Disclaimer: Los personajes no me pertenecen; tampoco obtengo remuneración alguna por esto. El objetivo siempre es el mismo: "Divertirnos y pasar un buen rato".
Resumen: ¿Qué consecuencias podría acarrear un viaje en el tiempo en la vida de Hermione Granger y Tom Riddle?
Autora: Sigel
Pareja: Hermione Granger/ Tom Riddle
Clasificación: PG-15
Antes de empezar con este nuevo capítulo, me gustaría agradecer a todas por sus lindos comentarios y apoyo; y a la vez preguntarles ¿Acaso sus reviews tienen algo de felix felices? Porque realmente me regalan una sonrisa y me alegran el día
Ahora ya no los entretengo más ¡Qué la disfruten!
Capítulo V: La Poción Pimienta
Setiembre había pasado raudamente, dejando atrás los últimos días tibios del año. Dando paso a octubre, con cielos grises, hojas secas y temperaturas bajas. Apretó más contra sí, la bufanda verde y plata, tratando de encontrar un poco más de calor, en aquella tarde de viernes.
Habían terminado con la última clase de la semana: "Herbología" doble con los ravenclaws, y se dirigía al castillo, caminando rápidamente, casi huyendo.
El corazón se le aceleraba, la boca la sentía seca, como si de repente tuviera mucha sed. Pero esa necesidad precisamente no era de agua.
Lo último que recordaba era que estaban trabajando en parejas, plantando raíces de mandrágoras, cuando sintió la mano de Tom, entrelazarse con las suyas.
Y aquella expresión.
Sus ojos oscuros la quemaban, se sumergían dentro de su embotado y confundido cerebro, abriéndose paso entre sus recuerdos.
¡Sus recuerdos!
Un escalofrío recorrió la totalidad de su médula espinal, expandiendo y amplificando el miedo en ella.
Legeremancia. Y la estaba utilizando con ella, y sin ni siquiera mover los labios o utilizar la varita. No cabía duda de su inmenso poder.
No podía despegar los ojos de los de él. La estaba hipnotizando, tal como lo haría una serpiente con su presa.
Lo único que sabía Hermione Granger, era que tenía que romper ese contacto visual, sea como sea.
¿Qué crees que estás haciendo, Riddle? – siseó Hermione furiosa, mientras lo apartaba bruscamente de un empujón.
Tom estaba furioso. Sólo deseaba sostener la mano de Jane entre las suyas, sentir su calor. Sentirse un poco más humano.
Él sentía que era una mejor persona, sólo por el hecho de su cercanía con ella.
Eres un maldito estúpido, Tom – la extraña voz se colaba a través de la conciencia del chico.
Cállate – espetó furioso, hacia la nada. Hacia aquella voz, que sólo él podía escuchar.
Porque él era superior a todos. Y sería el mago más poderoso de todos los tiempos. Pero en esos momentos, esa idea no lo apaciguaba como siempre lo hacía.
Gruesas gotas empezaron a caer del cielo. – ¡Merlín! – exclamó la muchacha al ver como el cielo abría sus compuertas, dejando caer el agua copiosamente. En forma de lluvia de octubre.
Irremediablemente se empaparía. La chica corrió con todas sus fuerzas hacia el interior del castillo. Huyendo de la lluvia, de la amenaza que significaban los oscuros y profundos ojos de Tom.
Huyendo de sí misma y del sentimiento de euforia que sintió al contacto con sus manos. Al verse a sí misma reflejada en sus ojos. Como si fuera un espejo.
Jadeando por la carrera y temblando a causa del frío, Hermione se encerró en su habitación en las mazmorras del colegio, donde se encontraba la Sala Común de Slytherin.
Una a una, sus prendas caían con rapidez, amontonándose a sus pies. Se dirigió al cuarto de baño, y el contacto de su piel con el agua caliente, la trajo de vuelta al mundo de los vivos.
Se sentía al borde de un colapso nervioso. Las emociones de aquella clase, emergieron al mismo tiempo, situándola al borde del abismo de la locura misma.
"Miedo"…
A que el Voldemort del pasado hubiese descubierto por anticipado, todo lo referente a Harry Potter y a la Orden del fénix.
"Enojo"…
Porque el maldito Riddle la confundía. Porque se quería colar a su mente sin permiso.
"Vergüenza"…
Porque ella sentía una atracción hacia su enemigo. Y con esto, estaba traicionando a sus mejores amigos, a Dumbledore, a la Orden y a todo el mundo mágico y no mágico.
Y derrotada, ante el torrente de emociones incontrolables, se sentó bajo el agua que caía de la ducha y lloro amargamente.
Contrariamente como pensaba, aquel sábado lo despertó un tímido rayo de sol. Inquieto, se removió entre las sábanas. Recordaba a Jane, su tacto, su calor, y… el miedo en ella, ante su presencia.
Habría salida a Hogsmade. Pero él había decidido no ir con los demás. – Tengo tarea por terminar – fue la excusa que inventó. Estudiaría, sí, pero otra cosa mucho más importante.
Se duchó y se vistió para ir a desayunar al Gran Comedor. Todavía era temprano para ser sábado pero, Tom Riddle acostumbraba a madrugar todos los días, incluso sábados y domingos.
Ya en el comedor, ocupó su lugar habitual en la mesa, tomando perezosamente un vaso de jugo de calabaza, con la mirada clavada hacia la puerta de entrada.
La estaba esperando.
Se había extrañado cuando ella no se presentó a la hora de la cena, como los demás.
Esperó y esperó. Pero Jane nunca llegó. Y él era demasiado orgulloso como para preguntar a una de sus insignificantes compañeras de habitación.
Alarmado, se percató de que ella no había bajado a desayunar. Era tarde, y todos los estudiantes de su casa, se dirigían a la salida, para disfrutar de las novedades de Hogsmade.
Corriendo, bajó los escalones de dos en dos, en dirección a las mazmorras. No era normal que Jane se saltara dos comidas, sólo porque se había enfadado con él.
Murmuró la contraseña, y el retrato de Salazar Slytherin le había dado permiso para entrar a la sala común.
Y la vio.
Estaba en un estado de semi inconsciencia, recostada en uno de los sillones tapizados de terciopelo verde, de la sala común de las serpientes.
Respiraba con dificultad y tenía las mejillas rojas. Claramente tenía fiebre, ni siquiera fue necesario acercar su palma en la frente de la chica, para comprobarlo.
Pero no pudo evitarlo. El contacto de sus frías manos, le habían ocasionado un escalofrío de pies a cabeza a la muchacha.
Trató de despertarla, pero ella no respondía a sus llamados. Pero acomodó la cabeza en su pecho, suspirando, y si, Salazar lo permitía, se la notaba mucho menos inquieta.
La llevó en brazos a la enfermería del colegio. En su fuero interno, se sentía aliviado de que los pasillos estuvieran desiertos en ese momento.
Entró con Jane en sus brazos. La ayudante de la medimaga, la aprendiz Pomfrey se encontraba tomando el té, disfrutando de un día libre de sábado.
¿Qué ha pasado, joven? – exclamó la señorita Pomfrey al ver el estado de Hermione.
No lo sé – respondió con arrogancia el joven Riddle. – Ella es una compañera de casa, la encontré así en la sala común, y la traje aquí.
Ya veo – replicó con suspicacia la aprendiz de medimaga. – Puedes dejar a tu compañera aquí, vete tranquilo al pueblo. Ella estará en buenas manos.
No – respondió con rudeza el muchacho. Luego, suavizó su voz y sus facciones, para luego dirigirse a aquella mujer – Me gustaría quedarme con ella, si fuera posible.
La mujer rió ante los esfuerzos de aquel muchacho. Era encantador, pero sentía un aura de negra maldad, tras esa fachada encantadora. Movió la cabeza negativamente. Seguro era la influencia de pasar tanto con su amiga Trelawney, antigua compañera del colegio.
Puede quedarse sí así lo desea joven, pero tiene que ayudarme a cuidarla – respondió afectuosamente la aprendiz. Los arrebatos del amor adolescente. Ella misma estaba enamorada.
Tiene fiebre y respira con dificultad – concluyó la mujer luego de revisar a la chica, con unos extraños instrumentos. – Una dosis de poción pimienta es la solución – dijo la mujer, luego de consultar la reserva de pociones de la enfermería.
La señorita Pomfrey le hizo beber la poción a Hermione, ayudada por Tom. Inmediatamente, y valiéndose de un hechizo levitador, ubicó a la muchacha en una de las camas para que se recuperara por completo.
Sentía que iba a abandonar este mundo. Su cuerpo se estremecía furiosamente a causa de la fiebre. – Harry, te fallé – repetía una y otra vez, mientras veía como Tom acababa con la vida de todos ellos, uno a uno, con el toque maldito de su varita.
Tom… N-n-no… lo hagas – susurró claramente mientras una lágrima descendía por el valle de sus ardientes mejillas.
Shhh… Jane, tranquila, estás aquí conmigo, te pondrás bien – le respondió la voz de Tom. Suave. Segura. Muy tranquilizadora.
Lentamente siguió la luz de donde provenía aquella voz. Y abrió los ojos.
Tom suspiró aliviado. No sabía el porqué de ese molesto sentimiento que experimentaba por aquella muchacha. Lo hacía sentirse débil. Pero eso ahora no importaba. Lo único en que podía pensar era en que ella, había pronunciado su nombre.
Más tarde volvería a sus planes. A ser el mismo de siempre.
Y con un rápido y suave movimiento, posó sus labios en los de Jane. Los sintió tibios y aterciopelados, tal como se lo había imaginado mil veces.
Hermione no podía creer. Sentía las caricias de los fríos labios de Tom, sobre los suyos.
Y el mundo giró, alocado y feliz.
Disfrutarían aquello. Para luego meditar sobre las consecuencias de aquella inesperada tregua entre el Bien y el Mal.
Notas finales: se observa a un hombre con traje rojo, con una larga barba blanca y un gracioso gorro del mismo tono que su atuendo. Con una bolsa llena de regalos para todas las dulces, amables y pacientes lectoras de esta historia. Detrás de Santa Claus, aparece Sigel tímidamente. Estrujando sus manos nerviosamente
¡Ejem! esquiva un tomatazo Siento haber demorado tanto U se escuchan abucheos del público es que estos exámenes realmente están acabando conmigo xD.
Como no sé si voy a actualizar antes de esa fecha, quería desearles a todos por adelantado, una Feliz Navidad y un bonito inicio de año. Ojalá que todos sus deseos se cumplan, y que este 2008 sea fructífero para todos nosotros. "All you need is love" y el resto viene por añadidura xD.
¡Muchas gracias por leer la historia!
Sigel (Nathalia en los foros HA)
Alumna de la Casa de Slytherin HA.
Presidenta segunda del club de admiradoras de Sexy Sevy HA.
