Bleach no es de mi autoría, le pertenece a Kubo Tite. Historia original, escrita por mí.
Basado hasta el capitulo 350 del manga.
Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.
Importante: capitulo de transición (Hueco Mundo) e inicio del descenlace.
Introspección: al término de la guerra, todo parece indicar que las cosas transcurrirán de una forma apacible y segura. Sin embargo, Rukia pierde cada una de las memorias de su mente, dando como resultado un doloroso destino a su persona. A la par, los vizards son reintegrados en al Sociedad de Almas; como una nueva élite de guerra. La recién formada Catorceava División, también llamada Sekushon Kuroi (división negra).
Sumary: Aún en la oscuridad..., una luz puede brillar... Aún en la soledad..., un corazón puede latir... Aún así..., este no será el final.
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Tan cerca del paraíso
(To close to paradise)
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Por Ireth I. Nainieum
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Capítulo V
Parte II
"El paraíso ahora"
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"Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia"
- Francis Scott Fitzgerald-
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Viernes, tercera semana, séptimo mes, Sociedad de Almas, 5:17 am
—¿Señor? –le llamo al blondo- ¿señor?
Impacientemente Midori Chiaki volteo hacia el escolta que en ese momento lo acompañaba, en la incautada oficina del antiguo Comandante de la Corte de los Espíritus Puros; mismo que para ese momento ya se había instalado placidamente en los departamentos de la Primera División. Con asco hacia el sujeto lo miro desasosegadamente por la amarga interrupción.
—¿Qué quieres? –le espetó duramente- ¿basura?
El teniente de la Segunda División, por parte del grupo Onmitsukidōr (1) no se emancipo ante la mención tan desgarbada de su persona. Ya, que hacia solo horas se les había reinstaurado por completo al antiguo Cuerpo de Unidades Especiales. Oomaeda, rechisto sus dientes con gran odio; y solamente se limito a darle el informe pertinente que se le había ordenado. Aunque, para este momento estaba receloso de brindarla completa.
—Señor –reitero- el poder espiritual del Teniente de la Sexta División ha desaparecido
Espero pacientemente la respuesta, la cual fue casi inmediata. Chiaki le arrojo un pisapapeles.
—¡ENCUÉNTRENLO! –ordeno- ¡Y, DE PASO ARRESTEN A LAS HERMANAS DE ESE BASTARDO DE KUROSAKI!
La mirada de ira del rubio, era todo lo que necesitaba saber Marechiyo Oomaeda, como para alegrarse ante su propia y certera información que para ese momento no se placería en brindársela completamente. ¡Oh, no!. Ahora, se deleitaría con su actitud.
—Como diga, señor –esto último le costo pronunciarlo lacónicamente- me retiro entonces
Poco después de veinte minutos regreso a las puertas de su división, y entre la sombras pudo distinguir claramente la esbelta figura de su Capitana.
—¿Le has dicho? –le dijo en un suave susurro- ¿Oomaeda?
—Si, señora –se hurgo la nariz- excepto que Ishida se desapareció desde hace más de tres horas –esbozo una inquietante sonrisa- discúlpeme por eso Capitana, pero no puedo permitir esas palabras contra mi persona –se inclino en respeto- aceptare el castigo que desee ponerme…
—Olvídalo –suspiro- ¿qué más te ha dicho? –se cruzo de brazos y miraba los arbustos en busca de los posibles espías del blondo- necesito saber algo más, para saber como proceder
—Ha ordenado el arresto de las hermanas de Kurosaki Ichigo
Silencio.
—Ve con el Capitán Hitsugaya y…
Dejo de hablar al mirar una vez más las matas en la oscuridad, de inmediato se coloco detrás del agente que había seguido a su Teniente. Algo cabizbaja, al sentirse defraudada. Se trataba de uno de los miembros de la Unidad Secreta, quien al parecer había cambiado de mando.
—Lamentable, soldado –exclamo fríamente- no podrás llevar tu mensaje a tu nuevo amo
De un certero movimiento lo asesino despiadadamente. Todo esto fue observado, por el inmutable Teniente que tampoco lamento la pérdida. Instantes después se acerco hacia la mujer y el cadáver.
—Me haré cargo, Capitana
Se hinco para tomar el cuerpo, más Soi Fong se lo impidió con ayuda de su pie.
—Yo lo haré –le informo- aún estando herido has venido a brindarme tu ayuda..., gracias -se hinco para tomar el cuerpo- pero, necesito que le digas eso al Capitán Hitsugaya, sobre las hermanas de Kurosaki –resoplo molesta- hay que sacarlas de aquí –miro hacia el cielo- no sabemos cuantos más como él –ladeo el cuerpo inerte- ya están de su lado
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Viernes, tercera semana, séptimo mes, Hueco Mundo, 8:12 am
Al abrir sus ojos se encontró con un muy amplio techo blanco que le daba la bienvenida a su nuevo destino. Rasco sus ojos con su antebrazo, y estaba extrañado en la enorme cama donde reposaba. Ladeo pesadamente su cabeza por la habitación donde permanecía. El cuarto era casi rectangular, la pared frente a él esta ocupada por tan solo una puerta; bastante difícil de percibir dada su extrema blancura. En la pared de la izquierda habían algunos muebles y repisas, también blancuzcas; junto con una amplia y alta ventana por la cual se filtraba una siniestra luz.
Un carraspeo seguido de una risita conocida lo saco rápidamente de su pesquisa. En la pared de la derecha se encontraba Neliel Tu Odderwank, sentada en un muy amplio sillón, del mismo tono que el resto de ese aposento. La mujer, alegre de haber captado su atención dejo sobre el asiento el libro que estuvo leyendo instantes antes. Y, silenciosamente camino hacia él. Poco después, Nell se sentó al pie de la cama donde Ichigo había dormido profundamente.
Él cual, sorprendido al verla se irguió sobre la cama. Las cobijas bajaron y estas, ahora solo cubrían la parte más íntima de su anatomía. Rápidamente el intenso carmín acometió a sus mejillas, al corroborar que salvo esa delicada tela, él se encontraba completamente desnudo y a merced de esa mujer vivaz en su forma adulta. Y, una vez más ella rió divertida, salvo que esta vez lo hacía por la actitud tan inocente del hombre en el tálamo.
—¿No ibas a levantarte? –le bromeo- sigo esperando, Ichigo
—¡NO ESTANDO TÚ AQUÍ! –le espetó- ¡es más, ¿donde esta mi ropa?! –recordó lo más importante y que había olvidado por la fuerte impresión- ¡¿RUKIA?! –se exalto- ¡RUKIA!
Tomo parte de la sábana, y estaba a punto de ponerse de pie realmente, cuando fue detenido oportunamente por la mujer presente.
—Tranquilízate Ichigo –lo sereno- ella esta bien –suspiro- hace horas que le hace compañía a Orihime
—¿Dónde, Nell?
Le exigió de una manera demasiado déspota y mezquina, misma que la hizo enfurecer. Más ella, se controlo en demasía. Se levanto herida por su actitud, le miro fríamente mientras se cruzaba de brazos y le indicaba muy claramente un par de puntos.
—No vuelvas, nunca más a dirigirte a mí en ese tono de voz, Ichigo –siseo duramente- no soy un kuroi a tu servicio –exclamo fríamente- ¡no olvides jamás eso satsujin kibō! (2)
Avergonzado por su actitud, agacho cabizbajo su cabeza y carraspeó un par de disculpas improvisadas. Por último, la mujer volvió a exhalar pesadamente el aire de sus pulmones.
—Has dormido casi un día entero –le informo- al parecer no fuiste capaz de soportar tu ingreso a este lugar por medio de la negación. Es algo más brusco que por medio de la garganta que usaste una vez, Ichigo –memoro- ambos estaban inconscientes cuando Ulquiorra llego con ustedes
Silencio.
—¿Y, Rukia?
Repitió una vez más. Usando un tono de voz ligeramente menos alterado; pero, de igual forma se notaba la enorme preocupación del varón hacia la dama.
—Ya te lo he dicho, esta con Orihime –respondió- por ello no debes de preocuparte
—¡Ah!
Se rasco su cabeza incómodo y se formo un mutismo algo exagerado para la conversación, Hasta que una vez más, Nell se dedicó por quebrarlo.
—Él, es Władysław Tatarkiewicz
Indico a un metro de distancia de la cabecera. Y de inmediato un adjucha oculto en la pared, pareció salir de la misma. La pintura resquebrada caía al suelo, la cual de inmediato se desvanecía al tocar el piso. El sujeto en cuestión era bastante alto, tenía el cuerpo de una lánguida serpiente, con dos brazos casi humanos; lo peculiar de este individuo era la máscara diminuta que poseía sobre su empequeñecida cabeza que lo compaginaba cómicamente.
—Władysław Tatarkiewicz
Repitió el adjucha su propio nombre, y al terminar le hizo una respetable reverencia a Ichigo.
—Władysław Tatarkiewicz –hablo la mujer- te asistirá personalmente el tiempo que permanezcas en Hueco Mundo –le informo- su obligación es mantenerte feliz y contento, así que su deber es cumplir con todos tus antojos
Mutismo excesivamente largo y cómico.
—¿Y, mis ropas?
Fue lo primero que se le ocurrió decir para acabar con esa conversación
—¡Oh! –rió ella tontamente- no podíamos acostarte con esos andrajos que traías en tan finas sábanas
Un color bermejo se dibujo impaciéntenme en su rostro.
—Además, se que a los hombres les gusta dormir desnudos en esta época del año –exclamo sin tapujo alguno para los dos hombres- me consta –afirmo sabiamente- con los que he estado y algunos otros que les gusta compartir esa información –continuaba- y que se también –le guiño un ojo a Ichigo- todos tienen una…
—¡BASTA!
Ichigo le arrojo la almohada para que se callase.
—¡NELL, NO NECESITAMOS QUE NOS DIGAS TUS INTIMIDADES!
Le reclamo vivazmente aún con el carmín en sus mejillas. —¡Eh! Hablo la mujer extrañada por su actitud.
—¡Pero, si es cierto lo que he dicho! –defendía su punto- ¿cierto? –le hablo al adjucha- ¡dile que no miento!
Señalo acusadoramente a Ichigo.
—Nauczyciel, (3) yo no tengo un cuerpo humano ahora –indico verazmente- además, nunca antes he estado con alguna mujer. Por lo tanto soy el menos indicado para responder
A Ichigo, le salto una vena en su frente. Por lo visto esa mujer seguía siendo la misma de siempre. Sin darse cuenta una apacible sonrisa se enmarco en su rostro. Al ver como ella continuaba hablando de temas tan íntimos con uno de sus sirvientes, mientras el pobre adjucha se mostraba sumamente incómodo dado el tema de la conversación. Mismo que era incapaz de hacerle saber a la mujer, que él no tenía esos órganos bajo esa apariencia.
De improviso la puerta frente a la cama se abrió de golpe, dando paso a una de las más notables eminencias de Las Noches. Barragan Luisenbarn, se inclino levemente para ingresar en la habitación. El adjucha reverenció un par de veces, mientras el arrancar de nivel A se acercaba a la cama; y miraba con malos ojos la escena completa.
—Neliel –la miro tenazmente- este no es el lugar ni el momento apropiado para que compartas tus intimidades –resoplo- mucho menos con uno de tus sirvientes presentes
Bufo con hastió el viejo hombre.
—Hay cosas más importantes que hacer –la miro de reojo- Inoue sama quiere que reemplaces a Yammy Rialgo, en su encomienda ahora mismo
—Entendido
Externo con una voz demasiado seria e inusual en su persona.
—Ichigo –le sonrió, tal vez para despejar cualquier posible duda- dejo a Władysław Tatarkiewicz a tus servicios –miro a su sirviente y se dirigió de esta manera a él- cumple con todas sus demandas, sin importar cual sea. Hasta que regrese, ¿ha quedado claro? –su sirviente le asintió cuidadosamente- nos veremos luego Ichigo, por cierto –le guiño seductoramente uno de sus ojos- te ves mejor sin esa horrible máscara, juguemos luego
Le dio la espalda al trío de hombres, y con pasos estoicos abandono por completo la habitación.
—Kurosaki Ichigo –espeto el longevo- Inoue sama te espera para desayunar a las diez en punto, en el invernadero –le informo- debes ser puntual en la reunión y no hacerla esperar –se giro para marcharse- la mujer que llego junto contigo ya esta a su lado
Al marcharse Barragan, fue reverenciado por el adjucha. Al momento de encontrarse solos, Władysław abrió una puerta a tan solo dos metros de la cabecera de la cama donde se encontraba Ichigo. Un detalle que no percibió en su simple escrutinio de hacia minutos.
—¿Cómo desea que le prepare el agua mordercy? (4)
—¿Modercy?
Inquirió ante el extraño lenguaje en el que le había hablado el adjucha.
—Mis disculpas, satsujin kibō –inclino su cuerpo- este adjucha –se dirigía a él en tercera persona- hace poco que fue bendecido con su transformación en esta forma, y hace tan solo días que la Nauczyciel Neliel Tu Odderwank, acepto mis servicios –silencio- aún no estoy acostumbrado del todo al idioma, considero que pierdo algo de mi propia identidad –admitió- lo he llamado asesino en mi lengua madre, el polaco –afonía- si le molesta…
—Para nada –le interrumpió- habla como desees y si quieres usa palabras que te hagan sentir cómodo –suspiro- solo no me llames –llevo su mano izquierda a su rostro- asesino…, nunca más –cerró sus ojos- por favor
—Será como usted diga mistrz (5) –le idolatró- este adjucha gusta llamar a la gente que respeta con sufijos a la altura de sus personas –se irguió- lo he llamado maestro en mi lengua madre
—Gracias –esbozo una tenue sonrisa- el agua fría, sino es mucha molestia
Sin hablar más, y luego de otro saludo respetuoso de su parte, el adjucha ingreso en lo que sin lugar a duda sería el cuarto de baño. Postrado en su cama, escucho como el agua comenzaba a caer. Suspiro pesadamente, y una vez más miro el amplio techo. Poco después, contemplo sus manos con franco resentimiento; no podía creer aún que realmente estuvo a tan solo unos instantes de asesinar a dos colegas de la Corte de los Espíritus Puros. Unohana Retsu, una mujer de mirada maternal y suave; llena de un aroma que le era endiabladamente familiar. Y, a Kuchiki Byakuya, hermano adoptivo de la mujer que había estado amando tantos años.
Exhalo torpemente.
De no haber sido por la inusual activación del Senkaimon, habría concluido el estrepitoso y realmente fallido plan que ideo en la oficina de Shigekuni Yamamoto Genryūsai.
Hacía tan solo días atrás.
Pocas horas después de asesinar a Hayato Matsuo. Pero, antes de llevar a cabo esa muerte en especial, la del líder de la junta del tercer distrito del norte. El más ilustre anciano se le acerco en la espesura del bosque, para informarle sobre una decisión de vital importancia para él. Se trataba del matrimonio arreglado y forzado, cabe decir de Rukia con el dirigente actual del Clan Hisaishi. Hecho que en su momento lo enervo lo suficiente, como para ir y arremeter contra el futuro marido. Y estuvo a punto de dejarla viuda antes de tiempo, pero el viejo lo detuvo. Para terminar de informarle de la terrible falta que Byakuya había llevado a cabo en su audiencia, cuando intento inútilmente de proteger la integridad y dignidad de su desvalida hermana.
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¿Héroe o villano?..., ¿cuál es la delgada línea que los separa?..., solo la historia lo decide
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—¿Por qué debería quedarme y esperar a que la obliguen a desposar a ese costal de mierda? –arrebato con fuerza su antebrazo de la mano del anciano- si, él muere ahora, no habrá necesidad de una boda –siseo- ¿no le parece, Comandante?
El anciano le negó lentamente con su cabeza.
—Serás el primer sospecho si algo le sucede a Hisaishi Kaoru –lo miro severamente- se ha hecho de una fuerte escolta, además de que tu Teniente en estos momentos ya se encuentra como visita distinguida en el clan de ese individuo
Ichigo se coloco de frente al longevo, para no perder ni un solo detalle de su explicación.
—El Clan Hisaishi, jamás ha hecho intento alguno por acercarse a la familia Kuchiki –le informo verazmente- Hisaishi Kaoru, está intentado desesperadamente revocar esa orden –suspiro- pero, me temo –aclaro su garganta- que por ser un precepto de la Cámara de los Cuarenta y Seis, no hay nada que él pueda hacer
Silencio.
—¿Entonces, de que me sirve lo que acaba de decirme?
—Te he evitado el asesinar a un inocente
En aquel momento, Ichigo comenzó a reír con mucho despreció e ironía ante esas palabras.
—¡Ahora esta siendo sarcástico!, ¿cierto? –dio un par de pasos hacia él- luego de cien años de incontables muertes, por parte de nuestra división –tomo aire tras esa máscara- ya no puede dormir tranquilo, ¿señor?
—¡Kurosaki! –rechisto al llamarlo- soy tan culpable como tú, por haber permitido esas masacres desde el inicio –siseo con dureza, pero parecía que lo hacía contra su propia persona- y estoy dispuesto a lo que sea para darle fin a esta locura e infierno en el que vivimos –lo miro fieramente- ¿cómo estás dispuesto tú –lo señalo- a pagar por tus pecados satsujin kibō?
Afonía.
—¡Márchese!
Se giro y dio un par de pasos.
—¿A quién exterminaras esta noche?
—Hayato Matsuo
A Yamamoto, hombre de larga vida se le helo la sangre. Su muerte seguramente acrecentaría los problemas ya existentes entre el Rukongai y la Corte de los Espíritus Puros. Hayato Matsuo hasta esa noche fue en líder nato, residente del sitió donde la mayoría de la almas comunes habitaban. Fue de los pocos que externo sin miedo alguno su inconformidad por la reciente y nueva ley. La cual consistía en obligar a las almas como él a pagar un impuesto casi tributario, para enaltecer la ya próspera ciudadela de la Sociedad de Almas, y sitió de residencia permanente para los dioses de la muerte. Matsuo, alegaba que la pobreza extrema en las áreas más alejadas sería un impedimento real para tal impuesto; que causaría más conflictos a los ya existentes. Además de la gran pregunta de todos, ¿para que requerían más dinero del que ya poseían?. Si, desde siempre se habían mantenido sin la necesidad de tocarlos, ¿por qué ahora?...
Fue la gota que derramo el vaso, y que ocasiono varios disturbios contra la Corte de los Espíritus Puros, muchos ciudadanos del Rukongai solían arrojar comida y basura a los infortunados dioses de la muerte que se paseaban por los distritos. Profiriéndoles lastimeros insultos ante la nueva medida adoptada. Por lo que al final y por orden de Yamamoto se les prohibió a todos el ingresar al Rukongai. Decisión, que más de uno se lamento. Ahora la brecha que los separaba se hacía cada vez más grande, y claro esta que Hayato Matsuo fue señalado como el responsable de esto.
Y ahora, sería asesinado…
—¿Qué me dirá ahora, para que le perdone la vida?...
Le hablo Ichigo, mientras lo miraba de reojo y realmente expectante por una respuesta a su plegaria. La cual, tristemente supo que nunca llegaría.
—Simplemente no tiene el valor de corromper sus propios principios, hasta pisotearlos y que se vuelvan roña –exhalo pesadamente- es una lástima, que alguien como usted –lo señalo- también sea un perro obediente… Respondiendo a su pregunta pasada –miro el cielo- yo haría cualquier cosa, ¿y usted, señor?...
Retorno al presente sus pensamientos cuando, Władysław le llamo por lo que para él sería la quinta vez. Estaba Ichigo tan absorto en ese recuerdo específico que no fue hasta el que el adjucha toco su hombro que regreso a la realidad.
—Mistrz –retiro cuidadosamente su mano- el baño ya esta listo, le queda una hora para reunirse con la princesa
—Ah, claro –se levanto- gracias por todo
Su desnudez no le importo, cuando abandono la habitación y se dirigió al cuarto de baño. Para darle una bien merecida limpieza a su persona, aunque solo fuera en apariencia. Ese sitió era bastante espacioso, la evalúo rápidamente. Al igual que el aposento donde paso varias horas, también el blanco era el único color utilizado para decorarlo. Se dio un breve baño en una regadera abierta, antes de ingresar en la ya fría bañera que lo esperaba.
Cuando ingreso en ella, el agua estaba casi helada, por extraño que parezca eso relajo sus tensos músculos. Pasado un tiempo más, y luego de recordar varias vivencias pasadas salió de la bañera. Miro hacia uno de los pasamanos y, ahí se encontró con una toalla para secar su húmedo cuerpo.
En la cama ya hecha, contemplo lo que sin lugar a duda sería su vestimenta; mientras estuviese en Las Noches.
—La ropa negra, mistrz no es bienvenida en el Tengoku (6) –le indico- ¿necesita algo más?
—¿Tengoku? –le dijo al soltar la toalla- Władysław
—Así es llamado el palacio donde se encuentra, mistrz
—Veo –hablo con una voz carente de emoción alguna- puedes retirarte, me vestiré solo
El adjucha abandono la habitación en silencio. Ichigo, se acerco lentamente a la cama y contemplo una vez más la ropa dispuesta. Esa vestimenta era exactamente igual a la que portaba una vez que liberaba su bankai, con la clara excepción de que era blanca; tal como la que su hueco interno le mostró hacia ya varios años. Con un dejo incómodo se la puso, estaba más que claro que pese a su total repulsión hacia ese ser, y el recuerdo que se le suscitó el andar desnudo en Las Noches no era precisamente una mejor opción. Al terminar de vestirse, se angustio verdaderamente, creyó que se sentiría incómodo con el blanco ropaje. Y ante su propia sorpresa, ese atuendo lo encontró grato. Revolvió su cabellera un par de veces, ante esa fría revelación. Atravesó la puerta y, junto a Władysław Tatarkiewicz emprendió la marcha para encontrarse con una vieja amiga.
—Las habitaciones de esta ala del Tengoku, se encuentran conformadas siempre por una antesala, la recámara, el cuarto de baño y un pequeño estudio, que no pude mostrarle mistrz –le informo en uno de los tantos pasillos ya recorridos- por favor –rogó- el tiempo apremia y la princesa lo espera
Caminando un par de pasillos más, Ichigo decidió romper el silencio y recabar en el proceso algo de información.
—¿Princesa? –rasco su mejilla- Ulquiorra dijo que era su reina
Expreso extrañado, de inmediato Władysław detuvo su andar.
—Solo, Ulquiorra dono puede llamarla de esa manera mistrz –hablo con un profundo respeto- para los demás, ella es nuestra princesa –silencio- y el Tengoku, es la residencia principal de la infanta que nos gobierna
—Comprendo
De esa manera, Ichigo entendió que ese tema relacionado con Ulquiorra y Orihime era algo delicado para tratar; tanto en los pasillos, como seguramente con alguien de tan bajo rango como ese adjucha.
—Prosigamos
Expreso escuetamente su escolta. Ichigo, observo el amplio corredor; le resultaba bastante familiar de hecho.
—¿No es este, el palacio de Aizen?…
Casi, como si hubiese proferido un fuerte insulto Władysław Tatarkiewicz se detuvo en seco. Y hubiese arremetido contra Ichigo, de no haber sabido de su descomunal fuerza.
—Mistrz –espetó duramente- ese lugar y ese nombre, nunca más debe de mencionarlos –afonía- para nosotros representa una dura remembranza del hombre que casi nos destruye, un mote perverso entre nosotros –mutismo- continuemos –expreso al cabo de unos cuantos minutos más- la princesa lo espera, y es la persona indicada para responder cualquier duda que tenga
Una vez más continuaron en su andar, y el de por si seco adjucha se mostró más receloso de hablar. Solo lo hacía para indicarle cosas superfluas, supo entonces el kuroi que cometió un terrible error al nombrar a Sōsuke Aizen en el tengoku.
Largos pasillos eran recorridos ahora en un sepulcral silencio. De cuando en cuando, se encontraban con algunos habitantes del palacio; los cuales casi programados le daban sus saludos respetuosos al invitado especial de la princesa de Las Noches. Finalmente y luego de un buen tiempo, el pasillo llego a un abrupto final; habían llegado a una puerta que se comunicaba por un largo corredor sin techo hacia la amplia estructura de cristal al final del mismo. Władysław se detuvo, mientras se hacia un lado para dejarlo pasar.
—Hasta aquí me permito acompañarlo, mistrz –le hizo una reverencia respetuosa- lo estaré esperando hasta que termine de hablar con la princesa –se irguió- o hasta que no necesite de mis servicios por el momento
—¿No se te permite ingresar?
El adjucha negó con su cabeza.
—Nunca se nos ha prohibido visitar la grandeza del invernadero. Pero, ese lugar es el recinto más sagrado de la princesa –le informo- por ello los bajos rangos como yo, no nos sentimos lo suficientemente merecedores de ingresar
Por lo visto, existía una idolatría hacia Orihime.
—Mmm… -dudo de cómo continuar- veo –tosió incómodo- gracias entonces Władysław Tatarkiewicz
Camino solo el resto del pasillo, finalmente fue consciente del cielo negro que se alzaba sobre su cabeza. Llego a la puerta de cristal, la cual daba el acceso directo al invernadero; antes de tocarla esta se abrió para dejarlo ingresar. Dentro solo observo una gran cantidad de plantas, y casi a la entrada una mesa fina hecha de herrería con cuatro sillas dispuestas. Una de las cuales estaba ocupada ya en ese momento.
—¡Ulquiorra!
—Se aprecia tu presencia, Kurosaki Ichigo –deposito la taza sobre el plato de porcelana- ocupa un asiento en la mesa, Orihime no tarda en llegar
Silenciosamente, Ichigo ocupo la silla más alejada del arrancar que lo había traído a Las Noches. Conociéndolo, seguramente no le respondería ninguna pregunta que le formulase, así que mejor esperaba a que llegase Inoue; después de todo Władysław le había dicho que ella respondería sus dudas. Y vaya que tenía muchas para ese momento.
Reservadamente, una arrancar de cuerpo menudo le sirvió té en una ya dispuesta taza frente a él; lo hizo sin siquiera mirarlo una sola vez. Al terminar, camino hacia la mesa donde se encontraba al parecer el desayuno ya dispuesto y a la espera de servirse. Agradeció profundamente, que antes de que el sordina se volviese insoportable, la misma puerta por la cual minutos antes él mismo había ingresado se abrió; dejando pasar a un par de féminas. Rukia fue la primera en ingresar, estuvo más que aliviado al verla.
—Lilinet –susurro Orihime- lleva a Kuchiki san con Kohane (7), por favor
Una pequeña niña, colocada detrás de Orihime tomo delicadamente una de las manos de Rukia y de esta manera camino torpemente con ella hasta casi el centro del invernadero a la jaula de la avecilla de la princesa, con la mujer de cabellera negra. Al pasar, Ichigo observo que a diferencia de él, ella no portaba el característico uniforme blanco de Las Noches. En contraste, usaba un exquisito kimono rojo con un bello estampado de grullas con hilos que dado su color y fina apariencia seguramente se trataba de oro cosido.
Al llegar junto a la jaula, sin oposición alguna por parte de Rukia se quedo parada sin hacer nada más y con la mirada pérdida, como ya era lo usual. Kohane, aleteaba feliz dentro de su diminuta prisión. Lilinet, esperaba alguna reacción por parte de ella, pero nada sucedía. Poco antes, Orihime la había mandado llamar para que cuidase a la noble. La pequeña fracción de Stark se hubiese irritado más, no obstante se contuvo. Así que suspiro, reacomodo un cojinete ya colocado en el suelo y continuo esperando reacción alguna.
—¿Inoue sama? –la miro- ¿no hace nada, esta mujer? –la señalo con desconcierto- ¿porqué no se sienta, abre la jaula o juega con Kohane?
Orihime ocupo el asiento junto a Ulquiorra, tomo la taza que él momentos antes tuvo y la llevo a su boca antes de responderle a la niña.
—Porque tu eres la que decide lo que debe hacer-indico Orihime-
—¡¿QUÉ?! –la miro sorprendida- ¡¿es una broma?! -respóndio la fracción-
—Juego acaso, Kurosaki kun…
Deposito la taza en el plato una vez más, mientras miraba al kuroi.
—No –bajo él la mirada- debes mostrarle a Rukia como hacer lo que quieres –miro a Lilinet- de otra forma permanecerá así el día entero –se levanto y camino hacia ellas- no es capaz de decidir por sí misma en absolutamente nada –la forzó a sentarse sobre el cojinete- así –le indico a la niña y abrió la puerta de la jaula- cada vez que quieras que haga algo distinto tu debes de mostrarle como –el ave se postro suavemente en sus manos y comenzó a cantar- ¿ves? –sonrió con dulzura-
Se levanto y la miraba algo cabizbajo.
—¿Sientes lástima por ella Kurosaki kun? –él volteó hacia Inoue- ¿o es, arrepentimiento? –silencio- comamos –sugirió al cabo de un tiempo- y charlemos pacientemente en la sobremesa –le indico que se sentará una vez más- ¿te parece bien Kurosaki kun? –le sonrió cándidamente- Lilinet –la llamo suavemente- siéntate con nosotros y desayuna, Kuchiki san no se irá a ningún lado. Por favor –señalo la silla vacía-
Algo incómoda la niña se sentó junto entre la princesa y el Kuroi. Y disfruto gratamente el gran festín, que estaba ingiriendo a grandes bocanadas. El resto del desayuno, para los adultos transcurrió serenamente. Fueron atendidos por al menos tres arrancars más del nivel más bajo. Al terminar con su ingesta, les retiraron los platos; pero no pudieron con los panecillos que la niña tomo.
En el centro de la mesa colocaron un pequeño fogón con una tetera llena de té. Salieron silenciosamente del recinto.
—Lilinet –se sirvió un poco en su propia taza- ve a jugar con Kuchiki san y Kohane al fondo del invernadero –le ordeno suavemente- ¿quieres?
—¿Me los puedo llevar? –toco la canastilla con los panes- ¿por favor?
Orihime le sonrió dulcemente.
—Claro, eso no debes preguntarlo
Una amplia sonrisa se formo en su rostro, se metió un pan más en la boca y de esta manera se retiro de la mesa. Ichigo observo como, casi esta se atragantaba con su recién ingerido pan; tomaba suavemente de la mano a Rukia y bajo su axila derecha colocaba el cojinete. Posteriormente se retiraban ambas hacia lo más alejado del invernadero. La avecilla las siguió de manera casi extraña.
—¿Por qué nos has traído, Inoue? –la encaro- ¿cuál es tu benefició en todo esto?
Antes de continuar, Ulquiorra se levanto de la mesa y fue hacia el par de mujeres. Le daría la privacidad que Orihime le pidió en la noche. Y ella suspiro cuando lo vio alejarse. Unos instantes después, el hablo de su más reciente inquietud.
—Me preguntaba –miro de soslayo al hombre en la distancia- ¿cuál es tu relación con él?
—Digamos –medito un poco- que somos más que buenos amigos –le sonrió y luego tomo aire profundamente- Ulquiorra sama –ignoro sus inquietudes- me dijo que asesinaste a dos Capitanes –lo miro de soslayo- a Unohana Retsu y a Kuchiki Byakuya –suspiro- que le dirás- miro al a mujer junto a Lilinet- cuando despierte
Ichigo esbozo una amarga sonrisa en sus labios.
—Volvemos a los juegos, ¿Inoue?
Afonía.
—Si –entrelazo sus dedos bajo su barbilla- juguemos un poco más, si así lo quieres –exhalo pesadamente- ¿me dirás entonces, porque fragmentaste a Sode no Shirayuki?
El citado abrió con sorpresa sus ojos. La impresión era más que evidente en su rostro.
—¿Lo supiste todo el tiempo?
—Siempre, que algo le sucedía a Kuchiki san –la miro desde donde se encontraba- la melancolía en tu rostro, era muy profunda –suspiro- pero, en esta ocasión ese no era el sentimiento que tú tenías –volteó hacia él- sino más bien culpa
Le rehúyo la mirada, pero el enfrentarse visualmente al inmutable Ulquiorra que los miraba desde la distancia tampoco lo alegraba demasiado. Temeroso de voltear más, y encontrarse tal vez con la mirada perdida de Rukia, lo hizo agachar su cabeza.
En la distancia y jugando con el ave, Rukia fue quien recordó.
—¡ICHIGO!
Le grito irritada en el medio de las últimas batallas de la Guerra de Invierno. Al verlo abandonar en un acto irresponsable la antesala y dirigirse en busca de Aizen, cuando este había escapado.
—¡ESTÚPIDO!
Vocifero una vez más y corrió tras de él. Al final y luego de una amarga persecución se lo encontró a la entrada de lo que era la siguiente habitación, la amplia espalda de Ichigo le imposibilitaba entrar por completo a esa área.
—¡Muévete!
Le exigió con poco amabilidad.
—Vete de aquí, Rukia –la miro de soslayo- es peligroso que estés en este lugar –le susurro- ve y ayuda al resto
—¡Ya te he dicho que no estoy aquí para que me protejas! –le siseo- ¡GRANDÍSIMO ANIMAL!
Ichigo se giro para enfrentarla.
—¡Ruk…
No pudo terminar de hablar, ya que Aizen se les aproximo en un solo instante y arremetió directamente contra ellos. Por lo que en un mero impulso, evito lo que sin lugar a duda hubiese sido la muerte de ambos ante su descuido. Ichigo tomo a Rukia por el cuello de su uniforme, y apenas pudieron escapar. Desafortunadamente la única entrada y salida estaba inutilizada ahora. Aizen, sonreía jactante. Tenía una clara ventaja, e Ichigo lo sabía.
Rukia se coloco en una clara postura de ataque, no se dejaría intimidar ante el hombre que estuvo a tan solo un paso de asesinarla. Pero, Ichigo una vez más se coloco frente a ella.
—Mantente detrás de mí –le susurro- y no intervengas pase lo que pase –tomo a Zangetsu y la ondeo peligrosamente en el aire- quédate aquí –en un instante activo su Bankai- ¿me has escuchado Rukia? –la miro de soslayo- no interfieras
—¡No me consideres un estorbo, Ichigo! –le espeto- ¿te has olvidado que tengo más experiencia que tú? –externo fieramente -¡sabes cuanto detesto que me trates de esa manera, idiota! –le expreso en un susurro-
Silencio.
—No podrás contra Aizen –suspiro- y, no puedo luchar en su contra si tengo que estar al pendiente de tu seguridad- llevo su mano a su rostro y manifestó su máscara de vizard- aquí estarás a salvo
Expreso con esa peligrosa voz, tras la máscara.
—¡YA TE HE DICHO QUE!…
De inmediato, Ichigo se giro y sujeto la zanpakutō de Rukia por su filo, y de un solo movimiento la fragmento en tres trozos. Ahora, si estaba ella completamente indefensa. Abrió grandemente sus ojos, a causa de esa fuerte impresión. En la sangrante mano de Ichigo, él aún sostenía el trozo correspondiente a la mitad de su espada. La punta aterrizo en el suelo, haciendo un lastimero eco en la habitación. El resto se mantenía unida a la empuñadura.
—¡I…, chi…, go!… -balbuceo- ¿por qué? –susurro y dio un paso hacia atrás- ¡GRANDÍSIMO ANIMAL, ESTÚPIDO!…
Ambos palidecieron, Aizen estaba detrás de Ichigo; antes de que pudiese reaccionar debidamente el traidor le propino un muy fuerte puntapié en la boca del estómago que lo mando volar por los aires varios metros. Dejando a Rukia a merced de su futuro asesino. Instintivamente, ella giro su rostro mientras gritaba el nombre de su amigo herido; cuando la conmoción paso, supo que estaba perdida. Al parecer, el golpe fue lo suficientemente fuerte, como para dejarlo inconsciente.
—¿No me mirarás, Rukia chan?
Le susurro gentilmente el hombre, y un sudor frío recorrió la frente de la mujer. Bajo su mano, daba gracias a su pequeño as bajo la manga; eso debería ser suficiente cuando menos para salvarse por el momento.
—No servirá de nada, el que convoques a tu tercera danza –acarició lentamente la mano que aún sostenía a Sode no Shirayuki- se lo que eres capaz de hacer con ese ataque, pero es inútil –tomo el mango de la espada y se la arrebato, cuando la arrojo a su lado- necesito que mueras –le sonrió- para conocer el verdadero poder de Kurosaki Ichigo, así como la maldad real de su ser
Las palabras no pudieron pronunciarse en su boca, la garganta la sentía seca.
—¿Sabias que cada hueco, nace con una habilidad propia?
—Por supuesto –carraspeo intentando ganar algo de tiempo- eso lo sabe cualquiera
Miraba de reojo a su amigo por momentos y otros tantos encaraba al hombre frente a ella.
—Me pregunto, ¿cuál fue la habilidad con la que él nació? –lo señalo- ¿no te lo has preguntado?
—¡Ichigo no es -lo encaro y lo miro fieramente- un hueco!...
—Con esa apariencia no te parece que lo es –la interrumpió- y fuiste atacada por él –le sonrió- ¿cuáles serían las consecuencias en tu persona?
Alzo sus manos, y por un instante pareció que le daría un abrazo. Fue entonces cuando percibió la zanpakutō del excapitán en sus manos. ¿Sería asesinada por la espalda?
—Ru…, kia
Jadeaba por el aire, mientras Ichigo se reincorporaba torpemente y la miraba desesperado.
—Yo moriré aquí, Kuchiki Rukia –ella lo miro asombrada- pero…, -sonrió peligrosamente- ustedes pagaran un precio muy alto por su victoria –tomo aire- volveré un infierno su paraíso
Rukia, sintió la abundante sangre recorrer rápidamente su espalda. La herida había sido hecha en la parte trasera de su cabeza, fue lo último que pudo sentir claramente. Supo que caía lentamente al suelo, su mente estaba despierta, más no sus sentidos. Su cuerpo entero no le respondía a ningún comando que le indicaba.
Quiso gritar, llorar, hablar… y todo fue en vano. ¿Por qué derramaba lágrimas, si su cuerpo no le dolía?...
—¡AIZEN!
El poder espiritual de Ichigo arremetió de inmediato. La presión espiritual fue tanta, que aquellos que aún se encontraban en sus respectivas luchas quedaron pasmados ante el poder que se había liberado.
Y, ahí estaba Ichigo frente a Aizen; con su segunda transformación de hueco. Respiraba, rápidamente. Venganza, era lo único que pensaba. Mientras miraba a una moribunda Rukia en el suelo. Arremetió de lleno contra él, asombrosamente el traidor no hizo nada por defenderse. Lo tomo y lo empalo contra la pared blanca en lo alto. Vociferaba salvaje mientras lo hacia, estaba lleno de tanta rabia y odio. Y esa ocasión, no perdió el control como la última vez. Poco a poco, esa máscara y transformación fueron desvaneciéndose. Para dejar solamente a la ya bien conocida máscara. Ichigo lo sujetaba con fuerza, quería matarlo ya mismo. Sin embargo, podría disfrutar un poco mas mirando su agonía.
—Finalmente, has cedido ante la rabia, el dolor y la amargura de tu alma –tomo aire- ¿Qué se siente pasar la línea y convertirte en un monstruo. Kurosaki Ichigo?
—Aizen…
Silencio.
―Extraordinario –escupió sangre al hablar- magnifico –sonrió con sorna- esto esta más allá de todo lo que contemple en un principio, Kurosaki Ichigo –estaba lleno de jubilo- esa máscara, esa oscuridad de poder, esa maldad en tu ser –alzo una de sus manos- te pertenecen solo a ti… -silencio.- Y lo sabes muy bien ahora, ¿te has divertido haciendo esto?. Y no puedes negármelo ¿verdad?... Ya no hay marcha atrás para ti –se río con superioridad- aunque mi existencia perezca aquí –le costaba hablar- aún sabiendo que he perdido esta guerra –lo sujeto de su uniforme- ustedes han perdido mucho más… -volvió a reír- ¡especialmente tú, muchacho –se jacto-ya no eres más que!…
Sus palabras fueron silenciadas cuando Zangetsu lo atravesó por completo, terminando por empalarlo contra la pared blanca del recinto. Al momento un gran número de individuos arribaron temerosos ante el incremento de poder espiritual, la atmosfera que percibían era sumamente pesada. La máscara media rota de Ichigo se enmarcaba en su rostro, se alegro al saber que la vida de Aizen Sosuke le pertenecía solo a él. Más la risa del hombre agonizante lo sacaba rápidamente de quicio; era un sonido lleno de jubilo y emoción evidentes. Casi manifestando que él había ganado.
―Kurosaki Ichigo..., aquello que has destruido con tus propias manos no podrá volver a ser como era, por que tú... –silencio- tu ansia de poder acabará por destruirte –le espeto fríamente- ahora que tus manos están manchadas, nunca más podrás volver a tocar esa pureza que tanto anhelas, tú…
Su muerte fue instantánea. Cuando Ichigo retiro su Zanpakutō de su pecho el hombre comenzó a desangrarse de manera incontrolable, dándole en el acto el silencio que tanto necesitaba. El cuerpo de Aizen cayo al suelo, y una gran mancha de sangre con gran velocidad se expandió por el suelo. Nadie se movía en lo absoluto, tan solo contemplaban la espalda del hombre que había asesinado a un monstruo; sin embargo una nueva pregunta se formo en el aire… ¿Qué en el nombre de Dios, había sucedido realmente?.
Ichigo soltó a Zangetsu, la cual se enterró profundamente en la blanca superficie. Siguiendo el trayecto de la espada, fue aún mayor la sorpresa al ver a Kuchiki Rukia herida en el suelo. Tenía sangre alrededor de su cabeza era lo más evidente, pero además su Zanpakutō yacía partida en fragmentos junto a ella; las lágrimas no paraban de salir de sus ojos y tal parecía que lo miraba a él. Esa fue la última vez que la vio herida, el día que se transformo en un demonio.
—¿Qué te pasa Kurosaki kun? –toco su hombro- te has quedado completamente callado durante los últimos cinco minutos
—¿Por qué nunca intentaste ayudarla? –la miro fijamente- cuando llegaron luego de que asesine a Aizen, ¿Inoue?
Orihime se sirvió un poco más de su ya preferido té, antes siquiera de proceder a darle una pausible respuesta al ya desesperado hombre.
—¿Sabes que todo ser vivo se compone de cuerpo, mente y alma? –murmuro- ¿Kurosaki kun?
—Nosotros no tenemos un cuerpo físico ahora
La corrigió.
—Así es –deposito la tetera en el centro de la mesa- pero, aún tenemos la mente –toco su cabeza- y el alma –llevo su mano a su corazón- ¿me comprendes?
—Lo hago –se cruzó de brazos- no comprendo a donde quieres llegar con esta conversación
—¿Por qué te has puesto esa ropa, Kurosaki kun?
Poso su mano en su hombro y espero por su respuesta. De inmediato Ichigo giro la silla y le dio la espalda, para evitar que ella viese el rojo de sus mejillas.
—¡No iba a andar desnudo por aquí! –la miraba de soslayo y con recelo- ¡no estaba mi ropa así que!...
—Hay un adjucha a tu servició –le interrumpió- ¿por qué no le dijiste que te la diese negra?
—Władysław Tatarkiewicz, el adjucha –le indico- me dijo que el negro no es bienvenido en este sitio y…
—Más no esta prohibido –suspiro- hay mucha diferencia entre algo que no debe hacerse y lo que no se quiere –exhalo una vez más- tu capa como Capitán de la Corte de los Espíritus Puros siempre fue negra, nunca usaste el color distintivo –silencio- ¿acaso desde un inicio intentabas marcar la división entre ellos y tú?
—¿Por qué haría eso, Inoue? –frunció el ceño- lo hice por lo que la división representa en realidad
—Un grupo de asesinos…
Interrumpió Ulquiorra, se les había acercado tan lentamente e Ichigo estaba tan absorto en su conversación que no le prestó la debida atención al hombre. Había regresado y no estaba solo, Rukia sostenía la mano del varón tan sutilmente que de no haber recibido la confirmación de Orihime sobre su relación, le habría arrancado posiblemente la mano. Ichigo contemplo le venda sobre su herida más reciente de ella. Lilinet pasó casi corriendo y abandono de esta forma el invernadero. Posiblemente había sido despachada, pero en realidad iba al encuentro de alguien más.
—Había una chiquilla de cabello rosado cuando la encontré –le informo al kuroi- ¿recuerdas mi saludo especial cuando nos encontramos en una de las tantas escaleras del antiguo Palacio de Las Noches? –soltó la mano fémina, y poco después acarició sutilmente su mejilla- cuando percibiste que su poder espiritual había menguado…
—¿Te refieres –se cruzo de brazos- al hueco que me hiciste en el pecho –resoplo- con el que casi me matas?
Ulquiorra asintió con su cabeza.
—¿Qué tiene que ver Yachiru con todo esto, y por qué le están dando todos demasiados vueltas a mis preguntas? –expreso ya bastante molesto- ¡espera! –se levanto de la mesa exaltado- ¡¿no me dirás que tú?!. ¡TÚ!
Ichigo movió violentamente sus manos, y estuvo a punto de arremeter contra él, pero el hecho de que Rukia estuviese tan cerca de él le ponía un alto.
—¡ASESINASTE A YACHIRU! –le espetó fríamente, mientras rechinaban sus dientes- ¡ESPERAS QUE NO HAGA NADA!
—¿Por qué intervienes ahora, Kurosaki kun? –él citado la miro con una ira desmedida, que tan solo arranco en rostro femenino una divertida sonrisa- lo que Ulquiorra sama ha hecho –tomo aire- ¿no es lo mismo que has estado haciendo tú el último siglo? –silencio y lo señalo con su índice- él ha matado a un inocente… ¿A cuántos has matado tú?..., además de los últimos..., de Byakuya sama y Unohana sama… ¿sabes el número exacto?...
¿Valdría la pena, decirle que los capitanes no estaban muertos?. Era una pérdida de tiempo…
Todos guardaron silencio, con excepción de Kohane que cantaba placidamente en la distancia. En ese momento, Ichigo apretó con fuerza el respaldo de la silla que momentos antes uso; incapaz de refutar hasta cierto punto las palabras de Orihime. Y sin darse cuenta, su mirada ya carente de emoción alguna contemplaba los ojos de Rukia; por un momento pensó que ella estaba llorando.
—Sin embargo… -susurro Inoue- Yachiru chan todavía no esta muerta
Ichigo, volteó hacia ella esperanzado.
—Solo quería desbordar la situación completa, y llevar a todos en la Sociedad de Almas al límite –exhalo pesadamente- pero, creo que exageraste con ese ataque contra ella –le hizo un puchero a su amante- con un golpe de tu parte bastaba –negó con su cabeza- cuando te diga sensibilidad a las cosas, llévalas al punto de los más delicado. Especialmente si se trata de una mujer y niña
—Lo lamento
Externo en una sincera disculpa.
—Yo, me ocupare de Yachiru chan –tomo aire- ahora es tiempo de completar el plan de reformar a la Sociedad de Almas, desde su raíz
—¿Reformar? –comentó impávido- ¿de que hablas, con todo esto? –se impacientaba rápidamente- ¡necesito explicaciones contundentes desde ahora! –resoplo- estoy cansado de que cada vez que me explicas algo, le das vueltas al asunto y tomas otro punto de partida de una conversación sin terminar antes la primera
—Siempre, con tan poca paciencia Kurosaki
Ingreso al invernadero Ishida, acompañado de Stark al invernadero. La impresión fue más que obvia, para Ichigo.
—¡¿Qué demonios esta pasando?!. ¡¿Qué tan profundo es este hueco?! –pensaba-
Orihime camino hacia, Uryū y lo abrazó firmemente.
—Gracias por todo, Ishida kun
—¡¿QUÉ ESTA PASANDO?, CON UNA MIERDA EXPLÍQUENMELO AHORA!
—Inoue sama –se acerco Stark, ignorando la falta de respeto de Ichigo- le he traído lo que me ha ordenado –le mostró una caja negra –me tome la libertad de revisarla y… -la miro seriamente- se había mantenido igual hasta que… -observo de soslayo a Ishida y la caja que él mismo cargaba- no lo comprendo…
—¿Qué ha pasado? -hablo Inoue-
—Me dio la impresión de que estaba –dudo de cómo expresarse- latiendo como un corazón
Orihime lo miro sigilosamente.
—Veo…-le respóndio la fémina-
—¡NO ME IGNOREN! –grito Ichigo- ¡¿ME ESCUCHAN TODOS USTEDES AHÍ?! –los señalo-
—Lo hacemos, Kurosaki kun –respondió por todos- pero, necesito dejar zanjado esto primero antes de responder cualquiera de tus dudas –exhalo pesadamente y mordió uno de sus pulgares con fuerza- estoy a contra tiempo –pensó- Stark san, Ulquiorra sama –tomo la caja que hasta hace poco había cargado el arrancar- necesito que se reúnan en la sala del consejo en tres horas. Requiero que Nell chan forme parte esta vez –silencio- lleven al huésped al sótano
Expreso fríamente.
Dos órdenes distintas, dos arrancars que debían de ejecutarlas a momento. De esta forma abandonaron silenciosamente el invernadero de cristal, finalmente daría inicio la verdadera reunión de amigos. Ishida, fue el primero en hablar.
—Tuvimos que esperar poco más de un siglo para este día…, todo el tiempo estuvo tan cerca de mí –suspiro pesadamente- y nunca me dí cuenta… -le mostró la caja con la insignia del Clan Kuchiki- lo siento Orihime le negó suavemente con su cabeza, para reconfortarlo.
—Ahora, te diré cosas muy importantes Kurosaki kun –lo miro- y al final deberás de tomar una decisión –se sentó en el suelo- no te forzaré a nada, sea cual sea tu disposición será respetada por todos
Ishida coloco la segunda caja sobre la negra. Se alejo y camino hasta donde estaba Rukia, se paro justo detrás de ella y la tomo de los hombros.
—No te has preguntado –hablo ella, mientras contemplaba las cajas- ¿por qué no han tenido ningún ataque en la Sociedad de Almas, o el mundo humano de los arrancars más poderosos? –sus mirada se cruzaron- y te lo diré –silencio- antes me preguntaste el porque no ayude a Kuchiki san ese día –esbozo una triste sonrisa- pero…, realmente lo he estado haciendo los últimos cien años –cerró sus ojos y suspiro- sencillamente que a veces para proteger a quienes queremos, debemos de alejarnos un poco ¿cierto?
No había duda en sus palabras.
—Después de que la Cámara de los Cuarenta y Seis se restituyo al final de ese invierno –expreso seriamente y su tierno semblante, transmuto en uno agresivo- estuvieron dispuestos a dar lo que quisieran a cambio, con tal de ayudarlos a mantenerse en su pedestal intocable… Tentaron a Las Noches, con entregarte para tu muerte… -observo como Ichigo abrió con sorpresa sus ojos- la única condición era desaparecer…, que mejor que ceder al hombre que había diezmado las esperanzas de este sitió –afonía- "ellos", han sido demasiado ambiciosos –suspiro- Ishida kun, ha trabajado como espía a favor nuestro y nos ha mantenido informados todo este tiempo –abrió la caja negra- cuando me le acerque a Kuchiki san, en ese lugar –sonrió con amargura- supe que no podía ayudarla como quisiera…
Mutismo.
—¡ESOS BASTARDOS, ME VENDIERON! –apretaba sus puños con fuerza- ¡¿Y ENTONCES POR QUÉ RAZÓN NO MORÍ ESE DÍA?¡ -rabiaba- ¡¿DIME?! –se hinco y la tomo con fuerza de su barbilla- ¡¿DIME?!
—Porque, Kuchiki san se habría puesto muy triste. Si yo podía hacer algo para salvarte y no hice… -susurro- cuándo fragmentaste a Sode no Shirayuki, solo querías protegerla ¿cierto?
—¡Si! –espetó duramente- ¡y!...
—Dividiste su esencia…
Fue un susurro lastimero lo expresado por ella, y una completa revelación dolorosa para Ichigo. Si la había comprendido bien, eso significaba que…
—¡¿Estas diciendo que es culpa mía? –la soltó y volteó hacia Rukia- ¿que este así, y no de Aizen?! –respiraba agitado y estaba conmocionado- ¡ESA ES LA ESTUPIDEZ MÁS GRANDE QUE HE ESCUCHADO! –bramo iracundo- ¡LO ÚNICO QUE DESEE EN ESE MOMENTO, ES QUE LA MUY CABEZOTA SE MANTUVIERA LEJOS! –bajo su mirada y comenzó a hablar en un susurro- que no interviniese…, que estuviese bien para cuando todo terminase…
—Al fragmentar su zanpakutō, también lo hiciste con su propia esencia –hablo penosamente- antes te había mencionado que todo se compone de cuerpo, mente y alma –cerros sus ojos- cuerpo, nosotros –se señalo- mente, nuestros pensamientos y alma –lo miro- nuestro corazón –musito- son las partes de Sode no Shirayuki –tomo aire- al faltar uno de ellos, era de esperarse que no se compenetraran como era debido –afonía- pudiera ser que tu desesperación por evitar que ella actuase, sin que realmente lo deseases…, dividieses su existencia en esas tres partes –le mostró el contenido de la caja negra- estaban en el mismo lugar todo el tiempo –exhalo- y tan lejanas a la vez –acaricio la caja de cedro- sin la mente que le ordene al cuerpo como actuar, no somos nada –silencio- habíamos estado buscando desde hace tanto esta parte…
Ichigo, acababa de observar los trozos de la zanpakutō de Rukia que hacia tan solo un par de días busco en el Torikago; en ese momento necesitaba respuestas para comprender el porque la había escuchado hablar.
—¿Por qué entonces, su espada no sano como era costumbre?...
—Eso aún no lo se –expreso falsamente, pero lo suficientemente convincente para engañarlo- sin embargo, desde hace tiempo que tengo la sensación de que si uno los fragmentos de Sode no Shirayuki, posiblemente Kuchiki san regrese –lo miro- por eso te pregunte antes, ¿qué harás cuando debas enfrentarla, Kurosaki kun?
—¿Entonces en esa otra caja esta?…
Ichigo miraba la caja de cedro, con la insignia del Clan Kuchiki; las palabras sobraban, seguramente dentro estaba el mismo fragmento que él una vez tuvo en sus manos. La sensación de pesadez, frustración y desesperación se acrecentaron en él. Así, como un asco intenso hacia su propia persona.
—¿Por qué ninguno de los dos me dijo nada, entonces? –agacho su cabeza- de esa forma no me habría convertido en lo que soy ahora…
—Ya te lo explique, estábamos con el tiempo contado –suspiro- Sado kun y yo, volvimos al mundo humano casi inmediatamente luego de que los heridos llegaron a la Sociedad de Almas –abrió la caja pequeña- pero, tú e Ishida kun permanecieron ahí –alzo el fragmento e hizo que Ichigo lo mirase- fue entonces cuando Ulquiorra sama me busco y me hablo sobre la oferta de la Cámara de los Cuarenta y seis… Tenía que protégete, a cualquier costo –su rostro se torno apacible- en ese entonces yo te amaba..., por ello me vine a este sitio...
Ichigo recordó una vez más.
Shigekuni Yamamoto Genryūsai, se encontraba revisando una pila de sus documentos pendientes. Pasaba del medio día, y hacia tan solo diez minutos que había colocado su sello de "misión terminada" de Hayato Matsuo. Cuando alzo su vista, se encontró de frente con el Capitán de la Catorceava División; quien sostenía un pergamino con una mariposa roja entintado en el. Era el sello oficial, para el Satsujin Kibō, al parecer había alguien más que moriría pronto en las manos de ese hombre escalofriante.
—¿Por qué me das esto, Kurosaki? –lo tomo- va contra las reglas impuestas
—¿Qué puede decirme, para no ejecutar esta orden?
El anciano desenrollo el pergamino y lo leyó lentamente. De la curiosidad por tener ese documento en sus manos, paso a la estupefacción, y de esta a la saña misma. Temblaba visiblemente, pero Ichigo no sabía si era desesperación o frustración.
—¡KUROSAKI!
Bramo. La vena de su cuello saltó violentamente.
—En tres días más, debo darle muerte a dos Capitanes de la Corte de los Espíritus Puros –se sentó sin ser invitado a ello- a Unohana Retsu y a Kuchiki Byakuya
—Si vas a hacer eso –se levanto y le arrojo el pergamino al rostro, el cual Ichigo tomo antes de que lo golpease- ¿entonces, por qué has venido y me has mostrado eso? –aporreó su escritorio- ¡DISFRUTAS ACASO, MALDITO EL VENIR Y BURLARTE DE MÍ EN MI CARA!
—En la madrugada, me pregunto que estaría dispuesto a hacer para terminar con esto –entrelazo sus dedos- y he estado meditando un largo tiempo esto –silencio- le tengo una propuesta, señor y al final –resoplo tras la máscara- usted deberá decidir si me ayudara o no
Yamamoto se sentó una vez más, mientras esperaba que el kuroi hablase.
—Si la Cámara y su reputación la preceden tanto –tomo aire- si estás desaparecieran, lo haría también su poder entro de la Sociedad de Almas –se levanto- al igual que usted, despreció a esos malditos gusanos –llevo una de sus manos a su rostro- llevaré a cabo la sentencia contra los Capitanes, y usted me ayudará…
Pronuncio esas crueles palabras, mientras desaparecía por primera vez su máscara. Luego de un lapso de cien años. Y, en ese momento Yamamoto no vio duda alguna en sus palabras y mirada.
—¡¿Qué, yo te ayude?!
Siseo peligrosamente.
—Me han dado esta orden, sabiendo que es imposible de llevar a cabo –miro la ventana- si no la cumplo, la Cámara de los Cuarenta y Seis, se pondrá en mi contra –sonrió con desdén- han compaginado el día de la boda de Rukia, con el de las ejecuciones –observo al anciano- me han atado de manos, al igual que usted –silencio- la presencia de los Capitanes ha sido exigida en el enlace, lo que me imposibilita el acercarme a cualquiera de ellos –exhalo- sino cumplo con su designio, se me acusará de perjurio y deberé ser ejecutado
—¿Sería un grave problema?...
Externo sin pena alguna el anciano.
—Debería –le sonrió con ironía- porque estoy dispuesto a cargar con todas las consecuencias de esas muertes –exhalo- ¿qué diferencia a un héroe de un villano? –guardo silencio y al no haber respuesta continuo hablando- es solo una delgada línea la que los separa, solo la historia lo decide al final…
—Kurosaki –apretaba sus dientes, tan fuertemente que se fragmentaron un par de sus ya viejos dientes- ¡¿y, según tú cuál será el beneficio de sus muertes?!
Afonía.
—Simple, cuando el resto de los Capitanes sean conscientes de la facilidad con la que pueden ser asesinados –se cruzo de brazos- ¿cómo cree que esto hará ver al Cámara ante el resto? –mutismo- se imagina a la Corte de los Espíritus Puros, siguiendo tan fielmente sus órdenes. ¿A sabiendas, de que ni siquiera los más altos mandos dentro de una división están a salvo?
—¿Qué hay de Kuchiki Rukia?, sin su hermano que la proteja…
—No dejaré que nadie la toque –sentenció peligrosamente- nadie –reitero-
—¿Qué harás entonces?
—Que cualquiera lo piense dos veces, antes siquiera de intentar acercarse a ella –un destello de locura vislumbro el anciano en los ojos ámbar- lo que sea, con tal de mantenerla…
—¿Es una broma acaso?
Ichigo amplió visiblemente su sonrisa.
—Ambos nos beneficiaremos de lo que haré –respiro profundamente- usted le quitara todo su poder a la Cámara, y yo…
Afonía.
Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ
Φ Φ Φ Φ Φ
En el amor siempre hay algo de locura, más en la locura siempre hay algo de razón…
Φ Φ Φ Φ Φ
Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ Φ
—¿La amas o la deseas, Kurosaki? –siseo- ¿piensa bien lo que me dirás, de ello depende el éxito de tu plan?
—Estoy al borde de la desesperación por ella –se sinceró- deseo tenerla para mi, no le mentiré –comenzó a hablar en voy muy baja, casi un susurro- pero, no me arrepiento de ninguna muerte que he llevado acabo hasta el día de hoy –externo fríamente- deseo tener paz en mi alma –apretó con fuerza sus puños- y solo la obtendré una vez que le de fin a esto que he creado…, lo único que deseaba antes era poder sostener en mis brazos a Rukia y no dejarla ir…
—Sacrificar a dos de mis Capitanes…
—Yo cargaré con sus pecados, señor –externo al momento de colocarse una vez mas su terrible y ya conocida máscara- le haré un héroe aquí, y me convertiré en el nuevo villano de esta historia
—No –se levanto- es mi deber cargar con parte de esos pecados, debí protegerte mejor a ti y a los demás –se disculpo honestamente- los héroes, serán los sobrevivientes a este conflicto interno –coloco su mano en su hombro- los infames, tú y yo…
A veces para ganar, se deben hacer pequeños sacrificios.
—Kurosaki –lo llamo Ishida- el Comandante Yamamoto, será ejecutado en tres días por medio del dúo terminal –le indico- antes de abandonar la Sociedad de Almas se hizo pública su traición, y me temo que no falta demasiado para que tus hermanas sufran la ira de la Cámara
—No se los permitiré –apretaba con fuerza sus puños- ¡JAMÁS DEJARE QUE ESOS DESGRACIADOS LAS TOQUEN!
—Hace veinticinco años que comenzamos a darnos cuenta de algo que hasta ese momento no era mayor problema –hablo Orihime y centró la atención en ella- alteraciones constantes en la Garganta, antes no se le dio demasiada atención ya que supusimos que se trataba del ingreso ocasional de vacíos, como es lo común. Sin embargo…, conforme fue pasando el tiempo, estas se volvieron menos esporádicas –silencio- luego de una investigación detallada, nos percatamos que los ingresos eran de varios arrancars de nivel "C" –miro al Quincy- pero, al contactar con Ishida kun –exhalo- nos dijo que no existía ningún reporte de ataque inclusive una intromisión
—Aunque fuesen arrancars de nivel bajo –hablo el hombre de anteojos- se debió de haber percibido su ingreso, a menos que los radares no fuesen capaz de percibirlos
—Kurotsuchi…
Musito Ichigo.
—Me temo que no Kurosaki –lo interrumpió Ishida mientras se reacomodaba sus anteojos- él no sabía nada de esas intromisiones, no olvides que hace tiempo que la Cámara les retiro el privilegio de la consulta de la detección de huecos. Hace poco más de cincuenta años, en una medida por contener el gran poder de Kurotsuchi sobre la información que controlaba –le reinformo y lo miro, viendo en sus ojos la frialdad supo que debía de continuar- así, que esta ocasión, el Capitán de la Doceava División no sabía nada
Silencio.
—Ocurrió algo extraño, ayer… -exhalo- el Senkaimon fue activado
—Eso no importa ahora –tajo el tema Orihime- lo preocupante, es por nuestra información recolectada –miro a los hombres- la Cámara de los Cuarenta y Seis, intenta recrear el Hōgyoku, para ser los dueños del mayor poder jamás creado hasta ahora, por lo que traer a Kuchiki san a este lugar era primordial para protegerla -aclaro su garganta- solo aquí estará a salvo
En ese momento, Inoue coloco el fragmento faltante de Sode no Shirayuki. Y cual si esta espada fuese líquida, adquirió momentáneamente esta frágil apariencia, para en un solo instante forjarse de nuevo. La zanpakutō finalmente había sanado. Ichigo trago saliva con dificultad, ¿podría encararla ahora?…
Afonía.
—Nuestro propósito –hablo Orihime- es darle el verdadero fin a este capitulo tan lamentable en nuestras vidas… -se puso de pie, mientras el kuroi estaba aún hincado- ¿te unirás al último batallón, Kurosaki kun?
Mutismo.
—Estoy dispuesto a lo que sea. Para darle fin, a esta locura e infierno en el que vivimos…
Ichigo, no vio cuando ella se alejo de las manos de Ishida. Solo sintió el golpe en su mejilla, dado por una mano diminuta ahora capaz de tomar acciones por cuenta propia. Muy lentamente alzo su rostro, solo para encarar a Rukia; aún con su mano en lo alto. Mirando con desesperación, sin el temple que tanto la caracterizaba. Tomo esa parte de su cuerpo, con la cual lo había golpeado y la acurruco en su pecho exasperada.
—¿Por qué tenías que matar a mi hermano?... –lloraba- ¿y a la Capitana Unohana? –sollozaba- ¡TE ODIO, MALDITO ICHIGO!
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Hacia poco que Rukia se encontraba en una habitación, que se le había preparado específicamente a deseos de la princesa de Las Noches. Ichigo, no tuvo el valor para encararla; y dejo que ella descargase todo su ira y frustración. Mentirle sería inútil, Orihime le había explicado cuando se separaron en uno de los pasillos que todo el tiempo, ella había podido comprender el mundo que la rodeaba; más era incapaz de ordenarle a su mente el llevar a cabo sus deseos. Por ello, para el resto del mundo parecía que no tenía una sola memoria.
Ichigo, solo veía la puerta cerrada; y escuchaba el llanto de Rukia.
—Kurosaki kun –toco suavemente su hombro- necesita tiempo…, para tratar de comprender –exhalo- te prometo que hablaré con ella, e intentaré explicarle todo –lo giro para que la mirase observo de soslayo al adjucha- necesito que lo lleves a la Sala del Consejo, por favor –retiro sus manos del cuerpo del kuroi- debo ir con Ishida kun al chika shitsu (8), a que se busque algo de ropa –tonteo falsamente- supongo que por ahí debemos tener algo ¿cierto?
—¿Me…, me –balbuceaba el adjucha- habla a mí princesa? –se hinco- es demasiado el privilegio que me entrega con sus palabras –expresaba rápidamente- no debería de rebajarse a tanto, por alg…
—No digas eso, Władysław Tatarkiewicz –el hombre postrado alzo su vista- aunque no lo parezca, conozco el nombre de todos mis niños –le sonrió- llévalo y si te preguntan por mí, les dices a donde he ido –comenzó a caminar con Ishida- nos vemos más tarde
Ya en un pasillo bastante alejado de donde se despidieron de Ichigo, Uryū se detuvo. Orihime lo miro, y observo el enfado claro de su mirada, apenada acomodo un poco de su cabello tras sus orejas.
—No me mires de esa forma, Ishida kun
—¿Por qué no le dijiste toda la verdad, Inoue san? –se cruzó de brazos- sobre el trato con la Cámara que hizo Las Noches, el hecho de que los capitanes no estén muertos aún –exhalo- a petición tuya. Sin contar lo de su verdadera naturaleza
—Aún, no puedo hacerlo
Comenzó a caminar una vez más, e Ishida le dio alcance.
—¿Cuándo entonces?
—Primero necesito arreglar ciertos detalles, encontrarme con Byakuya sama y Unohana sama –lo miraba de soslayo en su andar- antes siquiera de atreverme a decirle algo más, ya es demasiada la información que tiene –se detuvo- sin contar…, con que ahora deber de aclarar muchas cosas con Kuchiki san…
—Ella no lo sabe, ¿cierto? –andaban- que su hermano aún esta vivo-hablo el Quincy-
—No hable sobre eso, cuando paso la noche en mi habitación. En el mejor momento les diré lo que necesitan
—Así, como el hecho de porque te respetan tanto en este lugar
Orihime sonrió delicadamente ante el nada sutil comentario.
—Más adelante, no ahora –exhalo- falta poco, Ishida kun
Estuvieron marchando un tiempo más en total silencio. El eco de sus pisadas resonaban fuertemente en esos solitarios pasillos. Fue solamente un pase entre un marco de puerta, cuando el techo se amplio casi horrendamente. Cuando menos un edificio de diez pisos, cabría perfectamente ahí y eran tan anchos.
A un par de metros más, dos grandes centinelas protegían la entrada hacia el chika shitsu. En cuanto observaron a Orihime, se empotraron fielmente hacia ella.
—Princesa
Exclamaron al unísono. Uno de estos enormes guardianes que eran arrancars del nivel más bajo, movió su mano hacia atrás, abriendo de esta manera una enorme puerta que hasta ese momento no parecía existir.
—Gracias –les dijo- vamos, Ishida kun
Tras esa enorme puerta, solo existía una escalera en forma de espiral que bajaba. La distancia recorrida a pie sería considerable, juzgo con rapidez Ishida. Ya que era incapaz de ver el suelo de ese lugar, enormes antorchas estaba colocadas estratégicamente para iluminar a los andantes en ese recóndito lugar.
—No tuviste ningún problema por lo visto para que Kurotsuchi sama, aceptase esa propuesta ¿cierto?
Fue la primera en romper el silencio mientras descendían.
—Estaba demasiado emocionado por tener una nueva investigación que cumpliese con sus expectativas, por ello activo la puerta para mí –rechisto con hastío- esos gigais…, le mentí a la Capitana Unohana –se sentía incómodo- le dije que formaban parte de una vieja investigación de Urahara san y que los desechaba –exhalo- en este momento ellos… - se odió a si mismo- hay un detalle con la zanpakutō de la Capitana Unohana –recordo- se había quedado en la Sociedad de Almas, ya se la he entregado a Ulquiorra –indico- además de la información sobre la traición de la Cámara, me han ayudado a escapar y no dudo ahora que protejan a las hermanas de Kurosaki
—Ya veo, más tarde me haré cargo de ese detalle –se detuvo ya casi al final del recorrido de la escalera- Harribel sama me dijo que los capitanes ya están dentro de esos cuerpos falsos
—Me siento mal por ellos –negó con la cabeza- para el lunes habrán perdido por completo su poder espiritual, que han acumulado por años –exhalo- esos cuerpos retendrán sus habilidades, hasta que retornen una vez más a la Sociedad de Almas –se lamento- el Capitán Kuchiki, siempre fue amable conmigo. Esto me hace sentir terriblemente incómodo, Inoue san
—Lo siento, mucho Ishida kun –se detuvo frente a otra puerta, era de menor tamaño y tenía un símbolo pintado en ella- pero, es cierto algo… A veces para ganar, se deben hacer pequeños sacrificios…
—Eso no es algo diminuto –la corrigió- ¿realmente estamos haciendo lo correcto?
—Ya hemos andando un largo trecho, como echarnos hacia atrás ¿cierto? –lo encaró- la única manera de que Byakuya sama y Unohana sama, puedan volver al concluir su ciclo en el mundo humano es en base al éxito que tengamos de lo que hemos estado planeando. ¿Lo has olvidado?
—No
Orihime abrió la puerta con el corazón pintado. Dentro y en contraste con el resto del Tengoku y posiblemente Las Noches, entraron a un muy amplio recinto con el cielo completamente azul. Un hermoso paraje, primaveral con algunos animales salvajes pintaban ese lugar en especial. Cerca de un riachuelo artificial, vislumbro a la persona que necesitaba. Lentamente y casi sin hacer ruido fue hacia el, seguida muy de cerca por el Quincy.
—Sado kun, ¿cómo te encuentras?
Se sentó en el pasto Orihime, fue imitada por su acompañante.
—Mejor, ahora que se que Ichigo esta aquí –les sonrió- junto con Kuchiki san –acariciaba a un pequeño venado- solo nos falta Abarai, para completar todo…
—Me temo que Renji kun, esta indispuesto –exhalo ella- ¿dónde esta él, Sado kun?
Miraba, pero no lo veía por ningún lugar.
—Justo al pie del árbol de nuez, Inoue
—Gracias
Dejo que los hombres se pusieran al corriente, por el tiempo que estuvieron separados. Así, que solo ella camino hacia la persona de la cual necesitaba un favor muy especial en ese momento. El hombre tenía la mirada pérdida, parecía que su razón de vivir ya no existía. Pero, no por mucho tiempo. Orihime se encargaría de darle una nueva.
—¿Urahara san? –se sentó frente a él- lamento el trato que se le dio –se disculpo- tengo un favor muy grande que pedirle
—¿Qué podría necesitar, la reina de este lugar de alguien tan rastrero como yo? -la miro fríamente- ¿Inoue san?
Por lo que ella pudo ver, Yammi realmente lo había mantenido al margen como se le ordeno.
—Necesito que el Seireiheki deje de existir para el lunes, antes del medio día
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Viernes, tercera semana, séptimo mes, ciudad de Karakura, 13:07 pm
Unohana se encuentra en la cocina, mientras prepara un poco de caldo de pollo que sabe que le dará la energía suficiente al convaleciente. Mismo que hacia una hora se encontraba mirando a los transeúntes pasar, le había colocado una silla en el área donde se colgaba la ropa. Un poco de sol, le vendría bastante bien.
A un par de metros, Lilinet miraba desde la distancia al hombre que por lo visto no se había percatado de ella. Stark, le había ordenado claramente que los vigilase. Cualquier detalle en contra de ellos, le daba el derecho a intervenir y jugar. Sonrió para sí, gustosa y deseosa de poder actuar. Pero, ¿para que apresurar las cosas?; si faltaba tan poco para la verdadera faena.
—Un poco más, un poco más –se repitió- y podré divertirme todo lo que quiera
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Capitulo VI
La sinfonía de la muerte
"Sol blanco, luna negra"
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Notas de la autora:
+ El adjucha al servició de Ichigo, fue hace tiempo un escritor polaco. De ahí tome su nombre.
+ No esperaban que el rencuentro fuese miel sobre hojuelas. ¿Cierto?. Más no se desesperen, habrá una interesante reconciliación entre ellos (Ichigo y Rukia). Me tiento hacia un lemon, pero quien sabe.
+ Orihime, es muy importante para Las Noches. Y pronto se sabrá, ¿el por qué?.
Glosario:
+ (1) Onmitsukidōr, también llamado Unidad Móvil Secreto / Cuerpo de Fuerzas Especiales o encubierta de operaciones. Llevan a cabo las ejecuciones y asesinatos de Dioses de la Muerte que se han convertido en contra de la ley, y sirven como guías y guardias contra huecos. Entonces el Onmitsukidō es el interior, la guardia encubierta
+ (2) Satsujin Kibō, asesino de esperanza
+ (3) Nauczyciel, maestra en polaco
+ (4) Mordercy, asesino en polaco
+ (5) Mistrz, maestro en polaco
+ (6) Tengoku, paraíso en japonés
+ (7) Kohane, pequeña pluma en japonés
+ (8) chika shitsu, subterráneo
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Nos vemos
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