Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes NO ME PERTENECEN; son totalmente de la autoría de la obra original del mangaka Hiro Mashima. Esta historia esta escrita como entretenimiento sin fines de lucro.

AU - Universo Alterno: la historia que leerás a continuación no sigue el hilo de la historia original.

No es un songfic, sin embargo se encuentra basado en la canción El Reino Olvidado de la banda Rata Blanca, la cual tampoco me pertenece en absoluto.

La historia aquí presentada es escrita totalmente por mi.


El Reino Olvidado.

I.

X

X

X

Doce años más tarde.

—¡Me niego! ¡Me niego rotundamente a este decreto!

Los gritos del Príncipe se podían escuchar por todo el Palacio.

—Hijo mío, por favor. No lo tomes de esa forma.

— ¿De qué forma he de tomarlo entonces, Madre? ¡¿Cómo imaginan ustedes que me siento al ser menospreciado de tal manera?!

—¡Mantén la compostura, Jellal!

—¿Compostura? ¡Por supuesto, Padre! Que les parece, ¿por qué no hacemos un festival de la perdida de mis derechos reales? Me han quitado la oportunidad de gobernar mi pueblo, el lugar donde me críe, y todo, ¡todo!.. Absolutamente todo se lo ha quedado Mystogan.

El mencionado no articuló palabra o gesto alguno. Había estado en total silencio desde que aquella discusión dio inicio, y por primera vez, habló.

—Lamento este suceso, hermano.

—Ja. Sí, claro. —Mencionó con ironía.

—¿Ves a que nos hemos estado refiriendo tu madre y yo, Jellal? Eres inmaduro, impulsivo; ¡no podemos dejar el Reino en manos de un joven que no sabe cómo manejarlo!

—¿Y ustedes como sabrán como lo haré si no me permiten intentarlo? ¿Acaso él sabe cómo manejar el Reino?

—Sí. —Habló por fin su madre. —Cariño, comprende. Mystogan es tranquilo, juicioso, nada problemático. —Jellal bufó levemente. —Hasta que, al menos, aprendas a manejar tus emociones, no tendrás derecho a ser heredero del trono.

—Fantástico. Somos gemelos, pero al parecer para ustedes solo importa él.

Jellal salió de la sala, dejando a su madre entre lágrimas, a su hermano con culpa y a su padre fastidiado.

—Faust, habla con él, por favor. Sé que Jellal te comprenderá.

El hombre miró a su esposa, aun con el ceño fruncido.

—No prometo nada, Grandeeney. —Tomó la mano de su esposa y la besó suavemente. Levantó la mirada y se dirigió a su hijo. —Mystogan, pronto será la reunión con la familia Orland para formalizar tu compromiso, y que su heredera pueda conocer a su futuro marido.

El joven tragó fuerte.

—Por supuesto, Padre. Si me permiten, iré a confirmar que los preparativos se encuentren listos; ¿me acompañarías, Madre?

La mujer sonrió amablemente. Era joven, apenas y alcanzaba los 37 años. Había sido madre de aquellos gemelos apenas a los 18 años, pero haber perdido a su hija había demacrado notoriamente su mirada y sus facciones.

Faust vio salir a su familia por aquella enorme puerta de madera, mientras que Byro, su mano derecha, entraba, no sin antes hacer una reverencia a la Reina y al Príncipe Mystogan que salían de aquel sitio.

—Su Majestad. —Habló, refiriéndose ahora al Rey. —Me ha mandado llamar.

—Claro, Byro. —Dijo mientras se sentaba en el trono. —¿Hay algún mensaje personal de Jude Heartfilia?

—No, mi Señor. De hecho, no hay ningún asunto pendiente.

—Que noticias tan excelentes.

—Mi Señor, perdón por la intromisión pero, ¿qué ha sucedido con el Príncipe Jellal para que haya salido con tal furia del Gran Salón?

El Rey mostró una sonrisa que no le llegó a la mirada.

—Se ha enterado de que ya no es heredero.

—Oh… —Se limitó a decir el hombre.

—Tenemos que cerrar ese compromiso pronto. Una vez que Mystogan y la heredera Orland se unan en matrimonio, esas tierras estarán en mis manos.

—¿Está usted seguro que Lord Jiemma estará de acuerdo?

—Tendrá que estarlo. Su hija está de por medio. Y si bien, él no acepta… Sé que su esposa lo hará.

—Por supuesto, mi Señor.

—Quiero que todo quedé claro entre nosotros, así que si mi mujer te pide hacer algún cambio de acuerdo al compromiso, tienes que comentarlo conmigo primero. No podemos permitirnos perder estas tierras como paso hace dos años con la heredera de la familia Heartfilia.

—No fue culpa nuestra, Señor. De no haber sido porque la joven Lucy escapó de casa antes del conocer al Príncipe, no hubiéramos tenido todos esos problemas.

—Perfecto. Esta todo claro, entonces.

—Y sobre lo demás…

—Hablaré con Jellal de eso en unos momentos.

—¿Y el aceptará?

—¿Desde cuándo te has vuelto tan desconfiado, Byro? Por supuesto que aceptará. Tengo todo calculado. Ya salve mi corona dos veces, y no pienso perderla de ninguna otra forma. Jellal será la solución para todos mis problemas. Ahora, ve a buscarlo.

—Como ordene usted, Señor.

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Una enorme carcajada sonó en todo el campo.

—¡No puedo creerlo! ¿De verdad estás molesto porque te han salvado de casarte con una desconocida?

—¡Entiende que no es eso, Ultear! ¡Me han quitado mis derechos!

La mujer seguía riendo sin parar.

—Pues no sé tú, Jellal, pero yo pienso igual que esta bruja.

—¡Hey! —Protestó la del cabello negro, lanzándole un trozo de manzana.

—Lo siento, esta joven dama, o lo que sea. El punto es que si mis padres me dijeran que ya no debo casarme con alguien que ni siquiera conozco, estaría más que feliz.

—Erik, dame un poco de apoyo, ¿quieres? Se supone que eres mi mejor amigo.

—Estoy apoyándote. Eres demasiado testarudo y no escuchas razones.

—¿Qué no te das cuenta, pedazo de idiota? ¿Sabes la cantidad de damas con las que podrás revolcarte al saberte libre de compromiso? —Mencionó Sorano.

—¡Oh! Si lo dijo Sora, es porque es cierto.

La de cabellos albinos sonrió satisfactoriamente.

—Mira, yo no soy más que la hija de uno de los trabajadores de tu padre, pero soy tu amiga. Si mi padre fuera el Rey y me dijera que tengo que casarme con un completo desconocido… Seguro huiría, tal cual como la ex prometida de tu hermano. Sobre todo ahora que he conocido a un hacendado que seguro guarda montones de tesoros bajo su colchón. Y no solo eso, tiene una forma de hacerlo que…

—Basta, basta…. —Dijo Jellal. —No queremos escuchar tus intimidades.

—Eso es lo que les falta. Un poco de libertinaje no le hace mal a nadie. Pero, ¿qué puedo decir yo? Sólo soy una simple joven, hija de un trabajador del Palacio. Mi padre no es el Jefe de la Guardia Real y mucho menos el Rey.

—Pues, mi madre si tiene lo que se puede decir un alto nivel pero, Sorano, tienes que hablarme de ese hombre.

Un caballo llegó al lugar.

—Pues tendrá que ser después, Ultear. Acaba de llegar por mí. —Dijo guiñando un ojo a sus amigos, mientras cepillaba un poco su largo cabello blanco y acomodaba su blusa de tal forma que sus hombros y gran parte de su bien dotado busto se notará. Acomodo su falda y se despidió de aquellos jóvenes, que solo vieron como caminaba de forma coqueta hacía aquel desconocido joven que la ayudaba a subir al caballo y después se dirigían a quien sabe dónde.

—Sorano tiene tanta suerte. Por desgracia yo aún tengo que preocuparme por permanecer virgen hasta que a un idiota se lo ocurra pedirme matrimonio. Díganme, ¿quién demonios va a querer a una vieja como yo? A los veintidós años no logras mucho.

—Bueno, puedes preguntarle a Lady Eileen. —Dijo Jellal. —Esa mujer es de la edad de mi madre y sigue siendo una de las solteras puras más codiciadas. —Dijo mencionando "pura" con cierto deje de burla.

—Esa mujer para nada es virgen. Lo sé.

—¿Cómo lo sabes?

—¡Pues lo presiento! Las mujeres solo nos equivocamos cuando creemos estar equivocadas.

Los jóvenes rieron al escuchar aquello salir de la boca de la joven. Si su madre, Lady Ur la escuchara, seguro la mandaría a donde el Clero para que pudiese limpiar su alma.

O quizá la haría convertirse a monja.

—Su Majestad. —Los tres jóvenes se sorprendieron por la repentina presencia de Byro en aquel sitio. —Su Padre desea verle ahora mismo en el Salón Real.

Jellal suspiró.

—Acabo de salir de ahí, Byro.

—Se trata de asuntos fuera de eso, mi Señor.

Negó con la cabeza al pensar en lo que le diría su padre ahora.

—Los veo luego.

—Suerte, Jell.

Byro continuó de pie en el mismo lugar mientras el Príncipe se alejaba.

—Joven Erik, debería volver a su trabajo. Señorita Ultear… Usted no debería estar aquí.

Y tenía razón. Ya su madre le había advertido muchas veces que los campos de entrenamiento no eran aptos para ella.

Pero nunca hacía caso.

—A ti es a quien no le vendría mal tener esposa, Byro. —La joven molesta escupió aquello, referente a la plática anterior con sus amigos y se alejó, despidiéndose de Erik.

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Tocó tres veces antes de abrir la puerta.

—¿Necesitas algo, Padre?

—Hablar contigo. Pasa y toma asiento, Jellal. —Frene al trono se encontraba un silla bastante amplia, era completamente de madera con grabados hecho a mano, y un par de cojines de seda roja que hacían juego. Byro entró después y se acomodó de pie a un lado de Faust. —Tengo un trabajo para ti.

—¿Para mí?

—He recibido un informe por parte de las tropas que se han encargado de buscar a tu hermana a lo largo de estos años.

Por un minuto, una honesta sonrisa volvió a la cara del joven.

—¿La han encontrado? ¿Mamá lo sabe?

—No. Sigue sin haber rastro alguno de ella.

—Entonces esto es una pérdida de tiempo…

—Pero hay pistas. —Lo interrumpió.

—¿Pistas?

—Al parecer tu hermana se encuentra en Magnolia.

—¿Magnolia? ¿Qué haría ella con esos salvajes?

—Te recuerdo que tu hermana fue secuestrada con tan solo cuatro meses de edad. Quien quiera que se la haya llevado lo hizo para negociar con nosotros más tarde. Lo más probable es que la hayan dejado ahí para evitar sospechas.

—Quieres que vaya a cerciorarme, ¿cierto?

—En efecto. Pero no es a cerciorarte, solamente. Como sabes, esas tierras pertenecían a nuestro reino antes de la Gran Guerra. Lo que quiero es que vayas, busques información de tu hermana… Y también información para recuperar lo que nos pertenece.

Jellal rio.

—Sabes que no estoy calificado para algo así. ¿No crees que un príncipe en una misión así sería extraño?

—Por supuesto que no. —El hombre se acercó a él y pasó fuertemente su pulgar por la mejilla derecha del joven, eliminando un rastro de aquellos polvos que usaban las damas de su madre para ocultar aquella extraña marca de nacimiento que adornaba su rostro. —No cuando es el Jefe Mayor de Estado el que está a cargo de la expedición.

—¿Qué? —Dijo mirando a Byro.

—Como escuchaste, hijo. Esto es algo que no le he mencionado a tu madre. Si bien, tu hermano sería muy bueno llevando las riendas del Reino, pero… Aceptémoslo; si hubiere una nueva guerra, Mystogan no sabría qué hacer. No hay nadie más capacitado que tú, con tu conocimiento en el campo de batalla y tus habilidades de pelea para tomar ese puesto. Mystogan podría ser el Rey, pero la Guardia Real solo estaría bajo tus órdenes.

—Padre, pero Mystogan no…

—Mystogan no dirá nada. Eso es algo que yo dejaré decretado antes de mi retiro.

—¿Y Byro?

—Yo estoy más que agradecido, su Majestad. Soy un hombre viejo, y a diferencia de su padre, yo no tengo descendencia ni nadie por quien reclamar el puesto.

Jellal soltó una risotada.

—Jefe Mayor de Estado…. No tendré que casarme para eso, ¿verdad?

—Para nada. Al no tener tus "derechos reales", serás libre para hacer lo que te plazca.

—Es un trato, Padre. Tomo el trabajo y acepto tu decreto.

—¡Ese es mi hijo! No esperaba menos de ti. —El hombre bajó de su trono, acercándose a darle un fuerte abrazo a su hijo. De la emoción, Jellal abrazó incluso a Byro.

—Confiamos en usted, Príncipe Jellal.

—Se los agradezco. Muchísimo.

—Solo una cosa, hijo. No debes mencionar esto a tu madre, a tu hermano ni a nadie. Ni siquiera a tus amigos. No quiero que haya un escándalo por esta situación.

—No lo haré.

—Ahora, ve a la Sala de Tácticas. Byro irá en un momento a decirte que hacer. Y, si tu madre pregunta, tú te has ofrecido a tal expedición.

—Hecho.

El joven salió, sintiéndose victorioso, hacía el lugar donde su padre le pidió.

—Quedó bastante entusiasmado, Mi Señor.

—Conozco a mi hijo, Byro. Sabía que no diría que no a tal cosa.

—¿Cree que se dé cuenta?

—Para nada. Lo único que necesito ahora es que mis dos hijos estén fuera de mi camino. Jellal es un hueso aún más duro de roer, a pesar de lo que vimos hace unos momentos. No lo alejaría tan sencillo como a Mystogan.

—Entonces, sobre el próximo Jefe Mayor…

—Tranquilo, Byro. Te prometo que el único Jefe Mayor seguirás siendo tú… Así como yo seguiré siendo el único Rey.


¡Hola! Aquí está el primer capítulo como tal de está historia. Espero sea de su agrado.

Realmente, siempre he imaginado a Jellal siendo un poco impulsivo, y como pueden notar, lo hice hermano gemelo de Mystogan (?) y a comparación de él, Myst siempre me pareció más tranquilo.

En fin, espero disfruten y pueden comentar que les pareció~.

Por cierto, la fecha en que actualizaré aun no es exacta, debido a mi otro fanfic en publicación. Lo más probable es que sea cada dos semanas.

¡Buena semana!

-JK.