Capítulo 2
Hermione jamás fue capaz de precisar como había ocurrido todo aquella fatídica noche. Todo lo que recordaba era oscuridad. Lo negro lo había invadido todo de repente y el dolor se había apoderado de ella en una fracción de segundo.
Dolor que aun se negaba a abandonarla.
Las primeras dos semanas las había pasado encerrada en su pequeña celda. Eran cuatro paredes desnudas excepto por una fría puerta metálica de color negro y una minúscula fuente de agua.
Todo su mundo se había reducido a ese pequeño habitáculo, y a la persona que día tras día se colocaba detrás de esta. Había tardado días en darse cuenta de que siempre era la misma persona, y una semana fue suficiente para ponerle nombre al sujeto: Draco Malfoy.
Pasaba las horas en un rincón, serena, muy calmada. No quería darle la satisfacción de verla enloquecer tan pronto. Porque sabía perfectamente que él la miraba. Sabía exactamente el momento en que el llegaba y cuando se iba. Sabía cuando acariciaba la puerta, escuchaba a la perfección los susurros que él le dedicaba casi inconscientemente.
Mi pequeña impura, la llamaba. Mi mayor error. Mi tropiezo. Mi descuido. Decenas de nombres, siempre despectivos, y lo único que nunca cambiaba era el posesivo. La consideraba suya.
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Hermione apenas se movía, y se tapaba cuanto podía con el escueto trozo de tela que le hacia las veces de ropa. Le habían quitado la suya. Él le había quitado su ropa. Pero eso ella no lo sabía, así que se tapaba sus bronceadas piernas, asqueada de que él pudiese verlas.
Y eso solo fue el principio.
Primero pasaba por su celda un par de minutos al día, media hora a lo sumo. Pero con el paso del tiempo los ratos que pasaban "juntos" se hacían mas y mas largos. Llegaron a ser horas. Horas que él pasaba pegado a la puerta y ella acurrucada contra la pared del fondo. No era miedo. Jamás mostró miedo frente a él. Estaba aterrada, pero eso su captor jamás lo supo, porque Draco Malfoy no veía mas allá de bucles castaños y ojos color miel.
No era consciente. Realmente no sabía lo que le estaba pasando. No se daba cuenta de que ella se había convertido en una parte suya. Él era ella, pero ella se resistía a ser él. Y cómo no resistirse. Los daños causados eran demasiados. Los prejuicios, las mentiras, el dolor. Todo era demasiado.
Pero no para él. Ella era la única que le había manchado. Habría podido matarle. Había querido hacerlo, pero no se lo habían permitido. De no ser por una auror habría muerto a manos de una sangre sucia.
Que ironía.
Pero el destino siempre es caprichoso, y ahora la sed de venganza de Hermione debería esperar. Porque la sed de Draco estaba creciendo mas y mas mientras la miraba a través de la rendija de la puerta de la celda.
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La primera vez que se abrió la puerta de su celda Hermione apenas pudo ver la figura situada en medio de esta. La luz la cegaba, hacía exactamente diecisiete días que no veía la luz del sol.
Comenzó a abrir los ojos, con el antebrazo colocado delante, temiendo que al abrirlos unos ojos grises estuviesen delante de los suyos. Pero antes de verle escuchó su voz.
"Levántate" dijo el rubio. Su tono de voz era duro, autoritario, aunque dulce comparado con el que le siguió al ver que Hermione no se levantaba. "Vamos sangre sucia. A partir de ahora vas a hacer absolutamente todo lo que yo te diga. Todo. Así que levántate. Ya"
Y sin darle tiempo a reaccionar, la agarró de la muñeca. Levantó a la chica de un solo tirón, pero una vez de pié se tambaleó y volvió a caer. Apenas tenía fuerzas.
"Patética..." dijo Malfoy mas para si mismo que para ella. "Das asco, ¿lo sabías? Has de darte un baño. Aunque por mucho que frotes seguirás siendo la mugrienta sabelotodo de siempre" Sonrió ante su propio comentario. Ya casi se había olvidado de lo bien que le sentaba insultarla, pero no era tan divertido si ella parecía no estar escuchando.
"¿No vas a decir nada? No seas estúpida. Mas te vale complacerme, te tengo en mis manos. ¡Puedo hacerte lo que se me antoje! ¿Me oyes?" Su tono de voz había subido paulatinamente. Ahora gritaba.
"Te oigo, si, te escucho. Pero sabes que jamás voy a hacer nada de lo que tu me digas. Antes muerta" Nunca perdería la dignidad, aunque su vida estuviese en juego.
O al menos eso creía ella hasta que vio los ojos de Malfoy demasiado cerca. Tanto, que hasta vio su cara de terror reflejada en ellos. Este se había inclinado hacia ella, que aun estaba en el suelo, y había estrechado el cuello de la chica entre sus blancas manos.
"No voy a matarte Granger. No me creas tan estúpido. Quiero que me cuentes algunas cosas...Y vas a hacerlo, porque tengo en mi mano la vida de todo lo que mas quieres. Quiero decir, de los que aun te quedan... ¿Te gustó el recuerdo que te dejé?" dijo mirando la muñeca de Hermione, donde descansaba la pequeña pulsera de madera y piedra tallada. "Para que veas que siempre me acuerdo de ti"
Ya no había dolor. Ya no estaba cansada, no tenía hambre ni sed. Lo único que sentía era odio, odio hacia el mortífago que tenía delante. Y en ese momento se dio cuenta de que no pararía hasta verle en el suelo, suplicante.
Muerto.
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Ese fue la primera de numerosas visitas, al menos una diaria, pero fue su última conversación en semanas.
Ella raramente le veía a él, mientras que este apenas pestañeaba cuando la observaba.
Necesitaba saber por qué ella era tan superior. Por qué parecía sentirse superior a todos los demás. Superior a él. Y no lo comprendía, cuanto mas la miraba mas miserable la veía.
Débil, indefensa, sucia. Patética.
Pero jamás perdía ese gesto de dignidad, la cabeza erguida, la mirada orgullosa.
En poco tiempo llegó a comprender que no iba a conseguir su propósito tan fácilmente. Verla humillada le iba a costar mas de lo que había pensado en un principio.
Luego de tres semanas de cautiverio, Malfoy volvió a entrar en la celda. Se sentó en el suelo, frente a ella, que seguia acurrucada en un rincón. Le tendió una bandeja de plata, muy diferente a las que veía todos los días, y que contenía una comida también muy diferente de la que comía a diario: pan blanco, carne en abundancia, verduras y también varias piezas de fruta.
"Come" dijo Malfoy sin mas. Era una orden. Hermione se estaba quedando en los huesos
La tentación era enorme. Solamente con el olor se le hacía la boca agua, pero, ¿debía? Aceptar su caridad era un claro signo de debilidad. Pero...todo tenía tan buena pinta... Alargó una mano hasta la fuente, y, temerosa, cogió una rebanada de pan.
"No creas que con esto vas a ganarte mi confianza, Malfoy" dijo la chica antes de meterse el pan en la boca. Le supo a gloria.
Un movimiento del rubio la puso en alerta.
"¡Ni se te ocurra tocarme!" gritó la chica, aun con la boca llena.
"Por Merlín Granger, tranquilízate. Si quisiese matarte no te cebaría primero. Eso solo son cuentos muggles" Se levantó aun con una sonrisa en la cara, y no dejó de dar vueltas por la reducida sala mientras Hermione devoraba su comida. Comenzó a gustarle verla comer con ansia, casi con regocijo.
De vez en cuando una pizca de salsa de la carne caía hasta su barbilla.
A ella poco le importaba, y a él no le parecía precisamente repugnante. Era mas bien curioso. Ninguna mujer se había comportado así en su presencia.
Dulces, gráciles y delicadas, así eran todas cuando él estaba en la sala.
Débiles, sumisas e idiotas. Así las veía él en realidad. A todas.
A todas excepto a ella. No cabía duda de que era inteligente, la mas inteligente de su promoción, por delante de él mismo.
Estaba sucia, muy sucia y despeinada, y parecía no importarle.
La educación que exhibía en Hogwarts parecía habérsele olvidado, por lo menos frente a él.
Era diferente. Asquerosamente diferente. Sus modales, su aspecto, su sangre. Todo en ella era diferente, ella era ¿mejor? No, su impureza le impedía ser mejor, pero ella no se daba cuenta.
Pobre ingenua. Ella seguía con la cabeza alta, creyéndose alguien. ¿Por qué no lo entendía? No era tan difícil, el se había encargado de explicarle que era un ser inferior durante sus siete años en Hogwarts.
Pero ella parecía seguir sin comprenderlo. Ya había acabado de comer, y se dedicaba a lanzarle a Draco una mirada inquisidora con sus grandes ojos castaños.
"¿A cuantos mas habéis capturado?" preguntó Hermione.
"A nadie tan valioso como tu" contestó Malfoy entre risas.
"¿Qué quereis de mi?" soltó por fin Hermione. Esa pregunta había estado rondando por su cabeza demasiadas semanas. ¿Por qué ella? Si, era una reputada aurora, pero había muchísimas figuras mas destacadas que ella en esa guerra, y Thonks era una de ellas. La respuesta del mortífago le había llevado a pensar que no la habían capturado. ¿Por qué a ella sí? Las habían cogido por sorpresa y las superaban en número con creces. Jamás habría podido escapar.
Así que, ¿que pretendían sacar de ella, especialmente de ella?
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Hola!! Siento haber tardado tanto, pero ya tengo los exámenes encima y no tengo demasiado tiempo...
Muchas gracias a Kamy Magic y Silviota por los reviews! No me había dado cuenta de que los tenía restringidos ;) Venga, una colleja para la novata ¬¬
La verdad es que me dasanimé al ver solo 2 reviews...Sniff... Pero me paré a pensar, y que más da que no lo haga bien, si lo mío es la Psicología! Así que voy a acabar el fic con 2 o con 2000 reviews, porque necesito sentir que soy capaz de acabar todo lo que empiezo. (Estúpidos propósitos de año nuevo...)
Un beso a todas/os y hasta pronto!!
