Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes NO ME PERTENECEN; son totalmente de la autoría de la obra original del mangaka Hiro Mashima. Esta historia esta escrita como entretenimiento sin fines de lucro.

AU - Universo Alterno: la historia que leerás a continuación no sigue el hilo de la historia original.

No es un songfic, sin embargo se encuentra basado en la canción El Reino Olvidado de la banda Rata Blanca, la cual tampoco me pertenece en absoluto.

La historia aquí presentada es escrita totalmente por mí.


El Reino Olvidado.

III.

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—¡Estaremos juntos en esto! ¡Estoy tan ansioso!

Jellal río al ver la emoción de su amigo, cual niño pequeño.

—Jamás pensé que mi padre estaría de acuerdo.

—Erik Cubell, la mano derecho del próximo Jefe Mayor de Estado.

Jellal golpeó su estómago fuertemente.

—Cierra la boca. Recuerda que eso aún no se sabe.

—¿No se sabe qué?

Los dos jóvenes se congelaron al escuchar aquella voz tan angelical como gélida.

—¡Ultear, mi querida amiga!

—Dije, ¿no se sabe qué?

—Nada, no es nada.

Ultear los miró fríamente.

—Claro… Bueno, lo dejaré pasar por esta vez.

—¿Te pasa algo?

Suspiro.

—Adivinen quién acaba de ser comprometida con un desconocido.

Jellal y Erik se miraron, sorprendidos. Jellal sabía que, por alguna razón, la madre de Ultear quería que se casara, pero nunca pensó que lo haría de aquella forma.

—No es cierto.

—Sí, es cierto. Aunque no es en sí un desconocido, es Lord Zeref.

—¡¿Zeref?! —gritaron al unisón. Ultear asintió.

—¡Es un niño! ¿Qué demonios le pasaba por la cabeza a mi madre?

—Ultear, no es un niño, tiene veintiún años.

—Si Jellal, pero yo tengo veintidós. ¿Sabes lo patética que me vería con alguien más joven?

—No es tan joven.

—A ver, ustedes dos. ¿Cuántos años tiene Mystogan?

—Veintidós. —Respondió Jellal. —Deberías saberlo, ya que es mi hermano gemelo.

—Cierra la boca. —Dijo. —Ahora, ¿cuántos años se supone que tiene su prometida?

—¿La señorita Minerva? Creo haber escuchado que tenía 19.

—Ahí lo tienen. Ella es más joven. ¡Yo debería de ser la joven en la relación!

—¿Y a quién se le ocurrió tal idea? —preguntó Erik.

—A mi madre, ¿a quién más?

—No creo que Lady Ur…

—Créelo, Erik. Mamá está haciendo muchas cosas que normalmente no haría. ¡Está enloqueciendo!

—Sigue pareciéndome increíble.

—Por esa razón venía. Jellal, tengo algo que proponerte.

—No le pediré a mi padre que te consiga nuevo prospecto.

—No, idiota. Quiero que le digas a mamá que tú te casaras conmigo.

—¡¿Qué demonios dices?!

—¡Por favor! Solo me queda esa salida.

—¡Estás loca! No haré eso.

—¿Por qué no?

—Porque seguro mi padre se lo tomaría en serio.

—Tienes razón. Era mi última salida.

—Además. —La interrumpió Jellal. —Saldré del Palacio unos días, no podré estar aquí para cubrir esa estafa.

—¿He? ¿A dónde irás?

—Mi padre quiere que ayuda a revisar cuantas tierras nos pertenecen. No es cosa de un día.

"Buena esa, Jellal". Pensó.

—Bien, entonces huiré de aquí. Iré a cualquier otro lugar donde no me obliguen a casarme.

—Suerte con eso. —Dijo Erik, quien miró a lo lejos que se les acercaban. —Jellal, creo que te buscan.

El mencionado puso los ojos en blanco.

—Ya vuelvo.

Mystogan se acercaba lentamente hacía él, deteniéndose en cuanto lo vio avanzar.

—Lamento la interrupción, hermano. ¿Podemos hablar un momento?

—¿Qué pasa ahora?

—Quería pedirte una disculpa.

—¿Qué?

—Una disculpa. Por lo sucedido. Creo que está de más mencionar el hecho de que yo no quería que perdieses tus derechos reales y…

—Mira, Mystogan. No perdamos el tiempo con esto. Lo hecho, hecho está. Ambos sabemos que nuestro padre no cambiaría de opinión ni porque el mismo Dios se lo dijera.

—Entonces, ¿eso no causará problemas entre nosotros?

—Supongo.

—Aunque, hay algo en lo que si estoy a favor.

—¿A qué te refieres?

—Sé cuánto hubieras odiado ser comprometido con una persona. Me alegra el hecho de que tú, que siempre has sido un espíritu libre, te exentes de eso.

—Bueno, no es como si yo deseara mucho que te casaras con Minerva. Nadie desearía eso.

Mystogan rio.

—Por alguna razón, aun y cuando somos gemelos… Ella prefería casarse contigo en vez de conmigo, Jellal.

—Pues, no la culpo. —Dijo en broma. —¿Te ha dicho papá que me voy?

—Sí. Me apena que no estés presente en mi cena de compromiso.

—Bueno, yo también tengo que hacer cosas por el reino.

El menor asintió.

—Me alegra mucho que no estés molesto conmigo. Después de haber perdido a Wendy... no me perdonaría el hecho de perder también a mi hermano.

—Vamos, no te lo tomes tan en serio. Si, estaba molesto. Muy molesto. Pero he estado hablando con Erik y Ultear.

En la mente de Jellal, la verdadera satisfacción era el ser el próximo Jefe Mayor de Estado.

—Bien. Entonces regresaré al palacio.

—Ve con cuidado.

Jellal vio alejarse a su hermano lentamente. A pesar de ser gemelos, siempre fueron muy diferentes. E incluso solo uno de ellos había nacido con aquella extraña marca de nacimiento en su rostro.

—¿Todo bien con su Majestad? —Mencionó Ultear con una pequeña risa.

—Eso creo.

—Jellal, por cierto, ¿cuándo te vas?

—Esta noche.

—¿Tan pronto? ¿Quién me salvará entonces de mi compromiso?

—Tendrás que arreglártelas, Ultear.

—Huye como la princesita Heartfilia.

—¿Y a dónde huiría? Lo más probable es que esa niña haya sido vendida o asesinada. Pobresilla. Yo no pienso terminar así.

—Bueno —mencionó Erik entre risas. —No es como si tú fueras como ella. Tú, más que una princesa, eres como una bruja.

Ultear le dio un fuerte puñetazo.

—Ja-ja, que gracioso. En fin. Iré a buscar a Sorano, si es que regresó. Probablemente alguno de los amigos de clase alta de su hermana sigan disponibles.

—Por Dios, Ultear. Son aún más chicos que Zeref.

—Lo sé, pero ese tal Sting Eucliffe es hermoso.

—No se puede contigo.

—En efecto. Me tengo que ir, antes de que mamá se vuelva más loca de lo que ya está.

—Ultear —Jellal le habló, haciendo que la mencionada se girase. —¿Cómo está Meredy?

Una tierna sonrisa cruzó su rostro.

—Ella está bien. Perfectamente.

—¿Sigue con el viejo Precht?

—Sí. Quisiera poder tenerla en casa, peo ya saben cómo son las cosas.

—La próxima vez que la veas, dile que iré a visitarla tan pronto como pueda.

—Lo haré. Nos vemos luego.

Ambos vieron a la joven subir a su vehículo y marcharse.

—Creo que nada en este mundo pone esa sonrisa en el rostro de Ultear más que esa niña.

—Que te puedo decir, ella la adora.

—¿Tú crees que Zeref acceda a..?

—Ni idea. —Dijo Jellal, cortando la pregunta de Erik. —Solo espero que todo esto no le traiga más problemas a Ultear. Después de todo y, aunque ella no quiera admitirlo, es igual a su madre.

—Cuidar niños a temprana edad debe ser difícil.

—Supongo. Mira a mi madre, simplemente. Lo fue muy joven.

—Bien, basta de charla. Tenemos que ir a prepararnos.

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Estaba bastante preocupado al ver el pequeño equipaje que llevaría, pero le preocupaba más ver solamente una daga como armamento. ¿Qué tal si aquellas personas intentaban dañarle?

—Padre… ¿De verdad crees que esto es suficiente?

—Tienes que lucir como un forastero, Jellal. No puede llevar un gran armamento contigo, te lo había dicho con anterioridad.

—Pero Faust, creo que eso es demasiado poco. ¿Qué tal si esas personas tienen armas más fuertes?

—Tranquila, querida. No pueden tener nada con lo que mi hijo no pueda luchar.

Mystogan los veía en silencio. Su padre le había pedido no mencionar nada al respecto.

—Pues bien. Entonces creo que estoy preparado.

Jellal tomó aquella vieja valija, que pertenecía a uno de los cocineros del Palacio. Era tan antigua que parecía que en cualquier momento se destruiría.

—Tenemos preparado su caballo, su Majestad.

Jellal asintió. Sabía, también, que no llevaría a su viejo amigo. Un caballo negro pura sangre que su padre le había obsequiado apenas a los 8 años de edad. Llevaría uno de los caballos más viejos, el cual cumpliría con su última misión con él.

Faust llamó a una de las trabajadoras que se encontraba cerca de la enorme puerta de madera. La joven mujer traía en sus manos una charola de plata con un cuenco de mármol y un paño blanco.

Puso aquella charola en una mesa que se encontraba cerca de Jellal, remojó el paño en el agua que se encontraba en el cuenco.

—Es agua de rosas, su Majestad. Esto evitara que su rostro se dañe.

Poco a poco, aquella extraña marca de nacimiento rojiza comenzaba a aparecer en el rostro del peliazul.

—Nunca comprenderé de donde salió eso. Mystogan y tu son gemelos, y sin embargo solamente tú la tienes, Jellal.

—Pues yo menos idea tengo de eso, padre.

—Lamento tener que cubrirla de esa manera, hijo mío.

Jellal se acercó a Grandeeney, tomando su mano suavemente y plantando un beso en ella.

—Te prometo que regresare a salvo y con mi hermana.

La mujer acarició suavemente su cabello.

—No lo prometas, hijo. Sé que lo harás. Te estaré esperando. Gracias por pedirle a tu padre participar. Sé que tu hermana no estará en mejores manos que en las tuyas.

Mystogan se acercó por fin y habló.

—Jellal. Mantente seguro.

—Cuida bien del Palacio y de nuestra madre en mi ausencia.

—Lo haré. Trae a Wendy de regreso a casa.

Asintió.

—Es hora de macharse, hijo. —Mencionó Faust. —No olvides tu nueva identidad por nada del mundo.

El joven hizo un movimiento simple de cabeza, sonrió a su madre y salió con Byro pisándole los talones.

El trotar de los caballos era constante, excepto por él. Aquél viejo caballo cada vez parecía tener menos fuerza.

—Byro, ¿estás seguro que este caballo no morirá?

—Probablemente lo haga, su Majestad. Por eso es su última misión.

—Debieron dejarlo en las caballerizas.

—Es inútil. Necesitamos desechar lo que no nos sirve.

—Espero que no hagan lo mismo contigo cuando no puedas ni con tu alma, Byro.

El hombre resopló.

—Le pido más respeto, joven Erik. Recuerde que gracias a mi es que es participe de esto.

Erik miró a Jellal, dándole a entender que tenía razón. El otro solo rió.

—Hemos llegado. —Habló Byro, nuevamente. —Aquí comenzará su misión.

—¿Qué haré aquí?

—Rogar.

—¿Qué?

—Sí. Rogar a los Dioses que aquellas personas le ayuden. —Byro tomó un arco y, repentinamente disparó a Jellal, el cual dio un grito debido al repentino dolor.

—¡¿Qué demonios te pasa, Byro?! —Erik apunto al anciano, recibiendo instantáneamente la misma reacción de los guardias que les acompañaban, a excepción que apuntaban a él.

—Deberá decirle a las personas que se dirigía a Crocus en búsqueda de mejores circunstancias de vida, pero que alguien lo atacó para robar sus pertenencias. Lamento el daño, su Majestad.

—Señor Byro. —Habló uno de los guardias. —Debemos marcharnos antes de que las habitantes se hagan presentes.

El hombre asintió.

—Su Majestad, sea fuerte.

Jellal se dio cuenta que su caballo tenía una herida también, y que no sobreviviría más de unos minutos.

Y él un poco más si nadie lo ayudaba.

—Erik… —Dijo Jellal, con un deje de dolor en su voz.

—El Joven Cubell se quedará en una cabaña a unos kilómetros de aquí. El vendrá a dar pequeñas rondas, así en caso de que nadie lo ayude, el podrá hacerlo. Vamos a aquel lugar. Que los Dioses lo bendigan, su Majestad.

Jellal los vio alejarse, y a la vez veía como Erik gritaba algo a Byro, pero ya era incapaz de escucharlos. Escuchó el último suspiro de su caballo que se desplomó por completo a su lado. Aquél anciano había dado en un punto muy cercano al bazo, por lo que sentía como perdía sangre rápidamente. Intentó ponerse de pie, pero el dolor se volvía más agudo.

Se recostó sobre el cuerpo inerte de su caballo, esperando que aquella gente le ayudase.

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—¡Estamos cerca! ¡No bajen la guardia!

La oscuridad de la noche en el espesor del bosque no ayudaba en nada. Era muy complicado encontrar a alguien por ahí.

—Es muy complicado vagar con estas vestimentas por el bosque. —Mira estiraba un poco su vestido para hacer que se soltara de una rama. Inmediatamente, Erza le ayudo.

—Debemos andar con cuidado.

Un grupo muy pequeño había acudido en búsqueda de la persona que había dado aquel grito. Tenían casi 15 minutos buscando, pero no había ruido alguno más que aquel se producía en el bosque.

—Ya hacía bastante tiempo que no sucedía algo así. —Mencionó Natsu. —Y si mal no recuerdo, fue cuando llegó Lucy.

—Cierren la boca, mocosos. —Habló Porlyusica. —No sabemos si haya guardias de la Capital o de cualquier otro reino cercano por aquí.

Makarov hizo una seña para que se detuvieran.

—Hay un caballo por allá. Y si mi vista no me falla, alguien más. Erza, Mira, ustedes son más agiles. Intenten acercarse un poco. Los demás, verifiquen que no haya nadie más en el área. Porlyusica y yo iremos detrás de las chicas.

Todos se pusieron en marcha.

Al acercarse más, verificaron que, efectivamente, había alguien ahí, junto al caballo.

—¡Mira! Por aquí. —Erza se acercó rápidamente. Aquel sujeto se encontraba cubierto de sangre, y el animal completamente sin vida.

—¿Sigue vivo? —Preguntó Porlyusica, que apenas salía del espesor del bosque junto a Makarov.

—Sí, pero respira pesadamente.

—Y el pobre caballo no soportó. Wendy estaría muy triste si estuviese aquí. —Mencionó Mirajane, acariciando el lomo ensangrentado del caballo. Al parecer también había recibido una herida.

Cuando Porlyusica vio al joven, se heló por completo. Se giró hacía Makarov solo para comprobar que se encontraba en el mismo estado.

Era el hijo de mayor de Faust y Grandeeney.


¡Última actualización del año!

Les agradezco mucho por acompañarme en estos dos meses y unos días que lleva este fanfic. Por eso mismo hice lo posible para traerles una pequeña actualización antes de finalizar el año. La próxima actualización espero tenerla para las primeras dos semanas de enero, ya que después entre escuela y trabajo tardaré un poco más, ya que además es mi último semestre de universidad.

De nueva cuenta, agradezco a Erza PS por su lindo review y por estás al tanto de la historia~

Sin más, deseo que este inicio de año se la pasen excelente, y que las mejores vibras llenen su vida. ¡Mis mejores deses y feliz año nuevo!

~JK.