Bleach no es de mi autoría, le pertenece a Kubo Tite. Historia original, escrita por mí.
Solo como un dato. NO, soy autora de historias rosas, melosas y dramas tele noveleros tipo mexicanos. Si quieren leer de esos temas, hay muchos textos; no solo en fanfiction sino en muchos sitios. Si, consideran que mis narraciones son muy "crueles" y no tienen el típico final de "vivieron felices por siempre", por favor evítense el leer y sobre todo el dejar un mal comentario. Creo historias para debatir la ética individual, por qué me gusta y punto. Lean mi lema de escritora aficionada.
Basado hasta el capitulo 350 del manga.
Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.
Introspección: al término de la guerra, todo parece indicar que las cosas transcurrirán de una forma apacible y segura. Sin embargo, Rukia pierde cada una de las memorias de su mente, dando como resultado un doloroso destino a su persona. A la par, los vizards son reintegrados en al Sociedad de Almas; como una nueva élite de guerra. La recién formada Catorceava División, también llamada Sekushon Kuroi (división negra).
Sumary: Aún en la oscuridad..., una luz puede brillar... Aún en la soledad..., un corazón puede latir... Aún así..., este no será el final.
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Tan cerca del paraíso
(To close to paradise)
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Por Ireth I. Nainieum
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Capítulo III
El último batallón
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"La muerte es dulce, pero su antesala cruel"
-Camilo José Cela-
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El canto de la avecilla en su jaula de oro es escuchado por los presentes en el invernadero artificial, construido específicamente para la mujer que se encuentra regando unas bellas amapolas. La cantidad total colores es tal que pareciera que compiten celosamente entre ellas; para captar la atención de su única dueña.
La mujer continua con su mimo, mientras se mantiene ajena al individuo recostado en el suelo. Muy cerca del hombre en la silla, quien es su cruento verdugo. Él cual, por cierto ahora bebe muy tranquilamente del té de menta que la fémina presente ha preparado solo para su degustación.
El herido que esta boca abajo, hace constantes quejidos y berreos por el dolor que siente. Esta sangrando profundamente por varias laceraciones recién hechas, y ahora sabe bien que tiene los minutos contados. No alcanzará a vivir más allá de ese día. Y lo espera plácidamente, estar en ese Palacio es peor que la misma muerte.
Finalmente, la mujer termino con su diversión y se aproximo muy lentamente hacia los hombres. Con sumo cuidado deposita la regadera de jardín de porcelana en la mesa, mientras contempla con interés al herido de forma breve. Poco después ocupa la silla contigua al hombre que continua disfrutando de su infusión. Toma la tetera y se sirve en la taza restante, cerró sus ojos para disfrutar en su paladar del té ingerido. La coloco nuevamente y, ahora le sonrió al individuo en el suelo; lo cual a él, le erizo la piel. Era mucho peor estar con ella, que con su acompañante.
―Ulquiorra san, me ha dicho que llegaste aquí a través de la negación –suspiro- arrancar de nivel C –lo miro- sabes que esta estrictamente prohibido el ingresar a la Sociedad de Almas, bajo pena de…
―¡CÁLLATE, MALDITA PERRA!
Orihime sonrió con desdén hacia el sujeto, mientras que Ulquiorra se mantuvo impávido ante el insulto.
―Tus ofensas no me inmutan en lo absoluto, tres arrancars asesinados y un cobarde que huye –renegó- ustedes hacen ver a los verdaderamente soldados…
―¡TÚ QUE SABES DE NOSOTROS! –le espeto- ¡SI, NO FUERA POR AIZEN SAMA TÚ!
De pronto el lacerado percibió como algo filoso es enterrado en su estómago. Le fue empuñado desde su espalda, por algo similar a una espada. Lanzo un grito de dolor y agonía desesperante, se ladeo un poco; tan solo para horrorizarse al no contemplar nada en lo absoluto. Ulquiorra, ni siquiera se había movido, y tal parecía que estaba más entretenido en beber que en la conversación misma. Alzo un poco su rostro, solo para encontrarse con la fría mirada fémina. ¿En qué momento lo había herido?
―Tsubaki, es mi arma atacante –le informo- es sumamente valiosa, y después de tanto tiempo no necesito recitar el hechizo completo para invocarlo. Basta con que lo piense –le sonrió con malicia- y él hace el resto por cuenta propia –silencio- ¿sabías que una herida en el estómago es sumamente dolorosa? –se jacto- y es una muerte horrible también. Ahora desde el principio –se cruzo de piernas- ¿qué hacían cuatro arrancars de nivel C en la Sociedad de Almas –lo miro- no… -negó- en el Rukongai –miro a Ulquiorra- acorde a la investigación preliminar, ni siquiera intentaron acercarse a la Corte de los Espíritus Puros
El mencionado le entrego una serie de documentos, los cuales contenía en su totalidad la pesquisa llevada a cabo. Orihime lo tomo y lo leyó nuevamente, analizando concienzudamente el conjunto del escrito.
―¿Me lo dirás?..., o tendremos que alargar mucho más este sufrimiento –lo observo- creo que el departamento de Ciencias, podría divertirse mucho contigo –le siseo duramente- pueden hacer que lo sientes ahora, sea nada con lo que tu cuerpo percibirá si lo permito –dejo el escrito en la mesa- ¿entonces?. Al punto clave
El sujeto le rehuyó la mirada avergonzado. Mientras tanto Orihime molesta, sobo su sien en un intento por apaciguarse.
―Buscábamos el antiguo poder –susurro- para poder subir de nivel entre los arrancars, sin tener que convertirnos en un Vasto Lord
―¿El poder? –hablo por primera vez Ulquiorra- ¡absurdo! –espetó- marchando a la Sociedad de Almas y atacando a las almas inservible. Si deseaban fuerza, debieron devorar a los vacios que derrotasen en batalla –lo miro con asco- como ha sido desde el inicio y luego de la guerra
―¿Dime tu nombre –pregunto ella- arrancar de nivel C?
Silencio.
―Jean Novel Sweetmam
―Jean Novel Sweetmam –repitió ella- la necesitabas, ¿cierto? –se sirvió más té- pero… -bebió un poco- tal como ha dicho Ulquiorra san –lo miro de reojo- eso es innecesario… -acabo con su infusión- aunque la hubiesen traido con ustedes, les habría sido completamente inútil –se levanto y regreso al jardín- ella… -llego a una jaula y miro al canario en su interior- no, es más que un pajarillo encerrado en un recipiente –susurro- Jean Novel Sweetmam –volteó hacia él- ¿quién les dijo que Kuchiki Rukia, podría servirles de esa manera?
Afonía.
―Uno de los nuestros, nos insistió que… -expreso el herido- pero… -apretó con fuerza su puño- ellos llegaron…
―Los kuroi –susurro ella- nunca debes tocar las pertenencias ajenas… -le dio de comer al ave- ¿dime el nombre de quien contacto a tu camarada en realidad?
―No, lo se
Ulquiorra se levanto.
―¿No, lo sabes? –repitió la mujer- ¿o no tienes intención de comentárnoslo?
―¡A esta punto no hay razón para mentir! –se defendió- ¿qué obtendría al final, mujer? –le siseo salvajemente- si de cualquier forma voy a morir –espetó- es absurdo que alargue mi propia agonía
―¿Hace cuánto que mantienen contacto con la Sociedad de Almas? –inquirió el otro hombre- ¿arrancar de nivel C?
Camino y se paro a su lado izquierdo, mientras le arrojaba el resto de la información sobre su rostro. De el, se desparramo una serie de hojas y fotografías de uno de los asesinados; quien hablaba con otro individuo cubierto con una capucha. Este, era el resultado de la investigación meticulosa del asunto a tratar. Hecha en parte, por el área de cortejo en el Palacio y manejado desde hacía décadas por una mujer de gran confianza de Orihime. De pronto, la puerta del invernadero se abrió; para dejar entrar al inquisidor. Se trataba de una fémina de cabellera verde en su forma de adulta, quien ingreso con un petulante individuo socarrón y altanero. Que nada tenía que hacer ahí.
―Nell chan, ¿podrías darnos tu indagación una vez más? –le pidió amablemente- tal parece que Jean Novel Sweetmam, nos ha resultado todo un analfabeto –expreso al ver al hombre rehuyendo las hojas- y ciego también –lo miro de reojo- ¿no tienes otra cosa que hacer, Grimmjow?
―No
Le respondió al caminar hacia la silla que minutos antes ocupo Ulquiorra. Se llevo las manos tras la nuca y ladeo peligrosamente la silla antes de subir los pies a la mesa
―Desde hace por lo menos veinticinco años que hemos percibido las constantes alteraciones en el espacio –camino y se coloco a la derecha del lacerado- propias de abrir la Garganta –se cruzo de brazos- pertenecientes a los vacios de bajo nivel, que tienden a ingresar al mundo humano –suspiro- pero habiendo una notable alteración casi desapercibida para los ignorantes; un campo similar a la negación ha sido generado de manera artificial para ingresar constantemente a la Sociedad de Almas –silencio- así, que luego de una investigación profunda llegue a la conclusión que se trataba de arrancars de bajo nivel entrando a un área que se esta prohibida –aclaro su garganta- aunque lamentablemente no hemos encontrado el artefacto usado con ese propósito
―Gracias, Nell chan –camino entre las plantas- ¿sabes porque razón su contacto pedía sujetos como ustedes –de detuvo frente al único arbusto de menta en el invernadero- Jean Novel Sweetmam?
El sujeto no dijo nada en lo absoluto.
―Explícaselo –ordeno ella al tomar parte de la planta entre sus manos- Ulquiorra san, de ahora en adelante tendremos que instruir a los recién nacidos –informo con seriedad- y a los que se encuentran en el Palacio también
―Un arrancar nato, posee un poder espiritual mayor al que tendrá al final de su verdadero desarrollo, esto se debe a que en la mayoría de los casos sus nacimientos han sido manipulados –lo miro con indiferencia- ahora que no esta con nosotros el Hōgyoku el número de arrancars se ha reducido de forma asombrosa y…
―¡CALLA TRAIDOR! –le siseo- ¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE TÚ –lo miro con recelo- QUÉ USTEDES –observo a los otros- AHORA SE ARRODILLEN Y LE SIRVAN A ESTA MUJER –espetó- ARRANCARS DE NIVEL A Y B?!
Grimmjow, volvió a sentarse debidamente. Se levanto y se llevó sus manos a sus bolsillos. Poco después se coloco sobre las hojas en el suelo y frente al herido. Ahora tres peligrosos hombres lo rodeaban por completo, preparándose seguramente para asesinarlo en conjunto. Sintiendo la mirada fija de ella, la observa con rabia. Sin embargo, Orihime con rapidez giro su cabeza. Un sudor frío recorrió su frente, la sola presencia de esa fémina lo impacientaba. Pero, sobre todo sus sentidos le decían que se mantuviese atento a ella. Que si a alguien de ellos debería de temer, era solamente a esa mujer de mirada angelical.
Orihime tomo al canario blanco entre sus manos, lo acarició unos momentos y volteó hacia Jean. Sin embargo, no se movió de ese lugar en lo absoluto. A la par de esto, continuaba con su caricia en el ave.
―Mala respuesta nivel C –susurro- de haber contestado de una mejor forma, te habría dejado formar parte de nuestro batallón –suspiro de forma resignada- sabes bien que ahora ya te es imposible el ocupar otra escala, dada la naturaleza de los otros dos grupos –soltó al pájaro- en el B, se encuentran aquellos que durante la guerra contra la Sociedad de Almas le sirvieron a Aizen como Privaron Espada y números –expreso.- Por otra parte, aquellos que son A; son los pocos sobrevivientes espadas, Ulquiorra, Halibel, Grimmjow, Yammi, Barragan y Stark -coloco sus manos en su regazo- Nell chan pertenece a la segunda generación –la miro- por ello esta en el nivel B. ¿Pero, eso no te molesta?. ¿Cierto?
―En lo absoluto –respondió ella- desde que inicio el enfrentamiento ya no podía aspirar a pertenecer al primer grupo
―¡AÚN, ASÍ!. ¡AÚN, ASÍ! –repitió- ¡TÚ NO TIENES NINGÚN DERECHO DE OCUPAR ESE PUESTO QUE OSTENTAS!
La miraba con una infinita rabia y coraje mezclados en el acto. De pronto escucho como el pajarillo daba lo que parecía ser su último aliento de vida, al chillar. Instantes después se precipito hacia el suelo de la habitación. Aterrizo a un par de pasos de Jean, quien miro horrorizado a Orihime. La cual le sonreía con tanta malicia que le erizo cada vello de su cuerpo.
―Tonto –le susurro- no has sido más que un juguete en los brazos de tu nuevo amo –le dio la espalda- tú, y los que le siguieron fielmente –silencio- solo los necesitaba por dos razones, la primera poseen un poder espiritual mayor al que deberían –se ladeo un poco para observarlo- lo cual para su desgracia desaparece al cabo de unos días –negó con su cabeza- y la segunda que ocasionasen el inicio del fin… -silencio- te diré algo antes de que te vayas –dio un paso al frente- el Hōgyoku no puede nunca más recrearse, ni siquiera usando a Kuchiki Rukia. Es solo un sueño suyo… -susurro- ¿ves al canario frente a ti? –espero un poco antes de hablar- ella, esta así…, la única persona capaz de instaurarla ha desaparecido por completo –medito- no… -cavilo- él, sencillamente…
Afonía.
―¿Grimmjow? –le susurro- ya que no tienes nada mejor que hacer –se volteó- llévalo con Sado Kun
El mencionado rechisto con hastío e irritado sujeto de la cabellera a Jean, quien a pesar de sus quejidos ante la brutalidad con la que era tratado lo saco en el proceso, dejando un camino de sangre. Ese herido, no viviría más allá de unas horas más, al dejárselo a Sado.
Poco después, Nell se agacho y tomo al canario; lo contemplo con algo de asombro. A su desconcierto, el pajarillo resucitó en el acto; pio y voló de inmediato hacia su dueña. Quien con una enorme sonrisa alegre lo recibió, y guardo nuevamente en la seguridad de su jaula.
―¿Creíste que lo había matado, Nell chan? –la miro al caminar hacia ellos- ¿no es cierto?
―Me dio esa impresión –coloco una de sus manos en su cadera- y creo que para ese individuo también –miro de reojo la puerta- ¿por qué lo has interrogado tú y no Halibel, como debería ser? –se cruzo de brazos- ¿Orihime?
―Ella esta en otra misión por el momento –le informo- y además no tenía nada que hacer, tal como Grimmjow –le sonrió- parece que nuestro ratón quiere salirse de su ratonera –coloco sus manos bajo su mentón- y eso esta mal…, ahora ya no me es de utilidad –miro la mancha de sangre- ha llegado el momento de ponerle fin a este juego, antes de que las cosas se salgan de control –exhalo pesadamente- ¿Nell chan, podrías pedir que limpien? –solicitó- no me gusta el color de la sangre –lo miro con repugnancia- y luego pídele a Stark san que me espere en la Sala del Consejo
―Claro
Salió, y no comprendió bien parte del mensaje expresado por ella. Al quedase completamente solos, Ulquiorra voltea brevemente hacia Orihime y la observan fijamente. Poco después, él camina hacia ella y se coloca tras su espalda. Toma un par de mechones de su cabellera, mientras percibe el aroma.
―¿Menta?
Indaga curioso y ella sonrió.
―Si
Silencio.
―¿Qué le hiciste al canario? –suelta su cabello- ¿Orihime?
Ella camino una vez más hacia la mesa y ocupo un asiento vacio.
―Lo puse a dormir –se sirvió más té- solo eso…
―Nunca te he preguntado –camino hacia ella- ¿por qué –coloco sus manos en el respaldo de la silla- nunca intentaste ayudar a tu amiga –la miro con seriedad- fue acaso por el amor robado de ese hombre? –susurro- ¿la odias tanto?
―En lo absoluto –acaricio las mejillas del varón- pero a pesar de lo que todos creen, mi poder tiene un límite –revelo- no se puede regenerar algo que aún existe en este mundo, aunque no se pueda ver ni mucho menos tocar
―No comprendo
―Algo sano, no puede volverse a sanar, la conciencia es maravillosa –continuaba con su mimo- su mente esta solamente dormida por grandes lapsos de tiempo, más no su cuerpo –lo miro fijamente- su esencia fue dividida…, su entidad y mente ahora no se complementan como debería ser –suspiro- es lamentable que solo logre recobrar la cordura durante unos pocos segundos
Retiro sus manos del rostro del hombre y bajo con angustia su mirada.
―Aún así, podrías haber sanado su cuerpo
―Eso no lo niego –cerró sus ojos- ¿por qué ayudar a un recipiente vació? –silencio-me preocupa el juguete y las intenciones de Urahara san
Ulquiorra alzo su rostro y con una de sus manos la obligo a que lo mirase.
―¿Alguna vez te has arrepentido de esta en este sitio con nosotros? –acerco su rostro y le hablo en su oído izquierdo- ¿habrías preferido estar junto a ellos, a él? –rozo su mejilla con sus labios- ¿Inoue Orihime?
―Yo elegí por mi misma el estar junto a ustedes…, junto a ti –se sincero- Ulquiorra Schiffer
Se besaron lentamente y con tanta calma que se perdieron en la irrealidad del acto. Hacia varios años que se rumoraba en el Palacio que se habían vuelto, más que buenos conversadores. Ulquiorra pasaba prácticamente, todo el día a su lado; y también algunas noches en el lecho de la mujer. No obstante, nadie en lo absoluto lo cotilleaba. Ese era un secreto más en las Noches. Sin embargo, no era del conocimiento publico si existía algún sentimiento de por medio entre ellos. O tan solo era la satisfacción carnal lo que requerían. El beso termino, cuando tocaron. Él se separo y le dio su espacio. Orihime se levanto y camino hacia la puerta, la cual abrió; fue saludada por un vacio de menor rango quien se encargaría de la limpieza.
―Vamos, Ulquiorra
Ambos caminaron por los solitarios pasillos del Palacio de las Noches. Justo a un par de metros de la Sala del Consejo se volteo para observar a su acompañante
―La travesura termina ya –le susurro con seriedad- tal parece que ha comenzado a buscarlo…, y esta desarrollando sus propios intereses –se preocupo- y Kuchiki san tiene mucho que ver –exhalo- y por desgracia, Kurosaki kun es un hombre con muy poca paciencia –musito- uno de ellos ya fue asesinado por él, ¿cierto?
―Si
―¿Qué más ha pasado?
―Al parecer la encontró en un jardín secundario a su residencia familiar
―Sabía exactamente donde debía de buscarla –medito- los otros tres solo eran la distracción –se impaciento- al parecer lo que Jean nos dijo, resulto ser cierto…, que tontos –rodo sus ojos- la ambición por el poder los cegó por completo. ¡Estúpidos!, no sabían con quienes se aliaron –renegó- ya no es necesario más… -le expreso fríamente- es momento de arrojar la basura –silencio- dejo el resto en tus manos Ulquiorra
―Cuenta con ello
Antes de alejarse de él, lo sujeto con firmeza.
―Ulquiorra…, encárgate de vigilarla –susurro- me parece que se nos ha adelantado un poco, no la pierdas de vista –se impaciento- y sobre todo no dejes que te descubran, te será difícil escapar de la Sociedad de Almas si lo hacen –le rogo- habla con Ishida kun y dile que necesitamos de toda la información que nos pueda brindar y que si las cosas se salen de control –suspiro- dile que tiene nuestro apoyo para todo lo que necesite, no podemos perder esta vez
―Lo hare
―Cuídate. Baigon, Hinagiku, Lily -susurro- no lo pierdan de vista
A un par de metros Ulquiorra se encontró de frente con Stark, en un saludo rápido ambos se despidieron.
―Kurosaki kun…, no pierdas los estribos ahora…, que esta por terminar todo esto…
―Orihime san -le sonrió el hombre- me han dicho que deseas verme –expreso curioso- ¿qué puedo hacer por ti?
―Hablemos dentro
Señalo la puerta del Consejo. De inmediato el varón se adelanto y se la abrió, permitiéndole que ella ingresase primero. Ambos ocuparon sillas aleatorias en el recinto.
―Lamento, el no poder ofrecerte té
―No te preocupes –la tranquilizo- ha decir verdad, no me gustan mucho las cosas dulces
―Lo tendré en cuenta –tomo aire- quisiera que me hicieras un pequeño favor
―Tiene que ver con la intromisión de los nivel C –aseveró- en ese caso ¿qué puedo hacer yo, por ti?
―Quisiera que fueras al kiwami (1) y busques ahí algo de suma importancia, Stark san –silencio- por desgracia desconozco su ubicación actual, debido a la interferencia de las tormentas en este último siglo –se lamento- tendrás que pasar algunos días ahí –se apeno- lo siento mucho
El hombre se reacomodo en el asiento, la miro con franco asombro y luego una total intranquilidad ante sus palabras.
―¿Qué necesitas?
―Algo que fue dejado ahí por su propia seguridad -lo miro seriamente- un pago imprescindible por un sujeto lleno de codicia –se lamento- realmente me siento mal por haberlo aceptado, y me avergüenzo por ello ahora…, no tengo más remedio que pedir tu cooperación para resolver esta situación –suspiro- pero, era demasiada la tentación de ser su dueño –cavilo- ¿me harías ese favor Stark san?
Lo miro con vehemencia y ruego en su rostro. El hombre sencillamente estaba impresionado, tenía la idea de que ella solicitaría ese tipo de ayuda de su amante. Más no la de un oficial de alto rango en las Noches. Sencillamente aquello que requería podría ser el catalizador en conjunto de algo mucho más siniestro, de eso no le quedaba la menor duda.
―¿Quisiera saber por qué no se lo has pedido a Ulquiorra? –inquirió seriamente- no me lo tomes a mal, pero me es sumamente extraño que me lo pidas a mí y no a él
Coloco sus codos en la mesa y recargo su cabeza en sus antebrazos, mientras la examinaba.
―A, Ulquiorra le he pedido algo más –sus facciones se tensaron- y me es imprescindible que la lleve a cabo – se levanto- si quiero evitar que todo se descontrole, debo actuar con prontitud o todo lo que he creado hasta ahora no habrá servido
Camino hacia el ventanal, donde el cielo negro se mostraba en su totalidad. Ahí, ella alzo una de sus manos e intento tomar algo inexistente.
―¿No sería hermoso, ver reflejado un verdadero cielo azul?
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Intranquilidad, era la sensación angustiante que tuvo durante los últimos dos días. Había recibido una invitación para asistir a una reunión extraoficial en la Cámara de los Cuarenta y Seis. Algo simplemente inusitado, ya que la última vez que se encontró en ese sitio fue durante la recopilación de información, tras el asesinato de todos los predecesores. Hacia más de cien años. ¿Entonces?. Cavilo con molestia, el que lo llamasen a él y no al Comandante Yamamoto lo sacaba de quicio.
―¿Capitán?.¿Capitán Kuchiki?
Repitió el hombre de anteojos y al ser llamado por segunda vez se alejo por completo de su meditación.
―Su reunión, será en algunos minutos –contemplo el reloj en la pared- debe darse prisa
―Lo se
Se levanto y paso junto a su teniente; sin embargo, se detuvo en el marco de la puerta y se ladeo tan solo un poco para mirarlo.
―Ishida, dejo todo en tus manos
Uryū, exhalo profundamente y se reacomodo sus anteojos, camino hacia el escritorio de su Capitán y miro a través de la ventana.
―Por supuesto, señor… Yo me haré cargo de todo
En ese momento percibió una ligera alteración, tan sutil y delicado que no alerto las alarmas en la Sociedad de Almas y algo más; el inconfundible olor a menta en el aire. Lo estaba esperando. Miro hacia el frente unos instantes y se encamino hacia su próximo encuentro. Luego de algunos minutos, lo encontró en una alejada área del primer distrito. Desde la cual se podía admirar claramente parte del jardín principal del Clan Kuchiki.
―Tan puntual como siempre, Ishida Uryū
―¿Pasa algo acaso, Ulquiorra?
Se cruzo de brazos y exhalo profundamente.
―Tengo un mensaje y una encomienda de parte de Orihime –lo miro- y es necesario que me ayudes
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Arribo justo a tiempo a su reunión extraoficial con la Cámara. Al llegar al gran portón, fue revisado minuciosamente por los guardias de la entrada; oficiales expertos de la Segunda División. Quienes con algo de multa llevaron a cabo el escrutinio en el Capitán. Él cual en todo momento se mantuvo impávido antes lo que sucedía. Al entrar y bajar la primera escalinata, encontró a otros tantos oficiales, quienes en silencio le exigieron su zanpakutō, su arma debía de ser dejada para la seguridad toda de la Cámara. La cual les entregó con total hastío, a un dios de la muerte presente; instantes después este mismo lo encamino hacia otro corredor y lo dejo andar solo un par de metros más. Luego de algunos minutos de marcha, de bajar varias escaleras más llego a una gran puerta de madera. Y a su propia sorpresa, se encontró con dos oficiales más, pero estos al parecer pertenecían a la Cuarta escuadra. Una mujer castaña se acerco a él y le coloco en sus muñecas un supresor de poder espiritual.
La herramienta colocada a los infractores en la Sociedad de Almas, unas esposas de madera.
―Al salir le será retirado, Capitán Kuchiki –le informo- esta medida es una orden de la Cámara
Se ladeo y lo dejo pasar. Su compañero fue quien le abrió la puerta, Byakuya camino hasta el centro de la habitación; en la cual había una silla de tres patas iluminada por un reflejo artificial de luz.
―Ocupe el asiento, Capitán Kuchiki Byakuya
Alguien sin nombre pronuncio. Con pasos lentos ocupo el asiento y de inmediato una serie de lámparas fueron encendidas. Cuarenta y seis lamparillas, correspondientes a cada uno de los presentes. Cuyas sombras se reflejaban tras el biombo de papel que protegían sus identidades. La habitación era circular, se encontraba rodeado por sus miembros. La puerta se cerró y dio inicio la reunión.
―Gracias por haber venido, Capitán Kuchiki
Expreso una mujer de edad avanzada.
―Disculpe nuestra descortesía al no presentarnos –silencio- pero, no necesita saber quien esta detrás de cada uno de estos biombos
Comentó un tercer individuo
―Se que se debe preguntar el porqué ha sido el único de sus congéneres a quien se le ha llamado
Expreso una mujer distinta y más joven.
―Y ahora le será revelado –expresó alguien más- es un asunto que hemos debatido, durante un largo tiempo y al cual ya no podemos darle más largas
Byakuya se mantuvo en total silencio.
―¿Me intriga el hecho de que no hable en lo absoluto, Capitán de la Sexta División?
Inquirió un sujeto distinto a los anteriores.
―Preferiría reservarme cualquier cuestionamiento, hasta escuchar lo que tienen que informarme –mantuvo la tranquilidad- así, que por el momento no lo considero necesario
Dio un vistazo general en la sala y por inercia contemplo hacia el frente. Se genero un ambiente pesado y lleno de hostilidad en la habitación.
―Hace dos días que recibimos el informe final del ataque en la Sociedad de Almas, hay un aspecto que nos ha desagradado en general. Y que no puede permitirse más, Capitán Kuchiki
Expreso una longeva sin nombre.
―¿Qué, les ha ofendido? –inquirió el noble- esto es algo que en su defecto deberían de tratar con el Comandante Yamamoto –miraba en general- y no con un simple Capitán
Mutismo.
―La Catorceava División, entro en batalla sin que se le ordenase –expreso otra mujer desconocida- actuaron por cuenta propia
―Ese asunto –interrumpió el noble- deberían de tratarlo con su Capitán y no conmigo –expreso fríamente- tengo entendido que ustedes ya les han externado su sanción, ante su desobediencia. Ese tema es algo que a mí no me concierne en lo absoluto
―Se equivoca Kuchiki sama
Se levanto y camino tras el biombo lejos de la aparente seguridad que le brindaba ese trozo insignificante de papel.
―¡MIDORI CHIAKI!
Fue reprendido por alguien más, él cual estaba horrorizado ante el sacrilegio cometido por el blondo. Estaba estrictamente prohibido el mostrarse ante cualquier persona ajena a la Cámara; esa era una nueva regla impuesta desde su reciente creación.
―Calma, calma –sonrió de forma boba- me parece que el Capitán se sentirá mucho mejor si alguien se lo informa de esta manera –camino hacia el frente de él y lo miro con desdén- porqué al final no puede oponerse a nuestros deseos –susurro- simplemente sería traición
―¿Qué quiere decir? –espetó con dureza- ¿por qué me han hecho venir a este sitio?
Byakuya observo, como Chiaki engrandecía la mueca altanera de su rostro. Y además cargaba con un par de documentos.
―No podemos permitir ningún tipo de distracción en la Sekushon Kuroi –camino alrededor de la silla- sabemos que el Capitán Kurosaki intervino personalmente al enterarse que su hermana estaba involucrada en la situación –de detuvo tras su espalda- ¿o, me equivoco?
―Hubieron varias almas inocentes caídas durante el enfrentamiento –le reinformó- varios residentes del primer distrito sufrieron las consecuencias –se levantó- ¿no comprendo a qué viene esto? –miro al blondo- si algo van a externarme, no le den más vueltas al asunto y simplemente díganmelo
Chiaki dio un paso hacia el frente. Desde hacia un rato que solo ellos conversaban y así seria hasta casi el final de la orden misma.
―Su hermana es una distracción constante en el Satsujin Kibō –fingió pena- por ello…
―¡ES ABSURDO! –lo miro con rabia- ¡mi hermana no ha tenido contacto alguno con él, desde el final de la guerra!
Silencio.
―Se que usted también ha escuchado los rumores , sobre las visitas nocturnas que él realiza al aposento de su desvalida hermana –se ufano- ¿acaso le permite a él, el saciarse carnalmente con su cuerpo?
―¡MALDITO!
Hablo sin pensar en la consecuencia ante su insulto, a uno de los seis jueces de la máxima autoridad en su mundo. Más la rabia ante la bajeza de semejante comentario fue mayor a lo que podía soportar.
―¿Acaso creen que yo consentiría un acto de tal bajeza, en mi propio hogar? –siseo peligrosamente- ¡aunque no me encuentre en la mansión, siempre hay alguien al pendiente de su seguridad! –espetó- ¡Kurosaki, jamás ha osado el tocarla!
―Me alego –lo interrumpió- que defienda tan solemnemente la castidad y pureza de su hermana –aplaudió gustoso- de esta manera su marido no tendrá ningún reparo en la noche de bodas
―¿Marido?...
Susurro no creyendo haber oído bien. Alzo su vista para contemplar al resto de los presentes, los cuales se mantenían en un total hermetismo. Finalmente regreso su atención al rubio.
―Kuchiki Rukia, será entregada en matrimonio al Clan Hisaishi. El séptimo en importancia dentro de la Sociedad de Almas
―¡INADMISIBLE! –rabio- ¡Rukia no es capaz de tomar alguna decisión sobre su persona, sencillamente jamás podrá cumplir con nadie las obligaciones de una esposa!
―Aún conserva la única que importa
Byakuya abrió sus ojos con sorpresa, más contuvo la rectitud de su rostro. Solo la desesperación de su voz lo traicionaba. ¿No sería posible que ellos estuviesen considerando eso, para la mujer que prometió proteger a su difunta esposa?
―En su último reporte de salud, de hace un mes –hojeo el documento- se informa que se cuerpo esta bien físicamente –lo miro de soslayo- por lo tanto –bajo las hojas- aún es capaz de engendrar a la siguiente generación
Finalmente, Byakuya perdió la totalidad de su temple. Más era incapaz de hacerle algo a él, o al resto de la Cámara. Los miro con una cólera infinita, ahora comprendía el porque le fue retirada su zanpakutō y al mismo tiempo le fue suprimido su poder espiritual. Esperaban un arrebato de su parte.
―¡Rukia, ya no es más un dios de la muerte! –siseo duramente- ¡ya no tienen ningún derecho en decidir sobre ella, el único con esa obligación soy yo!
Los miro a todos en general.
―¿No estuvo presente en la primera parte de la conversación? –expreso con sorpresa un longevo más- le hemos dicho sobre la falta del Capitán Kurosaki –le reinformó- el pasar un día en la academia asustando a los nuevos reclutas no es realmente el castigo que merece –apago su lámpara-
―Kuchiki Rukia le será alejada por completo, ante su desacato –comento alguien más- es lo único que además de sus hermanas le dolería el perder
Extinguió también su lamparilla.
―Sus hermanas son excelentes en sus divisiones y perderlas en las mismas creará un hueco irremplazable –expreso un joven en voz baja- por lo tanto hemos decidido acabar con el menor de los males
―¿El menor de los males? –apretó con fuerza sus puños- ¡MI HERMANA NO TIENE NINGUNA OBLIGACIÓN DE PAGAR POR LA FALTA DE KUROSAKI!
―Pero, lo hará –dijo Chiaki con dureza- en tres días más su hermana dejara de ostentar el apellido Kuchiki –paso a su lado- y tomará el del Clan Hisaishi –silencio- es una bendición que su marido sea el primer hombre en disfrutar el romper esa flor invaluable –sonrió con prepotencia- personalmente creo que él pasará una noche de bodas maravillosa –expreso con sorna- tendrá a la mujer perfecta, una que abra sus piernas solo para saciar sus bajos instintos animales
Ya no lo soporto más y aún esposado lo golpeo directamente en el rostro. Ocasionando que se aporrease también contra la silla al caer. Varios en la Cámara gritaron encolerizados ante las acciones del Capitán de la Sexta escuadra, quienes exigieron de inmediato la presencia de los guardias. Los cuales entraron con prontitud y se aproximaron a auxiliar al juez herido; por otra parte otros más alejaron al noble, quien aún respiraba agitado ante lo que acababa de realizar.
―¡Chiaki dono! –se le acerco la castaña de la Cuarta División- ¡déjeme revisarlo!
No obstante el hombre la arrojo al suelo con asco cuando ella lo toco. Se levanto aún algo tambaleante y limpio la sangre de su nariz con su mano.
―Eso, estuvo más allá de lo que contemple en un inicio. Byakuya…, ya pensaremos en su pronto castigo –lo miro fríamente- ¡RETÍRESE, USTED Y TODA LA ESCORIA QUE ENTRO EN NUESTRO RECINTO SAGRADO!
Señalo con su índice la puerta y de inmediato todos se retiraron a la antesala. Se encontraban bastante impresionados ante lo que acababan de percibir. Y poco a poco, todos estos oficiales se retiraron a sus respectivos puestos.
―Permítame
Le retiro el supresor de poder espiritual.
―Será mejor que se mantenga alerta, Capitán –lo miro con preocupación la castaña- tome –le entrego una especie de canica negra y una hoja de menta- la Capitana Unohana nos ha pedido que le diéramos estos objetos –miro con complicidad a su compañero- debe irse ahora…, no pase la noche en su casa, ni en su división. Nos dijo –miro hacia la puerta de la Cámara- nuestra Capitana, lo estará esperando en la Cuarta División –suspiro- nos ruega que por favor permanezca a su lado
Byakuya guardo los objetos entre sus ropas.
―Gracias
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El atardecer daba ya inició en la Sociedad de Almas, luego de algunos cruentos minutos pudo abandonar por completo la Cámara. Se alejo con premura del sitio, y dudaba en gran medida de la petición de su congénere fémina. ¿Hasta que punto ella estaba tan informada?, y porque temía tanto por él. Recargo su frente en la blanca pared de uno de las calles en el segundo distrito y exhalo profundamente.
Entregar a su hermana en matrimonio, no le era una opción. Si debían de reprender a Kurosaki, el hacerle eso a su hermana era una completa estupidez. Desde que se esparció la noticia sobre su estado, recibió una infinidad de peticiones de mano; y todas y cada una fueron rechazadas. ¿Por qué, rayos no les dijo que no lo haría?. El salirse de esa manera, era prácticamente aceptar sus palabras.
Cerró sus ojos.
―¡KUCHIKI SAMA!
Un grito desesperado lo saco de su meditación. Volteo y observo con repulsión al sujeto que corría hacia él. Se trataba de un hombre de piel trigueña, calvo en su totalidad, regordete en gran medida y que tenía grandes dificultades para mantener su respiración pareja; sin contar con su pequeña estatura.
―¡KUCHIKI SAMA! –reitero con angustia- ¡dígame que esto es una broma muy desagradable!
Le entrego un documento, en el cual se le informaba o más bien exigía el desposar a Kuchiki Rukia en tres días más. Cuando, Byakuya regreso su atención al sujeto; francamente ahora, sintió pena por él. Estaba completamente asustado.
―Debes acatar la orden
Le entrego la carga y le dio la espalda. Debía hablar con Unohana y preguntarle muchas cosas sobre sus oficiales en la Cámara e idear una manera de salvar a su hermana, a la cual no estaba dispuesto a entregar al individuo a espalda suya. Sin embargo, fue sujetado con desesperación de su antebrazo.
―¡NO PUEDO, NI QUIERO HACERLO!
Expreso como un niño pequeño.
―¿Hisaishi Kaoru –volteó hacia él- irás contra las ordenes impuestas por la Cámara? –se alegro, pero no lo demostró- ¿eres consciente de las consecuencias hacia tu persona?
Libero su brazo y un pequeño rayo de esperanza lo alegro.
―¡La maldita Cámara es lo que menos me importa! –exclamo con franqueza- ¡yo le temo más a él!
Volteó hacia atrás, y por un momento imagino ver una sombra.
―¿A él?
―¡A Kurosaki Ichigo! –sujeto su cabeza entre sus manos- ¡creo que va a matarme en cuanto se entere! –se hinco desesperado- esto es horrible, yo jamás he intentado acercarme a tu Clan –lo miro- ¿por qué me hacen esto? –rogo- ¿nos hacen esto?, ella también estará mal con todo esto –renegó- ella te necesita a ti, no a mí…
Miro al noble con los ojos llorosos. Su cara daba verdadera lástima, temía más por lo que Ichigo pudiese hacerle que las consecuencias de su desobediencia ante la Cámara.
―Ve a tu casa –le ordeno- hablare con Kurosaki, para decirle que esto no fue tu idea en lo absoluto –sobo su sien- de cualquier forma mantente alerta
Lo miro marcharse. Desafortunadamente, no pudo dar más que algunos pasos cuando fue interceptado por segunda ocasión ese día. A este punto, las primeras estrellas comenzaban a asomarse en el cielo. Así, como una nube de lluvia viajera.
―¡BYAKUYA!
Se le acerco jadeante el hombre de blanca cabellera, y antiguo mentor de su hermana.
―¡¿Dime que no es cierto?!
―Depende, de lo que indagues
―Sobre el matrimonio de Rukia con un miembro del Clan Hisaishi –coloco una de sus manos en su pecho enfermo- ¡¿por qué razón has dado tu consentimiento ante esta barbarie?!
―Ha sido la Cámara
―¿La Cámara? –se sorprendió- ¿no lo comprendo, Byakuya? –hablo rendido- hace una hora que recibí esta carta –le mostro un documento similar al del Kaoru- se expresa que Rukia dejara de pertenecer al Kuchiki y que pasará a formar parte del Clan Hisaishi –hablaba con rapidez- y, no soy solo yo –dejo caer la noticia- antes de encontrarte, Kyōraku me mostro su invitación al evento y también estaba estupefacto –exhalo- y al parecer no somos los únicos –lo miro con aprehensión- el resto de los capitanes ya han recibido las suya…
Byakuya le dio la espalda a Ukitake. Entonces, comprendió que mientras hablaba con la Cámara fue que Unohana Retsu recibió su invitación; más no explicaba el porque le había dado ese objeto negro y la preocupació hacia su persona.
―¡¿Me estás escuchando, Byakuya?!
―Es un castigo –susurro- y una orden en la cual yo no he tenido ni opinión ni voto –expreso dolido- estoy atado de manos
―¿Un castigo para Rukia? –se exalto- ¡ella no ha hecho nada, como para recibir semejante humillación
―La sanción es para Kurosaki Ichigo –musito- consideran que Rukia le es demasiada distracción a su persona –apretó con fuerza sus puños- y han decidido deshacerse del menor de los males
―¡¿Byakuya?!...
―Para ya, Ukitake –lo miro de reojo- para ya –suplico- mi hermana no es un contenedor de bebés
Desapareció en el acto. Dejando a un muy perturbado Ukitake.
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―¡ESPERA! –grito con pánico- ¡NO TIENES NINGÚN DERECHO DE HACER ESTO!
Intentaba protegerse inútilmente con sus manos ese pobre sujeto. La recia tormenta en la madrugada, y el suelo fangoso le imposibilitaban cualquier escape para su pobre alma. Miraba hacia los lados, intentando encontrar algún escape posible. Más le sería imposible, ante el individuo que lo miraba sin emoción alguna.
―¡ESCUCHA LO QUE TENGO QUE DECIRTE!
Rogo con desesperación.
―He recibido una orden, eso es todo –avanzo un poco- debo asesinarte, para continuar manteniendo la paz en la Sociedad de Almas –alzo la asauchi- no es nada personal, pero es mi deber
―¡¿CUÁL HA SIDO EL MALDITO CRIMEN QUE HE COMETIDO?! –respiraba con dificultad- ¡NO HE HECHO NADA MALO!
Ichigo bajo un momento su espada y lo escudriño seriamente, a través de su máscara de vacio.
―Simplemente ir contra las reglas de la Cámara de los Cuarenta y Seis
Externo sin emoción alguna. Mientras el individuo a punto de morir se consterno en extremo, al escuchar la razón por la cual moriría solo en algunos minutos.
―¡Hablar sobre lo que no estoy de acuerdo, no es ni siquiera una razón valida para eso! –le soltó- ¡¿DESDE CUÁNDO ERES SU PERRO, KUROSAKI ICHIGO?!
La tormenta se acrecentaba, y ahora alternados y constantes relámpagos irrumpían además la tranquilidad del bosque en donde se encontraban. El individuo sin nombre, era un representante del tercer distrito, que manifestó severas discrepancias hacia el trato de las áreas residenciales. Estaba en contra de permitir un pago tributario hacia la Corte de los Espíritus Puros, por parte de los habitantes del Rukongai. Dado que la carencia en los recursos económicos se acrecentaba al incrementar el distrito en el cual se residía. Y él no era el único, varios más rechazaban tajantemente la impugnación. Más el fue señalado como el líder.
Desde siempre la Corte de los Espíritus Puros, se había mantenido sin la necesidad de tomar recursos de las almas ordinarias. ¿A qué venía semejante cambio de reglas?. Su único pecado, fue expresar su punto de vista ante una intolerable Cámara.
―Debo mantener la paz –repitió- a costo de lo que sea
Avanzo lentamente hacia él, e Ichigo se sorprendió que ahora no hiciese intento alguno por escapar. Como solían hacerlo la mayoría de los próximos ejecutados. En su defecto, se encontraba enfrentando a su destino.
―¡Hayato Matsuo, líder de la junta del tercer distrito del norte! –lo saludo con formalidad- recuerda bien el nombre de esta alma inocente que tomarás con tus manos –lo miro fijamente- así, como todas aquellas caídas por ir contra los deseos de aquellos que predigan una justicia, paz y esperanza falsa
Hubo una lucha silenciosa en sus miradas. Ellos intentaban analizar la naturaleza oculta del individuo al que contemplaban.
―Hayato Matsuo
―Protege, aquello que desees en realidad. Muchacho
Ichigo tomo la asauchi y la arrojo al suelo. Esto sorprendió al hombre, más de inmediato este hecho se transformo en agonía pura. Cuando percibió como su cuello era desgarrado por las manos de su verdugo; fue una muerte instantánea. Su cuerpo aterrizo en el fango y dando unos últimos espasmos, la sangre desparramada alrededor de su cuerpo era el único rastro visible de la ejecución.
―Alma inocente que tomaras con tus manos –repitió mientras admiraba la sangre en su mano- tienes toda la razón, Hayato –silencio- ni yo mismo recuerdo cuando fue que me convertí en su perro…
Se quedo parado bajo la lluvia, mientras el agua limpiaba su mano. Observaba como los restos de esa infeliz alma se desvanecía lentamente; para iniciar el siguiente viaje al ciclo de la vida. Y en ese momento el torrente paro.
―¿Ichigo?
Se giro lentamente, para ver al individuo que lo llamaba.
―¿Qué quieres, Hirako?
El blondo se aproximo lentamente hacia él. Mantenía aún en alto la sombrilla roja que lo cubrió del agua hacia solo unos minutos. Cuando estuvo a su lado, le entrego un pergamino con la insignia oficial de la Cámara de los Cuarenta y Seis. La misma que portaban todos y cada uno de los documentos donde se les dictaminaba la ejecución de los individuos considerados un peligro potencial.
―¿Por qué no has esperado a que llegase a la división?
Externo con sorpresa. La regla era que Love era quien los recibía y acorde con una investigación preliminar rápida por Rose, se designaba al más apropiado para llevarlo a cabo. Por otra parte, algunos recibidos solían tener además una mariposa roja impresa, una orden especifica que solamente debería de ser llevada a cabo por el Capitán de la División.
―No es algo que puede esperar a tu retorno –se lo entrego- Ichigo
Miro Shinji el rastro de sangre donde momentos antes estuvo el líder opositor.
―¿Es auténtica?
―Es real, Ichigo –bajo la sombrilla- Hachigen y Kensei lo comprobaron –suspiro- y Hiyori le realizo una prueba científica –la cerró- te están ordenando el liquidar al Capitán de la Sexta División, Kuchiki Byakuya –lo miro- y a la Capitana de la Cuarta División, Unohana Retsu –silencio- en dos días
Ichigo soltó una carcajada llena de desprecio.
―Un día antes de la boda de Rukia
Hirako abrió sus ojos con sorpresa. En todo el día, Ichigo no había puesto un solo pie en la división. Por lo que hasta donde tenía entendido no había manera alguna de que Ichigo conociese nada sobre el futuro casamiento de Rukia. Un sudor frío, muy bien disimulado por la humedad del ambiente paso desapercibido por el capitán. Él continuaba preguntándose, ¿cómo era posible que Ichigo estuviese tan bien informado de las cosas?.
―¿Cómo lo sabes? –inquirió- no hay manera alguna de que lo sepas –lo enfrentó- ¿Ichigo?
―Eso no ten concierne, Hirako –le siseó- limítate a tus ordenes dentro de la división –le entrego el pergamino- ¿dónde esta Lisa?
Pregunto con sobre potencia.
―Con el Clan Hisaishi
―¿Temes que mate a esa basura?
Le espetó fríamente.
―Yo, y varios más –exclamo sin inmutarse en lo absoluto- así, que la envié a disfrutar algunos días ahí
―No me rebajaré a asesinar a semejante insecto
Le dio la espalda y camino lentamente en la dirección contraria, para salir de bosque.
―Pero…, cumples con cualquier orden impuesta por la Cámara sin rechistar –hablo con dureza- para acabar con sujetos cuyo único crimen es decir la verdad de las cosas, e intentar acabar con esta opresión en la que se vive en la Sociedad de Almas, ¿realmente, piensas llevar a cabo tus últimas ordenes?
Ichigo se detuvo.
―¿Debo recordarte el por qué existe la División Negra, Hirako?
Se volteó y quedaron separados por dos metros.
―Tu idea inicial era mantener la paz –le respondió- pero eso que haces, que hacemos –se corrigió- esta muy lejos de ese sueño que tenías
―Te equivocas, todo esto forma parte de mi anhelo
Shinji dio un paso hacia atrás aterrado, ante lo que acababa de escuchar.
―¡¿ERA TU ILUSIÓN EL CONVERTIRTE EN UN ASESINO DESPIADADO?! –exclamo con sorna- ¡de tu primer asesinato durante la guerra te costo recuperarte!, ¿lo recuerdas? –lo miro con aprehensión- ¡pero, hoy lo haces como si te fueses de pesca!
―No interfieras, Hirako
―¡Me cuesta creerlo! –cerro la distancia entre ellos y lo sujeto con fuerza de cuello de su uniforme- abandonaste a Rukia hace cien años y no te dije nada entonces –lo miro con fiereza- me quede callado cuando comenzaste a exterminar a todos esos inocentes –soltó el pergamino- ¿pero?... –lo soltó derrotado- ¿estás dispuesto a ejecutar a dos Capitanes y el permitir que ella pague tu castigo? –silencio- ¡MALDITA SEA, ICHIGO, DI ALGO!
Sujeto con fuerza el cuello de Shinji. Este hecho lo tomo con tanta sorpresa, que Hirako fue incapaz de defenderse ante el ataque. Por instinto intento retirar la opresión en su cuello; lográndolo con un rápido éxito de su parte. Se ladeó un poco, para recuperar al aire faltante.
―¿Me están castigándome a mí?
Expreso para sí mismo. Llevo sus manos a su rostro, y oprimió lo que habría sido un muy sonoro grito de su parte.
Por otra parte Hirako se mantenía alerta, ante cualquier posible nuevo ataque de su parte. Y ahora se lamentaba el haberle dicho esa última parte del informe recibido en la división. Porque acababa de descubrir que a Ichigo le era ajena la pauta donde se especificaba la razón del matrimonio de Rukia. Esperaba ahora el no haber incitado una tormenta.
―¡Explícate!
―El informe recibido solamente indica que es tu sanción, ante la intromisión de la Catorceava División –tomaba aire al hablar- así que han decidido alejar la mayor de tus distracciones
―¡Vete! –le ordeno- y reúne a todos para una junta a medio día, Hirako
―Como diga, Capitán Kurosaki
Frialdad pura al llamarlo luego de tan cruento enfrentamiento entre ellos. La preocupación no cedía en sus pensamientos ahora. Y se dio al vuelta, para alejarse tal como se le había ordenado.
―Antes me preguntaste, el porque he permitido y hecho todo esto –exhalo- hace tiempo que he pensado, que… –se miraron unos instantes- no puedes conocer la paz, sin antes haber experimentado el verdadero infierno –camino hacia él- mucho se ha hablado sobre un mundo sin guerras ni sufrimiento. Pero, ¿cómo alcanzarlo, si lo que siempre has conocido es el mundo que te rodea? –paso a su lado- así, que para anhelar esa tranquilidad primero tienes que vivir en la perdición y rogar por la armonía al final
Desapareció en un instante. Hirako miro a su alrededor, recogió el pergamino y contemplo la asuchi en el lodo; camino hacia ella y la tomo para regresar a la división.
―Si Rukia despertase un día y se enterase de que mataste a su hermano –miro el cielo- ella jamás te lo perdonaría…, ¿es eso lo que deseas?..., ¿acaso no juraste proteger su felicidad?
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Cuando llego a su habitación, la encontró recostada sobre su futón. Por lo visto la lluvia no se había presentado en el distrito donde residían los nobles. Rukia descansaba plácidamente bajo una simple sábana de tela muy fina. Se acerco lentamente hacia ella y se sentó a su lado, tan solo para admirarla mientras dormía en su aposento.
Casi temiendo que fuese a romper algo muy delicado, recorrió una de sus mejillas con su mano derecha. Ese cosquilleo curioso, la hizo que se despertase por completo. Y lo miro fijamente sin hacer nada más.
Ambos se miraron en total silencio.
Odiaba el hecho de que Rukia no tuviese alguna reacción ante su apariencia actual. ¿Que no daría por volver a verla como fue una vez?. Llevo su mano izquierda a su rostro, y de un solo movimiento desapareció la máscara de arrancar; dejando solo su aspecto humano frente a ella ahora. Bajo su cara y con una ternura infinita la beso con benevolencia junto con una sumisión total, e instintivamente Rukia correspondía al gesto del varón. Con sus grandes manos sujeto con firmeza su pequeña cabeza, y se apodero de una forma demasiado posesiva de sus labios.
Gemidos roncos se escapaban de la garganta de Ichigo. No obstante, Rukia no emitía ningún ruido en lo absoluto; y esto lo lastimaba más que nada en el mundo. Al final, la necesidad del aire los obligo a separarse. Ella intentaba recuperar el ritmo normal de su corazón y respiración, esa enorme inocencia era la más grande perdición de él, ahora. De inmediato volvió a reclamar esos ya hinchados labios carmines, solo para él. Y ahora, tomo las pequeñas manos de ella y las entrelazo con las suyas, mientras percibía la venda aún en ella; para finalmente colocarlas junto a la cabeza de la fémina.
La necesitaba…, la deseaba…
Fue más que suficiente para Ichigo, quien en un verdadero arrebato de frenesí libero sus manos y de un solo movimiento arrojo lo más lejos posible la sábana. Dejando a su cuerpo cubierto, tan solo por la yukata blanca. De la cual pronto la despojaría, y la tomaría para él por primera vez. Se coloco sobre ella y continúo besándola con ímpetu y desesperación por perderla. La sola idea de que alguien más la poseería lo carcomía lentamente. Recorrió su cuello con sus labios, depositando alternados besos por toda esa piel expuesta tan pecaminosamente. No iba a permitir que nadie más la tocase. Con presteza desato el nudo de su vestimenta, y al liberarla del atavió, no dudo ni por un instante el recorrer su cuerpo. Desde sus pies, hasta llegar a su cabellos, mimo esa magnifica piel.
Entonces escucho un pequeño grito escapar de los labios de Rukia. Dejo lo que hacia y, alzo su rostro que hacia instantes se deleitaba con su ombligo, la observo fijamente. Ella aún tenía sus ojos cerrados y su boca entreabierta. ¿Habría sido su imaginación?. Frunció el ceño y espero, al final opto por atrapar uno de sus senos en su boca. Más percibió la sensación de placer en el rostro sudoroso de la mujer, y eso le encanto.
―Ichigo…
Susurro y lo miro. Se alejo asustado, y se puso de pie. Por un instante, solo un momento fue la antigua Rukia quien lo llamo. A los pocos minutos, cerro sus ojos y se quedo completamente dormida. Al final regreso a ser la Hakata Ningyo. Al cabo de un tiempo, Ichigo se hinco y se reprendió mentalmente ante lo que estuvo a punto de hacerle. Era cierto que la deseaba, pero lo que en verdad anhelaba era que ella se entregase por voluntad propia; y no ante el instinto de su cuerpo.
Le cerró la yukata y le coloco nuevamente la sábana. Poco después le beso la frente, se levanto y manifestó la segunda transformación de su máscara. La observo una vez más. Escucharla decir su nombre, era todo lo que necesitaba para comprender que aún había una oportunidad por traerla de vuelta y que la oscuridad podría darle paso a la luz.
―Espero…, que algún día puedas perdonarme –susurro- esta vez haré lo correcto, para brindarte un verdadero futuro –silencio- te lo prometo
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Capitulo IV
"El renacer del fénix"
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Notas de la autora:
+ El palacio donde vive ahora Orihime, es distinto al de la Saga de Hueco Mundo.
+ Bien a excepción de Chiaki y Byakuya, dentro de la Cámara los demás que hablan son anónimos.
+ Puede haber algo de enredo en cuanto a las alianzas ahora, pero es necesario algo de tensión para lo que viene en la historia
+ Ya viene el gran momento de Rukia y también el de Ichigo, se deja a un lado la vida en la Sociedad de Almas.
+ Respecto a mi comentario inicial, necesitaba desahogarme con esta persona.
Glosario:
+(1) kiwami, abismo
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Nos vemos
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