Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen –ai

"Pensamientos"

–Diálogos.

EL ZORRO

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

&&&Kai&Takao&&&

Yuriy estaba sentado en la silla de su despacho. Tenía en sus manos un documento y en sus labios una sonrisa. Con entusiasmo se acercó el papel hasta sus labios y lo besó, sabía que esa sería su salvación a su problema y le parecía mentira el haber conseguido lo que se proponía en tan poco tiempo y de una forma tan estúpida.

Escuchó un poco de bullicio al otro lado de la habitación, así que enrolló el papel en sus manos y se lo guardó en el interior de la chaqueta. Este documento sería sagrado de ahora en adelante y no se permitiría el lujo de perderlo bajo ningún concepto.

–¿Pero qué demonios es ese escándalo? –antes de poder pensar tan siquiera en la idea de caminar hacia la puerta y zarandear al que hacía tanto alboroto, vio cómo la puerta era abierta sin ningún tipo de consideración. Antes de que pudiera recriminar nada por ese acto, se detuvo en de inmediato al ver que se trataba del joven de cabellos azules quien con cara de pocos amigos, estaba intentando soltarse del agarre de los soldados–. Takao –pronunció boquiabierto.

–¡Qué me soltéis os digo! –exigía mirando a ambos soldados.

Al ver tal escena de inmediato actuó–. Soldados, soltadle y cerrad la puerta –tras su saludo correspondiente, símbolo de que habían escuchado la orden e iban a obedecer, uno de ellos cerró la puerta antes de salir, dejándolos a solas–. Mi querido Takao –Antes de que Takao le pudiera reclamar la atención que habían tenido sus soldados con él, sintió cómo Yuriy lo abrazó con desesperación–. Qué alegría de que estés sano y salvo –se separó de él y con sus manos acarició hacia atrás las mejillas del otro, quien lo miraba con cara de pocos amigos–. Dime, ¿estás bien?

–No, no lo estoy –le contestó con poca sutileza.

–¿Te ha hecho algo ese mal nacido? –le preguntó con preocupación y al mismo tiempo seriedad en su voz, paseando con su mirada el cuerpo del joven y sujetando con sus manos, los brazos firmes del joven.

En ese momento, Takao recordó el beso y no sabía cómo sentirse, pero poco le duró ese sentimiento ya que se centró en pensar por lo que había venido–. Él ha tenido más decencia que sus soldados –Yuriy apartó sus manos, sorprendido por esa acusación–. Me han traído casi a rastras hasta aquí sin ningún motivo. Mi familia no me da explicación y dice que hable con vos. ¿Qué tipo de error es este?

Abrazó al joven de cabellos azules más tranquilamente–. No ha habido ningún error. Yo les di la orden de que te detuvieran.

–¿Qué? –lo separó con brusquedad de su lado.

–Verás Takao, tu destino ha cambiado totalmente desde la última vez que nos vimos –sus ojos azules ahora parecían brillar por algún motivo especial.

–¿A qué se refiere? –preguntó con temor. No sabía porqué, pero sentía que algo no andaba bien.

Le cogió ambas manos, uniéndolas entre sí–. Muy pronto estaremos unidos para siempre... en sagrado matrimonio– aclaró.

–¿Qué? –Preguntó apenas con un toque de voz–.Nn… no, es posible Teniente –miró al suelo con la mirada perdida, intentando encajar esa información en su cabeza.

–¿Por qué no? –preguntó incrédulo.

–Pues porque yo ya tengo un pretendiente, jeje, un matrimonio arreglado entre familias. Ya sabe –intentó alejar con cuidado sus manos de las del Teniente, pero éste reafirmó el agarre mirándolo con intensidad.

–¡Oh! Créeme, está todo arreglado. Tus padres están de acuerdo en todo. –le hizo saber.

–Jajaja –rió sonoramente–. Esto ha de ser una broma, ¿no es así? –borró su sonrisa al ver la seriedad en el rostro del pelirrojo y parecía que de alguna manera un tic nervioso se iba a apoderar de su ojo izquierdo.

–Nunca he hablado tan en serio. Es más… –sacó el papel que tan celosamente había guardado en el interior de su chaqueta–. En este documento está tanto la firma de tu padre como la de tu madre. Dan su consentimiento para nuestro enlace matrimonial–. Dejándole ver sólo la firma de ambos, enrolló de nuevo el papel y lo guardó celosamente.

–Esto no tiene ninguna lógica –contestó confuso y pensativo–. Mi madre y la señora Hiwatari... ellas fueron las que... –intentaba buscar las palabras correctas.

–¿Apalabraron vuestro enlace? –enarcó una ceja con seriedad.

–Sí, en cierto modo –desvió la mirada.

–Mi hermoso Takao. La noticia está clara. Sabes acerca de mis sentimientos por ti, y créeme, nadie mejor que yo, para hacerte sentir lo que es la felicidad y… –enarcó una ceja analizando la situación–. Más aún en la noche de nuestra boda.

Takao sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, así que liberó sus manos de las de Yuriy y se alejó un poco de él, guardando la distancia, mirándole con unos ojos que el otro no sabía cómo debía de interpretar.

–¿Y qué hay de Kai? ¿Está de acuerdo con todo esto? –quizá si Kai se negaba de alguna manera, pudiera salvar su enlace.

–Lo que ese fantoche opine no es de mi incumbencia, pero después de todo creo que era lo que querías, y lo mejor que ha podido sucederte, ¿verdad? –Frunció el ceño ante el silencio del otro–. No me dirás que aún sientes algún tipo de sentimiento especial hacia ese pelele que tanto daño te ha hecho, ¿verdad? Porque ahora, no podrías tener mejor oportunidad para demostrarme cuanto me amas, Takao. –Se cruzó de brazos esperando una respuesta con altanería.

–Yo... –se dio media vuelta para caminar hacia la puerta–. Pensaré en su propuesta en mi casa y hablaré de mi decisión con mi familia.

Con su mano detuvo al menor– ¡Punto uno! ¡Esto no es algo que debas de elegir o pensar! ¡No tienes opción! ¡Te casas conmigo y punto! –Takao se volteó ante tales palabras tan crueles y directas– ¡Punto dos! ¡Desde hoy vivirás aquí! ¡Bajo mi custodia... así acortaremos la distancia entre ambos!

–Pero, tengo que ver a mi familia –le replicó, sintiendo que Yuriy le estaba ordenando cómo debía de ser ahora su vida.

Al ver la indignación en los ojos del menor, no pudo hacer más que fingir ahora más tranquilidad–. No tiene porqué ser en este preciso momento. Mejor te enseñaré tus nuevos aposentos y no te preocupes por tus ropas, están de camino, aunque siempre puedes vestir con un uniforme –lo miró de arriba abajo con satisfacción–. Te quedaría genial.

Ni esa simple idea se le hacía llevadera–. Teniente, disculpadme, pero he de ir a tomar el aire –se apresuró en abrir la puerta, saliendo de la habitación.

Yuriy no tenía prisa en seguirle. Sabía que dos de sus soldados estarían pendientes de que Takao no escapase de esa fortaleza. Se reía en su interior lo que no estaba escrito. Aunque no le contaría más de lo necesario a Takao, por ahora seguiría guardando las apariencias, aunque de vez en cuando tuviera que controlar su pasión por el joven de cabellos azules.

&&&Kai&Takao&&&

Kai había conseguido subir por la ventana, quedarse en ropa interior, y meterse en la cama. Había sido una larguísima carrera, y la distancia era considerable y más aún en su estado. Sentía que respiraba con dificultad, no sabía si por la actividad física o porque estaba empeorando.

Por suerte para él, parecía ser que Judy no había entrado a despertarle. Pensaba en esto cuando escuchó el ruido proveniente de las bisagras de la puerta. Miró hacia la misma viendo cómo se abría, dejando pasar la luminosidad del exterior a su habitación. Dejó la cabeza caer hacia ese lado, y cerró los ojos. Los sentía cansados, aunque en parte quería fingir algo de sueño frente a Judy.

–¡Despierta! –le dijo al tiempo que soltaba la zafa y la jarra en la mesita. Abriría las cortinas para poder ver mejor– ¡Vamos, hoy hace un día estupendo, así que sal ya de la cama! –con las manos en las caderas, caminó hacia la cama y miró fijamente a Kai dispuesta a darle una reprimenda, pero se detuvo por completo al ver el estado del chico. La almohada parecía estar mojada y podía escuchar cómo el bicolor respiraba con dificultad–. Kai. ¿Qué te ocurre? –Preguntó al tiempo que le tocó la frente con una de sus manos, mientras con la otra se tocaba la suya misma– ¡Dios! ¡Estás ardiendo, y estás sudando mucho! –pensó en voz alta, sintiendo la frente empapada de sudor– ¡Voy a avisar ahora mismo a tu padre! –salió corriendo para buscar al señor de la casa e informarle de lo que estaba ocurriendo.

Interrumpió en su desayuno bastante agitada– ¡Señor!

–¿Qué sucede Judy? ¿Por qué estás tan agitada?

–¡Es el joven Kai!

Al ver la expresión en la cara de la mujer, y por el mencionar a su hijo, sabía que algo malo estaba sucediendo. Se limpió los labios con una servilleta mientras se ponía de pie, para acto seguido soltarla de cualquier manera sobre la mesa. Salió corriendo tras la sirvienta por las escaleras.– ¿¡Qué le pasa a mi hijo!? –preguntó preocupado y agitado.

–¡No lo sé! ¡Está sudando y arde de fiebre! –le contaba, subiéndose la falda de su uniforme para no pisarlo mientras subía los últimos escalones.

Los dos irrumpieron en la habitación, pero sólo el padre de Kai se acercó para tocarle la cara y la frente apresuradamente– ¡Kai! ¡Kai! ¡Abre los ojos! ¡Judy! ¡Haz llamar al médico! ¡Rápido!

–¡Sí! ¡Señor! –como alma que llevaba el diablo, salió de la habitación para ir al piso de abajo en busca del médico con el carruaje.

&&&Kai&Takao&&&

Takao se encontraba ahora en el patio de ese fuerte, sentado sobre el muro de la fuente, la cual tenía varios chorros de agua. Dos soldados lo custodiaban a sus espaldas. Daba igual hacia donde caminase, esos soldados lo escoltaban o más bien, lo vigilaban para que no se pudiese escapar. Y por cansancio había acabado ahí sentado.

No podía ver nada positivo en esa unión. Aunque él mismo había hablado mal del bicolor con el Teniente, no podía sacárselo de la cabeza y no dejaba de pensar en él. Sentía que con ese compromiso le estaba traicionando, y aunque Kai lo hubiese hecho con Kane, él no podía hacer lo mismo. Le dolía demasiado la posibilidad de hacerle daño. Aún no comprendía como sus padres los cuales eran de ideas fijas, habían sido capaces de romper ese matrimonio acordado por otro, y más por un Teniente que ni siquiera conocían. ¡Por el amor de Dios! ¡Un Teniente! ¡Era un Teniente! ¿¡Qué de bueno se le podría sacar a un partido así!?

Negaba con la cabeza una y otra vez. Él mismo cuando estaba tan dolido, le había prometido a Yuriy enamorarse de él. ¿En qué estaba pensando cuando dijo eso? Se echó manos a la cabeza, recargando sus codos en sus piernas.

¿¡Cómo podía haber sido tan estúpido!? ¡Había abierto puertas que ya no podría cerrar de ninguna manera! No al menos sin hacerle daño a Yuriy. A él le constaba lo pesado que se ponía el joven de ojos azules cuando estaba cerca de él y parecía estar muy contento por su enlace matrimonial.

¿Cómo no lo iba a estar? Si él había sido tan feliz el tiempo que estuvo prometido con Kai. De sólo saber que se iba a casar algún día con la persona que amaba, eso le bastaba para llenar su corazón de felicidad. Ahora entendía cómo debía de sentirse el Teniente. ¿Pero él sería capaz de corresponderle?

Yuriy lo encontró negando con la cabeza, una y otra vez, cabizbajo y sentando sobre el muro de la fuente. Se acercó a sus soldados, los cuales vigilaban al menor –Dejadnos a solas– ordenó Yuriy de forma suave mientras no dejaba de mirar al joven de cabellos azules que parecía tan preocupado. Tenía que tener algún tipo de consideración con Takao, tampoco debía de ser tan fácil para él el hecho de cambiar de pretendiente así como así.

Caminó con lentitud hacia el chico que bajo ningún concepto parecía querer levantar la cabeza de su posición. Llegó a pararse frente a él, pero éste parecía estar sumido en sus pensamientos o simplemente no le apetecía levantar la cabeza para mirarle.

Levantó su mano y la dejó caer con ternura sobre la cabeza azulada –Sé que esto ahora te puede resultar extraño.

–Lo es –solamente atinó a contestar. Ni siquiera se había dado cuenta de la presencia del otro hasta que no le tocó la cabeza y empezó a hablar.

–Es cuestión de tiempo. Pronto te acostumbrarás, ya lo verás –le animó con voz sedosa.

–No creo poder acostumbrarme a algunas cosas.

Al escuchar esas palabras, quitó su mano de la cabeza y se sentó al lado del menor–¿Qué es lo que exactamente te preocupa? –le preguntó con sinceridad–. Podrás amarme, yo lo sé, de hecho ya lo estabas empezando a hacer.

Eso parecía, pero realmente no había sido así. Todo este tiempo se había estado engañando a sí mismo y al Teniente con falsas promesas–. Yo...

Le pasó la mano izquierda por el hombro y con la derecha le buscó el mentón, guiándole así a que le mirase a los ojos–. Siento mucho el haberte hablado así antes. Eres demasiado importante para mí. Vamos, dime que es lo que te angustia.

–Me siento como un pájaro en una jaula.

–Pero eso no es cierto. Puedes dar todos los paseos que desees por la fortaleza. Este patio está lleno de flores, tantas que algunas trepan por las columnas de cada entrada a este patio y tiene una fuente…

–¿Y qué hay de mi familia? –le interrumpió.

–Hoy no será posible que los puedas ver. Pero qué te parece... ¿mañana? –soltó su mentón.

–¿Me lo promete? –preguntó dudoso, aunque con un ápice de esperanza.

–Por supuesto, yo nunca falto a mi palabra –le habló con soltura y realismo.

–Teniente.

–¿Sí?

–He de pediros un favor.

–¿Un favor dices? –sonrió–. Claro, ¿de qué se trata?

–No quiero que ningún soldado me tenga bajo vigilancia. Por favor, levante su orden.

Hizo una mueca de desagrado con los labios–. Eso no puedo hacerlo –le acarició la mejilla–. Esto lo hago por tu bien. Si algo malo te ocurre, no me lo perdonaría, Takao.

–¡Pero nadie va a hacerme daño! –le hizo ver, desesperado.

Detuvo sus caricias– ¿¡Ah, no!? ¿¡Y qué me dices de ese Zorro!? ¡Te podría haber matado! –declaró.

–¡Claro que no! –le defendió.

Algo le hacía sospechar que Takao estaba más de parte del Zorro que de él, pero ignoró esa posibilidad–. Bueno. Por suerte, ya no está entre nosotros, y no volverá a hacer de las suyas. –Takao ahora lo veía claro, Yuriy daba por hecho que el Zorro estaba muerto–. Por cierto. ¿Cómo conseguiste volver tu solo? –No, no diría ni una sola palabra sobre la verdad. El Zorro había sido muy bueno con su pueblo y eso era digno de admirar.

–Eso no importa ahora. Yo sólo quiero olvidar esa mala experiencia.

–Tienes razón –cambió de asunto poniéndose en pie–. Vamos –le estiró la mano para que la tomara–. Te enseñaré tus nuevos aposentos.

Aceptó la mano, después de todo no tenía más remedio. "Kai. ¿Qué estarás haciendo ahora?", con una falsa sonrisa acompañó al Teniente.

&&&Kai&Takao&&&

El señor Hiwatari estaba muy pendiente de las reacciones del médico, al tiempo que auscultaba a su hijo. Se preguntaba cómo era posible que Kai hubiese amanecido en ese estado con lo fuerte que él era. Ni siquiera sus ojos se desviaron del menor tendido en la cama cuando Judy irrumpió en la habitación.

–Señor, los señores Kinomiya acaban de llegar. Están abajo en el comedor esperándole, al parecer tienen algo importante que decirle.

–Bajaré enseguida –anunció. Con sus brazos cruzados y cara de preocupación se acercó hasta su hijo para acariciarle dulcemente la mejilla–. Se pondrá bien, ¿verdad, Doctor? –ahora su mirada estaba puesta sobre el médico.

–Por supuesto, este joven es muy fuerte. Pero dejad que le siga examinando para determinar con más exactitud lo que le sucede. Mientras tanto, puede ir a recibir su visita.

–Está bien –contestó Hiwatari más aliviado. Miró a la sirvienta– Judy–. Sólo la nombró, pero las miradas valen más que mil palabras, es por ello que la rubia lo comprendió perfectamente. El señor le estaba pidiendo que se quedara acompañando al médico, mientras él bajaba a recibir a sus futuros consuegros.

Una vez a solas, la sirvienta le preguntó al médico– ¿Cuál cree que pueda ser la causa de su enfermedad?

Sacó sus auriculares de los oídos y se lo dejó caer sobre el cuello–. Pues lo cierto es que es curioso. Al parecer la fiebre es causada por algún tipo de infección, pero sin embargo... no se aprecia ni en garganta u oído. La causa ha de ser diferente. –Dejó al paciente unos momentos y abrió su maletín de cuero negro para buscar algo en el–. Tenéis que machacar esto que os voy a dar –sacó unas hierbas–. Dejadlas hervir e intentad que el joven se tome la infusión cuando despierte. –Le entregó las hierbas en la mano a la sirvienta–. Hacedlo por tres días y pronto desaparecerá la fiebre. Se sentirá agotado, dejadlo descansar y no olvidéis refrescarle las muñecas y la frente cada veinte minutos hasta que su sudoración desaparezca. Bien –desvió su mirada de la rubia y del paciente para poder coger las asas de su maletín y cerrarlo–. Si necesitan algo más, no duden en hacerme llamar.

–Bien doctor, muchísimas gracias –le hizo una reverencia. El doctor sonrió como era su costumbre.

–Os acompañaré hasta la salida.

–No será necesario, recuerdo el camino. Despedidme del señor Hiwatari. No quisiera interponerme en su reunión. Vigilad al joven de cerca, porque la va a necesitar. Adiós.

–Adiós.

Tras esa despedida de la rubia, el hombre salió de la habitación. Bajó por las escaleras con tranquilidad, pensando en cuál sería la causa de la infección del joven. En su camino hacia la salida mientras caminaba por el pasillo, pudo apreciar cómo la puerta de su izquierda se abría. Esa era su oportunidad para despedirse del señor Hiwatari personalmente.

Pero no se trataba del señor Hiwatari, sino de la señora Kinomiya, seguida por el señor Kinomiya, los cuales tenían un aspecto preocupante a simple vista. Sus caras, seguidas por las del señor Hiwatari, último en salir de la habitación, estaban totalmente marcadas por la seriedad y la tristeza.

–Buenos días, Doctor –saludó la mujer con su bella sonrisa aunque marcada por la tristeza.

–Buenos días, señora –se acercó a ella y como era el protocolo, cogió la mano de la mujer a modo de saludo y admiración y se la besó. Miró al marido de la misma–. Señor. Hacía tiempo que no les veía, y ahora que les veo, como siempre es un placer. –Al ver como el matrimonio no parecía entablar conversación se quedó sorprendido, sobre todo por parte del señor gobernador.

–¿Cómo se encuentra mi hijo, doctor? –preguntó el señor de la casa.

–Su estado es estable, he dado indicaciones a vuestra sirvienta Judy de lo que ha de hacer y de cómo hacerlo.

–¿Qué le ocurre? –Preguntó la señora Kinomiya mirando al señor Hiwatari– ¿No se encuentra bien?

–Está enfermo –le contestó.

–¡Oh, Dios mío! ¿Se encuentra bien Doctor? –preguntó preocupada.

–No tenéis de que preocuparos. El joven es tan fuerte como un roble, aunque no hay que descuidarle. En fin, si su situación empeorase...

–Le haré llamar de inmediato –se atrevió a contestar Hiwatari apresuradamente al saber cuáles serían las palabras del doctor.

–Bien, si me disculpan –hizo una reverencia con la cabeza a los tres presentes–. Adiós.

–Adiós doctor, y gracias. –le dijo el padre del paciente.

–No me las de –decía al tiempo que caminaba hacia la puerta principal.

Cuando los tres escucharon cómo la puerta se cerraba de inmediato, la mujer miró a su esposo, el cuál asintió–. Nos gustaría ver a Kai. ¿Podemos hacerlo?

–Por supuesto –sonrió con nostalgia. Los Kinomiya a pesar de todo, seguían preocupados por su hijo, a pesar de que cualquier otra familia se desentendería rápidamente con ellos. Le había dolido la noticia y mucho. Pero también entendía la situación tan delicada por la que estaban pasando y por la razón que se habían visto obligados a aceptar. Después de todo, no les podía culpar y aún así, seguiría viva la amistad entre ellos.

Judy mantenía el pañuelo mojado sobre la frente de Kai esperando a que éste diera signos de mejorar, pero seguía igual. Ésta era la primera vez que veía a Kai postrado en una cama, sin moverse, dormido y con signos de respirar con dificultad.

Al sentir una presencia, miró hacia la puerta, por la cual entró la señora Kinomiya, mirando al joven durmiente. Sonrió a Judy con tristeza apenas unos segundos, para dedicarle toda su atención al joven. Mientras ésta se sentaba en la cama, los dos hombres entraron también a la habitación mirando al muchacho. La mujer cogió al bicolor de la mano, dándole así su apoyo a que mejorara pronto. Podía notar cómo el cuerpo de Kai desprendía calor en demasía.

–Me gustaría venir a verle mañana –decía la señora Kinomiya sin perder al joven de vista, acariciándole con su mano libre la mejilla sonrosada.

–Podéis venir a verle cuando queráis. Las puertas de esta casa estarán siempre abiertas para vosotros. –aclaró Hiwatari.

Judy no comprendió muy bien esas palabras, pero aún así guardó silencio. Sin embargo la señora Kinomiya sonrió al escuchar esas palabras.

–Eso es bueno. –contestó.

Pasaron unos diez minutos ahí, mirando al enfermo. Hasta que finalmente el gobernador decidió que ya era hora de marcharse.

–Querida, será mejor que nos marchemos. Debemos de hablar con el señor banquero.

–Sí, es cierto –besó la frente de Kai y se puso de pie–. Bien, volveremos mañana –le sonrió con incomodidad al padre de Kai.

–Aquí les esperaré –sonrió–. Y no se sientan mal por lo ocurrido, yo en su lugar hubiese hecho lo mismo. –le dijo, a modo de que no se sintieran tan culpables.

Esas palabras reconfortaron al matrimonio–. Deseamos su más pronta mejoría –habló el gobernador.

–Lo sé. Bajaré para acompañarles.

–No se moleste. Sabemos el camino, hasta mañana –dijo cortésmente la mujer.

–Cómo queráis. Hasta mañana entonces.

–Hasta mañana –contestaron al unísono saliendo por la puerta.

Una vez solos, los tres en la habitación, Judy no pudo evitar preguntar–. Señor ¿sucede algo? –preguntó confundida, pero interesada en saber que estaba ocurriendo. El ambiente se veía más frío que de costumbre y esas palabras dichas por el señor Hiwatari, le dio a entender que algo no estaba bien entre ambas familias. Y no sólo eso, los tres parecían estar muy tristes y preocupados.

–Verás... –tomó asiento en la cama, junto a su hijo.

&&&Kai&Takao&&&

La puerta de una humilde habitación era abierta. El pelirrojo daba paso con su mano al joven de cabellos azules, quien puso los pies primero dentro de la habitación.

–Ésta será tu habitación –le anunció, cerrando la puerta tras de sí.

Takao miró a su alrededor, dándole un vistazo a todo.

Una cama pequeña, pegada a la pared a su derecha con una manta color verde y una almohada blanca al descubierto. Frente a él, había una puerta acristalada y un balcón de hierro negro viejo. A su izquierda y frente a la cama, pegada también a la pared, se encontraba la mesa, redonda y pequeña junto con una silla.

Se acercó a la puerta acristalada y la abrió, lo cierto es que con suma facilidad, a pesar de que se veía algo deteriorante. Salió al balcón, el cual no tenía gran espacio como el de su habitación, más bien, podía caber una persona en ese espacio. Inmediatamente echó un vistazo para ver que paisaje tendría al otro lado. Por desgracia no parecía haber nada interesante.

Un ciprés bien frondoso estaba a unos pasos de distancia de la pared del cuartel, pero las enormes ramas golpeaban en la pared. Frente a él estaba el muro que rodeaba la propiedad y a lo lejos, algunos árboles. Ni siquiera desde su habitación tendría las vistas hacia Santa Clara.

–¿Qué te parece?

–No está mal –no quería ser grosero de ninguna manera.

–Está habitación es la mejor que he podido coger para ti. Creo que por el tamaño de tu casa no será tan grande como la de tu habitación, pero es acogedora. Además, es la única que posee un balcón y ese tipo de vistas. Pero no te preocupes, esto será momentáneo. –Le explicaba al tiempo que ponía sus manos sobre los hombros del menor.

–¿A qué os referís?

–Pues que haré que desalojen una habitación más amplia y cómoda.

–No pretendo cambiar a nadie de su habitación –habló con un poco de decisión y se giró sobre sus pasos para encarar al pelirrojo y mirarle a los ojos.

Sonrió complacido–. Tranquilo –levantó su mano y la detuvo sobre la mejilla del contrario. –Es una vieja habitación que nadie usa. En ella se guardan cosas inservibles, y creo que este será un buen momento para que la desalojen y la hagan una habitación más.

–No tiene porqué tomarse tantas molestias por mí, Teniente.

Yuriy sintió la necesidad de tomarlo entre sus brazos y así lo hizo. Lo abrazó de forma protectora, tocando con su mano la cabeza azul para evitar que el otro pudiera retroceder–. Eres todo lo contrario. Para mi eres lo más importante de este Estado. Me sentiré tan afortunado el día de nuestro enlace matrimonial. Te consentiré en todo lo que desees sin reparo alguno. He esperado tanto tiempo este momento, ¡no sabes lo feliz que me hace tenerte aquí a mi lado!

El joven de cabellos azules podía detectar el entusiasmo y felicidad en la voz del más alto. Realmente parecía estar tan feliz de tenerlo ahí... y su corazón, se escuchaba latir tan fuerte.

"Quizás el contraer matrimonio con el Teniente no sea tan malo después de todo", fue lo último que pensó Kinomiya.

&&&Kai&Takao&&&

Esa noche los padres de Takao decidieron ir al fuerte para saber al menos cómo estaba su hijo. Sabían que ese cambio tan drástico de planes en su vida, había dejado al joven de cabellos azules con mucha confusión y no sabían si sería capaz de ver lo sucedido con buenos ojos o no. Aún sentían un gran peso en el corazón desde que le contaron lo sucedido al señor Hiwatari, y cuando pensaban en Kai... la cosa iba a peor. Le habían tomado mucho cariño en todos esos años, tanto como a su propio hijo.

Pasaron a lo que era un pequeño comedor, del cual no pasaba de una vieja chimenea de piedras, dos sillones de color verde frente a esta, una mesa rectangular con cuatro sillas de madera, una alfombra roja vieja, un candelabro de siete piezas, dos ventanas, una casi al lado de la otra y había que resaltar que el suelo era de madera al igual que el resto de las habitaciones del fuerte.

El soldado que los había guiado hasta ahí junto sus pies. –Esperad aquí– acto seguido cerró la puerta tras su salida.

–Estoy deseando ver a mi pequeño, ¿crees que nos permitirán verlo? –preguntó la madre.

–No tiene porqué negarnos eso –le aclaró el padre.

Escucharon pasos firmes acercándose a gran velocidad. Sin ningún tipo de temor a romper la puerta, la abrió de un empujón. No podía tratarse de otro, salvo de Takao, quien al ver a sus padres con los brazos abiertos dentro de la habitación para abrazarlo, no reparó en seguir corriendo para abrazarles.

–¡Qué bien que estéis los dos aquí! Se me hacía eterna la espera hasta mañana –La madre le acariciaba la cabeza de manera protectora al escuchar que su hijo tenía tantas ganas de verles como ellos a él–. Cuando el soldado me ha dicho que estabais aquí, no he podido contener mi alegría.

–Hemos venido a visitarte, para ver cómo te instalabas… en tu nuevo hogar –dijo con pesar el padre.

El joven de inmediato se separó del abrazo de ambos y los miró a los ojos, se notaba la preocupación en ambos–. No os preocupéis, me va bien. Ya me han preparado una habitación. –Dijo pausado aunque sin mucho entusiasmo–. Pero aún así no lo entiendo.

–Si vas a quedarte aquí, es lo más normal –anunció el padre, no entendía muy bien la duda de su hijo.

–No me refiero a eso, me refiero al porqué habéis firmado un documento para aceptar mi compromiso con un Teniente. ¿Qué es lo que ha pasado con la alianza entre los Hiwatari y los Kinomiya? –Los padres se miraron, intentando encontrar alguna respuesta que no fuese la cruda realidad o de lo contrario, sabrían a ciencia cierta que Takao no aceptaría tal cosa por su delito cometido– ¿Acaso ya la familia Hiwatari… ya no…? –ni siquiera se atrevía a terminar de preguntarlo, por temor a la respuesta.

–Así ha de ser, Takao –se apresuró a decirle el padre, quien le puso la mano sobre su hombro.

Asintió con la cabeza pensativo– ¿Qué hay de Kai? Ahora es un joven sin compromisos, sin ataduras… –para qué negarlo, eso le preocupaba. Le dolería intensamente el saber que ahora el joven Hiwatari estaría de nuevo comprometido con otra persona. Pero claro, seguro que para Kai era lo mejor, así después de todo no tendría que casarse a la fuerza con alguien a quien no amaba.

–Eso ya no será de nuestra incumbencia –le contestó el padre con la voz tan sedosa como podía.

En el pasillo, Yuriy paseaba tranquilamente, vigilando que ningún soldado se hubiese quedado haciendo el vago por ahí. Sus manos permanecían detrás de su espalda, entrelazadas entre sí y su cara no podía expresar más aburrimiento. Le pareció escuchar unos murmullos, así que se adelantó en silencio para ver que sucedía.

Esa voz le parecía tan familiar… parecía la de… Takao. ¿Pero qué hacía el dentro de una habitación, la cual estaba sin cerrar del todo? Se acercó a la puerta, y tocó el pomo de ella con la mano, pero se detuvo sin hacer ruido. No pretendía hacer nada, sin antes escuchar un poco para saber qué era lo que sucedía.

–Si vas a quedarte aquí, es lo más normal –escuchaba la voz del señor gobernador perfectamente.

–No me refiero a eso, me refiero al porqué habéis firmado un documento para aceptar mi compromiso con un Teniente. ¿Qué es lo que ha pasado con la alianza entre los Hiwatari y los Kinomiya? –Tras un momento de silencio– ¿Acaso ya la familia Hiwatari…? Ya no…

"Parece ser que está indagando, ¿pero qué demonios hace aquí el señor gobernador?", su mirada se volvió fría cuando pensaba en ello, después de todo, su propósito era que Takao no volviese a ver a sus padres nunca más. No al menos hasta el día del enlace si era necesario. Estuvo por abrir la puerta, pero escuchó la contestación del señor Kinomiya.

–Eso ya no será de nuestra incumbencia. –contestó el padre.

–Pero nuestra amistad entre ambas familias estará intacta –decidió intervenir la madre al ver en el rostro de su hijo, decepción.

¿La madre de Takao también estaba ahí? Tenía que entrar en acción, así lo sentía, tenía que despachar a esos dos de ahí.

–No romperemos el contacto con ellos y mucho menos ahora que nos necesitan. Me gustaría que cuando Kai se recupere sepa que puede contar con nosotros todavía.

–¿Kai? –Takao sintió que algo malo le había pasado al bicolor y se preocupó– ¿Qué le sucede? ¿Le ha pasado algo?

La mujer de inmediato miró a su esposo y éste le reprendió con la mirada porque a su esposa se le escapó tal cosa–. Bueno –decidió hablar ya que había empezado, apartando la mirada de su marido para ponerla en su hijo–. Está en la cama con bastante fiebre y no despierta.

Mientras Takao procesaba en su cabeza la información que le había dado su madre se quedó petrificado–. Pero, eso no es posible. Ni de pequeño ha cogido un simple resfriado, él tiene una salud increíble. ¿Se sabe cuál es la causa?

–No, al parecer tiene algún tipo de infección pero no se sabe de dónde proviene –aclaró la madre.

El Teniente escuchaba esas palabras, pero serían las últimas, y la última vez que escucharía hablar de ese Hiwatari. Ese fantoche y ese tema, tenía que ser enterrado, hacer que Takao se olvidase de él como fuese. Así que con decisión, empujó el pomo de la puerta hacia delante, abriendo la puerta de una vez.

–¡Señor Gobernador! –Estiró sus brazos indicando así su sorpresa y alegría de verles allí– ¡Señora Kinomiya! –Sus pasos eran tranquilos pero firmes, haría un espectáculo– ¡Pero qué alegría de verles por aquí! –exclamó, cortando la conversación de los tres presentes en la sala. Pasó el brazo por el hombro de Takao con total confianza, como si con ello quisiera demostrar, que era suyo y sólo suyo. Takao miró la mano que colgaba de su hombro confundido. Ni cuando lo había estado cortejando lo había cogido con tanta confianza–. Les hago saber que mañana mismo íbamos a hacerles una visita –su mano libre y abierta ahora estaba sobre su pecho– ¿No es verdad Takao?

Takao miró al Teniente–. Claro –respondió.

–¡Pero por favor! ¡Tomen asiento! –invitó con su mano libre a que se dirigieran a las sillas. Con el brazo que sujetaba a Takao lo arrastró, caminando a su lado– ¡Vamos nosotros también a sentarnos! –Sacó una silla para permitirle al joven de cabellos azules que tomara asiento. De la misma forma sacó su silla y se sentó a su lado. Los padres de Takao se miraron dudosos por aceptar su oferta o no, pero sólo pretendían estar un rato con su hijo después de todo. Así que se sentaron, la señora Kinomiya frente a su hijo y el señor gobernador frente al Teniente, el cual parecía estar hoy entusiasta– ¡Bueno! ¡Creo que al irrumpir así en la sala, he interrumpido sus conversaciones! ¡Adelante! ¡Continúen hablando! ¡No se detengan por mí! –Takao quiso relajarse un poco, así que dejó las manos estiradas sobre la mesa, pero el Teniente no tardó en cubrir la mano del joven de cabellos azules con la suya.

Tanto los padres, como el hijo se quedaron mirando la mano ahí detenida. Yuriy miraba con curiosidad a los padres. ¿Cómo demonios habían conseguido entrar? ¿Qué soldado se había saltado su orden de no dejar pasar a nadie? Cuando lo encontrase lo pagaría caro– ¿Qué ocurre? Parecen callados. No me dirán que es por mi presencia.

–Por supuesto que no, Teniente –aclaró Takao, aunque lo cierto es que no podría hablar de muchas cosas con sus padres, estando él ahí presente.

–Bueno, en tal caso para romper el hielo. ¿Qué les parece si vamos eligiendo la fecha de nuestro enlace?

–Teniente, ¿no creéis que es un poco precipitado el elegir ya la fecha? –le preguntó el joven de cabellos azules mirando hacia otro lado.

–No lo creo. Es más, lo encuentro de lo más natural. Además, eres simplemente maravilloso y no puedo ni imaginarme la vida sin ti.

–Pero tenemos toda la vida para tomar esa decisión, ¿no lo cree? –contestó el menor. Intentaba darle largas al asunto, pero estaba claro que eso no podría ser.

–Mejor temprano, que tarde –cambió el sentido del refrán–. Veamos, propongo algo. Señor, usted piense en un número, y usted señora en una estación del año. Takao, piensa en una hora y yo en el año. ¿Y bien? –miró al señor gobernador esperando su respuesta.

Miró a su hijo y vio la cara de tristeza que reflejaba. Así que eligió el número más alejado y alto posible– Treinta y uno.

Al tener la mirada de Yuriy sobre ella contestó–. Invierno –puesto que acababan de terminarlo hace poco para empezar la primavera, faltarían así varias estaciones hasta llegar de nuevo a esa.

–Ocho de la tarde –respondió Takao al saber que el siguiente era él.

–Bien, yo digo este año –sonrió.

Takao pensó unos segundos, una manera de retrasar eso, sería eligiendo el mes final que perteneciera al invierno y ese era febrero–. Teniente, me gustaría elegir el mes, ¿puedo hacerlo?

–Claro, faltaría más, cual has elegido –preguntó complacido.

–Febrero, porque es cuando cumplo años –miró a sus padres, los cuales sabían perfectamente que mentía, pero los dos le estaban ayudando a alargar la cosa, así que no dijeron nada.

–¿De verdad? –su sonrisa se agrando.

–Claro –ahora él fue quien puso su mano sobre la del pelirrojo con una sonrisa.

–Tendremos una ceremonia íntima, creo que será lo más conveniente –le contaba el pelirrojo mirándole también con una sonrisa.

Los padres del joven se miraron casi a la vez y miraron las manos cogidas y como si estuviesen cronometrados se pusieron los dos de pie. Los dos jóvenes apartaron la vista el uno del otro al escuchar el ruido de la silla arrastrada en el suelo.

–Bueno, os dejaremos con lo vuestro –dijo la señora Kinomiya con una sonrisa un tanto falsa ante los ojos del joven de cabellos azules.

–Cómo, ¿ya se van tan pronto? –preguntó incrédulo Yuriy, aunque era lo que estaba esperando.

–Sí, sólo habíamos venido a hacerle una visita a nuestro hijo –confesó el padre–. Tenemos algunos asuntos que atender. –Takao al escuchar esas palabras se puso en pie, soltando el agarre de Yuriy. No vaciló en ir a abrazar primero a su madre, ya que la tenía más cerca.

–¿Volveréis a venir pronto? –le preguntó.

–Claro, te lo prometo –abrazó a su hijo, besándolo en la mejilla.

–Mañana esperadme en casa, iré yo a veros. El Teniente me ha dado permiso, me lo ha prometido –sonrió lleno de felicidad.

–Y yo nunca rompo mis promesas –le recordó al escuchar a Takao hablar, viendo cómo ahora abrazaba a su padre. Por Dios, el momento se le estaba haciendo eterno, ¿es que no podían irse sin más de ahí?

–Entonces aguardaremos con ilusión tu llegada –se separó de su hijo–. Bien –le sonrió–. Buenas noches.

–Hasta mañana –se despidió la mujer.

–Adiós –fue lo último que dijo.

–Yo les acompañaré a la salida –se ofreció el Teniente. Se puso de pie y caminó delante de ellos para así guiarles.

Sus pasos se fueron alejando, hasta salir de la habitación, donde Takao se quedó solo, pensando en lo hábiles que habían sido al ponerse mentalmente los tres de acuerdo para retrasar lo máximo posible la fecha para el enlace.

&&&Kai&Takao&&&

Tras asegurarse por sí mismo de que los señores Kinomiya abandonaban el fuerte, decidió entrar de nuevo a la fortaleza. Iría a reunir a sus hombres en sus respectivos y anchurosos cuartos para echarles un buen sermón y dejarles las cosas claras. Y cuando descubriera quien había tenido la culpa de dejar pasar a los padres de Takao hasta ahí, le pondría un castigo muy severo.

Mientras tanto, Takao se metió en su habitación. No podía dejar de darle vueltas a la cabeza. Tenía muchas preocupaciones. Aún seguía preocupado por Kai y el enterarse de esa noticia, solamente lo había preocupado más. Ahora sentía que tenía que verlo a como diera lugar. Al Teniente no tendría porqué preocuparle algo tan insignificante como el hecho de que él fuera a hacerle una visita a su antiguo pretendiente. ¿Verdad?

Se llevó una mano a la frente–. Seguro que sí –pensó en alto.

Por otro lado, ya habían decidido la fecha de su boda. Por suerte, parecía que sus padres habían pensado en posponerla el mayor tiempo posible. Pero al parecer, Yuriy no pensaba igual y había decidido que se casarían en este año.

Con pasos pesados se acercó a la ventana. La abrió, escuchando el ruido que emitían las bisagras oxidadas. Pisó en el poco trozo que le ofrecía ese balcón y miró hacia el cielo. En las estrellas parecía ver reflejada la cara del bicolor. Agarró la baranda de hierro casi por inercia.

–Kai…–suspiró–. Espero que estés bien.

&&&Kai&Takao&&&

Abrió sus ojos con pesadez. Parecía que alguien se los cerraba apropósito para impedirle que pudiera abrirlos. Sus ojos se pasearon por esa habitación. Estaba claro que era la suya, ¿pero qué hacía ahí?

No se asustó cuando vio el rostro familiar de Judy frente a sus ojos.

–Kai, ¡por fin despiertas! –gritaba llena de alegría. La rubia miró hacia la puerta de la habitación, parecía buscar algo– ¡Señor Hiwatari! ¡Señor Hiwatari! ¡Kai ha despertado! –Dejando de gritar, recordó lo que le dijo el médico, así que miró al bicolor– ¿Te encuentras bien?

–¿Qué hago aquí? –preguntó confundido.

A la rubia no le dio tiempo de contestar cuando el padre del bicolor entró por la puerta a zancadas, tocando la frente de su hijo.

–Hijo. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?

Fue el momento en el que Judy se puso de pie y aprovechó para ir a preparar la medicina a la cocina.

–Cansado y con hambre –contestó un poco aturdido.

–No te preocupes, le diré a Judy que te prepare una sopa. En cuanto a lo de cansado, es normal, tienes mucha fiebre. Por ello has estado inconsciente.

–¿Inconsciente? –Preguntó no dando crédito–. Pero habrán sido como mucho dos horas –le restó importancia con ese comentario.

–Jajaja –se echó a reír, no sabiendo muy bien porqué–. No, no lo han sido.

–¿Cuánto ha sido? –quiso saber.

–Tres días.

–¿¡Tres días?! –preguntó incrédulo.

–Así es.

–No pensaba que había dormido tanto –le confesó–. Lo siento, habéis tenido que sufrir por esto.

–Ahora todo está bien. Eres fuerte, te recuperarás. –Le sonrió–. Pero dime, ¿cómo te has hecho esa herida? –preguntó interesado.

Enarcó la ceja y lo miró confundido– ¿Herida? –¿A qué se refería con eso?

–Sí, ya sabes, la herida que tienes en el brazo. –continuaba el padre.

Se tocó el brazo casi por inercia y se detuvo a pensar. Ahora recordaba algunas cosas de las sucedidas. Miró a su padre, sabía que quería una respuesta cuanto antes– ¿Esto? No es nada, intenté bajar un gato de la rama de un árbol, y ya ves cómo me lo agradeció. Será la última vez que hago algo así por un chiquillo que no para de llorar porque su gato se ha subido al árbol y no sabe cómo bajar.

–Vaya, así que un gato –se echó a reír–. Bueno, habrá que tratarla bien o te quedará una cicatriz.

Tras un breve silencio, Kai decidió romper el hielo–. Dime. ¿Takao ha venido a visitarme?

El rostro del padre se ensombreció totalmente–. Kai, hay algo que debo de contarte.

Por el tono de voz de su padre, dedujo que algo estaba sucediendo. No sabía de lo que se trataba, pero algo le decía que no era bueno–. Te escucho.

&&&Kai&Takao&&&

Ahora se encontraba incorporado en su cama. Judy le había dado el medicamento y le habían curado la herida, la cual parecía estar muy infectada. Daba la sensación de que iba a sangrar de un momento a otro. ¡Maldito Teniente!, sabía que cuando Takao se montó en Tornado para ayudarle a escapar, el Teniente tomaría represarías contra él, pero jamás pensó en esa posibilidad. Aprovechó bien la oportunidad para amarrarlo a su lado. Comprendía la postura de los señores Kinomiya, después de todo, sólo pretendían salvar a su hijo de una muerte segura. Él hubiera hecho lo mismo en su lugar. Pero lo que Yuriy estaba haciendo con Takao, le parecía una bajeza insuperable. Si sólo él pudiera luchar por él, si pudiese recuperarlo de alguna forma.

Golpeó el colchón de la cama con su mano por la frustración. Se sentía impotente. Según le había contado su padre, parecía ser que Yuriy denegaba las visitas en el cuartel, incluso a los señores Kinomiya. Si supiera con certeza que podría verle en el pueblo, hablaría con Takao y aunque no sirviese de mucho, le confesaría sus sentimientos por él.

–Confesarle mis sentimientos –habló para sí mismo. Se sentía en realidad como si se los hubiese confesado de alguna manera, pero no lo recordaba y eso era imposible, no estando en su sano juicio–. Un momento –un flash de recuerdos le vino a la cabeza. Sintió un cosquilleo en su estómago y en sus mejillas apareció un sonrojo. Recordaba haber besado a Takao antes de desmayarse en la cueva, pero no, no era como Kai, ¡era como Zorro!

Flash Back

Miró fijamente al joven de cabellos azules y con su mano le acarició la mejilla– Este rostro. Este hermoso rostro, quizás sea la última vez que lo vea. –Intentó interrumpir su propia tos.

–No digas eso –al escuchar las palabras del Zorro, sintió que el corazón se le oprimía de dolor–. Te vas a recuperar, ya lo verás –intentó darle esperanzas y de alguna manera convencerse a sí mismo de que todo eso era verdad.

–Me encuentro muy cansado ahora. Pero si algo llega a pasarme, Tornado te llevará de vuelta a tu casa.

–Shhhh... Descansa –le pidió aunque él también empezaba a creer que el Zorro una vez cerrase los ojos, no los abría jamás.

–Takao. Cof, cof... quiero pedirte perdón. Quiero decirte también que conocerte a sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Nunca he querido hacerte enfadar, sólo lo hacía porque te veías más atractivo enfadado.

–Zorro, no entiendo nada de lo que me dices.

Las fuerzas lo estaban abandonando, así que debía de ser más breve de lo que él pensaba. Se acercó con rapidez al joven de cabellos azules y cerró los ojos al sentir sus labios chocar con los del menor. Por su parte, Takao estaba con los ojos abiertos a más no poder. Ese acercamiento le había pillado por sorpresa totalmente. Pero en unos segundos vio cómo el otro se desplomaba en el suelo.

Fin Flash Back

Flash Back

–Gracias. –decía el Zorro.

–No hice gran cosa. La verdad, todo lo ha hecho ese ungüento.

–No lo digo sólo por eso. Gracias por no quitarme la máscara.

Sonrió– Ah, eso. Digamos que se rompería la magia.

–¿La magia?

–Sí. Empiezo a creer que es más seguro para ti, que nadie sepa tu identidad –cayó unos momentos– ¿Estás seguro de que no recuerdas nada?

Negó con la cabeza– ¿Debería?

Takao se mordió el labio inferior–. No –contestó.

Fin Flash Back

"¡Maldición!, ha de haber pensado que ese beso no significó nada para mí, es decir, para el Zorro. ¿Ahora qué se supone que he de hacer? Pensaba que jamás volvería verle, así que me armé de valor sin importarme si iba disfrazado o no y le besé. Y pensar que el Zorro ha sido el primero en declararse. Esto es absurdo, estoy celoso de mí mismo." Se llevó ambas manos a la frente. "El Zorro a conseguido lo que yo jamás hubiese logrado por mí mismo", recapacitó en sus pensamientos. "No, eso no es del todo cierto. Cuando le besé, cuando baile con él, no actuaba como otra persona, sino como yo mismo. Es solamente que nadie me ha conocido tan profundamente para saber que yo soy así realmente. Únicamente a Kane le mostré esa faceta mía en España. Pues bien, ahora estoy decidido. Ya no tengo nada que perder. Iré al pueblo por la mañana, me quedaré allí todo el día si es necesario. Pero no me quedaré tranquilo hasta haberle revelado mis sentimientos a Takao como yo mismo, sin ayuda de ningún disfraz".

Continuará…

&&&Kai&Takao&&&

Siento mucho la tardanza, pero no podía continuar este fic por varias razones. La más poderosa, virus en mi ordenador que se lo cargaron todo y tuve que comenzar de nuevo por dos veces. Sólo espero que disfruten de la lectura.

Gracias por sus reviews a:

Dark–ekin: Pues ya ves que a Kai la noticia no le ha sentado muy bien, pero lo cierto es que Takao está de las mismas. Parece ser que tanto Yuriy como Kai están decididos a hacer algo por el joven de cabellos azules. ¿Cuál de los dos se saldrá con la suya?

Valery Hiwatakinomiya: Espero que no te hayas hartado de esperar la continuación de esta historia. Yuriy cómo ves no se anda con rodeos y obligó de alguna forma a tener la fecha del enlace. No, si es muy espabilado y astuto y eso que Takao y sus padres hicieron todo lo posible por retrasarlo todo.

Miavid: Bueno, ya ves la primera reacción de Takao. No lo asimila del todo, aunque no sabe aún el verdadero motivo de su enlace con el Teniente. Las demás preguntas no puedo respondértelas porque corresponden a otro capi que aún no está escrito, así que tendrás que esperar, pero no vas mal encaminada.

Takaita Hiwatari: Jajaja, ay hermanita. Tú no tienes buenas ideas, tu si le hubieses quitado la máscara a cualquier enmascarado. Por lo que has podido ver, el Zorro no fingió amnesia, es que no se acordaba de nada. Y sí, Yuriy le está quitando el novio a Kai, más bien se lo ha quitado, ¿pero le durará eso?

Monacore: Hola, me alegra que te guste la historia y ojalá puedas leer este capi también para que sepas cómo continua.

Wuonero: Jajaja, pues alias pelirrojo feo, ya eligió hasta la fecha de la boda y se las ingenió para que los padres de Takao y él mismo la eligieran, ¿cómo lo ves? No, si en el fondo no es tonto. En cuanto a Kai, ya ves cómo se ha despertado. Quiere declararse ante Takao sea como sea, pero esta vez como Kai.

Miru: Jajaja. No sé cuál de los tres te gusta más, Takao, Kai o Yuriy. Éste último tienes razón, se aprovecha hasta de sus desventajas, él es así de malo. Espero que este capi te haya gustado, aunque la verdad no ha pasado gran cosa.

Sheena–yukiko–25: Bueno, veo que te gusta el fic. Sobre todo la escena en la que el Zorro baila con Takao y le deja la rosa, aunque no es la última rosa, jajaja. Como ves Yuriy no se anda con rodeos y hasta la fecha del enlace está decidida. Solamente falta ver que hará Kai en el próximo capi, porque éste parece estar decidido a hablar con el joven de cabellos azules sea como sea.

Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.