Bleach no es de mi autoría, le pertenece a Kubo Tite. Historia original, escrita por mí.

Basado hasta el capitulo 350 del manga.

Importante: Solo, en este capitulo el texto itálico que corresponde a los recuerdos no lo aplicaré. Dado que en general se esta hablando en otro tiempo, esto sucede al término de la guerra contra Aizen. Es extenso pero, necesario para que sea de fácil comprensión los siguientes capítulos.

Introspección: al término de la guerra, todo parece indicar que las cosas transcurrirán de una forma apacible y segura. Sin embargo, Rukia pierde cada una de las memorias de su mente, dando como resultado un doloroso destino a su persona. A la par, los vizards son reintegrados en al Sociedad de Almas; como una nueva élite de guerra. La recién formada Catorceava División, también llamada Sekushon Kuroi (división negra).

Sumary: Aún en la oscuridad..., una luz puede brillar... Aún en la soledad..., un corazón puede latir... Aún así..., este no será el final.


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Tan cerca del paraíso

(To close to paradise)

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Por Ireth I. Nainieum

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Capítulo II

La caída del halcón negro

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"The bird of Hermes is my name, eating my wings to make me tame"

-El ave de Hermes es mi nombre, comiendo mis alas para hacerme domar-

-Hellsing-

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Hace cien años…

Isane Koketsu ingreso a la habitación para continuar con la revisión matutina de la paciente. Sin embargo, se llevo la sorpresa de su vida al percatarse que Kuchiki Rukia se encontraba sentada en el suelo de la habitación. Y tal parecía que se había arrastrado desde la cama, hacia el centro de la misma. Las sábanas esparcidas por el suelo, eran la confirmación más evidente. Y estaba más que aliviada. La herida en su cráneo había sido una verdadera extrañeza, para todos en la división. Dejo la papeleta de su estado en una cómoda cercana, y lentamente se aproximo hacia la enferma.

―¿Kuchiki Rukia? –susurro- ¿me escucha, Kuchiki Rukia? –silencio- ¿Rukia san? –la toco suavemente y ella tembló- soy yo, la teniente Isane Koketsu… ¿sabe, dónde se encuentra?

En todo momento Rukia mantuvo su vista enfocada en el piso de madera, con sus manos entrelazadas delicadamente sobre sus piernas. No obstante, Isane comenzaba a desesperarse ante la falta de comunicación por parte de la menor de la familia Kuchiki. Así, que decidió usar un tono de voz autoritario; esperando que de esta manera ella pudiese captar su atención debidamente.

―¡Oficial Kuchiki Rukia, de la Décimo Tercera División. Es una falta grave el ignorar a un superior!

A este punto ella se preocupo realmente. Hasta lo que poco que la había tratado, Kuchiki no sería del tipo de personas que ignoraría una orden directa. ¿Entonces cuál sería el problema?. Y esta ocasión al intentar llamarla por tercera vez, la tomo del mentón para indagar el inconveniente.

―¿Kuchi…

De inmediato la soltó y se levanto con prisa, al mismo tiempo que llevaba sus manos a su boca; ante la sorpresa recibida.

―¿Isane?

Miro a su Capitana con los ojos desorbitados e incapaz de saludarla debidamente, lo peor del asunto es que no había ingresado sola. El Capitán Kuchiki Byakuya, hermano de la enferma había llegado también; y finalmente Ukitake Jūshirō Capitán de la herida. Al instante, se percato de que el hermano de ella no le quitaba los ojos de encima.

―¿Isane? –reitero e ingreso- ¿cuál es el problema?. Estás muy pálida –la miro- no deberías –le sonrió- si Kuchiki ha despertado finalmente

―Capitana…, yo…, yo…

Siguiendo con la mirada el punto observado por su Teniente, le genero una curiosidad extrema su comportamiento inusual. Se acerco lentamente hacia la pequeña mujer en la habitación. La cual, aún se mantenía en la misma postura estoica. Sin embargo, Rukia parecía desconocer por completo que no encontraba sola en lo absoluto, sino en presencia de altos rangos a quienes invariablemente debía de presentar sus respetos.

―¿Kuchiki Rukia?...

Y, el mismo silencio de hacia momentos volvía a inundar el recinto completo. Fue entonces cuando Unohana supo que algo andaba terriblemente mal con ella. Desde el instante que la trato con primicia luego de la muerte Aizen sospecho que algo no andaba bien. Inoue Orihime, no hizo el menor intento de socorrerla; tan solo la contemplaba desde la distancia. Mientras, esta se concentraba en auxiliar al resto de los heridos. Rukia tenia una hemorragia, que le ocasiono un traumatismo craneal severo; al parecer un fragmento de un arma blanca había sido la responsable de su hemorragia cerebral. En ese instante, lo que le preocupaba era el hecho de que derramaba lágrimas constantemente. Pero sabía muy bien que eso era una respuesta fisiológica, derivada de la laceración recibida.

Al final le costo mucho más de lo que imagino el contener el sangrado, y aún más el lograr su estabilización. De hecho fue la última paciente en ser trasladada, dada la naturaleza de su contusión. Eso había sucedido hacia una semana, un tiempo demasiado largo para la recuperación pronosticada por ella. Sin contar con la angustia de todas las personas más allegadas a ella, los cuales se turnaban los lapsos de visitas, esperando que cuando ella despertase se encontrase con un rostro familiar.

Se concentro en su rostro, y en el pudo contemplar una cara impávida y carente de emoción alguna. Parecía que solo reaccionaba al tacto sobre su piel por inercia. Trono sus dedos muy cerca de sus oídos, más no ocurrió nada. Con sus dedos rebaso lo límites de su individualidad al intentar tocar su nariz, y a su propio asombro se quedo completamente quieta. La conclusión fue, que Unohana Retsu no existía para Kuchiki Rukia.

―Necesito que salgan –miro a los varones- debo examinarla minuciosamente para, saber cual es el problema de su estado –suspiro- Capitán Kuchiki, Capitán Ukitake –suplico- déjenos solas

Los hombres, desde su posición tan solo podían observar la espalda femenina de la convaleciente; quien claramente no se inmuto en lo absoluto. Y parecía una muñeca. Byakuya estaba sumamente preocupado, desde hacía días que sentía una sensación de incomodidad cada vez que pensaba en ella.

―Byakuya –tocaron su hombro- salgamos y dejemos a Retsu el atenderla

Sin decir nada más, él se giro y abandono la habitación de su hermana, en compañía de Ukitake. Juntos esperaban impacientemente en el pasillo sobre la situación actual.

Al encontrarse completamente solas, Unohana Retsu suspiro pesadamente y con sus manos tomo el rostro de Rukia; la miro un largo tiempo con pesimismo claro. La venda alrededor de su frente era el único rastro de la herida de hacia días, algunos rasguños menores alrededor de su cuerpo aún no sanaban por completo. ¿Por lo demás, ella estaba perfectamente bien?. Y de haber sido un caso ordinario, ella debió haber dado muestras de recuperación casi el mismo día; o al menos recobrar la conciencia. No obstante, tal parecía que algo o alguien le impedía el despertar verdaderamente.

―¿En dónde te encuentras, Kuchiki Rukia? –se levanto- esto no es algo que pueda tratar con la medicina tradicional, Isane –le informo decepcionada de sí misma- nosotros ya hemos cumplido con nuestro deber de sanarla físicamente –llevo una de sus manos a su rostro- me temo…, que, ella perdió algo mucho más valioso durante su enfrentamiento

―¿Qué cosa Capitana?

―El libre albedrio…

Empezó su andar hacia la puerta. Tenía una leve sospecha, y ahora tan solo debía confirmarla. Así, que era imperioso que se dirigiera hacia ese lugar.

―Isane –se detuvo antes de salir- por favor acaba con el procedimiento regular, y cuando termines alístala para que el Capitán Kuchiki pueda llevarla a casa

Finalmente abandono el aposento de la mujer y observo a los hombres. Poco después les negó con la cabeza.

―Ya no puedo hacer yo nada más por ella –miro a Byakuya- en cuanto Isane termine, por favor llévela con usted a su residencia familiar –suspiro- posiblemente ahí se sienta un poco más cómoda, lo siento en verdad –se disculpo- al parecer esto esta más allá de mis propios límites –se sincero- Capitán Ukitake –lo observo- puede que también le ayude el que le haga compañía –medito- debo retirarme, tengo asuntos pendientes –silencio- más tarde pasaré a verla y revisar nuevamente su estado

Paso junto a ellos, y durante todo su trayecto se mantuvo en un hermetismo total ante lo suscitado esa mañana. ¿Qué estaba sucediendo realmente?. Poco después de quince minutos, llego ante las puertas de la Cámara de los Cuarenta y Seis. Hacia solo una semana que nuevamente se había reinstaurado el orden previo en la Sociedad de Almas; cuarenta sabios y seis jueces habían sido seleccionados con demasiada premura, juzgaban varios. Ingreso y bajo algunas escaleras, el ajetreo no le fue un asombro en lo absoluto; pero si el hecho de que parecía invisible ante sus ojos. Sin contar que no había ninguna seguridad en lo absoluto, para tan sagrado recinto.

―¡Que maravilla!

Se aproximo hacia ella. Un hombre de cabellera rubia, mirada lasciva que le hablo con una voz muy profunda y grave.

―Disculpe el ajetreo –esbozo una sonrisa tonta- pero andamos arreglando y discutiendo puntos –sobo su nuca- por eso es que nadie ha notado su presencia –se disculpo- ¡oh!. Qué falta la mía –se lamento- soy Midori Chiaki, uno de los nuevos jueces –se enorgulleció- ¿qué puedo hacer por usted Capitana?

Algo en ese individuo le molestaba.

―Quisiera tener un permiso de ingreso al torikago (1), Midori sama

El hombre esbozo una extraña sonrisa en su rostro y le helo la sangre a la mujer.

―Sígame –expreso de forma juguetona- dada la situación actual le concederé su petición sin llenar las formas necesarias –la miro de soslayo al caminar- de cualquier forma el resto de los miembros están muy ocupados, como para llenar papeletas en este momento

La encamino por otra serie de pasillos subterráneos. El torikago o jaula, era el sitio donde las zanpakutōs de los oficiales caídos, tanto en la guerra como en otras situaciones eran llevadas con el propósito de asegurar su bienestar completo. Además de ser el lugar donde, las armas de los fallecidos recibían el honor más grande de la Sociedad de Almas. Por desgracia algunos, habían pensado que Kuchiki nunca despertaría; por ello su espada reposaba en ese lugar. El cuarto era tan alto como seis pisos, y en su totalidad estaba lleno de anaqueles verticales que exhibían las herramientas de los oficiales. Por fortuna, en la parte inferior se encontraba lo que buscaba.

―Este sitio permanece a su entera disposición –se la señalo con sus manos- ¿busca alguna en especial, Capitana Unohana Retsu?

―A Sode no Shirayuki

―¡Oh! –expreso con disgusto- la más hermosa de las zanpakutōs tipo hielo –camino entre las espadas- de la Sociedad de Almas, una herramienta asesina verdaderamente hermosa

Le indico que caminase a su lado. El arma se encontraba extendida horizontalmente a diferencia del resto, y el detalle radicaba en que la zanpakutō no había iniciado con el proceso de curación normal. La empuñadura y la el filo inicial, aún estaban rotas. Sin dar el menor indicio de una pronta recuperación. Era como si la espada misma careciera de vida. Esto la preocupo aún más, era bien sabido que a pesar de que algún dios de la muerte falleciese, no tardaba más de tres días en reintegrarse. Las zanpakutōs se regeneraban en un último aliento de existencia.

―Esto no es posible –susurro- su amo no esta muerto y…

Al rozar por solo un instante el arma, se llevo la sorpresa de su vida. La zanpakutō, estaba caliente; como si se le hubiese dejado bajo los rayos del sol durante la mañana. Sin embargo, eso era ilógico e imposible; el recinto en donde se encontraba resguardada se encontraba iluminado tan solo por algunas lámparas. Las cuales, jamás podrían generar tal fenómeno.

―Esta zanpakutō ya debería haberse recuperado –exclamo el hombre- ¡que curiosa peculiaridad! –gozaba del hecho- más allá de todo…

Retsu miraba de soslayo al individuo junto a ella. Era cierto que dentro de poco deberían de acatar las reglas una vez más de la Cámara, pero a esta altura le resultaba demasiado extraña la efímera conversación que había mantenido con ese sujeto.

―Espero que aquello que este planeando no le resulte un arma de doble filo

Le susurro mientras intentaba analizar ¿como un individuo tan joven, podría formar tan pronto parte de un organismo tan autoritario e importante?; ¿cómo era posible?.

―¿Disculpe? –exclamo con sorna- ¿es acaso una amenaza o advertencia?

―Tan solo…, me preguntaba… -lo miro- ¿cómo es que una Capitana pudo ingresar tan fácilmente a la Cámara de los Cuarenta y seis, sin que me retirasen mi propia zanpakutō? –silencio- ¿o que este aquí sin una escolta pertinente? –susurro- luego de los últimos eventos en la Sociedad de Almas

El rubio le dio la espalda en el proceso a la Capitana, debido a esto ella no fue consciente de la sonrisa burlona y mueca altanera en el hombre interrogado. En su andar, llevo una de sus manos a su barbilla; al parecer meditaba una respuesta.

―Quise serle de ayuda a una pobre alma en pena… -se volteo y se acerco a ella- claro… -toco el haori de la mujer- que hablo de usted Unohana Retsu

El simple hecho de que tocase parte de su vestimenta, le erizo la piel. Y al salir por la puerta, el sujeto se carcajeo de su reacción. Finalmente el varón abandono el torikago. Y Unohana libero por completo la tensión que se le había acumulado, desde el instante mismo en que entro. Lo que dio como resultado que se derrumbara derrotada en el suelo de la habitación. Era más que obvio que ella poseía una de las fuerzas espirituales más poderosas, pero… ¿por qué se sintió tan mal, al estar junto a él?. Había percibido una extraña aura a su alrededor, sus sentidos le advirtieron que se mantuviera alerta junto a él. Minutos más tarde, cuando se tranquilizo por completo llevo una de sus manos a su rostro con preocupación. Necesitaba comprender que sucedía, y para su propia desgracia, nada era lógico en lo absoluto.

Camino sin rumbo fijo, algo la hacia sentirse terriblemente mal.

―¿Capitana Unohana, se encuentra bien?

―Ishida Uryū –le sonrió falsamente- ¿qué hace usted aquí?

―Eso debería yo de preguntar –ajusto sus anteojos- no se porque se pasea sin rumbo fijo por los pasillos de la Décimo Primera División, esta es la tercera vez que la veo pasar por este corredor

De inmediato y tratando de disimular lo más posible. Contemplo los pasillos y tuvo que aceptar que no tenía la más mínima idea de cómo había llegado ahí. En ese instante un ligero rubor tiño sus mejillas y bajo la mirada apenada.

―¿Puedo, yo preguntarle –aclaro sus garganta- qué le ha sucedido a Kuchiki san? –silencio- fui a visitarla en la mañana y no se encontraba en su cuarto, cuando indague me dijeron que la Teniente Isane se la había llevado a su casa –silencio- toda mi vida he visto pacientes en recuperación, desde mi punto de vista ha sido muy precipitado el darla de alta tan pronto –dudo- ¿qué le preocupa realmente?

Retsu, en esta ocasión esbozo una jovial sonrisa al adolescente y con este gesto lo felicito por su inigualable percepción a las cosas. Honestamente, no sabía como respóndele. Así, que sería pregunta con pregunta.

―¿Y, Kurosaki Ichigo no fue ni un solo día a verla?

Ambos se miraron durante algunos segundo, en ese momento percibió que algo andaba terriblemente mal. Ella le evadía.

―Yo, he indagado antes

―Lo se…, pero será esto de una y una –medito juguetonamente- aunque usted ha hecho dos preguntas por el momento –lo miro- yo me reservaré la segunda por ahora

―Sabe bien que no puede –se molesto- aunque…

―Aunque, eso fuese un impedimento él aún así habría ido –se entristeció- ese lugar no basta para detenerlo –miro el cielo- si en verdad quisiera verla

―Es muy cierto –se cruzo de brazos- ahora, sino le molesta. ¿Me respondería? –exigió- ¿Capitana?

―La di de alta, porque ya no puedo ayudarla más –se sincero- posiblemente su estado actual sea el resultado del traumatismo que sufrió días antes, el cráneo es una zona muy delicada de la fisionomía humana y…

―Usted miente

Le asevero sin la menor duda, mientras daba un paso hacia ella. Al hacer fuerza con sus puños, sus nudillos se tornaron blancos de tanto esfuerzo, el hombre estaba mucho más que tensionado. Al final, la escucho suspirar amargamente y la templanza de su rostro se desvaneció en el acto.

―No, lo se –dijo sinceramente- de ser un traumatismo craneoencefálico, el resultado sería muy distinto –medito- hay una larga lista de posibles resultados a su persona –mordió su labio inferior con preocupación- sin embargo, ella no manifiesta ningún síntoma secundario –silencio- es sencillamente como, si su mente y cuerpo estuviesen separados –sobo su sien- sin poderse acercarse, dividida en dos sin poderse comunicar con el mundo que la rodea

―Gracias, Capitana

―La segunda pregunta me la reservaré para usarla en otra ocasión, Ishida san –lo miro- ¿qué hará su amigo cuando se entere?

―Kurosaki suele actuar precipitadamente, y no suele pensar mucho en las consecuencias –suspiro- solo deseo que haga bien las cosas esta vez –se impaciento- cada vez que quiero entrar…

―Es natural –intento que comprendiese- se encuentra en el Nido del Gusano, junto con algunos de los individuos más peligrosos de la Sociedad de Almas

―Mentira –espeto- a quien se le debe temer, es aquel que no tiene nada que perder…, porque no tiene un futuro que le espere

Fue realmente Ishida quien emprendió la marcha por el pasillo. Unohana lo contemplo hasta que se perdió de vista, le había prometido al Capitán Kuchiki el darle una explicación veraz sobre la situación de su hermana menor; no obstante, estaba segura que a pesar de volver a indagar su expediente no habría nada que la ayudase a encontrar una respuesta. No era natural esa muestra física de su persona, ¿y que razón habría para que su zanpakutō estuviese a temperatura?. Tenía tantas preguntas y ninguna con una impugnación satisfactoria. Además…, la actitud de Midori Chiaki la impacientaba por alguna razón. ¿Cuál era la razón de esa sensación en su pecho?.

―Inoue Orihime… -musito- ¿acaso sabías que todo esfuerzo por salvarla sería inútil?

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En toda guerra siempre hay dos historias, y dos bandos al cual pertenecer. Ganar o perder, no existe nada más en tan cruentos enfrentamientos; en los cuales es irremediable la existencia de las pérdidas en el transcurso. Algunas de ellas son más difíciles de aceptar que otras…, la belleza de la imperfección misma. A través de ello podemos comprender lo que a nuestros ojos, es verdaderamente hermoso…

―Esta situación es algo que nunca antes había visto –toco su frente- despertó hace unas horas y… -suspiro- el examen médico no ha resuelto nada hasta el momento, no es algo que pueda ser tratado de forma ordinaria

Termino por entregar su informe al Comandante General; el cual también descansaba en una de las tantas habitaciones de la Cuarta División. El anciano releyó el documento con calma, mucho más de la ordinaria intentando encontrar algún hueco que pasase desapercibido por la Capitana. Coloco el manuscrito sobre sus piernas y rasco de forma cansada sus ojos. Al término de la guerra contra Aizen, la Sociedad de Almas era un caos en general; y dada su salud delicada tuvo que nombrar aun jefe interino por el momento. Shunsui Kyōraku, tomo posesión del cargo provisionalmente.

―Capitana Unohana Retsu –silencio- en este momento me interesa su opinión como galena. No sobre su posición dentro de la Corte de los Espíritus Puros

La escucho suspirar profundamente. Se detuvo al hablar, debido a unos toques en la puerta desviaron la atención de la conversación.

―¡Shunsui! –carraspeo- ¿creí haberte enseñado buenos modales?, -lo aporreo- tal parece que me falto mucha más disciplina contigo

El citado sonrió divertido.

―Lo siento, Yama Yi –lo saludo informalmente- pero la conversación de ustedes me ha parecido muy interesante

―¡Shunsui!, eso…

―Discúlpeme, maestro –se inclino en respeto- vengo de ver a Rukia chan y…, es algo deprimente –acomodo su sombrero- es la única que no se ha alegrado de que todo esto acabase, tan solo esta ahí sentada y quieta… -suspiro- sin hacer ruido, tal como si los demás no existieran

El longevo regreso su atención a la mujer.

―Continúe, Capitana Unohana

―El caso de Kuchiki Rukia es sumamente inusual –exhalo- la herida en su cráneo le fue ocasionada por un arma con filo, la cual perforo parte de su hueso occipital; lo suficiente para dejarla fuera de combate –silencio- no me cabe la menor duda de que fue atacada por la espalda, al reaccionar su zanpakutō fue partida en dos

―Sin embargo –la interrumpió- en su informe ha aclarado que su herida ha sanado perfectamente ¿entonces?

―No puedo darle una respuesta –cavilo- porque yo misma no se que le ha ocurrido –lo miro- no se que le sucede Capitán Yamamoto –silencio- yo, ya no puedo ayudarla más, pero...

―Comprendo… -expreso el ancino-

―Eso no es cierto… -capto la atención- en realidad la espada fue dividida en tres fragmentos –especifico- solo recuperamos la kissaki (2) y la tsuka (3), el resto del cuerpo no fue encontrado -enfatizo el recien llegado-

Dejo de hablar, en su informe no especifico que había ingresado a la Cámara de los Cuarenta y Seis; sin contar con el extraño fenómeno de su espada. Sería mejor por el momento el mantenerse en silencio en esa cuestión. Hacia poco que estaba deduciendo que su situación actual estaba ligada directamente con su arma.

―¿Perdón, Restu? –la miro curioso- ¿por qué has dejado de hablar?

―Capitán, Shunsui…

―Déjelo así –le sonrió- debe tener muchas cosas en la cabeza, y tan poco tiempo para descansar –se lamento- su División es la más ajetreada hoy en día, con tantos problemas que hemos tenido últimamente

―Dejaremos esto así por el momento –contemplo de reojo a la mujer- Shunsui, he de suponer que ahora si me informaras sobre lo que te ordene

El hombre se retiro el sombrero de paja y rasco sus cansados ojos.

―Me retiro –se despidió- debo hacer una ronda más por la División

―Capitana, Unohana –la miro seriamente- ¿eso es todo en el informe?

―Si –mintió- no hay nada más relevante

―Retírese

Unohana abandono la habitación.

―No hemos encontrado ni un solo rastro de las tropas de Aizen, por más que hemos buscado maestro –suspiro- es como si la tierra se los hubiese tragado literalmente –se apeno ante su respuesta- varios de nuestros mejores oficiales han ido en su búsqueda, lamentablemente todo esfuerzo ha sido inútil –exhalo- es, como si nunca hubiesen existido –lo miro con seriedad- todos sabemos que esos sujetos poseen un poder espiritual impresionante, no hay lógica en su desaparición

―¿Lógica?...

El anciano cavilo.

―Yama Yi

―Tampoco hay lógica en la situación de Kuchiki –cerro sus ojos- ni en el rastro de esos individuos –silencio- ¿qué ha sido de esos chicos?

―Sobre Orihime chan y Sado kun, su ubicación sigue siendo un misterio –memoro- ella ayudo a curar a varios de nuestros hombres, y en un instante se desvaneció por completo –se apesadumbro- sobre él, luego de su enfrentamiento fue que su rastro se perdió por completo

―Posiblemente este muerto y su cuerpo al ser un alma durante su batalla se desvaneciese –abrió sus ojos y sobo su sien- me preocupa la chiquilla –expreso sinceramente- hay que pensar en la posibilidad de que este ahora con el resto de las tropas de Aizen

Shunsui, parpadeo perplejo ante las palabras de su maestro. Finalmente, esbozo una sonrisa de incomodidad ante sus palabras.

―Es un poco apresurado para afirmar eso Yama Yi –se coloco su sombrero- Orihime chan… -dudo- no creo que pudiese hacer algo así –se impacientaba- ¿qué razón tendría para irse con ellos? –lo miro con seriedad- los que me intrigan más son ellos…

―¡Shunsui ¡–lo amonestó- ten cuidado con lo que tus labios expresan, les debemos la victoria total contra Aizen en esta guerra, lamentablemente –suspiro- no olvides eso. ¡Niño tonto! –exhalo- va siendo hora de que hagamos lo correcto y les retribuyamos –lo miro- tanto por su exilio como su ayuda brindada –mutismo- si es que en algún momento son capaces de perdonarnos realmente

―Yama Yi

―La Cámara, ha decidido externar una disculpa pública hacia ellos en dos días…

―No es demasiado –medito- precipitado –sobo su cuello- no se, si es mi impresión maestro, pero… -cavilo- la actitud de este nuevo consejo no me agrada mucho que digamos –se quejo- no tengo nada contra los vizards, sin embargo… ¿Por qué mantenerlos encerrados en ese lugar?

―Eso no es importante en realidad –tomo un documento debajo el informe médico y se lo entrego- esto es lo que debería preocuparnos

Espero a que leyese en su totalidad el contenido de las hojas. Sinceramente a él tampoco le agradaba la actitud de esta nueva Cámara, no obstante, no tenía otra opción que obedecerla. Estaba comenzando a pensar en pasar por alto sus nuevos designios, especialmente el segundo. El cual le mostro a su subordinado, él aún necesitaba razonar esa orden tan altiva.

―¡Es una locura!

―Una disposición

―¡¿No puede ser disposición, maestro?! –se exalto- ¡¿cómo es posible que designen eso?!

Se levanto molesto y lo miro con los ojos desorbitados, sencillamente la nueva orden era una completa locura.

―Madarame Ikkaku, tomara la jefatura de la Tercera División. Abarai Renji, tomara el cargo de la Quinta División –le expreso- Hisagi Shūhei, se hará cargo de la Novena División –bajo su cara- los tenientes actuales permanecerán con sus cargos en sus respectivas escuadras, aún se debe designar al nuevo Teniente de la faltante

―Maestro…

―La Cámara no quiere que existan puestos vacios dentro de los altos rangos –le informo- yo tampoco estoy de acuerdo –se lamento- sin embargo, debo acatar sus decisiones aunque las considere erróneas –silencio- lo lamento por esos chicos. En dos días se hará la presentación oficial de ellos ante el resto de los Capitanes y Divisiones

Le expreso de forma cansada y pesada a la vez. Esa tarde cuando recibió los documentos con la decisión final de la Cámara, le produjo una sensación vacía e incomoda en su ser. La alevosía con al cual actuaban era sumamente extraña; si bien durante la Guerra ellos demostraron grandes dotes, nada en el mundo justificaba un ascenso tan desmedido. No sin la forma en que se había acostumbrado durante siglos.

―¿Qué pasara con los vizards? –se levanto- Yama Yi

Silencio.

―¿No me lo dirás, cierto maestro?... –suspiro- debe ser también un mandato, debo terminar mi papeleo –se lamento- Nanao chan me dijo que no me ayudaría, más que con el de nuestra División

Camino hacia la puerta. Al llegar a ella y al abrirla se percato que de la presencia de un nuevo arribado. Ishida, se encontraba frente a él, bajo su mano lleno de sorpresa. ¿No lo había percibido en lo absoluto?.

―Quisiera hablar con usted si es posible, Yamamoto-Genryūsai –se acomodo sus anteojos- Comandante General de la Corte de los Espíritus Puros

―Ishida Uryū, entra mocoso

―Si me permite –interrumpió- prefiero no ser llamado de una forma tan despectiva señor –ingreso- me es bastante incomodo

Shunsui salió, aún con el pendiente. Sabia que los Quincy y los dioses de la muerte eran opuestos, pero nada indicaba que fuesen capaces de restringir por completo su poder espiritual.

―¿Ya has tomado tu decisión? –lo miro- Quincy

―Si señor –se paro al pie de la cama- me quedaré indefinidamente en la Sociedad de Almas

―¿Estas completamente seguro? –entrelazo sus dedos- una vez que tomes parte de este sitio, no habrá marcha atrás –afonía- ¿qué hay de tu padre, amigos y futuro en el mundo humano? –expreso quedamente- ¿has renunciado a todo eso?

―Tengo mis propias razones, señor –se cruzo de brazos- me las reservaré si no le importa –lo miro prudentemente- solo, se que ahora necesito quedarme

El ambiente se torno pesado y para uno de ellos resultaba asfixiante el espacio en sí. Se sentía mareado y cansado, estaba harto de indagar sin llegar a nada, Ishida necesitaba comprender lo que Kurosaki pensaba.

―En parte… -dudo- quiero saber como terminará todo –esbozo una sonrisa triste- comprender lo que Kurosaki hará y lo que le sucederá a Kuchiki san –lo miro- quiero razonar…, y entender

―Eres una persona muy interesante, Ishida Uryū. ¿Te gustaría tomar un puesto dentro de la Corte de los Espíritus Puros? –se miraron fijamente- aún tengo que encontrar el sitio idóneo para ti

―¿Es una oferta?

―Más bien una petición –cerro sus ojos- quiero que te conviertas en mis oídos y ojos… -le hablo seriamente- la Sociedad de Almas, dará un cambio radical y necesito en quien confiar sin que se sospeche de mí

―Lo que en realidad desea es que yo, me convierta en su soplón –se indigno- ¿su Teniente no debería hacerlo mejor?

El longevo le negó con la cabeza.

―Esta reestructuración esta más allá de todo lo que alguna vez se haya visto

―¿Supongo que no me lo dirá? –suspiro- lo haré a cambio de algo de su parte, señor

―¿Qué deseas?

―Ocupar, la Sexta División

―¿Bajo el mando del Capitán Kuchiki?

El longevo mismo se sorprendió ante tal petición. Ciertamente los varones no eran ni remotamente cercanos, y rara vez los había visto cruzar palabra alguna.

―Tan solo quiero asegurarme de que Kuchiki Rukia estará bien –se justifico- ella es la llave de su cordura…, y si la pierde todos estaremos en peligro

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―¡COMO ODIO ESTE JODIDO LUGAR!

Golpeó con ímpetu una de las paredes del gran apartamento acoplado para ellos, se encontraban en la sala de dicho sitio. Y, para pasar el tiempo se entretenía en cualquier banalidad posible; no obstante la rubia aún respingaba sonoramente por su suerte. El resto de sus camaradas tan solo ignoraban su rabieta infantil como de costumbre.

―¡SHINJI!

Le aventó un trozo de pared que arrancó y por fortuna el mencionado lo pudo esquivar oportunamente. Volteó hacia ella con hastió, dejo su entretenimiento y camino lentamente hacia ella; finalmente la sujeto con brusquedad de sus muñecas y la obligo a tranquilizarse, poco después la halo hacia el resto de sus compañeros. Con determinación la sentó junto a Mashiro, la cual le hacia caras graciosas hacia su ex capitán.

―¡¿QUÉ HACES ESTÚPIDO SHINJI?! –vocifero- ¿¡ES QUE ACASO ESTAS CONFORME CON QUE NOS TENGAN AQUÍ ENCERRADOS?!

―Hiyori, en el momento que deseemos podemos escapar sin ningún problema –sobo su sien- y eso lo sabes a la perfección

La rubia se cruzo de brazos y le dio la espalda de forma molesta y con una clara rabieta.

―¿Entonces, qué hacemos aquí?

―El día de hoy llego un documento de la nueva Cámara –se los mostró- en el cual nos informan dos cosas –señalo con sus dedos- en la primera, se dice que se nos dará una disculpa publica ante toda la Sociedad de Almas –los miro- por lo que hemos pasado en los últimos cien años –evito ser interrumpido- y en la otra es el ofrecimiento de formar una nueva División dentro de la Corte de los Espíritus Puros

Esa información genero un mutismo generalizado entre los vizards de la habitación. Quienes se quedaron impávidos antes la segunda parte de su información.

―¿Es acaso una broma, Shinji?

―En lo absoluto, Rose

―¡Es absurdo! –se cruzo de piernas- ¿una nueva división, solo para ocho personas? –carraspeo- es un desperdicio a gran escala –se turbo- mejor vámonos de aquí, tal como Hiyori lo ha dicho -expreso Lisa-

―Será para nueve… -comento Shinji-

De inmediato el resto miro hacia una de las puertas. En la cual se encontraba un adolescente, que no había dejado ese espacio desde que les designaron el apartamento en su estadía.

―¿Tomarás la Capitanía, Hirako?

―No me interesa en lo absoluto, Kensei –se levanto- es mucho trabajo –respingo- y después de no hacerlo durante tanto tiempo, uno pierde la costumbre –camino hacia la puerta cerrada- así, que pensé…, que sería interesante dejar al más joven de nuestro grupo el tomar esa responsabilidad –toco la manija- ¿has escuchado, Ichigo? –silencio- desde hoy eres el Capitán de nuestra división…, piensa detenidamente en lo que harás, con tanto poder a tu mando…

―¡SHI…

Fue silenciada por Love, el cual le indico con señas que se callase. Ese no era ni el momento ni lugar adecuado para refutar lo externado por Shinji.

―En dos días deberás de alistarte y salir de ese cuarto –esbozo una sonrisa- y…, si tienes alguna petición, será el momento oportuno para informarla a la Cámara

Nuevamente camino hacia su antiguo asiento, tomo un libro el cual hojeo distraídamente.

―No ahora Hiyori –musito- esto es lo mejor que podemos hacer para ayudarlo –cerró de un golpe la obra- de otra forma estoy casi seguro que nunca más saldrá de ese sitio

De pronto unos alaridos y aullidos se manifestaron alrededor del departamento, en el que se encontraban. El resto de los residentes del Nido del Gusano, al parecer intentaban ingresar por la fuerza en su recinto.

―¿Qué les parece si nos divertimos un poco? -expreso la rubia- para quitarnos esta sensación incómoda

Se levanto y también lo hicieron los demás, jugarían un poco en ese aburrido lugar.

―¿Crees que a ese capullo se le ocurra algo interesante, Hirako?

―Estoy casi seguro, Lisa

Luego de la amena paliza a ciertos residentes del Nido del Gusano, regresaron alegres a su sitio y bastante ajetreados se llevaron una desagradable sorpresa al encontrar a Ishida leyendo en el sofá de la sala. Volteo hacia ellos cuando los percibió, coloco el libro en la mesa de la habitación y se paro junto a una pared.

―¿Se han entretenido?

―¡TÚ, GUSANO! –lo señalo fieramente- ¿cómo entraste?

―Por la puerta evidentemente, Hiyori san

―¿Qué deseas, Ishida? –camino- no creo que hayas venido para asegurarte de nuestro bienestar –expreso irónicamente- así que ahorrémonos todas las palabrerías sin sentido –ocupo su asiento- y vayamos directo a los hechos -comento Kensei-

― A decir verdad ustedes no me interesan –giro su cabeza- solo quiero charlar un poco con Kurosaki –se cruzo de brazos- algo que creo que necesita saber

Los vizards se miraron entre ellos incómodos. Para luego observar la puerta, tras la cual se encontraba el chico que se había negado a salir desde su llegada. Quien gracias a Mashiro es que sabían que ingería sus alimentos, pero lo más extraño es que ninguno había observado cuando tomaba la bandeja; esta cuando la recordaban miraban que estaba vacía.

―Ella despertó esta mañana –cerró sus ojos- y no ha dicho palabra alguna desde entonces, de eso hace más de diez horas –silencio- no habla, y parece como sino escuchase palabra alguna…, no tiene voluntad alguna, Kurosaki –se crispaba- ¿no irás a verla? –mutismo- no fuiste cuando estaba inconsciente –esbozo una sonrisa triste- así que es más que obvio que no vas a ir ahora –se alejo de la pared y camino hacia la puerta principal- espero que no te arrepientas… ¿Por qué temes que ella te vea ahora, Ichigo?

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Los dos días pasaron con rapidez, e Ichigo en ningún momento hizo intento alguno por abandonar su habitación. De no ser porque su comida desaparecía, habrían pensado que quizás estaba muerto ya. Faltaba media hora para que fuese el medio día y aún no había rastro alguno de él, así que molesta Hiyori irrumpió en su habitación. Claro esta, que faltaba el insulto de por medio.

―¡IDIOTA!. ¡¿QUÉ DEMO…

Sus palabras se silenciaron, debido a la fuerte impresión que recibió al observarlo y asustada retrocedió un paso antes de derrumbarse en el suelo; estaba pálida y sin aliento. Su corazón latía demasiado rápido, junto al sudor frío que recorrió su frente.

Una espeluznante figura atravesó el marco de la puerta y paso junto a la blonda. Al instante todos quedaron asombrados, ante la visión que Ichigo les mostraba de su persona. Una terrorífica máscara cubría su rostro en su totalidad y dos enormes cuernos complementaban esa espectral manifestación. Su cabellera le llegaba por debajo de la espalda y esos horripilantes ojos parecían los de un monstruo mismo. Con sigilo camino hacia ellos, dejando a Hiyori atrás.

Le extendió un documento al hombre de cabellera rosa, Poco después corto su palma con su espada y firmo así el manuscrito.

―Claro, Ichigo kun

Los miro intentando percibir quien de ellos tomaría la vacante. Desde un inicio él mismo había descartado a Hiyori, dado su temperamento volátil. Hachigen sería demasiado gentil para lo que necesitaría a futuro; y Mashiro…, pues era Mashiro ¡por el amor de Dios!.

―Yo tomaré el cargo –dio un paso al frente- Yodömaru Lisa

En un paso rápido ambos desaparecieron y la tensión pareció desaparecer al instante. Finalmente, Hiyori recupero la calma y se levanto ajetreada del suelo, quizás un poco más tranquila. Pero, en general ninguno daba crédito a lo que acababan de presenciar.

―Parece… -cavilo- que él ha logrado un perfecto control de sus habilidades –se lamento- e incluso ahora es capaz de ocultar por completo su presencia –silencio- eso ha sido alto verdaderamente aterrador, tal como lo del Quincy. ¿No te parece, Shinji?

―Rose… -lo miro y esbozo una gran sonrisa- ha llegado el momento para que nos divirtamos de nuestra situación –se acerco a la zanpakutō de Ichigo- la verdadera naturaleza…

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Por cuanto corredor andaban los dioses de la muerte se alejaban asustados y miraban hacia el suelo, temerosos del ser que caminaba tan tranquilamente por los pasillos de la primera división. En su andar, Lisa le seguía muy de cerca. Con esa apariencia infundía respeto y miedo absoluto.

―No has traído el haori –lo reprendió- es un símbolo importante del puesto que ostentaras

Tal parecía que él no estaba dispuesto a decir nada en lo absoluto, por lo tanto, no tuvo más remedio que continura caminado junto a él en silencio. Unos minutos más tarde llegaron a su destino, la sala de reuniones de la Primera División. Las puertas cerradas, eran un claro recordatorio de su impuntualidad.

―¡Ha llegado a destiempo Yodömaru Lisa!

La voz del anciano resoplo con hastió a través de las puertas cerradas, finalmente esta se abrieron para dejarlos pasar. Ella fue la primera en ingresar, justo detrás de ella Ichigo entró. En ese instante el ambiente se torno sumamente pesado y frío. La bestia que acompañaba a la mujer robo todas las miradas, los capitanes reunidos no daban crédito a lo que sus ojos contemplaban. Ciertamente, jamás imaginaron el observar a Kurosaki Ichigo el convertirse en un demonio. ¿Además, por qué rayos no lo sentían en lo absuluto?. Estaba ahí fisicamente, pero no emitia ningún tipo de poder espiritual.

―Tuvimos un inconveniente, señor –se disculpo por ambos- no sucederá nunca más

―Colóquense, junto al Capitán Ukitake

―Como usted diga –exclamo la mujer- comandante

Caminaron y se colocaron junto al hombre de cabellera blanca, quien aún no daba crédito a la radical transformación del muchacho, que conoció hacia unos cuantos meses.

―¡Que comience la reunión, señores!

Golpeó con su bastón el suelo de la sala.

―Como ya han sido informados, la Cámara de los Cuarenta y Seis ha decidido nombrar a nuevos Capitanes para la Corte de los Espíritus Puros –observo brevemente a los hombres- Madarame, Abarai y Hisagi –suspiro- espero grandes cosas de ustedes tres –silencio- el siguiente punto, es la disculpa oficial de la Sociedad de Almas hacia ustedes –camino y se paro junto a los últimos llegados- en cuanto este completamente lista recibirán una retribución de nuestro error –afonía- hay dos puntos mas a tratar el día de hoy

―¡Oye, Yama Yi! –acomodo su sombrero- me habías comentado que solo serían dos los puntos a tratar el día de hoy

―¡Shunsui! –lo miro de mala gana- no me interrumpas más –regreso su atención a ellos- se ha autorizado la creación de una nueva división, bajo la cual ustedes que se hacen llamar ahora vizards tendrán control absoluto, lejos de las normas usuales de la Sociedad de Almas

Esa información genero un tumulto claro en la reunión, el cual competía fieramente con la sorpresa que Ichigo había generado instantes antes. Y los murmullos de inconformidad no se hicieron esperar, ante la decisión de la Cámara; fueron tan evidentes que al final el longevo no tuvo otra opción que intervenir para tranquilizar la situación.

―¡SILENCIO! –vocifero- ¡ES UNA ORDEN Y DEBE SER ACATADA POR TODOS, SIN IMPORTAR SI ESTÁN DE ACUERDO O NO! –silencio- los cuarenta sabios y seis jueces saben lo que es mejor para todos en la Sociedad de Almas y el mundo humano

Algunos comenzaban a dudar claramente de las intenciones de la Cámara, fueran de ayuda genuina. ¿Cómo era posible formar una división para solo nueve personas?

―Yo, Yodömaru Lisa ostentaré el cargo de Teniente –dio un paso hacia atrás- y Kurosaki Ichigo tomará la capitanía de nuestra división

Ukitake volteó hacia él, ¿renunciaría a su vida?

―Si eso has decidido muchacho, no seré yo quien te refute –les dio la espalda y camino hacia su asiento-hay varios ex capitanes, estoy seguro que le mostraran la forma correcta en que debe manejarse una división; confió en su buen juicio –exhalo al llegar- hay un último punto que me permitiré tratar con todos ustedes –se sentó- esto es para tomar una decisión en conjunto –silencio- ¡Capitanes! –los miro seriamente- ya se han enterado de la situación actual de Kuchiki Rukia –espero- la Cámara me ha autorizado para elegir lo que consideré mejor para ella. Llegue a la conclusión que, entre todos deberemos decidir su futuro

―¿Nos están permitiendo hacer eso, maestro? –se impacto- nunca antes nos han permitido hacer algo así –se exasperaba- toman fallos impredecibles y con demasiada alevosía –se enfado- hace tan solo dos semanas que el peso del mundo recaía en nosotros –hablo por los presentes- ¡esto, y lo que nos ha dicho antes es ilógico!

Externo Ukitake y antes de que el anciano háblese, alguien más dio su punto de vista.

―Rukia, no debe volver nunca más a este lugar

Exclamo fríamente tras la máscara y con una voz tan espeluznante que le erizo la piel a más de uno. Voltearon varios hacia él horror. ¿Dónde estaba el chico de mirada sincera y franca?. Ahora lo único que vislumbraban era a una bestia.

A este punto, el único pelirrojo perdió la mesura por completo y dio un paso hacia el frente no dando crédito a lo que acababa de escuchar salir de su boca.

―¡DEJARLA FUERA! –siseo horrorizado- ¡¿ES QUE HAS PERDIDO LA CABEZA, TRAS ESA ESTÚPIDA MÁSCARA ICHIGO?! –le reclamo- de todos los presentes en esta habitación, ¡TÚ! –lo señalo con fiereza- ¡ERES EL ÚLTIMO DE QUIEN HABRÍA ESPERADO SEMEJANTE TONERÍA! –espeto- ¡¿QUÉ DEMONIOS INTENTAS HACER, KUROSAKI?! –le vocifero- ¿por qué razón le das la espalda a Rukia, ahora?

―Renji –le hablo con demasiada calma- ¿te ha reconocido?...

―¡Claro que no! –se incomodo- pero…, lo hará algún día…

―Porque la quieres aquí, si no eres capaz de hacerle saber quien eres tú –lo señalo- ¿acaso el traerla aquí le hará algún bien? –también dio un paso al frente- déjala donde estará a salvo

―¡CÁLLATE! -respiraba agitado- ¿aún no me has dicho porque la estas abandonando? –silencio- ¿qué rayos paso ese día?

Eso era algo que todos ansiaban saber.

―No fui capaz de protegerla…

Lo miraban con sorpresa. ¿Esa máscara sería una forma en que se castigaba?. Por poco que fuere y aún con esa voz tan macabra, algo de sentimentalismo fue percibido por los demás.

―¡Rukia, debe reintegrarse a la Corte de los Espíritus Puros! –exclamo con firmeza el pelirrojo- es un dios de la muerte, este es el camino que eligió

―¿Y cómo se defenderá?

―Luchara…

―¿Cómo?

―¡Ni siquiera la has visto, así que no des por hecho las cosas Kurosaki!

Los dos hombres continuaron con sus alegatos. A cada nueva esperanza brindada por Renji, Ichigo la refutaba sin clemencia alguna; y para este punto había conseguido su cometido. Dividir la opinión entre las personas que optarían por el futuro de Rukia.

―¡MALDITO, CABRÓN!

―¡BASTA, CAPITÁN ABARAI! –se enfado el anciano- ¡A CALLAR LOS DOS! –se levanto- bien…, ya que son los únicos que han hablado los últimos cinco minutos, serán las únicas opciones para Kuchiki Rukia –alza su mano para no ser interrumpido- esto no debe alargarse más –Capitán Kuchiki –miro al hombre- por su familiaridad con ella, me temo que su punto de vista no será considerado esta ocasión –externo con preocupación- lo lamento, pero es lo mejor –cavilo- incluso para usted

―Entiendo

―Voten, Capitanes –se coloco al frente de todos- reintegrarla o excluirla –suspiro- piensen bien lo que elegirán, el destino de una vida depende de ello –silencio- es lo que la Cámara desea que comprendan, este tipo de disposición nos hará dudar de nosotros mismos

Luego de permitir algunos minutos, procedió a obtener el fallo definitivo.

―Capitana Soi Fong

―Exclusión

―Capitán Madarame

―Reintegración

―Capitana Unohana

¿Por qué le costaba tanto el decidir?. ¿Por qué su mente aún se encontraba en el torikago?. ¿Por qué razón Chiaki se mostró tan enterado de todo?. ¿Por qué…

―¡Retsu!

Miro a sus compañeros y bajo la mirada ante su descuido.

―Yo… –sujeto con fuerza sus manos- yo… -cavilo- exclusión

La miraron en general, ¿a qué se debía su comportamiento?

―Capitán Abarai

―Reintegración

―Capitán Komamura

―Exclusión

―Capitán Shunsui

―Reintegración

―Capitán Hisagi

―Reintegración

―Capitán Hitsugaya

―Reintegración

A este punto una mueca altiva se formo en el rostro de Renji, al llevar claramente la ventaja. Ichigo por otra parte, observaba a Unohana Retsu, había algo diferente en su aura esa tarde. Una sensación tan extraña se apodero de su ser, quería sujetar su cuello entre sus manos.

―Capitán Zaraki

―Exclusión

―Capitán Kurotsuchi

―Exclusión

―Capitán Ukitake

―Reintegración

―Capitán Kurosaki

―Exclusión

El anciano suspiro, su voto sería el definitivo en esa contienda sin sentido. Pero, antes de hablar supo que debía dejar las cosas claras para ambos grupos.

―Sea cual será mi decisión, será irrefutable –demando- no habrá ningún tipo de reclamo ni mucho menos intento de conseguir una segunda opinión al respecto –suspiro- Kuchiki Rukia logro cambiar la opinión general que manteníamos sobre ella durante la guerra, muy lejos del aspecto que nos muestra hoy en día –aclaro su garganta- se que usted, Capitán Abarai –lo miro- no desea dejarla fuera del mundo que ella conoce y lo comprendo –afonía- por otra parte, también advierto el razonamiento del Capitán Kurosaki –volteo hacia él- traerla aquí, es enviarla directamente a su muerte –suspiro- será excluida de la Corte de los Espíritus Puros

―¡Señor!...

―Abarai –camino hacia él- Kuchiki Rukia no puede defenderse –le informo- yo mismo la he visto -dijo con pena el anciano-

Renji apretó con fuerza sus nudillos, los cuales se volvieron blancos debido al coraje. Pero antes de que le espetase a Ichigo cualquier cosa, una mariposa infernal ingreso con un mensaje proveniente de la Cámara. La cual hablo clara y concisamente hacia los Capitanes.

―Su petición ha sido autorizada, Capitán Kurosaki. Se permite la liberación de los prisioneros del Nido del Gusano, y a partir de este día quedan bajo el mando de la Catorceava División. Esto es un fallo definitivo.

Soi Fong camino impacientemente hacia Ichigo y habría arremetido directamente contra su persona; sin embargo, la mirada carente de emoción alguna la calmo.

―¿Kurosaki? –vocifero- ¿a qué juegas?

―Pronto lo verá, Capitana Soi Fong –miro al anciano- ¿esto es todo?

El longevo alzo su índice y el insecto se poso sobre el. Y nuevamente le externo el mensaje, poco después la mariposa se marcho y agacho su mirada derrotado ante lo que acababa de suceder.

―¿Tienes, idea de a quienes has liberado?

―A un grupo de inocentes, Capitana de la Segunda División

―Puedes retirarte

Le externo el anciano. Camino y su teniente lo siguió muy de cerca. No obstante antes de salir una persona quien hasta ese momento se mantuvo callada le hablo.

―¿A qué le tienes verdaderamente miedo, Kurosaki?

―A algo que dijo Aizen antes de morir, Byakuya –lo miro brevemente- y que he comprendido que es verdad ahora…

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Cuando Ichigo regreso al Nido del Gusano observo al resto de los vizards colocados junto al paraje. Se encontraban en la superficie y no eran los únicos, los demás residentes se mostraban eufóricos por salir de ese horrible sitio. Luego de lo que para algunos eran siglos. Muchos de esos individuos se preparaban para llevar a cabo una venganza sistematizada contra la Corte de los Espíritus Puros.

―Recibimos una mariposa infernal –avanzo hacia él- así que ahora seremos un poco más de nueve –miro al resto- ¿qué tienes en mente, Ichigo?

―Hirako –paso a su lado- algo que te aseguro que no te decepcionará en lo absoluto, ¿Mashiro? –se detuvo- lleva a Zangetsu al torikago, un pago es un pago

Camino hacia donde se encontraban los que alguna vez estuvieron recluidos.

―¡SEÑORES! –lo miraron- a partir de este día sus vidas me pertenecen –espetó- tienen solo dos opciones –señalo con sus dedos- ¿o me sirven fielmente, o mueren aquí hoy? –externo- ¿y bien?

―¡¿Crees que con esa apariencia y voz podrás intimidarnos, bestia?!

Un sujeto se abalanzo decidido a demostrar, que ahora que era libre, no obedecería. Sin embargo, el brazo de Ichigo le atravesó su pecho; dando como resultado su muerte inmediata. Y como si fuese basura lo arrojo al suelo, coloco uno de sus pies sobre su cabeza y presiono con fuerza reventando el cráneo.

―¿Quién, más quiere morir?

Todos dieron varios pasos hacia atrás asustados, huir sería completamente inútil. Poco a poco se hincaron en sumisión absoluta, hacia quien ahora seria el amo de sus vidas.

―¡Asesinos! –exclamo- ¡desde hoy así serenos reconocidos por todos, siéntanse orgullosos de ser los primeros en la Sekushon Kuroi

―¡SEKUSHON KUROI!

Gritaban una y otra vez. Los antiguos vizards contemplaban la escena con interés. Al parecer el chico había meditado más allá de lo que concibieron en un principio y por lo visto algo complemente impredecible sucedería a partir de ahora. Comenzando por el asesinato tan a sangre fría que había cometido.

―Ha hecho que dejen a Kuchiki Rukia fuera de la Corte de los Espíritus Puros

Se cruzo de brazos y les informo en general, la teniente.

―Veo –rasco su cabeza- cuando algo se sale de su control, él simplemente se deja llevar por sus emociones

Esbozo una extraña sonrisa Hirako.

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En el presente…

Ichigo camina con parte de su sequito por la entrada de la academia. Luego de una centuria constante de ataques y cumplimientos de las ordenes de la Cámara han logrado forjar el grupo más temido y respetado de la Sociedad de Almas. Los kuroi, el sobrenombre a los suyos son los demonios más oscuros jamás creados. Hacedores de pecados, sujetos cuyas manos están manchadas de sangre… Tanto de inocentes como de culpables. Ellos son el resultado de la ambición de un solo individuo, quien hará lo que sea por lograr su objetivo.

El haori negro ondea salvajemente en su andar y el numero en rojo de su escuadra es perfecto para él, el satsujin kibō. Era tiempo de cumplir con el castigo. Pasar un día completo, junto a los nuevos reclutas.


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Capitulo III

El último batallón

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Notas de la autora:

+ En mi página de inicio hay un enlace que los llevará a una imagen. La cual fue la inspiración para la historia, y es como vislumbro a Rukia hoy en día.

+ Respecto a que le paso a Unohana, Ishida e Ichigo; será revelado en los siguientes capitulos.


Glosario:

+(1) torikago, jaula en japonés

+(2) kissaki, punta de la katana (espada)

+(3) tsuka, mango (esapada)


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Nos vemos

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