No le digas a mamá

Capítulo cinco

Bill arqueó su espalda mientras Tom lamía su cuello. Su hermano saboreó su sudor, fue por sus labios, lamiéndolos, presionando su boca al ras de la piel caliente. Bill maulló, alargando sus piernas y poniéndose rígido bajo su hermano. Le clavó las uñas en la espalda y presionó, haciendo que él jadeara.

-Lo siento -suspiró Bill, cerrando los ojos y enterrando su cara en el pecho de su gemelo-. Lo siento, lo siento… Oh, dios. -Tom movió la cabeza y espiró, el aire caliente tocando su cabeza.

-No lo hagas -murmuró Tom. Jaló a Bill hacia delante, a su regazo y amasó la carne de su espalda-. ¿Se siente bien?

-Mn -fue todo lo que pudo decir. Sus miembros se deslizaron juntos y Bill abrió los muslos, sintiendo un frío viento contra sus testículos-. Oh… -Tom empujó hacia arriba, justo entre las piernas de Bill, su sexo resbalándose justo para presionar contra la entrada. Bill chilló y tembló en los brazos de Tom y él lo hizo de nuevo-. -Oh, no, Tomi -suspiró-. No… ugh… ahí.

Tom sonrió y lo hizo de nuevo; Bill se sollozó en evidente placer.

-Puedo sentir que tan caliente estás ahí -jadeó Tom- dentro.

-Mierda, mierda.

Se movió en el regazo del otro, dejando que le provocara. El sexo de su hermano estaba caliente, duro y húmedo, y Tom se movió contra él una y otra vez. Bill pensó, incluso, que fácilmente podía deslizarse dentro

-Quiero estar ahí dentro algún día -dijo Tom. Besó el cuello de Bill y empujó lo suficientemente fuerte para que ambos lloriquearan un poco alto. Tom juntó sus bocas e hizo que Bill se echara de espalda-. Shhh…

-Tomi -dijo Bill en un quejido una y otra vez-. Tomi, Tomi…

Tom acarició sus muslos y presionó un pulgar detrás de sus testículos. Bill tensó sus piernas y las apretó alrededor de su hermano, haciendo que gimiera. Bill estaba actuando como si fuera sexo, sexo real. No sexo de mentira. Tom le miró fijamente y soltó un sonido de frustración

-Bill -susurró.

-¿Sí? -Relajó su cuello y apoyó pesadamente su cabeza contra el colchón-. Sí.

-Vamos… -Tom tocó entre las nalgas de Bill y acarició con suavidad-. Solo hay que hacerlo. -Bill levantó la mirada con los ojos muy abiertos.

-¿Quieres… hacerlo? -Se retorció, alejándose del dedo de su gemelo-. No toques ahí, es muy…

-Muy caliente -terminó Tom, mantenido su palma a centímetros de la entrada de Bill-. Vamos, está bien. Te amo y quiero tocar dentro de ti.

Bill chilló.

-¿Cómo sabes que no es tan asqueroso?

-No lo sé -contestó Tom, con honestidad -, pero luce bien.

-¿Luce? -Bill se sonrojó mucho y sus orejas ardieron.

-Sí. -Tom tanteó con cuidado el esfínter-. Puedo ver todo. -Bill tembló y trató de apartarse pero no le dejaron, agarrándole de sus muslos y manteniéndolo contra la cama.

-Bill, ¿no quieres? -El dedo de Tom avanzó, apenas tocando el cuerpo que tenía debajo-. ¿Duele?

No dolía. El miembro de Bill sí dolía y su mente estaba desbocada. Tal vez Tom podía ponerlo ahí, tal vez no sería la gran cosa. Bill se encogió mientras el dedo de Tom se presionaba un poco más profundo… Se escabulló hacia atrás.

Quería que fuera la gran cosa.

-No, Tomi, no puedo -dijo, frunciendo el ceño-. Lo siento. -Tom suspiró, pero Bill sabía que no estaba molesto.

-Lo siento, yo solo…

Bill tocó la mejilla de su hermano.

-Lo sé -interrumpió-, yo también quiero más. Tomi, tú me pones todo sudoroso y haces que me duela… y todo eso no me deja. -Tom se movió encima de él, poniendo sus cuerpos juntos de nuevo.

-Me pones muy duro -dijo Tom, empujando contra Bill-, y me enloqueces.

Bill sonrió, sintiendo el placer recorriéndole mientras su hermano se movía lentamente.

-Tú haces que todo se ponga loco. -Tom rió y embistió con fuerza-. Ungh. Tú me pones así y… ¡oh!

El mayor solo había tocado con su sexo la entrada de Bill, logrando que se estremeciera por el placer. Tom le inmovilizó las muñecas en el colchón, sobre su cabeza, y arremetió contra él; su pene comenzando a humedecerse. Se miraron a los ojos y suspiraron juntos, en la boca del otro, lamiéndose los labios.

El cuerpo de Bill se liberó y se apretó fuertemente contra Tom, sus piernas poniéndose rígidas mientras eyaculaba rápidamente contra el estómago de su hermano. Tom jadeó e incrustó su erección entre los muslos de Bill, embistiendo desesperadamente.

Bill perezosamente acarició el sexo de Tom entre sus piernas y éste se movió hacia delante, siseando a través de sus dientes. Se corrió contra la entrada de Bill y pasó de arriba abajo, esparciendo el líquido tibio por el área privada. Se mantuvieron quietos, jadeando y suspirando. Bill apartó el cabello del rostro de su gemelo y besó sus labios dulcemente para después lamer la piel entre la boca y la nariz.

Tom resbaló su mano entre sus cuerpos y cogió algo de semen en su dedo y delineó las caderas de su gemelo.

-Está bien -dijo Bill, gruñendo-. Está bien, necesitamos… detenernos.

Tom se sentó, arrastrando sus dedos por el torso de Bill.

-¿Por qué?

-Porque… si sigues así, voy a… comerte -contestó, sonriendo-. Tom…

Tom gimió y salió de encima de Bill, sentándose con las piernas cruzadas en la cama.

-Debe ser muy bueno.

-No sabes eso. -Bill tocó ligeramente el hombro de su hermano-. Tú no sabes nada.

-Mm -dijo Tom, aburrido-. Igual, algún día será, ¿no?

-Creo que incluso las personas en las películas, finalmente terminan teniendo sexo real.

El mayor de los gemelos sonrió y se echó, estirándose.

-Sí… aunque tú nunca lo has escuchado -respondió. Bill se encorvó contra él y le acarició el estómago.

-¿Tanto así quieres tener sexo conmigo? -Tom asintió-. Eso me gusta -dijo Bill-, me gusta mucho. -Tom suspiró y lo jaló hacia sí, más cerca.

-A mí también.

Bill miró a su gemelo bostezar mientras sus ojos comenzaban a cerrarse. Él también estaba cansado pero su mente estaba en una carrera… y estaba todo caliente, su estómago ardiendo. Estaba adolorido y sabía cual era la solución. Besarse o friccionarse uno contra el otro no era suficiente. Todas las cosas que hacían no eran suficientes.

Bill se acostó y escuchó a Tom comenzando a roncar suavemente.

-Buenas noches, Tomi -susurró. No obtuvo una respuesta. Cerró los ojos y esperó a que el sueño le invadiera.

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Bill se sentó en la mesa, mirando su tazón medio vacío de Cheerios. Estaba exhausto, Tom y él se habían quedado toda la noche despiertos con Andreas mirando películas de terror. Había sido su fiesta particular de Halloween porque no habían sido invitados a otra, hasta Georg y Gustav hicieron planes que no los incluían.

Pero habían tenido un momento divertido, una fiesta real de adultos. Simone y Gordon los habían dejado solos por la noche y dado permiso para ordenar pizza y cualquier cosa que quisieran. Andreas había llevado a escondidas algo de cerveza de su papá y miraron ese tipo de películas que sus padres no les dejarían ver.

No habían salido a pedir truco o trato y no se habían disfrazado. Eran adultos. Bill pensó eso muchas veces mientras hacía remolinos con los Cheerios en su tazón.

-Soy un adulto –murmuró y sonrió. Tom escogió ese momento para entrar a cocina, rascándose el pecho y bostezando. La sonrisa de Bill se amplió.

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Era una de esas noches.

Bill no podía dormir. Tom tampoco podía hacerlo. Ambos estaban sentados en la cama del mayor, frente a frente y jugando cartas. Ya eran las dos de la mañana y ninguno había bostezado, siquiera.

-Go fish -dijo Tom, aburrido y lanzando una carta a la desordenada pila que había entre ellos.

-Así no juegas. -Tom alzó los hombros

-Así es como juego

Bill sonrió.

-A mí me gusta como juegas. -Tom alzó la mirada con una pequeña sonrisa en sus labios.

-¿Ah sí? -preguntó. Bill tornó sus ojos, bajando la mano que sostenía las cartas.

-Esto es aburrido.

-Tú eres aburrido.

-Ja, ja. -Bill hizo una mueca y miró el reloj-. Quizá podamos escabullirnos a abajo y mirar un poco de tele.

-Lo dudo -contestó mientras Bill juntaba todas las cartas y las puso en su velador.

-No seas malo. -Tom se acostó en la cama y puso sus manos detrás de su cabeza.

-Ven aquí.

Bill sonrió, alcanzando la pequeña lámpara y apagándola, entonces se acercó a Tom. El cuarto se oscureció y los chicos solo podían distinguir el rostro del otro por la luz de la luna.

-¿Para qué?

Tom rió.

-No voy a hacer nada, lo prometo.

-Eso apesta -dijo Bill. Intercambiaron sonrisas y Bill se echó al lado de Tom, arqueándose hacia él-. Hueles…

-¡No es cierto!

Bill picó a Tom en las costillas.

-Sí es cierto, hueles bien. Mmm. -Ahora se pegó al cuello de su hermano.

-¿Sí?

Bill dejó un suave beso justo detrás de la oreja de Tom

-Sí. -Abrió su boca y el beso se volvió mojado y caliente-. Tomi, voy a… darte algo para navidad. -Tom se puso tenso.

-¿Qué? ¡Nunca hacemos eso y… yo no he pensado en darte algo!

Bill estrujó la mano de su gemelo.

-Sé que no nos compramos cosas, pero esto es… demasiado perfecto.

-No te creo -dijo Tom, haciendo un gesto-. Estás jodiéndome, probablemente… es algo estúpido.

-Entonces tal vez vaya a conservarlo. –El menor frunció el ceño y se alejó de su hermano, poniéndose boca abajo.

-No, lo quiero -insistió Tom-. Incluso si es estúpido.

-Estás siendo malo de nuevo.

Tom sonrió y levantó la camiseta de Bill, jalándola sobre su cabeza. Presionó su cara en la espalda de Bill y besó entre los omóplatos.

-Dime.

-No quieres saber, créeme.

-Sí quiero -dijo Tom. Mordió con gentileza el hombro de Bill-. ¿Es música?

-Es… sip, algo así -respondió, mirando sobre su hombro-. Sé que tú lo quieres mucho. -Tom se quedó pensando.

-¿Es un CD o algo así?

Bill rió.

-No es importante, olvídalo.

-¿Pero qué tal si lo compro? Aún faltan dos meses para navidad.

-No lo harás -dijo Bill con suavidad-. No te preocupes por eso.

-Dame una pista -se quejó Tom.

-No, porque adivinarías -contestó-, y entonces no será tan especial.

-Oh, vamos, estoy aburrido. -Tom dejó una franja caliente en la espalda de Bill con su lengua y éste jadeó-. ¿Puedo comerlo? -Bill resopló.

-Sí.

-¿Puedo?

-Más o menos.

-Es sí o no -dijo Tom y presionó su mano contra la espalda de Bill, acariciándole-. Dame una pista y… voy a hacer cualquier cosa que quieras. -Bill se sonrojó, girándose rápidamente para mirar a su hermano.

-¿Cualquier cosa? -preguntó y Tom asintió.

-¿Es más grande que una caja de zapatos? -Una afirmación le contestó-. Bill -llamó Tom, bajándole los pantalones-, dime algo. -Éste tembló mientras los dedos le acariciaban hacia abajo y tocaba su trasero.

-Has puesto tu ojo en eso desde hace un tiempo.

-Oh. -Tom se las arregló para deshacerse de los pantalones de Bill, dejándolo desnudo antes que él. Tocó debajo de la curva del estómago de su hermano y éste ronroneó-. Una pista más.

-Es… -Bill abrió sus piernas e invitó a las manos de Tom a sus a muslos-. Te va a gustar. -Sonrió.

-Me gustan muchas cosas -murmuró el otro gemelo, descendiendo sobre Bill. Él gimió y agarró los botones de su pijama, halándolos. Palmeó el trasero de su hermano y apretó. Tom gruñó.

-Te va a encantar.

Sus labios se encontraron y, entonces, el juego había terminado.

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-

-¿Conozco a alguien que lo tenga? -preguntó Tom- ¿Cómo el Playstation de Andreas?

Bill tornó los ojos. Estaban camino a casa desde la escuela en el frío glacial. Sus alientos se notaban como volutas en el aire.

-No, es una especie de cosa.

-No tengo una maldita idea -dijo Tom-, en serio. No quiero nada para navidad aparte de una guitarra nueva. -Bill viró, caminando hacia atrás y jalando de la bufanda de Tom, arrastrándolo.

-Tomi, créeme, será mejor que una guitarra.

Ahora fueron los ojos de Tom los que se tornaron.

-Lo dudo.

Bill le sacó la lengua y jaló a Tom hacia él, lamiendo la punta de su nariz.

-Veremos.

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-Pásame las arvejas -pidió Bill, mirando a su madre-, por favor.

Simone sonrió y entregó el tazón de arvejas por encima del resto de la cena, y Bill la tomó con avidez. Mientras dejaba un poco de en su plato, Tom le observaba con cuidado.

-¿De qué color es? -preguntó, pateando a su hermano por debajo de la mesa- La cosa.

-¿Qué cosa? -Simone bajó su tenedor.

-Un tonto regalo que Bill tiene para mí -respondió Tom-, por navidad.

-Vas a estar agradecido esta navidad, Tom -dijo Gordon, limpiándose la boca y sonriendo-. Tu madre y yo creemos eso.

Bill hizo un puchero.

-¿Y yo qué?

-Cariño, ¿qué es lo que quieres? -preguntó Simone. Bill alzó los hombros.

-Fama. -Tom soltó un resoplido.

-Buena suerte con eso. Vamos, ¿qué color es?

-¿No quieres saber de la tonta guitarra que mamá y Gordon te van a dar?

-¡Bill! -exclamaron Simone y Gordon.

-Lo siento -murmuró el menor de los gemelos.

-Mierda, eso es tan genial -dijo Tom emocionado-. ¿Puedo tenerla ahora? Podría usarla ya. ¿En serio? ¿Me van a dar una? ¿De qué clase es?

Gordon frunció el ceño.

-Nada más sobre esto, por favor. -Le echó un vistazo a Bill, haciendo que éste pusiera los ojos en blanco.

-No es de ningún color, Tom. Es un poco más complicado que eso.

Tom se sentó y comió una cuchara llena de papas.

-¿Cuántos días faltan para navidad?

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Lamió el miembro de Tom, muy lentamente y chupó la punta; éste gimió y trató de embestir pero Bill apartó su boca.

-Es mejor que esto -afirmó con voz rasposa. Tom estaba lejos de ahí, su sexo doliéndole por correrse.

-¿Huh?

-El regalo -contestó Bill. Presionó su lengua contra la hendidura y Tom tuvo que acallar un gimoteo.

-De ninguna manera -dijo Tom-, de ninguna jodida manera.

Bill sonrió y volvió a lo suyo. Tom no podía imaginar que algo que Bill pudiera comprarle fuera mejor que el sexo oral. En sí, en ese momento Tom no podía imaginar nada. Todo lo que podía hacer era sudar y resbalarse por la garganta de su gemelo, sus manos acariciándole débilmente el cabello.

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-

-Cállate -dijo Tom, riéndose-. Ahora solo te estás inventando pura mierda.

Estaban enrollados juntos en el sillón, solos en la noche, mirando alguna tonta película hecha para televisión.

-Estoy diciéndolo en serio, puede hablar -respondió Bill. Estaba cansado de que Tom le pidiera indicios, tanto así que quería decirle de una vez, terminar con eso ya.

Tom suspiró y puso una pierna sobre Bill mientras la otra colgaba del sillón.

-¿Qué dice?

-Cualquier cosa que le dé la jodida gana. -Bill sonrió.

-¿Realmente?

-Sí. -Tom dejó salir un gran suspiro, de nuevo.

-Tienes que decirme. Me estás volviendo jodidamente loco.

-Interesante. Si supieras cuál es el regalo tendría el mismo efecto.

-Argh -gruñó Tom-, eres tan fastidioso.

-No lo soy. -Su hermano rodó los ojos.

-Otra pista y no preguntaré más, pero que sea buena -dijo. Bill se apartó de Tom y se le quedó mirando.

-Cuando te lo dé… tú también me estarás dando algo.

-¿Qué? -La boca de Tom cayó abierta-. Está bien, esto está jodido, no tengo idea. No hay ningún regalo, ¿no? Estás jugando conmigo.

-No -contradijo Bill en voz baja-, esa es la mejor pista que puedo darte. -El otro se puso para atrás y asintió.

-Está bien… No tengo ni la más mínima idea, así que supongo que tendré que esperar.

Unos cuantos minutos pasaron y los gemelos se quedaron mirando inexpresivamente la televisión. Bill se acurrucó cerca de Tom y suspiró, poniendo su cara en el cuello de su hermano. Su estómago estaba removiéndose por el deseo de decirle todo, estaba casi muriéndose por hacerlo.

-Tom…

-¿Hm? -El mayor estaba acariciando el antebrazo de Bill con calma.

-Um… -La cara de Bill se puso caliente, más sonrojada que nunca antes. Tom le miró con curiosidad-. Um.

-¿Qué?

-En navidad -Bill le dio vistazo rápido a Tom- voy a dejar que tengas sexo conmigo. Eso es. -La boca de Tom se abrió por la impresión.

-¿Sexo de mentira o real?

Bill se escondió tras sus manos, sintiéndose repentinamente, muy vulnerable.

-¿No estás bromeando? -Las manos de Tom se movieron hacia los hombros de su gemlo, apretándolos con fuerza- ¿En serio?

Bill asintió.

-Quiero que lo hagas, Tomi, ya sabes, en mí.

Lo ojos de Tom se oscurecieron y por un momento Bill pensó que estaba molesto, pero sus labios chocaron juntos y de pronto se encontró echado en el sillón, las manos y labios de su hermano por todo sitio.

-Mierda, mierda, mierda -jadeó Tom encima de su hermano. Sus manos pasaban por arriba y abajo del cuerpo de Bill y jaló del cierre de los pantalones -. No debiste de haberme dicho. No puedo… Voy a volverme loco con la espera.

-No quería hacerlo ¡pero tú seguías preguntando! -Bill soltó un chillido mientras Tom arrastraba sus pantalones y boxers hacia abajo; unas manos yendo inmediatamente hacia su trasero.

-Déjame… tocarlo -dijo Tom-. Tocarlo solo un poco.

-¡No! -protestó Bill- Es para navidad.

-Puta navidad -contestó Tom echándole una mirada al sonrojado esfínter de su hermano-. Solo quiero tocarlo, Bill, por favor.

-Eso es como mirar. -Bill mordió su labio-. Y no me he duchado hoy.

Tom gruñó y tiró del otro hacia su regazo. Bill se sentó a horcadas tímidamente, mirando hacia otro lado.

-No me importa. No creo que seas asqueroso. Nada tuyo me podría parecer así. Te amo, déjame tocarte.

-Te amo. -Bill besó la comisura del labio de Tom-. Tal vez… No lo sé.

-Tienes que estar muriéndote por saber cómo se siente.

De hecho, Bill estaba así.

-Está bien… Solo un poco. Es como sacudir el regalo envuelto para tratar de adivinar que hay dentro.

Tom rió y deslizó sus dedos por el trasero de su hermano.

-¿Qué hay dentro, Bill? -Sus dedos se metieron un poquito. Bill se puso tenso y dejó salir un largo suspiro.

-No lo sé -respondió-. Se siente… extraño. -Tom movió sus dedos y los llevó hasta su boca, chupándolos. Los ojos de Bill se abrieron de sobremanera.

-¡Tom!

-Tengo que humedecerlos -dijo Tom antes de volver a poner su mano donde estaba antes. Resbaló un dedo y Bill gimoteó; su interior doliendo y su miembro rápidamente endureciéndose.

-Oh, dios, ¿qué voy a sentir con tu… ya sabes, ahí?

Tom presionó sus dedos más profundamente.

-Mi pene, Bill.

Bill escondió en el cuello de su hermano.

-Sí, tu pene…

-¿Cómo está? -Tom movió sus dedos dentro con torpeza y Bill se encogió.

-Es… -Bill cerró los ojos y aguantó la respiración-. Oh, wow.

-¿Qué?

-Nunca antes he sentido eso.

Tom sacó sus dedos y los miró.

-Sí, es muy pequeño

-No sé si tu… pene… va a caber en mí. -Bill frunció el ceño.

-Tiene -dijo Tom en voz baja-. Tiene que caber, somos gemelos.

-No te asustes, todavía quiero hacerlo. Tiene que… Ugh. Trata de nuevo.

Con impaciencia Tom deslizó sus dedos secos. Bill siseó y presionó su cara contra el cuello de su hermano. Se sentía violado pero de una manera excitante. Se removió un poco en el regazo, haciendo más fácil la intrusión. Tom acarició el cabello el cabello de Bill mientras profundizaba más y éste contraía sus músculos.

Quedó boquiabierto y trató de quitar sus dedos.

-¿Qué? -Bill abrió mucho sus ojos.

-Sentí eso.

Bill sonrió y apretó sus músculos alrededor de Tom de nuevo.

-Imagina…

Tom podía imaginar con facilidad esa presión alrededor de su sexo. Jadeó y sacó sus dedos mientras Bill se quejaba en protesta y alivio. Su miembro dolía.

-Bill, quiero joderte. –El menor abrió su boca para hablar, pero Tom se adelantó-. Finjamos, arrodíllate. -Bill se retorció bajo la intensa mirada de Tom, pero se giró de todos modos. Pudo escuchar a Tom luchando con sus pantalones y pronto sintió su calor detrás suyo-. Lo pondré así -dijo Tom. Presionó su sexo contra la delicada entrada Bill y lo frotó-. Quiero hacerlo así.

-No -jadeó balanceándose contra el pene de Tom-. Quiero estar de espaldas, quiero que me beses.

El mayor volteó a Bill, arrodillándose entre sus piernas e inclinó la cabeza.

-Es mi regalo, yo elijo la forma de dártelo -dijo Bill, sagaz. Tom separó sus muslos y se inclinó hacia delante.

-De ambos modos.

Bill sonrió.

-Quizá. -Tom arremetió su dolorido sexo contra la entrada de su hermano; el calor casi quemándolos. Bill suspiró y se alzó un poco, tratando de tocarle-. Tomi.

-Hm. -Tom se inclinó hacia delante aún más y chocó su nariz con la de Bill-. ¿Sí?

-Si haces eso -dijo Bill con suavidad- entonces será para siempre, ¿verdad?

-No tenemos que hacer eso para que sea para siempre -contestó, frunciendo el ceño-. Ya lo es.

Bill gimoteó, tratando de esconder el hecho que sus ojos estaban al borde de las lágrimas.

-Está bien porque va a hacer para ti y nadie más. Siempre.

Tom asintió y besó con fuerza agarrando sus rodillas. Bill parpadeó y una lágrima salió antes coger la cara de Tom con ambas manos…

Escucharon el sonido familiar de un auto estacionándose y ambos jadearon.

-Mierda -murmuró Tom, subiendo sus pantalones.

-Lo sé, lo sé -dijo Bill haciendo lo mismo-. Lo sé.

-Apúrate -susurró -. Luces como si lo acabaras de hacer.

Bill alisó su cabello y limpió su cara.

-No lo hice.

Tom sonrió y besó a su hermano rápido antes de que se abrocharan sus cremalleras y se acomodaran en el sillón. Pronto Simone y Gordon entraron luciendo como si tuvieran frío y ligeramente ebrios.

-Chicos -saludó Simone sentándose a lado de sus hijos. Abrazó a Bill haciéndole sentir la cómoda y familiar esencia-. La fiesta terminó un poco antes de lo que esperaba.

-Estamos cayéndonos dormidos -contestó Bill. Simone acarició su cabello de con suavidad y tocó su mejilla.

-Estás caliente y tus ojos lucen un poco vidriosos. No te estarás enfermando, ¿no? -Bill sobó su nariz.

-Espero que no.

-Asqueroso -dijo Tom.

-Cállate o te daré trozos de carbón para navidad -dijo Bill, en voz baja.

Simone rió y le dio un golpecito a Bill en la cabeza.

-Chicos, compórtense.

-Yo soy el que te va a dar algo -dijo Tom dándole una mirada a Bill.

Ambos muchachos compartieron una sonrisa secreta.