Él aun seguía durmiendo, exhausto. Ella se dedicaba a examinar todas y cada una de las heridas y cicatrices que él tenía en su torso.
Reconoció cicatrices de caídas infantiles, casi borradas por el paso del tiempo, que en otro tiempo había conocido como la palma de su mano. Heridas de guerra, recientes pero curadas. Heridas de maldiciones, que dejaban horrendas cicatrices.
Entonces reconoció una especial. Estaba justo en uno de sus hombros. Era una herida pequeña y en forma de rombo. Aun estaba abierta, y en cuanto la vio supo que jamás iba a cerrarse.
----Flash back----
"¡Vamos Hermione! No quiero llegar tarde a la reunión, Ginny me mataría" dijo Harry corriendo por la estrecha calle.
"¿Qué es lo que tiene que enseñarnos? Oh no..." La castaña había metido de lleno un pié en un profundo charco.
"Aquí está. El número 27 de East Side. La nueva sede" dijo el moreno mientras una enorme puerta negra aparecía ante sus ojos.
Cuando entraron en la nueva sala de reuniones todos estaban presentes ya, y Ginny estaba en la cabecera de la mesa con un pequeño frasco verde entre las manos. La pequeña de los Weasley era un as en pociones, y se había especializado en ellas.
Cuando la exposición de Ginny acabó la sala entera la felicitó. Todos menos Hermione. Estaba horrorizada, escandalizada. No podía creerlo.
Una poción para doblegarlos a todos, para controlarlos.
Una poción para matarlos a todos.
Con tan solo tocar esa poción, con el acertado nombre de Nox Incubo, una persona estaría marcada con el símbolo de la muerte. Pero solo un auror podría concedérsela. Y, según palabras de la inventora de la poción, los mortífagos acabarían por salir de su escondite para implorar a un auror que le diese muerte de una vez por todas.
---End Flash back---
Estaba condenado.
Ahora comprendía el pésimo humor de todas las mañanas, la debilidad que mostraba últimamente, su desmejorado aspecto.
Pasaba la mayoría de las noches en vela, observándola, porque los sueños le consumían.
Las noches debían ser una verdadera tortura para él, porque era ahí donde hacía efecto la devastadora poción de Ginny Weasley.
Nada volvió a ser lo mismo desde aquel día.
Malfoy parecía mas enfadado que nunca. Sus gritos llenaban el castillo las pocas horas que pasaba allí. Gritaba a los elfos, a los esclavos muggles, y probablemente a los mortífagos con los que se reunía... Se gritaba a si mismo y a todo el que se le acercaba.
A todos menos a Hermione.
No pasaba demasiado tiempo con ella, pero esos parecían sus únicos momentos de paz.
Llegaba a la habitación que compartían muy pasada la medianoche, con una bandeja de comida para Hermione. La única comida del día de la muchacha, que devoraba con ansia.Y mientras ella comía él se dedicaba a besarla.
Se colocaba a su espalda, sentados ambos en la cama. Lo primero que hacía cada noche era recoger su espesa melena castaña; la apartaba de su espalda y hombros, los cuales se afanaba en besar hasta que la muchacha acababa de comer todo lo que le había traído.
Lo que pasaba luego era diferente cada día.
A veces solo dormían, cada uno en su lado de la cama.
Otras acababan haciendo en amor en cualquier rincón.
De vez en cuando ella llenaba la enorme bañera para los dos.
Y hablaban.
No como cualquier pareja. Hermione no le preguntaba como le había ido el día, y Draco jamás había comentado con ella la situación de la guerra.
Simplemente charlaban de cosas vanas, del pasado. Nunca del presente.
A veces ella le llamaba pequeño hurón saltarín y le recordaba aquella ocasión en la que le había propinado un buen golpe en plena cara. Él solo reía al recordarlo.
"En aquel momento te odié, pero hoy me parecería excitante..." dijo Draco en un fingido tono pensativo. Hermione golpeó suavemente al chico en un hombro, a modo de reproche, pero él pareció tomárselo como una provocación...
Draco dormía con la cabeza apoyada sobre el pecho de Hermione, que le acariciaba dulcemente el cabello.
Bonita imagen.
En realidad lo correcto sería decir que él moría en sueños y que ella no podía dejar de pensar en como escapar de allí.
Porque tenía que hacerlo rápido, antes de que la poción de Ginny acabase con él. Si Draco se iba, sus esperanzas de volver a ver el mundo, su mundo, desaparecerían con él.
Pero, ¿y si acababa con él? ¿Y si acababa con todo de una vez por todas? Draco estaba podrido por dentro, ella estaba rota y él no se daría cuenta de nada. Un buen final. Ya nadie volvería a sufrir.
Hermione creyó que esa era su oportunidad. Alargó la mano hasta el pantalón de Draco, tirado sobre la cama, y sacó del bolsillo la varita del mortífago.
23 centímetros, madera de arce y nervio de dragón. Una varita asesina. Probablemente, con ella había matado a decenas de personas. Centenares de ellas. A sus padres. Y ahora a él.
Draco abrió los ojos antes de que la muchacha pronunciase una sola palabra. La vio con los ojos fijos en él y la varita ya extendida. Quiso alargar la mano para tocarla, quiso despertar de una de esas pesadillas que lo mataban en sueños.
Pero no consiguió reunir las fuerzas. Y ella tampoco. Las palabras se agolpaban en su garganta y ninguna conseguía llegar a su boca.
Ni "te amo" ni "te odio".
Y los silencios no matan.
O, por lo menos, no todos.
De un manotazo Draco le arrancó la varita a Hermione de la mano, y de un golpe en la cara la tiró de la cama.
"La pequeña zorra no se da por vencida...aunque ya haya pasado todo un año" dijo el rubio mientras se levantaba de la cama y se arrodillaba junto a la chica.
Draco agarro la cara de la chica, cansado.
"No puedo dejarte ir, ¿no lo entiendes? No voy a permitir que te pase nada. ¿Por qué crees que apenas te dejo salir de esta habitación? Hermione Jane Granger está oficialmente muerta. Ya nadie te busca, ni aurores ni mortífagos. Nadie te puede ver, porque que te encuentren significaría tu muerte. Y si tu mueres yo muero."
"Pues moriremos los dos", y con un rápido movimiento la chica se lanzó a por la varita, que había quedado a pocos metros de donde se encontraban.
Pero no llego a su destino, porque Draco la alcanzó antes.
Le puso una mano en el cuello, y comenzó a presionar levemente. Aun así, ella comenzó a susurrarle algo.
"No me subestimes. Te mataré, porque tu destrozaste lo que yo mas quería. Mi pasado, mi presente y mi futuro. Algún día encontraré la manera de levantarme y matarte. Si, sentiré pena por ello, si es eso lo que te preguntas. Pero es mi venganza, mi triunfo. Lo siento amor."
Hermione tenía toda la cara ensangrentada, dolorida, pero aún así fue capaz de sonreir antes de caer inconsciente por la repentina falta de oxigeno.
En ese momento Draco temió haberla matado. Solo consiguió calmarse apoyando su cabeza contra el pecho desnudo de la chica.
Su corazón latía rápida y violentamente. Justo como cuando llegaba de madrugada y la despertaba susurrándole todo lo que iba a hacerle a lo largo de la noche.
"No lo hice, no los maté. Olvídate ya de eso"
Así pasaron los dos amantes la noche, acostados sobre la blanca alfombra.
Amar y odiar.
Vivir y morir.
Conceptos tan antagónicos y tan cercanos.
Ese fue el principio del fin. El principio de los insultos, de las malas contestaciones, de la vuelta de la violencia y las discusiones.
El día clave no tardo en llegar.
Una noche Draco llegó temprano, Hermione aun estaba en la ducha. Lo supo porque el vapor de agua salía por la puerta entreabierta del baño.
Cuando entró la vio desnuda frente al espejo, desenredando su cabello mojado. El rubio podía verla en todo su esplendor, y ella lo sabía.
Ambos se miraban a través del espejo.
Hacía días que no se miraban directamente.
Esa era una de las reglas que se habían impuesto días antes, desde aquel desafortunado incidente. No las habían discutido, pero ambos las conocían y las cumplían a la perfección.
No se miraban directamente. No se tocaban. Nada de palabras amables ni sonrisas.
Pero Draco rompió las reglas ese día. Se acercó por la espalda y con una mano comenzó a acariciar suavemente los pechos de la chica, pegando su cuerpo por completo al de ella, aun mojado.
"Sueltame" susurró la Gryffindor sin mucha convicción.
Él, sin hablar, dejó un pequeño frasquito vacío encima del lavabo, y colocó la mano recién liberada entre los muslos de Hermione.
Ella solo pudo suspirar profundamente.
"Lo he intentado de todas las formas posibles. ¿Ves ese frasco? Es el veneno mas potente que se conoce en el mundo mágico. Una sola gota produce una muerte instantánea"
Hermione no tenía ni idea de que iba aquello, y la verdad es que tampoco le interesaban demasiado las rumiaciones de Draco. Se dio la vuelta y acercó peligrosamente sus labios rojos a los pálidos de Draco. Se dijo que aquella noche se iba a romper mas de una regla.
Cuando sus alientos ya casi se estaban mezclando él pronunció una sola frase que hizo comprender a Hermione el alcance del poder de la poción de Ginny.
"Me acabo de beber el frasco entero. Y no ha pasado nada"
Ella se separó de él bruscamente, horrorizada. Él se llenó un vaso de agua, para quitarse el amargo sabor del veneno.
En realidad, no quería matarla de un beso. Aunque sería una bonita muerte, muy poética
Pero quién tenía que morir no era ella.
"Mátame. Se que sabes como hacerlo. Tu tienes la solución a esta pesadilla. Cumple tu sueño, pequeña."
Él volvió a acercarse, y ella apenas opuso resistencia.
"¿Te rindes tan pronto? Esperaba algo mas de ti, o por lo menos creí que ibas a suplicarme que te liberase de la maldición. Porque sabes que conozco la solución a todos tus problemas, ¿verdad?"
Mientras pronunciaba estas palabras, Draco la había llevado hasta la mullida cama, la había recostado y se estaba quitando los zapatos sentado en el borde de la misma.
"¿Me crees estúpido? ¿Para que me voy a humillar ante ti? Quieres matarme, y no te culpo por ello. Yo quiero que esto acabe, y tu quieres acabar conmigo."
Él se tendió en la cama vestido, y ella, ante su inactividad, se colocó a horcajadas sobre él y comenzó a desabrocharle la camisa.
"¿Entonces te crees que la estúpida soy yo? Si te mato lo mas probable es que no consiga escapar de aquí con vida. Mire por la ventana que mire el bosque lo inunda todo, y si no puedo desaparecerme en el castillo y sus jardines, lo mas lógico sería pensar que tampoco podré hacerlo en los alrededores...cuestiones de seguridad, supongo. Así que quiero que me garantices la salida."
Se sentía poderosa a esas alturas. Sentada encima de un Draco suplicante e imponiendo sus condiciones.
Hasta que él dio con su punto débil.
"Creí que no te importaba morir con tal de verme muerto..." Draco alargo una mano y comenzó a acariciar la cara de la muchacha. "Lo haces por él, ¿verdad? Quieres estar a su lado"
Ella le apartó la mano rápidamente. Nervios.
"¿De que demonios hablas?"
"Le he visto. Le conozco, en realidad. En estos meses he ido un par de veces a Bulgaria"
Hermione estaba furiosa, muy furiosa.
"¡¿Qué?!"
"¿He dicho un par? Sería mas correcto decir un par de docenas..." dijo el chico sonriente.
La muchacha se alejó de él bruscamente, pero este consiguió dominarla con un solo brazo.
Estaba llorando.
"Él está bien, no te preocupes. La guerra aun no ha llegado allí."
Ella era casi incapaz de respirar. Draco lo sabía.
¿Cómo?
Necesitaba una mentira, necesitaba hacerle ver lo absurdo que era lo que estaba pensando.
Hacerle ver lo absurda que era la realidad.
Se recompuso de golpe e intentó mostrar una fingida tranquilidad.
"No es quién tu crees. Sabes perfectamente que todo aquello solo fue una estupidez"
"Vamos Hermione, estoy hablando de un niño, no de una perfecta familia feliz. Muchos bebés nacen por estupideces."
"Pero no mi hijo."
"Nuestro hijo" aclaró el rubio, tajante. "Es cierto que tiene mis ojos."
Ella amagó una sonrisa debajo de las lágrimas.
Flash Back-----------
"Jacob, no llores... No tienes porque estar avergonzado. ¡Claro que tienes un papá como todos los demás niños! Pero él no puede estar aquí contigo. Ni conmigo. Él no... no puede venir de momento, pero vendrá, de eso estoy segura. Si hay algo que caracteriza a tu padre es que consigue todo lo que quiere. ¿Sabes? Al principio yo no le queria... quiero decir, no era mi amigo, ¿comprendes? " aclaró antes la mirada confusa de su pequeño. "Pero lo consiguió, y estoy segura de que un día vendrá y... ¡te obligará a quererle! ¡Siempre lo consigue! Y tú tienes sus ojos...Harás llorar a las chicas como lo hace él."
Jacob ya no lloraba. En realidad, no quería hacer llorar a nadie. En ese momento solo podía imaginar el día en el que Draco vendría a hacer que su madre dejase de llorar todas las noches.
End Flash Back---------
"Te lo dijo... ¿Sabe quién eres?" dijo ella, dándose ya por vencida.
"Si. O tiene un sexto sentido o tus descripciones son muy precisas." Se metió una mano en el bolsillo derecho de su pantalón y saco una foto. Se la tendió a ella.
" Ten, se que hace mucho tiempo que no lo ves"
Cuando poso los ojos sobre el trozo de papel no pudo evitar sonreír. Y, desde la foto, un niño de unos 6 años le devolvía la sonrisa. Era moreno y tenía unos enormes ojos grises. Sostenía una escoba en miniatura y una pequeña pelota dorada entre sus manos. Estaba cubierto de barro hasta las cejas, pero sonreía. Había ganado un partido. Quizá era su primer partido. O no, que mas daba. Él sonreía y ella no estaba a su lado.
No, ella no, pero sí había alguien a su lado.
En la foto, al fondo, se veían dos figuras mas que la saludaban alegremente. Una mujer alta y delgada, de pelo corto y castaño, y un hombre robusto y de calvicie incipiente. Ambos sonreían, mostrando sus perfectas dentaduras.
"No...no puede ser...¿De donde la has sacado?"
"Me la ha dado Jacob para ti. Es de su último partido de Quidditch, ganaron gracias a él. Es un pequeño gran buscador, como su padre" Draco no pudo reprimir una sonrisa de orgullo.
"No te creo...¡No te creo! Yo tengo la pulsera, vi todo destrozado, ¡lo vi!" gritó mientras arrancaba las sabanas para tapar su desnudez.
"Escuché a mi padre planear el ataque días antes. Así que, la noche anterior me planté en Delabole y me los llevé con un par de palabras bonitas. Es tan fácil engañar a los muggles... Sobre todo si les hablas de seres queridos. Tan solo tuve que decirles que Jacob les necesitaba, y me habrían acompañado a las puertas del mismo infierno"
Hermione cayó al suelo de rodillas, con la mirada perdida. Eran tantas las dudas que se agolpaban en su cabeza...
"P-pero...no..."
"La pulsera se la arranqué yo. Con la excitación del momento no se dio ni cuenta"
"¿Pero cómo lo sabias? ¿Como sabía que tenía significado para mi, que la reconocería?" Hermione volvió en sí al ver las piernas de Draco ante sus ojos.
"Tú misma me lo contaste. Una noche estábamos sentados a la orilla del lago, y unas piedrecitas blancas brillaban a la luz de la luna"
Ambos sonrieron al recordar viejos tiempos.
"Lo recuerdas..."
Ya estaban muy cerca. Demasiado como para volver a separarse.
"Lo recuerdo todo. Cada palabra, cada beso, cada caricia. Todo" murmuró Draco, tomando a Hermione entre sus brazos.
Acercó su nariz al cabello de la muchacha y sonrió. Eso era lo que quería tocar, ver y oler antes de morir.
"¿Entonces por qué has hecho todo esto?" La castaña no pudo reprimir las lágrimas, acompañadas por un lastimoso quejido.
"Porque te odio" dijo con voz firme el chico.
Y no mentía.
Dejo caer de nuevo a Hermione, que aterrizó con un golpe sordo en el suelo. Pero él no pudo oírlo. Ya estaba desquiciado.
"¡Te odio porque no eres mía! ¿Por qué tenias que irte, eh? Todo podría haber ido bien... Si, todo esto es por tu puta culpa. ¡Tu has destrozado nuestras vidas! Joder, amo a una impura y ella no me corresponde. ¡Eso es impensable! Tenía que odiarte, tanto como tu a mi. No, mucho mas, mucho mas..."
Draco salió de la habitación dando un portazo
Hermione subió a la cama de nuevo, sonriente a pesar del dolor
"Están bien..."
Hacía años que no tenía motivos para llorar de alegría.
Al fin todo volvía a cobrar sentido, el puzzle tenía todas sus piezas de nuevo.
El mundo entero la estaba esperando ahí afuera. Tan solo tenía que salir.
Pero, ¿cómo? Draco ya no pasaba tanto tiempo con ella como antes, lo que dificultaba mucho la tarea. Era muy improbable que consiguiese quitarle la varita si él no se quitaba los pantalones antes.
En ese momento el muchacho estaba en medio de la habitación, leyendo unos papeles que acababa de sacar del fondo de un cajón.
Draco no pudo evitar notar la mirada fija de Hermione en su bolsillo.
"Si me matas la tendrás. Sólo si me matas" dijo el chico, serio, sin levantar los ojos del papel.
Hermione dudó apenas unos segundos.
"Lo haré"
Draco se dijo que esa no era la voz que él conocía. Era fría e impersonal. La de Hermione era mas expresiva, emotiva y cálida.
"Dame tu varita y te mataré, aquí y ahora"
Él veía salir las palabras de su boca, pero sentía que no se correspondían. No era ella. Y su deseo era morir a manos de Hermione, no de una cualquiera.
Quería verla otra vez. Una última vez.
"Una noche y la libertad será tuya"
Con una sola frase se entendieron. Ambos comprendieron que había poco tiempo para miramientos, así que se arrancaron la ropa tan rápido como pudieron, pero las prisas acabaron allí.
No pudieron evitar recrearse el uno en el otro. Se grabaron el uno en el otro, que era lo único que siempre habían necesitado.
No separarse nunca.
Ser, en esencia, la misma persona.
El sudor y las lágrimas se mezclaron. También los sollozos y los gemidos, los "adios" y los "estaremos siempre juntos"
Sus vidas habían sido siempre contrarias. El bien y el mal. La luz y la oscuridad. Sangre sucia y sangre limpia. Prisionera y captor.
Al fin y al cabo, todo se reducía a una sola diferencia. Vida y muerte.
Y tuvo que hablar. Tuvo que decir algo. Tuvo que decir eso.
"Solo prométeme que cada día, a cada instante, le recordarás a Jacob que su padre le quiere. Que haga lo que haga estará bien, porque es todo un Malfoy, y si tiene un ápice de tu inteligencia no cometerá todos los errores que yo cometí"
