo interpretar ese gesto, hasta que volvió a mirarle–. Zorro... gracias por hacer esto por mi pueblo, pero puede que te expongas en un nuevo peligro.
–Si ha de ser así, no me importa. Lo hago por el bien de mi pueblo y por ahora, no tengo nada que perder –en sus palabras se podía escuchar un deje de tristeza–. Buenas noches y gracias por tu colaboración –le hizo una reverencia con la cabeza.
–Ha sido un placer, y gracias a ti por todo –le sonrió– Buenas noches.
–Sí –volvió a repetir mientras pensaba– Buenas noches –acarició el cuello de Tornado– Vamos amigo –su caballo dio media vuelta y se fue alejando de la vista del joven de cabellos azules con lentitud, para una vez en la lejanía, empezar a trotar.
Takao miró la rosa que tenía en la mano y se mordió el labio inferior. Ese desconocido le estaba haciendo sentir cosas que confundían sus sentimientos, pero se sentía tranquilo. Y eso lo tendría en cuenta.
&&&Kai&Takao&&&
Kai abrió la puerta del cuarto de baño con sigilo. Todo estaba oscuro en la habitación, así que ahora encendería el candil que había dejado al lado de su armario, el cual estaba casi pegado al marco de la puerta. Por nada del mundo al encender el candil, se habría esperado encontrarse a su amigo Kane, sentado en su cama con un candil apagado en su mano.
Dio un respingo hacia atrás– ¿Qué haces aquí?
Encendió su candil–. La pregunta no es que hago yo aquí, sino donde has estado tu –le contestó con seriedad.
–Yo he estado en el aseo –se excusó.
Dejó el candil en el suelo–. Claro, por eso la puerta estaba cerrada con cerrojo. Y por eso cuando he tocado la puerta durante quince minutos no me has abierto la puerta. Curioso que no hayas abierto la puerta a estas horas de la noche, ¿no crees?
–Estaba ocupado. Estaba en el escusado –se acercó a él.
–Vale. Dejémonos de estupideces. No me dejas otra elección por lo que veo –el intentar que Kai le contase la verdad, no iba a servir de mucho–. He descubierto tu secreto –finalizó.
Sintió cómo la sangre se le congelaba– ¿Qué secreto? –preguntó restándole importancia.
–Sé por quien te haces pasar en realidad. Zorro. –finalizó la frase haciendo énfasis.
Kai le miró y se tapó la boca para no dejar salir una sonora carcajada– ¿Tú estás loco?
–Pues sí, estoy loco. Es curioso, porque tiene tus mismas pautas, la misma defensa, ataque y movimientos con la espada. –Lo miró con la misma seriedad y se cruzó de brazos–. Pensaba que éramos amigos y que confiabas en mí, pero veo que no es así –se puso de pie y caminó hacia la puerta.
–Espera, Kane. –El nombrado se detuvo y le miró. Estaba claro que ya no podría guardar más su secreto para él. Si lo seguía haciendo, sabiendo que Kane llevaba razón y él no la aceptaba, su amistad se rompería–. Me has descubierto, está claro. Sí, yo soy el Zorro. –Confesó–. No le he contado este secreto a nadie y me gustaría que siguiese siendo así.
–¿Piensas que ahora que lo sé, lo gritaré a los cuatro vientos? –su mirada cambió a una de incredulidad.
–No es eso, no me malinterpretes. Es que no quiero involucrar a nadie en mis actos –se sentó en la cama y dando unos golpes con la mano sobre el colchón, le invitó al otro a sentarse a su lado. Kane lo hizo y lo miró fijamente con seriedad.
–Al principio no entendía muchas cosas de ti. Como el porqué te ausentabas algunas veces o porqué por las noches no estabas en tu habitación. Pero ahora lo veo todo más claro.
–¿Desde cuándo llevas sospechando algo? –le preguntó derrotado.
–Creo que desde hace noches, pero cuando tú me confirmaste mis sospechas, éstas acrecentaron.
–¿Fue hace mucho?
–¿Sabes? No es muy lógico y creíble decir que te has dado una ducha y tener la cabeza totalmente seca –intentó aguantarse la risa.
–Oh, ahí te hice sospechar –dijo con evidencia al darse cuenta de su tonto error.
–Luego, cuando te vi en la plaza, tus movimientos te delataron. Sólo yo he luchado contra ti tantas veces como para saber cual sería tu siguiente movimiento sin equivocarme.
–Tienes razón –se pasó las manos por los cabellos, peinándoselos hacia atrás.
–Kai, eres valiente. Admiro tu coraje, pero te arriesgas demasiado.
–Es posible, pero como te dije hace tiempo, yo quería hacer algo por mi pueblo, y lo estoy haciendo a mi manera.
–Teniendo a todo el ejército contra ti –le aseguró.
–Los soldados no son la gran cosa luchando. El Teniente es más duro de roer de lo que parece. Pero aún así, no quiero ver a mi pueblo sufrir. Me temo que esto irá a peor y necesitaran al Zorro.
–Lo comprendo. Pero Kai... –ahora tenía de nuevo la atención de su amigo puesta en él, así que continuó–. Si esto se te escapa de las manos, mándame una correspondencia y te juro que haré pagar a este ejército por sus triquiñuelas antes de lo previsto.
–¿A qué te refieres con eso? –Ante esa pregunta, Kane silenció un momento y esquivó la mirada–. Tú no has venido sólo para verme, ¿verdad? –analizó con voz calmada.
Suspiró al ser descubierto–. Estoy siguiendo los pasos del ejército. En mi camino hacia aquí he visto de todo; pueblos fantasmas, gente muy enferma, muertos por todas partes, casas totalmente destruidas... Creo que Santa Clara está en peligro también –le anunció.
–¿Y cuando me ibas a contar todo esto?
–Tenía pensado decírtelo mañana, después del mediodía, antes de marcharme.
¿Su amigo se marchaba mañana?– ¿Ahora quién guardaba el secreto a quién? –le preguntó al no saber ni que Kane seguía los pasos del ejército ni que se marchaba mañana.
–En cualquier caso, mañana me marcharé sin más demora a otro pueblo. Aún me quedan varios por investigar a mi paso y después regresaré a mi hogar, donde te puedes imaginar lo que haré.
–Actuarás –dijo convencido.
–Antes de que los daños sean mayores –le sonrió de lado y le cogió una mano–. Guardaré tu secreto, tan bien como tú has guardado el mío. Lo juro.
El bicolor puso su mano sobre la de su amigo–. Y yo juro que si la situación se me empieza a ir de las manos, te escribiré esa carta.
Sonrió–. Me alegra escuchar eso –con la mano agarrada, tiró hacia sí mismo para poder abrazar al joven de ojos color carmesí. Éste compartió el abrazo–. Por cierto. ¿Qué ha sido del dinero de las contribuciones? Y otra cosa, aún no me explico cómo has hecho ese truco de salir huyendo a lomos de ese caballo del ejército y venir a los pocos minutos y recogerme con el carro. ¿Qué demonios? Quiero que me lo cuentes todo, desde cuando haces esto, como se te ocurrió la idea de ese disfraz, todo –aclaró entusiasmado.
–Es largo de explicar –le decía sin soltar su agarre.
–Tenemos toda la noche para que me cuentes, eso y mucho más –le aclaró separándose ahora de su abrazo.
–Esta va a ser una noche larga.
&&&Kai&Takao&&&
El tan temido medio día llegó y con ello la hora de la partida del joven Kane. Un carruaje lo esperaba en la puerta. Su maleta ahora menos pesada porque no contenía el jamón, estaba en el suelo descansando. Él permanecía inmóvil, dándole la espalda al carruaje mientras miraba al señor Hiwatari que estaba frente a él.
–Le doy las gracias por la hospitalidad que me ha brindado estos días.
–No ha sido nada, puedes quedarte por más tiempo si lo deseas. –decía el hombre.
–Se lo agradezco, pero no puedo. Hay asuntos que me reclaman. –le hizo saber.
–Bueno, espero que nada grave. Aun así, esta es tu casa, no lo olvides. Siempre serás bien recibido. –los dos se estrecharon las manos bajo la atenta mirada de Kai.
Ahora Kane dirigió su vista al bicolor–.Bueno, ha llegado el momento.
–Sí –comentó. No sabía qué decirle la verdad, es que no quería que su amigo se marchase tan pronto, pero el deber le reclamaba, así que tendría que dejarlo marchar contra su voluntad.
–No pongas esa cara, nos volveremos a ver tarde o temprano –le animó dándole un golpecillo en el hombro con su mano–. Esto no es un adiós definitivo y lo sabes.
Sonrió con nostalgia–.Tienes razón.
–Dame un abrazo –le pidió animándole así a hacerlo. Se dieron unas fuertes palmadas sonoras sin perder el contacto–. Recuerda todo lo que hablamos anoche.
–No lo olvidaré –se separaron y se miraron a los ojos.
–Prométeme que conseguirás todo lo que te propongas.
–Te lo prometo –le sonrió más animadamente, sabiendo que se refería a su relación con Takao–.Buen viaje amigo.
–Gracias –suspiró y cogió su maleta del suelo–.Bien. Adiós.
–Adiós –despidieron al unísono padre e hijo. El joven de ojos azules ahora se dio media vuelta para subir al carruaje. Kai miraba con pesar cómo su amigo se había subido al carruaje y cómo le miraba con una sonrisa. Al tiempo que las ruedas del carruaje se ponían en función, Kane agitó su mano en señal de despedida hacia su amigo y su padre. Estos les imitaron el gesto.
–¡Ten cuidado! –le gritó Kai.
–¡Tú también! –fue la respuesta de éste, antes de que el carruaje le diera la espalda a los Hiwatari en su camino.
El joven de ojos azules sacó un sobre de su bolsillo. Lo miró fijamente y entonces le dio una nueva orden al cochero sobre el camino que debía de tomar primero.
–Bien –habló el señor Hiwatari–. Será mejor que haga caso del consejo de tu amigo y te vayas a la cama a dormir. Él dormirá en el viaje, y tú lo harás ahora en tu habitación. Tienes ojeras y eso no me gusta –el hombre estaba al tanto de que los dos jóvenes habían pasado la noche entera despiertos, hablando sin parar y recordando viejos tiempos. Todo esto lo sabía gracias a Kane.
–Lo sé –bostezó–. Ya me voy. –Mejor sería estar descansado, a luchar contra el ejército cansado.
&&&Kai&Takao&&&
Mientras tanto en el cuartel general del ejército, el señor Kinomiya y el Comandante estaban discutiendo un tema importante en el despacho de Brooklyn. Los impuestos.
–Como el gobernador que sigo siendo en este pueblo estoy en contra de las exigencias de los impuestos. Tarde o temprano Santa Clara entrará en crisis si esto continúa así. –le explicaba, sentados frente a frente en la mesa.
–Lo sé, pero ni usted ni yo podemos hacer nada al respecto sobre este asunto. Son órdenes de su majestad y hay que acatarlas. –Tenía sus manos entrecruzadas sobre la mesa, mirando con atención al gobernador.
–Pues enviaré una correspondencia para quejarme.
Al sentir esas palabras, Brooklyn se puso en alerta–. Déjeme decirle que ahora que lo recuerdo, recibí una correspondencia de su majestad. Me hizo saber que en el próximo mes todo volvería a la normalidad. Al menos esa es una buena noticia, ¿no le parece?
–Es mejor que todo este escándalo.
–Tiene razón. Como siempre señor gobernador. Pero sólo unas semanas y Santa Clara volverá a ser como antes y se habrá olvidado de esta pesadilla. No debemos de dudar de las palabras escritas de nuestro Rey. –Se recostó en su sillón.
–¿Puedo ver la correspondencia? –a él siempre le gustaba asegurarse de las cosas.
–Me temo que no, es confidencial. Solamente le he hecho mera mención del asunto para que pueda dormir tranquilo.
Asintió un par de veces con la cabeza y se puso en pie. El otro le imitó–. Parece que estamos de acuerdo en opiniones –estiró su mano que fue estrechada de inmediato por pura cortesía–. Buenas tardes, Comandante.
–Señor Gobernador –rompió el saludo y se volvió a sentar en su sillón, viendo cómo el gobernador salía por la puerta. Procedió a recostarse en el asiento con los dedos entrelazados a la altura del mentón. Había sido astuto al decir esas palabras falsas sobre las correspondencias del Rey. Tenía que mantener al gobernador a raya de una forma disimulada. Aunque eso poco le importaba mientras no pusiera en aviso al Rey en cuestión de lo que sucedía en ese pueblucho. Esta noche los soldados junto con el Teniente, harían su trabajo para aumentar la angustia y agonía de ese pueblo hasta el máximo.
&&&Kai&Takao&&&
En la casa de los Kinomiya...
Tocaron a la puerta de la habitación suavemente un par de veces.
–Pasad –contestó el joven desde el interior.
La criada abrió la puerta y buscó con la mirada al joven de cabellos azules. Cuando sus ojos lo encontraron, decidió darle el mensaje–. Señorito, un joven le espera en la puerta.
–¿Un joven dice? ¿De quién se trata? –quiso averiguar, levantándose de la silla de su escritorio.
–No lo sé joven. No ha querido decirme su nombre.
–Bien, bajaré enseguida –se puso el chaleco que estaba colgado en la silla.
La mujer le hizo una reverencia y se fue a darle la noticia al joven invitado que esperaba en la puerta–. Bajará enseguida. ¿No desea pasar? –le preguntó amablemente.
–No, no será necesario –le sonrió.
La muchacha se hizo a un lado al escuchar pasos tras ella, seguramente del joven Kinomiya. Se apartó del umbral de la puerta para dejarle pasar y así ella seguir con su tarea.
Takao frunció el ceño prácticamente cuando lo vio– ¿Qué haces tú aquí?
–He venido a entregarte algo en persona –le explicó el joven Kane, sacando de su chaqueta un sobre–. Es para ti. Espero que la leas –le alargó la mano para que el otro aceptase el sobre.
–¿Qué contiene? –preguntó en un tono serio.
–Eso lo sabrás cuando lo leas –su mano permanecía alargada, esperando a que el otro le quitase la carta de las manos.
Takao lleno de la curiosidad cogió el sobre– ¿Algo más?
–He venido a despedirme. Aunque me he dado cuenta de que parece ser que no te caigo bien y me gustaría saber el motivo antes de marcharme.
–Mis motivos no le importan a un desconocido como tú.
–Está bien. Al menos lee la carta que he escrito. Creo que te despejara posibles dudas... –Dejó su frase sin terminar al ver cómo el joven de cabellos azules cogía la carta y la partía por la mitad delante de sus narices.
–No me interesa nada que pueda venir de tu parte. –Tiró los restos de la carta hacia atrás y se cruzó de brazos– ¿Y sabes otra cosa? Pienso que hubiese sido mejor que no hubieses aparecido por aquí.
–No has debido de romper la carta. –Creía que Takao se había pasado de la raya haciendo eso con su carta, la que tanto le había costado escribir, pensando en las palabras adecuadas que poner, pero tampoco estaba obligado a leerla si no quería–. Bueno, en cualquier caso, solamente te diré una sola cosa antes de irme. Sólo te daré mi bendición si unes tu vida con la de Kai en sagrado matrimonio y no la unes a la de cualquier otro. Adiós –tras decir estas palabras, se dio media vuelta para empezar a caminar.
Sintió cómo le hirvió la sangre. ¡Qué un tipo cómo él le dijera algo así eso era pasarse de la raya!– ¡No necesito tu bendición! ¡Yo decidiré con quién casarme, ¿me oyes?! ¡Y no eres ni un cura ni el Rey para dármela! –Veía con enfado cómo el otro seguía su camino hasta montarse en el carruaje que pronto se puso en marcha– ¿¡Quién demonios se cree que es para desearme nada!? –mascullaba ahora girando sobre sus pasos, recogiendo la carta partida en dos del suelo. Cerró la puerta tras de sí y con rapidez subió las escaleras que le conducían al piso de arriba, para entrar a su habitación donde una vez dentro de ella, cerró la puerta.
Caminó hacia su escritorio y se sentó en la silla que había en el hueco de éste. Soltó en la superficie de la mesa los dos trozos de sobre y los miró fijamente. ¿Sacaba lo que había en su interior? ¿O no lo hacía? Lo cierto es que le mataba la curiosidad, pero, por una vez en su vida, dejaría eso de lado. Resistiría esa tentación y seguiría con su plan de enamorarse de Yuriy. Después de todo, una simple carta no podía cambiar nada de toda esa historia que Kai y ese Kane habían vivido en España y estos días. Abrió el cajón del escritorio y metió en el ambas partes de la correspondencia, dejándolos ahí encerrados. Se levantó de la silla y salió de la habitación, intentando olvidarse de ese asunto.
&&&Kai&Takao&&&
En la noche...
El Teniente estaba montado en su caballo con una antorcha–. Seguid las órdenes –le indicó a sus soldados que tenían una antorcha en la mano.
Cualquiera pensaría que como era de noche, las antorchas servían para alumbrar, pero lo cierto es que era para otra cosa bien distinta. Esta noche llevarían a cabo un plan del que como fruto, únicamente podrían obtener la miseria. Los soldados permanecían divididos entre los distintos campos de cultivos, esperando a que su Teniente les diera la orden sobre sus distintos quehaceres.
–¡Adelante! –les indicó a los de menor rango frente al cultivo que correspondía al de algodón. Los soldados bajaron sus antorchas y acercaron el fuego hasta las plantas, donde pronto comenzó a quemarse y a extenderse por todo el cultivo. No había problema en el tema de que no pudiesen apagar el fuego, ya que alrededor de los cultivos no había nada sembrado y la tierra estaba seca, así que dejarían que las llamas se consumieran lentamente.
Lo mismo harían mañana por la mañana con los demás cultivos. Los destruirían o si era necesario lo destrozarían todo a golpe de espada. El Comandante pretendía destruirlo todo en la noche. Pero Yuriy supo convencerlo para poder hacerlo en la mañana, donde los campesinos pudieran estar presentes y así poder deleitarse con el dolor de los demás. Así sería todo más divertido. Viendo sus gestos, sus caras, escuchando sus gritos de dolor...
La cara del Teniente brillaba por la fuerte luz del fuego que se estaba extendiendo. Se moría de ganas por ver a los campesinos llorar por el sufrimiento de esa gran pérdida de cosecha.
–¡No dejéis nada en pie! ¡Que todo se consuma y no quede ni un solo resto, ¿entendido?!
–¡Señor, sí señor! –fue la respuesta unánime.
–Bien, así me gusta. "Robar los impuestos te va a salir más caro de lo que piensas, Zorro", pensaba al tiempo que empezaba a carcajearse de la situación como desquiciado.
&&&Kai&Takao&&&
Takao abrió la puerta de su habitación con desesperación. Ya no aguantaba más esta agonía. Caminó hacia su escritorio y abrió el cajón. Sacó lo que quedaba de la correspondencia y la dejó sobre la mesa mientras tomaba asiento.
Ya estaba decidido. Nada de lo ahí escrito le haría cambiar de opinión. Así que sacó el papel que contenía el interior del sobre y lo desdobló. Lo mismo hizo con la otra parte. Solamente entonces las unió para intentar leer lo que en ella ponía.
Te hago entrega de esta carta, para en primer lugar pedir disculpas si algo he hecho que no debiera. Mi estancia aquí ha sido corta y ha sido una lástima el no conocer al joven del que mi amigo me ha hablado sin parar en España. Ha sido larga la temporada que he pasado con él en la escuela y me atrevo a decir que lo conozco bastante bien, más de lo que a él le gustaría incluso. Es por ello que conozco vuestra historia y conozco también sus sentimientos.
Yo he sido para Kai Hiwatari un amigo en el que ha sabido confiar con el tiempo. Tanto ha sido así, que me atrevo a decir que sólo yo sé por quién está interesado. Sé bien que se enfadaría mucho conmigo si revelo la identidad de la persona que le hace perder la razón por amor. Es por eso que he de callar.
Ahora que regreso a mi país, es posible que tú regreses a su lado a hacerle compañía y créeme que nada me haría más feliz. A pesar de lo que Kai sólo te deje ver, él no te quiere ver sufrir. Por ello espero que no le reproches el no haberte hecho llamar cuando pasó hace unos días, el día y la noche en la cárcel.
Creo que poco me queda que decir, salvo una cosa que espero poder decírtela en persona. Tanto a Kai como a ti, os doy mi bendición ante la llegada de vuestro futuro enlace matrimonial. Él no sabe de la existencia de esta carta, así que por favor, no le digas nada. Sin más, me despido esperando a que en la próxima vez que nos encontremos, hayamos limado asperezas.
Un cordial saludo.
Kane
Takao no sabía si creer o no, las palabras de esa carta. Daba la sensación de que Kane quería empujarlo hacia Kai. Pero la imagen que el recordaba de esos dos, era bien distinta. Y lo que más le había preocupado a pesar de no querer hacerlo. ¿Sería verdad que Kai había estado en la cárcel y no le había dicho nada para no preocuparlo? Pero de ser así, se hubiese enterado, ¿no? Es decir, todos estos días había estado con Yuriy, prácticamente desde la llegada de Kane al pueblo. El Teniente le hubiese comentado algo. Pero, la verdad es que no hablaban mucho de Kai cuando estaban a solas. De todas formas ya estaba en duda sobre eso y lo mejor para despejarla sería preguntarle al Teniente mañana en cuanto le viera. Después de todo, el Teniente tenía que estar al tanto de todo.
Metió la carta como si siguiera unida, en el cajón, al igual que el sobre. Cerró el cajón y apoyó los codos en el escritorio. La verdad es que conocía a Kai muy bien y ahora se hacia un montón de preguntas sin respuestas. Cómo por ejemplo, en el caso de que Kai hubiese estado en la cárcel. ¿Qué delito había cometido? Sabía que no era propio de Kai meterse en líos y mucho menos con el ejército. Así que ahora tendría en lo que pensar toda la noche.
&&&Kai&Takao&&&
A la mañana siguiente, los campesinos fueron a ejercer su trabajo en las tierras, como de costumbre, pero se encontraron con un panorama que no se esperaban. Al llegar con sus herramientas de trabajo, varios soldados permanecían con unas antorchas en las manos mientras uno de ellos procedía a leer un papel. Otros soldados estaban colocados en forma de cordón, para que así nadie pudiese intervenir en sus trabajos, aunque esperaban de sobra que nadie lo hiciera.
En la misma situación se encontraban en los otros cultivos. El Teniente leía la carta.
–... Tanto la plaga como la enfermedad, están siendo extendidas por todo el Estado. Es por ello que ordeno que todo cultivo sea quemado con fuego para evitar daños mayores, ya que es contagioso hacia las personas. Atentamente, vuestro Rey –enrolló el papel y se lo metió en el interior de su chaqueta–. Como pueden ver, tanto la plaga con la enfermedad se han cebado con este cultivo esta noche, por lo tanto vamos a proceder.
–Pero Teniente, con el debido respeto. Ayer todo estaba bien –le contaba un hombre.
–Soldado –lo llamó y éste procedió según lo planeado a llevarle una pequeña muestra, que consistía en una hoja, en este caso de maíz. No la cogió con las manos, sino que la llevaba entre dos varas. La gente abrió la boca en señal de sorpresa al ver cómo la hoja estaba carcomida por agujeros y llena de algunas manchas negras–. Al igual que esta hoja está así, así está todo el cultivo. –Sonrió en su interior, al ver cómo ahora las mujeres se echaban a llorar por la impotencia del momento–. Bien soldado, queme también esa hoja, junto con todo lo demás.
&&&Kai&Takao&&&
Varias columnas de humo se podían ver en el cielo. Los pobres campesinos estaban destrozados. De una noche para otra lo que estaba en perfecto estado, ahora estaba enfermo y descomponiéndose por las llamas del fuego. Muchos se fueron derrotados a sus casas. No soportaban el sufrimiento, sin embargo, otros aguardaron en silencio, sin movilizarse para tener los recuerdos de esa tragedia guardados en sus mentes.
Un caballo negro se acercaba hacia uno de los focos de fuego galopando. El Teniente no estaba ahí presente, pero sí, los soldados que seguían haciendo su trabajo.
–Es el Zorro –avisó uno de ellos a sus otros compañeros.
–¿Qué hacemos? –preguntó otro al verlo cada vez más cerca.
–¿Avisamos al Teniente?
–No hay tiempo para eso –recapacitó otro.
–¿Luchamos contra él o seguimos con lo nuestro como si nada? –era la duda de otro. La verdad es que estaban bastante liados sin su Teniente, pero deberían de hacer caso al que su Teniente había dejado al mando en ese caso.
–¿Qué estáis haciendo? –preguntó el Zorro.
–Las cosechas están enfermas y por órdenes estrictas de nuestro Rey, estamos impidiendo que se contagie a personas –contestó el soldado que ahora estaba a cargo de los demás.
–¿Por ordenes de vuestro Rey?
–Así es, estamos impidiendo que la gente de este pueblo caiga en una epidemia contagiosa.
–Enseñadme un brote –pidió montado aún sobre Tornado.
Con ayuda de unas varas, cogió una muestra del suelo y a distancia se la enseñó–. Como veis tiene una enfermedad y ha sido atacada por una plaga, nada se puede hacer. –explicó tirándola rápidamente al fuego con lo demás.
El enmascarado miró la zona. Los pueblerinos estaban destrozados contemplando la escena y aunque quisiera, esta vez no podría hacer nada, a pesar de que lo hubiese deseado, pero ya casi todo estaba consumido por las llamas.
–Decidme, ¿todo estaba infectado? –preguntó refiriéndose a las hectáreas.
–Todo, hasta los tallos –se atrevió a decir un soldado pensando que se refería a la planta en sí.
Miró con seriedad a los soldados ahí presentes y únicamente lo que hizo fue darle un aviso con el pie a su caballo para decirle que ya podían irse de allí. Los soldados por su parte ahora se sentían más seguros de sus actos y siguieron a lo suyo al ver cómo el otro se retiraba del lugar sin más.
"No me lo creo, aquí pasa algo raro. El Rey no ha podido hacer mandar esa orden en tan poco tiempo. Además, nada de esto afecta al tallo, sólo a la hoja." Frunció el ceño. "Yuriy no se está andando con retrasos. Quiere hundir este pueblo en la miseria, estoy seguro. Dejará que este pueblo pase hambre, y lo que es peor, no creo que ahora que se han quedado sin trabajo puedan hacer frente a unos impuestos tan desmesurados como esos." Apretó las riendas en sus manos. "Esta noche tendré que actuar... y rápido".
Continuará...
*Estribo: Pieza de metal o cuero en que el jinete apoya el pie.
&&&Kai&Takao&&&
Tuve que cortar el capi aquí, porque si no iba a salir un súper capítulo, jajaja.
Gracias por sus reviews a:
Takaita Hiwatari: Pues Kai no es que fuera descuidado, es sólo que Kane es un poco listo, jejeje. Se fijó en cosas que quizás otra persona ni se dio cuenta. Por lo que has podido ver, Yuriy sigue haciendo de las suyas. Pero parece que el Zorro hasta ahora lo mantiene a raya, y aprovecha esos abrazos con el joven de cabellos azules, muajajaja. Por cierto, te espera una sorpresita en el siguiente capi, jijiji.
Miavid: Pues aquí ya el secreto del Zorro, ya no es secreto para esa personita. Y sí, como Zorro y en la noche, hace cosas que como Kai y siendo de día, no las haría, jajaja. Como por ejemplo, pedirle ayuda a Takaito y agarrarlo con disimulo de la cintura mientras sostiene las riendas del caballo. O como permitir que Takao se abrace a él, aunque el condenado lo disfruta, jajaja. Mirándolo así, Yuriy aún no ha gozado de ese privilegio todavía, ¿no?
Zumolove: Hola, he aquí la actualización que espero te haya gustado. Y espero que te guste el siguiente, porque hay algo que quizás no se esperen o hayan esperado con impaciencia.
Maritessa Pérez cortes: Hola Maritessa, espero que este capi te haya gustado. Parece ser que Takao está tomando en consideración las sensaciones que el Zorro le ha despertado esa noche. ¿Te imaginas qué pasaría si el corazón de Takao hace lo siguiente? Intentar amar a Yuriy, por cabezonería. Intentar olvidar al bicolor, y por otro lado un nuevo sentimiento está naciendo con el Zorro. Qué complicado para él, ¿verdad? Yo creo que Kai debería de seguir los consejos de su amigo, pero quizás se vea de rival, no solamente con Yuriy sino como Zorro.
Valery Hiwatakinomiya: ¿Te dejé con ganas de encerrar a esos dos en un cuarto? Jajaja. ¿Qué te parece si lo hacemos y tiramos la llave? A lo mejor así se pueden arreglar, pero el detalle del Teniente Yuriy y su boca prodigiosa se nos escapan entonces. Habrá que hacer algo también con él, ¿no? Como ves, el hecho de que el Zorro haya robado las contribuciones, no le ha quitado el orgullo que le queda al pelirrojo y éste sigue intentando destruir Santa Clara como sea.
Wuonero: Hola amigo mío. ¿En serio tenías tus dudas sobre la identidad del Zorro? Vaya, pensaba que era demasiado evidente y me castigué varias veces por ello. Tranquilo, no metí el personaje de Kane por nada. Todo tiene su razón de ser, jajaja. En cuanto a lo último que me dijiste, no creo que Takao vaya a saber todavía la identidad del Zorro, ¿o sí? Ahh, próximo capi para averiguarlo, jajaja.
Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
