Capítulo 1
Las mañanas en La Madriguera eran todas iguales y a la vez diferentes entre si. Todas las mañanas estaban a la mesa Arthur, Molly, Fred, George, Ginny, Ron, Harry, Hermione, Bill ,Fleur, Charlie, Doutzen (la novia de este), Hagrid, Moody, Lupin y Thonks.
Algunos días, cuando las noticias eran muy malas, pasaban el desayuno en silencio, casi sin mirarse.
Otros días, cuando intentaban olvidar el horror, el desayuno era, cuanto menos, ruidoso.
La señora Weasley charlaba animadamente con Doutzen sobre los preparativos de su próxima boda con el hijo mayor de la mujer. Fleur intentaba meter baza sirviendose de la experiencia la suya con Bill.
Lupin y Thonks aprovechaban para pasar juntos el mayor tiempo posible, que casi siempre no era mucho.
Fred, George y Bill charlaban animadamente sobre la tienda y los nuevos productos que los gemelos estaban preparando.
Los mas jóvenes, que ya no eran unos niños, sabían disimular su angustia y tristeza un poco peor que los demás. Desayunaban en silencio casi siempre; Harry y Ginny se dedicaban furtivas y cálidas miradas, y Ron casi siempre era incapaz de levantar la mirada de su taza de café para mirar a Hermione.
Ella era incapaz de levantar la vista del suelo desde aquel día en Delabole. Apenas comía, no había conseguido dormir una noche entera desde hacía ya varios días, y no consentía en hablar con nadie. Conseguían hacerla salir de su habitación en muy pocas ocasiones, pero el desayuno era siempre una de ellas.
Una mañana, casi una semana después de la muerte de los Granger, todos se dieron cuenta de que la situación era insostenible al ver entrar a Hermione en la cocina. Estaba pálida, ojerosa, mas delgada y sin brillo alguno en sus ojos. Parecía estar muerta por dentro. Todos lo veían pero nadie queria aceptarlo. La chica se estaba consumiendo a un ritmo demasiado acelerado.
Ya le habían dejado un tiempo para que lo aceptase, para que se tranquilizase. Y Harry sería el encargado de intentar hacer que regresase.
"Hermione, mírame" Harry estaba sentado delante de la chica, pero ella seguía con la mirada perdida, y parecía no escucharle. "Ya se que esto no es fácil para ti, pero tienes que seguir adelante. Hazlo por ellos"
Nada. Harry ya sabía que eso no funcionaria, conocía muy bien a su amiga. Sabía perfectamente lo que tenía que contarle, aunque el resto de la Orden se opusiese a ello. La venganza no tiene que ser el único motivo por el que ella tenga ganas de vivir, decían los demás. Pero él lo único que deseaba era volver a escuchar su voz. Así que lo hizo.
"Sabemos donde está Malfoy"
El efecto fue instantáneo. Hermione levantó la mirada. Las palabras de Harry se mezclaron en su cabeza con una voz infantil, asustada. Era la voz de la pequeña Madison Silver. La veía agarrada a la mano de su madre, fría e inerte. La escuchaba decirle que a su madre la había matado un hombre de pelo rubio y ojos frios.
Malfoy.
Draco Malfoy fue el nombre que salió de los labios de Hermione. Su última palabra en semanas fue la única que le hizo volver a hablar.
"¿Dónde?" preguntó súbitamente la joven, con los ojos muy abiertos. Harry no contestaba. "Vamos, dime donde está" exigió ella.
Harry siguió sin contestar. Y no lo hizo porque no reconocía a quien le estaba hablando. Vio miedo y odio en sus ojos. De repente Hermione se levantó y agarro al chico por los hombros. "¡Dímelo!" Había perdido los nervios, cosa que jamás había hecho. No era propio de ella.
"Lo tenemos nosotros, encerrado. No debes preocuparte más por eso. No volverá a hacer daño a nadie" le dijo sonriente, mientras le acariciaba suavemente el pelo.
"¿Lo matareis? Quiero verlo cuando lo hagáis" Harry se quedó helado. Jamás habría esperado escuchar eso de su amiga. En cuatro años de guerra se habían cometido numerosas atrocidades, pero jamás había escuchado tales palabras salir de boca de Hermione. El dolor la había transformado. No era ella misma. Y fue en ese momento cuando supo que había hecho mal, muy mal, en darle esa información a Hermione.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Jamás había sentido nada igual. Era algo realmente…placentero. Si, placentero era el adjetivo justo. Lo tenía a sus pies, tal y como siempre debería haber estado. Las muecas de asco y completa satisfacción se sucedían en su rostro.
Su cabello platinado que normalmente se encontraba ordenado e impoluto ahora se veía muy revuelto y sucio. Llevaba puesta una camisa originalmente blanca, pero ahora estaba cubierta de manchas de sangre, mugre y sudor. Estaba descalzo, tirado en el centro de una pequeña sala circular.
Estaban solos. Es más, nadie sabía que el prisionera tenía compañía a esas horas de la noche. Ni siquiera él mismo.
Hermione sintió de repente la punzada de la ira y apenas pudo resistir el impulso de matarlo. Exhausto, consumido. Solo tenía que agacharse y cerrar sus pequeñas manos alrededor del robusto cuello del rubio, y observar como su pecho dejaba de subir y bajar gradualmente. Si.
Se arrodilló junto al cuerpo inmóvil del mortífago, y alargó ambas manos hasta su blanco cuello. Luego de un par de segundos de dudas comenzó a hacer fuerza, poco a poco. Notaba que respiraba con mas dificultad, pero aún lo hacía. Tenía que apretar mas.
Él parecía no darse cuenta, y esto era lo que mas molestaba a la muchacha. Quería que lo último que Malfoy viese al morir fuesen sus ojos, brillantes de emoción. Así que apretó mas, mucho mas. Y él abrió los ojos de par en par. La vio. La reconoció. Pero no pudo hacer nada. Apenas podía moverse, no le valdría de nada gritar, y ya no podía respirar.
Hermione supo que se le estaba escapando la vida cuando sintió una mano fría en una de sus muñecas. No le apretaba, solo la tenía posada sobre la suya. Patético. Apretó mas, mucho mas, y no paró ni cuando escuchó el ruido de la puerta de la pequeña mazmorra al abrirse. Ni tampoco quería parar cuando sintió las manos de Thonks sobre ella, separándola del joven Malfoy.
"Suéltame. He de hacerlo. Es lo justo" gritó la morena, intentando zafarse de las manos de su amiga. Había estado a punto de hacerlo. Unos segundos mas y Malfoy estaría tirado sin vida en lugar de estar de rodillas, vivo, intentado ponerse en pié sin lograrlo.
"¡Por Merlín! ¿Quién te crees que eres para juzgarle? No es tu deber, ni tu privilegio. ¿Qué te ha pasado? Has cambiado demasiado. No te vuelvas como ellos. No te rebajes a su nivel" dijo la aurora con tono de preocupación. Por fin le había dicho lo que había estado pensando durante semanas. Sus ojos no eran los mismos, no había vuelto a sonreír hasta ese momento, con sus manos intentado ahogar al prisionero. La oscuridad se estaba apoderando de ella.
"Oh, la pequeña y repugnante sangre sucia esta triste y enojada, ¿no? Me pregunto por qué será…" consiguió articular Draco. "Para matar a un Malfoy hay que tener algo mas que suerte"
Hermione no supo si Malfoy sabía lo que se avecinaba o fue una mera coincidencia, pero en ese preciso instante una horda de Mortífagos se abalanzó sobre las dos mujeres.
