Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen –ai

"Pensamientos"

–Diálogos.

EL ZORRO

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

&&&Kai&Takao&&&

El Comandante Brooklyn estaba de pie con las manos cruzadas tras su espalda, esperando a que el Teniente entrara por la puerta. Hacía un rato ya que lo había mandado a buscar por un soldado. Tenía que hablar de cosas de vital importancia con él.

Empezó a dar paseíllos por la habitación para no desesperarse. Agradeció enormemente el hecho de que tocaran por fin la puerta.

–Pase –indicó deteniéndose en su caminar y mirando hacia la puerta.

El pelirrojo pasó a la habitación, cerrando la puerta tras de sí–. Aquí estoy, ¿qué sucede?

–Quiero hacerle una pregunta. Hoy ha recogido impuestos, ¿verdad?

–Sí.

–¿Y ayer?

–Por supuesto. Toda la semana. ¿Qué sucede? –preguntó curioso.

Se acercó al cofre y lo cogió en peso para dejarlo sobre su escritorio. Con ayuda de la llave lo abrió sin problemas, mostrándole al Teniente el dinero que había dentro.

–No le ve nada raro, ¿verdad?

–No a simple vista. Pero supongo que vuestra llamada está relacionada con esto –dedujo echándole un vistazo al contenido.

Sonrió–. Verá, he hecho recuento. Por simple curiosidad. –agregó–. Y las cuentas no salen según vuestros informes.

–¿Desde cuándo sucede esto? –le miró a los ojos.

–Desde hace cinco días –le confirmó–. Claro está, que no se si el problema viene de antes. Pero está claro que tenemos un traidor entre nosotros.

–No creo que los soldados sean tan incompetentes para hacer algo así. Saben que se juegan su puesto –le habló con sensatez.

–Hay más personas en ésta fortaleza. ¿No cree?

–De antemano le haré saber que yo no estaba al tanto de este asunto –se exculpó de inmediato.

–Jajaja. Tranquilícese, no pensaba en usted. Sino más bien en alguien más cercano a su persona.

Frunció el ceño– ¿A dónde quiere ir a parar? Déjese de rodeos y dígalo de una vez –casi le exigió.

–Su prometido, por ejemplo.

–Jajaja –echó a reír relajando las facciones de su cara–. Estará de broma.

–No –se encogió de hombros.

Borró su sonrisa para recobrar la compostura–. Takao es incapaz de hacer algo así –le defendió.

–¿Eso cree? Porque yo lo veo como dentro de las posibilidades de…–fue interrumpido por el joven de ojos azules.

–Le conozco. Él no lo haría.

–¿Cómo puede estar tan seguro?

–Porque lo siento así. –argumentó.

–Teniente, no dejéis que el amor por ese joven os nuble la vista de esa forma. Os creía más inteligente. –anunció.

–¡Mi amor no me ciega y mi inteligencia sigue intacta! –se cruzó de brazos y le dio la espalda al joven de cabellos naranjas, enfadado. ¿Cómo se atrevía a hablarle así?

–Vaya, siento haberos ofendido así. Está bien, retiro lo dicho –se disculpó–. Pero no estaría mal que le echéis un vistazo de vez en cuando, para ir reduciendo la lista de sospechosos.

–Sé muy bien los pasos que he de seguir con él. Además, la llave que abre el cofre está guardada a buen recaudo y no se puede acceder a ella si no es abriendo con otra llave –le explicó indignado.

–Está bien. Confío en vos –cerró el cofre echándolo con llave.

–Si me disculpa, me retiro ya –con pasos firmes salió por la puerta.

El Comandante lo vio desaparecer mientras cogía en peso el cofre y lo devolvía a su sitio–¡Je! No quiere reconocer que ese mocoso le ha cautivado.

&&&Kai&Takao&&&

El joven de ojos azules reflejaba un rostro de pocos amigos. Su caminar se veía más rápido de lo normal. De nuevo iría a reunirse con el joven de cabellos azules, al cual había dejado cepillando a los caballos como era su deseo.

En su punto de mira pronto tuvo al menor, pero prefirió por ahora guardar un poco la distancia, para que no fuera evidente que algo le colmaba la paciencia. No quería llamar su atención en ese asunto, ni tampoco que se preocupara por él.

Sus facciones fueron relajándose al tiempo que veía como Takao pasaba el cepillo por el lomo del animal con tranquilidad. Por más que imaginaba la idea de que Takao pudiera estar metido en eso, más inocente lo veía. Eso sería una tarea imposible para él. Después de todo estaba vigilado por sus soldados a todas horas, y la llave estaba escondida dentro del cajón de su escritorio, y sin la llave que estaba oculta tras los libros de la estantería, no podría abrir el cajón.

Además, la familia de Takao era adinerada. ¿Para qué robar algo? Miraba a su alrededor como intentando buscar la respuesta a su duda. No, él no. Él no robaría a su propio pueblo. El moreno de piel sabía perfectamente que eso estaba mal y él precisamente no estaba del lado de esa cara de la moneda.

Tenía que demostrarle al Comandante cuanto antes, lo equivocado que estaba sobre todo ese asunto. A lo mejor el cofre tenía un agujero por algún lado.

Se cruzó de brazos y miró al cielo. No, eso era poco probable. Se habrían dado cuenta de inmediato. ¿Pero y si no era así?

Miró de nuevo al joven de cabellos azules, el cual al sentirse observado, miró hacia la dirección en la que el pelirrojo se encontraba. Takao pudo observar que las facciones del pelirrojo no eran tan relajadas como de costumbre. Así que sólo atinó a brindarle una de sus mejores sonrisas mientras no paraba de cepillar al animal.

Yuriy sintió la calidez de esa sonrisa, lo cual hizo que poco a poco empezara a verlo con mejores ojos y le sonriera también.

"No, esa inocente cara no puede estar tras todo esto", le saludó con la mano.

Takao concentró entonces su atención de nuevo hacia el caballo sin borrar la sonrisa. Todo le iba bien, estaba feliz. Por fin estaba ayudando a su pueblo y no sospechaban que faltaba dinero en el cofre. Cepilló al caballo con más ímpetu, escuchando el relinchar del jamelgo.

–Takao.

No por escuchar su nombre de repente se asustó, ya que sabía que se trataba de Yuriy– ¿Qué? –contestó simplemente.

–Verás, aprovechando que no es mediodía y que falta bastante para comer, me preguntaba si te gustaría comer en el campo.

Se dio media vuelta interesado– ¿En el campo decís?

–Sí, podemos disfrutar de la sombra de los árboles, la fina hierba verde y fresca del suelo… el sonido del riachuelo a nuestro lado, el olor a campo...–Takao sonrió al pensarlo, saldría de ahí por unas horas– ¿Qué me dices?

–¿Vendrá el Comandante? –quiso averiguar.

–Oh, no. El Comandante se queda aquí. Solos, tú y yo. Sin soldados –le especificó.

–¿Sin soldados que me vigilen? –preguntó incrédulo.

–No. Al sitio al que vamos es tan especial y bello, que sólo quiero que nosotros dos gocemos de el –le aclaró– ¿Y bien? ¿Qué respondes? ¿Te apetece?

–¡Me apetece mucho! –le respondió ilusionado.

–Bien, escoge tú el caballo en el cual quieres que montemos. Yo prepararé lo demás.

¿Caballo? ¿Había dicho caballo? ¿Y el otro?– ¿Solo uno?

–Sí, montaremos juntos. –aclaró.

–Ah, jeje. Genial –comentó con menos ánimo en su voz– ¿Y el carruaje?

–El sitio al que vamos es rocoso, las ruedas se romperían de inmediato –le aclaró, mientras se alejaba para ir a ocuparse del asunto de la comida.

&&&Kai&Takao&&&

Los dos iban a lomos de un caballo marrón. Takao estaba sentado el primero y el Teniente detrás, que era el que sujetaba las riendas.

Yuriy estaba disfrutando de ese momento como un chiquillo, incluso cuando el aroma dulce y embriagador del cabello azulado le azotaba los pensamientos, no podía evitar acercarse más y aspirar todo lo que podía.

Takao estaba de lo más nervioso. ¿Por qué sentía que el pelirrojo no paraba de olerle el cabello? Y por culpa de ese sendero rocoso, dudaba que Yuriy le estuviese golpeando el trasero con su arma. Empezaba a creer que era otra cosa y que el Teniente disfrutaba con cada golpe. Atado al sobresaliente de la silla estaba el mantel que envolvía la comida.

Su sonrisa fue agrandando enormemente al pensar que estaría a solas con Takao y que podría hacerle cualquier cosa que se propusiera. La verdad es que ese continuo golpeteo en el trasero del menor le estaba animando.

–Por ahí se ve un riachuelo, ¿es por ahí? –preguntó el joven de cabellos azules deseando llegar al sitio para poder bajarse de una vez del caballo.

–Sí, es por aquí.

–Me apetece andar, ¿a usted no?

Sonrió en sus adentros– No.

–Uh, pues a mí sí. No estoy acostumbrado a montar a caballo y me agota.

–Jajaja. Ya estamos muy cerca, no te preocupes.

Se mordió los labios, nervioso. ¿Por qué sentía que cada segundo que pasaba estaba más en peligro?

–Mira, es aquí –le indicó deteniendo al caballo. Soltó las riendas y puso el pie en el estribo. Tan pronto como sus pies tocaron el suelo, levantó las manos para ayudar a bajar al menor del caballo, pero para su sorpresa no estaba– ¿Takao? –preguntó intentando mirar hacia el otro lado del caballo sin éxito.

–¡Vaya, esto es precioso! –confesó a una distancia ya del Teniente.

Yuriy le miró por unos segundos y sonrió complacido. Desató el mantel de la silla y lo cogió en sus manos.

Takao miraba a su alrededor emocionado. Hierba fina por todos lados, un riachuelo cristalino, florecillas dispersas, algunos árboles que daban sombra, pájaros trinando, y el cielo completamente azul. Era tal y como Yuriy se lo había descrito.

Yuriy empezó a extender el mantel sobre la hierba. Takao se aproximó, la verdad es que tenía hambre desde hacía rato. Una botella de vino, dos copas, pan, queso, chorizo, panceta y dos cuchillos de sierra era lo que Yuriy había llevado. La verdad es que todo se pegaba bien al riñón, pero no le importaba, los días de campo eran así.

–Vamos, siéntate –le invitó Yuriy, haciéndolo el mismo, mientras abría la botella de vino y llenaba la copa del menor. Esa sería sin duda una velada inolvidable.

&&&Kai&Takao&&&

Habían regresado hacía unos momentos del campo. Mientras Takao se daba un baño, el Teniente decidió aprovechar el tiempo para ir a revisar unos documentos que se hallaban en el despacho del Comandante.

En realidad Takao no se estaba dando un baño, sino que se encontraba ahora mismo en el despacho del Comandante para llenar los saquitos de dinero. Cerró el cofre y echó la llave cuando escuchó pasos.

El Teniente abrió la puerta de inmediato, encontrándose al joven de cabellos azules en la habitación con las manos tras la espalda.

–Takao –enarcó una ceja con seriedad– ¿No te ibas a bañar? ¿Qué haces aquí?–echó un vistazo al cofre, el cual permanecía cerrado y en su sitio.

–Pues la verdad es que no quería bañarme hasta hablar con el Comandante –con sigilo, intentó meter los saquitos en su camisa interior tras su espalda.

–¿Para qué quieres hablar con él? –preguntó acercándose hasta él.

–Oh, no es sobre nada importante –le restó importancia.

–Takao –vio que las manos permanecían tras su espalda, así que decidió preguntar –¿Escondes algo? –ladeó un poco la cabeza intentando ver si en sus manos había algo.

–¿Yo? Nada ¿Por qué? –esquivaba hacia los lados al Teniente, para no dejarle ver lo que tenía.

–¿Me enseñas las manos? –le preguntó.

–Claro –se las enseñó sin problemas– ¿Sucede algo? –preguntó inocente.

Yuriy al ver las manos, vacías pensó que había sido una estupidez el creer que Takao podía haber cometido tal acto–. No, sólo quería tomarlas con las mías –las cubrió con sus manos y le sonrió.

–Perdonen la interrupción, ¿pero me pueden decir qué hacen aquí? –fue la voz del Comandante, quién acababa de entrar por la puerta.

–Takao quería hablar con vos –le explicó Yuriy.

–¿Ah, sí? –preguntó lleno de curiosidad, mirando a Takao.

–Sí –se soltó de las manos de Yuriy con tacto–. Verá, quisiera que asistiera a nuestra boda.

–Oh, pues me halaga la invitación, ya que el Teniente aún no me ha invitado –le miró con evidencia–. Pero sobre esas fechas estaré fuera de Santa Clara, así que no sé si me será posible asistir.

–Oh, vaya –anunció Takao decepcionado. Empezó a rodearles, sin dejarles ver lo que tenía oculto en la espalda. Yuriy y Brooklyn veían cómo el menor caminaba hacia atrás sin dejarles de hablar–. Pues es una pena, sería un verdadero honor para mí, y por supuesto para el Teniente. Pero si asuntos de mayor interés le reclaman, nada se puede hacer. Bueno, sólo era eso. Teniente, estaré dándome una ducha. –Takao al ver que cruzó la puerta, agregó–. Oh, ya cierro yo, no se preocupen –agarró el pomo y cerró la puerta, suspirando un poco aliviado por no haber sido descubierto. Ahora lo más importante era correr hacia su habitación y esconder los saquitos de dinero.

Brooklyn miró al callado Yuriy–. Vaya, ese crío tiene más atención que usted en este tipo de celebraciones, Teniente.

–No es que no pretendiera invitarle a mi boda, simplemente pensé que ya lo había hecho. Perdone mi torpeza. –Buscó los papeles que necesitaba y enrollados, se los mostró al Comandante–. Si me disculpa, he de seguir con mi trabajo –abrió la puerta y desapareció de la vista del joven de cabellos naranjas.

&&&Kai&Takao&&&

El bicolor mojaba la pluma en la tinta china para seguir escribiendo una carta.

–¿Qué haces? –le preguntó su padre, quien entró a la biblioteca a buscar un libro en las estanterías.

–Escribo una correspondencia –contestó sin detenerse al escribir.

–¿Ah, sí? ¿A quién escribes? –le preguntó sin dejar de buscar el libro.

–A Kane.

–Oh, salúdale de mi parte y de Judy. Nos ha caído bien. Y dile que es bien recibido para venir cuando lo desee –comentó tomando el libro por fin en sus manos y saliendo de la habitación.

Kai dobló la hoja escrita en tres partes y la metió dentro un sobre. Cogió la vela encendida que estaba sobre la mesa y la volcó levemente, sólo para dejar que un poco de cera cayera en la unión del sobre. Entonces puso el sello familiar sobre ella para sellarla.

"Ojalá puedas hacer tú más que yo. Porque el Zorro solo, no puede con todo esto", pensaba cogiendo el sobre en sus manos para llevarlo cuanto antes al hombre que se encargaba de trasladar la correspondencia de un pueblo a otro.

&&&Kai&Takao&&&

Esa noche en el cuartel del ejército…

–¿Cómo está la situación en el pueblo? –le preguntó Takao, entregándole el dinero en las manos que estaban cubiertas como siempre por unos guantes negros.

–Mejor, gracias a tu ayuda, Takao. Al menos pueden comer, aunque no podrán recuperar lo que han vendido ya, para poder sobrevivir.

–Entiendo –sonrió–. Pero al menos aún queda la esperanza de un milagro.

–Claro –le sonrió–. Hasta mañana.

–Hasta mañana –le despidió, viéndole desaparecer.

Bajó con sigilo el árbol. Se ocultó tras el tronco hasta ver que no había nadie por ahí. Sólo entonces echó a correr hacia el muro, el sitio exacto en el que había dejado una cuerda colgada para poder trepar por ella y salir de esa propiedad.

Un soldado que hacía guardia con otro compañero le pareció escuchar algo– ¿Oyes eso?

–¿El qué? –preguntó el otro confundido.

–Los cascos de un caballo en la lejanía y parece que está galopando.

Lo miró confundido–. O estoy sordo, o no se escucha nada y son cosas de tu imaginación. –le intentó restar importancia.

–Te digo que escucho algo –le repitió, saliendo por el portón abierto de la fortaleza. –Es un jinete –pudo apreciar.

Se asomó el otro–. No es cualquier jinete, es…–silenció unos segundos– ¿El Zorro?

–Pero eso no es posible, el Teniente acabó con él.

–Pues otro estará ocupando su lugar. Pero es su caballo, estoy seguro. Y creo que tiene su misma forma de montar a caballo. –Analizó al fijarse más en los detalles– ¿Qué hacemos?

–Es obvio, cierra el portón. Yo informaré al Teniente sobre esto.

&&&Kai&Takao&&&

–¿Estáis seguros de que era él? –preguntaba el pelirrojo al enterarse de la noticia.

–Era el mismo traje y el mismo caballo, señor. –informaba uno de sus soldados.

Su ceño se fue frunciendo cada vez más, hasta golpear la mesa con ambos puños cerrados– ¡Maldito sea, así que sigue vivo después de todo! –Reflexionó unos segundos y su ira aumentó– ¡Soldado, vuelva a su puesto!

–Señor –antes de que el soldado se diera media vuelta para salir del despacho del Teniente, Yuriy le adelantó, abriéndose paso él primero. Caminó con cara de pocos amigos hasta la puerta que daba a la habitación del joven de cabellos azules. Tocó un par de veces, esperando a que le abriese.

–Estoy aquí –informó pensando que se trataba de un soldado. Volvió a escuchar tocar en la puerta– ¡Qué pesados! –se quejó abriendo la puerta, descubriendo que no se trataba de un soldado, sino de Yuriy quien parecía bastante enfadado. Antes de que pudiera articular palabra para preguntar qué hacia ahí, el joven de ojos azules lo agarró con fuerza del brazo y lo empujó al interior de la habitación, cerrando con la mano libre la puerta con fuerza.

–Está vivo. –anunció.

–¿Qué? ¿Quién está vivo? ¿De qué me habla? –preguntó confundido.

–No juegues conmigo –apretó el agarre, sintiéndose cada vez más enfadado.

–¡Ah! –Su rostro empezaba a reflejar dolor– ¡Me hace daño! –se quejó.

–¡Más daño me has provocado tú con tu mentira! –masculló.

–¡No sé de qué me habla! ¡Suélteme, me hace daño! –repitió.

–¡Uno de mis soldados ha visto al Zorro cabalgar por la zona! –Le aclaró– ¿¡Por qué no me dijiste que seguía con vida!? ¡Ahora entiendo porque preferías no hablar del asunto! ¡Intentaste engañarme! ¡Ocultarme la verdad!

–No, no es verdad ¡Ah! –Se quejó, poniendo su mano sobre la del Teniente– ¡Por favor, me duele!

Soltó de repente el agarré con furia–. Tú has visto su escondite –siseó y estaba seguro de sus palabras.

–No es verdad –le discutió.

–¡No me mientas! –en un arrebato de ira le dio una sonora bofetada. Takao sólo pudo llevarse su mano a la zona afectada, mirando sorprendido al pelirrojo, quien no creía que fuera a hacer nunca una cosa así– ¿Cómo llegaste hasta tu casa? –únicamente obtenía silencio del menor y la mirada apartada de él–. Takao, dímelo –le ordenó.

–No veo porqué, no estáis siendo amable conmigo –le reprochó.

–Takao –con su mano se tocó la frente–. Mi paciencia tiene un límite y ahora mismo no te conviene hacerme enfadar, porque cuando estoy enfadado no tengo miramientos con nadie. Sólo quiero la verdad –su mirada inspiraba algo de temor.

–La verdad es que no sé a dónde me llevó. No recuerdo apenas nada, sólo un golpe en la cabeza. Cuando recobré la conciencia, tenía los ojos vendados y estaba montado en un caballo. Al quitarme la venda estaba frente a mi casa.

Al escuchar el relato del menor, se puso a meditar juntando las puntas de sus dedos apoyadas en sus labios– ¿Por qué dudo de tus palabras?

–Haga lo que quiera, pero esa es la verdad. En ese tiempo, sólo vi la oscuridad de la noche y de la venda.

–Algo verías en el camino. Los relámpagos te mostrarían algo. Algún indicio de dónde puede esconderse esa sabandija –lo vio negar con la cabeza–. Mañana peinaremos la zona y no pararemos hasta dar con él y su maldita identidad. Ah, sí, y tú vendrás conmigo –le aclaró– Hacerlo ahora sería un desperdicio, ya que no se ve nada. En cuanto salga el sol partiremos, así que será mejor que descanses. –Fue a abrazarlo, pero el menor se alejó de él, mostrando su rechazo–. Siento lo que te he hecho –se dio media vuelta para coger el pomo de la puerta, deteniéndose ahí unos segundos–. Y Takao… más te vale no volver a traicionar mi confianza una segunda vez o te irá muy mal –dicho esto, abrió la puerta saliendo de la habitación.

El menor indignado, únicamente pudo cerrar con llave la puerta y se dejó caer en la cama bocabajo.

&&&Kai&Takao&&&

Como había dicho Yuriy, empezaron a peinar la zona desde bien temprano. Takao estaría asombrado de ver tantos soldados si no fuera por el hecho de que estaba enfurruñado. No solamente tenía que ir con ellos, sino que las riendas de su caballo estaban atadas a una cuerda y ésta estaba atada a la montura del Teniente. Así que tendría que ir en todo momento a su lado.

Y por si fuera poco, todavía le dolía la mejilla y la sentía dormida. Si no se hubiese tratado del Teniente, le habría respondido con un puñetazo. Pero tampoco pretendía empeorar las cosas.

–Tomemos esa dirección –dijo el pelirrojo al ver la bifurcación del camino por el que ahora pasaban. Un camino llevaba a la casa de Kinomiya y el otro no sabía a dónde.

Con aburrimiento, el joven miró a la dirección señalada–. Ahí no se puede entrar –le especificó con voz apagada y ceño fruncido–. Ese sitio está prohibido.

–Da igual –le contestó con frialdad–. Vamos a peinar todos los alrededores, incluido ese sitio.

–Allá vos, entonces –miró a otra dirección mientras su caballo seguía andando.

–Mm… soldados, adelántense –les ordenó. Los caballos empezaron a trotar delante de ellos. Estaba claro que el Teniente quería hablar con el joven de cabellos azules sin ser escuchado por sus soldados. – ¿Sabes a dónde nos lleva este camino?

–A un sitio que está maldito –volvió a repetir.

–Eso ya lo sé, pero quiero saber porqué.

–No lo sé. Sólo sé que hay muchas serpientes –se cruzó de brazos indignado.

El Teniente lo miró por unos segundos–. Espero que ayer no te pegara tan fuerte. Perdí el control totalmente. ¿Me enseñas tu mejilla? –le pidió, ya que la mejilla que él veía desde su posición no era la que golpeó.

–¿Qué pasa? ¿Ahora siente remordimientos? Puede guardárselos.

Las palabras eran duras para Yuriy, pero sabía que el menor estaba muy enfadado por haberle pegado–. Esta noche te compensaré por ello.

–A mi no se me compra –respondió con firmeza.

–Tienes razón al pensar así. Pero yo sólo quiero tu perdón. Porque te quiero –estiró la mano para tocarle la mejilla que estaba a su alcance, pero cuando el joven de cabellos azules de soslayo vio lo que pretendía, alejó su rostro más hacia la izquierda, para evitar que lo tocase.

–Permítame que ahora lo ponga en duda –miró hacia el frente, viendo cómo algunos de los soldados entraban en lo que parecía ser un bosque.

Diez minutos después , ellos empezaron a entrar a la sombra de los árboles. La verdad es que daba una imagen bastante tétrica. Las hojas parecían ser tan espesas en la copa de los pinos que apenas entraba unos rayos de luz. Algunos troncos parecían estar secos. El suelo estaba mezclado de tierra y hierba seca. Algún grajo podía escucharse, quizá estuviera sobrevolando la zona. Takao sintió unos escalofríos terribles en su cuerpo y poco a poco fue algo que reflejó en su cara. Estaba preocupado, sentía que no estaba bien entrar en un sitio así. Por más que avanzaban, daba la sensación de todo lo contrario.

–¿Estás bien? –escuchó que le preguntó el joven de ojos azules, pero él únicamente se limitó a mirar hacia arriba. Sólo se veían pequeños brillos de luz. ¿Cuándo saldrían de ahí? Empezó a sentirse incómodo y a abrir la boca para poder respirar–. Takao, ¿qué te sucede? –le preguntó, parecía que el joven estaba empezando a ponerse pálido.

–No es nada –sentía que le faltaba la respiración y él ansiaba buscar más.

Miró hacia delante–. Aquello parece un pozo. Iré a ver si tiene agua.

–¿Un pozo? –le preguntó aturdido, viendo un pozo viejo y casi cubierto por la maleza. Un pequeño flash de recuerdo le azotó la mente, mientras Yuriy bajaba del caballo para revisar personalmente el pozo.

Flash Back

–Mira, Kai –señaló con el dedo índice un pozo–. Te hecho una carrera hacia el pozo –decía un animado Takao de siete años de edad.

El pequeño bicolor retrocedió ante la propuesta y muy pronto, su espalda chocó contra las piernas de alguien. De inmediato miró hacia arriba buscando a la persona que él esperaba que fuese. La mujer se agachó un poco para ver a su único hijo. La cara de preocupación del niño lo decía todo.

–Puedes ir –le animó con una sonrisa la mujer. El chiquillo se sintió feliz por la respuesta y echó a correr, sonriendo para alcanzar al menor.

Fin Flash Back

¿Quién era esa mujer? Se estaba preguntando cuando vio una imagen clara de ella y su madre.

Flash Back

El pequeño Takao se detuvo al llegar al pozo y no pudo evitar contemplar la belleza de ambas mujeres. Las dos caminaban juntas con unas cestas en la mano.

La madre de Takao llevaba un sencillo recogido, una camisa con hombros pomposos blanca y una falda larga marrón con un delantal blanco.

La otra mujer que reía con elegancia era más o menos de alta como su madre. Sus ojos eran marrones muy oscuros, tanto que parecían ser rojizos y su larga melena suelta y ondulada era de color grisáceo y brillante. Llevaba una camisa sencilla con volantes en las mangas, una falda de color azul marino fuerte y un delantal blanco.

–¡Kai, cariño, no te alejes demasiado! –gritó, poniéndose una mano al lado de la boca.

–¡Tampoco vosotras! –gritó su marido, que junto al señor Kinomiya, venía mucho más atrás con algunas setas en las manos.

Fin Flash Back

–¡Takao! –Yuriy le zarandeó un poco– ¿Me oyes?

–¿Qué? –salió de su trance.

–Te decía que el pozo está seco.

–Yuriy, necesito salir de aquí. Siento que no puedo respirar –le confesó.

Por la palidez del rostro del joven sabía que no le engañaba–. Claro, avanzaremos un poco más. Creo que puedo ver el final de toda esta espesura.

Asintió. Le daba igual como fuese, pero quería salir de ahí cuanto antes. Yuriy montó en su caballo y lo puso a trotar para salir de ahí con más rapidez.

Ya podía ver la claridad del sol al otro lado. Parecía que esa luz lo absorbería por completo a medida que se acercaban a ella.

Flash Back

El señor Kinomiya junto con el señor Hiwatari, estaban recogiendo setas del suelo. La señora Kinomiya y la señora Hiwatari lo hacían por separado en unos árboles más allá.

Los niños estaban un poco cansados de tanto correr, así que permanecían alrededor, viendo de cerca como sus padres cortaban las setas.

–Mamá. ¿Yo también puedo ayudar? –preguntó Kai.

–Claro. Toma –le dijo, dándole la cesta–. Ayúdame a sujetarla.

–Vale –respondió contento.

–Takao, ¿tu quieres ayudar también? –le preguntó la joven de cabellos azules.

El niño negó con la cabeza–. Yo no quiero coger la cesta, yo quiero coger setas.

–Pero tú no puedes, algunas tienen veneno y tú no sabes reconocerlas –sonrió sin dejar de hacer su tarea–. Cuando seas más grande te enseñaré a reconocerlas –le explicaba.

Se cruzó de brazos inflando sus mejillas en señal de disgusto–. Entonces no quiero ayudar –se limitó a agacharse y a coger una flor del suelo, bajo la atenta mirada de Kai.

El joven de cabellos azules sonrió, esa flor era hermosa y de color amarillo, y más allá parecía haber unas lilas. Podría hacerle un pequeño ramo a su madre y otro a la madre de Kai. Con esa idea en mente, empezó a coger unas flores.

La madre de Takao al no escucharlo, se dio la vuelta unos segundos para ver porqué el niño estaba tan callado. Pronto vio que estaba entretenido haciendo un ramo, así que sin decirle nada, lo dejó.

Al pie de un árbol frondoso había unas flores muy pequeñas de color blanco, esas irían muy bien en su ramo. Se agachó y fue caminando encorvado hacia delante para seguir cogiendo.

Kai sonrió al verlo tan entretenido, pero de pronto le pareció ver algo que descendía con lentitud de la copa del árbol. Afinó la vista para ver si descubría de qué se trataba, pero lo que fuese, era largo y estaba rodeando el árbol por detrás. Takao sin saberlo estaba aproximándose a él.

–Mamá –la llamó Kai.

–Dime, hijo –le respondió atareada.

–Hay algo ahí.

–¿El qué, cielo? –preguntó ahora mirando al bicolor.

–Allí –señaló con el dedo índice hacia el árbol.

–Yo no veo nada –le aclaró con voz dulce, hasta que le pareció ver algo en el tronco. Se puso de pie sin dejar de mirar hacia ese punto–. No te muevas de aquí –le advirtió, caminando hacia dónde Takao estaba. Sus sospechas fueron confirmadas a medida que se iba acercando. Una pequeña serpiente de color verde con algunas manchas negras en su piel estaba bajando por ese tronco. Aunque el menor no se daba cuenta de nada, la serpiente si parecía ir a su encuentro sacando su lengua viperina.

Takao levantó la vista para cambiar de lugar y vio algo que no se esperaba. Una serpiente le estaba sacando la lengua y parecía no quitarle ojo. Inmediatamente dejó caer las flores al suelo porque el miedo empezó a invadirle.

–Takao, cielo, no te muevas– le pidió la madre de Kai. Pero el chiquillo aunque lo intentará no podía moverse, parecía que su cuerpo estaba paralizado y sólo atinaba a empezar a sollozar– ¡Señor Kinomiya! ¡Querido! –puso las manos sobre los hombros del menor despacio, sin quitarle la vista de encima al animal, que ahora levantaba su cuerpo en el aire para aproximarse al niño.

–¿Qué sucede? –le preguntó su marido.

–¡Traed unos palos! –les pedía.

El señor Hiwatari salió de entre los árboles al notar la voz preocupada de su mujer.– ¿Por qué? –pronto comprendió el porqué de esa petición al ver al animal de lengua viperina alzarse y buscar con su cuerpo a su mujer y a Takao.

–¡Kinomiya! –Le gritó el hombre a su amigo– ¡Coge el palo más fuerte que encuentres, hay una serpiente! –le alertó.

Al escuchar eso, la señora Kinomiya salió de entre los árboles también, en busca de su hijo. Viendo la situación, sólo pudo soltar la cesta asustada y ponerse las manos en la boca– ¡Oh, Dios mío! ¡Takao! –le gritó.

–Tengo miedo –susurró el niño, sintiendo cómo las lágrimas se derramaban por sus mejillas.

–No te preocupes, no te va a morder –le decía de forma suave la señora Hiwatari, intentando ahora echar al niño hacia atrás con mucho cuidado, para que la serpiente no detectara movimientos bruscos y se asustara.

–¡Mamá! –decía ahora Kai, intentando caminar hacia ella.

Pero la señora Kinomiya lo agarró de los hombros–. No, Kai, es peligroso –decía asustada, agachándose ahora en el suelo y abrazándolo para evitar que se marchara.

–Yoshie, no te preocupes por Takao. No dejaré que le pase nada –aseguró la mujer sin dejar de echar el niño hacia atrás con la misma suavidad. Fue en ese momento cuando la serpiente, empezó a abrir la boca. La mujer temió lo peor, así que puso al menor con rapidez tras ella para apartarlo y se atravesó, siendo mordida por la serpiente.

–¡Ahh! –Gritó de dolor– ¡Corre, Takao, aléjate de aquí! –le pidió, viendo después cómo el pequeño salía corriendo asustado para ir a los brazos de su madre, la cual lo recibió más que gustosa y asustada. La mujer de cabellos grisáceos retrocedió en sus pasos llevándose consigo a la serpiente enganchada un poco más arriba de su muñeca.

–¡Ai! ¡Ai! –le gritó su esposo corriendo hacia ella con un robusto palo en la mano al igual que el señor Kinomiya. La mujer agarró a la serpiente cerca de la cabeza y con éxito consiguió desenganchársela de su piel, momento que el señor Kinomiya aprovechó para apalearla. El señor Hiwatari de inmediato arrojó el palo al suelo y fue a socorrer a su mujer.

–¿Mamá? –preguntó ahora Kai, soltándose del agarre de la señora Kinomiya.

–¡Tatsuya, corre! ¡Ven aquí! ¡Tenemos que llevarnos a Ai a que la vea un médico!

Tras ver como él mismo había destrozado la cabeza de la serpiente y ésta no se movía, Tatsuya soltó el palo sin importarle dónde cayera.

–¡Yo la cogeré por los brazos, tú por los pies!

–Claro –le contestó nervioso, haciendo lo que su amigo Hiwatari le pedía–. ¡Yoshie, cuida tú de los niños!

–¡Lo haré! –se levantó y cogió a ambos de las manos.

–¡Mamá! –la llamó el bicolor.

La nombrada miró al pequeño–. No te preocupes, enseguida estaré en casa –le sonrió a pesar de no apetecerle por el dolor intenso de su mano, pero no quería preocupar a nadie y menos a su hijo–. Pórtate bien –le pidió.

El niño asintió, viendo cómo los dos hombres, corrían por el bosque lo más rápido que podían, cargándola.

Fin Flash Back

Sus recuerdos fueron interrumpidos por un fuerte ruido que pronto le trajo de vuelta a la realidad. Frente a él, había una enorme montaña rocosa por la cual descendía una enorme cascada. La vegetación ahí era totalmente verde y el olor era… era…

"¿Dónde he olido yo esto antes?", pensaba Kinomiya, viendo a los soldados inspeccionar la zona y como algunos caballos saciaban su sed bebiendo del manantial de agua–. Agua –dijo bajándose del caballo. Yuriy le imitó en el gesto. El joven de cabellos azules se agachó al lado de los caballos para beber. Llegó a hundir sus manos en el agua, pero se detuvo al pensar que iba a beber del mismo sitio que un animal, así que sólo se refresco el cuello. Miró hacia la cascada. Esa agua estaría limpia, así que bebería de ella. "¿Por qué este olor se me hace tan familiar? Y este ruido…", decidió prestarle más atención a las cosas de su alrededor a la vez que se acercaba a la cascada. Se subió las mangas de la camisa hacia arriba para evitar mojárselas y entonces poder capturar con sus manos un poco de esa agua metiéndolas bajo esos chorros. Aunque sólo estaba mojando sus manos, parecía que le estaba lloviendo encima. Como la montaña era tan rocosa, era fácil de adivinar que el agua rompía contra las piedras haciendo pequeños salpicones. Atrajo sus manos hacia su boca y entonces empezó a beber. "Un momento… ¿Lluvia?"

Flash Back

–¿Está lloviendo? –preguntó Takao al enmascarado. Y lo más evidente, escuchaba un ruido muy fuerte y no sabía que era.

–Sí, un poco –le dijo el Zorro, estaba convencido de que el agua de la cascada le había salpicado al salir de la cueva. En unos pasos más, los tres estaban totalmente fuera de la cascada–. Ya ha parado de llover –le avisó.

–Ha durado poco –reconoció el joven de cabellos azules subido a lomos de Tornado con los ojos vendados.

Fin Flash Back

"No, no era lluvia", miró hacia arriba sintiendo cómo diminutas gotas le caían en la cara. "Era la cascada. El olor, el ruido del agua, todo coincide. El Zorro me trajo aquí, ¿pero dónde estará la cueva? Un momento… piénsalo, Takao. Te montaste sobre Tornado en la cueva y al poco tiempo escuchaste como el ruido se acrecentaba y a continuación cómo te mojabas. Eso quiere decir que la cueva está atravesando esa cascada. ¡Claro! ¡Eso ha de ser! Por eso aunque me mojase con el agua de la cascada al entrar en la cueva por la noche, no me hubiese enterado ya que esa noche había tormenta. Es muy brillante por su parte, venir a un sitio al que la gente jamás entraría por estar prohibido", siguió cogiendo agua con las manos para beber.

Yuriy lo estudiaba en silencio mientras echaba un vistazo rápido a la zona. Extrañas plantas desconocidas para él, caían de algunas rocas hasta estar casi reposando en el agua del suelo, que circulaba con tranquilidad por esa especie de estanque. Se fijó en la profundidad del lago, sin duda era profundo, tanto como para poder nadar perfectamente. No creía que nadie pudiera hacer pie ahí por muy alto que fuese.

Eso sí, el agua era totalmente cristalina y libre de peces o al menos él no los veía por ahí. Había grandes rocas por el suelo, seguramente algún desprendimiento de la zona. Al escuchar un sonido inconfundible para él, miró hacia arriba. Tres águilas estaban volando en círculos, dejando que se escuchase el eco de su cantar. También se percató de que en mitad de la cascada se había formado un arco iris.

Takao se sacudió las manos para secárselas, tenía que alejar a todos de ahí cuanto antes. Se aproximó al Teniente, el cual observaba ahora que a su izquierda había una montaña rocosa de forma lisa por arriba, pero inclinada como un tobogán. Pegado a esa montaña parecía haber otro camino de tierra, o así lo vio él.

–Teniente –dejó caer su cabeza en el pecho del nombrado.

–¿Qué te sucede? –le preguntó viendo el comportamiento tan raro del menor.

–Sigo sin encontrarme bien, por favor. Lléveme al cuartel –le suplicó, ahora rodeándole con sus brazos.

Se separó un poco de él, solo para verlo a la cara. Seguía pálida y sus ojos parecían estar cansados–. Claro –le respondió, abrazándolo ahora con cuidado.

–Gracias –le dijo de forma casi inaudible.

El mayor pudo escuchar cómo el joven de cabellos azules seguía respirando con un poco de esfuerzo.– ¡Soldados! –Todos de inmediato miraron a su superior para saber que quería– ¡Aquí parece no haber nada! –Con uno de sus dedos índices señaló el camino– ¡Sigan por esa dirección! ¡Yo debo retirarme! ¡A la hora punta vuelvan al cuartel! –todos de inmediato como robots le dieron a entender que obedecerían la orden, llevándose la mano hasta la sien. Hasta que no vio cómo todos salieron de los alrededores y se reunieron para coger los caballos y seguir por el camino indicado, no empezó a caminar con Takao para dirigirse a sus propios caballos.

&&&Kai&Takao&&&

El pelirrojo estaba apoyado sobre el marco de la puerta, con los brazos cruzados y las piernas estiradas, cortando el paso de la entrada a la habitación mientras no perdía detalle de las cosas.

El joven de cabellos azules estaba tumbado en su cama, tapado con las sábanas y el médico del pueblo lo estaba examinando.

–Bueno, descansa –le dijo el médico cogiendo su maletín, poniéndose en pie.

–Gracias –le contestó, a lo cual el médico asintió.

El médico se aproximó al Teniente, el cual no levantaba la vista del joven de cabellos azules.

–¿Y bien? –le preguntó esperando el diagnóstico.

–Presenta un pequeño cuadro de ansiedad. No hay de qué preocuparse. Sólo necesita descansar, ya lo ha sufrido varias veces.

–¿Varias veces? –preguntó interesado.

–Sí, de pequeño. Lo único que tiene que hacer, es guardar reposo y evitar las preocupaciones.

–Entiendo. Y… –se irguió para mirar de frente al doctor, dejando la puerta totalmente libre– ¿Sabe cuál es la causa?

Miró a Takao, el cual tenía los ojos cerrados. Así que regresó su vista al Teniente–. La culpabilidad.

–La culpabilidad. ¿Culpabilidad de qué? –quiso averiguar.

–Teniente, creo que yo no soy la persona adecuada para contarle algo así –le contestó.

Yuriy le hizo una señal con la cabeza, indicándole así que saliera de la habitación con él–. Por favor, es de suma importancia para mí. Takao es mi prometido y quiero saber qué es eso que le preocupa tanto. Le preguntaría a él, pero temo que empeore si lo hago.

El médico suspiró. En realidad sabía que no hacía bien al contar las cosas de sus pacientes, pero también sabía que el Teniente no se detendría en preguntarle–. Verá, hace muchos años los Kinomiya y los Hiwatari fueron a buscar setas a la montaña del Olvido.

–¿La montaña del Olvido? –preguntó, ya que nadie le había comentado que hubiese en el pueblo una montaña con tal nombre.

–Bueno, la gente ya no la llama así. Lo llaman de formas distintas… el lugar maldito, la montaña prohibida… la cuestión es, que a Takao estuvo a punto de morderle una serpiente cuando era niño. Al parecer Ai Hiwatari, la difunta esposa del señor Hiwatari, se atravesó para evitar que la serpiente mordiera a Takao –silenció por unos segundos–. Cuando me la trajeron desvariaba, efectos del veneno –le aclaró– Cuando vi su estado, no pude hacer nada por ella, así que les dije que sólo les quedaba rezar. El señor Hiwatari pensó que lo mejor era llevar a su mujer a su casa, por lo menos para que pudiera despedirse de Kai con la poca cordura que aún le quedaba –se lamentó– Pobre mujer. Era hermosa y dulce.

–Entonces Takao… piensa que lo que sucedió es su culpa –dedujo.

–Así es –le respondió.

"Claro, por eso se puso tan pálido al llegar a ese bosque, ahora lo entiendo", pensaba atando cabos en su memoria.

–Nadie ha vuelto a entrar allí desde la muerte de la señora Hiwatari. Todo el mundo piensa que ese sitio ha de estar plagado de serpientes, así que no se atreven a entrar.

–Por eso dicen que está prohibido. –volvió a atar otro cabo.

–Así evitan que los niños pequeños intenten aventurarse.

–Bien. Gracias por contarme esto, Doctor –le extendió la mano, la cual fue aceptada con un estrechamiento por parte del médico.

–Bien, sólo no le digáis nada a Takao de que vos estáis enterado de todo esto.

–Esté tranquilo, no lo haré.

–Bien –empezó a caminar por el pasillo para salir de allí.

Yuriy por su parte entró a la habitación. Takao permanecía con los ojos cerrados, aunque dudaba que durmiera. Se sentó en la cama y cogió con suavidad la mano extendida del menor. Éste por el tacto, abrió los ojos enseguida, para saber quien le tenía cogida la mano.

–¿Cómo te encuentras? –le preguntó el pelirrojo con voz sedosa.

–Un poco mejor, creo –miró al techo blanco intentando no pensar en nada.

–Si quieres puedo ordenar que te traigan de cenar.

–No, gracias. No tengo hambre. –confesó.

–Está bien, pero me quedaré contigo haciéndote compañía.

Le miró con ojos cansados–. No es necesario.

–Claro que lo es. Una pareja que está en pleno noviazgo es lo que debe de hacer. No te voy a dejar solo. No podría dormir de pensar que no te encuentras bien –le besó la mano como símbolo de su afecto por él–. Anda, cierra los ojos, que yo velaré por ti.

–Está bien –cerró los ojos.

Flash Back

Ai estaba tumbada en la cama de su casa. Sudaba mucho y parecía tener la mirada un poco perdida. La señora Kinomiya lloraba a su lado, mientras le limpiaba con un paño húmedo y fresco el sudor de su frente. Su marido permanecía a su lado agarrándole de la mano. El señor Kinomiya les hacía también compañía junto con los dos niños.

–Cariño… Kai –pidió la mujer, extendiendo los brazos hacia arriba con una sonrisa.

De inmediato fue corriendo hacia su madre–. Mamá –la abrazó.

–Mi niño –contestó alegre dándole un beso en su cabello–. Déjame ver lo grande que estás. Eres tan guapo…–le acarició la mejilla en cuanto el niño la miró– ¿Dónde está tu amigo? Llámale.

El pequeño Takao miró a su padre, aún seguía limpiándose las lágrimas en las mangas de su camisa. El señor gobernador le indicó que podía acercarse.

–Takao. ¿Dónde estás, cielo? –preguntó por él–. Vamos, ven aquí –pronto pudo ver al menor junto a su hijo con lágrimas en los ojos–. Oh, no. No llores, tesoro. ¿Por qué lloras?

–Snif –sorbió el moquillo–. Por mi culpa estás malita.

–Oh…–le acarició la mejilla–. Tú no tienes la culpa, pequeño –le sonrió.

–Lo siento –le dijo entre sollozos.

–Ven aquí –le pidió, extendiendo el brazo y de inmediato lo recostó en su pecho–. No tengo nada que perdonarte. No has hecho nada malo –le besó la cabeza– ¿Sabes qué tienes que hacer? –le preguntó, viendo cómo el niño no levantaba la cabeza, pero sí que negaba con ella–. Tienes que crecer y ser fuerte. Cof, cof –respiró unos segundos– Cogedme de la mano. Hijo, Takao –pidió extendiéndola. El pequeño Kinomiya se irguió para junto a Kai, hacer lo que la mujer les había pedido tan amablemente–. Prometedme que siempre cuidaréis uno del otro. –Los dos niños se miraron para a continuación mirar a la mujer.

–¿Por qué dices eso mamá? –le preguntó el pequeño de ojos color rojizos, que ya sentía que la vista empezaba a nublarse a consecuencia de las lágrimas contenidas en sus ojos desde hacía rato.

–Prometedlo –les rogó la mujer.

–Se lo prometo –contestó Takao.

–Te lo prometo, cuidaré siempre de él –le contestó el hijo, ya sin poder contener las lágrimas.

Sonrió complacida cerrando los ojos unos segundos para luego abrirlos de nuevo– Shibure, Yoshie, Tatsuya –los nombró.

–Estamos aquí –le contestó el marido, dándole un apretón en la mano y un sonoro beso en la frente.

La mujer sonrió–. Tenéis que prometerme que siempre cuidareis de los dos.

–Por supuesto, no te preocupes –contestó con ahogo en su voz su amiga.

–Los dos son apuestos y se tienen el uno al otro, así que me gustaría, cof, cof…–tomó aire–. Quiero que Kai se case con Takao.

–¿Qué? –preguntó el marido sorprendido.

–No voy a poder verlos crecer, pero siempre velaré por ellos desde el cielo –le susurró, mirándole a los ojos.

–No digas eso. Te vas a poner bien –en esos momentos, sintió un fuerte nudo en su garganta.

Negó con la cabeza, intentando que sus ojos permanecieran abiertos–. Sólo os pido eso. Quiero que formen una familia, que Kai se case a los 23 años de edad. Yo les doy mi bendición.

Los señores Kinomiya se miraron. Eso era una locura, pero tampoco podían negarle algo así a su amiga en unos momentos así–. Claro que sí, Ai –respondió Yoshie sorbiendo el moquillo.

–Los dos están desde ahora comprometidos –dijo Tatsuya acercándose a los niños, cogiéndolos por los hombros a cada uno.

La mujer sonrió y miró a su marido, después de todo sólo quedaba él–. Será como tú dices –respondió, besándole varias veces la mano.

Sonrió llena de felicidad–. Os quiero a todos –cerró los ojos–. Gracias –dijo con su último aliento.

–¿Ai? –preguntó el marido viendo que no respiraba, pero aún así no borraba su sonrisa.

–¿Mamá? –preguntó. ¿Por qué no se movía su madre? ¿Por qué no abría los ojos?– ¡Mamá! –la llamó teniendo la esperanza de que abriría los ojos, pero nunca más sería así. Sólo pudo romper a llorar encima de ella, abrazándola– ¡No te mueras! ¡No me dejes solo! ¡Mamá!

Al sentir el reclamo de su hijo, Shibure abrazó al niño junto a la madre, rompiendo también a llorar.

Tatsuya y Yoshie se abrazaron destrozados también por la pérdida de su gran amiga y el pequeño Takao solamente atinó a abrazar las piernas de la mujer fallecida, llorando también sin consuelo.

Fin Flash Back

El joven de cabellos azules estaba llorando. Yuriy lo veía perfectamente, pero no quiso despertarlo. Probablemente estaría recordando ese incidente todavía en su cabeza. Ahora lo escuchaba sollozar hasta ver cómo poco a poco abría los ojos.

–Has tenido una pesadilla, no te preocupes. Yo estoy aquí contigo –le susurró el Teniente, acariciándole la frente despacio– ¿Quieres un vaso de agua?

Asintió con la cabeza. No podría hablar por el momento. Le sería imposible con la angustia que tenía en su cuerpo. Se incorporó en la cama y pronto tuvo frente a sus ojos el vaso de agua, lo tomó y se bebió todo el contenido.

–¿Quieres más? –le preguntó, viendo cómo negaba con la cabeza y se volvía a recostar de nuevo.

–Teniente –pudo articular.

–¿Sí? Dime –dejó el vaso sobre una mesita.

–Hábleme –le pidió.

–¿Sobre qué? –le preguntó.

Negó con la cabeza–. No importa. Sólo hábleme. No quiero volver a quedarme dormido. –aclaró.

Respiró hondo–. Está bien –le dio unas suaves palmadas en la mano–. Te contaré algo de mi vida… nací en un pueblo llamado… –le relataba tranquilamente sin saber que el Zorro estaba viendo la escena a través de los cristales de la ventana. Ésta noche el bandolero tendría que irse de vacío por dos motivos. No podría coger los impuestos y segundo, no podría ver al joven de cabellos azules, el cual ahora le preocupaba en demasía, ya que verlo tumbado en una cama con el Teniente cuidándole, no era muy buena señal que se pudiera decir. Pero por el momento, nada podía hacer salvo irse de allí y mañana regresar para ver si tenía más suerte.

Continuación…

&&&Kai&Takao&&&

Este capi ha sido de mucho Flash Back y Kai prácticamente no ha aparecido, así se han dado las circunstancias. Pero bueno, los recuerdos siempre sirven para poder resolver vuestras dudas y que veáis cómo sucedieron las cosas. Espero que me perdonéis si veis muchos fallos en la historia, una siempre corrige, pero siempre se le escapa algo sin darse cuenta.

Gracias por sus reviews a:

Maritessa Perez Cortes: Hola, pues no llegó a besarlo pero si a rozarle los labios en el capi anterior, pero si te quedaste con ganas de golpearle en ese momento, supongo que en este capi te quedaste con ganas de matarlo. Y bueno, por fin sabes que es lo que sucedió y porqué acerca del compromiso. ¿Te imaginabas algo así?

Dark–ekin: Bueno, cuando dices lo de los papeles, supongo que te refieres a los que Yuriy tiene en su poder con la firma de los padres del joven de cabellos azules. Pues sí, ojalá y pronto todo esto se vaya arreglando, cada vez se está volviendo más peligroso para el Zorro y para Takao.

Takaita Hiwatari: Jajaja, pues muchas de tus preguntas ya están respondidas aquí, y algunas creo que en siguiente capi. Solamente espero que no se te haga un nudo en la garganta, como a mí se me hizo en su momento al escribir la muerte de Ai.

Sheena–yukiko–25: Yuricin se ha pasado un pelin con Takao al darle esa bofetada, pero a la vez no puede evitar rendirse a sus encantos. Takao sabe cómo mantenerlo a raya por ahora. Aunque el Teniente no tiene un pelo de tonto y no parará hasta dar con la identidad del Zorro ahora que sabe que sigue con vida.

Saori Sanada: Hola, pues no creo que falte mucho para que todo esto llegue a su final, pero no sé en cuantos capis. Ya sabéis lo principal, el porqué del compromiso, ahora sólo falta saber si el astuto Teniente encontrará al Zorro y si descubrirá la verdadera identidad de éste.

Miru: Pues como bien sospechaste, el Teniente ya se dio cuenta de que el Zorro sigue vivo y que Takao le engañó sobre eso. Aunque Yuriy no desconfíe de Takao sobre el tema de los impuestos, el Comandante no piensa lo mismo ¿Qué crees que pasará ahora? En este capi no ha salido mucho Kai y tampoco ha habido acción, pero bueno, puede que en el siguiente haya, ¿no?

Wuonero: Pues esa es una buena noticia, me refiero a lo de tu fic, hace tiempo que llevo esperando la actualización. Y por cierto, sí que se arriesga el joven de cabellos azules bastante, pero él siente que es la única manera de ayudar a su gente. Espero que este capi te haya gustado también.

Megan–Hiwatari: No sé que se cree Yuriy, pero seguro que ese guantazo que le dio al pobre Takao se lo devuelvo multiplicado por unos cuantos números, jajaja. ¿Yo y Takaita escribimos los más hermosos fics que hayas leído? Nunca me han dicho eso, mnn… no creo que sea así, jajaja. Pero gracias por tu apoyo y sólo espero que disfrutes de la lectura.

Valery Hiwatakinomiya: Algo me dice que ahora si saldrás detrás del Teniente para acabar con su vida después de lo que le hizo a Takao. Sinceramente, yo creo que el Teniente es bipolar (asiente varias veces con la cabeza) no creo que esté muy cuerdo. Se cegó con su ira y lo pagó con el pobre Takao, pero tranquila, cuando se entere el Zorro, estoy segura de que éste pagará su ira con el Teniente, muajajaja.

Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.