Bleach no es de mi autoría, le pertenece a Kubo Tite. Historia original, escrita por mí.

Basado hasta el capitulo 350 del manga.

Nota: palabras en cursiva, memorias del pasado de cada uno de los personajes.

Introspección: al término de la guerra, todo parece indicar que las cosas transcurrirán de una forma apacible y segura. Sin embargo, Rukia pierde cada una de las memorias de su mente, dando como resultado un doloroso destino a su persona. A la par, los vizards son reintegrados en al Sociedad de Almas; como una nueva élite de guerra. La recién formada Catorceava División, también llamada Sekushon Kuroi (división negra).

Sumary: Aún en la oscuridad..., una luz puede brillar... Aún en la soledad..., un corazón puede latir... Aún así..., este no será el final.


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Tan cerca del paraíso

(To close to paradise)

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Por Ireth I. Nainieum

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Capítulo VI

La sinfonía de la muerte

"Sol blanco, luna negra"

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"El libre albedrío es la voluntad del individuo para escoger el final del camino"

- Anónimo-

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Sábado, tercera semana, séptimo mes, Sociedad de Almas, 22:05 pm

—¿Por qué esa mirada tan afligida Ikkaku?

Se le acerco su buen amigo y antiguo quinto oficial de la Décimo Primera División, quien en el último siglo ha ostentando el cargo de tercer oficial; que un día él tuvo que abandonar.

—Lo pesado que se ve el cielo

Ayasegawa, miro hacia arriba. El manto celeste estaba repleto de estrellas, ni una sola nube cubría los astros que se mostraban en todo su esplendor. Sin embargo, resaltando por sobre estos, se mostraba una mística y grande hermosa luna.

—¿Qué tan mal se pondrán las cosas –se sentó a su lado, en un corredor de la Tercera División- ahora que el Comandante ya no esta?

—No tengo idea –lo miro de reojo- pero, esos de la Cámara –exhalo- al parecer intentan hacer un cambio muy grande…, por lo que he escuchado –ladeo el sake en su vaso de cerámica- supongo, que el Capitán Zaraki ya te ha puesto al tanto de la información –susurro en voz muy baja- que Ishida dejo antes de desaparecerse

Yumichika, le quito el sake de sus manos y lo arrojo al suelo.

—La situación esta en nuestra contra por completo –tapo la jarra de alcohol- por el momento considero que lo mejor, es mantenernos lúcidos y con la mente despejada –miro la luna- el Capitán no se ha separado de la Teniente –le informo- solo ha pasado un día desde esta situación –sonrió con tristeza- es lamentable que la Cuarta División, no pueda hacer nada por ella –suspiro- me asombra como a pesar de casi haber sido aniquilados, continúen trabajando tan intrínsecamente

—Deben honrar la memoria de su Capitana –sujeto su cabeza- ¿no se realmente como permitimos a la Sekushon Kuroi hacer todo esto? –estrello su puño contra el suelo de madera- ¡maldición, aún no puedo aceptar que Ichigo nos haya traicionado de esta manera?

Silencio.

—Capitán Madarame –se hinco un ryoushi (1)- le esperan en la Sala de Guerra, para una reunión de emergencia convocada por el ilustre –bajo su cabeza- no se demore, señor

Desapareció.

Desde el día de ayer, luego de la toma de poder de la Cámara de los Cuarenta y Seis; se había devuelto el poder al antiguo cuerpo ejecutor. Sin contar con la ya tan comentada disolución de la Primera y Catorceava Divisiones. Cuando esto sucedió, los representantes del poder del Rey, salieron por primera vez de lo que había sido su más sagrado enclaustro. Tomaron la primera escuadra como, símbolo del nuevo régimen. El sitio donde tanto tiempo lo Capitanes solían dar sus informes, fue rebautizado como la Sala de Guerra. Esas circunstancias ocasionaron varios rumores entre los cuales, el más llamativo era que todo había sido planificado para quitar del mando a Shigekuni Yamamoto Genryūsai.

—Yumichika –se levanto- vuelve a tu escuadra –miro de reojo a ciertos oficiales en la distancia- cuida de la Teniente –le pidió- hay varios traidores –susurro en voz muy baja y casi imperceptible- se que puedo confiar en ti –le dio una cálida sonrisa- nos veremos más tarde. La iré a ver luego –toco su hombro con confianza- mantente alerta

Se encamino hacia la reunión. Soi Fong, había tomado la penosa tarea de informarles a los Capitanes restantes, sobre un peligroso grupo de soldados de doble moral. Justo después de que esta se hiciese cargo del cuerpo del traidor, que había osado seguir a su Teniente. Muy posiblemente bajo la orden de la Cámara. Les pidió a todos que se mantuvieran alertas, de lo que hacían y decían: especialmente en quienes confiaban a partir de ahora. Hecho que causo una tensión aún mayor, por la simple razón de no saber cuantos de los suyos ya los habían traicionado. Cuando menos, por el momento contaban con la certeza de que sus Tenientes, no estaban involucrados en este grupo. Más que nada, por el tiempo y la compañía que se habían estado brindado entre todos.

Cuando Ikkaku arribo a la antigua Primera División, diviso en la entrada a Renji. Quien caminaba ayudado de su Teniente. Ágilmente les dio alcance.

—¡¿Qué haces aquí, Renji?

Tomo el lugar de Hinamori, bajo el brazo del pelirrojo y lo ayudo a erguirse un poco más; y de esta forma lo ayudo a respirar mejor.

—Me dijeron que debía venir –susurro e hizo una mueca de malestar- "se le ordena al Capitán Abarai Renji su presencia en la Sala de Guerra, para discutir asuntos de estado" –repitió cínicamente el mensaje- Isane, estaba realmente molesta por ello

Jadeaba por aire al hablar, y le temblaban sus piernas en su andar.

—¡Volvamos, Abarai kun! –comento con preocupación- ellos deberían entender cuan graves son tus heridas –se impacientaba- el estar aquí ahora, solo va a retrasar más tu recuperación

Lo miraba alarmada y casi al borde del llanto.

—Es una orden, Hinamori –coloco su mano sobre su cabeza- no quiero darles motivos para que tomen represalias en mi contra –suspiro hondamente- necesito que… -la acerco a él y la abrazo con fuerza, poco después le susurro- busques a Rangiku san, y mantente a su lado –la apretó un poco más- tengo un mal presentimiento de todo

Acarició su mejilla en despedida e ingreso a la nueva Cámara. Algunos guardias apostados a la entrada, e iluminados por las antorchas observaron todo con demasiada minuciosidad. Sin embargo, esos ojos inexpertos no comprendieron la magnitud de los hechos; para estos individuos lo único que notaron fue la excesiva amabilidad del Capitán con su Teniente.

Incluso, cuando Ikkaku y Renji ingresaron fueron seguidos todo el trayecto por uno de estos sujetos. El cual vestía de color rojo, por orden de la Cámara y para que fuese fácilmente reconocido como miembro de los ryoushi. Un grupo élite, al cual se había dado vida hacia unas cuantas horas. Estaban bajo el completo mando de la Cámara de los Cuarenta y Seis.

Lo que Soi Fong les había comentado, sobre un grupo de doble moral, ahora era un hecho confirmado. Lo peor del asunto, es que cuando menos tres cuartas partes de la Corte de los Espíritus Puros ya portaban este uniforme. ¿Realmente dicho movimiento estuvo llevándose en sus propias narices?. Al parecer los Capitanes, habían subestimado al gobierno de la Sociedad de Almas. El pequeño grupo que aún se mantenían fieles al Comandante y a los Capitanes, estaban siendo hostigados casi violentamente, para que rindieran su completa lealtad hacia los jueces y sabios. Esa era la razón por la cual le había ordenado a Hinamori el permanecer junto a Matsumoto. Ya que el fuerte carácter de esta la mantendría lejos de ellos. Los Capitanes y Tenientes eran fuertes, no obstante cualquier movimiento político dentro de la Sociedad de Almas, acarrearía graves daños. No solo en el mundo donde vivían, sino también en el de los humanos. Sin contar, con la posible incursión del Rey a causa de una sublevación de su parte. Necesitaban más pruebas, para poder proceder de otra manera. No tenían otra opción de aguardar. Sin embargo, el tiempo se les venía encima. El lunes, sería ejecutado el anciano que los había educado durante tanto tiempo.

Las que el día de ayer, aún ostentaban orgullosas la insignia de la Primera División, hoy se encontraban lisas y sin rastro alguno. Como sin nunca hubiese existido esa escuadra.

Cuando las puertas se abrieron, los Capitanes restantes ya se encontraban dispuestos en una sola fila. Cerrando entre ellos los huecos de los caídos. Ikkaku ayudo a Renji a quedar entre él y Komamura. Sus congéneres observaron el rostro carente de vitalidad, de Renji; el cual había sido reemplazado por uno lleno de hastió. Realmente, al pelirrojo le estaba costando demasiado el mantener su templanza, y no insultar a viva voz al rubio de mirada lasciva. El cual lo contemplaba, como si fuese su más reciente diversión.

—Me alegro de contar con su compañía, Capitán Abarai –se paro frente a él- pero…, ha hecho demorar esta reunión por más de diez minutos –ignoro por completo que Ikkaku también se retraso- y es imperdonable –coloco su mano por sobre las costillas del herido y presiono con fuerza- ¡no vuelva a hacernos perder nuestro tiempo!

Renji le retiro su mano y dio un paso hacia atrás, oportunamente Komamura evito que cayese al suelo. Poco después encaro al rubio lleno de ira.

—¡¿Qué hace? –rabio- ¡debería de estar sorprendido de que este aquí!

Chiaki miraba su mano y el rastro de sangre en ella. Luego volteó hacia el bermejo, que se sujetaba fuertemente por sobre el ya no blanco vendaje.

—¿Ha quedado claro –saco un pañuelo y limpió su mano- Abarai Renji?

—Si…

Dijo entre dientes el pelirrojo, y en segundos el blondo le arrojo con desprecio el pañuelo.

La puerta se abrió una vez más. En esta ocasión Hisaishi Kaoru ingreso con decisión a ese recinto que antes de ese día, jamás se imagino que alguna vez pudiese ver. Esta ocasión, la sorpresa fue mayor para los capitanes. Él, era nadie en la Corte de los Espíritus Puros, su nombre tenía peso fuera de esa área.

—¡Oh, Hisaishi Kaoru –hablo con sorna- que agradable que nos muestre su presencia por estos lares!

Expresaba con la clara intención de ser el centro de atención.

—Sus ryoushis no me dieron otra opción

A diferencia de su frágil aspecto, su voz sonaba pesada y hasta cierto punto autoritario. Sin ningún dejo de temor al haberse expresado de esa manera.

—¿Perdón? –hablo molesto el rubio- ¿creo que no escuche bien?

—Me parece –aclaro su garganta- que comprendió mis no tan bien intencionadas palabras

Silencio.

Midori le dio la espalda y pronunció algunas maldiciones contra el noble, en voz muy baja. Después se giro y lo miro fríamente.

—¿Sabe por qué esta aquí?

—Si fuera adivino lo sabría –tosió incómodo- pero, me temo que no lo soy –rió tontamente- así que no tengo idea

—¡Basta de esto, gordo petulante!

Se cabreó, cuando ese comentario arranco una divertida sonrisa en la única mujer presente. En otra circunstancia ella, se habría carcajeado, él estaba seguro de ello.

—Dígame de una vez que quiere de mí –se cruzo de brazos- me encontraba en la primera celebración oficial del funeral del Clan Kuchiki -exhalo- ha sido una gran falta de respeto el haberse llevado al orador principal de la celebración –tomo aire- sin ninguna razón aparente –afonía- así, que no le voy a pedir ninguna disculpa por mis palabras. De igual forma en que usted no lo hará con mi persona

Chiaki abrió sus ojos con sorpresa. ¿Ese gordo, siempre tuvo tan fuerte carácter?. Había sido elegido para casar a Kuchiki Rukia, dado su forma de ser; tan remilgado y sumiso. Del cual tanto se comentaba. Estaban seguros de que cuando llegase el momento, podría ser manipulado fácilmente. Ahora, comenzaba a tener sus dudas al respecto.

—Se lo diré rápido para que pueda regresar –le espetó- quiero que estén preparados en su Clan, para que cuando Kuchiki Rukia regrese, la despose de inmediato

—¿Regrese?... –externo dudoso- ella se ha ido de aquí –le reinformo- ¿piensa que Rukia dono, volverá a este infierno?

—¿Infierno?... –sonrió maliciosamente- este es el paraíso

Alzo sus manos como si alabase grandemente a la Sociedad de Almas. En contraste los Capitanes le daban silenciosamente la razón a Hisaishi, hacia tanto que vivían en el infierno; que ya no recordaban su último momento de paz verdadera. ¿Hacía cuanto habían perdido el paraíso?

—No la casaré nunca

—No es un opción –avanzaba hacia él- es una orden de la Cámara de los Cuarenta y Seis –se detuvo a un paso de él- ¿quiere acaso, ir contra nosotros?...

—Parece que ustedes no lo comprenden –le mostró su índice- el significado de la palabra "no" –la entono-

—Veo –retiro la mano del noble- que al parecer esta dispuesto a enfrentar la ira por su insurrección

Esperaba que con la amenaza el hombre cediese.

—Ustedes son quienes no han comprendido –mutismo- no son nada sin la Sekushon Kuroi, sin el satsujin kibō –lo encaro- no hay razón para asustarse –hablo con bastante decisión- el único motivo por el cual todos les temían era por los kurois a su servicio. Pero con sus ryoushis, ¿por qué habría que preocuparse? –le dio la espalda- han hecho que su caída sea mucho antes de lo que ustedes mismos esperan

Comenzó a retirarse, Midori estuvo a punto de ir y tomarlo de su cabellera, de arrastrarlo por el suelo y que le implorase por su perdón. Sin embargo, Kaoru hablo antes de que actuase.

—Por cierto –se detuvo- los Clanes de toda la Sociedad de Almas, retiramos nuestro apoyo hacia la Corte de los Espíritus Puros –suspiro- dieron la orden de ejecutar al máximo representante de las familias nobles –se ladeo y lo miro de reojo- es un acto tan poco decoroso que no podemos olvidar y perdonar –observo la sorpresa del blondo- por cierto, ninguno de sus Capitanes nos ha dicho absolutamente nada –los miro- podría decirse que fue un gato el que nos lo dijo –contemplo la impresión en estos- sino vuelvo al funeral, deberá de encarar no solo a los Clanes, también al Rukongai –exhalo- desde esta noche, todo nuestra ayuda será únicamente para ellos

Chiaki apretaba con fuerza sus puños. Aquello que habían previsto como su gran muestra de poderío ante los Capitanes, por esperar ver sobajado a un noble a sus pies. Se había ido a la basura. Hisaishi Kaoru, lo había humillado claramente.

—Ya hay una ley que obliga a todos a dar un pago hacia la Cámara –externo ufano el rubio- ¿se había olvidado de eso –se cruzó de brazos- Hisaishi?

—Para nada –susurro- pero en vez de preocuparse tanto por el dinero aquí –le abrieron la puerta- yo le temería más a la represalia de Kurosaki Ichigo –se detuvo- ¿quién tiene el poder para detenerlo?...

Cuando abandono la nueva Cámara estaba a punto de vomitar. Y no fue hasta que estuvo en una callejuela del primer distrito, que le brindo el muy necesario alivio a su estómago. Presa del pánico y la tensión acumulados, se dejo caer pesadamente al piso blanco. Ese lugar, casi lo asfixiaba; el mantenerse con esa actitud habían requerido de todo su control.

—¿Le has dicho lo que acordamos?

Miro a un gato negro de ojos amarillos, el cual caminaba hacia él mientras movía su cola.

—¡Creía que iba a morir –se lamento en voz baja- y el lo habría ordenado Yoruichi dono! –estaba a punto de llorar- ¿Por qué me hizo decir esas cosas, y cuál es la importancia de mi comportamiento frente a la Cámara y los Capitanes?

Seguía lamentándose, mientras se halaba de su cabello.

—No seas tan patético –lo reprendió- con esto has ganado más tiempo del que te imaginas, Hisaishi –miro hacia la Corte de los Espíritus Puros- esa ley, no entrará en vigor hasta la siguiente primavera. Y sin el apoyo de las familias nobles, están muy limitados por el momento en su expansión

—Yoruichi dono –hablo un poco más calmado- ¿cómo cree que termine todo esto?

—No lo se –se coloco sobre el hombro del hombre- pero –él se levanto- debe ser mejor que esto

Alzo su vista, y se fijo en la gran esfera blanca del cielo nocturno. No era una experta astrónoma, pero sabía que en un mes no podía haber más de dos lunas llenas. Algo más iba a suceder pronto, su instinto se lo advertía.

Por ello, ingreso sigilosamente en el funeral de los Capitanes; se mostró frente a ellos con su verdadera apariencia. Y les había informado aquello que nadie en la Corte de los Espíritus Puros podrían decirles, que esas muertes fueron ordenadas por la Cámara; no habían sido un acto de traición como lo habían querido hecho ver. Lo cual arranco una clara indignación en los nobles presentes.

Ellos, que durante siglos habían apoyado incondicionalmente a la Cámara de los Cuarenta y Seis; habían ordenado la ejecución de su máximo representante. En el pasado, y como un total apoyo a la familia Kuchiki; nunca nadie realizo alguna propuesta de matrimonio contra la desvalida hermana de Byakuya o la Hakata Ningyo. Era lastimero el contemplarla.

Ahora, los Clanes más importantes y poderosos tenían una razón para darles la espalda a la Cámara. Los culpaban de la muerte de Kuchiki Byakuya y del secuestro de Kuchiki Rukia a causa del monstruo que ellos habían creado.

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Domingo, tercera semana, séptimo mes, Hueco Mundo, 22:57 pm

—¿Sigues molesto, Ishida kun? –le externo cuando entraban en el Departamento de Ciencias- yo no soy la persona indicada para decirle a Kuchiki san, que su hermano y la Capitana Unohana no están muertos –lo miro de soslayo- Kurosaki kun debe decirle, y rendirle cuentas a ella. Para poder seguir adelante…

—Tal vez es hora de decirle a Kurosaki, que nosotros somos los responsables por abrir el Senkaimon –se cruzó de brazos- ¿no lo crees Inoue san?

—No me parece una buena idea –hablo alguien más- su carácter es sumamente explosivo, podría al final todo acabar de una manera en que ustedes mismos no lo esperen

Urahara Kisuke les abrió personalmente la puerta, para que ingresaran y fue quien había hablado. Orihime, le había permitido el usar ese departamento con total libertad. Sin embargo, la personal mirada de Grimmjow era lo único que le dificultaba el sentirse tan libre como lo hubiese deseado. El arrancar por extraño que parezca era el encargado del Departamento de Ciencias. El cual solía tener ideas extravagantes, y su pobre gente era la responsable de llevarlas a cabo. So pena de un muy lastimero castigo. La antigua espada se encontraba en una esquina, comiéndose una manzana.

—Gracias, Urahara san. ¿Grimmjow –lo miro- por qué, no animas un poco a Kurosaki kun?

El hombre no era tonto. Bien sabía que la intención de la princesa era el mantener una conversación privada con el rubio, a regañadientes de alejo de la esquina y camino hacia el trío.

—Ulquiorra no querrá que te deje sola aquí –mordisqueo su fruta- Inoue…

—Yo me disculparé con él más tarde, Grimmjow –le abrió la puerta- por favor, hay algo muy importante que debo discutir con Urahara san e Ishida kun

—Eso es suficiente como, para hacer a un lado a las personas con quienes has vivido los pasados cien años

—No voy a traicionarlos –le sonrió amablemente- por ello no debes preocuparte –exhalo- necesito terminar los detalles. Por desgracia por el momento necesito dejar todo en claro –se avergonzó- antes de hablar con ustedes. Por favor, confía en mí

Silencio.

Grimmjow, miro a los hombres con cierto desprecio y luego una vez más a Orihime. Tomo aire y abandono silenciosamente el Departamento de Ciencias. Quizás el incitar a Ichigo a una pelea le animaría debidamente, del mal rato que ella le había hecho pasar.

—¿Todo bien, Urahara san?

Exclamo al momento de cerrar la puerta y dar inicio a una muy ansiada conversación.

—Él, realmente no tiene idea alguna de la importancia de esta área –expreso tristemente- solo se la pasa dándoles ordenes a esta pobre gente

—Si, cuando se reorganizo el Tengoku, él se ofreció voluntariamente para tomar esta área –exhalo- en ese entonces se le llamaba Departamento de Desarrollo –ella sonrió recordando- Grimmjow tenía la idea de que formaría parte de la ofensiva estratégica

—Quien ostenta ese puesto es tu amante, ¿cierto?

—Perspicaz como siempre

Ishida aclaro su garganta y ambos lo miraron. Quería terminar con esa terrible tensión que se generaba rápidamente. Tenían los minutos contados, para la ejecución de Yamamoto. Y, los detalles finales debían quedar claros en el acto. Era tonto el dar inicio a discusiones que terminarían restándoles el muy valioso tiempo, que en ese instante se les escapaba de sus manos.

—Luego cotilleen sobre eso –hablo molesto- hemos venido a saber como va todo, Urahara san. ¿El Senkaimon, desaparecerá a la hora acordada?

El blondo cojeo hacia una maqueta de la Sociedad de Almas. Al parecer les explicaría todo el asunto bajo un viejo procedimiento militar. La estructura que contemplaban era una réplica exacta de altar de ejecuciones donde el anciano pasaría a mejor vida. Pronto las memorias de antaño, se manifestaron.

—Justo cuando el dúo terminal se libere –lo señalo- una gran onda de poder se manifiesta en el acto. El cual tiene el poder de un millón de zanpakutōs, en ese momento el eclipse dará inicio –silencio- la energía contenida en ambos fenómenos creará una severa distorsión en la Sociedad de Almas, lo cual permitirá la anulación del Senkaimon por un tiempo –los miro- en teoría debería de funcionar –exhalo- nunca se ha intentado, pero creo que será más que suficiente. Si todo resulta como lo espero, tendrán dos horas de este fenómeno –se acomodo su sombrero- cuando la luna negra deje de cubrir al sol…

—¿En teoría? –lo interrumpió Ishida- no tenemos tiempo para hacer pruebas

—Siento si no tienes muchas expectativas –se incómodo- pero, te recuerdo que es lo mejor que puedo hacer con tan pocas horas –afonía- en la Sociedad de Almas, nunca ha habido un eclipse –les informo- nuestro cielo es un reflejo del existente en el mundo humano. Sin embargo, a diferencia de la tierra no existe nada más allá del cielo. Pueden pasar mil cosas –sonrió- pero te aseguro que será memorable

Mutismo.

—Dos existencias ligadas por un reflejo –musito ella- ¿cuál es entonces el reflejo de este sitio?

Lo miro intrigada.

—No lo se pequeña –le respondió el rubio- aquí no hay estrellas –exhalo- en este momento una luna nueva ya se debe estar alzando rápidamente por el cielo en la Sociedad de Almas –les indico- estoy seguro que con tantos problemas ahí, muy pocos le han prestado atención a lo que ocurre por sobre sus cabezas. Por el momento es el menor de sus males –afonía- ¿por qué sacrificaron todo por Kurosaki y Kuchiki?, es algo que nunca he comprendido

Urahara los examino seriamente con su mirada. Con el pasar del tiempo, jamás pudo llegar a entenderlos plenamente; que los había orillado a tomar tan drástica decisión en sus jóvenes vidas.

—Somos amigos –hablo ella- antes de que ese lazo se formase entre nosotros, yo siempre estaba sola –sonrió con tristeza al recordar- pero, cuando Kuchiki san llego a nuestras vidas todo cambió. Por primera vez quise luchar por proteger a alguien más –miro sus manos- me di cuenta que para cumplir mi deseo hay más de una forma –exhalo- no es necesaria la fuerza bruta, para cuidar de quienes queremos

—Te has vuelto muy importante en este mundo –pensó detenidamente sus próximas palabras- te idolatran al borde de una deidad, ¿por qué, Inoue san?

Orihime adopto una actitud un tanto infantil. Coloco sus manos bajo su pecho, miro el techo mientras meditaba su respuesta.

—Tal vez por que les he dado lo que desean –lo miro- cuando Ulquiorra sama me busco en el mundo humano, dos días después de que retorne me comento todo lo que la Cámara de los Cuarenta y Seis planeaba. Y me pregunto, ¿qué haría por proteger a Kurosaki kun?

—Él, no tenía una razón para buscarte y decirte eso -acoto el blondo-

—Tiene razón, Urahara san. Pero, ellos necesitaban de mi poder –susurro- no hay tantos especialistas en las artes curativas aquí, así que luego de la Guerra este sitió quedo sumamente devastado –exhalo- y la gran mayoría de los involucrados en una terrible condición

—Y los curaste a todos, Inoue san –hablo el rubio- por ello estaban en deuda contigo –suspiro- y te permitieron el estar aquí

Ella le negó con su cabeza.

—Realmente, Ulquiorra sama pudo haberme obligado a venir. Ya lo había hecho una vez, además de que físicamente su fuerza excede a la mía con creces…

¿Qué estás dispuesta a hacer para proteger a ese hombre, mujer?

Se paseo lentamente por la sala de su apartamento, mientras admiraba minuciosamente la decoración del hogar femenino.

¡No… no… puede ser cierto lo que me dices?

Ella cogió su atención por el nerviosismo de su voz.

¿Por qué...? –exclamo con indiferencia- mujer

Porque, las personas que ahora están en la Cámara son buenos individuos y…

Fue la primera vez que Orihime escucho al arrancar reír tan graciosamente, ante algo dicho por ella.

¿No aprendiste de lo que has vivido? –camino hacia ella- has conocido a gente muy mala que habitaba en la Sociedad de Almas –cogió un mechón de su cabello- y a otros más que te han tratado muy bien en Hueco Mundo, a pesar de su naturaleza –hizo un par de rulos- ¿crees que un alma no se puede corromper por el poder, con el paso del tiempo –lo soltó- Orihime?

Se impresiono en sobremanera. La había llamado por su nombre. Pero, lo que más la impacto fueron sus palabras. Aizen, había vivido engañando a todos con su bondad durante siglos. Supuestamente solo la gente buena llegaba a la Sociedad de Almas; el resto iba al infierno. Y aquellos desdichados, acababan su existencia en Hueco mundo. Por lo tanto las palabras del arrancar eran muy ciertas.

¿Y, entonces aceptaran que ellos les entreguen a Kurosaki kun? –apretó sus puños- ¿por qué, simplemente todo el mundo no desea vivir en un sito donde ninguna persona de las que apreciamos tenga que sufrir? –su rostro se puso melancólico- ¿por qué, sencillamente nadie puede olvidar que no importa la naturaleza bajo la cual vivimos? –lo encaro- lo que todos quieren es vivir…

Vivir –repitió- ¿tu quieres vivir? –acaricio su mejilla- nuestro mundo esta casi aniquilado, Aizen sama nos llevo al borde de nuestra propia extinción –susurro- quedan menos de diez arrancars de algo nivel –se lamento- mientras que la Sociedad de Almas, aún cuenta con sus Capitanes, Tenientes y aquellos que se hacen llamar vizards –continuaba con su mimo- si nos atacasen ahora, seguramente no podríamos defendernos apropiadamente

¿Entonces, por qué la Cámara les han dicho que les entregaran a Kurosaki kun?

Quieren nuestra lealtad hacia ellos…

Orihime, dio un paso hacia atrás asustada.

El poder corrompe, con este viene la oportunidad de dominar a los débiles

Y ustedes han acepado, ¿cierto?

Se dejo caer al suelo derrotada. Sabiendo que la tentación sería demasiada frente a los sobrevivientes de Hueco Mundo; habían perdido la Guerra a causa de la interferencia de Ichigo. Se desespero aún más, al recordar su visita hacia Rukia. La cual era incapaz de reconocer a cualquiera. Sin embargo, cuando la abrazo al despedirse pudo sentir un breve momento de lucidez en ella. Sado, le dijo que era solo su deseo. Pero, Orihime sabía que eso no podía ser.

¿Déjame adivinar, estás aquí para hacer un trato –lo miro tristemente- yo, voy a Hueco Mundo y ustedes me prometen que no lastimaran a Kurosaki kun? –bajo la mirada- debí suponerlo…

Susurro tristemente. Ulquiorra se agacho y la tomo por el mentón, sus miradas se encontraron un largo tiempo. Antes de que él hablase.

Tenemos nuestro orgullo –se molestó- por más difícil que sea nuestra situación, jamás nos sobajaríamos ante la Sociedad de Almas –le informo fríamente- puede que no lo parezca –exhalo- pero, por primera vez deseamos protegernos entre nosotros mismos… no, podemos permitir que nuestra raza se extinga

No comprendo entonces –sus palabras la confundían- Ulquiorra

Es una petición de nuestra parte –dijo al fin- te he dicho lo de Kurosaki, para que lo pongas al tanto de su situación –la soltó y se levanto- en este momento se ha formado un grupo en Hueco Mundo, que esta dispuesto a pelear si se requiere –silencio- pero, necesitamos de tus habilidades para ayudar a varios

Inoue alzo muy lentamente su cabeza y lo miro.

Iré a Hueco Mundo –se levanto- sin embargo, quisiera que hicieran algo por mí

¿Qué cosa?

Antes, mencionaste que la Cámara les entregaría a Kurosaki kun –cerró sus ojos y respiró hondamente- pídeles que te entreguen la zanpakutō de Kuchiki Rukia

Ahora, Ulquiorra era el anonadado. No obstante se mantuvo tranquilo. Siempre creyó que le suplicaría el que no se acercaran al chico.

¿Por qué esa zanpakutō?

Ishida kun me dijo que esta en el Torikago –miro al hombre y comprendió que no sabía de que le hablaba- el lugar donde guardan las zanpakutōs de todos aquellos que han muerto –le informo rápidamente- si, lo que me has dicho es cierto, no quiero que la lastimen de alguna manera –afonía- no pueden lastimar a Kurosaki kun físicamente –exhalo- solo a través de ella podrían hacerlo

¿Cómo podría pasar eso?

Siento –toco el pecho del hombre en su corazón- su dolor aquí –le señalo- debo encontrar una manera para ayudarla –sonrió con tristeza- ella es la única a quien Kurosaki kun escuchara… Mi voz no puede alcanzarlo, como lo hace Kuchiki san –retiro su mano- al cuidar de Rukia, lo protegeré a él; no puedo permitir que pierda la luz…

—¿Inoue san?

Ishida se le acerco y le toco ligeramente su hombro. Estaba bastante emancipada en sus recuerdos, que los últimos minutos se mantuvo alejada de la realidad.

—Disculpa –le sonrió- ¿entonces, Urahara san podemos proceder sin problemas?

—Si –acomodo su sombrero- por cierto, estos cuerpos falsos suyo –miro el recipiente de Sachiko- so algo que jamás se me habría ocurrido, un contenedor que les permite adquirir una identidad completa y distinta –sonrió al tocarlo- lo mejor de todo es que oculta el poder espiritual –suspiro- al final, creo que ese sujeto tiene buenas ideas –reconoció- muy buenas

Silencio.

—¿Urahara san, tengo un favor más que pedirle? -hablo ella-

—Yo también, Inoue san –la miro- quiero que me ayudes a terminar con todo esto –exhalo- para dar el inicio al verdadero cambio

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Mientras Grimmjow se encontraba recorriendo el Tengoku en busca de Ichigo; se encontró a Rukia parada en un balcón, admirando la soledad de las arenas de Las Noches. Desde la distancia pudo distinguir claramente lo abatida que se mostraba. Carraspeó en su andar hacia ella. Orihime les había pedido, mientras ellos estaban inconscientes el mantener en absoluto silencio el hecho de que los Capitanes estaban aún con vida. Aduciendo que era la responsabilidad de él, el decírselo a ella.

—No hay nada que ver ahí, mujer

Se paro detrás de ella con las manos en sus bolsillos. Esperaba algún sórdido comentario de su parte. Sin embargo, Rukia se mantuvo en silencio con la mirada perdida en la nada frente a ella.

—Quisiera estar sola –musito- por favor

Se ladeo un poco y lo miro. Grimmjow le observo sus ojos rojos por tanto llorar, y sintió lástima por ella. Exhalo y se paro a su lado.

—¿Por qué no lo encaras?

Rukia sonrió con tristeza y bajo su rostro.

—Ya no es el Ichigo que conocí –contemplaba sus manos- esa persona murió hace cien años –susurro- no hay nada que tenga que decirle a él

—¿Realmente –la tomo de su mentón- eres consciente de que tu ayudaste a darle vida a ese monstruo, que tanto desprecias ahora?

Rukia intento abofetearlo, no obstante, Grimmjow reacciono a tiempo y tomo su mano con fuerza. Esa misma que tenía aun lastimada por la intromisión de los arrancars de bajo nivel. La sujeto y la alzó, hasta que sus rostros quedaron frente a frente.

—¡Eres una pequeña fiera –comento socarronamente- Orihime nos contó que tú no le hiciste caso a él, cuado te pidió que te fueras –silencio- tu necedad y terqueza crearon el infierno en que convertiste su existencia. La única culpable eres tú!

Con su mano libre intento rasguñarlo, pero una vez más él actúo rápidamente. Entonces quiso usar sus piernas, sin embargo el kimono no le daba tanta facilidad de que las moviera como lo necesitaba. Para propinarle un muy merecido golpe, ante la acidez de sus palabras.

No supo como, pero ante lo siguiente que reacciono fue cuando toco el suelo. La abertura de su ropaje, mostraba completamente sus piernas; no obstante el arrancar yacía en el piso también. Alguien lo había golpeado certeramente en su mejilla, puesto que lo vio como se sobaba. Aterrizó a un metro de ella, un individuo estaba de pie entre ellos.

—¡Cúbrete! —le ordeno Ichigo, ella de inmediato obedeció.

—¿Qué hacías, Grimmjow?

El arrancar se sentó en el suelo, mientras reacomodaba su quijada al abrirla y cerrarla varias veces. Luego irritado lo miro. Le había tomado por sorpresa, era su error por olvidar que él no emitía poder espiritual alguno. Prácticamente podría estar en cualquier parte y nunca nadie lo sabría.

—Charlar con ella –expresó irónico- ¿tú que creías? –se levanto y acomodo sus ropas-. No es mi tipo de mujer, si es que te imaginaste otra cosa, Kurosaki –siseo-. Es linda lo admito, pero demasiado inocente para mí –sonrió con sarcasmo-. Te apuesto a que nunca ningún hombre la ha tocado jamás –señalo hacia ella- ¿cierto, dulzura? –expreso divertido al verla como se sonrojaba-. Venía a pelear un rato contigo –le dijo-, pero mejor los dejo para que arreglen sus problemas.

Lentamente se alejo del par. De inmediato ella se levantó y se retiraba también, pasaría el resto de la tarde en la habitación que le habían designado en el Torikago. No tenía intención alguna de estar cerca de Ichigo por el momento. Cada ve que pensaba en él, sentía un terrible deseo de llorar. Sabía que Grimmjow tenía algo de razón, pero mucho era el resultado de la culpa del que una vez fue su amigo.

—Tenemos que hablar –detuvo su marcha-, Rukia

—No hay nada que nos tengamos que decir –hablo insensiblemente-, Kurosaki –lo miro-. Mataste a mi hermano, la persona que cuido de mí con cariño el último siglo –le espetó- a la Capitana Unohana, una mujer que nunca hizo nada malo con nadie; cuyo único error fue conocerte –siseo-. Y no se a cuantos inocentes humanos, almas –se cruzó de brazos- y posiblemente huecos –se iba una vez más-. Así, que no comprendo que tienes que decirme.

No dio ni dos pasos cuando Ichigo la sujeto de su antebrazo. Irritada intento alejarse, sabía bien que a diferencia de Grimmjow él no detendría sus golpes contra su persona. Pero, no tenía intención alguna de hacerlo.

—¡SUÉLTAME, ANIMAL!

—¡No hasta que hablemos –la acerco a él- quieras o no!

El trayecto hacia la sala en la habitación de Ichigo, no les tomo más que unos veinte metros. El balcón, donde él la había encontrado era uno de los tantos que existían en el área residencial del Torikago. Cuando ese palacio fue construido, Orihime había pedido un palco para ella, para poder sentir la suave brisa en Las Noches. Al final, como un detalle hacia la princesa se había decidido añadir una zona especifica de estos. Le abrió la puerta y espero a que ella entrase.

—¡NO QUIERO HABLAR CONTIGO, ¿TANTO TE CUESTA ENTENDER?

Al llamarlo, ella no lo miro. Ichigo había liberado su antebrazo al entrar en la recámara. Sin embargo, la empujo con poco decoro para que ingresara. Poco después, Ichigo se recargo contra la puerta; bloqueando la única salida que Rukia tenía.

—¡¿Realmente crees que te mereces que te escuche, Kurosaki? – se cruzó de brazos y le dio la espalda- ¡lo que te dije en el balcón es la única verdad! –hablo furiosa- supongo que Inoue te lo dijo –susurro-, siempre comprendí el mundo a mi alrededor –se le formo un nudo en su garganta-. ¡MIRA EL MALDITO MONSTRUO EN QUE TE HAS CONVERTIDO ICHIGO –lo encaro-, NO ERES MÁS QUE UN MISERABLE ASESINO!

Silencio.

—¿Ya te sientes mejor –exhalo- o necesitas más insultos contra mí?

Esas palabras, esa manera de hablarle le hicieron como su sangre le hervía. Eran como dagas en su corazón, ¿por qué sencillamente no le pedía disculpas? Se abalanzó contra él, lo golpeo varias veces en su pecho. Ichigo no se defendió en lo absoluto; cansada, se alejo un poco de él.

—¡TE ODIO, TE DESPRECIO. ¿CÓMO PUDISTE HACER ESO?

—Había una razón…

—¡NI SIQUIERA SABES DE LO QUE TE HABLO IMBÉCIL!

Al momento de abofetearlo, también lo rasguño en la mejilla. Por lo que de tres delgadas líneas, broto un poco de sangre.

—¡ESTUVISTE A UN PASO DE VIOLARME, ANIMAL!

Afonía.

Ichigo cerró sus ojos y comprendió.

—Te deseo…

Fue su simple respuesta. Directo se abalanzo contra ella y la beso posesivamente. Mucho más que la última vez que había probado esos labios, cuando se dispuso a crear la caída del telón de esa obra. Sus largos pasos la acorralaron directamente contra la siguiente puerta, la cual daba el acceso a la recámara principal. Rukia debía detenerlo, sabía muy bien cuales eran sus intenciones al haberla llevado a ese sitio. Ella no estaba dispuesta a entregarse al hombre que había asesinado a su hermano. La necesidad de aire los obligo a separar sus labios. Rukia, comenzó a forcejear para alejarlo.

—¡Pues, yo no te deseo –le espetó- así que déjame ir!

—Mientes –acarició su cabello- has estado esperando esto tanto como yo… -susurro contra su oído- Rukia…

—¡Claro –ironizó- deseo desesperadamente que el bastardo que mato a mí única familia me!…

La sorpresa la tomo una vez más. Ichigo la tomo por su trasero y la alzó de sus piernas. Pero antes cuando le hacia esto la había desatado parte del cuello de su kimono y abriendo el hadajuban (2), exponiendo parte de su piel a él.

—¡MALDITO, YA TE DIJE QUE NO PIENSO ENTREGARME A TI!

Lo mordió con fuerza de su oreja izquierda, que lo hizo gritar de dolor. Seguramente, si trataba de alejarla ahora de él, le arrancaría un pedazo de la misma. De forma salvaje, le dio un puntapié a la puerta y entraron a la siguiente habitación. Rukia, continuaba incrementando su fuerza, esperando soltarse y escapar. Sin más, la suave cama los recibió.

—Si quisieras huir realmente, sabías bien que podrías –hablo con dolor- pero tu quieres esto tanto como yo…, ya no puedes negar ese hecho… -le susurro-

Hubo un largo tiempo en el que se mantuvieron en esa postura en el lecho. Ichigo tenía razón, y Rukia lo sabía. Él bien la habría podido dejar salir si ella realmente se hubiese esforzado. Soltó su oreja, él iba a besarla; no obstante, ella lo mordió con fuerza de sus labios, sangrándolo. Cuando Ichigo se alejo y vio su sangre por sobre los belfos de Rukia.

—¡Así lo quieres, Rukia –se enfado- entonces así te lo daré!

No existieron las suaves y tiernas caricias. Ni las palabras hermosas, mucho menos el inocente coqueteo. Simplemente abrió el kimono junto con el susoyuke (3) y así entro en ella. De un solo empujón y sin haberla preparado adecuadamente, de esa fría manera la tomaba por primera vez. Rukia enterró con fuerza sus uñas en la espalda de Ichigo. Solo sus senos estaban al descubierto, por otra parte lo único que él hizo fue liberar su dureza e ingresar así en ella.

Le había dolido, tenía que admitirlo. Pero, en comparación con la desdicha de su corazón no había igualación alguna. Eso no era nada.

Casi al instante, Ichigo comenzó a moverse. Quizás avergonzado, tal vez por temor oculto su rostro en el cuello de Rukia. Entonces, ella hizo lo que él jamás deseo más allá de la forma en que había ingresado en su cuerpo. Solo el movimiento de la cama, era la única evidencia de los que sucedía. Ninguno de los dos pronuncio algo. No gemidos, no suspiros… simplemente nada… Luego de varios minutos en esa posición, Ichigo llego al pináculo del placer. Ignoraba por completo si Rukia había tenido algún espasmo, por ese encuentro. Sintiéndose la peor persona por la forma en que la había hecho mujer, se limito a quedarse sobre ella. Ya nunca más podría mirarla a los ojos. Finalmente, Rukia rompió en llanto, y supo que era debido a él ¿Por qué todo lo que tocaba, terminaba siempre destruido por sus manos?

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—¿Estás seguro, Urahara san?

Ishida hablo temeroso de la propuesta del rubio. Orihime por otra parte estaba pensativa. Ulquiorra les hacía compañía desde hacía un buen rato, al ser el responsable de la ofensiva del Torikago, y porque negarlo de Las Noches también.

—¿Qué opinas, Ulquiorra sama –le hablo ella- podría funcionar?

El citado medito algún tiempo, su respuesta le daría un cambio completo al resultado de su pronto enfrentamiento.

—Remotamente –los miro- todo depende de que tan bien sea la actuación de todos

—Yo hablaré con Kurosaki –exclamo el blondo- será lo mejor

—No –Orihime interrumpió- estoy más que segura que no aceptara nunca algo así –exhalo- esta dispuesto a pagar por todo lo que ha hecho este tiempo –hablo impacientemente- le pediré a Sado kun que hable con él mañana temprano

—¿Mañana? –se exalto- ¿no es mejor no dejar cabos sueltos por el momento, Inoue san? –hablo en Quincy- aún tenemos tiempo para no dejar sorpresas desagradables

Ella negó suavemente con su cabeza.

—Esta con Kuchiki san –les dijo- necesito que ambos se perdonen, para que realmente exista una oportunidad para ellos –suspiro- de otra forma todo habría sido en vano –recorrió la maqueta del altar de ejecuciones- todo esto es un déjà vu…, pero esta vez soy yo la directora de esta obra –musito- lo único malo..., es que aún no se como terminara esto

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En Las Noches, era difícil conocer con exactitud el paso del tiempo. Cuando Ichigo entreabrió sus ojos en medio de la oscuridad, se encontró a Rukia sentada a horcajadas sobre él. Su vista aún no se acostumbraba a la penumbra, por lo que no podía distinguir bien cuales eran sus intenciones en ese momento.

Después de lo que había sido su primer encuentro, él no se molesto siquiera en moverse de la postura en que terminaron. Así, que ambos se habían dormido de esta manera; él sobre ella. Por lo que al despertarse y encontrarla ahora encima de él le genero un sobresalto en sus emociones. La tela de su kimono la protegía de mostrarse desnuda frente a él. Ella misma, se había retirado el obi, el hadajuban y susoyuke. Entonces, Rukia hizo lo último que le paso a él por la cabeza. Deslizo suavemente la tela por sus hombros, hasta quedar completamente desnuda ante sus ojos. La impresión fue inusitada, se quedo impávido admirándola bajo la única luz que entraba por al alta ventana. La silueta de su sombra se reflejaba en la pared contigua.

Ella se agacho y lo beso suavemente.

—¿Estaré soñando?

Se dijo el varón. Dudaba mucho que la verdadera Rukia hiciese algo así, luego de todo el daño que le había hecho. Pero, gustoso la beso. Si bien, fuese solo una fantasía necesitaba desesperadamente una razón para no caer ante la oscuridad. Cuando el aire hizo falta, ella hablo.

—No sabes cuanto de odio, Ichigo… -lo miro fijamente y llena de dolor-. Pero… te amo mucho más... –derramó algunas lágrimas-. Así, que aunque solo sea esta noche en que pueda perdonarte –silencio-, te suplico que me hagas el amor –cerró sus ojos-. Quiero al menos una última buena memoria de ambos, porque mañana ya no habrá otro día…

Cuan ciertas eran esas tristes palabras.

Ichigo la acerco a él y la beso suavemente, con tanta pasión que en ese instante apartaron todo el dolor que sus corazones sentían. En el medio de la noche, ella se estaba entregando a él.

Era algo tan dulce, inocente y sensual.

Lamento la demora –se excuso Orihime- pero realmente nos costo trabajo encontrar esa vieja vestimenta –lo miro- ¿cierto, Ishida kun?

Si –acomodo sus anteojos- Inoue san

Siéntate junto a Kurosaki kun por favor –le pidió- bueno… -se puso pensativa- primero quiero agradecerles por esta aquí –les sonrió- gracias –les hizo una reverencia con mucho respeto- también por permitirme estar junto a ustedes todo este tiempo y apoyarme incondicionalmente –se levanto- sin su ayuda todo sería inútil

Sin tu ayuda a nosotros, esto no existiría

Hablo Barragan por los arrancars presentes.

Ishida kun, por favor

Le pidió que los pusiese al tanto.

El lunes a medio día el Comandante Yamamoto será ejecutado por máxima traición –les informo- el Dúo Terminar es el único medio para asesinar a una persona de ese rango en la Sociedad de Almas. Es el mejor momento para intervenir

¿Entraremos a la Sociedad de Almas? –indago Halibel- ¿cómo lo haremos para que pase desapercibido para el resto de ese lugar?

Se abrirá una garganta, -hablo Ulquiorra- exactamente igual a la que él uso cuando abandono ese sitió hace cien años –silencio, todos comprendieron de quien hablaba- el trabajo de nosotros es evitar que él muera

¿Por qué ese viejo es tan importante?

Exclamo hastiado Grimmjow.

Porque es el único que puede hacer que el futuro sea realmente distinto –hablo Ichigo- además, es culpa mía que se le haya acusado de traición –suspiro- no puedo permitir que pague por mi error

Deberías dejar de imputarte todo, Kurosaki –lo reprendió Stark- todo lo que hoy existe ahí, es el resultado de lo que todos ellos crearon –lo señalo- hay muchos más culpables

Pero, yo le propuse matar a Byakuya y Unohana –lo miro- nadie más –exhalo- no se como, pero el Senkaimon se activo y termine arrojándolos a través de el –se impaciento- si eso no hubiese pasado –silencio- realmente los habría asesinado… -miro sus manos- por desgracia no tengo idea de donde están –se lamento- así, que es casi como si realmente los hubiese matado

¿Inoue san? –hablo de mala gana Ishida- ¡debes!...

Ella lo silencio con su mirada.

¿Cuál es el plan entonces?

Indago Yammi, mientras se cruzaba de brazos y escuchaba detenidamente.

Detener la ejecución del Comandante de la Corte de los Espíritus Puros, es lo que nos corresponde Yammi –dijo Ulquiorra- ya se los había dicho

¿Qué hará él? –señalo Yammi a Ichigo- me suena a que haremos la parte sucia del trabajo

Yo –hablo Ichigo- me encargaré de ejecutar a la Cámara de los Cuarenta y Seis –los miro en general- detener la ejecución es riesgoso. Seguramente Lord Kikou será liberado, tiene la apariencia de un ave enorme pero… -silencio- tiene el poder de un millón de zanpakutōs –les dijo- sin contar con que seguramente a los Capitanes no les agrade mucho su presencia en la Sociedad de Almas –sonrió sarcásticamente- estarán bastante entretenidos

¿Y luego que, Ichigo? –lo encaró Nell- ¿cómo sabremos que todo el teatro se ha términado?

Cuando yo guarde mi zanpakutō, Neliel –hablo Ulquiorra- entonces será el momento para volver a Hueco Mundo

¿Qué planeas realmente Ichigo? –se enfado la mujer de cabellera verde- si matas a esos sujetos, no habrá un lugar en donde puedas estar a salvo –se enfado- ni siquiera en Hueco Mundo estarás bien, si la guardia real llega –le arrojo su taza de té al rostro- ¿en qué demonios estás pensando? –silencio- ¿qué hay de ella? –señalo hacia la puerta- ¿que le sucederá, piensas abandonarla aquí?...

Afonía.

¿Inoue? –la miro- ¿puedo?...

No hace falta que lo pidas, Kurosaki kun –le sonrió- cuidaré de Kuchiki san te lo prometo

¡Inoue?

Se levanto Ishida. Sin embargo, Ulquiorra que estaba a su lado lo tomo de su hombro y lo sentó una vez más. Discutir era algo inútil, si él ya había tomado su decisión.

¿Le dirás al menos que ellos no están muertos como ella piensa –coloco sus manos bajo su barbilla- Kurosaki kun?

No –exhalo- prefiero que hasta el final ella me desprecie por lo que cree que hice –silencio- a que me tenga lástima por lo que me he convertido

Él estaba tan cansado, sin embargo, se plació al recorrer lentamente su espalda y la cubrió con la tela de su kimono.

—¿Ya es hora, Władysław Tatarkiewicz?

—Si, mistrz –el adjucha a su servició salio de la pared- acabo de llegar mistrz, no he sido testigo de su encuentro –miraba el suelo- tiene una hora para estar listo, temo decirle que se ha saltado el desayuno

Ichigo sonrió divertido.

—Ha valido la pena

—El agua estará dentro de poco

Ichigo ya no le respondió y el adjucha ingreso para prepárale su baño. Una vez más miro a Rukia, en ese momento la contemplo sumamente inocente y hermosa. Su respiración ya era más tranquila, la había cansado demasiado. No obstante, su intención jamás fue despedirse de ella.

Escucho la puerta del baño abrirse e ingreso. Paso algún tiempo más. En ese momento, Władysław Tatarkiewicz no abandono el baño, intuyo Ichigo que se debía a Rukia. Cuando iba a vestirse, observo dos prendas iguales a las de su bankai. Una negra y la otra blanca.

—¿Mistrz?

Ichigo tomo el ropaje blanco y se lo puso. Con el menor ruido posible abandono la habitación en donde Rukia aún dormía. Al salir, se llevo una grata sorpresa.

—¡¿Chad?

—Ha pasado tiempo, Ichigo –silencio- ¿podríamos hablar un poco, por favor?

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Lunes, cuarta semana, séptimo mes, Sociedad de Almas, 11:43 am

Los ocho Capitanes restantes miran de forma muy acongojada al anciano que caminaba con esa bata blanca, hacia el altar de ejecuciones. Abarai Renji, fue internado nuevamente luego del ataque de Chiaki contra él; ya que sus heridas volvieron a manifestarse con mayor frenesí.

Y no solo estaban ellos, también se contaba con la presencia completa de los cuarenta jueces y los seis orden mayor, los tenientes no fuero requeridos durante la ejecución.

Con pasos lentos y de la misma manera en que una vez Rukia anduvo hacia su muerte, lo hicieron que mirase por última vez a todos aquellos a los una vez había guiado. Los Capitanes serían testigos de su expiración.

—¿Algunas palabras finales, Shigekuni Yamamoto Genryūsai?

Hablo un juez anónimo. El anciano cerró sus ojos unos momentos, respiro muy profundamente y hablo.

—Que mi muerte sea el inicio de un nuevo ciclo en la Sociedad de Almas –los miro- es el momento de aprender de nuestros errores

Sus palabras iban dirigidas completamente a los Capitanes presentes. Quienes, silenciosamente recibieron el testamento del Comandante.

—Entonces pues, procedamos con la ejecución –hablo una jueza también anónima-

Se elevo hacia arriba, mientras esperaba que el Dúo Terminal fuese activado. Muy seguramente el ave sería su ejecutor final. Alzo su vista para mirar por última vez el cielo y lo noto. Como esa luna extraña se acercaba rápidamente al sol.

—¿Qué demonios? –se exalto- ¿qué esta pasando? –comenzó a sudar por ese fenómeno- ¿pero quien? –miro hacia abajo- ¿qué es esta sensación?

Se decía a sí mismo Yamamoto. En ese momento el Dúo Terminal fue activado y Lord Kikou se manifestó.

Fue, entonces que todo comenzó.

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Hirako se levanto y camino hacia los barrotes de su celda. Fue visto por todos sus camaradas reunido en la misma habitación.

—¿Qué pasa, Shinji? –indago la rubia- ¿qué haces?

—Salir de aquí –coloco su mano por sobre su rostro y manifestó su máscara- las esposas para suprimir el poder espiritual son inútiles en los vizards.

—¿Vizards? –hablo Kensei- hace mucho que nadie nos llamaba así

—Ha llegado el momento, de bajar el telón de esta obra —susurro Hirako, de inmediato el resto se preparo para la batalla definitiva.

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La gran ave permaneció estática, cuando el eclipse solar comenzó. Anonadados, todos miraban el extraño fenómeno. Sin embargo, tuvieron que desviar la vista ante el dolor que causaba el destello en sus ojos.

—¿Qué sucede?

Dio un paso hacia atrás un ryoushi, estaba completamente aterrado ante lo que sucedía. Se sabía de esas interposiciones, naturales en el mundo humano. Sin embargo, uno en la Sociedad de Almas, jamás había sucedido. Esa luna se movía, a una velocidad no propia natural. Poco a poco la noche llego a la Sociedad de Almas.

Cuando esa luna negra cubrió al sol blanco, Lord Kikou extendió sus alas y en vez de volar directamente sobre el anciano; alzó su vuelo con la clara intención de atacar al satélite en el cielo. No obstante, el Senkaimon se interponía entre ellos. Cuando el ave toco el escudo que protegía a la Corte de los Espíritus Puros, estallo en una impresionante llamarada haciendo que la defensa desapareciera en el acto.

Justo cuando algo de ese humo y fuego se disipo en el cielo, varias siluetas blancas se alzaban en lo alto. Contrastantes con la luna negra tras de ellos. Ulquiorra, Barragan, Stark, Lilinete, Grimmjow, Yammi, Halibel y Nell habían llegado. Y en el centro de todos ellos, pudieron admirar a Ichigo con su ropaje negro.

La batalla final había llegado.


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Capitulo VII

"Tan cerca del paraíso"

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Notas de la autora:

+ Bien, aunque ustedes no lo crean la historia concluye en el siguiente capitulo. No hay mucho que agregar más, cuando todo debía resolverse en solo tres días. Faltaría solamente el epilogo.

+ Me preguntaba sobre el gato, y ahí lo tienen. De hecho hace una aparición en el tercer capitulo. Entonces no podía decirlo. Pero, es la presencia que Hisaishi siente cuando habla con Byakuya.


Glosario:

+ (1) Hantā, cazador "japones"

+ (2) Hadajuban, parte de la ropa interior del kimono tradicional. Corresponde a la parte superior.

+ (3) Susoyuke, parte de la ropa interior del kimono tradicional. Corresponde a la parte inferior.


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Nos vemos

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