Aquella fue la última vez que Hermione se apartó ante el contacto de Draco. Y este se hizo más y más profundo con el paso de las semanas.

La morena tuvo que reconocer que la sumisión tenía sus ventajas. Ya no había insultos, ni sesiones de legeremancia. Las había cambiado por silenciosas sesiones en la biblioteca privada de Malfoy y furtivos besos en el pasillo.

Si. Jamás la había vuelto a tocar dentro de la habitación, pero cada vez que salían él la pegaba contra la puerta y la besaba. Era un beso nervioso. Ansioso. Solo uno. Dos al día en realidad. Uno cuando salían y otro cuando entraban. La respiración de Draco se aceleraba, la de Hermione cesaba por completo. Él temía que ella escapase, y Hermione a su vez temía la reacción del mortífago. Era el pánico lo que la retenía.

Temblaba ante el solo recuerdo de las crudas palabras que salían de su boca. Ya no sabía nada de lo que pasaba fuera. Según Malfoy, Ron había muerto, y Harry había desaparecido. En realidad, según él todo su mundo se estaba cayendo a pedacitos.

Entonces, ¿para qué luchar?

Porque seguro que todo lo que salía de su boca era una asquerosa mentira. Por eso merecía la pena vivir.

Por la venganza.

Por volver a ver el mar.

Por el olor de su piel, la suavidad de su cabello. Por volver a ver sus enormes ojos grises y volver a sentir su pequeña mano rodeando uno de sus dedos.

Por el deseo.

¿La lujuria puede llegar a ser un motivo para querer vivir? La lujuria y la venganza, si. Ambas son dos razones poderosas para respirar, para levantarse cada día, para mirarle a los ojos y mentir.

Como aquella tarde.

Ambos sabían que el momento se acercaba. Caminaban por el pasillo juntos. La puerta de su habitación se encontraba ya a pocos metros, los mismos que separaban sus bocas, sus cuerpos.

Cuando por fin llegaron Draco apenas pudo contenerse, y, acariciando el rostro de Hermione con ambas manos, la besó. Y por su expresión parecía que el beso resultaba doloroso para él.

Mas doloroso que siempre.

Y también lo eran los pequeños golpes rítmicos de cadera de la chica, por no hablar de sus pequeñas y suaves manos recorriendo su torso.

"...Mi pequeña impura..." fue lo único que consiguió articular cuando sintió la pierna desnuda de Hermione subir hasta su cadera. Cuando pasó la mano por ella creyó enloquecer. Era infinitamente mas suave de lo que recordaba.

Ella emitió un leve gemido, incitándolo a continuar, tal y como hacía antes. Y Draco no pudo estar mas de acuerdo.

Levantó a Hermione e hizo que la muchacha enredase sus piernas en torno a sus caderas, Hizo que sintiese su creciente deseo, su desesperación, rozando sus fisonomías.

Ese fue el momento en que verdaderamente perdió la cabeza; cuando escucho su nombre en un gemido saliendo de los labios de Hermione.

"...Draco..."

Lo estaba haciendo. Estaba jugando. Lo estaba dominando. Nadie que los viese en ese instante podría asegurar quién era el preso y quién el carcelero. Podría pedirle la Luna, que el mortífago mas sanguinario de los últimos años no tardaría en bajársela.

Hermione Granger y Draco Malfoy. Gryffindor y Slytherin. Aurora y mortífago. Luz y oscuridad tendidos en una cama. Oscuridad desnudando a Luz. Oscuridad besando a luz. Oscuridad amando a Luz.

No era la primera vez que Draco veía el cuerpo desnudo de la castaña, pero estaba completamente maravillado. Sus pecosos hombros, sus senos cálidos y pesados, su vientre liso, mas rizos, siete lunares en su muslo derecho y tres en el izquierdo. Se lo sabía de memoria, y no podía dejar de mirarlo, de tocarlo.

Pero de repente se detuvo. La Oscuridad detuvo su avance y se sentó en el borde de la enorme cama adoselada, con la cabeza entre sus manos.

Estaba sucediendo otra vez. Estaba perdiendo el control por una sangre sucia. Y no podía evitarlo.

Ella era todo lo que él quería. Era fuerte, segura de si misma, decidida, inteligente, voluptuosa, sensual...

Una impura. No podía amar a una impura.

Temiendo su propia reacción, se movió y la miró por encima del hombro.

Estaba desnuda, tapándose tímidamente los pechos con un brazo, mientras se colocaba un mechón rebelde detrás de la oreja. Su expresión era insondable, pero él quiso interpretar tristeza en ella, anhelo.

No. Tenía que levantarse e irse. Si, a darse una ducha fría.

Hermione comprendió que aun no lo tenía donde quería. Se acercó con cuidado y pegó su cuerpo desnudo al del rubio. De un solo tirón arrancó todos los botones de su camisa. Liberó su torso de la prenda, y comenzó a besar su espalda. Notaba como sus músculos se tensaban uno a uno, pero él seguía sin reaccionar.

Rodeó al chico para bajar de la cama, y se arrodilló entre las piernas de este. Agarró su cara con ambas manos y le obligó a que le mirase.

"¿Qué ocurre?" preguntó ella con delicadeza, posando su frente en la de él.

"Ya nada es como antes. Esto es la vida real"

"¿Lo es? Yo no recuerdo que mi vida fuese así... Mis padres estaban vivos, él estaba a mi lado. Esa era mi vida."

"Pero yo no estaba en ella" Draco la subió a la cama y se tumbó a su lado.

"Para bien o para mal tu siempre has estado en ella."

El deseo era infinitamente mas fuerte que la razón. Todo daba igual mientras el olor de su piel no le abandonase nunca.

Hermione sabía que no debía, que así solo se estaba destruyendo a si misma.

Draco sintió que estaba traicionando todo aquello en lo que creía: la pureza de la sangre, el elitismo, el odio a todo lo muggle, a todo lo relacionado con Potter.

No sabían cuanto se equivocaban.

Ella no se estaba destruyendo, estaba volviendo a nacer, mas fuerte y poderosa que nunca.

Él ya no creía en todo aquello. Solo creía en el tacto de su piel, el color de sus ojos y el olor de su pelo.

Hacía ya mucho tiempo que ninguno de los dos sentía algo como aquello. Desde la última vez que se habían despertado juntos entre doseles verdes y plata